Reflexiones bíblicas semanales. Agosto 2012

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDO)

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     Reflexiones bíblicas semanales. Agosto 2012

 

 

JESÚS SE COMPADECE DE LA GENTE B17°O (30/7-5/8,2012)

 

Introducción: El pan es signo de lo indispensable para vivir. No tener pan significa estar cercarnos a la muerte. Poder comer el pan de cada día es también uno de los derechos fundamentales de toda persona. Sin embargo tantas personas, sobre todo mujeres, niños y niñas sufren el hambre, a causa de diversas razones, sobre todo por el egoísmo de otros/as que acumulan los recursos que pertenecen a todos/as. Esto va contra el plan del Dios que se preocupa de todas las personas, sobre todo de los/as más pobres.

           

1ª L.: 2 Re. 4,42-44. Eliseo multiplica el pan

 

I:   Eliseo, discípulo del gran profeta Elías, multiplica el pan para saciar el hambre de la gente, como después lo hará Jesús. De esta manera demuestra que el/la profeta es la persona que no sólo habla en nombre de Dios, sino que también realizar signos y prodigios en función de la gente necesitada, como parte de su compromiso con el Proyecto salvador de Dios.

 

T:  En aquellos días llegó de Baalsalisá uno que traía al hombre de Dios pan y trigo. Eran los primeros veinte panes hechos con cebada de la última cosecha. Eliseo le dijo: «Da los panes a estas personas para que coman.»

 [43]Su servidor le dijo: «¿Cómo voy a repartir estos panes entre cien hombres?» «Dáselos a la gente para que coma -insistió Eliseo-, porque así dice Yavé: Comerán todos y sobrará.»

 [44]El hombre entonces se los presentó; ellos comieron y dejaron sobras, como Yavé había dicho.

 

Salmo de hoy: El pan compartido da para todos y todas

 

  • Compartiremos nuestro pan, como acción de justicia y de solidaridad.
  • Invitaremos a las y los hambrientos a buscar el pan cotidiano y a luchar por la causa de la justicia.
  • El pan acaparado trae como consecuencia la negación de alimento para las y los hermanos.

 

2ªL: Jn.6,1-15. Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo

 

I: Al igual que lo había hecho Eliseo en la antigüedad, Jesús multiplica el pan para saciar el hambre de la gente. Así este milagro se convierte en signo de la preocupación de Jesús por toda la persona.

            La gente, sin embargo, no entiende adecuadamente el gesto de Jesús, e intentan proclamarlo rey. No aprendieron la lección.

 

T: En aquel tiempo Jesús pasó a la otra orilla del lago de Galilea, cerca de Tiberíades. Le seguía un enorme gentío, a causa de las señales milagrosas que le veían hacer en los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos.

 Jesús, pues, levantó los ojos y, al ver el numeroso gentío que acudía a él, dijo a Felipe: «¿Dónde iremos a comprar pan para que coma esa gente?» Se lo preguntaba para ponerlo a prueba, pues él sabía bien lo que iba a hacer. Felipe le respondió: «Doscientas monedas de plata no alcanzarían para dar a cada uno un pedazo.» Otro discípulo, Andrés, hermano de Simón Pedro, dijo: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es esto para tanta gente?» Jesús les dijo: «Hagan que se sienta la gente.»

 Había mucho pasto en aquel lugar, y se sentaron los hombres en número de unos cinco mil. Entonces Jesús tomó los panes, dio las gracias y los repartió entre los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, y todos recibieron cuanto quisieron. Cuando quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que han sobrado para que no se pierda nada.» Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos que no se habían comido: eran las sobras de los cinco panes de cebada.

            Al ver esta señal que Jesús había hecho, los hombres decían: «Este es sin duda el Profeta que había de venir al mundo.» Jesús se dio cuenta de que iban a tomarlo por la fuerza para proclamarlo rey, y nuevamente huyó al monte él solo.

 

            PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

  1. ¿Por qué el pan compartido se multiplica y hasta sobra?
  2. ¿Por qué Jesús se resiste a ser proclamado rey?

 

1. El pan compartido se multiplica y hasta sobra

 

Las lecturas de hoy, la primera del libro segundo de los Reyes y el evangelio según Juan, nos hablan de compartir el Pan. El pan compartido se multiplica Y hasta sobra. El pan compartido es un signo de fe y de compromiso con el Proyecto de Jesús.

En el evangelio que hemos leído hoy Jesús pregunta a Felipe: ,¿Con qué compraremos panes para que coman éstos” (Jn 6,5). Pero el mismo evangelio nos dice que Jesús hizo la pregunta sólo para probar a Felipe porque de hecho él ya sabía lo que iba a hacer. Ante el hambre de la gente Felipe sólo conoce la propuesta del sistema romano, del sistema griego de mercado: “que vayan a comprar”. Felipe señala que doscientos denarios (un denario era el salario diario de un obrero) no era suficiente para dar a cada uno un pedazo. El no confía en la posibilidad de compartir lo poco que se tiene. A esto invita Jesús, a compartir 5 panes y dos peces para más de 5000 personas.

El mandamiento que sale de la boca de Jesús no es de distribuir el pan. Todavía no. El sabe que el pueblo necesita encontrar su identidad de pueblo. Lo que Jesús ordena es que se haga sentar al pueblo en grupos. Grupos de 50 y 100. Se trata de lograr la organización del pueblo que permita resolver los propios problemas.

Y de improviso el lugar se convierte en una tierra prometida, jardines de flores, pasto verde, gente reclinada (como lo hacían las personas Ubres) comiendo su pan. Es lo contrario de la lógica del mercado romano, la lógica del comprar y vender del proyecto neoliberal que se nos ha impuesto

Al compartir todos/as comen hasta haltarse, como aconteció en los tiempos de Eliseo; y hasta quedan sobras. Las sobras son recogidas en 12 canastas. Doce es el número de las tribus de Israel, del nuevo pueblo, de los apóstoles. Lo que sobra es del pueblo, no del emperador,

Como comunidad de fe sabemos que compartir el pan es expresión del amor de Dios, En estos tiempos de globalización y de economía neoliberal aumenta el número de los/as hambrientos/as, de los/as excluidos/as del sistema  social que se nos ha impuesto. No hay o hay muy pocas, se dice, posibilidades de satisfacer las necesidades más elementales de los/as más pobres. La invitación a saber compartir nos debe conducir a construir una sociedad sin excluidos/as, sin hambrientos/as.

 

2.- Huir de la tentación de la fama

 

La gente del pueblo no entendió adecuadamente el signo de Jesús al multiplicar y compartir el pan. Y quiere tener como rey a alguien que sea capaz de multiplicar el pan de una forma fácil. Así no tendrían que trabajar ni fatigarse para comer. No han entendido la lección. De hecho el signo de Jesús deja una lección: el pan compartido rinde más, da para todos/as. Mientras que el pan acumulado sólo alcanza para unos/as pocos/as.

Jesús no cae en la tentación de dejarse proclamar rey. El no está buscando prestigio social, ni poder económico, ni fama. Sólo le interesa llevar adelante la misión que el Padre le había encomendado. Por eso, después del signo de la multiplicación de los panes, “se retiró de nuevo al monte él solo” (Jn 6,15).

Como creyentes y comunidad de fe tenemos que estar atentos/as para no caer en la tentación del prestigio y de la fama. Podemos hacer nuestro trabajo buscando, en ocasiones sin ni siquiera darnos cuenta, el reconocimiento de las personas. Como Jesús tenemos que realizar nuestra misión como parte de la vocación que hemos recibido, con la conciencia de que sólo somos colaboradores/as del Proyecto salvador y liberador de Dios.

 

Para la oración de las y los participantes:

 

  1. Por nuestras comunidades para que se distingan por su capacidad de compartir y por su solidaridad. Recemos.
  2. Por todas las personas que luchan y se esfuerzan para que todas las personas tengan lo necesario para vivir con dignidad.
  3. Por los nuevos gobernantes del país para que impulsen políticas que permitan

 

Exhortación final: Jesús, el verdadero Profeta del Padre ha compartido su pan con nosotros/as. El nos invita a aprender a compartir el pan en medio de una sociedad donde muchas personas buscan sólo su propio interés, su propio dinero, apropiándose del pan de los/as hermanos/as. Por esto, la solidaridad con los/as más pobres y excluidos sociales nos convierte en testigos creíbles del Jesús Salvador y Liberador.

 

 

 

ESTE ES MI HIJO AMADO, ESCUCHENLO  B°18 (6-12/8/2012)

 

Introducción: Jesús, el Hijo Amado de Dios, es nuestro Maestro y nuestro guía. Por eso, se nos invita a escucharlo, a seguir sus orientaciones para que podamos tener una vida feliz, dedicada al servicio de los/as hermanos/as. El sigue presente en nuestra vida comunitaria animando nuestras luchas y dándonos fuerzas para poner en práctica el mandamiento del amor y la solidaridad.

 

1ªL:    Daniel 7,9-10. A él se le dio poder, honor y gloria

 

I: La lectura del libro de Daniel que leemos hoy nos habla de una visión en la cual se contempla a un personaje  venido del cielo al cual se le da poder, honor y reino. Ese personaje es llamado simplemente “hijo de hombre”. La tradición cristiana ha aplicado este texto a Jesús el Hijo de Dios, que pasó haciendo el bien y liberando a los/as oprimidos/as.

 

T:  Estaba observando y vi lo siguiente: Pusieron unos tronos y un Anciano se sentó. Su vestido era blanco como la nieve; su pelo, albo como la lana blanqueada. Su trono era de llamas de fuego con ruedas de fuego ardiente. Un río de fuego salía y corría delante de él. Miles y miles lo servían, y una muchedumbre que no se podía contar estaba de pie en su presencia.

 Los del tribunal se sentaron y abrieron los libros. Seguí contemplando la visión nocturna: En las nubes del cielo venía uno como hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano y fue llevado a su presencia. A él se le dio poder, honor y reino, y todos los pueblos y las naciones de todos los idiomas le sirvieron. Su poder es poder eterno y que nunca pasará; y su reino jamás será destruido.

 

Salmo de hoy: Escucharemos la voz del hijo amado

 

  • Las palabras de Jesús son fuente de vida plena.
  • La propuesta de Jesús nos invita a caminar en libertad y solidaridad.
  • No nos haremos sordos y sordas ante las exigencias de la propuesta de Jesús.  

 

2°Ev.: Marcos 9, 2-10. Este es mi Hijo amado, escúchenlo

 

I: En la escena de la transfiguración, Jesús muestra a sus discípulos, de forma anticipada, la gloria que él tendrá después de su resurrección. Son tes­tigos de la escena tres de los discípulos de Jesús: Pedro, el hombre cercano a Jesús; Santiago el primero que será martirizado por la fe y Juan el discípulo más querido por Jesús.

            Por otro lado aparecen los dos personajes más importantes del Antiguo Testamento. Moisés,  líder que conduce al pueblo hacia la libertad, y que represen­taba a la Ley, y Elías que representaba a los profetas. Tanto la Ley como los Profetas señalan hacia Jesús, el Hijo amado, que es necesario escuchar.

 

T: En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y los llevó aparte, ellos solos, a un monte muy alto. Y allí cambió de aspecto de­lante de ellos. Sus ropas se volvieron resplandecientes, tan blancas como na­die en el mundo sería capaz de blanquearlas de ese modo. Y se les aparecie­ron Elías y Moisés, los cuales conversaban con Jesús.

            Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué bueno que estemos aquí! levantemos tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elí­as.” En realidad, no sabía lo que decía, porque estaban aterrados.

            En eso se formó una nube que los cubrió con su sombra, y desde la nube llegaron estas palabras: “Este es mi Hijo amado: a él han de escuchar.” Y de pronto, como miraron a su alrededor, no vieron ya a nadie; sólo Jesús estaba con ellos.

            Cuando bajaban del cerro, les ordenó que no dijeran a nadie lo que ha­bían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. Ellos guardaron el secreto, aunque se preguntaban unos a otros qué sería eso de resucitar de entre los muertos.

 

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

  1. ¿Por qué se puede afirmar que Jesús es testigo de humildad y de servicio?
  2. ¿Por qué debemos escuchar al Hijo Amado?

 

1.- Jesús, testigo de vida humilde y servicial

En el Antiguo Testamento era bastante común que se comparase a Yahvé con un Rey, con poder, que era capaz de liberar a su pueblo, de liberarlo de la esclavitud, de librarlo de las manos de sus enemigos. Era un dios guerrero, que se destacaba por su fuerza y por su capacidad de imponer sus reglas de juego. La cultura de ese entonces no podía considerar a Dios de otra manera.

Los judíos esperaban a un Mesías-rey con poder suficiente para liberarles del

Poder de los Romanos. Este constituiría un ejército capaz de derrotar al enemigo. Sin embargo Jesús se muestra como un dios humilde, encarnado en un campesino, de una región considerada como tierra de gente pagana. Ahí, desde la humildad de una vida cotidiana muestra el amor misericordioso de Dios.

       Jesús muestra el poder de su Palabra; de hecho la gente decía que hablaba con autoridad (Mt 7,29). Por otro lado, con sus milagros y acciones a favor de la gente humilde, muestra el poder que tiene de estar por encima de las leyes de la naturaleza. Sin embargo, ese poder sólo lo utiliza para servir a los/as hermanos/as, nunca para buscar el prestigio personal, o la fama. Por eso, después de cada milagro, invita a sus discípulos/as o a las personas beneficiadas a no proclamar lo que se ha hecho, a guardar silencio (Mc 8,29-30; 1,44-45)..

                Pablo, en su carta a los Filipenses, dice que Jesús “se despojó a sí mismo, tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los seres humanos… y se humilló a sí mismo” (Fil 2,7-8). Y precisamente por esa actitud suya Dios lo engrandeció.

                Como comunidad de fe debemos estar atentos/as para no caer en la trampa de buscar poder y dinero a cualquier precio, o identificar a nuestro Dios con aquellos/as que han hecho de la búsqueda del poder y el dinero el propósito fundamental de sus vidas. Sólo quien es capaz de servir como Jesús, encontrará un verdadero sentido para la vida (Mc 10,43-45).

 

2.- Este es mi hijo amado, escúchenle

            Los personajes presentes en el momento de la transfiguración no sólo contemplan la gloria de Jesús, sino que son testigos/as de la invitación de la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado; escúchenlo”. El Hijo amado se convierte en la Palabra definitiva de Dios (Heb 1,1). El supera a Moisés y a Elías como profetas. El es modelo de pastor para Pedro que tendrá la encomienda de cuidar de su rebaño (Jn 21,15-17), para Santiago el primero del grupo de los Doce en ser martirizado y es modelo del más generoso amor para Juan que llegó a decir que Dios es amor (1 Jn 4,8).

                Como Moisés y Elías, Santiago, Juan y Pedro, estamos invitados/as a escuchar siempre al Hijo amado, a pedirle que ilumine cada momento de nuestra vida, cada decisión que tomemos, cada proyecto que emprendamos. Si en verdad lo escuchamos seremos verdaderamente sabios/as y nos convertiremos en defensores/as de la vida en una sociedad en donde hay tantas señales de muerte.

 

Para la oración de las y los participantes:

 

  1. Por toda la Iglesia de Dios para que se convierta en servidora de los/as más pobres. Recemos.
  2. Para que sepamos escuchar la Palabra de Jesús el Hijo amado y ponerla en práctica. Recemos.
  3. Por todas las personas enfermas, tristes, abandonadas, explotadas para que encuentren la solidaridad de sus hermanos y hermanas. Recemos.

 

Exhortación final: En la lectura evangélica de esta semana domingo hemos escuchado, de nuevo, la invitación a escuchar a Jesús, el Hijo amado del Padre. Dicha escucha exige, además, el compromiso de trabajar en su Proyecto de vida y de salvación. Ojalá que sepamos convertirnos en servidores/as de todos/as los/as hermanos/as que nos necesiten. Ese puede ser un buen compromiso para la próxima semana y para cada día de nuestras vidas.

 

EL PAN QUE FORTALECE EN EL CAMINO  B19°O (13-19/8/2012)

 

Introducción: Formamos parte del pueblo peregrino que intenta vivir de acuerdo al mandamiento del amor solidario que nos ha dado Jesús, nuestro Maestro. Pero a veces el camino se hace difícil, perdemos las fuerzas, la esperanza y nos viene la tentación de alejarnos del sendero tomado. En esos momentos Dios nos fortalece con el pan de Jesús.

            Compartamos, como hermanos, el alimento de la Palabra que nos seguirán fortaleciendo para continuar el camino de fe y solidaridad que da verdadero sentido a nuestras vidas.

 

1ªL: 1 Re. 19,4-8. Con la fuerza de aquel alimento siguió su camino

 

I:  Después de hacer matar a todos los sacerdotes del dios extranjero Baal en el monte Carmelo, Elías tiene que huir hacia el sur, porque Jezabel, la esposa del rey Ajab, lo amenazó de muerte. Se dirige entonces hacia el monte Sinaí, lugar en donde el pueblo hizo Alianza con Yavé. En el viaje se cansa, se desanima y hasta se desea la muerte. Sin embargo, Dios le manda, por medio de un ángel, un alimento que le permite continuar el camino.        

 

T: En aquellos díasElías caminó por el desierto todo un día y se sentó bajo un árbol. Allí deseó la muerte y se dijo: «Ya basta, Yavé. Toma mi vida, pues yo voy a morir como mis padres.» Después se acostó y se quedó dormido debajo del árbol.

 Un ángel vino a tocar a Elías y lo despertó diciendo: «Levántate y come.» Elías miró y vio a su cabecera un pan cocido sobre piedras calientes y un jarro de agua. Después que comió y bebió, se volvió a acostar. Pero por segunda vez el ángel de Yavé lo despertó diciendo: «Levántate y come; si no, el camino será demasiado largo para ti.»

Se levantó, pues, para comer y beber, y con la fuerza que le dio aquella comida, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar al cerro de Dios, el Horeb.

 

Salmo de hoy: Compartimos el pan que nos fortalece en el camino.

  • La palabra de Jesús es alimento para el duro caminar.
  • Compartimos el compromiso de la lucha por el pan y la vida digna.
  • El camino lo hacemos en comunidad y compartimos el pan de la fraternidad y la sororidad.

 

2ªL:Jn.6,41-51. Yo soy el pan de vida

 

I:  El texto evangélico de hoy nos presenta a Jesús como pan de vida. Quien cree en él, en su Proyecto, y come su pan, tiene vida eterna y se convierte en discípulo/a, que cada día se pone a la escucha de su palabra salvadora y se compromete a hacerla realidad mediante obras concretas de amor solidario.

 

T:  En aquel tiempo los judíos murmuraban porque Jesús había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo.» Y decían: «Conocemos a su padre y a su madre, ¿no es cierto? El no es sino Jesús, el hijo de José. ¿Cómo puede decir que ha bajado del cielo?»

Jesús les contestó: «No murmuren entre ustedes. Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió. Y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los Profetas: Serán todos enseñados por Dios, y es así como viene a mí toda persona que ha escuchado al Padre y ha recibido su enseñanza. Pues, por supuesto que nadie ha visto al Padre: sólo Aquel que ha venido de Dios ha visto al Padre.

En verdad les digo: El que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Sus antepasados comieron el maná en el desierto, pero murieron: aquí tienen el pan que baja del cielo, para que lo coman y ya no mueran.

 

            PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

1. ¿Cómo superar las dificultades que encontramos en nuestro camino?

  1. ¿Por qué creemos en Jesús como pan de vida?

 

 

1.- El Dios que fortalece en medio del camino

            A la muerte del rey Salomón (931 a.C.) el reino davídico se había dividido en dos partes: el reino del Norte (Israel) y el reino del sur (Judá). Hacia la primera mitad del siglo 9° a.C. era rey en el norte Ajab (874-853 a.C.). Este se casa con una mujer extranjera (Fenicia) llamada Jezabel. Esta señora introduce, según el libro de los Reyes,  en el reino del norte el culto a Baal, el principal dios fenicio.

Muchos sacerdotes y profetas renuncian a creer y a actuar en el nombre del Dios Yavé, y pasan a formar parte de los servidores de Baal. Elías, el profeta comprometido con la alianza hecha por el pueblo con el Dios con lo sacó de la esclavitud de Egipto, no acepta dicho culto. Convoca a los sacerdotes de Baal sobre el monte Carmelo; los desafía invitándoles a que pidiesen a su dios que mandase fuego del cielo que consumiera la carne de un becerro que había sido puesta sobre un altar. Mientras que Baal no responde positivamente, Yahvé sí lo hizo. Y Elías dice al pueblo: “Apresen a los profetas de Baal: que no escape ninguno”. Una vez apresados Elías los hizo bajar al torrente Cisón, y los degolló Allí” (1 Re 18,40).

                La matanza de los seguidores del dios fenicio provocó la persecución de Elías, promovida por la reina Jezabel. Elías entonces huye al desierto. Se dirige al monte Sinaí, donde el pueblo hizo la alianza con el Dios liberador. Se cansa en el camino. Se desea la muerte. Pero el ángel del Señor le invita a levantarse y comer un pan enviado por Dios. Entonces Elías prosiguió su viaje: “Con la fuerza que le dio aquella comida, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar al cerro de Dios, el Horeb” (1 Re 19,8).

                Muchas veces, como persona y como miembros/as de una comunidad de fe, nos podemos sentir cansados/as del camino. Las dificultades que encontramos, la incomprensión de mucha gente, el sentirnos perseguidos/as, rechazados/as o no valorados/as, puede provocar el deseo de “tirar la toalla”, de abandonar el trabajo comenzado. Es en esos momentos en donde necesitamos contar con la fuerza que nos da dios para continuar en el camino de fe y de solidaridad.

 

2.- El pan que da la vida

            El alimento que comemos cada día es necesario para permanecer vivos/as. En ese sentido todo alimento que nos nutre es pan de vida. Sin embargo, puede ser que comamos cada día para alimentar nuestro cuerpo, pero que nuestra vida no tenga sentido, porque nos encerremos en nosotros/as mismos/as, llevando una vida egoísta y alejada del Proyecto de Dios.

El pan que Dios nos da no es un alimento cualquiera. De hecho Elías, con la fuerza del pan que Dios le envió caminó 40 días y cuarenta noches (es decir, muchos días) hasta llegar a la montaña del Sinaí en donde el pueblo había hecho la alianza con Dios, y en donde Elías saldría fortalecido para continuar realizando su misión profética en medio de un pueblo infiel a Yavé.

Jesús es el pan que ha bajado del cielo. Y comer de su pan es compartir su Proyecto, su vida, su preocupación por llevar a todas las personas la buena noticia del Evangelio del Dios Madre/Padre.

El pan de Jesús no es como el pan que los/as antepasados de Israel comieron en el desierto y murieron; el pan de Jesús da la vida y compromete con la lucha por conseguir mejores condiciones de vida para todos/as, sobre todo para los/as más empobrecidos/as, en una sociedad en donde la vida de los/as más débiles está tan amenazada.

Jesús entrega su carne para la vida del mundo. A nosotros/as, se nos invita a entregar nuestras energías y nuestro esfuerzo de cada día para que otros/as tengan vida, para que otros/as conozcan a Jesús, el Salvador.

 

Para la oración de las y los participantes:

 

  1. Para que los/as que nos alimentamos en la mesa de Jesús sepamos compartir nuestro pan con los/as más necesitados/as. Recemos.
  2. Para que seamos constantes y decididos/as en la realización de nuestro trabajo comunitario. Recemos.
  3. Por los nuevos gobernantes del país para que sepan distribuir mejor las riquezas y haya alimentos para todos/as. Recemos.

 

Exhortación final: Hemos compartido el pan de la Palabra de Jesús, la palabra que da la vida y que nos exige un compromiso con la defensa de la vida en nuestras comunidades. Sigamos, pues, en nuestro camino de fe sin desanimarnos, para así ser testigos/as de la presencia liberadora de Dios en medio de su pueblo peregrino.

 

 

EL ALIMENTO QUE NUTRE LA VIDA DIGNA B20°O (20-26/8/2012).

 

Introducción: Nos hemos reunido como personas creyentes porque hemos descubierto la necesidad de compartir el cuerpo del Señor y sangre que son para nosotros/as fuente de vida verdadera.

            Al compartir el pan de la vida nos convertimos en hermanos/as comprometidos/as con el Proyecto de Dios, en personas verdaderamente sabias que buscan cumplir su voluntad en la vida diaria.

            Celebremos, pues, con alegría la presencia de Jesús, el pan bajado del cielo y presente en nuestra comunidad de fe, esperanza, amor y solidaridad.

 

1ªL: Proverbios 9,1-6. Coman de mi pan y beban de mi vino

 

I: En el Primer Testamento la Sabiduría es comparada con frecuencia con una persona. En la siguiente lectura se nos presenta como una persona que construye su casa, prepara un banquete e invita al mismo a las personas sencillas y humildes que saben vivir de acuerdo a los mandamientos de Dios.

 

T: La Sabiduría construyó su casa, levantó sus siete columnas. Mató a sus animales y preparó sus vinos, ya había puesto su mesa. Ordenó pregonar por medio de sus sirvientes, desde las alturas de la ciudad alta:¡Dense una vuelta por aquí, ustedes que no saben!

 A los que no piensan en nada les dice: “¡Vengan a comer mi pan y a beber mi vino que he preparado; dejen a un lado su locura y vivirán, anden por los caminos de la verdad!”

 

Salmo de hoy: Compartimos el pan de la vida digna.

 

  • Necesitamos alimentarnos con el pan de la palabra y el pan de la justicia.
  • La lucha por la causa de la justicia producirá un pan ganado con un trabajo digno.
  • No necesitamos limosnas ni subsidios; lo que necesitamos es un trabajo digno para ganarnos el pan con nuestro propio esfuerzo.

 

2ªL: Jn. 6,51-59. El que coma de este pan vivirá para siempre

 

I: Continuamos leyendo hoy el capítulo 6 del evangelio de Juan sobre Jesús Pan de vida. El Maestro nos dice que él es el pan que se da por la vida del mundo. Quien come su cuerpo y bebe su sangre, quien comparte su Proyecto salvador, permanece unido/a él y se convierte en testigo/a del Dios defensor de la vida.

 

T: En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo.»

Los judíos discutían entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer carne?»  Jesús les dijo: «En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre vive de vida eterna, y yo lo resucitaré el último día.

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que es vida, me envió y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo. Pero no como el de vuestros antepasados, que comieron y después murieron. El que coma este pan vivirá para siempre”.

Así habló Jesús en Cafarnaún enseñando en la sinagoga.

 

 

            PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

1. ¿Quién es realmente sabio/a?

2. ¿Por qué es propio de gente sabia aprovechar el momento presente?

 

  1. 1.       La verdadera sabiduría: caminar por el sendero de la justicia

 

En la segunda lectura que hemos leído hoy, Pablo invita a los/as cristianos/as de Efeso a no hacerse tontos/as, sino a entender y a vivir según la voluntad del Señor. De hecho, la verdadera sabiduría consiste en descubrir lo que Dios quiere que realicemos en cada momento de nuestra vida, para mostrar su amor a los/as hermanos/as y así colaborar en su Proyecto de vida y de salvación.

En muchas ocasiones hacemos nuestra propia voluntad, y creemos, e incluso defendemos, que estamos actuando de acuerdo al deseo de Dios para nuestras vidas. Pero con frecuencia hacemos nuestros propios caprichos y no lo que Dios realmente quiere.

¿Cómo saber entonces si estamos realizando en nuestras vidas la voluntad de Dios? Podríamos examinar los frutos que estamos dando en nuestras familias, en nuestra comunidad, en nuestros lugares de trabajo. ¿Soy testigo del amor liberador de Dios? ¿Estoy comprometido/a en la defensa de la vida? ¿Tomo una postura seria y responsable ante el atropello a la naturaleza, a los ríos, al medio ambiente? ¿Cómo reacciono ante el mal y la injusticia institucionalizada?

Dos de los males que muchas veces nos impiden realizar la voluntad de Dios son la comodidad y el miedo. La comodidad nos impide estar dispuestos/as para asumir cada día lo que nuestro Dios nos exige. De esta manera nuestro trabajo y nuestro compromiso de fe se convierten en una rutina, sin vida, sin atractivo. Por eso debemos tener un oído abierto a la Palabra de Dios y el otro dispuesto para escuchar los desafíos de la realidad de nuestro pueblo. Tenemos que ver la realidad con ojos de creyentes y de pastores/as preocupados/as por el pueblo de Dios.

El miedo a enfrentar la realidad puede ser un signo de que no estamos actuando según la voluntad de Dios, Y si es

 verdad que el miedo es una una realidad humana posible, no debemos dejar de realizar lo que nos pide Dios desde

el desafío de la realidad en que vivimos. Jesús también tuvo miedo en el momento en que debía entregar su vida,

 pero no se echó atrás, sino que fue fiel: “Padre, todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea lo que

 yo quiero, sino lo que quieras tú”. (Mc 14,36).

Como personas y como comunidades de fe estamos llamados/as a descubrir juntos/as cuál es la voluntad de Dios en cada momento de nuestra vida, como personas y como pueblo. La actitud constante de buscar lo que es en cada momento la voluntad de Dios nos permitirá ser testigos/as de su amor para muchas personas, sobre todo para los/as más empobrecidos/as, enfermos/as, desanimados/as tristes, excluidos/as…

 

  1. 2.       Aprovechar el tiempo presente

 

            En su carta a los/as cristianos/as de Efeso Pablo llama a la atención a los/as creyentes y les invita a no vivir “como necios sino como sabios” (Ef 5,15), con madurez y criterio, “porque los días son malos” (Ef. 5,16). Las personas verdaderamente sabias son las que son capaces de enfrentar los tiempos malos, “aprovechando bien el tiempo presente” (Ef 5,16). Los tiempos difíciles no deben paralizarnos; es necesario descubrir en ellos los signos de vida que siempre hay y descubrir el desafío que nos plantea cada situación difícil que vivamos a nivel personal y a nivel de nuestro pueblo.

            Literalmente, el término traducido por “aprovechar” dice “redimir, rescatar”. De eso se trata de “rescatar el tiempo presente”. Cualquiera que sea la interpretación precisa que se le dé a esta expresión, una cosa es clara: el tiempo es dado a los/as seguidores/as de Jesús para que lleven a  cabo obras buenas, para que realicen acciones de amor y de solidaridad. Para ello debemos comprender  cuál es la voluntad de Dios (Ef 5,17). Lo contrario a esto sería perder el tiempo, y como nos dice el libro de los Proverbios: aceptar participar en el “banquete de la locura” (Prov. 9,13-18).

            Aprovechar el tiempo presente es descubrir que cada instante de nuestra vida es la oportunidad precisa que Dios nos da para vivir la fe de forma comprometida. Como dice el refrán popular “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Y es que el Señor pedirá cuenta de lo que hemos hecho con los dones que nos dio y las oportunidades que nos dio en cada momento de nuestra vida. El bien y las acciones de solidaridad que podemos hacer hoy no lo podremos hacer en otro momento. Por esto se nos exige hacer lo que Dios nos pide en el momento preciso.

Como creyentes no podemos caer en la tranquilidad de aquellos/as que dicen: “No cojas lucha”, “no te mates mucho”,

“cógelo suave”. Estas son expresiones de personas que no tienen fe en sí mismas, en el destino de su país, en el

futuro de sus familias. Sólo desde el trabajo esforzado y constante, aprovechando el momento presente, nos

convertimos en testigos/as creíbles del Jesús Salvador y compañero de camino de su pueblo.

 

 

Para la oración de las y los participantes:

 

  1. Por todos/as los/as que formamos parte de las comunidades cristianas para que seamos realmente sabios/as. Recemos.
  2. Para que sepamos aprovechar el momento presente para vivir el mandamiento del amor solidario. Recemos.
  3. Para que las nuevas autoridades sepan aprovechar la oportunidad que se les ha dado para servir a los mejores intereses de nuestro país. Recemos.

 

Exhortación final: Hemos celebrado con alegría la presencia de Jesús en medio de su comunidad. Hemos compartido su carne y su sangre que se entregan por la vida del mundo. Ahora nos toca seguir anunciando a Jesús como hermano comprometido con la causa de los/as humildes, excluidos/as y empobrecidos/as en medio de una sociedad en donde la vida de las mayorías populares está tan amenazada.

 

 

 

 

TU TIENES PALABRAS DE VIDA ETERNA   B21°O (27/8 al 2/9,2012)

 

Introducción: Nos reunimos como comunidad de fe solidaridad porque hemos decidido elegir el camino de Jesús, el que nos conduce a la vida verdadera. Al alimentarnos con su cuerpo y con su sangre, nos fortalecemos para ser testigos/as de su presencia liberadora en medio de su pueblo.

            Celebremos, pues, la presencia del Dios que mira la situación de su pueblo, escucha sus gritos y está decidido a acompañarlo en su proceso de liberación, contando siempre con el compromiso decidido de nosotras y nosotros que formamos parte de su pueblo.

 

1ªL:    Jos. 24,1-2.15-17.18. Nosotros/as serviremos al Proyecto de Vida Digna

 

I: Josué, el sucesor de Moisés en la guía del pueblo, reúne a todas las tribus de Israel y les invita a hacer opción entre Yavé  y los demás dioses. Yavé es el Dios que demostró su amor liberando a su pueblo de la esclavitud de Egipto, hizo con él una alianza de amor y lo acompañó en el camino hacia la tierra prometida. Por eso, los/as representantes de las tribus reunidas en Siquén, deciden seguir a Yavé.

 

T: En aquellos días Josué convocó en Siquem a todas las tribus de Israel, y reunió a los ancianos, jefes, jueces y secretarios. Juntos se presentaron delante de Dios.

Dirigiéndose al pueblo, Josué le dijo: «Yavé, Dios de Israel, les manda decir: Más allá del río Éufrates vivían sus antepasados, Taré, padre de Abraham, y Najor, sirviendo a otros dioses.

            Que si no quieren servir a Yavé, digan hoy mismo a quiénes servirán, si a los dioses que sus padres sirvieron en Mesopotamia, o a los dioses de los amorreos que ocupaban el país en que ahora viven ustedes. Por mi parte, yo y los míos serviremos a Yavé.»

El pueblo respondió: «¡No quiera Dios que abandonemos a Yavé para servir a otros dioses! Pues él nos hizo subir a nosotros y a nuestros padres de Egipto, de la Casa de esclavitud, e hizo estos grandes milagros que hemos visto; él nos protegió durante todo el camino y en todos los países por donde pasamos; desalojó ante nosotros a todas las naciones y, en especial, a los amorreos que vivían en este país. Por eso, nosotros también serviremos a Yavé: él es nuestro Dios.»

           

Salmo de hoy: Seguiremos el camino con la Palabra de vida y la acción liberadora.

 

  • Jesús, tú tienes palabras de vida digna.
  • Queremos aprender de ti: de tus valores y de tu ejemplo de compromiso hasta la muerte.
  • Aunque tus palabras y tu propuesta nos resulten difíciles de asumir, seguimos en el camino de la liberación.

 

2ªL:Jn. 6,60-69. Tú tienes palabras de vida eterna

 

I: Después del largo discurso sobre el pan de vida pronunciado en la sinagoga de Cafarnaún (Jn 6) muchos/as discípulos/as de Jesús lo fueron abandonando. No entendían cómo él podría darles su cuerpo. Se necesitaba una fe incondicional en él.  Jesús pregunta, entonces, a sus más cercanos/as discípulos/as si también ellos/as quieren abandonarlo. Pedro responde que sólo él tiene palabras de vida eterna.

 

T: En aquel tiempo Jesús se dio cuenta de que sus discípulos criticaban su discurso sobre el pan de vida y les dijo: «¿Les desconcierta lo que he dicho? ¿Qué será, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir al lugar donde estaba antes? El espíritu es el que da vida, la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu, y son vida. Pero hay entre ustedes algunos que no creen.»

 Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién lo iba a entregar. Y agregó: «Como he dicho antes, nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre.»

            A partir de entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y dejaron de seguirle. Jesús preguntó a los Doce: «¿Quieren marcharse también ustedes?» Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.»

 

            PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

  1. ¿Qué hacer para elegir el camino que conduce a la Vida?
  2. ¿Cómo deben ser las relaciones humanas en la comunidad y en la familia?

 

  1. 1.       Elegir entre dos caminos

 

            Josué, sucesor de Moisés y guía del pueblo, después de realizada la conquista de la tierra prometida, reúne a todas las tribus en Siquén con la intención de invitar al pueblo de Israel a reafirmar el pacto o la alianza que el pueblo había hecho con Dios en el monte Sinaí.

            Josué está cerca de su muerte y le preocupa que el pueblo olvide a Yavé quien actuó como un el Dios liberador, aliado del pueblo, lo sacó de la esclavitud de Egipto, lo acompañó en el desierto, lo hizo entrar en la tierra, le dio líderes que acompañaron al pueblo en la conquista. El pueblo, sin embargo, en contacto con personas que tenían otros dioses, tenía el peligro de olvidar a Yavé e irse detrás de otros dioses.

            Jesús invita a elegir entre Yavé y los otros dioses. El pueblo elige servir a Yavé porque está consciente que el Dios liberador no crea relaciones de poder y de dominio, sino que todo lo que hace es buscando el bienestar de su pueblo. Elegir a Yavé es decidirse por el camino que conduce a la vida. Elegir otros dioses es convertirse en personas dependientes de dioses que oprimen a los pueblos y que están ligados a los reyes y gobernantes que imponen su poder y convierten en esclavos a las personas.

            Jesús también invita a sus discípulos/as a elegir entre los dos caminos, el que conduce a la vida y el que lleva a le perdición: “Entren por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; más ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la vida!; y pocos son los que lo encuentran” (Mt 7,13).

            Como comunidad de hemos elegido el camino de la vida, el camino de Jesús. Sin embargo tenemos la continua tentación de abandonar el Proyecto de Jesús, para seguir el camino de la vida fácil, el camino de aceptar la mentalidad de una sociedad en donde la mayor parte de las personas estar sólo preocupadas por su bienestar personal, sin comprometerse en la defensa de la vida de las mayorías. Por eso, necesitamos la fuerza del Espíritu de Dios y el apoyo fraterno para ser fieles y mantenernos en el camino que conduce a la vida.

 

  1. 2.       Las relaciones de amor, igualdad y servicio en la comunidad y en la familia.

 

            En su carta a los/as cristianos/as de Efeso Pablo afirma: “Sométanse unos a otros en el temor de Cristo” (Ef 5,21). Y luego agrega: “Que las mujeres se sometan a sus maridos como al Señor” (Ef 5,22). Para entender mejor el sentido de las palabras de Pablo podríamos preguntarnos qué significa la palabra “someter”. Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, someter significa: “sujetar, humillar a una persona, subyugar. Subordinar el juicio, decisión o afecto propios a los de otra persona”. En ese sentido podríamos preguntarnos si deben ser las relaciones de sumisión las que deben estar presentes entre los/as hermanos/as de la comunidad, en la relación entre la pareja de esposos, entre las diferentes personas que forman la sociedad en la que vivimos.

            Pablo intenta justificar el sometimiento de la mujer al hombre afirmando que así como la Iglesia se somete a Cristo, así también la mujer debe someterse en todo a su marido (Ef 5,24). Pero podríamos preguntarnos, si las relaciones que Jesús quiso establecer con su comunidad fueron relaciones de poder, de dominio, o relaciones de amor y de servicio.

            Durante su vida pública Jesús habló con frecuencia a sus discípulos/as del peligro de convertir las relaciones fraternas en relaciones de dominio. Cuando dos de sus discípulos querían ser más que los/as demás y buscar puestos de poder, les dijo claramente: “Como ustedes saben, los/as que se consideran jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueños, y los/as que tienen algún puesto hacen sentir su poder. Pero no será así entre ustedes. Al contrario, el/la que quiera ser el más importante entre ustedes, que se haga el/la servidora de todos; y el/la que quiera ser el/la  primero/a, que se haga siervo/a de todos/as. Así como el hijo del hombre no vino para que lo sirvieran, sino para servir y dar su vida como rescate de una muchedumbre” (Mc 10,42-45).

            ¿Cómo tender entonces la recomendación de Pablo de someterse el uno al otro y que las mujeres vivan sometidas a sus maridos? Tenemos que entender que esa afirmación no fue inspirada por el Espíritu de Dios, sino que tiene que ser entendida desde la cultura y la mentalidad de Pablo; de hecho en la mentalidad judía la mujer era considerada inferior al varón, dependiente en todo del varón. Naturalmente, hoy en día, eso no puede ser afirmado. Hoy estamos convencidos/as de que la mujer tiene en la sociedad y en la familia los mismos derechos y los mismos deberes que el varón. Por eso, lo que tiene más valor de la lectura que hemos leído, es la invitación que se hace a los maridos a amar a sus esposas, como Cristo amó a su Iglesia y se entregó a sí mismo por ella (Ef 5,25). El mismo amor deben tener las esposas por sus maridos. De esta manera se establecen relaciones de amor y respeto mutuos que convierten a la unión matrimonial en signo creíble del amor liberador de Dios por su pueblo.

 

Para la oración de las y los participantes:

 

  1. Por todas las personas que formamos parte de las comunidades cristianas, para que siempre nos mantengamos en el camino que conduce a la vida verdadera. Recemos.
  2. Para que sepamos establecer relaciones de amor y servicio con todas las personas con las que nos relacionamos. Recemos.
  3. Por los nuevos gobernantes para que sepan escoger el camino que crea mejores condiciones de vida para las mayorías populares. Recemos.

 

Exhortación final: Hemos compartido el cuerpo y la sangre de Jesús que fortalecen nuestra fe. Ahora nos toca seguir viviendo nuestro compromiso creyente, con la conciencia clara de que Jesús tiene palabras de vida eterna. Por ello es necesario que sigamos anunciando su Palabra salvadora y siendo testigos/as de su amor solidario para con los/as más empobrecidos/as y humildes de nuestras comunidades.

 

 

 

 

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