Reflexiones bíblicas semanales. Marzo 2010

marzo 9, 2010

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDOM)

C/ 3 No. 9. El Milloncito, Sabana Perdida. Santo Domingo Norte. Rep. Dominicana

Tel/fax. 809-568-8560. E-mail: rebido@gmail.com, rebido07@yahoo.es

Reflexiones bíblicas semanales. Marzo 2010

TRANSFORMARSE Y TRANSFORMAR EL ENTORNO PARA VIVIR CON DIGNIDAD

C3ºC (7-3-10)

Introducción: Los antivalores encarnados en la vida cotidiana, como la injusticia, la corrupción impune, la insensibilidad ante el dolor ajeno y el acaparamiento de los bienes en pocas manos llevan a la muerte prematura a millones de seres humanos en nuestra isla, en América Latina, en nuestro Caribe y en el mundo entero. La transformación, la revolución de la vida personal y social, en cambio, nos puede conducir hacia una vida más plena y digna. Mientras mantengamos esos antivalores no hay posibilidad de construir una familia, una comunidad y una sociedad más justa. Decidirse a cambiar el estado de cosa, es ponerse en el camino de la vida verdadera, dando los frutos de la siembra de la misericordia, la justicia y la solidaridad que la sociedad espera de nosotros y nosotras, que contamos con la guía y el acompañamiento del Espíritu del Dios de Jesucristo.

1ªL: Ex 3,1-8.13-15. Un liderazgo comprometido con la liberación de un pueblo

I: La siguiente lectura nos habla de la vocación de Moisés, quien es llamado para realizar una misión concreta: la de ser colaborador de Dios en la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto. El protagonista de esta obra es el Dios Yahvé, el Dios que está siempre presente en su pueblo, que escucha su clamor, mira su situación de opresión y está decidido a liberarlo para que su pueblo viva feliz en una tierra propia.

T: En aquellos días Moisés cuidaba las ovejas de Jetró, su suegro, sacerdote de Madián. Una vez llevó las ovejas muy lejos en el desierto y llegó al cerro del Horeb, esto es, el Cerro de Dios.

El Angel de Yahvé se presentó a él bajo las apariencias de una llama ardiente, en medio de una plantita. Moisés vio que la planta ardía pero no se consumía. Moisés se dijo: “Voy a mirar más de cerca esta cosa asombrosa, y saber por qué la planta no se consume”.

Yahvé vio que Moisés se acercaba para mirar, y Dios lo llamó de en medio de la planta: “Moisés, Moisés”.  El respondió: “Aquí estoy”. Yahvé le dijo: “No te acerques más. Quítate las sandalias porque el lugar que pisas es tierra sagrada”. Y Dios agregó: “Yo soy el Dios de tus padres y madres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”.

Moisés se tapó la cara, porque tuvo miedo de que su mirada se fijara sobre Dios.

Yahvé dijo: “He visto la humillación de mi pueblo en Egipto, y he escuchado sus gritos cuando lo maltratan sus mayordomos. Yo conozco sus sufrimientos. He bajado para librarlo del poder de los egipcios y para hacerlo subir de aquí a un país grande y fértil, a una tierra que mana leche y miel.

Moisés contestó a Dios: “Si voy a los hijos e hijas de Israel y les digo que el Dios de sus padres y madres me envía a ellos y ellas, si me preguntan: ¿Cuál es su nombre?, yo ¿qué les voy a responder?”.

Dios dijo a Moisés: “YO SOY EL QUE SOY”. “Así dirás al pueblo de Israel: YO-SOY me ha enviado a ustedes. Y también les dirás: Yahvé, el Dios de sus padres y madres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado. Este será mi nombre para siempre, y con este nombre me invocarán sus hijos, hijas y sus descendientes.

Salmo de hoy: Las personas que se comprometen con un proyecto de vida plena

son combativas, compasivas y solidarias

  • Yo tengo fe que todo cambiará, que triunfará por siempre el amor. Yo tengo fe, que siempre brillará, la luz de la esperanza no se apagará jamás.
  • Yo tengo fe, yo creo en el amor, yo tengo fe, también mucha ilusión, porque yo sé, será una realidad, el mundo de justicia que ya empieza a despertar.
  • Yo tengo fe, la gente cantará, una canción de amor universal. Yo tengo fe, será una realidad, el mundo de justicia que ya empieza a despertar.

3ªEv:  Lucas 13,1-9. La transformación se muestra en los frutos que damos

I: Contrario a lo que creían los/as judíos/as, Jesús les dice que las enfermedades y desgracias que puede sufrir una persona no son necesariamente fruto de las faltas personales o familiares. Pueden ser también las consecuencias de la injusticia, de la opresión cometida por los grupos del poder político o del acaparamiento de los bienes en pocas manos, por parte del poder económico de nuestras sociedades.

T: En una ocasión se presentaron algunos a contar a Jesús lo que había pasado con los galileos a quienes Pilato había dado muerte en el Templo, mezclando su sangre con la de sus sacrificios.

Jesús les contestó: “¿Creen ustedes que esos galileos eran más pecadores que todos/as las y los otros galileos/as por haber sufrido esa desgracia? Yo les digo que no, pero si ustedes no toman otro camino, perecerán igualmente. Y esas dieciocho personas que fueron aplastadas, cuando la torre de Siloé se derrumbó, ¿creen ustedes que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén?  Les digo que no, pero, si no toman otro camino, todos perecerán igualmente”.

Jesús les puso además esta comparación: “Un hombre tenía una higuera que crecía en medio de su viña. Fue a buscar higos pero no halló.  Dijo entonces al viñador: “Mira, hace tres años que vengo a buscar higos a esta higuera, pero nunca encuentro nada. Córtala, pues no sirve más que para agotar la tierra”. Pero él contestó: “Patrón, déjala un año más, así tendré tiempo para cavarle alrededor y echarle abono.  Puede ser que así dé frutos en adelante, si no, la cortarás”.

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1.  ¿Por qué es necesaria la compasión y la solidaridad con el pueblo que sufre la opresión?

2. ¿Cómo dar los frutos que se esperan de nosotros y nosotras?

1. El proceso de la liberación con el pueblo oprimido: ver, escuchar, compadecerse, actuar…

Moisés, después de haber  vivido en el palacio del faraón egipcio, tuvo que irse al desierto, en donde se dedicó al trabajo del pastoreo de ovejas. Allí fue llamado para comprometerse en un proyecto de liberación de su pueblo de la esclavitud egipcia. Al ser llamado, Moisés responde con prontitud: “Aquí estoy” (Ex 3,5), aunque después presentó las dificultades que tenía para realizar la misión que se le encomienda.

La divinidad Yahvé se presenta a Moisés como un dios familiar: “Yo soy el Dios de tus padres y madres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.” (Ex 3,6).

El pueblo estaba en la esclavitud. Nos dice el texto del Exodo que el pueblo gritaba bajo la opresión y el grito de los esclavos subió hasta Dios (Ex 2,23). Entonces los líderes del pueblo, con la guía de Moisés, y con la inspiración divina, toman la iniciativa de organizarse para liberar a su gente. Moisés es un líder de avanzada edad y fugitivo de la justicia egipcia por haber matado a quien estaba maltraído a uno de sus hermanos judíos. De esta manera quedará claro que el Proyecto de liberación necesitará la organización popular para llevarse adelante.

La garantía del éxito de la misión que se encomienda a Moisés es la organización popular, comunitaria y el acompañamiento del Espíritu del Dios presente en medio de la empresa liberadora. Ese pueblo tiene un liderazgo sensible y compasivo que mira la humillación de su pueblo, escucha sus gritos, conoce sus sufrimientos, está decidido a organizarse para liberarse de la opresión y construir una nueva sociedad, en  una tierra en donde estén satisfechas las necesidades básicas del pueblo y en donde haya alegría y fiesta (leche y miel) (Ex 3,8).

Como comunidad de fe y de compromiso transformador necesitamos seguir creyendo en la capacidad de una comunidad, de un pueblo consciente, que decide recorrer el camino de la liberación. Necesitamos mantener la fe en el Dios de Jesucristo, identificado con la causa de las y los débiles y desenmascarar las divinidades al servicio del proyecto de opresión. Ese proyecto necesita seguir contando con hombres y mujeres que, como Moisés, sirvan de colaboradores/as para realizar la misión liberadora, y que tengan la conciencia de que el Proyecto de liberación se realizará, aunque su realización plena tarde en conseguirse.

2. El verdadero cambio y la verdadera transformación se demuestra dando frutos

En el Evangelio el dueño de la finca mandó a su trabajador a que cortara la mata de higos porque no daba frutos. No es posible estar en la finca comunitaria y popular sin dar los frutos que la comunidad y las y los más débiles, marginados y excluidos esperan de nosotros y nosotras. En ese momento el dueño de la parábola pudiera aparecer como un personaje severo y desesperado. Sin embargo, curiosamente el trabajador de la parábola invita al patrón a tener un poco de paciencia. De esta manera el trabajador está mostrando las actitudes y los valores del Dios mostrado por Jesús de Nazaret, que no quiere que la persona que promueve y que vive en la injusticia, la inconsciencia y la corrupción impune muera, sino que viva.  Para ello muchas veces se necesita de alguien que, en nombre de la comunidad, se dedique a cuidar la planta, a abonarla para que de los frutos que se está esperando. Y si no damos los frutos esperados nos puede pasar como a la planta estéril: seremos cortados y echados al fuego, como se hace con la planta estéril.

Ninguna persona puede decir con propiedad que está realmente transformada y convertida, si no está dando frutos concretos de amor, justicia, trabajo comunitario. Ha sido el mismo Jesús quien nos ha dicho que por nuestros frutos nos conocerán (Mt 7,16).

Como comunidad de fe tenemos que hacernos conscientes de que la sociedad nos pide dar frutos abundantes, y nos invita a ser exigentes con nosotros/as mismos/as y al mismo tiempo tener paciencia para respetar los ritmos comunitarios y personales.

Para la revisión de vida:  ¿Cuántas veces ha venido la familia, la comunidad, el país, a buscar fruto a mi higuera sin encontrarlo? ¿Estaré agotando la “paciencia de mi familia y mi comunidad”? ¿Será necesario una poda en mi vida para que se renueve y revitalice?

Para la oración de las y los participantes:

1.  Para que tengamos una imagen del Dios de Jesús conforme a lo que la Palabra hoy nos dice: un Dios que encarnado en la historia, escucha el clamor de su pueblo y sin quedarse en la pasividad acompaña, por medio de su Espíritu, las luchas comunitarias, recemos…

2. Para que no decepcionemos una y otra vez a la comunidad y a las presentes y futuras generaciones que esperan recoger buenos frutos de nosotras y nosotros, sino que con decisión y esperanza produzcamos frutos de amor comprometido y solidario, recemos…

3. Para que nos hagamos cada vez más conscientes de que tenemos que cuidar este mundo, sus riquezas naturales, sus aguas, sus bosques, su capa de ozono… como el hogar que nos ha sido dado y que debemos conservarlo para las futuras generaciones, en vez de destruirlo simplemente por ambición y afán irracional de lucro, recemos…

Exhortación final: Somos parte de una comunidad que vive en medio de un pueblo inconsciente y oprimido, que necesita abrir los ojos, descubrir su opresión y decidirse a involucrarse en un proyecto de liberación. Por eso la comunidad de fe tiene el desafío de asumir, junto con otras redes y espacios comunitarios y populares, la defensa de la vida.


ALEGRARSE POR LA HERMANA Y EL HERMANO QUE CAMBIAN DE VIDA C4ºC (10-3-10)

Introducción: Durante su vida pública Jesús se rodeaba de gente de mala fama: recaudadores de impuestos, pecadores, prostitutas, marginados/as, personas empobrecidas… Le interesaba llamar a todos y a todas a la transformación personal, comunitaria y social, pues él estaba convencido de que “sólo las y los enfermos necesitan del médico”.

Celebremos la presencia en medio de la comunidad del Espíritu de Jesús que hoy sigue invitando a sus seguidores y seguidoras a estar cerca de las y los marginados y despreciados sociales.

1ªL: Josué 5,9-12. Hoy he quitado de ustedes la vergüenza de Egipto

I: Josué, compañero de Moisés, tuvo la misión de liderar y acompañar al pueblo de Israel, cuando éste entró para conquistar la tierra de Canaán. Moisés murió antes de entrar; sólo pudo verla desde una montaña de la actual Jordania, llamada monte Nebo.

Después de pasar el río Jordán los judíos celebraron la Pascua como memorial de la liberación de la esclavitud de Egipto y circuncidan a todos los varones como signo de su entrada en la comunidad religiosa de hombres y mujeres liberados/as de la esclavitud.

T: En aquellos días, Yahvé dijo a Josué:  “Hoy he quitado de encima de ustedes la vergüenza de Egipto”. Los israelitas acamparon en Guilgal, donde celebraron la Pascua el día catorce del mes, al atardecer, en la llanura de Jericó. A partir de este día comieron los productos del país: panes ázimos y espigas tostadas en ese mismo día. Y desde ese día en que consumieron los productos del país, cesó el maná. No hubo ya maná para las y los israelitas y ese año comieron lo que produce el país de Canaán.

Salmo de hoy: ¡Qué bueno es vivir unidos y unidas, en comunidad bien comprometidos/as!

* Mira a tu pueblo cómo está inconsciente y manejado; no te hagas el/la ciego/a, no pases de

lado.

* Hay muchas personas que dicen seguir a Jesús, pero no quieren cargar con su cruz.

* Si nos concientizamos y nos organizamos, cambiaremos de mentalidad y de práctica

comunitaria.

2ªEv:   Lucas 15,1-3.11-32. Alegrarse con el Padre del hermano renovado y transformado

I:  En la lectura de hoy leemos una de las tres parábolas de la misericordia que encontramos en el capítulo 15 del evangelio según Lucas. En esta parábola se nos habla del corazón misericordioso de un padre de familia que siempre espera la vuelta de su hijo descarriado, a fin de que pueda ser feliz, en su casa, entre sus seres queridos, en su comunidad.

A nosotros y nosotras se nos pide tener un corazón abierto para acoger a los hermanos y hermanas que deciden cambiar sus actitudes egoístas y centralizadoras, para construir unas comunidades fraternas, sororales y solidarias.

T: En aquel tiempo se acercaban a Jesús los publicanos y las pecadoras y pecadores para escucharlo. Los fariseos, pues, con los maestros de la Ley murmuraban y criticaban: “Este hombre recibe a los pecadores y pecadoras y come con ellos y ellas”.

Entonces Jesús les dijo esta parábola: un hombre tenía dos hijos. El menor dijo a su padre: Padre, dame la parte de la propiedad que me corresponde. Y el padre la repartió entre ellos. Pocos días después, el hijo menor reunió todo lo que tenía, partió a un lugar lejano y, allí, malgastó su dinero en una vida desordenada. Cuando lo gastó todo, sobrevino en esa región una escasez grande y comenzó a pasar necesidad. Entonces fue a buscar trabajo y se puso al servicio de un habitante de ese lugar que lo envió a sus campos a cuidar puercos. Hubiera deseado llenarse el estómago con la comida que daban a los puercos, pero nadie le daba nada.

Fue entonces cuando entró en sí: “¿Cuántos trabajadores de mi padre tienen pan de sobra, y yo aquí me muero de hambre?  ¿Por qué no me levanto? Volveré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra Dios y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo, trátame como a uno de tus siervos.  Partió, pues, de vuelta donde su padre.

Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión, corrió a echarse a su cuello y lo abrazó. Entonces el hijo le habló: Padre, pequé contra Dios y contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus servidores: Rápido, tráiganle la mejor ropa y póngansela, colóquenle un anillo en el dedo y zapatos en los pies. Traigan el becerro más gordo y mátenlo, comamos y alegrémonos, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo he encontrado. Y se pusieron a celebrar la fiesta.

El hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver llegó cerca de la casa, oyó la música y el baile. Llamando a uno de los sirvientes, le preguntó qué significaba todo eso. Este le dijo: Tu hermano está de vuelta y tu padre mandó matar el becerro gordo, por haberlo recobrado con buena salud. El hijo mayor se enojó y no quiso entrar.

Entonces el padre salió a rogarle. Pero él le contestó: Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y a mí nunca me has dado ni un chivo para hacer una fiesta con mis amigos, pero llega ese hijo tuyo, después de haber gastado tu dinero con prostitutas, y para él haces matar el ternero gordo.

El padre le respondió: Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo.  Pero había que hacer fiesta y alegrarse, puesto que tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”.

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿Por qué tomar la decisión de volver a la familia y a la casa comunitaria?

2. ¿Por qué es necesario perdonar al hermano arrepentido y alegrarse por su

transformación?

1- La decisión de volver a la familia y a la casa comunitaria

La parábola evangélica que hemos leído hoy nos habla de la decisión del hijo menor de alejarse de la casa familiar. Busca su independencia quizás pensando que en su casa no tenía suficiente libertad o creyendo que fuera de su propia casa iba a vivir mejor. Se aleja de su familia, amor no llega a entender.

El texto lucano nos dice que ante la decisión de su hijo el Padre de la familia procedió  a repartir la herencia entre los dos hijos, y así darle su parte al hijo menor que había tomado la decisión de alejarse de casa. El Padre no se opone a la decisión de su hijo; lo deja en completa libertad, aunque seguramente la decisión del hijo menor le habría causado un profundo dolor.

Muchas veces decidimos, de forma consciente, alejarnos de la casa familiar, de la “casa” comunitaria, de nuestras organizaciones solidarias. Creemos que en otros lugares vamos a poder luchar y vivir mejor. Con frecuencia creemos que las exigencias de los proyectos comunitarios son insoportables. Tenemos sueños e ilusiones que muchas veces no se realizan. Otras veces “el tiro nos sale por la culata”.

Como creyentes tenemos la experiencia de lo que significa alejarse de la casa familiar, de la comunidad de fe comprometida. Todos/as de alguna manera hemos cometido faltas más o menos graves. Esa experiencia nos sirve  para  hacer lo posible por permanecer en la casa familiar, en un espacio comunitario y prevenir a muchos hermanos y hermanas, ayudándoles a tomar conciencia de que fuera de la comunidad de fe, de los grupos comprometidos con la causa de la justicia, no hay  vida verdadera y plena.

El hijo menor estaba cansado del estilo de vida que tenía en la casa del Padre.  Por eso cuando se ve liberado de ese ambiente se dedica a llevar una vida desordenada. Quiere conseguir la felicidad llevando una vida alejada de las normas de comportamiento que antes había tenido. Eso lo lleva a gastar todo en cosas que no le dan sentido para vivir. Antes lo tenía todo, ahora ni siquiera tiene el alimento que necesita para vivir. Ahora comienza a sufrir las consecuencias de la lejanía del Padre. Incluso tiene que dedicarse a un trabajo considerado impuro y despreciable por los judíos: cuidar los puercos.

En medio de la situación de frustración y de hambre el muchacho comienza a reflexionar y a valorar lo que había perdido. Habiendo tomado conciencia de su situación, de su esclavitud, se convence de que Dios le reserva una suerte mejor, y emprende el camino de regreso. El mismo se da ánimos y se pregunta a sí mismo: ¿Por qué no me levanto?

En su interior, el hijo que se fue de casa, piensa que ya no volverá a ser considerado como hijo. Por eso ahora hace comparación entre su forma de vida y la de los trabajadores de su Padre. De todas maneras ahora prefiere llevar el estilo de vida de los trabajadores. Entiende que ya no tiene parte en la herencia de su Padre y que no puede ser considerado como hijo. Se decide a volver reconociendo su pecado: “Padre, pequé contra Dios y contra ti;  ya no merezco llamarme hijo tuyo, trátame como a uno de tus siervo…” (Lc 16,19).

El hijo menor arrepentido no se esperaba que el Padre lo estuviese esperando.  Cuando se acerca a la casa el Padre lo vio, sintió que las entrañas se le removieron y corrió a echarse al cuello y lo abrazó  (el original dice que lo besó con efusión). El muchacho pecador no se esperaba un recibimiento de tal género. Y el hijo reconoce su pecado, señalando que ya no es digno de ser recibido como hijo. Pero al Padre no le interesan las excusas que pone su hijo. Sólo le importa que éste ha regresado con vida. Por eso hay que recibirlo como el hijo que siempre fue. Y se prepara la fiesta para celebrar la llegada.

La comunidad de Lucas quiere dejarnos un mensaje claro: siempre es necesario esperar el cambio de actitudes de la persona que ha fundamentado su vida sobre los antivalores del egoísmo, del robo, la injusticia y la opresión. Siempre es tiempo propicio para volver a la casa familiar, al entorno comunitario. El Dios de Jesús olvida nuestro pasado cuando nos disponemos a cambiar de vida y de mentalidad.

2. Acoger con alegría a la hermana y al hermano que deciden cambiar de vida y de rumbo

En la parábola del hijo pródigo o del padre misericordioso (Lc 15, 11-32) el hermano mayor representa la actitud de las personas fariseos, de aquellas que tienen un estilo de vida incoherente, entre sus palabras y sus hechos. No es pura casualidad que en la introducción a las tres parábolas de la misericordia que aparecen en el cap. 15 de Lucas, se nos dice que: “Todos, publicanos y pecadores, se acercaban a Jesús para escucharlo. Los fariseos, pues, con los maestros de la Ley murmuraban y criticaban: ‘Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos’.” (Lc 15,1-2).

El hijo mayor de la parábola representa la actitud de los fariseos que se niegan a aceptar como hermano a aquellas personas que se han alejado de la casa del Padre y que vuelven arrepentidas. Ellos/as se consideran los/as puros/as, los/as inmaculados/as, que no se pueden juntar con los/as pecadores/as, por eso critican a Jesús que está con ellos/as y que come con ellos/as.

El hijo mayor se niega a entrar en la casa. Y se muestra en desacuerdo con la forma de actuar de su padre. Reclama que a él nunca le han hecho una fiesta. El siempre ha estado en casa trabajando y no se ha reconocido sus esfuerzos, mientras que a su hermano pecador  que “ha gastado el dinero con prostitutas” se le organiza una fiesta para “premiar” la conducta inadecuada que ha tenido.  Se niega a aceptar al que llega como un hermano; por eso se refiere a él diciendo: “Ese hijo tuyo…” (Lc 15,30).

Cuando volvamos a la casa del Padre, después de haber cometido faltas, es posible que los hermanos y hermanas no nos reciban bien. Después de todo hemos empleado mal la parte de la herencia que nos dio el Padre. Por eso los/as hermanos/as temen que también les quitemos la parte que a ellos/as les toca. En otras ocasiones podemos ser nosotros y nosotras los/as que no queramos aceptar a quien viene arrepentido/a a pedir perdón. Eso expresa nuestra falta de fraternidad y nuestra falta de fe. Además sabemos bien claro que si no perdonamos al hermano o hermana, Dios no nos perdona a nosotros/as. Por eso se nos pide capacidad de acogida con el hermano o hermana que han pecado y que vuelven a la casa del Padre común.

En la parábola el Padre se alegra por su hijo que ha vuelto. Por eso dice a su hijo mayor: “Había que hacer fiesta y alegrarse, puesto que tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado” (Lc 15,32). La alegría del padre, como toda verdadera alegría, busca comunicarse, no se queda en él. Por eso organiza una fiesta para que otros/as también se alegren con la vuelta a casa del hijo que decidió regresar.

Es necesario alegrarse con el Padre, por los/as hermanos/as que han vuelto a su Casa. Y la conversión de los/as hermanos/as es fuente de alegría. Esa alegría llega hasta el Dios misericordioso cuyo rostro nos ha mostrado por Jesús. Por eso nos dice el evangelio según Lucas: “Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que vuelve a Dios que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de convertirse.” (Lc 15,7). La alegría es el fruto de la conversión, de la transformación que tiene que reflejarse en el bienestar familiar y comunitario. La Alegría trae la paz y la plenitud de la vida. Por eso celebrar es vivir. Es vivir de nuevo la alegría de estar en la casa del Padre tomando conciencia de la gratuidad del los valores del amor, la compasión y la solidaridad.

También a nivel personal hemos experimentado la alegría y la paz que vienen del perdón del Padre. Cuando nos alejamos de su casa, cuando nos dejamos llevar por el odio y el egoísmo, cuando nos apropiamos de lo que pertenece a todos/as, cuando vivimos según los valores de la escuela neoliberal, entonces sólo encontramos tristeza y soledad. En cambio cuando nos decidimos a cambiar de vida, entonces renace la alegría.

Como comunidad de fe se nos pide ser portadores/as de la alegría plena que produce la conversión de los hermanos y hermanas. Por eso celebramos cada vez que un hermano o hermana decide cambiar su vida sin sentido y entrar en la comunidad de las personas comprometidas con un proyecto de vida que reconstruyen los lazos de amor, de respeto y de solidaridad, al interior de la “casa” común: la familia, la comunidad, el barrio, la sociedad, Latinoamérica, el Caribe, el Mundo…

Para la revisión de vida: ¿Qué hay en mi corazón de hijo o hija pródiga… huidizo/a respeto al Padre, derrochador de la herencia gratuitamente recibida? ¿Qué hay en mí de hijo mayor que se cree mejor, con más derechos, que desprecia a las y los demás?

Para la oración de las y los participantes:

  1. Por las relaciones familiares entre padres, madres, hijas e hijos, para que estén guiadas por las “entrañas de misericordia” y de compasión. Recemos…
  2. Para que nos reconciliemos con nuestros hermanos y hermanas en este tiempo cuaresmal… Recemos…
  3. Para que tengamos un corazón amplio que se alegra por el bien de las y los demás y nunca tiene celos de las alegrías ajenas. Recemos…

Exhortación final: La Palabra compartida en esta semana nos ha invitado a ser criaturas nuevas. Aunque nos alejemos de la “casa” comunitaria, debemos tener la conciencia de que él siempre nos está esperando, para reiniciar una nueva vida guiada por el mandamiento del amor. Al mismo tiempo se nos invita a aceptar con alegría a los hermanos y hermanas que deciden cambiar de vida y de rumbo.

MISERICORDIA Y SOLIDARIDAD CON QUIEN DESEA CAMBIAR DE VIDA C5ºC (21-3-10)

Introducción: Nos reunimos como comunidad de fe que cree en el Dios familiar de Jesús, que es compasivo y misericordio­so y muestra su corazón de padre/madre preocupado por sus hijos e hijas. El está siempre dispuesto a perdonarnos y le duele profundamente cuando sus hijos e hijas no saben perdonarse y relacionarse entre sí.

1ªL: Isaías 43,16-21. Todo lo hago nuevo

I: Un buen grupo del pueblo de Israel estaba en el exilio de Babilonia hacia el siglo VI a.C. Allí un profeta, llamado por las y los estudios de la Biblia, el segundo Isaías, llamado también el profeta de la consolación, anu­ncia que el Dios Yahvé volverá a involucrarse en la liberación de su pueblo de cualquier situación de esclavitud y opresión, como lo había hecho cuando Israel estaba en Egipto.

T: Esto dice el Señor, que abrió un camino a través del mar como una calle en medio de las olas; que empujó al com­bate a un formidable ejército de carros y caballería; todos caye­ron para no levantarse más, y se apagaron como una mecha que se consume. No se acuerden más de otros tiempos, ni sueñen ya más en las cosas del pasado. Pues yo voy a realizar una cosa nueva, que ya aparece. ¿No la notan? Sí, voy a trazar una ruta en las soledades. Los animales salvajes, como los lobos y los avestruces, me felicitarán, porque le daré el agua al desierto. Sí, habrá ríos en esos lugares para dar de beber a mi pueblo ele­gido. Entonces, el pueblo que yo he formado me cantará ala­banzas.

Salmo de hoy: Cuando nos liberamos de la opresión y la indiferencia, estamos ale­gres

*          Cuando como fruto de la organización y la lucha comunitaria, y del acompañamiento solidario del Espíritu divino, hemos logrado nuestros objetivos nos sentimos alegres y con ganas de cantar.

*          Nuestros colonizadores, opresores y opresoras ya no pueden contar con nosotros y nosotras para continuar con su proyecto de muerte. Pues la semilla de la Palabra sembrada en nuestro corazón es fuente de indignación, resistencia, rebeldía, y fe en la nueva sociedad.

*          Nuestra suerte está cambiando porque nos hemos decidido a luchar, de forma organizada,

por defender nuestros derechos. Así quienes siembran entre lágrimas, cosechan entre cantares.

3ªEv: Juan 8,1-11. Quien esté sin falta y egoísmo que tire la primera pie­dra

I:   En la sociedad en que le tocó vivir a Jesús, el adulterio estaba, legalmente, prohibido y se penalizaba con la muerte (Lev 20,10). Por en algunas ocasiones sólo se aplicaba la pena establecida a la mujer adúltera y no al varón. Jesús sale en defensa de una mujer adúltera, la defiende de hombres que no tienen calidad moral para acusarla. Con su actitud deja entrever que nadie que sea una persona que cometa faltas puede acusar a otra perso­na. Y ¿quién está libre de culpa en esta vida?

T:  En aquel tiempo Jesús se fue al monte de los Olivos. Al amanecer volvió al Templo y toda la multitud venía a él. En­tonces se sentó para enseñar.

Los maestros de la Ley y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio. La colocaron en medio y le dijeron: “Maestro, han sorprendido a esta mujer en pleno adulterio. La Ley de Moisés ordena que mujeres como ésta mueran apedreadas. Tú, ¿qué dices?” Con esto querían ponerlo en dificultades para poder acusarlo.

Jesús se inclinó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Como le seguían preguntando, se enderezó y dijo: “El que no tenga pecado lance la primera piedra”. Se inclinó de nuevo y siguió escribiendo en el suelo.

Y todos se fueron retirando uno por uno, comenzando por los más viejos. Y dejaron a Jesús solo con la mujer que seguía de pie en medio. Entonces se enderezó y le dijo: “Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?” Ella contestó: “Ninguno, Señor”. Jesús le dijo: “Yo tampoco te condeno. Vete y no vuelvas a pecar en adelante”.

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿Cómo ayudar a nuestro pueblo a mantener la esperanza en la hora en que vivimos?

2. ¿Cómo vivir, como Jesús, las actitudes de perdón, misericordia, ternura y esperanza

que nos ayudan a convertirnos en criaturas nuevas, comprometidas con otro mundo posible?

  1. I. Mantener la esperanza en el Proyecto del otro mundo posible

La primera lectura del libro del segundo Isaías (caps. 39-55; Is 43,16-21) pertenece al llamado “libro de la consolación”, correspondiente al tiempo del exilio de Babilonia (597-537 a.C.). En el exilio , en el destierro, las y los judíos que están allí, así como las y los esclavos de Jerusalén que fueron llevados en la segunda deportación (587 a.C.), están desvalidos y sin apoyo: sin templo, sin sacerdotes, sin organización, fuera de su tierra, en tierra ajena, fuera de su identidad, sin esperanza.

Muchos estudiosos y estudiosas de la Biblia dicen que la situación en la que viven la mayor parte de los pueblos latinoamericanos y caribeños se parece a la  que vivió el pueblo de Israel en el tiempo del exilio.

Si en las décadas pasadas usamos más la comparación del “éxodo”, como salida de la esclavitud, hoy, a partir sobre todo del “triunfo” del sistema neoliberal en los años 90,  habría que hablar más de “exilio”, pues ahora las y los pobres y sus aliadas y aliados pueden afirmar que “no tenemos príncipes, ni jefes, ni sacerdotes, ni líderes… que se preocupen por el pueblo.

La comparación del exilio nos puede ayudar a aclarar la situación de tantos “militantes” de la Causa de la Justicia, cristianos y cristianas, así como líderes populares y comunitarios, que lucharon con esfuerzo y esperanza en las décadas pasadas por la Liberación, y que hoy no saben bien cuál es el camino a seguir para seguir luchando por conseguir mejores condiciones de vida para sus pueblos.

En una situación semejante a la nuestra ciertamente, en el exilio de Israel en

Babilonia, emerge poderosa la voz de Isaías, llamado el “profeta de la consolación” El ministerio profético se convierte en “ministerio de consolación”, de esperanza: “Consuelen, consuelen a mi pueblo” (Is 40,1). Pues lo que más necesitan nuestros pueblos (dominicano, haitiano, caribeño, latinoamericano)  es abrir los ojos, recobrar la esperanza y continuar articulando proyectos de vida alternativos al impuesto por el sistema neoliberal vigente.

En estos tiempos de destierro de la esperanza, de falta de alternativas y de debilidad de los proyectos alternativos, es más actual y urgente que nunca el ministerio de la consolación: sencillamente consolar al pueblo, y consolarlo mostrando la esperanza; ayudarle a abrir los ojos, despertarlo del sueño o de la acomodación, y hacerle ver que el Proyecto de Dios está ahí, que El está esperando nuestro compromiso, y que, aunque tarde, el triunfo de la justicia, del amor y de la solidaridad, está asegurado.

2.  Aprender de Jesús a vivir los valores de la misericordia, la esperanza, el perdón y la

ternura

Las y los cristianos creemos en un Dios que es misericordioso con todas y todos los pecadores y  pecadoras, porque él como Padre de amor, le interesa que sus hijos e hijas cambien de vida, y vivan felices, comprometidos y comprometidas con su Proyecto de vida y de justicia. Por eso Jesús muestra el amor de Dios con aquella mujer que había sido sorprendida cometiendo adulterio (Jn 8,1-11).

La pena con la que se castigaba el adulterio de la mujer, en tiempos de Jesús, era la muerte a pedradas. Si el adúltero era un hombre el castigo, por lo general, no será la muerte, aunque lo que estaba mandado era la muerte de ambos (Lev 20,10). El gesto de Jesús es de perdón a la pecadora, pero también de rechazo a la violencia que se quiere hacer contra la mujer y al doble trato dado a la mujer y al hombre. Jesús no acepta esta pretendida justicia que utiliza dos medidas diferentes según el sexo.

El perdón de Jesús hacia la mujer pecadora revela su confianza y su amor con la que ha pecado. Sin amor no hay perdón. El comportamiento de Jesús con la mujer adúltera revela además la delicadeza y la ternura del Maestro de Galilea, su capacidad de creer en la otra persona, y su rechazo de todo tipo de fariseísmo, de toda doble moral.

Jesús se niega a condenar a la mujer pecadora, pero esto no quiere decir que no reconozca la maldad del pecado cometido; es necesario rechazar lo que estuvo mal. Por eso Jesús dice: “Vete y no vuelvas a pecar en adelante.”(Jn 8,11). Es necesario mirar hacia el futuro, hacia las posibilidades que tiene la persona que ha roto con su pasado pecaminoso y está decidida a emprender un camino nuevo. Dios realiza siempre “algo nuevo” (Is 43,19) en nosotros y nosotras; como El debemos estar atentos y atentas a lo que está naciendo. No es el que el pasado no importe, sucede que como dice Pablo, “olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante” (Fil 3,13).

A todos y a todas se dirige la frase que Jesús dijo a la mujer pecadora sorprendida cometiendo el adulterio: “Vete y en adelante no vuelvas a pecar”. Jesús no acusa, pero invita a rom­per con el pecado, porque El está convencido de que la felicidad de cada persona sólo se encuentra en la vida cercana a Dios y solidaria con las hermanas y hermanos.

Como comunidad identificada con Jesús y con su mandamiento de amor, se nos pide imitar su misericordia en nuestra relación con los hermanos y hermanas que han pecado o que se encuentran metidos en lo más pro­fundo del pecado y de la esclavitud. La mejor forma de ayudarles a salir de su situación es precisamente mostrándoles el amor, la ternura y el perdón de nuestro Dios.

Como comunidad de fe descubrimos el compromiso de irnos asemejando cada vez más a Jesús, la verdadera persona nueva. Al identificarnos con él, con sus criterios, con su Proyecto, nos convertimos en levadura en medio de la masa, en personas que van colaborando para que se vayan creando los cielos nuevos y la tierra nueva en los que habite la justicia (2 Pe 3,13).

Para la revisión de vida: ¿Cómo está mi esperanza? ¿Realizo el ministerio de consolar a mi pueblo? ¿Qué es lo que realmente yo más valoro?

Para la oración de las y los participantes

Responderemos: “Despierta, Jesús, nuestra solidaridad y fortalece nuestra esperanza”

1. Para que tengamos entrañas de misericordia ante todas las personas que sufren y en especial a las y los más empobrecidos.

2. Para que nuestro trabajo evangelizador sea “consuelo” para todas las personas que se crucen con nosotros y nosotras en el camino de la vida.

3. Para que sepamos perdonar y no juzguemos a las demás personas.

Exhortación final: La Palabra divina nos ha invitado hoy a descubrir que la comunidad de fe guiada por el Espíritu divino, es capaz de crear nuevos proyectos que permitan mejorar las condiciones de vida para su pueblo. El siempre está dispuesto a perdonarnos, al mismo tiempo que nos invita a romper con el egoísmo y la apatía, para comprometernos en comunidad, con el surgimiento de otro mundo posible.

LA ALEGRIA DE PERSONAS SENCILLAS Y LA CONSPIRACIÓN DE GENTE PODEROSA CDR (28-3-10)

Introducción: En esta semana celebramos el inicio de la celebración de los últimos acontecimientos de la vida de Jesús: su entrada en Jerusalén, su pasión, sus conflictos con los líderes del pueblo, el juicio amañado que lo condenó a muerte y finalmente, su resurrección.

En los primeros tiempos del cristianismo sólo se hacía la celebración del Sábado Santo, en donde se recordaba la muerte y resurrección de Jesús. Después del siglo IV se comenzaron a recordar los últimos acontecimientos vividos por Jesús en la última semana de su vida terrenal. Es así como nace, en Jerusalén, la celebra­ción de la Semana Santa.

Hoy, domingo de Ramos, recordamos la entrada de Jesús en Jerusalén. Mien­tras las y los humildes y sencillos de Jerusalén aclaman a Jesús y se alegran con él, los jefes del pueblo estaban tramando su muerte. Por eso hoy también se lee el relato de la pasión, como se hace el Viernes Santo.

Las palmas y los ramos que llevamos son un signo de nuestro deseo de proclamar a Jesús como verdadero líder, el guía que nos orienta en el camino de la vida, fortalece nuestra fe y anima a nuestra vida personal y comunitaria

1ªL:  Isaías 50,4-7. Yahvé viene en mi ayuda

I: La lectura que hacemos a continuación es uno de los llamados “cánticos del Servidor de Yahvé” que fueron escritos por el segundo Isaías, profeta que acompa­ñó al grupo del pueblo de Israel que fue al exilio de Babilonia (S. VI a.e.c). Este canto habla de las cualidades de la persona con espíritu de servicio, comprometida con el proyecto de vida y libertad, del/de la verdadero/a dis­cí­pulo y discípula de una escuela de fe y de compromiso comprometida con la construcción de la nueva sociedad.

T: El Señor Yahvé me ha concedido el poder hablar como su discípulo o discípula. Y ha pue­sto en mi boca las palabras para aconsejar como es debido al que está abu­rri­do. Cada mañana, él me despierta y lo escucho como lo hacen los discípulos y discípulas.

El Señor Yahvé me ha abierto los oídos y yo no me resistí ni me eché at­rás.

He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas a quienes me halaban la barba, y no oculté mi rostro ante las injurias y los salivazos.

El Señor Yahvé viene en mi ayuda y por eso no me molestan las ofensas. Por eso puse mi cara dura como piedra

Salmo de hoy: Dios mío, Dios mío, ¿por qué nos has abandonado?

*          Todos los que nos ven de mí se burlan y se ríen de nosotros y nosotras. Nos dicen que somos soñadores y soñadoras. Estamos oprimidos, marginados, sin trabajo, sin alimentos, sin escuela de calidad para nuestros hijos e hijas.

*          Nuestro líderes y políticos han perdido el juicio y la cordura. La corrupción impune se ha instalado a todos los niveles. Sólo buscan comprarnos con pequeños regalos en tiempos de elecciones.

*          El negocio y tráfico de las drogas nos arropa y corrompe a mucha gente y en especial a los

líderes políticos, económicos y comunitarios. La búsqueda del dinero fácil y la violencia

generalizada se han convertido en el pan nuestro de cada día.

Ev.: Lucas 19,28-40. Bendito el que viene en el nombre del Señor

I:         El evangelio que ahora leemos nos recuerda la entrada alegre y festiva de Jesús en Jerusalén. Es bueno destacar la sencillez de Jesús. Aunque la gente lo aclama como rey, descendiente de David, él demuestra su humildad y entra en la Ciudad Santa montado sobre un burro.

T:  En aquel tiempo, todos subían a Jerusalén y Jesús iba delante. Cuando llegaron a Betfagé y Betania, cerca del cerro llamado de los Olivos, Jesús dijo a dos de sus discípulos: “Vayan al pueblo que está enfrente. Al entrar encontrarán amarrado un burrito que nadie ha montado hasta ahora. Desátenlo y tráiganlo. Si alguien les pregunta: ¿Por qué lo desatan?, contesten: El Señor lo necesita”.

Fueron los enviados y hallaron todo como Jesús les había dicho. Mientras soltaban el burrito, llegaron los dueños y les dijeron: “¿Por qué desatan ese burrito?” Contestaron: “El Señor lo necesita”.

Llevaron, pues, el burrito a Jesús y le echaron sus capas encima para que Jesús se montara. A medida que avanzaba, la gente extendía sus mantos sobre el camino. Al acercarse a la bajada del cerro de los Olivos, la multitud de sus seguidores, llenos de alegría, se pusieron a alabar a Dios a voz en cuello por todos los milagros que habían visto. Y decían: “¡Bendito el que viene, el Rey, en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en lo más alto de los cielos!”

Algunos fariseos que se encontraban entre la gente dijeron a Jesús: “Maestro, reprende a tus seguidores”. Pero él contestó: “Yo les digo que si ellos y ellas se callan, las piedras gritarán”.

Para el diálogo comunitario

1. ¿Por qué mientras la gente sencilla recibe a Jesús con Alegría, los poderosos planifican su muerte?

2. ¿Qué importancia tiene para nosotros y nosotras el que Jesús sea servidor de las y los débiles y discípulo de una escuela comprometida con la vida plena?

1.  La alegría de las y los sencillos  y la conspiración de los jefes del pueblo ante un nuevo liderazgo

David, el segundo rey de Israel, fue un simple pastor del caserío de Belén, que llegó a ser jefe de su pueblo porque Dios lo había escogido (1 Sam 16,11-13). Pero más tarde David olvidó su origen humilde y se hizo un rey, lleno de poder y de rique­za, como los reyes de los pueblos de alrede­dor de Israel.

A muchos reyes, en especial a David y a sus sucesores, se les dio el título de Mesías. El término propiamente dicho fue asumido en el anuncio profético después de la muerte de Salomón, cuando el pueblo vio la necesidad de la llegada del restaurador y salvador de Israel de las manos de sus enemigos los imperios invasores.

Muchos en el Antiguo Testamento pensaban que el Mesías sería otro David, y de ahí nace la idea del Mesías Rey con sus funciones netamente monárquicas y militares. Para otros la idea de Mesías toma la forma del Servidor de Yahvé del que habló el segundo Isaías (caps. 39-55).

Es el profeta Isaías el que más profetiza y anuncia la llegada del Mesías de Dios. Mesías entendido como el Siervo de Yahvé que llega. El Mesías para el profeta es la gran realidad del gran restaurador y liberador de la esclavitud, de la gran violencia, de la gran miseria a la que ha sido condenado el pueblo de Dios.

El mesianismo es una de las herencias que recibe el Nuevo Testamento de la tradición veterotestamentaria. En tiempo del Nuevo Testamento, gobernado el mundo de entonces por Roma con toda su fuerza, riqueza y pretensiones, también hay grupos mayoritarios que esperan la llegada definitiva del Mesías que los liberará del dominio explotador romano. Todos y todas esperaban la intervención de Dios en la historia a través de un líder que fuera capaz de derrocar el poder imperial y hacer de Jerusalén la gran capital de Israel.

Cuando Jesús asume un nuevo tipo de liderazgo, sabe que le va a tocar enfrentarse a tres fuerzas que son:

  1. La clase religiosa de su tiempo, que no concebía a un líder religioso pobre, sin poder, sin armas, sin ejércitos, y menos aún a un líder que se atreviera a criticar a los líderes políticos y religiosos de ese momento. Ellas y ellos serán los primeros en oponerse y creer que el Dios Yahvé tuviera en cuanta a un ser humano que nació en una familia empobrecida para anunciar la llegada de un nuevo proyecto de vida: el Reinado de Dios;
  2. la gente del pueblo será una fuerza de oposición para la propuesta que Jesús viene enseñando, ya que ellos y ellas que han sufrido la explotación, el hambre y la muerte de cerca, no son capaces de aceptar a un líder salido de esa realidad de miseria y de explotación, ni son capaces de asumir el nuevo planteamiento que Jesús les va a hacer;
  3. Y Roma, que será el más grande afectado si permite que la enseñanza del revolucionario Jesús de Nazaret se propague. Por eso busca por todos los medios aliarse con el poder religioso y manipular a la población aturdida para que se alíe para matar a Jesús.

El liderazgo de Jesús está basado en el servicio a las y los más débiles de la tierra y en la inclusión de todas aquellas personas que el legalismo judío y el poder romano habían excluido y condenado. Su liderazgo supera la idea nacionalista, militar y política como se entendía en el Antiguo Testamento.

Podemos suponer que no fue la misma gente la que acompañó a Jesús en su entrada alegre en la ciudad de Jerusalén, montado sobre un burro y la que luego pidió su muerte. Debemos suponer que los/as que lo acompañaron eran personas sencillas, que ha­bían visto sus acciones solidarias en favor de las y los empobrecidos, los/as humildes, y  habían oído salir palabras salvado­ras de su boca profética. Mientras tanto los poderosos de Jerusalén (el Sumo Sacerdote, los letrados, los saduceos y los fariseos) estaban tramando su mue­rte e incluso convencieron a mucha gente del pueblo para que pidiese a Pilato que crucificase a Jesús.

Hoy también hay personas sencillas del pueblo que siguen confiando en Jesús, en sus palabras. Y hay también muchos poderosos que buscan hacer la vida imposible e incluso matan a las y los justos, que defienden los intereses de las y los más nece­sita­dos. Es importante no ceder ante aquellas personas que quieren comprar nuestra con­cien­cia con regalos, con fundas, con pequeñas obras, para ganar votos para las próximas elecciones… Antes bien, debemos mantenernos firmes en el seguimiento de Jesús y en la construcción de nuestros proyectos a favor de la vida.

Como comunidad de fe, tenemos el desafío de aprender de Jesús en su manera de enfrentarse ante los/as que detentan el poder político, económico y religioso en esta sociedad. No podemos a­liarnos con aquéllos y aquéllas que tienen poder y dinero en este mundo y que lo aprovechan para dominar a las y los débiles y sencillos. Como nuestro Maestro, debemos poner al servicio de las y los hermanos nuestras personas, nuestro tiempo, nuestras cualidades y nuestros bienes, para un proyecto de vida y de liberación.

2. Jesús es servidor y es discípulo

La lectura de Isaías que leemos hoy nos habla de un servi­dor de un proyecto humano y divino que cumple su misión profética con decisión y valentía. Es un ser­vidor que tiene la misión de estar cerca de los hermanos y hermanas más desanimados y desanimadas para saber decirles una palabra de aliento en el momento oportuno y así acompañarles en el proceso de concientización y de liberación.

Ese servidor, además, está preparado para las dificultades y los sufri­mientos, porque sabe que la misión profética trae dificultades y conflictos con aquellas personas que se oponen al Proyecto de compartir los bienes de la creación de forma equitativa. Pero en medio de esa situación el servidor o la servidora del proyecto de vida no tiene miedo ni echa para atrás, porque sabe que cuenta con la solidaridad de sus hermanos y hermanas y con la compañía del Espíritu divino que le fortalece.

Nosotros y nosotras hoy estamos llamados y llamadas, como servidores y servidoras los hermanos y hermanas, sobre todo de los/as más débiles, a con­vertirnos en sus discípulos y discípulas, a tener el oído abierto para escuchar la palabra y el clamor de la tierra herida de muerte por la contaminación ambiental y del pueblo sufriente, para realizar la misión de recuperar la salud de la Casa Común y de acompañar a los hermanos y her­manas que han perdido la esperanza ante la dureza de la situación de vida que vivimos en nuestro país, en Haití, en nuestro, en el Caribe, en América Latina y en el mundo entero. En ese trabajo nos encon­traremos con dificultades. Pero no debemos tener miedo ni echarnos para atrás, porque tenemos la certeza de que este camino nos conduce a la vida plena y a la búsqueda del bienestar comunitario.

Para la revisión personal:  ¿Creo realmente en Jesús como un profeta humilde y combativo, identificado con las y los más débiles? ¿Estoy dispuesto o dispuesta a servir a las y los más excluidos y excluidas como lo hizo Jesús?

Para la oración de las y los participantes:

Respondemos: Creemos en Ti y en tu propuesta de vida.

  1. Observando tu vida, tu pasión y tu muerte realizadas hoy día en los hombres y mujeres que sufren cualquier situación de injusticia, opresión o exclusión, nos sentimos llamados y llamadas a intervenir en esas situaciones, y a consagrar nuestras vidas a la tarea de dar esperanza a las y los demás. Por eso te decimos.
  2. Al prepararnos para la Semana Santa, nos sentimos unidos y unidas a todos los hombres y mujeres que creen en Jesús, esperando y deseando que llegue el día en que, más allá de cualquier frontera de separación religiosa, podamos decir todas y todos juntos:
  3. Al comenzar una semana que también es para muchos y muchas de descanso, de vacaciones o incluso de turismo, queremos sentirnos unidos a todos los que en medio de esas actividades se van a encontrar consigo mismo y con lo divino que llevan dentro; y con ellos y ellas queremos decirte:

Exhortación final: La celebración del domingo de Ramos nos habla, al mismo tie­mpo, de alegría y de dolor. Pero en definitiva nos enfrenta ante la conflictividad que Jesús tiene que asumir como consecuencia del proyecto de vida asumido, a favor de la causa de las y los débiles. Como comunidad debemos alegrarnos, como lo hicieron las y los pobres y sencillos de Jerusalén, por la presencia de Jesús en medio de su pueblo humilde. Al escoger su mismo camino, debemos estar preparados y preparadas para asumir las dificultades y conflictos pero al mismo tiempo experimentaremos la verdadera alegría y la paz que viene de la convicción de estar construyendo un proyecto de vida plena, que da sentido a nuestras luchas comunitarias y populares.


Reflexiones bíblicas semanales

febrero 3, 2010

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDOM)

C/ 3 No. 9. El Milloncito, Sabana Perdida. Santo Domingo Norte. Rep. Dominicana

Tel/fax. 809-568-8560. E-mail: rebido@gmail.com, rebido07@yahoo.es

Reflexiones bíblicas semanales. Febrero 2010

ESTOY A LA DISPOSICIÓN. ENVIAME C5°O (7-2-10)

 

INTRODUCCION: En esta semana queremos reflexionar, como personas, como familias, como comunidades de fe dispuestas a servir a las y los hermanos que nos necesiten en toda acción que busque mejorar las condiciones de vida. Ante ese llamado se nos pide responder con prontitud, porque el campo de trabajo es amplio y las trabajadoras y trabajadores son más bien pocas y pocos.

1ªL: Isaías 6,1-2.3-8. «Aquí me tienes, mándame a mí».

I: La lectura que hacemos a continuación nos habla del llamado y de la respuesta del profeta Isaías (S. 8 a.C.). Siente que es consagrado para comunicar una Palabra de salvación. El profeta es liberado de sus miedos y egoísmos y se muestra dispuesto para realizar una misión a favor de la vida de sus hermanas y hermanos.

 

T: El año en que murió el rey Ozías, vi a Yahvé sentado en un trono elevado y alto, y el ruedo de su manto llenaba el Templo. Por encima de él había serafines. Cada uno de ellos tenía seis alas: con dos se cubrían el rostro, con dos los pies y con las otras volaban.

Yo exclamé: «¡Ay de mí, estoy perdido, porque soy un hombre de labios impuros y vivo entre un pueblo de labios impuros, y mis ojos han visto al rey, Yahvé de los Ejércitos!»

Entonces voló hacia mí uno de los serafines. Tenía un carbón encendido que había tomado del altar con unas tenazas, tocó con él mi boca y dijo:

«Mira, esto ha tocado tus labios, tu falta ha sido perdonada y tu pecado, borrado».

Y oí la voz de Yahvé que decía: «¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?» Y respondí: «Aquí me tienes, mándame a mí».

 

Salmo de hoy: Damos gracias por la vocación de servicio a las y los débiles y excluidos

  • Ante de que te formaras dentro del vientre de tu madre, antes que tú nacieras te conocía y te consagré. Para ser un profeta en medio de tu pueblo empobrecido y creyente has sido escogida o escogido. Realizarás acciones de justicia y solidaridad. Y proclamarás un mensaje de esperanza y de vida liberada.
  • Incorpora a la misión a la gente de tu casa  y de tu vecindario porque la misión es amplia y la gente comprometida es poca. Además la tierra gritando está por la agresión contra las personas y el ambiente. Es hora de luchar porque el pueblo sufriendo está.

 

3ªL: Lucas 5,1-11. Dejaron todo y siguieron el Proyecto propuesto por Jesús

 

I: La lectura evangélica de hoy nos presenta a Jesús rodeado de gente, las que les enseña. Pero para realizar su misión necesita de colaboradoras y colaboradores que tengan responsabilidad, decisión y solidaridad. Por  eso llama a unos pescadores que lo dejan todo y lo siguen. Entre ellos están Pedro, Santiago y Juan y un grupo de mujeres discípulas. Desde ahora serán pescadores de hombres y de mujeres.

 

T: En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. En eso vio dos barcas amarradas al borde del lago; los pescadores habían bajado y lavaban las redes. Subió a una de las barcas, que era la de Simón, y le pidió que se alejara un poco de la orilla; luego se sentó y empezó a enseñar a la multitud desde la barca.

Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Lleva la barca mar adentro y echen las redes para pescar”. Simón respondió: «Maestro, por más que lo hicimos durante toda la noche, no pescamos nada; pero, si tú lo dices, echaré las redes”. Así lo hicieron, y pescaron tal cantidad de peces, que las redes casi se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros que estaban en la otra barca para que vinieran a ayudarles. Vinieron y llenaron tanto las dos barcas, que por poco se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se arrodilló ante Jesús, diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador”. Pues tanto él como sus ayudantes se habían quedado sin palabras por la pesca que acababan de hacer. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón.

Jesús dijo a Simón: «No temas; en adelante serás pescador de hombres y mujeres”.  En seguida llevaron sus barcas a tierra, lo dejaron todo y siguieron a Jesús.

PARA LA REFLEXION COMUNITARIA, FAMILIAR O PERSONAL

1. ¿Por qué es necesario responder con prontitud al llamado de la solidaridad y del anuncio del Proyecto de Vida  Buena?

2. ¿Dónde y cómo podemos escuchar la llamada de Dios?

1. Responder al llamado con Prontitud

La tarea evangelizadora, como presencia solidaria y palabra de esperanza, encarnada en la historia, es un encargo que se nos encomienda. El punto de partida está en la constatación de una realidad de injusticia, de opresión y exclusión. Transmitimos lo que el Espíritu divino nos sugiere e intentamos hacerlo con responsabilidad. En el principio de nuestra vocación está el desafío de una realidad inhumana y el amor gratuito del Dios solidario de Jesús que se hace presente en nuestra vida, en nuestra historia.

La vocación de Isaías comienza con la contemplación divina, aunque se sienta indigno de entrar en relación directa con la divinidad. Sin embargo,  la única dificultad que presenta para realizar la misión es la de sentirse pecador, necesitado de transformación para poder involucrar en un proyecto de justicia y de liberación. Y después de ser purificado con el fuego tomado del altar del templo, está dispuesto a realizar la misión que se le encomendaba. Por eso, ante la intervención divina que busca colaboradores y colaboradoras, Isaías responde con prontitud: “Aquí me tienes, mándame a mí” (Is 6,8).

Como comunidad y como personas hemos recibido el llamado humano y divino para realizar la misión evangelizadora e y liberadora en medio de una sociedad estructuralmente injusta. Como Isaías, y tantas otras personas se nos pide responder con prontitud, tomando conciencia que nuestro trabajo cotidiano, por la causa de la justicia, va creando las bases para la construcción de otro mundo posible, desde nuestra realidad local.

 

2. Se nos ha llamado desde la cotidianidad

Jesús se encuentra en torno al lago de Galilea con unos pescadores. Le interesa llamarlos para su seguimiento. Pero comienza hablando con ellos de lo que les interesa, de algo que está relacionado con su trabajo: la pesca. Luego invita a Simón a echar las redes para pescar. Simón le dice que realmente no vale la pena, puesto que él y sus compañeros han estado durante toda la noche afanando y no han pescado nada. Sin embargo, se decide a complacer a Jesús.  Ocurre el milagro. Allí donde no se encontraban peces, ahora no pueden arrastrar las redes, que están por romperse por la cantidad de peces que se han cogido. Se necesita que otros compañeros vengan a ayudar. Jesús, por tanto, aprovecha una realidad cotidiana para dirigir su mensaje y para llamar para trabajar en otra pesca más importante: la de pescar las personas para que entren a formar parte del Proyecto de amor solidario que Dios tiene.

Y Pedro, como Isaías, no se siente digno de estar cerca de Jesús, el Dios solidario hecho persona humana. Por eso señala: “Jesús, apártate de mí, porque soy un pecador.”(Lc 5,8). Pedro, como todos los pescadores, eran considerados gente impura porque de hecho tocaban peces considerados impuros: todos los que no tenían escamas.

La pesca milagrosa es un signo de que cuando se confía y se vive el amor y la solidaridad se consigue lo que es aparentemente imposible. El alimento da para todos y todas y hasta sobra.

Hoy también, se nos sigue llamando desde la vida cotidiana de cada día. Está presente en nuestras vidas, en la lucha de cada día por la supervivencia y por la construcción de redes de solidaridad; en el esfuerzo diario por llevar el Evangelio de la vida y de la esperanza.

 

Para la revisión personal: ¿Tengo clara cuál es la vocación o ministerio para el cual he sido llamada o llamado en medio del pueblo oprimido y excluido? ¿Confío realmente en la presencia del Espíritu divino en medio de mi vida y de los acontecimientos de mi comunidad, de mi país?

Para la oración comunitaria, familiar o personal:

  • Nuestra acción de gracias por la vocación de servicio que nos diste… te la ofrecemos, Jesús.
  • Nuestro agradecimiento por todas las personas que han hecho posible nuestra vida, nuestro crecimiento comunitario y personal y nuestra felicidad… te lo ofrecemos, Jesús.
  • Nuestra voluntad decidida de que en nuestra familia y en nuestra comunidad se cree un ambiente de amor  y de respuesta responsable a la llamada para la misión de solidaridad y de anuncio de una nueva vida, en esperanza y libertad… te la ofrecemos, Jesús.

 

Exhortación final: Desde la realidad cotidiana de corrupción, de justicia y opresión hemos sido llamadas y llamados para realizar la misión encomendada de anunciar el Evangelio y de contribuir a la liberación de todas las personas oprimidas.  Ese llamado es un don divino que se convierte también en tarea para nosotras y nosotros. En ese camino de fe contamos con la compañía del Espíritu y la solidaridad de los hermanos y hermanas.

——————————————————————————————————————————————– 

 

EMPOBRECIDOS/AS FELICES, COMPROMETIDOS/AS  CON UN PROYECTO DE VIDA JUSTA C6°O (14-2-10)

INTRODUCCIÓN: Nos reunimos como hermanos y hermanas que han puesto su confianza en la fuerza de la unidad de una comunidad, acompañada por el Espíritu solidario. La Palabra divina nos va a hablar de la verdadera felicidad que Dios promete a aquellas personas que se deciden a seguirle por el camino del bien y de la justicia.

Celebremos, con alegría, la presencia de Jesús, que llama felices a las y los empobrecidos comprometidos con la causa de la justicia y la creación de una nueva sociedad.

1ªL: Jeremías 17,5-8. ¡Bendito el que confía en Yahvé!

I: A Jeremías se le llama con razón, el “profeta sufriente”, por las difíciles y dolorosas situaciones que tuvo que enfrentar por su fidelidad a la misión que se le encomendó en medio de su pueblo. Por eso, está preparado para proclamar un mensaje de salvación y de esperanza y llama la atención sobre el riesgo de confiar en personas que no son dignas de confianza. Al mismo tiempo invita a su pueblo a confiar en una presencia divina, que se manifiesta a través de sus profetas, que no engaña y sólo busca el bienestar de las mayorías populares.

T: Así habla Yahvé: ¡Maldito el ser humano que confía en otro ser humano, que busca su apoyo en un mortal,  y que aparta su corazón de Yahvé! Es como mata de cardo en la estepa;  no sentirá cuando llegue la lluvia, pues echó sus raíces en lugares ardientes del desierto, en un solar despoblado. ¡Bendito el/la que confía en Yahvé, y que en él pone su esperanza! Se asemeja a un árbol plantado a la orilla del agua, y que alarga sus raíces hacia la corriente: no tiene miedo de que llegue el calor, su follaje se mantendrá verde; en año de sequía no se inquieta, ni deja de producir sus frutos.

Salmo de hoy: Dichosa la persona, los grupos y comunidades que mantiene la coherencia entre acciones solidarias y palabras de amor.

  • Dichosa la persona que no asiste a reuniones de gente perversa, donde se maquinan robos y corrupción, ni comparte las acciones de la gente opresora,  mas cumplir la ley del amor solidario es su delicia y su felicidad.
  • Es como árbol plantado junto al río que da su fruto a tiempo y tiene su follaje siempre verde, pues todo lo que él o ella hace resulta positivo para su país, su comunidad, su familia, su persona.
  • No, no pasa así con la gente injusta y opresora, que son como la paja levantada del suelo por el viento. Porque el camino de la gente solidaria es conocido, pero el sendero de las personas injustas conduce a la perdición.

 

Ev.: Lc, 6,20-26. Adelante, empobrecidos y empobrecidas guiados/as por el Espíritu

 

I: La lectura evangélica que hacemos hoy nos presenta el texto de las bienaventuranzas según Lucas. Jesús está rodeado de discípulos y discípulas. Les habla de la verdadera felicidad, que surge del trabajo por la causa de la justicia y la paz. Un grupo de seguidoras y seguidores de Jesús, que son empobrecidos y empobrecidas guiados/as por el Espíritu divino, se han comprometido con un Proyecto de vida en libertad, y encuentran así un verdadero sentido para vivir y para luchar.

 

T: Jesús bajó con los Doce y se detuvo en un lugar llano. Había allí un grupo impresionante de discípulas y discípulos suyos y una cantidad de gente procedente de toda Judea y de Jerusalén, y también de la costa de Tiro y de Sidón. Habían venido para oírlo y para que los sanara de sus enfermedades.

El, entonces, levantó los ojos hacia sus discípulos y discípulas y les dijo:

«Felices ustedes las y los empobrecidos, porque de ustedes es el Reino de Dios.

Felices ustedes, las y los que ahora tienen hambre, porque serán saciados y saciadas.

Felices ustedes, las y los que lloran, porque reirán.

Felices ustedes, si la gente les odia, les expulsa, les insulta y los/as consideran unos/as delincuentes a causa del Hijo del Hombre. Alégrense en ese momento y llénense de gozo, porque les espera una recompensa grande en el cielo. Recuerden que de esa manera trataron también a las y los profetas en tiempos de sus madres y padres.

Pero ¡pobres de ustedes, las y los ricos, porque tienen ya su consuelo!

¡Pobres de ustedes, los/as que ahora están satisfechos, porque después tendrán hambre!

¡Pobres de ustedes, los/as que ahora ríen, porque van a llorar de pena!

¡Pobres de ustedes, cuando todas las personas hablen bien de ustedes, porque de esa misma manera trataron a los falsos profetas en tiempos de sus antepasados!

PARA LA REFLEXION COMUNITARIA, FAMILIAR O PERSONAL

1. ¿Por qué debemos poner nuestra confianza en un Proyecto de vida plena?

2. ¿Cuáles  son los/as empobrecidos realmente  felices?

1. Poner nuestra confianza en un Proyecto de vida

En el texto que hemos leído, en la primera lectura, el profeta Jeremías utiliza una expresión que nos puede parece muy dura: “¡Maldito el ser humano que confía en otro ser humano, que busca su apoyo en un mortal, y que aparta su corazón de Yahvé!”(Jer 17,5).  El profeta no nos dice que no se deba confiar en las personas, en nuestros/as conocidos/as, familiares y amigos/as. Lo que quiere señalar es que no se debe confiar en las personas cuando esto significa al mismo tiempo un apartarse de un proyecto de vida, fundamentado en los valores del amor, la justicia y la solidaridad.

No podemos confiar en personas que nos alejan del camino del amor y de la solidaridad. Poner nuestra confianza en ellos y ellas es una insensatez de nuestra parte. Porque, como dice la lectura, quien confía en personas que están apartadas del proyecto de vida justa y solidaria, corre el riesgo de  vivir una vida sin sentido, que no dé frutos de justicia y libertad. Se parecen esas personas a esas matas sembradas en medio del desierto. Por la falta de agua y de cuidado no dan los frutos verdaderos.

Como personas, como familias y como comunidad de  fe y de amor solidario estamos llamadas y llamados a fortalecer nuestra confianza en el Proyecto de otro mundo posible, que se construye con las luchas cotidianas y la articulación de nuestras redes comunitarias. En ese camino contamos con la compañía del Espíritu solidario de Jesús. Al mismo tiempo confiaremos sólo en aquellas personas que están comprometidas con la causa de la justicia, de la lucha para conseguir mejores condiciones de vida para todos y todas, sobre todo para los/as más empobrecidos/as y oprimidos/as.

2. Bienaventurados ustedes, empobrecidos/as, porque de ustedes es el Reino de Dios

Las bienaventuranzas evangélicas se constituyen en norma de vida para los/as seguidores/as de Jesús. Estas bienaventuranzas las encontramos en dos evangelistas: Mateo (5,3-12) y Lucas (6,20-26). La mayor parte de los/as estudiosos/as de la Biblia nos dicen que las bienaventuranzas, según Lucas, pueden estar más cercanas de las palabras originales del Jesús histórico.

Dirigiéndose a las discípulas y los discípulos que le seguían, Jesús, de una forma directa (a “ustedes”), les va dejando caer cuatro bienaventuranzas para los/as empobrecidos, los/as que tienen hambre ahora, los/as que lloran ahora, los/as odiados/as y perseguidos/as por causa del Proyecto de Dios (Lc 6,20-22). Las cuatro bienaventuranzas en su conjunto nos hablan de la persona empobrecida que se ha convertido en discípula del Proyecto anunciado y propuesto por Jesús. No se trata de cualquier empobrecido o empobrecida. Se trata de personas que son oprimidas y aplastadas por el sistema social injusto; por eso pasan hambre, por eso lloran de desesperación, de impotencia. Pero además éstos/as se han comprometido con el Proyecto de justicia que  genera mejores condiciones de vida. No son pobres pasivos/as que han puesto su confianza en políticos/as y en mercaderes que les engañan. No; sino que han puesto su esperanza en sus luchas comunitarias y se unen cada día con sus hermanos y hermanas, desde sus organizaciones comunitarias y populares,  para conseguir mejores condiciones de vida.

Los/as empobrecidos de los que nos habla Lucas son, por tanto, aquellos/as mismos/as que en el Antiguo Testamento son llamados/as “los/as pobres de Yahvé” (anawim). Estos/as pobres, por el hecho de haber asumido su condición de seguidores/as de Jesús, y haber comprendido su misión al servicio de un Proyecto de sociedad alternativo, se convierten en personas conflictivas; por eso son odiados/as, por eso los/as insultan y los/as consideran unos delincuentes. Ellos/as también comparten la suerte de los antiguos profetas que fueron asesinados/as porque su Palabra y sus acciones entraron en conflicto con los líderes de una sociedad establecida sobre la base de la injusticia, la manipulación religiosa del pueblo y la concentración de riquezas en pocas manos.

Como comunidad de fe contemplamos con preocupación el aumento del número de personas que viven en situaciones de pobreza extrema y de miseria en nuestro país, en Haití, en el Caribe, en nuestra América Latina, en los países empobrecidos del mundo entero. La  mayor parte de las personas que forman nuestras comunidades son empobrecidas. Pero la pregunta sería, ¿cuántas de esas personas realmente están comprometidas con la causa de la justicia? ¿Cuántas son personas empobrecidas con Espíritu como diría nuestro mártir latinoamericano Ignacio Ellacuría?

Para la revisión personal: Repasar, con el evangelio en la mano, las bienaventuranzas (Lc 6,20-26; Mt 5,3-12), una a una, dejándolas que hablen al corazón, para alegrarnos con ellas y con las y los pobres guiados/as por el Espíritu y así descubrir los desafíos que nos plantean.

Para la oración comunitaria, familiar o personal:

  • Para que vivamos según las exigencias de las bienaventuranzas evangélicas, recemos…
  • Para que creamos realmente que el Reino de Dios pertenece a los/as pobres con espíritu que se comprometen con el Proyecto de Dios, recemos…
  • Por todas aquellas personas que son maltratadas, perseguidas y desacreditadas por su compromiso con la causa de la justicia y de la defensa de la vida de los/as más empobrecidos/as, recemos…

 

Exhortación final: La Palabra de Dios nos ha invitado a poner nuestra confianza en Dios, en su Proyecto y no en personas que están alejadas de los caminos del amor y de la justicia.  Nuestra confianza en Dios está apoyada en la fe en la resurrección de Jesús, que significa el triunfo del Proyecto de Dios sobre la injusticia y la muerte. Esa fe y esa confianza nos fortalecen para descubrir dónde está la verdadera felicidad prometida a los/as pobres que están guiados/as por el Espíritu de Dios y a los/as que se solidarizan con su causa.

 —————————————————————————————————————————————————


NO ARRODILLARSE ANTE EL PODER Y EL DINERO- C1ºC (21-2-10)

 

ENTRADA: Comenzamos el tiempo de cuaresma. Son cuarenta días en los cuales nos preparamos a la celebración de la Pascua de Jesús: vida, muerte y resurrección.

La cuaresma nos recuerda los 40 años que estuvo el pueblo de Israel, camino hacia la tierra prometida, después de la salida de Egipto, lugar de la esclavitud. En ese camino el pueblo aprendió a vivir de acuerdo a los manda­mientos y leyes de un pueblo liberado, a pesar de que hubo tentaciones, dificultades que Israel fue superando con la ayuda de Moisés.

Este es un tiempo de conversión, de lucha por el cambio de estructuras sociales, familiares, personales, para poder celebrar la pas­cua, el paso de la muerte a la vida, del individualismo a la comunidad, de la indiferencia ante el dolor de los hermanos y hermanas a la preocupación y a la solidaridad por ellos y por ellas.

 

1ªL: Deuteronomio 26,1-10. Mantener la memoria del Proyecto Liberador

 

I: Moisés fue el hombre escogido para articular el liderazgo y la organización popular que permitió a un grupo de esclavos y esclavas, salir de Egipto, la tierra de la opresión. Por eso, en el camino del desierto Moisés da instrucciones al pue­blo para que, una vez que llegasen a conquistar la Tierra que “mana leche y miel”, no se renunciaran a su condición de pueblo liberado ni se olvidasen de la divinidad solidaria que les acompañó en el proceso de la liberación del yugo de la servidumbre.

 

T:  En aquel tiempo dijo Moisés al pueblo de Israel: Cuando llegues a la tierra que Yahvé, tu Dios, te da en herencia, cuando la poseas y habites en ella, tomarás los primeros productos de todas tus cosechas, los pondrás en un canasto y los llevarás al lugar elegido por Yahvé, tu Dios, para morada de su Nombre.

Te presentarás al sacerdote que esté en funciones y le dirás: “En este día doy gracias a Yahvé, mi Dios porque he entrado a la tierra que prome­tió a nuestros padres que nos daría”. El sacerdote tomará de tus manos el canasto y lo depositará ante el altar de Yahvé, tu Dios. Entonces tú dirás estas palabras ante Yahvé:

“Mi padre era un arameo errante, que bajó a Egipto y fue a refugiar­se allí, siendo pocos aún; pero en ese país se hizo una nación grande y pode­rosa. Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron dura ser­vidumbre. Llamamos entonces a Yahvé, Dios de nuestros padres, y Yahvé nos escuchó, vio nuestra humillación, nuestros duros trabajos y la opresión a que estábamos sometidos. El nos sacó de Egipto con mano firme, demostrando su poder con señales y milagros que sembraron el terror.

Y nos trajo aquí para darnos esta tierra que mana leche y miel. Y ahora vengo a ofrecer los primeros productos de la tierra que tú, Yahvé, me has dado”.

Los depositarás ante Yahvé, te postrarás y adorarás a Yahvé, tu Dios.

 

Salmo de hoy: Como la corriente del río nos moveremos

 

  • Con fe y compromiso solidario, nos moveremos. Siguiendo el Proyecto vivido y anunciado por Jesús de Nazaret, nos moveremos…
  • Si nos concientizamos y nos organizamos, nos moveremos… Unidos y unidas en grupos comprometidos con la justicia, nos moveremos. También en comunidades de fe, nos moveremos…
  • Luchando contra el hambre, también contra las drogas, nos moveremos… luchando contra la corrupción, también contra la impunidad, nos moveremos…

 

3ªEv.   Lucas 4,1-13. Jesús venció todas las tentaciones

 

I:   La lectura que hacemos a continuación nos habla de las tentaciones de Jesús. Como persona que era fue tentado para no realizar su misión y buscar el poder, la fama, el dinero mal habido o la vida fácil. Jesús sin embargo muestra su compromiso con un Proyecto de vida fundamentado en la justicia y la solidaridad, rechaza las tentaciones, y se prepara en el desierto para la misión que se la había encomendado en medio de un pueblo dominado por el imperio romano y por líderes inconscientes y traidores.

 

T:  En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió de las orillas del Jordán y se dejó guiar por el Espíritu a través del desierto,  donde estuvo cua­renta días y fue tentado por el diablo. En todos esos días no comió nada, y al fin tuvo hambre.

El diablo le dijo entonces: “Si eres Hijo de Dios, manda a esta pie­dra que se convierta en pan”. Pero Jesús le contestó: “Dice la Escritura: El hombre o la mujer no viven solamente de pan”.

Después, el diablo lo llevó a un lugar más alto; en un instante le mostró todas las naciones del mundo,  y le dijo: “Te daré poder sobre estos pueblos y te entregaré sus riquezas, porque me han sido entregadas y las doy a quien quiero. Todo será tuyo si te arrodillas delante de mí”. Pero Jesús le contestó: “La Escritura dice: Adorarás al Señor, tu Dios y a El sólo servirás”.

Entonces, lo llevó el diablo a Jerusalén, lo puso sobre la parte más alta del Templo y le dijo: “Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí para aba­jo;  porque dice la Escritura: Dios ordenará a sus ángeles que te prote­jan. Ellos te llevarán en sus manos para que no tropiecen tus pies en alguna piedra”.  Pero Jesús le contestó: “Dice la Escritura: No tentarás al Señor tu Dios”.

Habiendo agotado todas las formas de tentación, el diablo se alejó de él para volver en el momento oportuno.

  

PARA LA REFLEXIÓN COMUNITARIA O PERSONAL 

 

1. ¿Por qué podemos mantener la fe en el proyecto liberador?

2. ¿Por qué es necesario resistir ante las tentaciones?

 

1. Mantener la fe en el Proyecto

 

El acontecimiento fundamental de la fe del pueblo de Israel era la conciencia de haber sido un pueblo esclavo liberado de la esclavitud por la organización de un grupo de esclavos y esclavas que tomó conciencia de la opresión y se organizó para salir de la tierra de la opresión.

Yahvé, la divinidad de Israel, no es una divinidad como las de Egipto. No está ligado al Faraón, considerado como hijo del principal Dios egipcio, el dios Ra. Yahvé se relaciona con un grupo de esclavos y esclavas. Es una divinidad atenta al grito de un grupo-pueblo oprimido y creyente.

Para el pueblo poder llegar a aquella tierra que mana “leche y miel” tiene que pasar por la ruta del temido desierto (Dt 1,19). Este recorrido se convierte en tiempo de prueba, pero sobre todo en tiempo de conversión.  Por eso los profetas, cada vez que era necesario, hacían un llamado a “volver a pasar por el desierto”, para cambiar el propio esquema simbólico y volver a ser así constructores y constructoras de una nueva realidad de vida.

Como personas, familias y comunidades de fe estamos conscientes de que también hoy es necesario articular un proyecto de liberación de nuestro pueblo, de nuestros pueblos caribeños y latinomericanos. Su hijo Jesús, con su Palabra liberadora, con su Proyecto de salvación, es un modelo para nuestras luchas. Es tarea nuestra demostrar nuestra fe con el compromiso cotidiano con la creación de una sociedad justa y solidaria. ¿Cómo hacerlo? Tomando conciencia de nuestra misión, luchando para erradicar las esclavitudes sociales: injusticia, hambre, corrupción y asumiendo proyectos alternativos que generen mejores condiciones de vida para todos y todas y en particular para las y los más empobrecidos y excluidos

 

2. La fe que vence las tentaciones

 

El evangelista Lucas (Lc 3,21-4,30) nos presenta las tentaciones de Jesús (4,1-13) entre su bautismo y la declaración de su misión profética en su pueblo de Nazaret (4,14-30). En definitiva Jesús es tentado después que ha sido bautizado, después que ha sido consagrado por el Espíritu para realizar la misión y en el momento en que se dispone a asumirla. Es en ese preciso instante cuando el diablo, representante de las fuerzas del mal y de la injusticia, intenta desviar y disuadir a Jesús para que no realice su compromiso de fe.

Jesús, es conducido al desierto “lleno del Espíritu Santo”, nos dice el pasaje de Lucas. El desierto es en la Biblia el lugar clásico del encuentro consigo mismo y en el que el pueblo es sometido a la prueba (Dt 8,1-4). Durante cuarenta años el pueblo judío hizo su camino hacia la tierra de Canaán. Ese caminar le permitió conocerse mejor y fortalecer el proyecto de liberación (Dt 8,4-10).

Simbólicamente Jesús estará también cuarenta días en el desierto antes de comenzar su misión. Allí, hambriento, será tentado para que use su poder a fin de satisfacer sus propias necesidades, convirtiendo las piedras en pan. Será tentado a asumir las riquezas y el poder de este mundo, imitando a aquellos/as que oprimen a los/as más pequeños/as y se apropian de los bienes que pertenecen a todos/as. Finalmente será tentado a buscar el protagonismo, a buscar la fama personal. Jesús rechaza todas las tentaciones.

Jesús está consciente de que las propuestas que le hace el diablo tienen una condición fundamental: dejar de adorar al dios salvador y liberador verdadero para adorar a los dioses de la opresión: a los dioses del dinero y del poder. Por eso el diablo dice, según el texto lucano, “Todo será tuyo si te arrodillas delante de mí”. Y Jesús responde decididamente: “La Escritura dice: Adorarás al Señor, tu Dios, y al él sólo servirás.”(Lc 4,8).

Como personas y como comunidad somos tentados/as continuamente a dejar a un lado la misión que liberadora que se nos ha encomendado. Los que tienen poder y dinero en esta sociedad intentan continuamente comprar o domesticar a aquellas personas que decidieron comprometerse seriamente con la causa de los/as débiles y oprimidos/as. Por eso se nos pide saber resistir teniendo siempre presente las palabras de Jesús: “Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al dios dinero” (Lc 16,13).

 

Para la revisión de vida: ¿Cuál es la tentación mayor de mi vida? ¿Me siento tentado o tentada por el poder o dinero fácil? ¿Qué debo hacer para superarla? ¿Cuál es la tentación mayor que tenemos como comunidad?

 

Para la oración comunitaria, familiar o personal:

 

  • Por todas las comunidades que se dicen cristianas para que sigan teniendo a Jesús como modelo de fidelidad al Proyecto del Padre y de resistencia ante las tentaciones que lo alejan de  ese camino, recemos…
  • Para que sepamos capaces de mantener los valores en los que creemos y no dejemos que nadie compre nuestra conciencia y nuestra dignidad, recemos…
  • Para que sepamos aprovecha este tiempo litúrgico fuerte de la cuaresma para progresar en la

unidad comunitaria y el compromiso solidario, recemos…

 

Exhortación final: Se nos invita a fortalecer nuestra fe en el proyecto liberador, y estar, como personas, familias y comunidades, presentes en medio del pueblo empobrecido, oprimido y creyente, escuchando los gritos del pueblo, mirando su opresión y participando en los proyectos de vida y de liberación. A nosotros/as se nos pide seguir colaborando en la construcción de una Iglesia, de unas organizaciones populares y de una sociedad nuevas en donde las personas tengan cubiertas sus necesidades básicas y tengan la alegría de vivir. Para ello necesitamos fortalecer nuestras luchas, abriéndonos a la compañía del Espíritu divino, para vencer las tentaciones de buscar la vida fácil, la fama, el dinero y el poder.


ESTE ES MI HIJO AMADO: MIREN SUS ACCIONES, ESCUCHEN SUS PALABRAS

C2ºC  (28-2-10)

 

INTRODUCCION: Las lecturas que hoy compartiremos están orientadas hacia Jesús, que es el Hijo amado del Padre. Abraham, el Padre de los creyentes es el primer personaje de la historia de la salvación que encontraremos hoy. Después encon­traremos otros dos personajes importantes del Primer Testamento: Moisés y Elías. En el Segundo Testamento nos encontraremos con Pedro, Santiago y Juan, discípulos de Jesús y representantes del nuevo pueblo de Dios que somos noso­tros y nosotras.

Dispongamos nuestros corazones para acoger la Palabra del Hijo amado del Padre y para ponerla en práctica en nuestra vida cotidiana.

 1ªL: Génesis 15,5-12.17-18. Yahvé firmó una alianza con Abrahán

 I: Abraham es llamado, con razón, el padre de las y los creyentes del pueblo judío. El confió en la propuesta divina para convertirse en el fundamento de la fe de un pueblo. Por esto hace una alianza con la divinidad Yahvé. Abraham se compromete a ser fiel a la alianza con su divinidad y la divinidad, y la divinidad se compromete a acompañar al pueblo en la conquista de una tierra, en donde éste pueda establecer una sociedad en donde las relaciones inter-personales y con la naturaleza estén fundamentadas en el cuidado responsable, en la justicia y la solidaridad.

 

T: En aquellos días, Yahvé sacó fuera a Abraham y le dijo: “Mira al cie­lo y, si puedes, cuenta las estrellas; pues bien, así serán tus descendien­te­s”.  Y creyó Abraham a Yahvé, el que lo tuvo en adelante por una persona jus­ta.

Yahvé le dijo: “Yo soy Yahvé que te sacó de Ur de los caldeos para entregarte esta tierra en propiedad.

Abraham le preguntó: “Señor, ¿en qué conoceré yo que será mía?”  Le contestó: “Tráeme una ternera, una cabra y un carnero, todos de tres años, una paloma y una tórtola”.

Y tomando él los animales, los partió por la mitad y puso una mitad frente a la otra.  Las aves no las partió. Las aves rapaces revoloteaban sobre los cadáveres, pero Abraham las ahuyentaba.

Cuando el sol estaba a punto de ponerse, Abraham cayó en un profun­do sueño y se apoderó de él un terror y una gran oscuridad.

Cuando el sol ya se había puesto y estaba todo oscuro, algo como un calentador humeante y una antorcha encendida pasaron por medio de aquellos animales partidos.  Aquel día Yahvé firmó una alianza con Abraham diciendo: “A tu descendencia daré esta tierra desde el torrente de Egipto, al sur, hasta el gran río Eufrates, al norte.

 

Salmo de hoy: Mano con mano vamos, codo con codo andamos, por el camino nuevo de la liberación. Pueblo de Dios unido, jamás será vencido. Vamos a sembrar la vida con la mano de Dios.

 

  • Por una América unida: India, Negra y mestiza, que defiende su risa, sin temor ni dolor. Junto a

nuestras mujeres, niñas y hombres del pueblo; entonemos el canto: Dios es revolución.

  • A defender nuestra tierra del voraz enemigo, que nos quita el abrigo, que nos roba el sudor. A sembrar nuestros campos con semillas de historia, mártires de estas tierras son la resurrección.
  • Al Jesús de los mil rostros, que vive con su pueblo; que no tiene trabajo, vive en la explotación. Al compañero Cristo guía de nuestro pueblo, le ofrecemos las manos por la liberación.

 

3ªEv:   Lc. 9,28-36. Escuchar al Hijo amado de Dios

 I: Jesús sabía que su muerte estaba cercana, por eso toma consigo algunos de sus discípulos más cercanos, sube a un alto monte. En ese lugar tienen una visión en la que aparecen Moisés el líder liberador y Elías el profeta comprometido. En ese lugar reciben la invitación divina a escuchar al Hijo amado del Padre.

 

T: En aquel tiempo, Jesús se llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y subió a un cerro a orar.  Y mientras estaba orando, su cara cambió de aspecto y su ropa se puso blanca y luminosa. Dos hombres, que eran Moisés y Elías, conversaban con él.  Se veían resplandecientes y le habla­ban de su partida, que debía cumplirse en Jerusalén. Pedro y sus compañe­ros se sintieron invadidos por el sueño. Pero se despertaron de repente y vie­ron la Gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. Cuando éstos se alejaron, Pedro dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué bueno que estemos aquí! Levantemos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Pues no sabía lo que decía.

Todavía estaba hablando cuando se formó una nube que los cubrió con su sombra. Al quedar envueltos en la nube se atemorizaron, pero de la nube salió una voz que decía: “Este es mi Hijo, mi Elegido; escúchenlo”. Después que llegaron estas palabras, Jesús volvió a estar solo.

Los discípulos guardaron silencio por esos días, y no contaron nada a nadie de lo que habían visto.

 

PARA LA REFLEXIÓN COMUNITARIA, FAMILIAR O PERSONAL

 

1. ¿Por qué la fe en el Proyecto de vida exige hacer pactos y alianzas?

2. ¿Por qué somos invitadas e invitados a escuchar al Hijo amado de Dios?

 

1. Fe, pactos y alianzas

 

Para el pueblo de Israel Abrahán era el modelo de persona creyente que supo confiar en la divinidad Yahvé, aun cuando lo que Yahvé le pedía era difícil. Se trataba de salir de su tierra, en donde se encontraba bien situado para convertirse en un pastor errante. Sin embargo Abrahán creyó en la propuesta de su divinidad familiar y realizó lo que se le pedía.

El dios Yahvé hace con Abrahán una alianza según las costumbres de aquella época. Cuando se firmaba un pacto entre dos personas, ambas pasaban entre las dos mitades de un animal sacrificado (Jer 34,17-19).

“Yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo” será el compromiso que constantemente el pueblo de Israel estará recordando en los momentos en que pierdan el rumbo indicado. La fe de Abrahán es puesta a prueba y Yahvé basa su promesa en la tierra, la tierra que el pueblo conquistará con la ayuda divina. El Proyecto divino coincide con el deseo popular: que el pueblo crezca en dignidad y que tenga un espacio vital para vivir. Un pueblo sin tierra es imposible que viva. Por eso Israel tenía en su proyecto inmediato conquistar la tierra de Canaán, considerada por las y los judíos la tierra de la promesa, para que fuera habitada por la descendencia innumerable que Yahvé, según la fe judía, le había prometido al padre en la fe.

La fe exige una alianza, un compromiso de vivir de acuerdo a los mandamientos del Proyecto liberador. Las personas del Primer Testamento tenían los 10 mandamientos como normas de la Alianza. El nuevo pueblo tiene el mandamiento del amor solidario y las bienaventuranzas evangélicas (Jn 15,12; Lc 6,20-26; Mt 5,3-12) como normas últimas de vida

 

 

 

 

2. Escuchar al Hijo amado

 

En las lecturas que hemos hecho hoy aparecen algunos creyentes, del Primer y del Segundo Testamento que han sabido escuchar al Yahvé liberador y Jesucristo, el Hijo amado de Dios.

El personaje modelo de fe para el pueblo fue Abrahán llamado, con razón, el Padre del Pueblo; él, según la creencia judía, escuchó al dios Yahvé, se arriesgó y salió de su tierra, aun desconociendo a dónde iría. Por eso es el modelo de fe.

En el episodio de la transfiguración aparecen dos personajes del Primer Testamento:  Moisés y Elías.

¿Por qué se hace presente Moisés? Moisés era el personaje más im­portante para los judíos después de Yahvé, puesto que fue quien tuvo la respon­sabilidad de acompañar al pueblo en el proceso de la organización para la salida de la esclavitud de Egipto. Salió de Egipto hacia el año 1250 a.C., Y acompañó al pueblo por el desierto. Tuvo que soportar muchas quejas e infidelidades del pueblo. Murió en el monte Nebo, actual Jordania, sin haber podido entrar en la tierra prometida.

Para el pueblo de Israel Moisés era el máximo representante de la Ley, que era el conjunto de normas de conducta que el dios Yahvé había dado a su pueblo para que mantuviese su condición de pueblo liberado de la esclavitud.

¿Por qué está presente Elías? Este fue el primero de los grandes profetas de Israel. Vivió hacia el siglo 9° a.C. Cuando el pueblo de Israel se alejó de los caminos del dios liberador, surgieron las y los profetas para llamar la atención al pueblo y recordarle cuál era el tipo de sociedad que debía mantener un pueblo liberado. Así los profe­tas son defensores de las y los empobrecidos, las y los humildes e indefensos,  por su fidelidad a un proyecto de vida fundamentado en el amor solidario y la indignación ética ante las injusticias.

De esta manera la Ley judía, representada por Moisés y los profetas, representados por Elías, todos miran hacia el Hijo amado del Padre que es Je­sús, quien proclama un nuevo proyecto de liberación, llamado por él “Reino de Dios”.

Abraham, Moisés, Elías, Pedro, Juan, Santiago todos nos conducen hacia el Hijo amado del Dios de Jesucristo.

¿Cuál debe ser nuestro compromiso como cristianos/as, en la actual si­tuación de nuestras comunidades y de nuestro país? ¿Cuál nuestro compromiso ante la actual coyuntura del pueblo haitiano? Como aquellos personajes del Primer y del Segundo Testamento, se nos invita a escucha la Palabra de Jesús y permanecer firmes en la fe, dando frutos de amor y de justicia, realizando proyectos concretos de amor y solidaridad; sabiendo dar la vida por El y manteniéndonos firmes en la fe, vivida en comunidad.

 

Para la revisión de vida:

¿Puedo decir que el proyecto fundamental de mi vida es una acogida y un compromiso con la propuesta que hace el Padre a través de su Hijo Jesús, su predilecto? ¿Soy capaz de escuchar las Palabras de Jesús que invita hoy a la solidaridad con las y los débiles y excluidos/as?

Para la oración comunitaria, familiar o personal:

  • Para que el Espíritu de Jesús sostenga nuestra fe, nos haga dignas y dignos de este don y no nos deje caer en el desánimo o en la indiferencia ante el dolor de las hermanas y hermanos, recemos…
  • Para que seamos testigas y testigos creíbles de esperanza ante nuestras hermanas y hermanos, recemos…
  • Para que purificando nuestro corazón y educando nuestros ojos seamos capaces de transfigurar nuestra mirada sobre la realidad de cada día y descubrir la presencia y la ausencia del Proyecto de vida plena en ella, recemos…

Exhortación final: La Palabra divina nos ha invitado a escuchar al Hijo amado del Padre, a fortalecer nuestra fe en él. Se nos exige vivir como personas responsables, comprometidas con la transformación de nuestro entorno, a nivel estructural, personal, familiar… Esto nos exige un éxodo, una transfiguración,  un continuo salir de las situaciones de dolor, opresión y  muerte para pasar a la vida guiada por el amor y la solidaridad, asumiendo, como Jesús, la cruz que lleva a la vida y que es portadora de esperanza y de vida liberada.

 

 


Reflexiones bíblicas semanales. Enero 2010

enero 8, 2010

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDOM)

C/ 3 No. 9. El Milloncito, Sabana Perdida. Santo Domingo Norte. Rep. Dominicana

Tel/fax. 809-568-8560. E-mail: rebido@gmail.com, rebido07@yahoo.es

Reflexiones bíblicas semanales. Enero 2010

FIESTA DE LA MANIFESTACION UNIVERSAL DE JESUS CFE (3/1/10)

ENTRADA: En esta semana en el mundo cristiano se celebra la fiesta de la Epifanía de Jesús. La palabra “epifanía” viene del griego y hacía referencia a la entrada de un rey a una ciudad, en la cual había llegado a ser famoso, por méritos propios. Servía también para indicar la aparición de alguna divinidad o una intervención prestigiosa de ésta. Por esto, el término fue aplicado a Jesús, por las  iglesias de Oriente en la segunda mitad del siglo IV, al mismo tiempo que la Navidad en occidente y tenía como objeto ce­lebrar el nacimiento y el bautismo de Jesús.

Posteriormente las dos fiestas se celebraron en todas partes, y la Epifanía quedó en Oriente como memoria del Bautismo mientras que en Occidente se propusieron celebrar sobre todo la veni­da de los Magos, presentados como los primeros gentiles a los que se manifestó Jesús. De esta manera se quiere señalar que Jesús es Salvador para todos los pueblos.

Celebremos, con alegría fraterna, la presencia del Jesús encarnado en medio de nuestra comunidad de fe y de amor solidario.

1ªL: Isaías 60,1-4. Los pueblos se dirigen hacia tu luz

I: El tercer Isaías, quien realizó su labor profética después que una parte del pueblo de Israel regresó del exilio de Babilonia (537 a.C.) se pone a soñar y habla de la importancia y del esplendor futuro que tendrá la ciudad de Jerusalén en un momento en que ésta estaba destruida. Jerusalén se convertiría en una luz para todos los pueblos. Allí se reunirán personas de todas las naciones para reconocer a Yahvé, como una divinidad que es reconocida por otros pueblos, más allá de las fronteras de Israel.

T:   Levántate y  brilla, Jerusalén, que ha llegado tu luz y la Gloria de Yahvé amaneció sobre ti. La oscuridad cubre la tierra y los pueblos están en la no­che, pero sobre ti se levanta Yahvé, y sobre ti aparece su Gloria.

Los pueblos se dirigen hacia tu luz y los reyes, al resplandor de tu aurora. Levanta los ojos a tu alrededor y contempla: Todos se reúnen y vienen hacia ti: Tus hijos llegan de lejos y tus hijas son traídas en brazos.

Tú entonces, al verlo, te pondrás radiante, palpitará tu corazón muy emocionado; traerán a ti tesoros del otro lado del mar y llegarán a ti las riquezas de las naciones.

Te inundará una multitud de camellos: llegarán los de Madián y Efá. los de Sabá vendrán todos trayendo oro e incienso, y proclamando las alabanzas de Yahvé.

Salmo 71: Que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna

  • Comunica, oh Señor, al rey tu juicio, y al que es hijo de reyes tu justicia, y así dicte sentencia equitativa cuando juzgue a tu pueblo y a las y los empobrecidos.
  • Florecerá en sus días la justicia, y hasta el fin de los tiempos, una paz grande. De un mar al otro mar irá su imperio, del Río hasta los confines de la tierra.
  • El librará a la persona mendiga que reclame y al pobre que no tiene quien le ayude. Compasivo del débil y del empobrecido, será su salvador. De la opresión violenta librará su vida, que es preciosa ante sus ojos.

2ªL: Efesios 3,2-3.5-6. Todos los pueblos están llamados a la salvación

I: Pablo es considerado, con razón, como el apóstol de los gentiles, pues fue el primer evangelizador de aquellos cristianos y cristianas que no eran de proveniencia judía. Pablo se alegra porque el Dios de Jesús le llenó de dones para dar a conocer el men­saje evangélico también a las y los gentiles, y porque también éstos y éstas son llamados y llamadas a formar parte del Cuerpo de Jesús; es decir, de su Iglesia.

T: Hermanas y hermanos: A lo mejor han sabido de las gracias que Dios me concedió para bien de ustedes. Me dio por revelación el conocimiento de su proyecto misterioso, tal como yo acabo de exponérselo en pocas palabras.

Este Misterio no fue dado a conocer a los seres humanos de tiempos pasados, sino solamente ahora, mediante revelaciones concedidas a los santos apóstoles y profetas. El Evangelio hace que los pueblos no judíos entren a compartir en Cristo Jesús la misma herencia, pertenecer al mismo cuerpo y recibir las mis­mas promesas de Dios.

3ªEv: Mateo 2,1-12. De ti Belén saldrá el pastor de mi pueblo

I: La siguiente lectura nos habla de la visita que hicieron los magos de oriente al recién nacido niño Jesús. Mientras que estas personas vienen desde lejos para visitar al recién nacido, las y los de cerca no se enteran. Y aunque el rey de los judíos quiere matar al niño, una mano divina protege al niño e im­pide que sea asesinado por el tirano y cruel rey Herodes

T: Habiendo nacido Jesús en Belén de Judá, durante el reinado de Herodes, vinieron unos Magos de Oriente a Jerusalén, y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?, porque hemos visto su estrella en Oriente y ve­nimos a adorarlo”.

Herodes y todo Jerusalén quedaron muy intranquilos por la noticia. Re­unió a todos los sacerdotes principales y a los maestros de la Ley para pre­guntarles dónde debía nacer el Cristo. Ellos le contestaron que en Belén de Judá, ya que así lo anunció el profeta que escribió: “Belén, en la tierra de Judá, tú no eres el más pequeño entre los principales pueblos de Judá, porque ti saldrá un jefe, el pastor de mi pueblo, Israel”.

Herodes, entonces, llamó privadamente a los magos para saber la fecha exacta en que se les había aparecido la estrella. Encaminándolos a Belén les dijo: “Vayan y averigüen bien lo que se refiere a este niño. Cuando lo hayan encontrado avísenme para ir yo también a adorarlo”.

Después de esta entrevista, los magos prosiguieron su camino. la estre­lla que habían visto en Oriente iba delante de ellos, hasta que se paró sobre el lugar en que estaba el niño.

Al ver la estrella se alegraron mucho, y, habiendo entrado en la casa, hallaron al niño que estaba con María, su madre. Se postraron para adorarlo y, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Luego regresaron a su país por otro camino, porque se les avisó en sue­ños que no volvieran donde Herodes.

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿Qué hacer para que reine la justicia y la paz en la sociedad?

2. ¿Por qué todos y todas estamos llamados y llamadas a compartir la misma herencia en el Proyecto de justicia y liberación?

  1. 2.     ¿Por qué Jesús se manifiesta a los magos?

1. Que reine la justicia y la paz hasta que falte la luna

El salmo responsorial que hemos leído, (Sal 72), nos describe las cuali­dades del Mesías-príncipe que los judíos estaban esperando. Entre sus cualida­des estaban: regir al pueblo con justicia y a los humildes con rectitud. El librará al pobre que clama, y al afligido que no tiene quien lo defienda; él se apiadará del pobre y del indigente y salvará la vida de los pobres.

Naturalmente esta descripción de la misión del Mesías será precisamente la que después realizará Jesucristo, quien define su misión de esta manera: “El Espíritu del Señor está sobre mí. El me ha ungido para traer Buenas nuevas a los pobres, para anunciar a los cautivos su libertad y a los ciegos que pro­nto van a ver. A despedir libres a los oprimidos y a proclamar el año de la gracia del Señor” (Lc 4,18-19).

Hoy también tenemos el deber y la misión de compartir el proyecto anunciado y practicado por Jesús. Pero lo haremos de forma adecuada sólo en la medida que asumamos una misión encaminada a hacer realidad, en la cotidianidad, el proyecto de vida plena que él anunció, vivió y por el que fue asesinado. Si nuestra fe está divorciada de la vida, si no asumi­mos la defensa de las personas humildes y empobrecidas, no estaremos haciendo el trabajo como nos lo propone el evangelio y el espíritu de Jesús. Y entonces se podrían aplicar a nosotros y nosotras las palabras de Dios, pronunciadas por medio del profeta Isaías: “Este pueblo se acerca a mí tan sólo con palabras, y me honra sólo con los labios, pero su corazón sigue lejos de mí. Su religión no es más que de costumbres humanas y lección aprendida” (Is 29,13).

2.  Los gentiles comparten la misma herencia y pertenecen al mismo cuerpo

Las y los judíos estaban convencidos de que ellos eran el pueblo escogido, heredero de la salvación de Dios. Esto les llevaba hacia un tipo de orgullo que excluía de la salvación de Dios a las personas de todas las demás nacio­nes. Pero, sobre todo a partir del exilio de Babilonia, los profetas comienzan a hablar de la universalidad de la salvación de Dios. De hecho todos los pue­blos y todas las personas están llamadas a disfrutar de la salvación divina.

En la lectura de la carta a los Efesios que hemos leído, Pablo admite que le fueron concedidos muchos dones para el servicio a los gentiles. Con razón a Pablo se le llama el apóstol de los gentiles. De hecho, el nuevo pue­blo de Dios no está formado exclusivamente por judíos, sino por todas aquellas personas que estén dispuestas a aceptar el proyecto salvador de Dios en sus vidas.

Como comunidad podemos encerrarnos en nuestro pequeño mundo y creernos las y los buenos y salvados. Incluso hemos oído a algunos grupos religiosos decir que ya se completó el número de las personas salvadas y que naturalmente, las y los demás quedamos fue­ra, excluidos o excluidas. Por el contrario, debemos hacer lo posible para que todas las personas lleguen a conocer a Dios, viviendo de acuerdo a su Palabra y den testimonio de su amor liberador.

3.  Jesús se manifiesta a los magos, mientras que Herodes quiere matarlo.

La mayor parte de las y los estudiosos de la Biblia está hoy de acuerdo en afirmar que el relato de los magos es necesario leerlo teniendo en cuenta su género literario. Se trata de lo que en hebreo se llama un “midrash”; es decir, un relato que inten­ta actualizar un mensa­je para las y los lectores que lo leen. En otras palabras, el relato de los magos o sabios astrólogos que vienen de Oriente es probablemente una leyen­da o narración que quiere dejarnos un mensaje: mientras los de cerca no se dan cuenta de que ha nacido el Salvador, vienen los de lejos a visitarlo y a adorarlo, ofre­ciéndole regalos, y perfumes de Arabia. Los primeros escritores cristianos ven simboli­zados en estos regalos la realeza (oro), la divinidad­ (incienso) y la pasión (mirra) de Cristo.

Mientras los de lejos vienen a adorar al recién nacido, el rey Herodes trama su muerte. Así la vida del niño indefenso nacido en Belén es signo de contradicción y conflictos desde su nacimiento. Sin embargo el mismo Dios pro­tege al niño indicándole a los magos que no vuelvan donde Herodes.

La tradición popular ha hecho de esos Magos unos reyes, como consigna la continuación del texto de Isaías citado, y representándolos sobre sus camellos ha visto cumplido el v.6 del mismo capítulo:”te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá”.Y en sus ofrendas ha visto la realización del mismo pasaje:”vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro”.

De forma distinta, por tanto, encontramos la misma afirmación de Ef 3,6;: “que los paganos, por medio del Mesías Jesús y gracias a la buena noticia, entran en la misma herencia, forman un mismo cuerpo y tienen parte en la misma promesa”.

Frecuentemente la fe nos coloca ante la necesidad de hacer una opción entre dos sumisiones: la aceptación de las decisiones de los detentores del poder, muchas veces enfrentadas con el querer divino o la obediencia al designio de Dios. El enfrentamiento de Herodes con los movimientos mesiánicos de su tiempo nace del temor ante la toma de conciencia de las condiciones del deber ser querido por Dios, frecuentemente alejado del “realismo” presente en la toma de decisiones de los gobernantes.

Frente a cada ocasión en que con ese realismo se pretenda justificar la oposición del gobernante al designio divino, el texto nos llama a reconocer al “rey de los judíos” en el niño desnudo que ha nacido.

Por otra parte, la comunidad cristiana es llamada a comprender que paradójicamente son, a veces, las y  los “alejados” quienes, más que los miembros del pueblo, pueden descubrir mejor la presencia siempre novedosa de Dios en la historia.

La intervención divina que causa en la dirigencia del pueblo preocupación y furia violenta y homicida, produce en los “sabios” la entrada en la casa del niño, la adoración y el ofrecimiento de tesoros y, con ellos, de sus propios valores.

Crece constantemente a nuestro alrededor la desconfianza frente al extranjero y frente a todo lo que es “diferente”. Cada grupo, país o raza pretende ligar la presencia de Dios a sus propios intereses o a sus comportamientos comunitarios. Y sin embargo, el relato de los Magos nos muestra cómo con estas actitudes podemos estar rechazando una presencia nueva de Dios, procurando ahogarla y, de esta forma, reproduciendo la actitud de Herodes y de la dirigencia israelita de aquella época frente al recién nacido.

Para la conversión personal

¿Estoy manifestando con mi vida la presencia del Dios liberador en medio de su pueblo? ¿Puedo ser considerada o considerado como una luz en medio de la oscuridad de la sociedad en la que vivo?

Para la oración de las y los participantes:

1. Pidamos por todos los cristianos y cristianas para que sepamos reconocer a Jesús en los hermanos y hermanas que sufren las consecuencias de las enfermedades, del abandono y de las injusticias, roguemos al Señor.

2. Por los gobernantes y funcionarios públicos para que busquen el bienestar de todo el pueblo y no sólo el suyo personal o de sus partidos, roguemos al Señor.

3. Por nuestras comunidades cristianas para que podamos manifestar el amor solidario de Jesús para con todas aquellas personas que viven sin esperanza e ilusión, roguemos al Señor.

Oración final: Oh Dios, «Divinidad de todos los nombres» con los que los seres humanos de todos los tiempos te han buscado. Tú que te has hecho buscar por todos los pueblos, y a todos ellos también les has salido al encuentro en su propia vida espiritual, en su religión, concédenos apertura de corazón para sentir tu presencia en todas las expresiones religiosas de nuestra tierra y del mundo entero. Tú que vives y dialogas con todos los pueblos, por los siglos de los siglos. Amén.

FIESTA DEL BAUTISMO DE JESUS CBJ (10-1-10)

ENTRADA: Litúrgicamente el tiempo de Navidad termina con la fiesta del bautismo de Jesús que representa el comienzo de su vida pública y da final a la etapa de los cerca de treinta años de existencia sencilla y trabajadora en el humilde, excluido y empobrecido pueblo de Nazaret.

El bautismo del Hijo de Dios, realizado por Juan Bautista en el Jordán, fue el punto de partida para la predicación de un Proyecto de Vida Buena por parte de Jesús y la realización de acciones solidarias: sanaciones, milagros, liberaciones del mal y defensa de los derechos de la gente excluida y empobrecida.

1ªL: Isaías. 42,1-4.6-7. He puesto mi Espíritu sobre él

I:   El segundo Isaías, profeta que acompañó al pueblo de Israel en el exilio de Babilonia, escribió cuatro poemas llamados los “cánticos del Siervo de Yahvé”. El que leemos hoy es el primero de dichos cánticos y descri­be las cualidades que tendrá el verdadero servidor de Dios. La tradición cris­tiana ha aplicado estos cánticos a Jesús de Nazaret.

T:    He aquí a mi siervo a quien yo sostengo, mi elegido, el preferido de mi corazón. He puesto mi Espíritu sobre él, y por él las naciones conocerán mis juicios.

No clamará, no gritará, ni alzará en las calles su voz. No romperá la caña quebrada ni aplastará la mecha que está por apagarse.

Con toda seguridad llevará a cabo mis juicios. No se dejará quebrar ni aplastar, hasta que reine el derecho en la tierra. Los países lejanos esperan sus ordenanzas.

Yo, Yahvé, te he llamado para cumplir mi justicia, te he formado y tomado de la mano, te he destinado para que unas a mi pueblo y seas luz para todas las naciones. Para abrir los ojos a los ciegos, para sacar a los presos de la cár­cel, y del calabazo a los que estaban en la oscuridad.

Salmo 28: Yahvé bendice a su pueblo con la paz

*          Hijos de Dios, den gloria al Señor. Reconozcan su gloria y su poder. Tributen gloria al Nombre del Señor; el Santo se  manifiesta, ¡adórenlo!

*          ¡Voz del Señor sobre las aguas! Retumba el trueno del Dios de majestad, el Señor más arriba que las aguas torrenciales. ¡voz del Señor llena de fuerza! Voz del Señor, voz esplendorosa.

*          Voz del Señor doblega los árboles y arranca los bosques. Una sola voz resuena en su templo: ¡Gloria! Yahvé se sienta por encima del aguacero, se sienta como rey y para siempre. El Señor dará fuerza a su pueblo, y bendiciones de paz.

2ªL: Hechos de los Apóstoles 10,34-38. Jesús pasó su vida haciendo el bien

I: Con ocasión del bautismo de los primeros cristianos provenientes del mundo pagano, en Cesarea Marítima, ciudad de la costa palestinense, Pedro pronuncia un discurso en el que afir­ma que el Dios de Jesús no hace diferencia entre las personas, sean de la nación que sea. Lo que a él le interesa es la práctica del amor y de la justicia. El ungió a Jesús para realizar una misión de liberación de todas aquellas personas que habían sido esclavizadas por las fuerzas diabólicas del mal, de la injusticia y la opresión.

T: Entonces Pedro tomó la palabra y dijo: “Verdaderamente reconozco que Dios no hace diferencia entre las personas, sino que acepta a todo el que lo honra y obra justamente, sea cual sea su raza.

El ha enviado su palabra a los hijos de Israel, anunciándoles la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos. Ustedes saben lo sucedido en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que Juan predicó: cómo Dios consagró a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, comunicándole su poder. Este pasó haciendo el bien y sanando a cuantos estaban dominados por el diablo,  porque Dios estaba con él.”

3ªEv: Lucas 3,15-16.21-22. Tú eres mi Hijo predilecto

I: El bautismo representó para Jesús la consagración para la misión encomendada por el Padre. Una divinidad familiar que se presenta como un padre declara que Jesús es realmente su Hijo Amado, y de esta manera da validez a la misión y a las obras del Maestro de Nazaret.

Hoy tenemos una buena ocasión para examinarnos, preguntándonos si realmente vivimos nuestros compromisos bautismales, tal como lo hizo nuestro Maestro y Salvador.

T: En aquel tiempo el pueblo estaba en la duda y todos se preguntaban interiormente si Juan no sería el Cristo. Por lo que Juan hizo a todos esta declaración: “Yo los bautizo con agua, pero ya viene el que es más poderoso que yo, al que no soy digno de soltarle los cordones de su zapato; el los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego.

Un día, con el pueblo que venía a bautizarse, se bautizó también Jesús. Y, mientras estaba orando, se abrieron los cielos; el Espíritu Santo bajó sobre él y se manifestó exteriormente con una aparición como de paloma. Y del cielo llegó una voz: “Tú eres mi Hijo, el Amado; Tú eres mi Elegido.”

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿Qué hacer para unir al pueblo y ser luz en medio de éste?

2. ¿Por qué el Dios de Jesús no hace diferencia entre las personas?

3. ¿Cuáles son las principales dificultades que encontramos para hacer el bien en nuestras comunidades?

1. Consagrado por el Espíritu para unir al pueblo y ser luz

La primera lectura del libro de Isaías nos muestra al servidor de Yahvé que es consagrado por el Espíritu de Dios para realizar su misión. Pero, podríamos preguntarnos, ¿quién es este servidor de Yahvé? Unas personas dicen que es el mismo pueblo de Israel que vivía en el exilio de Babilonia, otras lo identifican con el Segundo Isaías, profeta que escribió los capítulos 40-55 del actual libro de Isaías y que acompañó a un grupo de esclavas y esclavos de Israel que fueron deportados por el imperio babilónico. Finalmente, otros/as estudiosos/as de la Biblia lo identifican con el profeta Jeremías. Lo importante para nosotros(as) es que los cuatro poemas o cánticos del siervo de Yahvé han sido aplicados a Jesús, el verdadero servidor de Dios y de su pueblo.

Jesús, como profeta que asume su compromiso histórico tiene sobre sí el Espíritu divino. Tiene como misión no descansar hasta que se implante el derecho y la justicia en la tierra. Tiene el compromiso de unir a los diferentes grupos del pueblo de Israel disperso y ser luz para las naciones, realizando acciones solidarias que involucren a la gente necesitada: abre los ojos a los ciegos, saca a los presos de la cárcel y del calabozo a los que están en la oscuridad.

Nuestras comunidades y grupos comprometidos con la transformación de la sociedad están llamadas a asumir una misión de Jesu­cristo, siervo de Dios. A nosotros/as nos toca también la tarea de unir a nuestro pueblo en comunidades cristianas en donde se realice un trabajo en favor de -y con- la gente más necesitada. Además, debemos impulsar y estimular la creación de organizaciones comunitarias que luchen por el bien común de todos­/as.

2. El Dios de Jesús acoge a todos/as y no hace diferencia entre las personas

Pedro, en el discurso que proclama con ocasión del bautismo de los pri­meros cristianos  y cristianas que provenían del paganismo en Cesarea Marítima (ciudad que estaba en la costa palestinense y que había hecho construir Herodes el grande, para quitarle importancia a Jerusalén) señala que el Dios jesuánico no hace diferencia en­tre las personas, sino que acepta al que lo reconoce y obra justamente sea de la nación que sea.

Por tanto, formar parte del movimiento de Jesús es un asunto de vida y de práctica comprome­tida por la justicia. Hay una buena parte de las comunidades,  e iglesias llamadas cristianas  que se dedican a alabar a su Dios, o simplemente a hacer oración. Pero olvidan la importancia de la lucha comprometida por la justicia. Una oración sin compromiso concreto con los hermanos y hermanas más necesitados/as, en medio de una sociedad estruc­turalmente injusta, se convierte en una farsa. Por otro lado, la lucha compro­metida por la justicia necesita momentos profundos de oración, de donde saca­mos las fuerzas para continuar en el trabajo que se nos ha encomendado, a pe­sar de las dificultades que sin duda nos encontraremos. Así gozaremos de la bienaventuranza del mismo Jesús: “Felices las personas que tienen hambre y sed de Jus­ticia, porque serán saciadas… Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos e hijas de Dios” (Mt 5,6.9).

3. Pasó haciendo el bien y sanando a los dominados por las fuerzas del mal

El bautismo de Jesús supuso el inicio de su actividad pública y el co­mienzo de su misión comprometida con la construcción del Reino de Dios. Por esto, Pedro, en la segunda lectura de hoy,  resume en pocas palabras la vida y la misión de Jesús: “Pasó haciendo el bien y sanando a los dominados por el dia­blo”. Toda su existencia fue un proyecto de bien, de vida y de salvación para el pueblo de Dios.

Una tarea fundamental de la misión de Jesús es liberar a los/as dominados/as y tiranizados/as por el diablo. Jesús sabía que quienes se oponían al proyecto del bien, eran precisamente el diablo y sus seguidores. Por eso, su misión consis­te en liberar a esos/as hermanos/as de las garras del príncipe del mal y de sus discípulos/as.

Como bautizados/as tenemos que tomar conciencia de que tenemos la misma misión de Jesús: hacer el bien e ir ayudando a liberar a los/as que se encuentran prisioneros/as de sus vicios y esclavitudes personales o esclavizados/as por aquellos/as que son seguidores del demonio: los/as que oprimen y pisotean a los/as débiles y a los/as empobrecidos/as.

Para la oración de las y los participantes:

  1. Para que cada vez más mujeres y hombres acepten en sus vidas al proyecto propuesto por Jesús. Recemos…
  2. Por todos/as los/as seguidores/as del proyecto jesuánico, para que se distingan siempre por su amor a la paz,  la concordia, la justicia y el derecho, roguemos al Señor. Recemos…
  3. Para que aprendamos de aquellas personas que aun sin la luz del Evangelio han descubierto la necesidad de luchar por los derechos humanos. Recemos…
  4. Para que todos/as renovemos nuestro bautismo: nuestra decisión de aceptar la invitación de Jesús y comprometernos con el proyecto mesiánico de “implantar el Derecho en el mundo”, roguemos al Señor. Recemos…

Exhortación final: Hemos celebrado hoy la fiesta del bautismo de Jesús. Para nuestro Maestro, el bautismo significó el comienzo de su vida pública, de su misión comprometida por la causa de un Proyecto de vida buena, en justicia y libertad. El es el servidor de un proyecto de vida; por eso pasó su existencia haciendo el bien y rescatando a los/as oprimidos/as por el dia­blo y sus seguidores. Como comunidad de fe se nos invita a continuar el compromiso con la misión que fue encomendada por Jesús.

CREEMOS EN UN DIOS DE AMOR, DE ESPERANZA,  DE ALEGRIA Y DE FIESTA

C2°O  (17-1-10)

ENTRADA: Nos reunimos en el nombre de Jesús, fuente de amor, de esperanza, de la alegría y de felicidad. El quiere que celebremos la fe que da sentido a nuestra vida y que nos impulsa a ser testigos y testigas de su amor liberador en medio de nuestras familias y nuestras comunidades.

Al reunirnos le damos gracias por los dones que nos ha dado para ponerlos al servicio de los hermanos y hermanas, sobre todo de los/as más necesitados/as y oprimidos/as y excluidos/as.

Celebremos, con alegría, la presencia de Jesús, hermano y compañero de nuestro camino.

1°L: Isaías  62,1-5: Por amor de Jerusalén no descansaré

I:    Un buen grupo de los judíos exiliados en Babilonia regresa a su tierra hacia el 537 a.C. Ellos y ellas encontraron la ciudad de Jerusalén  destruida, el templo estaba en ruinas; las y los que vuelven del exilio se encontraban desanimados y desanimadas. En medio de esa realidad desoladora el profeta Isaías tiene una palabra de esperanza, anunciando que hay una divinidad que sigue amando a su pueblo, como un buen esposo lo hace con su amada o viceversa. Por eso romperá la aurora de la justicia y vendrá la salvación, la vida buena.

T:   Por amor a Sión no me callaré; por Jerusalén no quedaré tranquilo hasta que su justicia se haga claridad y su salvación brille como antorcha. Verán tu justicia las naciones, y los reyes contemplarán tu gloria y te llamarán con tu nombre nuevo, el que Yahvé te habrá dado. Y serás una corona preciosa en manos de Yahvé, un anillo real en el dedo de tu Dios.

No te llamarán más «Abandonada», ni a tu tierra «Desolada», sino que te llamarán «Mi preferida» y a tu tierra «Desposada». Porque Yahvé se complacerá en ti y tu tierra tendrá un esposo. Como un joven se casa con una muchacha virgen, así el que te reconstruyó se casará contigo, y como el esposo goza con su esposa, así harás las delicias de tu Dios.

Salmo 95: Cuenten las maravillas de Yahvé a todas las naciones

  • Canten a Yahvé un canto nuevo, canten al Dios toda la tierra; canten y bendigan al Señor.
  • Cuenten a los paganos su esplendor y a los pueblos sus cosas admirables.
  • Adoren a Yahvé, todos los pueblos, reconozcan su gloria y su poder, den al Señor la gloria de su Nombre.
  • Yahvé reina, anuncien a los pueblos, él fija el universo inamovible, gobierna a las naciones con justicia.

2°L:  1 Corintios 12,4-11. Hay diferentes dones para el servicio comunitario

I:    En su carta a los cristianos y cristianas de Corinto, Pablo les habla de los diferentes dones que da el Espíritu de Dios para ponerlos al servicio de la comunidad.  Quien recibe el don está llamado/a a realizar su ministerio y así colaborar con el crecimiento comunitario. Las y los que desempeñan diferentes ministerios y servicios son invitados e invitadas  a trabajar unidos/as para así colaborar en el Proyecto de vida  plena propuesto por Jesús.

T: Hermanas y hermanos: Hay diferentes dones espirituales, pero el Espíritu es el mismo. Hay diversos ministerios, pero el Señor es el mismo. Hay diversidad de obras, pero es el mismo Dios quien obra todo en todos. La manifestación del Espíritu que a cada uno se le da es para provecho común. A uno se le da, por el Espíritu, palabra de sabiduría; a otro, palabra de conocimiento según el mismo Espíritu; a otro, el don de la fe, por el Espíritu; a otro, el don de hacer curaciones, por el único Espíritu; a otro, poder de hacer milagros; a otro, profecía; a otro, reconocimiento de lo que viene del bueno o del mal espíritu; a otro, hablar en lenguas; a otro, interpretar lo que se dijo en lenguas. Y todo esto es obra del mismo y único Espíritu, que da a cada uno como quiere.

3°Ev: Jn 2,1-11. Un gesto de solidaridad de María y de Jesús

I: Jesús fue invitado, junto con su madre y sus discípulos y discípulas, a la celebración de unas bodas en un pueblecito cercano de Nazaret llamado Caná de Galilea. Por la intervención de su madre convierte el agua en vino y así realiza su primer milagro público. Este signo milagroso sirvió para que el pueblo y sus discípulos/as más cercanos/as fortalecieran su fe en él.

T: En aquel tiempo se celebraba una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. También fue invitado Jesús a la boda con sus discípulos y discípulas. Sucedió que se terminó el vino preparado para la boda, y se quedaron sin vino. Entonces la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino.» Jesús le respondió: «Mujer, ¿por qué te metes en mis asuntos? Aún no ha llegado mi hora.»

Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan lo que él les diga.»

Había allí seis recipientes de piedra, de los que usan los judíos para sus purificaciones, de unos cien litros de capacidad cada uno. Jesús dijo: «Llenen de agua esos recipientes.» Y los llenaron hasta el borde. «Saquen ahora, les dijo, y llévenle al mayordomo.» Y ellos se lo llevaron. Después de probar el agua convertida en vino, el mayordomo llamó al novio, pues no sabía de dónde provenía, a pesar de que lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua. Y le dijo: «Todo el mundo sirve al principio el vino mejor, y cuando ya todos han bebido bastante, les dan el de menos calidad; pero tú has dejado el mejor vino para el final.»

Esta señal milagrosa fue la primera, y Jesús la hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria y sus discípulos y discípulas creyeron en él. Jesús bajó después a Cafarnaún con su madre, sus hermanos, sus hermanas y sus discípulos y discípulas; permanecieron allí solamente algunos días.

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿Por qué podemos afirmar que el nuestro  es un Dios de amor y de esperanza?

2. ¿Por qué podemos decir que el Padre de Jesús es el Dios de la alegría y de la fiesta?

3. ¿Cuáles son los dones que hemos recibido y que debemos poner al servicio de la comunidad?

  1. 1.     Una divinidad de amor y de esperanza

La primera lectura que hemos hecho hoy tiene su situación vital en la Jerusalén del siglo VI a.C. Recordemos que en el 587 a.C. el imperio babilónico había destruido la Ciudad Santa; había convertido en ruinas el templo  y había deportado a una buena parte del pueblo, dejando sólo a los/as campesinos/as.

El segundo Isaías (Caps. 40-55), profeta que acompaña a su pueblo en el exilio de Babilonia, se había encargado de mantener la esperanza de su pueblo oprimido diciéndole que Dios les permitiría volver a su tierra y que allí tendrían una vida feliz. Sin embargo cuando regresan del exilio la situación no estaba nada fácil. La ciudad estaba en ruinas, el templo seguía destruido. Las mejores tierras estaban en manos de los militares y funcionarios del imperio persa. Había en el pueblo una gran frustración.

En medio de una situación de frustración el tercer Isaías (Caps. 56-66) se encarga de anunciar una palabra de esperanza. La razón para esperar mejores condiciones de vida es que el dios Yahvé sigue estando presente en medio de su pueblo. El profeta habla de lo nuevo que Yahvé tiene preparado para su pueblo: un nuevo nombre, una nueva alianza de amor. Comparando a Yahvé con un esposo bueno Isaías habla de la ternura, de la intimidad y del afecto de la nueva relación del Dios de Israel con su pueblo. No es un Dios severo ni déspota, sino el esposo y el amigo, capaz de amar con ternura y con pasión, de encontrar alegría en el amor a su pueblo.

Las palabras de Isaías pueden servirnos también a nosotros y a nosotras; pueden orientar la reflexión de nuestros círculos bíblicos, congregaciones, células y comunidades cristianas. También en nuestras comunidades hay frustración; la gente más oprimida y empobrecida exige y necesita mejores condiciones de vida. Sin embargo se hace cada vez más grande la brecha entre los/as que tienen demasiado y los/as que no tienen las condiciones mínimas para sobrevivir. En nombre del Dios del amor y de la justicia estamos llamados/as,  a ser una presencia esperanzadora con acciones y proyectos concretos.

Sin embargo esperar no es sólo poner toda nuestra confianza en la divinidad. El nos exige hacer lo posible para re-organizar la esperanza. Desde nuestras comunidades cristianas, desde las organizaciones comunitarias, es necesario luchar para que se cambien las reglas de juego de esta sociedad neo-liberal injusta, mientras promovemos proyectos de solidaridad y de autogestión para defender nuestro derecho a vivir con dignidad.

2. El Dios de la alegría y de la fiesta

En el evangelio que hemos leído hoy, el Dios de Jesús no se nos muestra en medio de un templo, o en lo alto de un monte, rodeado de imponente majestad, sino en una boda donde se comparte la alegría porque dos personas confirman y celebran en  comunidad el amor mutuo que se profesan.

La persona de Jesús nos revela la cercanía de un Dios que comparte la vida cotidiana y los momentos de alegría y de dolor de su pueblo. Es, por lo tanto, un Dios cercano y presente en medio de su pueblo. De esta manera se establecen nuevas relaciones de Dios con su pueblo.

El evangelista Juan dice que Jesús mandó a llenar de agua seis tinajas de piedra que eran usadas para las “purificaciones de los judíos”. Los judíos tenían la costumbre de lavarse los pies y las manos cuando entraban en una casa. Las purificaciones hacen referencia a ciertas costumbres religiosas del tiempo de Jesús. En adelante, Jesús propone una nueva forma de relacionarse con Dios. No se tratará ya de una religión basada en la ley y en la observancia de costumbres inútiles ni en la observancia de preceptos guardados bajo el temor del castigo y la culpa. La presencia de Dios en la persona de Jesucristo representa algo nuevo y diferente. No del miedo y del castigo, sino el Dios cercano, en medio de la fiesta, compartiendo sus alegrías y sus preocupaciones.

En la boda en la que faltó el vino corriente se ofrece el vino bueno, el mejor, el que permite que la fiesta continúe. Así Dios se revela; su religión será la de la alegría y la fiesta compartida porque se participa del gozo de Dios: “La alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo” (Is 62,5).

Como comunidad de fe estamos llamados/as a imitar a este Dios de la alegría, de la fiesta. Tenemos que mostrar ese rostro del Dios cercano que comparte nuestra cotidianidad, pero que también comparte nuestras alegrías, nuestra fiesta. Por eso celebramos en su nombre. Y esa celebración nos da fuerzas para seguir siendo testigos/as de su amor solidario y liberador.

3. Dones del Espíritu, ministerios y servicios en la comunidad

El Espíritu de Dios nos ha dado a cada uno/a unos dones. Los hemos recibido gratis, sin que nos haya costado nada. Por eso mismo debemos saber agradecer a nuestro Dios el que haya querido adornar a nuestras personas con esas cualidades y posibilidades. Por eso mismo, no hay motivos para estar orgullosos/as, puesto que no ha sido por nuestros méritos que hemos llegado a merece estos dones, sino por pura voluntad de nuestro Dios. Por eso nuestra primera actitud debe ser la de acción de gracias al Dios solidario y liberador.

El don recibido, sin embargo, tiene que dar su fruto. Así el don se convierte en posibilidad y en necesidad de servicio desinteresado a los/as hermanos/as, sobre todo a los/as más oprimidos, marginados/as y excluidos/as. Por eso dice Pablo: “En cada uno el Espíritu revela su presencia como un don, que es también un servicio”(1 Cor 12,7). Quien no se dedica al servicio está simplemente desperdiciando el don que Dios le ha dado. Quien sirve a los/as hermanos/as encuentra en el servicio mismo la alegría y el sentido para su vida.

En muchas de nuestras comunidades se da el caso de que pocos/as ponen al servicio de los demás sus dones y sus cualidades. ¿Por qué? Puede darse el caso de que algunas personas crean que sólo ellos/as han recibido los dones de Dios o que los/as demás no son capaces de hacer las cosas como ellos/as las hacen. En otra ocasión, hay personas que no ponen al servicio de los/as demás sus dones, porque nadie les ha estimulado ni motivado para hacerlo.

Como comunidad de fe y de servicio estamos llamados/as a descubrir los diferentes dones que tienen las personas de nuestras comunidades y al mismo tiempo estimularles para que pongan dichos dones al servicio de los hermanos y hermanas. Sólo cuando damos testimonio de comunión y de servicio estaremos realizando las acciones que Dios nos pide en medio de la realidad que nos toca vivir.

Para la revisión personal: ¿Creo realmente en el Dios de la alegría, de la esperanza, de la fiesta? ¿Soy signo o señal del amor liberador de Dios en medio de mi familia, trabajo y comunidad? ¿Estoy poniendo al servicio de la comunidad los dones que Dios me ha dado?

Para la oración de las y los participantes:

  1. I.          Para que nuestras comunidades cristianas sean un signo de amor solidario y liberador en medio de esta sociedad neoliberal excluyente. Recemos…
  2. II.         Por los/as jóvenes, para que descubran el llamado de Dios a hacer de su vida una aventura personal de amor y de entrega al Proyecto de Dios. Recemos…
  3. III.       Por todos los matrimonios, para que vivan con alegría la donación generosa en el amor, que cada día hace inventar formas nuevas de expresar ese amor. Recemos.

Exhortación final: Nos hemos reunido en el nombre del Dios del amor, de la alegría y de la esperanza. Su Palabra nos ha fortalecido; su espíritu nos ha orientado. Ahora nos toca seguir poniendo al servicio de los/as hermanos y hermanas los dones que él nos ha dado de una forma gratuita hasta que rompa la aurora de la justicia. De esa manera nos convertiremos en testigos y testigas creíbles de su amor nuevo, de su amor liberador.

EL ESPIRITU ME HA CONSAGRADO PARA EVANGELIZAR A LAS Y LOS EMPOBRECIDOS C3°O (24-1-10)

ENTRADA: Nos reunimos porque formamos una comunidad unida en el amor, que tiene un mismo proyecto de vida plena, que forma parte de un solo cuerpo, que es la Iglesia de Jesucristo,  en la que cada miembro colabora con responsabilidad en la misión común de anunciar el evangelio a las y los empobrecidos y lucha por la liberación de  las y los oprimidos.

Celebremos con alegría la presencia de Jesús que sigue siendo buena noticia para las y los/as débiles y excluidos de nuestras comunidades.

1°l: Nehemías 8,2-4.5-6.8-10. Renovar una alianza de esperanza

I: En el tiempo del post-exilio (s.V. a. C.) Esdras y Nehemías tienen la misión de ayudar a reorganizar la vida del pueblo de Israel. Nehemías, como gobernador,  en la parte política y Esdras, el sacerdote, en la parte religiosa. En la siguiente lectura Esdras invita al pueblo a renovar la alianza con Yahvé contenida en el libro de la Ley que es leído ante todo el pueblo, que lo acepta como norma de vida.

T: En el séptimo mes todo el pueblo se reunió como una sola persona en la plaza que se encuentra frente a la Puerta del Agua, y pidieron a Esdras que trajera el libro de la Ley de Moisés, que Yahvé había dado a Israel. Esdras trajo la Ley ante la asamblea, en que se mezclaban hombres y mujeres, y todos los niños que podían entender lo que se iba a leer. Era el primer día del séptimo mes. Esdras leyó en el libro, ante todos/as ellos/as, desde la mañana hasta el mediodía, en la plaza que está enfrente de la Puerta del Agua; y todos los oídos estaban pendientes del libro de la Ley.

El maestro de la Ley, Esdras, estaba de pie sobre una tarima de madera levantada para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo, pues estaba en un lugar más alto que ellos/as, y, cuando lo abrió, el pueblo entero se puso de pie. Esdras bendijo a Yahvé, el Dios grande; y todo el pueblo, alzando las manos, respondió: «¡Amén! ¡Amén!» Y se postraron rostro en tierra.

Leyeron en el libro de la Ley de Dios, aclarando e interpretando el sentido, para que todos/as comprendieran lo que les estaban leyendo.

Entonces Esdras, maestro de la Ley, dijo al pueblo: «Este día está dedicado a Yahvé, el Dios de ustedes, no estén tristes ni lloren.» Porque todos/as lloraban al oír la lectura de la Ley. Les dijo entonces: «Vayan a comer comidas grasosas, tomen bebidas dulces y denle una ración al que no la tiene preparada. Porque este día está dedicado al Señor. No estén tristes. La alegría de Yahvé es nuestro amparo.»

Salmo 18: Tus palabras son fuente de vida

  • La ley del Señor es buena, consuelo para el alma; ciertas son sus palabras y al ignorante enseñan.
  • Los mandamientos de Yahvé son rectos y al corazón alegran, todo precepto del Señor es puro y es luz para los ojos.
  • Yahvé, mi Roca y mi Redentor, que todo lo que dice mi boca y el murmullo de mi corazón sean agradables ante ti.

2°L: 1° Corintios 12,12-30. Todos y todas formamos un solo cuerpo

I: La comunidad cristiana es como un cuerpo en el que cada miembro es importante y  debe contribuir con la creación de unas condiciones de vida digna para toda la congregación. Nadie puede considerarse innecesario, pues la comunidad necesita el servicio de cada persona. En la comunidad también se crea la solidaridad entre unos miembros y otros/as que son capaces de gozar, de sufrir y de trabajar juntos.

T: Hermanas y hermanos: Las partes del cuerpo son muchas, pero el cuerpo es uno; por muchas que sean las partes, todas forman un solo cuerpo. Así también Cristo. Hemos sido bautizados/as en el único Espíritu para que formáramos un solo cuerpo, ya fuéramos judíos o griegos, esclavos o libres. Y todos hemos bebido del único Espíritu.

Un solo miembro no basta para formar un cuerpo, sino que hacen falta muchos. Supongan que diga el pie: «No soy mano y por lo tanto yo no soy del cuerpo.» No por eso deja de ser parte del cuerpo. O también que la oreja diga: «Ya que no soy ojo, no soy del cuerpo.» Tampoco por eso deja de ser parte del cuerpo. Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿cómo podríamos oír? Y si todo el cuerpo fuera oído, ¿cómo podríamos oler?

Dios ha dispuesto los diversos miembros, colocando cada uno en el cuerpo como ha querido. Si todos fueran el mismo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Pero hay muchos miembros, y un solo cuerpo. El ojo no puede decir a la mano: No te necesito. Ni tampoco la cabeza decir a los pies: No los necesito. Aun más, las partes del cuerpo que parecen ser más débiles son las más necesarias,  y a las que son menos honorables las tratamos con mayor respeto; cubrimos con más cuidado las que son menos presentables, mientras que otras, más nobles, no lo necesitan.

Dios, al organizar el cuerpo, tuvo más atenciones por lo que era último, para que no se dividiera el cuerpo; todas sus partes han de tener la misma preocupación unas por otras. Si un miembro sufre, todos sufren con él; y si un miembro recibe honores, todos se alegran con él.

Ustedes son el cuerpo de Cristo y cada uno en su lugar es parte de él. En primer lugar están los que Dios hizo apóstoles en la Iglesia; en segundo lugar los profetas; en tercer lugar los maestros; después vienen los milagros, luego el don de curaciones, la asistencia material, la administración en la Iglesia y los diversos dones de lenguas.

¿Acaso son todos apóstoles?, ¿o todos profetas?, ¿o todos maestros? ¿Pueden todos obrar milagros, curar enfermos, hablar lenguas o explicar lo que se dijo en lenguas? Ustedes, con todo, aspiren a los carismas más elevados, y yo quisiera mostrarles un camino que los supera a todos.

3°Ev: Lucas 1,1-4; 4,14-21. Hoy se cumple esta Escritura que acaban de oír

I: En la lectura evangélica que hacemos hoy Lucas se nos presenta como un buen historiador preocupado por narrarnos con exactitud todo lo referente a la vida de Jesús. Y nos habla del programa de su misión presentado en la sinagoga de Nazaret, su pueblo. Consagrado por el Espíritu, su misión liberadora tiene como destinatarios/as a los/as pobres, oprimidos/as y cautivos/as.

T: Ilustre Teófilo: Algunas personas han hecho empeño por ordenar una narración de los acontecimientos que han ocurrido entre nosotros y nosotras,  tal como nos han sido transmitidos por aquellas personas que fueron las primeras testigas y los primeros testigos y que después se hicieron servidores y servidoras de la Palabra. Después de haber investigado cuidadosamente todo desde el principio, también a mí me ha parecido bueno escribir un relato ordenado para ti, ilustre Teófilo. De este modo podrás verificar la solidez de las enseñanzas que has recibido.

Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu, y su fama corrió por toda aquella región. Enseñaba en las sinagogas de las y los judíos y todas las personas lo alababan.

Llegó a Nazaret, donde se había criado, y el sábado fue a la sinagoga, como era su costumbre. Se puso de pie para hacer la lectura,  y le pasaron el libro del profeta Isaías. Jesús desenrolló el libro y encontró el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí. El me ha ungido para llevar buenas nuevas a las y los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos, y a los ciegos que pronto van a ver, para despedir libres a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.

Jesús entonces enrolló el libro, lo devolvió al ayudante y se sentó, mientras todos los presentes tenían los ojos fijos en él. Y empezó a decirles: «Hoy se cumplen estas profecías que acaban de escuchar.»

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿Por qué Jesús se considera consagrado para evangelizar a las y los pobres?

2. ¿Por qué podemos aplicar a Jesús la profecía de Isaías?

3. ¿Qué podemos hacer para fortalecer la unidad de nuestra comunidad?

  1. 1.     Consagrado por el Espíritu para evangelizar a las y los empobrecidos

Lucas nos dice hacia dónde está orientado el ministerio de Jesús que comienza en Galilea. Jesús lee la Escritura y toma un texto de Isaías al que le hace también algunos cambios (Is 61,1-2). El texto presenta el contenido del Proyecto que ha venido a proclamar y a realizar. Las diferentes situaciones humanas dolorosas (pobreza, cautividad, ceguera, opresión) (Lc 4,18), son expresiones de injusticias y de muerte. El anuncio de Jesús, como el Mesías  por la fuerza del Espíritu, será una Palabra liberadora que metida en nuestra historia nos impulsa a ser defensores/as de la vida amenazada de los/as más empobrecidos/as y oprimidos/as.

Es importante tener en cuenta que el texto habla de situaciones que no están en el mismo nivel. La afirmación básica del texto es: “El me ha ungido para traer la buena nueva a los pobres…” (Lc 4,18). Ellos/as, los/as empobrecidos/as, abiertos al Proyecto de Dios,  que  a pesar de que trabajan sin descanso no tienen cubiertas sus necesidades básicas ni tienen lo necesario para vivir como seres humanos. A los/as  pobres se les comunica la liberación. Cautivos/as, ciegos/as, y oprimidos/as son profundizaciones de la condición de pobreza. En todos estos casos estamos ante una proclamación de la libertad. Ese es también el sentido de la expresión:  “… Y a los presos su vuelta a la luz” (4,18). Si nos referimos al texto original (en hebreo) de Isaías encontramos que allí se habla de los prisioneros a quienes al sacarlos de las oscuras cárceles se les “abren los ojos”. Por otro lado, cuando el texto de Isaías dice “para sanar los corazones heridos” (Is 61,2), Lucas lo cambia, siguiendo otro texto de Isaías (Is 58,8) por “despedir libres a los oprimidos.”  El Evangelio que Jesús anuncia a los/as pobres les lleva necesariamente a la liberación de todas las opresiones.

Hacemos vida dentro de unas comunidades de fe, que, como Jesús, tienen la misión de anunciar el Evangelio a los/as pobres. Desde esa opción por los/as pobres podemos anunciar el evangelio a todas las personas y llamarlos/as a comprometerse  con la creación de mejores condiciones de vida para todos/as los/as empobrecidos/as del país y del continente.

2. Hoy se cumple esta profecía

El texto de Isaías (61,1-2) que Jesús lee en la sinagoga de Nazaret tiene su contexto vital en la situación que pasaban los/as más empobrecidos/as de Israel en el tiempo del post-exilio (s. VI a.C.); es decir, después de la vuelta del destierro de Babilonia. Había entonces dos grupos de empobrecidos/as: los/as campesinos/as que se habían quedado en el campo que ahora se ven despojados de su tierra por los militares del imperio persa y el grupo de los esclavos/as e hijos/as de esclavos/as que vuelven a la tierra de Israel y no tienen cómo ganarse la vida. A esos/as pobres oprimidos/as y esclavizados/as el tercer Isaías les anuncia un mensaje de liberación.

Jesús considera que las palabras de Isaías (Is 61,1-3) pueden expresar lo que él entiende debe ser su misión en medio de su pueblo oprimido. También en tiempo de Jesús las mejores tierras estaban en manos de los militares del imperio romano y de los saduceos pertenecientes a la clase social más adinerada. La mayor parte del pueblo no tiene tierra; son esclavos/as o asalariados/as. A éstos Jesús les anuncia un mensaje de liberación y les anuncia que con su presencia se cumple la profecía de Isaías.

En Israel existían ciertas normas de convivencia dadas por Dios que tenían la finalidad de que se mantuviese la fraternidad al interior del pueblo escogido por Dios. Una de esas normas era la de que cada 7 días había que descansar. Incluso los/as esclavos tenían derecho al descanso. Cada 7 años había que dejar descansar la tierra, era el año sabático. Si durante ese período la tierra se había alquilado, era devuelta a su primer propietario como una medida para impedir la acumulación de la tierra en pocas manos. Las deudas eran perdonadas, etc. Sin embargo ante la falta de cumplimiento del año sabático se puso la celebración del año jubilar, cada 50 años.  El libro del Levítico nos dice: “Declararás santo el año cincuenta y proclamarás la liberación para todos los habitantes de la tierra. Será para ustedes un año de jubileo. Los que habían tenido que empeñar su propiedad, la recobrarán. Los esclavos regresará a su familia” (Lv 25,10). Era, por tanto un verdadero tiempo de júbilo y de liberación, en el que la vida comenzaba de nuevo.

Con la celebración del año jubilar se intentaba crear leyes que impidieran la acumulación de las riquezas en pocas manos. Y en una sociedad que vive de la agricultura el principal bien a mantener es la tierra que es necesario conservar y distribuir adecuadamente para que sirva para todos/as de una forma equitativa. Por eso la norma de Yahvé era muy precisa: “La tierra no puede venderse para siempre, porque la tierra es mía y ustedes están en mi tierra como forasteros y huéspedes” (Lv 25,23)

En esta sociedad neo-liberal en que vivimos, en la que para muchas personas el Dios principal es el dinero y el mercado, podría ser considerado como una locura el proponer que la tierra y los bienes de producción se volvieran a repartir cada 50 años. De todas maneras, se nos pide como cristianos/as la capacidad de poner a disposición de los hermanos y hermanas lo que somos y lo que tenemos. El ideal cristiano nos viene presentado por Lucas en el libro de los Hechos de los Apóstoles: “Todos los creyentes vivían unidos y compartían todo cuando tenían. Vendían sus bienes y propiedades y se los repartían de acuerdo a lo que cada uno de ellos necesitaba” (Hch 2,44-45).

Hoy también crece sin cesar en número de empobrecidos/as en nuestro país, en nuestra América Latina y en el mundo. Las consecuencias mortales del proyecto neo-liberal condena a tantas personas a vivir en condiciones inhumanas, aunque no se cansen de decirnos que, aunque ahora estemos mal, más adelante estaremos mejor.

La pobreza inhumana e injusta se convierte en un desafío fundamental para los/as que nos decimos seguidores/as de Jesús. Seguiremos haciendo realidad las palabras del Maestro: “Hoy se cumple esta profecía” en la medida en que tomemos en serio el compromiso de evangelizar a los/as oprimidos/as y comprometernos con su proyecto de liberación de todas las esclavitudes personales y sociales promovidas por personas que pretenden que éstos/as nunca salgan de su condición inhumana.

3. Bautizados y bautizadas en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo

En su carta a las y los cristianos de Corinto, después de hablarles sobre los dones que da al Espíritu, sobre los ministerios y los servicios comunitarios Pablo les habla de la unidad de la comunidad. Y es que Pablo estaba convencido de que si no hay unidad en una comunidad de nada sirve el que haya personas con muchos dones y cualidades. Si no existe el espíritu de comunión no se pondrán al servicio de los/as hermanos/as los dones y cualidades que el Espíritu ha dado a cada uno/a.

Para hablar de la necesidad de la unidad en la comunidad Pablo utiliza la imagen del cuerpo que, aunque tenga diferentes miembros, todos están comunicados y se necesitan el uno al otro. Así, nosotros/as formamos el cuerpo de Cristo, que es su Iglesia. Todos y todas hemos sido consagrados consagradas por el mismo Espíritu para formar un solo cuerpo.

Cada miembro del cuerpo tiene una función específica. Así el ojo no puede encomendar al pie el trabajo de ver, ni el pie al ojo la función de caminar. Cada miembro es necesario y conviene que realice la función que se le ha asignado.

Es importante que en el cuerpo de Cristo, en su comunidad, no haya divisiones. Sino que las relaciones entre los miembros estén guiadas por la preocupación de unos/as por los/as otros/as, sabiendo compartir los sufrimientos y las alegrías. Unas relaciones orientadas por el amor fortalecen el cuerpo de Cristo; y esto es así porque “el amor nunca pasará… Ahora tenemos la fe, la esperanza y el amor, las tres. Pero la mayor de las tres es el amor” (1 Cor 13,8.13).

Como comunidad estamos llamados/as a fortalecer los lazos de unidad, de amor y de solidaridad. Sólo así pondremos al servicio de los/as hermanos/as, de una forma adecuada,  los dones que Dios nos ha dado. Y nos convertiremos en testigos del Dios que nos ha llamado a formar parte del cuerpo de Cristo, que es su Iglesia y desde ahí colaborar con su Proyecto de vida y de justicia.

Para la revisión personal: ¿Me siento enviado/a, como Jesús, a dar la buena noticia a los/as pobres? ¿Es mi vida una buena noticia para los/as pobres?

Para la oración de las y los participantes

  1. I.          Por todas las personas del mundo que esperan hoy, en el tercer milenio todavía, la buena noticia de su liberación, para que haya también hoy profetas que se la anuncien y que la vivan. Recemos…
  2. II.         Por todos las personas que optan por los pobres-objetos, para que cambien de mentalidad y trabajen por los pobres-sujetos, con fuerza y decisión propia, que van a transformar el mundo y a hacer valer socialmente el Evangelio de la Buena Noticia, recemos.
  3. III.       Por todas las comunidades que viven desentendidas de la realidad y sin conflictos en este mundo se pregunten si ello puede obedecer a un incumplimiento de la misión de dar la Buena Noticia a las y los empobrecidos y excluidos, recemos…

Exhortación final: Hemos celebrado, como comunidad, la fe que nos impulsa a la misión de anunciar el evangelio a las y los empobrecidos y excluidos sociales. Como Jesús hemos sido consagrados y consagradas por el Espíritu para realizar una misión liberadora en medio de nuestro pueblo. Que la luz del Espíritu de Dios nos siga guiando para ser, como comunidad de fe,  testigos y testigas de su amor salvador y liberador en medio de una sociedad en que cada día se aumenta la brecha y la distancia entre las personas empobrecidas y las enriquecidas, en esta sociedad neoliberal excluyente.

PROYECTO DE DIOS, PROFECÍA Y CONFLICTIVDAD C4°O  (31/1/10)

ENTRADA: Nos reunimos como comunidad que tiene el desafío de colaborar en la construcción de un Proyecto de vida y realizar su misión profética en medio de la realidad injusta e inequitativa, en donde se nos ha llamado a trabajar. Al realizar esa misión colaboramos con la liberación de las y los oprimidos, lo que exige el anuncio del Evangelio salvador y liberador.

Pidamos fuerza cada día para que las dificultades y problemas que encontramos no nos impidan realizar adecuadamente la misión que se nos encomienda y siempre la hagamos con amor, constancia y  valentía.

1ªL:     Jer. 1,4-5.17-19. Te destiné a ser profeta de las naciones

I: El relato que leemos hoy nos habla de la vocación de Jeremías. El se siente consagrado por Yahvé desde el vientre materno para la misión profética en medio de un pueblo sufriente y oprimido. El profeta deberá comunicar lo que se le manda sin tener miedo, porque podrá contar con la inspiración divina para confirmar el mensaje que anuncia.

T: Me llegó una palabra de Yahvé: «Antes de formarte en el seno de tu madre, ya te conocía; antes de que tú nacieras, yo te consagré, y te destiné a ser profeta de las naciones.»

Tú, ahora, muévete y anda a decirles todo lo que yo te mande. No temas enfrentarlos, porque yo también podría asustarte delante de ellos y ellas. Este día hago de ti una fortaleza, un pilar de hierro y una muralla de bronce frente a la nación entera: frente a los reyes de Judá y a sus ministros, frente a los sacerdotes y a los propietarios.

Ellos te declararán la guerra, pero no podrán vencerte, pues yo estoy contigo para ampararte -palabra de Yahvé-.»

Salmo 70: Mi boca contará tu salvación, Señor

  • En ti, Yahvé, confío; que no sea jamás defraudado. Dios justo, libérame, rescátame, inclina a mí tu oído y sálvame.
  • Sé para mí una roca de refugio, una ciudad fortificada en que me salve; tú eres mi roca y mi fortaleza. Dios mío, sácame de las manos de la gente mala, de las garras de la gente malvada y opresora.

2ªL:     1 Co. 12,31-13,13. El amor siempre permanecerá

I: Leemos ahora un cántico al amor escrito, por Pablo de Tarso, que es una de las páginas bíblicas más hermosas del Nuevo Testamento.  El amor solidario es lo fundamental de la fe cristiana y lo que permanecerá para siempre, pues da sentido a la vida del quien se involucra en el proyecto de vida plena propuesto por Jesús.

T: Ustedes, con todo, aspiren a los carismas más elevados, y yo quisiera mostrarles un camino que los supera a todos.

Aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si me falta el amor  sería como bronce que resuena o campana que retiñe.

Aunque tuviera el don de profecía y descubriera todos los misterios, -el saber más elevado-, aunque tuviera tanta fe como para trasladar montes, si me falta el amor nada soy.

Aunque repartiera todo lo que poseo e incluso sacrificara mi cuerpo, pero para recibir alabanzas y sin tener el amor, de nada me sirve.

El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo.

No se alegra de lo injusto, sino que se goza en la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo.

El amor nunca pasará. Las profecías perderán su razón de ser, callarán las lenguas y ya no servirá el saber más elevado. Porque este saber queda muy imperfecto, y nuestras profecías también son algo muy limitado; y cuando llegue lo perfecto, lo que es limitado desaparecerá.

Cuando era niño, hablaba como niño, pensaba y razonaba como  niño. Pero cuando me hice hombre, dejé de lado las cosas de niño. Así también en el momento presente vemos las cosas como en un mal espejo y hay que adivinarlas, pero entonces las veremos cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré como soy conocido.

Ahora, pues, son válidas la fe, la esperanza y el amor; las tres, pero la mayor de estas tres es el amor.

3ªL: Lc. 4,21-30. Hoy se cumple esta Escritura que acaban de oír

I: En su pueblo natal, y después de aplicarse las palabras del profeta Isaías que hablan de la misión de anunciar el evangelio a los pobres y liberar a los cautivos, Jesús señala que con él se cumplen estas Escrituras. Los compatriotas de Jesús no aceptaron bien esta declaración profética e intentaron matar a Jesús.

T: En aquel tiempo empezó Jesús a decir en la sinagoga: «Hoy se cumplen estas profecías que acaban de escuchar.»

Todas las personas lo aprobaban y se quedaban maravillados y maravilladas, mientras esta proclamación de la gracia de Dios salía de sus labios. Y decían: «¡Pensar que es el hijo de José!» Jesús les dijo: «Seguramente ustedes me van a recordar el dicho: Médico, cúrate a ti mismo. Realiza también aquí, en tu patria, lo que nos cuentan que hiciste en Cafarnaún.»

Y Jesús añadió: «Ningún profeta es bien recibido en su patria. En verdad les digo que había muchas viudas en Israel en tiempos de Elías, cuando el cielo retuvo la lluvia durante tres años y medio y un gran hambre asoló a todo el país. Sin embargo Elías no fue enviado a ninguna de ellas, sino a una mujer de Sarepta, en tierras de Sidón. También había muchos leprosos en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio.»

Todos en la sinagoga se indignaron al escuchar estas palabras; se levantaron y lo empujaron fuera del pueblo, llevándolo hacia un barranco del cerro sobre el que está construido el pueblo, con intención de arrojarlo desde allí. Pero Jesús pasó por medio de ellos y siguió su camino.

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿Cuál es la misión que se encomienda a la persona profeta y por qué la misión va acompañada de dificultades y conflictos?

2. ¿Por qué afirmamos que con Jesús se cumple la Escritura?

3. ¿Por qué el amor solidario permanece para siempre?

1.  Un profeta acompañado y sostenido en medio de los conflictos.

Jeremías es un profeta del siglo VI a.C. Realiza su misión en los años precedentes del exilio de Babilonia y también durante el mismo. Ante la amenaza que significaba el imperio babilónico invita a los gobernantes de Israel a no aliarse con Egipto, porque de todas maneras el país caerá en manos del poderoso imperio babilónico. Esto le trae problemas y conflictos con su gente. Pero por haber tomado esta postura, los jefes del imperio babilónico le permiten quedarse en la tierra de Palestina, no ir al exilio y acompañar a los/as campesinos/as que no fueron deportados/as.

Jeremías es llamado por Yahvé para una misión. El profeta reconoce que es un muchacho para asumir la responsabilidad que se le confía. Sin embargo, la fuerza no le vendrá de él mismo, sino de la divinidad. Jeremías es casi obligado a realizar la misión que se le encomienda: “No me digas que eres un muchacho. Irás adondequiera que te envíe, y proclamarás todo lo que yo te mande” (Jer 1,7). Y se le anuncia la certeza de la presencia de Dios: “No les tengas miedo, porque estaré contigo para protegerte -palabra de Yahvé.” (Jer 1,8).

Su misión no será fácil; de hecho se le dice: “Arrancarás y derribarás, perderás y destruirás, edificarás y plantarás.” (Jer 1,10). Tendrá que anunciar una palabra que arranque de raíz el pecado, el egoísmo y la injusticia,  tendrá además que comprometerse en la construcción de una sociedad nueva, según el Proyecto de Vida Plena.

La misión profética va acompañada de dificultades y conflictos puesto que el Proyecto de la nueva sociedad se presenta como algo alternativo al sistema social reinante en la sociedad en la que vivieron las y los profetas. Por eso, la Palabra profética trae problemas y dificultades.

¿Con quién encuentra dificultades la persona que asume la misión profética? La misma lectura menciona las personas con las que el profeta tiene o tendrá dificultades: los reyes de Judá, sus ministros, los sacerdotes y el pueblo  (Jer 1,18).  El profeta necesitará la fuerza divina, pues podrá tener dificultades con diferentes sectores de la sociedad. Y en ocasiones, como le pasó a Jeremías, intentarán hacerle la vida imposible y hasta asesinarlo como pasó con Jesús.

Esta persecución y rechazo al profeta se sigue dando “en su propia tierra” y muchas veces “en su propia Iglesia o congregación”. Si en nuestras sociedades en los últimos años no son frecuentes los martirios por causa de la fe, dentro de la Iglesia, se pueden dar en forma de desprestigio, de rechazo, de exclusión de la vida eclesial. Asumir esta conflictividad evangélica forma parte de nuestra vida cristiana. Es una forma de asumir la cruz del seguimiento de Jesús. Y no se trata de automortificarse voluntariamente sino de aceptar las consecuencias negativas que puede traernos la lucha por la Causa del Proyecto Dios. Un viejo cartel decía: “Busca la verdad. La cruz, ya te la pondrán”.

Jesús también tuvo dificultades con fariseos, saduceos, y herodianos. Pero los conflictos comenzaron en Nazaret, en su pueblo, en donde sus compatriotas no admiten que él  se presente como el enviado de Dios y que les llame incrédulos. La respuesta no se hace esperar e intentan matar a Jesús, proponiéndose tirarlo por un barranco.

Es necesario fortalecer nuestra fe con la oración, con la comunicación profunda y vital con Aquel que nos ha llamado a la misión. Sólo desde esa unión profunda seremos capaces de mantenernos fieles a la misión en medio de las dificultades y conflictos que vienen por la causa del Evangelio.

Como personas y como comunidad debemos estar preparados/as para enfrentar las dificultades y conflictos que nos vienen cuando intentamos ser fieles a la misión que hemos recibido de Dios. Si  por miedo al conflicto dejamos de realizar la misión para la que fuimos llamados/as, estaríamos renunciando a realizar la vocación que se nos ha encomendado.

Como personas y como comunidad somos también llamados/as a realizar nuestra misión profética. Como Jeremías podemos considerarnos incapacitados/as para realizar lo que se nos pide. En ocasiones podemos tener la tentación de abandonar el camino comenzado. En esos momentos sentimos la presencia de Dios que nos invita a seguir caminando. Finalmente, como el profeta sentimos su presencia que nos fortalece.

2. Hoy se cumple la Escritura

En la sinagoga de Nazaret Jesús afirma decididamente: “Hoy se cumplen estas profecías que acaban de escuchar.” (Lc 4,21). La promesa de liberación de los/as oprimidos/as y la evangelización de los/as pobres se cumple en Jesús (Lc 4,21). Los vecinos de Nazaret, su pueblo, no pueden creerlo; pretenden descalificar a Jesús por ser el hijo del carpintero José y esto les impide ver más allá de las apariencias.  La proclamación del mensaje central del Proyecto de Dios (Reino de Dios) llega a través de ropajes humildes e inesperados. Aquellos/as que pretenden saberlo todo no están dispuestos/as a aprender; menos aún si la enseñanza viene de alguien cuyo valor se niegan a reconocer.  Y Jesús constata una dura realidad: “Ningún profeta es bien recibido en su patria.” (Lc 4,24).

Y la salvación de Dios llega en el “hoy”, en el aquí y en el ahora. Y se manifiesta llevando la esperanza y la vida nueva a aquellas personas que están abiertas al mensaje, aunque no pertenezcan al pueblo de Israel como la viuda de Sarepta (1 R 17,7-24), a quien Elías multiplicó la comida y resucitó al Hijo, o como al militar Naamán que quedó libre de la lepra (2 R 5,1-27).

Como comunidad de fe y de solidaridad tenemos que hacernos conscientes que la liberación de los oprimidos y la evangelización de los pobres tiene que seguirse haciéndose presente en el hoy de nuestras comunidades. Y aunque en ocasiones seamos descartados/as por aquellas personas que consideran que no tenemos capacidad para realizar tal misión, es necesario seguirla realizando con responsabilidad y constancia.

3.  El amor solidario que permanece

A diferencia del amor de pareja o del amor de amistad, el amor-solidaridad  es una entrega generosa y desinteresada a los/as demás, que sólo busca el bien de la otra persona. Su fuente está en Dios que fue el primero en amarnos (1 Jn 4,19) y quien entregó a su Hijo para reconciliar consigo a los pecadores (Rom 5,8).

El amor-solidaridad es lo que da sentido último a la existencia cristiana, de hecho, es el “camino más excelente” (1 Cor 12,31). El texto de 1 Cor 13 describe las cualidades de todo/a verdadero/a seguidor/a de Jesús, pero sobre todo podemos afirmar que el amor solidario es el valor fundamental que deben tener  aquellas personas que han sido llamadas para realizar una misión profética y pastoral en medio de la comunidad cristiana.

De poco sirve tener la capacidad de hablar en lenguas, o de hablar diferentes idiomas cuando falta el amor. Uno/a puede tener la capacidad de profetizar, pero si no tiene amor, no vale para nada. Incluso puede darse el caso de que uno reparta todo lo que posee a los más pobres, pero no lo haga por amor, sino para ser visto y alabado. Eso no serviría de nada.

Pablo nos describe con precisión los valores y cualidades que deben guiar la vida de la persona que actúa guiada por el amor-solidaridad: paciencia, capacidad de servicio, transparencia, desprendimiento, capacidad de perdón, verdad, justicia. Finalmente señala que no hay verdadero amor sin fe fuerte y esperanza a toda prueba (1 Cor 13,4-7).

El amor-solidaridad nunca pasará, porque es la razón de la vida, de la existencia. Por eso nuestra vida cristiana parte de la experiencia del amor del Dios solidario, y nos impulsa continuamente a compartirlo con las personas con las que vivimos: en la familia, en el trabajo, en la comunidad cristiana, en las organizaciones comunitarias, etc.

Para la revisión personal: ¿Me siento, como Jeremías y Jesús, enviad o enviado a dar la buena noticia a las y los empobrecidos? ¿Realizo la vocación profética que he recibido?

Para la oración de las y los participantes

  1. I.          Por todas las personas que esperan hoy la buena noticia de su liberación, para que haya también hoy profetas que se la anuncien, recemos…
  2. II.         Por todas las personas que sirven al pueblo de Dios con la palabra, los y las agentes de pastoral: predicadores/as, catequistas, pastores/as, educadores/as, animadores/as de comunidades… para que su palabra sea, como la de Jesús, comprometida y eficaz, encarnada y liberadora, recemos…
  3. III.       Por todos/as los/as que optan por los “pobres-objeto”: objeto de nuestra misericordia y beneficencia, pero no por los pobres-sujeto, con fuerza y decisión propia, que van a transformar el mundo y a hacer valer socialmente el Evangelio de la Buena Noticia, recemos…

Exhortación final: La Palabra que hemos escuchado y meditado en el día de hoy nos habla de la vocación profética de Jeremías y del cumplimiento de las profecías de Isaías (Is 61,1-3) en la persona de Jesús. La realización de esa misión conllevará dificultades y conflictos. Sin embargo el/la profeta tendrá que seguir realizando su misión a pesar de todo, aunque no pueda contar con el amor solidario de su comunidad.


Reflexiones bíblicas para el mes de diciembre 2009

diciembre 3, 2009

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDOM)

C/ 3 No. 9. El Milloncito, Sabana Perdida. Santo Domingo Norte. Rep. Dominicana

Tel/fax. 809-568-8560. E-mail: rebido@gmail.com, rebido07@yahoo.es

Reflexiones bíblicas semanales. Diciembre 2009

PREPAREN EL CAMINO DEL SALVADOR C2ºA (6-12-09)

ENTRADA: Nos reunimos para escuchar la Palabra del Dios de Jesús y sentirnos hermanos y hermanas y proyectar nuestro compromisos, en esta segunda semana del tiempo de Adviento. Juan el Bautista nos invita a preparar el camino de la encarnación de Jesús con la conversión y con la práctica de la justicia. Se nos exige el cambio de mente y de corazón pues con la encarnación de Jesús de Nazaret, el proyecto del Reino de Dios se ha acercado. La salvación humana y divina se ha hecho presente en nuestra vida cotidiana, en las relaciones comunitarias, en nuestras familias.

Celebremos con gozo la presencia de Jesús que es el Camino y el compañero de camino que nos acompaña en el proceso de ir construyendo nuevas relaciones con los hermanos y hermanas, así como con todos los seres vivos que habitan el planeta tierra.

1ªL: Baruc 5,1-9. Jerusalén, lugar de paz y de justicia

I: El autor del libro de Baruc, aunque escribió hacia el s. II a.C., sitúa su escrito en tiempos del exilio de Babilonia. En nombre del Dios Yahvé invita a la Jerusalén que estaba en ruinas y a su gente a quitarse el vestido de luto, porque su divinidad se acuerda de los/as deportados/as; permitirá que regresen a su tierra y allí se establecerán unas relaciones sociales basadas en la justicia y en la paz.

T: Jerusalén, quítate tu vestido de duelo y desdicha y vístete para siempre con el esplendor de la gloria de Dios. Reviste cual un manto la justicia de Dios, ponte como corona la gloria del Eterno; porque Dios mostrará tu grandeza a todo lo que hay bajo el cielo.

Dios te llamará para siempre: “Paz en la justicia y gloria en el temor de Dios.” Levántate, Jerusalén, ponte en lo alto, mira al oriente y ve a tus hijos reunidos del oriente al poniente por la voz del Santo, felices porque Dios se acordó de ellos.

Salieron a pie escoltados por los enemigos, pero Dios te los devuelve, traídos con gloria, como hijos de rey.

Porque Dios ha ordenado que todo cerro elevado y toda cuesta interminable sean rebajados, y rellenados los valles hasta aplanar la tierra, para que Israel  camine seguro bajo la gloria de Dios.

Hasta los bosques y todo árbol oloroso les darán sombra por orden de Dios. Porque él guiará a Israel en la alegría y a la luz de su gloria, escoltándolos con su misericordia y justicia.

Salmo  125: Yahvé ha estado grande con nosotros y nosotras, y por eso, estamos alegres

*          Cuando Yahvé cambió la suerte de Sión creíamos soñar. Se nos llenaba la boca de risa y los labios de alegría.

*          Las naciones decían de nosotros: “Maravillas de Yahvé” Yahvé hizo en nosotros maravillas; rebosábamos de gozo.

*          Haz que cambie, Yahvé, nuestra suerte cual los ríos del desierto. Los que en lágrimas esparcen su semilla en gozo segarán.

*          Se va, con lágrimas se aleja, el que lleva la simiente. ¡Ya viene!, con      júbilo regresa, trayendo

sus gavillas.

2ªL: Filipenses 1, 4-6.8-11. Que el amor crezca entre ustedes

I: Pablo, desde la cárcel, escribe a la comunidad de los Filipenses, a la que tenía un cariño especial; de hecho esta comunidad había mostrado su amor y solidaridad con el apóstol mientras éste estaba prisionero. Pablo reconoce el compromiso que tienen con la causa del Evangelio de la vida plena y reza por ellos y ella para que crezcan en el amor y en la capacidad de discernimiento para practicar el mandamiento del amor solidario.

T: Hermanas y hermanos:  Siempre que rezo por todos ustedes, lo hago con alegría. No puedo olvidar la cooperación que me han prestado en el servicio del Evangelio, desde el primer día hasta ahora. Y si Dios empezó tan buen trabajo en ustedes, estoy seguro de que lo continuará hasta concluirlo en el Día de Cristo Jesús.

Pues Dios sabe que los amo tiernamente en el corazón de Cristo Jesús. Y pido en mis oraciones que el amor crezca en ustedes, y con él alcancen conocimiento y buen juicio en todo. Así sabrán reconocer lo que conviene en cada momento y, caminando con rectitud, llegarán  sin tropiezo al día de Cristo, llevando como fruto maduro, esa santidad que procede de Cristo Jesús, para gloria y alabanza de Dios.

3ªL: Lucas  3, 1-6.  Cambien su manera de vivir y de pensar

T: El evangelista Lucas nos presenta a Juan el Bautista haciendo un llamado para que el pueblo cambie de vida y así se prepare para recibir la predicación de Jesús de Nazaret. El cambio de vida exige la liberación de los egoísmos y las prácticas injustas. De esta manera los/as creyentes se comprometen con la defensa de la vida, con el proyecto de vida y esperanza.

T: Era el año quince del reinado del emperador Tiberio. Poncio Pilato era gobernador de la Judea, Herodes estaba a cargo de la provincia de Galilea, su hermano Filipo a cargo de Iturea y de la Traconítide, y Lisanias a cargo de Abilene.

Los jefes de los sacerdotes eran Anás y Caifás. Ese fue el momento en que Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto.

Juan empezó a predicar su bautismo por toda la región del río Jordán, diciéndoles que cambiaran su manera de vivir para que se les perdonaran sus pecados. Así se cumplía lo que está escrito en el libro del profeta Isaías:

Escuchen ese grito en el desierto: Preparen el camino del Yahvé, enderecen sus senderos.

Rellénense todas las quebradas y aplánense todos los cerros. Los caminos con curvas serán enderezados, y los ásperos suavizados.

Entonces llegará la salvación de Dios y todo mortal la contemplará.

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿Por qué el Adviento nos anuncia un tiempo de alegría y de paz y de justicia?

2. ¿Por qué  es necesario cambiar de mente y liberarse de los pecados?

3. ¿Cuál es el compromiso que debe asumir el pastor o la pastora con su comunidad?

1.Tiempo de alegría, de paz y de justicia

Ninguno de los grandes profetas del pueblo de Israel se resignó a aceptar la realidad de dolor, de egoísmo e injusticia que ellos descubrían en la sociedad que les tocó vivir. Creían profundamente en la posibilidad de la realización de un proyecto de sociedad fundamentado en los valores del amor, la justicia y la libertad, en la capacidad de compartir ilusiones para ir creando una sociedad más humana y más fraterna en donde los/as más empobrecidos/as y excluidos/as sociales tuvieran mejores condiciones de vida.

El autor del libro de Baruc, aunque escribe hacia el s. II a.C. , sitúa su escrito en el tiempo del exilio de Babilonia. Jerusalén estaba en ruinas, una parte del pueblo prisionero en Babilonia, otra como esclava. Los/as campesinos/as que quedaban en la tierra vivían en una situación difícil porque los militares del imperio habían tomado las mejores tierras para ellos. En medio de esa situación se anuncia la intervención de Dios. Entonces Jerusalén podrá quitarse su vestido de luto y vestirse con el esplendor de su gloria.

Como signo de la alegría de Jerusalén se le cambiará el nombre. Ya no será la ciudad abandonada. Ahora se llamará “paz en justicia”. El pueblo regresado del exilio podrá disfruta de una paz que es el fruto de la justicia. Por eso el salmista dirá: “Cuando el Yahvé cambió la suerte de Sión creíamos soñar: se nos llenaba la boca de risa y los labios de alegría”(Sal 125,1-2).  Ahora cambia la suerte de los hombres y mujeres del campo. Antes sembraban en medio de lágrimas; ahora cosechan con gozo. Y los frutos más preciados son la justicia y la paz. En la primera lectura que hemos hecho hoy Baruc afirma: “Dios guiará a Israel con alegría a la luz de su gloria, con la misericordia y la justicia que vienen de él.”(Ba 5,9). El escritor expresa su convicción de que Dios está presente en medio del caminar de su pueblo.

La primera lectura de hoy nos invita, como comunidad de fe y amor solidario, a seguir soñando con una sociedad más humana y más justa. Se nos llama a comprometernos en su construcción con la conciencia clara que no es fácil sembrar con lágrimas, con lamentos, sin que se pueda cosechar muchas veces con alegría. Con frecuencia nos pasa como a esos/as campesinos/as nuestros/as que siembran con tristeza y cosechan un fruto que se daña o que no se vende. Todo esto trae más tristeza y desesperanza. Sin embargo, estamos conscientes de que es necesario seguir sembrando la semilla de la justicia que tarde o temprano hará germinar la paz y una sociedad más alegre y más fraterna.

2. Cambiar de mente y liberarse de las injusticias

Juan el Bautista comienza su predicación y afirma decididamente: “Cambien su vida y su corazón, porque el Reino de los Cielos se ha acercado” (Mt 3,2). La razón fundamental para hacer el llamado al cambio de vida es la propuesta de un proyecto de vida plena en medio de la humanidad; dicho proyecto se hace más claro y preciso con la presencia del Salvador que Juan el Bautista está anunciando.

Hasta la llegada de Juan Bautista y de Jesús, un buen grupo del pueblo de Israel intentaba vivir según los mandamientos del Dios Yahvé. Sin embargo, ahora el Proyecto divino se ha acercado. El hace un llamado a todos los hombres y mujeres de corazón noble para que asuman un Proyecto de vida justa, transparente, coherente y solidaria y se comprometan en su construcción.

El nuevo proyecto de vida, sin embargo, exige romper con lo viejo, con la simple tradición. Porque no se trata de seguir viviendo siempre lo mismo. El nuevo proyecto –llamado por Jesús “Reino de Dios” invita a abrirse a la novedad, pues cada día exige construir la justicia y la libertad y compromete cotidianamente con la construcción de una sociedad alternativa, en donde haya unas relaciones de amor, justicia y servicio desinteresado a los/as hermanos y hermanas más débiles, empobrecidos/as y excluidos/as.

El intento por cambiar de mente y de corazón; es decir de forma de pensar y de sentimientos, lleva necesariamente al esfuerzo por liberarnos del egoísmo, de la ambición y de las injusticias que se convierten en una esclavitud. Sólo los hombres y mujeres que son capaces de vivir en una continua actitud de liberarse del pecado, pueden decir que están cambiando su mente y su corazón.

La conversión que exige el Proyecto del Reino no es algo que se realiza de una vez para siempre. Nos pide el esfuerzo cotidiano por arrancar de nuestras mentes y de nuestro corazón todo aquello que nos esclaviza, que nos impide realizar lo que Dios quiere.

Como comunidad de fe estamos llamados/as a la conversión continua, al cambio de forma de pensar para que podamos ser constructores/as del Reino de Dios. Eso nos exige el compromiso con la liberación del pecado personal y del pecado de injusticia estructural que hay en nuestra sociedad. Una Iglesia que se acomodara totalmente a la cultura de un pueblo, a un sistema económico, hasta el punto que no supiera distinguir entre la paja y el buen grano, sería una Iglesia ineficaz para llamar a la conversión a ese pueblo, o a ese sistema económico.

3. El compromiso de cada pastor con la comunidad

La realización del Proyecto de Dios exige que haya comunidades de hombres y mujeres que tomen en serio su misión de ser testigos/as del amor liberador de Dios en medio de la realidad en la que viven. Y las comunidades necesitan de pastores/as que tengan el corazón de Jesús, que sean capaces de acompañar a las comunidades en su camino de fe y de amor solidario.

Pablo de Tarso es sin lugar a dudas un modelo de pastor comprometido con las comunidades cristianas por él fundadas. Su relación con la comunidad de los Filipenses se convierte en modelo de la integración de un pastor con su comunidad y del cariño y  la colaboración que tiene que desarrollar la comunidad con su pastor.

El pastor comprometido con su comunidad tiene unas relaciones cercanas con cada una de las personas que forman parte de la misma: “Pues Dios sabe que los amo tiernamente en el corazón de Cristo Jesús. Y pido en mis oraciones que el amor crezca en ustedes, y con él alcancen conocimiento y buen juicio en todo” (Flp 1,8-9). Sin dudas la integración del pastor con su comunidad y de la comunidad con su pastor ayuda mucho a que se haga realidad el deseo de Jesús de que haya un solo rebaño con un solo pastor (Jn 10,16).

Muchos/as de nosotros/as tenemos ministerios pastorales en las comunidades. A todos/as se nos invita a imitar las actitudes de Pablo en su cercanía a las comunidades. De esta manera, vamos haciendo posible el fortalecimiento de unas comunidades que se convierten en espacio de personas que cambian, que transforman su realidad personal y social, como fruto maduro de su compromiso con el Reino de Dios.

Para la revisión de vida personal y comunitaria: Preparan el camino del Yahvé, enderecen sus senderos… ¿qué caminos torcidos hay en mi vida? ¿Qué caminos torcidos hay en mi familia, en mi comunidad, en mi país? ¿Qué es lo que El quiere que yo enderece en mi vida personal y en esta sociedad?

Para la oración de las y los participantes:

  1. I.          Para que en este tiempo de Adviento alimentemos nuestra esperanza y la de los demás, dando testimonio concreto, con nuestro compromiso, de que el mundo puede cambiar y de que la esperanza es posible, roguemos…
  2. II.         Por todas las personas que tienen vocación de ser profetas, para que no se cansen de realizar su

misión aunque sientan que son “una voz que clama en el desierto…” roguemos…

  1. III.       Por todas las personas que luchan en sus comunidades, en las organizaciones comunitarias, en sus iglesias, para que se mantengan firmes y sean motivo de esperanza para su pueblo, roguemos…

Exhortación final: En esta segunda semana de adviento la Palabra de Dios nos ha abierto las puertas de la esperanza. Nos ha hablado de la necesidad de preparar el camino del Dios que viene, convirtiéndonos en comunidades comprometidas con el Proyecto de vida plena, con la conciencia de que Jesús es el Camino y al mismo tiempo el compañero inseparable de nuestro camino.


ESTEN SIEMPRE ALEGRES  C3ªA (13-12-09)

ENTRADA: En esta tercera semana del tiempo de adviento las lecturas de hoy nos invitarán a alegrarnos ante la proximidad de la celebración del nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios. Se nos invita a preparar su venida, con la disposición sincera de compartir lo que tenemos, porque como dice el apóstol Pablo, hay más gozo en dar que en recibir.

Celebremos pues con alegría, la proximidad del nacimiento de Jesús, que nos guía y nos fortalece en camino de fe y de solidaridad que hemos decidido  recorrer.

1ªL: Sofonías  3, 14-18a. Grita de gozo Jerusalén

I: El profeta Sofonías invita a la ciudad de Jerusalén a alegrarse porque Dios ha alejado de la ciudad el peligro que representaba el poderoso imperio asirio que amenazaba con destruirla. Se invita a Jerusalén  a la alegría y al regocijo. La presencia de Dios en medio de su pueblo es suficiente garantía, pues él es como un poderoso guerrero que defiende a Israel y le da la salvación.

T: ¡Grita de gozo, oh hija de Sión, y regocíjate, oh gente de Israel! ¡Canta alegre, con todo el corazón, hija de Jerusalén! Yavé ha levantado la sentencia en que te condenaba, ha alejado de ti a tus enemigos.

No tendrás que temer desgracia alguna, pues contigo está Yavé, rey de Israel. Ese día le dirán a Jerusalén: “¡No tengas ningún miedo, ni te tiemblen las manos! Yavé, tu Dios, está en medio de ti como un héroe que salva, él saltará de gozo al verte a ti y te renovará su amor.

Por ti lanzará gritos de alegría como en días de fiesta.”

Salmo: Is 12,2-3.4-6: Griten jubilosos: “Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel”.

*          ¡Vean cómo es el Dios que me salva! Me siento seguro y no tengo más miedo, pues Yahvé es mi fuerza y mi canción, él es mi salvación.

*          Ustedes dirán, ese día: ¡Denle las gracias a Yahvé, aviven su Nombre!

Publiquen entre los pueblos sus hazañas, repitan que su Nombre es sublime.

*          ¡Canten a Yahvé, porque ha hecho maravillas que toda la tierra debe     conocer!

¡Grita de contento y de alegría, oh Sión, porque grande es, medio de ti, el Santo de Israel!”

2ªL: Filipenses  4, 4-7. Alégrense en el Dios solidario

I: En su carta a los Filipenses, Pablo les invita a estar alegres pues forman parte de un pueblo comprado con la sangre preciosa de Jesús. No debemos permitir que nadie nos quite esa alegría que sólo Dios da; por eso se nos invita a no inquietarnos por nada, sino a mantener la calma y la paz que son el fruto del Espíritu de Dios que nos guía en la lucha de cada día.

T: Hermanos y hermanas: Alégrense en el Señor en todo tiempo. Le repito: alégrense, y den a todos muestras de un espíritu muy comprensivo. El Señor está cerca: no se inquiete por nada. En cualquier circunstancia recurran a la oración, y a la súplica, junto a la acción de gracias.

Entonces la paz de Dios, que es mucho mayor de lo que se puede imaginar, les guardará su corazón y sus pensamientos en Cristo Jesús.

3ªL: Lucas  3,10-18. Compartir lo que tenemos

T: Mientras Juan bautizaba en el río Jordán, la gente le pregunta sobre la conducta que deben llevar después de ser bautizados. Juan les da algunas normas de comportamiento para vivir de acuerdo con las exigencias del mandamiento del amor solidario de Dios. Los que así actúan serán bautizados en el Espíritu Santo, se comprometerán con Jesús y con su Proyecto de amor.

T: En aquel tiempo la gente  preguntaba a Juan Bautista: “¿Qué debemos hacer?” El les contestaba: “El que tenga dos capas de una al que no tiene, y quien tenga qué comer haga lo mismo.” Vinieron también los cobradores de impuestos para que Juan los bautizara. Le dijeron: “Maestro, ¿qué tenemos que hacer?” Respondió Juan: “No cobren más de lo debido.” A su vez unos soldados le preguntaron: “Y nosotros, ¿qué debemos hacer?” Juan les contestó:  “No abusen de la gente, no hagan denuncias falsas y conténtense con lo que les pagan.”

El pueblo estaba en la duda y todos se preguntaban interiormente si Juan no sería el Cristo. Por lo que Juan hizo a todos esta declaración: “Yo los bautizo con agua, pero ya viene el que es más poderoso que yo, al que no soy digno de soltarle los cordones de su zapato; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en la mano la pala para limpiar el trigo en su tierra y recogerlo después en su granero. Pero la paja, la quemará en el fuego que no se apaga.”

Y con muchas otras palabras anunció la Buena Nueva al pueblo, hasta que Herodes lo hizo encarcelar.

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿Cuáles son los motivos que tenemos para vivir alegres?

2. ¿Por qué los/as creyentes tenemos que vivir y trabajar sin miedo?

3. ¿Cómo fortalecer el compromiso de solidaridad que crea mejor vida?

1. El llamado a vivir en la alegría

Las lecturas que hemos leído hoy hacen un llamado a la alegría. Y ¿cuáles son los motivos para la alegría? ¿Tenemos muchos motivos para estar alegres, si tenemos en cuenta la difícil situación en la que viven la mayor parte de las personas que habitan esta isla quisqueyana, en Cuba, en el Caribe y en los países más empobrecidos de nuestra América Latina?

En la primera lectura el profeta Sofonías invita a Jerusalén y a sus habitantes a saltar de alegría, porque la ciudad santa estaba sentenciada a ser destruida por el poderoso imperio asirio y Yahvé no lo ha permitido. Por eso el pueblo tiene motivos de alegría. Pero el mismo Dios se alegra por la suerte de la ciudad. Esta es como una novia a la que Yavé mira con amor conyugal: “El saltará de gozo al verte a ti y te renovará su amor. Por ti lanzará gritos de alegría como en días de fiesta.” (Sof 3,17).

En el salmo responsorial que hemos leído hoy, tomado de Isaías 12,2-3.4-6 se nos invita a sacar agua con alegría de los pozos de la salvación. Se invita al pueblo a gritar de alegría y de contento porque grande es en medio de su pueblo el Dios de Israel  (Is 12,6).

En la segunda lectura que hemos leído Pablo invita a los/as cristianos/as de Filipos a alegrarse en el Señor en todo tiempo y a mostrar indulgencia y misericordia en las relaciones con los demás.

El auténtico motivo de la alegría cristiana es la fe en la presencia del Señor entre nosotros/as. Una presencia invisible, pero real y eficaz. ¿Es posible vivir la alegría de la espera de la Navidad, en la América Latina de estos días de hambre y miseria?, se preguntaba el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez. Y proseguía: “Comencemos por reconocer que no es una pregunta fácil. No podemos responder un sí superficial, olvidadizo de que no sólo de oraciones viven los seres humanos; pero tampoco podemos dejar de lado que las fuentes de la alegría son hondas y constituyen reservas de esperanza y de transformación de la vida humana. La alegría persiste tercamente en medio del sufrimiento impidiendo que éste se convierta en tristeza, en amargura, en encierro de sí mismo. Esto sería trágico en momentos que se necesita una gran solidaridad entre los pobres mismos.

Como comunidad cristiana nos podemos preguntar si podemos tener motivos para estar alegres en medio de la situación en que vivimos. Y si somos realmente cristianos/as deberíamos encontrar motivos para vivir con paz y alegría en medio de las dificultades más grandes de la vida. Y es que la conciencia de saber que estamos viviendo de acuerdo a los mandamientos del Dios vivo y colaborando con su Proyecto de Vida, es más que motivo suficiente para vivir alegres, intentando ser testigos/as de su amor. Y esa es una alegría que nada ni nadie nos la pueden quitar.

2. No tener miedo, se acerca la salvación

El profeta Sofonías invita a la ciudad de Jerusalén y a sus habitantes a no tener miedo, a no permitir que tiemblen sus manos, porque Yavé está en medio de su pueblo como un poderoso guerrero, como un salvador que protege la vida de su pueblo. Y aunque sea un poderoso imperio como el asirio, o el egipcio, el que intente destruir la ciudad santa, no podrán lograrlo si Dios no lo permite. De la conciencia de la presencia de Dios en medio de su pueblo se sacan las fuerzas para sobrevivir en medio de las grandes dificultades.

En el salmo responsorial que hemos leído hoy el creyente afirma decididamente: “¡Vean cómo es él, el Dios que me salva! Me siento seguro y no tengo más miedo, pues Yavé es mi fuerza y mi canción, él es mi salvación.” (Is 12,2). La presencia de Yavé da fuerzas para seguir caminando y para arrancar el miedo que nos pueda venir.

El mismo Jesús nos invitó a no tener miedo ante las dificultades, pues él venció el mundo (Jn 14,27); es decir, él supo enfrentar las dificultades y aunque lo mataron, él está vivo y presente en medio de su pueblo.

La fuerza para vencer el miedo, no nos viene de nosotros/as mismos/as, sino de Dios. Por eso reconocemos nuestra debilidad, pero como dice Pablo, cuando somos débiles, entonces somos fuertes, porque el Espíritu de Dios nos fortalece desde el interior de nosotros mismos.

Pablo, dirigiéndose a los Filipenses les invita a recurrir a la oración en todo tiempo, ya sea oración de petición o de acción de gracias. Y es que la vida cristiana necesita de la oración como diálogo confiado con el Dios que nos salva. De él vienen las fuerzas necesarias para ser testigos de su amor liberador.

La oración se convierte entonces en una fuerza indispensable para ser testigos creíbles del amor de Dios. La oración nos da fuerzas en momentos de crisis, en momentos de dificultades. En la oración reconocemos la presencia de Dios y todo lo que él hace por el bien de su pueblo.

La oración tiene que convertirse, sobre todo, en espacio de escucha de lo que Dios nos quiere decir en cada momento de nuestra vida. Al escuchar la Palabra del Dios vivo y comprometernos con sus exigencias descubrimos un motivo para vivir y para seguir realizando nuestro trabajo en cada una de nuestras comunidades.

La oración es como la savia vital que permite la vida a los árboles y que les permite que den frutos abundantes. Por eso la oración tiene que estar siempre presente en la vida de todo cristiano y en la vida de toda comunidad cristiana.

Como comunidad de fe se nos invita a no tener miedo, a seguir adelante anunciando el evangelio y a alegrarnos cuando tenemos que sufrir dificultades por la causa del evangelio de Jesús.

3. El compromiso de compartir lo que se tiene y de ser personas justas

El texto de Lucas que hemos leído en el evangelio de hoy nos habla del testimonio de Juan Bautista, el precursor. Su predicación impresiona al pueblo de Israel. Tanto que le preguntan: ¿qué debemos hacer?” (Lc 3,10). Es una prueba de que han comprendido lo que se les ha comunicado; de esta manera no se limitan a oír, ni siquiera a decir que están de acuerdo con lo que se les dice; descubren que el bautismo de Juan exige un compromiso. Y la respuesta de Juan no se hace esperar: invita a los/as más sencillos/as del pueblo a compartir lo poco que se tiene: vestidos, comida (Lc 3,10-11). En estos tiempos tan duros para los más pobres, la demanda de Juan Bautista cobra nueva vigencia. Es el momento de convidar a otros/as a nuestra propia comida; es tiempo de seguir luchando para que todos/as tengan comida y mejores condiciones de vida. Es la manera de esperar adecuadamente a Jesús.

Hoy, Juan el Bautista nos quiere transmitir la idea que la conversión implica actos y decisiones concretas, como vemos en las respuestas prácticas con que responde a las preguntas de la gente.

Conversión es compartir con el/la pobre y necesitado/a. “El que tenga dos capas… el que tiene comida… que dé al que no tiene” (Lc 3,10-11).

Conversión es justicia en nuestro trato con los/as demás: “No cobren por encima de los establecido” (Lc 3,13).

Conversión es compasión y misericordia en el uso del poder ( de cualquier clase o importancia), y es austeridad: “No abusen de nadie. No acusen a nadie falsamente. Estén contentos con su paga” (Lc 3,14).

La exigencia básica de la justicia, según la Biblia, es compartir. De esa manera se muestra la verdadera conversión. Y esta nos lleva a compartir lo que tenemos con aquellas personas que no tienen las condiciones mínimas para vivir dignamente y que tampoco tienen la oportunidad de encontrar un trabajo digno en esta sociedad neo-liberal excluyente, donde reina el individualismo y  la ley del más fuerte. Dan frutos de conversión los/as que son capaces de unirse a la lucha de aquellos hombres y mujeres que trabajan para todos/as tengamos mejores condiciones de vida.

Para la revisión de vida personal y comunitaria: A la luz del evangelio que hemos escuchado hoy, ¿Qué debo hacer yo para mostrar los frutos de una sincera conversión? ¿Qué podemos hacer para que en esta navidad nazca efectivamente Jesús a nuestro alrededor?

Para la oración de las y los participantes:

  1. I.          Para que en este adviento sigamos alimentando nuestra esperanza y compartiéndola con las

personas desanimadas, roguemos al Señor.

  1. II.         Para que seamos capaces de preparar la celebración de la navidad con realismo tratando

de hacer que “efectivamente nazca Jesús” a nuestro alrededor, roguemos al Señor.

  1. III.       Para que sepamos ser personas austeras que saben compartir con los/as demás lo que son y lo

que tienen, roguemos al Señor.

Exhortación final: Hemos celebrado con gozo la fe en esta tercera semana de adviento. La palabra nos ha invitado a alegrarnos ante la proximidad del nacimiento de Jesús. Esta celebración fortalecerá nuestra fe. El Dios que se hace persona humana se convierte en compañero de nuestro camino. Por eso no hay motivos para el desánimo; más bien se nos pide continuar con decisión el camino de fe que hemos emprendido.


BENDITO EL FRUTO DE TU VIENTRE C4ºA (20-12-09)

ENTRADA: Estamos ya en el cuarto domingo de Adviento. Esta Misma noche celebraremos el nacimiento de Jesús. Se nos presenta a María como bendita entre las mujeres y como la madre que por su fe permitió la encarnación de Jesús en su vientre. Ella, con su ejemplo de apertura a la Palabra de Dios y su disposición de servicio nos acompaña en este camino de adviento.

Celebremos pues, con alegría, la presencia de María en medio de la comunidad del Hijo que se ha hecho hermano nuestro y que se ha sacrificado para que todos tuviéramos vida en abundancia.

1ªL: Miqueas 5, 1-4a. De Belén saldrá un gobernante para Israel

I: El profeta Miqueas anuncia que un personaje, llamado Mesías nacerá en el pequeño pueblo de Belén. Habla del futuro Mesías como un gobernante que tendrá como misión reunir al pueblo de Israel disperso, guiarlo como un pastor, para que el pueblo viva seguro y pueda tener buenas condiciones de vida, en una sociedad en la que reinen la justicia y la paz.

T: Pero tú, Belén Efratá, aunque eres la más pequeña entre todos los pueblos de Judá, tú me darás a aquel que debe gobernar a Israel; cuyo origen se pierde en el pasado, en épocas antiguas. Por eso, si Yavé los abandona es sólo por un tiempo, hasta que aquella que debe dar a luz tenga su hijo. Entonces volverán a su familia el resto de los hijos de Israel. El se pondrá de pie y guiará su rebaño con la autoridad de Yavé, con la gloria del Nombre de Dios, vivirán seguros, pues su poder llegará hasta los confines de la tierra; El mismo será su paz.

Salmo 79: Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve

*          Escucha, pastor de Israel, que guías como rebaño a José. Oh Dios, sentado en los querubines, manifiéstate; despiértate entre Efraín, Benjamín y Manasés, y ven a salvarnos.

*          Oh Dios de los Ejércitos, restablécenos, muestra tu rostro alegre y nos salvaremos. Habías traído una viña de Egipto; echaste los pueblos ante ella y la plantaste; echó raíces y llenó la tierra.

*          Que tu mano apoye a tu rey, al hijo del hombre que has confirmado para ti. Ya no nos alejaremos de ti, tú nos devolverás a la vida e invocaremos tu Nombre.

2ªL: Hebreos  10, 5-10. Jesús, un hermano solidario

I: En la lectura de la carta a los Hebreos que hacemos a continuación se nos presenta a Jesús como una persona que entrega su vida en sacrificio por sus hermanos y hermanas. Mientras que los sacerdotes ofrecían sacrificios de animales por los pecados del pueblo, Jesús hace el sacrificio de sí mismo y de esta manera santifica a sus hermanos/as y demuestra su solidaridad con todos sus hermanos y hermanas.

T: Hermanos y hermanas: Por eso, al entrar Cristo al mundo dice: “Tú no quisiste sacrificio ni ofrenda, sino que me formaste un cuerpo. No te agradaron los holocaustos ni los sacrificios por el pecado. Entonces dije: Mira, aquí vengo; de mí se dijo lo que está en el libro; cumpliré, oh Dios, tu voluntad.”

Comienza por decir: “Sacrificios por ofrendas, holocaustos, sacrificios por el pecado, no los quisiste ni te agradaron”; y sin embargo, es lo que pedía la Ley. Después sigue: Aquí estoy para cumplir tu voluntad; con esto, anula el antiguo testamento y establece el nuevo. Ahora, conforme a esta voluntad de Dios, somos santificados de una vez, por  el  sacrificio que Cristo Jesús hace de sí mismo.

3ªL: Lucas 1,39-45. Bendita eres entre todas las mujeres

I: El evangelio según Lucas nos narra hoy el encuentro entre María y su prima Isabel, mientras ambas se encontraban embarazadas. Ante la visita de María, Juan Bautista se alegra desde el vientre de su madre e Isabel, llena del Espíritu Santo, reconoce a María como una mujer especial entre todas las mujeres, al mismo tiempo que reconoce su fe en las promesas de Dios.

T: Por esos días, María partió apresuradamente a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. Entró a la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo y exclamó en alta voz: “¡Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!  ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi Señor? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en mis entrañas. ¡Dichosa por haber creído que de cualquier manera se cumplirán las promesas del Señor!”

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿En qué se diferencia Jesús del Mesías esperado por el pueblo de Israel?

2. ¿Por qué María es bendita entre las mujeres?

3. ¿Por qué podemos afirmar que María es modelo de una mujer creyente?

1. El Mesías-pastor que nace en Belén

El profeta Miqueas anuncia que en Belén nacerá un jefe para Israel. Ese jefe será un pastor que tendrá el encargo de guiar a su pueblo, incluyendo a aquellos/as que fueron deportados/as por el imperio asirio hacia el año 721 a.C.

El gobernante esperado pastoreará a su pueblo de tal manera que se creará un tiempo de tranquilidad y sosiego, en éste la paz no tendrá fin. También el profeta Isaías, contemporáneo de Miqueas, habla de un niño que será rey y que tendrá la misión de gobernar a su pueblo: “Porque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado… Grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia” (Is 9,5-6).

Hoy, el profeta Miqueas subraya dos cosas sobre el Mesías esperado: Belén será el lugar del nacimiento de Jesús, que desde este lugar Jesús se mostrará a sí mismo como el buen pastor de su pueblo y fuente de paz.

Cuando a María se le anuncia que va a tener un hijo se le dice de él: “El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin” (Lc 1,33).

Como podemos ver, los judíos esperaban a un rey poderoso que implantaría el derecho y la justicia en la tierra por la fuerza. Sin embargo, el Dios que nos vino fue diferente. Aun siendo de la familia de David, no tiene más poder que el que nace de su Palabra y  del amor de sus acciones en favor de los/as necesitados/as y excluidos/as sociales.

El nacimiento en Belén, pueblecito sin importancia, nos habla de la sencillez de Dios. El escoge el camino de la humildad y hace nacer a su Hijo en medio de los/as humildes. Ese Dios que nace se convierte en un buen pastor para Israel, en alguien que se compadece de su pueblo.

Al acercarnos a la fiesta del nacimiento de Jesús, contemplamos la humildad de Dios, su opción por lo pequeño y lo débil y su deseo de que su Hijo se convierta en nuestro pastor, que nos enseña que Dios siempre prefiere los medios humildes para mostrarnos su amor liberador.

2. El encuentro entre dos mujeres embarazadas

El evangelio que hemos leído hoy nos presenta el encuentro entre dos mujeres embarazadas: María e Isabel. De alguna manera el evangelista Lucas quiere decirnos que la vida y la misión de los hijos de estas dos mujeres, Juan y Jesús, estaban relacionadas desde el tiempo en que estaban en los vientres de sus respectivas madres.

María, la mujer galilea, va a Judá a la región donde su hijo será rechazado y condenado a muerte  (Lc 1,39) . Al  encontrarse con María, el niño que estaba en el vientre de Isabel “salta de gozo” (Lc 1,41.44). La alegría es la primera respuesta a la venida del Mesías. Sentir la alegría porque nos sabemos visitados/as y amados/as por Dios es prepararnos adecuadamente para la Navidad.

Isabel pronuncia una doble bendición. Lucas señala que lo hace “llena del Espíritu Santo” (Lc 1,41). María es reconocida como “bendita entre las mujeres” (Lc 1,42); su condición de mujer es destacada, al mismo tiempo que se la considera amada y privilegiada por Dios. Por eso se afirma además: “bendito es el fruto de tu vientre” (Lc 1,42).

En este camino de adviento contemplamos, como comunidad creyente, a María como la madre escogida por Dios que nos regala el fruto de su vientre, Jesús. Ante ese hecho sólo nos queda dar gracias a Dios por el ejemplo y el compromiso de María para traernos a Jesús, el Hijo encarnado de Dios.

3. María, madre mujer creyente

En su diálogo con María, Isabel destaca la fe de la madre de Jesús: “¡Dichosa por haber creído que de cualquier manera se cumplirán las promesas del Señor” (Lc 1,45).  Es significativo que Isabel diga a María: “¡Dichosa por haber creído!”, y no únicamente: “¡Dichosa por haber concebido!” (Lc 1,45). El evangelista destaca la fe de María que le permite acoger en su seno al Hijo de Dios. De hecho cuando se le anunció el embarazo no comprendía cómo podía suceder sin la intervención de ningún hombre. Pero a pesar de que no entendería mucho las palabras del ángel que le comunicaba que la encarnación se realizaría por obra del Espíritu Santo, ella afirma: “Yo soy la servidora del Señor; hágase en mí lo que has dicho” (Lc 1,38).

A continuación del texto que hemos leído hoy el evangelista Lucas nos pone en boca de María un himno en el cual se expresa su fe. De hecho María cree en el Dios Salvador, en el Dios Santo, que mira la condición humilde de sierva (Lc 1,46-47); que arruina a los soberbios, los quita de los tronos y pone en su lugar a los humildes (Lc 1,51-52); que repleta a los hambrientos de todo lo que es bueno y que despide vacíos a los ricos (Lc 1,53); que guía como un padre a su pueblo, tomándolo de la mano, mostrándole su amor y su misericordia. Finalmente, María cree en el Dios que cumple las promesas hechas a su pueblo (Lc 1,55).

María por ser mujer de fe está abierta para el servicio. Ante la propuesta de Dios, ella no tiene miedo en afirmar: “Yo soy la servidora del Señor” (Lc 1,38). Y cuando su prima la necesita, no duda, aun estando ella también embarazada, en recorrer un largo camino para ponerse al servicio de Isabel que ya estaba en los últimos meses de su embarazo. No se trató, por tanto, de una simple visita: “María se quedó con Isabel cerca de tres meses, y después volvió a su casa” (Lc 1,56).

Para la revisión personal y comunitaria: ¿Cómo voy a vivir esta semana de adviento-navidad? ¿Cómo voy a acoger al Dios humanizado en Jesús?

Para la oración de las y los participantes:

  1. I.          Por todas las personas de nuestra sociedad especialmente por los/as más necesitados/as

para que acojan la venida del Dios-con nosotros, roguemos al Señor.

  1. II.         Para que el ambiente social navideño vaya acompañado en nuestras vidas por una vivencia

intensa del misterio que celebramos en la navidad, roguemos al Señor.

  1. III.       Para que el ambiente de la navidad ayude a crear en nuestros hogares el necesario clima

de amor, y ternura que colabore con la unidad familiar, roguemos al Señor.

Exhortación final: Hemos celebrado nuestra fe en esta cuarta semana de adviento. Dentro de unos días celebraremos el nacimiento de Jesús, el Salvador y liberador. Con María, mujer, madre y creyente nos ponemos en disposición para acoger al niño en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestro país y así ser signos de esperanza y de cambio, comprometiéndonos para que haya justicia, trabajo techo y pan y así pueda haber paz en esta sociedad estructuralmente violenta e injusta.

HOY NOS HA NACIDO UN SALVADOR Y UN LIBERADOR CTN (25/12/09)

ENTRADA: En este día celebramos el naci­miento de Jesús. Sabemos que hace ya mucho tiempo que Jesús nació en un pue­blecito humilde llamado Belén, a las afueras de Jerusalén. A Nosotros/as, sus seguidores y seguidoras nos da mucha alegría recordar hoy ese acontecimiento y hacerlo presente en nuestra comunidad. Descubrimos la importancia de dar gracias a Dios por este gran amor que El nos ha tenido, cuando permitió que su Hijo se hiciese uno de nuestra raza para salvarnos y liberarnos.

Celebremos, como comunidad de fe y de amor, este gran acontecimiento que no tiene comparación en la historia de la humanidad.

1ªL: Isaías 9,1-3.5-6. Un niño nos ha nacido. Un hijo se  nos ha dado

I:  El texto que leeremos a continuación es un poema, surgido en torno al año 721 cuando el imperio Asirio destruyó al reino del Norte, Israel. En medio de la situación de amenaza para el reino de Judá se afirma que Dios librará a su pueblo del yugo de los Asirios. Además, se anuncia el nacimiento de un niño, el Emmanuel, Dios con nosotros. Entonces lo esperaban como un rey, descendiente de David, cuyo imperio no tendría fin, y que gobernaría con el derecho y la justicia.

T:  El pueblo de quienes caminan en la noche, divisaron una luz grande; habi­taban el oscuro país de la muerte, pero fueron iluminados e iluminadas.

Tú los has bendecido y multiplicado, los has colmado de alegría, por eso están de fiesta y te celebran, como los trabajadores al terminar la cosecha, como los combatientes después de la victoria.

El yugo que soportaban, y la vara sobre sus espaldas, el látigo de su capataz, tú lo quiebras como en el día de Madián.

Los zapatos que hacían retumbar la tierra y los mantos manchados de san­gre van a ser quemados: el fuego los devorará.

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; se le pone en el hombro el distintivo del rey y proclaman su nombre: “Este es el Consejero ad­mirable, el Héroe divino, el Padre que no muere, el Príncipe de la paz”.

Su imperio no tiene límites, y, en adelante, no habrá sino paz para el Hijo de David y para su reino.

Salmo 95: Hoy nos ha nacido un hermano, un Salvador

*          Canten a Yahvé un canto nuevo, cante a Yahvé toda la tierra. Canten y bendigan a Yahvé. Su salvación proclamen diariamente.

*          Su salvación proclamen diariamente. Cuenten a los paganos su esplendor y a los

pueblos sus cosas admirables.

*          ¡Gozo en el cielo, júbilo en la tierra!, resuene el mar, todo lo que encierra. Salten de gozo el campo y sus productos, alégrense los árboles del bosque.

*          Delante de Yahvé, porque ya viene, viene a juzgar la tierra:  juz­gará con justicia al universo y a los pueblos según su rectitud.

2ªL: Tito, 2,11-14. Comportarnos como personas responsables

I: Jesús, hecho ser humano para salvarnos, nos muestra el amor sin límites de Dios. El nos invita a comprometernos con seriedad con el Proyecto de Dios y a rechazar todo aquello que nos aleja de los caminos que nos conducen a la vida fraterna y feliz. El también dio su vida por nosotros/as para liberarnos del pecado y de la muerte y vivir de acuerdo a la vocación que Dios nos ha dado, como personas responsables y justas, realizando con responsabilidad y constancia la misión que El nos ha encomendado.

T: Hermanas y hermanos: La gracia de Dios vino a este mundo, trayendo la salvación a todas las personas y educándonos para que, después de rechazada la maldad y las codicias mundanas, vivamos en este mundo como seres responsables, justos y que sirven a Dios. Pues esperamos el día feliz en que se manifestará con su Gloria nuestro magnífico Dios y Salvador Cristo Jesús. El se sacrificó por nosotros/as, para liberarnos de todos los lazos del pecado, y así purificar un pueblo que fuera suyo, dedicado a toda obra buena.

3ªEv: Lucas 2,1-14. Dio a luz a su hijo y lo acostó en un pesebre

I: La siguiente lectura describe el nacimiento de Jesús en Belén, la ciudad del rey  David, su antepasado. De esta manera, Lucas quiere dejar claro que Jesús es descendiente del mejor rey que hubo en la historia de Israel y que se cum­ple la profecía de la permanencia en el tiempo de la familia de David (2 Sm 7,16).

Su nacimiento ocurre en el lugar de los animales, en la pobreza desnuda de un pesebre, porque no había lugar para ellos en la sala común que servía para estar durante el día y dormir por la noche.

Unos pastores, símbolo de la gente más marginada, son invitados para contemplar el gran misterio de un Dios que se hace niño pequeño indefenso para salvarnos.

T: En aquel tiempo, el emperador dictó una ley que ordenaba hacer un censo en todo el imperio. Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse a sus respectivas ciudades. También José, como era descendiente de David, salió de la ciudad de Nazaret de Galilea y subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, para inscribirse con Ma­ría, su esposa, que estaba embarazada.

Cuando estaban en Belén, le llegó el día en que debía tener su hijo. Y dio a luz su primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la sala común.

En la región había pastores que vivían en el campo y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. El ángel del Señor se les apareció y los rodeó de claridad la Gloria del Señor, y todo esto les produjo un miedo enor­me.

Pero el ángel les dijo: “No teman, porque yo vengo a comunicarles una buena nueva que será motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy ha naci­do para ustedes en la ciudad de David un Salvador que es Cristo Señor. En esto lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acos­tado en una pesebrera. De pronto aparecieron otros ángeles y todos alababan a Dios, diciendo: “Gloria a Dios en lo más alto del cielo, y en la tierra, gracia y paz a las personas”.

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿Por qué nació Jesús en un pesebre?

2. ¿Por qué fueron los pastores los llamados a visitar al niño Jesús recién nacido?

3. ¿Por qué Dios decidió hablarnos por medio de su Hijo?

4. ¿Por qué podemos afirmar que Jesús es una luz de solidaridad en medio de las tinieblas del mundo?

1. Un niño que nace en un pesebre

El pueblo judío estaba esperando al Mesías, a un personaje de la corte real que les libraría del yugo de los diferentes imperios que dominaron la tierra de Palestina; pero nunca se iba a imaginar que éste personaje pudiera a nacer en un pesebre, en el lugar de los animales. Se decía que el Mesías iba a ser descendiente de David; por lo tanto, un príncipe real. Aunque en el tiempo de Jesús ya hacía tiempo que se había interrumpido la conexión con la familia real de David, puesto que el rey Herodes no era de la familia de David, y ni siquiera era de origen judío, se esperaba que el Mesías naciese en el palacio real.

Conociendo el estilo de las casas del tiempo de Jesús, tal como lo ha demostrado la ciencia de la arqueología, las familias solían tener una sala común que servía para muchos usos: comer, dormir, sala de estar… Es de supo­ner que en la casa de la familia de José, que probablemente era de Belén, no había lugar para María y José en la sala común y sí encontraron puesto en el lugar de los animales.

Es frecuente en este período de Navidad decir que Jesús nace en cada familia y en cada corazón cristiano. Esos “nacimientos” no deben dejar hacernos olvidar el hecho primero y fundamental: Jesús nació de María en el seno de un pueblo dominado por el imperio más grande de la época: el romano. Para el/la cristiano/a la Navidad manifiesta la entrada definitiva de una divinidad revolucionaria en la historia humana. Navidad de la pequeñez y el servicio, en medio del poder de dominación y la prepotencia de los grandes de este mundo. Entrada, por tanto, con olor a establo.

El Dios de Jesús preparó el lugar más humilde para que su hijo naciese. Jesús, desde su nacimiento, muestra su preferencia por lo humilde, por lo pobre, lo excluido, por lo alejado de los centros de lujo y de poder. Allí en la marginalidad, Jesús se hizo hermano nuestro, la Palabra se hizo carne.

El ejemplo del niño que nace en un pesebre, se convierte en un desa­fío para nuestras comunidades cristianas que están formadas en su mayoría por gente humilde y que tienen como compromiso la opción preferencial por los po­bres, marginados y excluidos por el sistema neoliberal y por la dictadura económica que éste impone. Y es que su mismo Maestro nació en el más humilde de los lugares.

2. Los pastores son llamados a visitar al niño recién nacido

El Evangelio de Lucas (Lc 2,8-18) nos habla de unos pastores que estaban en los alrededores de Belén y que fueron a visitar al recién nacido con su familia. ¿Qué importancia tiene que precisamente los escogidos para visitar al recién nacido hayan sido unos pastores? Es importante señalar que en el tiempo en el que nació Jesús el oficio de Pastor era una de las profesiones más despreciadas. Los pastores tenían la fama de ser ladrones porque, en algu­nas ocasiones, incluían en sus rebaños algunas ovejas que no eran de su pro­piedad.

Precisamente a un tipo de gente marginada y despreciada se les anuncia el nacimiento del hijo de Dios en un pesebre. Ellos/as, los/as humildes, son por tanto, los/as primeros/as testigos/as de un Dios humilde que ha nacido en el lugar de los animales. De esta manera Dios sigue demostrando su preferencia por los humildes y los sencillos. Durante su predicación Jesús va a confirmar esta opción de Dios por los humildes e indefensos cuando expresó: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sa­bios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños/as. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar” (Lc 10,21-22).

El Evangelio de Mateo (Mt 2,1-12) no nos habla de la visita de los pas­tores, sino más bien de los magos venidos de Oriente. Sólo Mateo nos habla de estos magos de Oriente. Todos/as conocemos cómo se ha creado toda una tradición en torno a los reyes magos. Sin embargo, la mayor parte de los/as estudiosos/as de la Biblia cree hoy que el relato de los magos es más bien una leyenda que quiere dejar un mensaje: mientras los de dentro no se dan cuenta de que les ha nacido el Mesías, tienen que venir gente de fuera a reconocerle.

A nosotros/as, como comunidad cristiana, se nos invita a contemplar al niño nacido en un pesebre desde la humildad y la sencillez de los pastores, para entender su opción decidida por los humildes, los pobres, sencillos y marginados que son los/as preferidos del corazón misericordioso de Dios Padre, que nos ama con la ternura de una Madre.

3. El Dios de Jesús nos ha hablado por medio de su Hijo

Desde todos los tiempos Dios ha intentado comunicarse con los seres hu­manos. Y es que nosotras y nosotros fuimos hechos a su imagen y semejanza (Gn 1,26). A través de la historia él utilizó muchos métodos para comunicar su mensaje a las personas. Los portavoces preferidos por Dios fueron los profetas que sa­bían interpretar la voz de Dios en medio de los acontecimientos de su pueblo.

Entre todos los personajes de la antigüedad, que sirvieron como portavo­ces de Dios, Moisés fue considerado por el pueblo judío como el más importante y el que estaba más cerca de Dios. De hecho, de él dice el libro de los Números: “Si hay entre ustedes un profe­ta, me muestro a él en visiones y le hablo por medio de sueños. Pero no así como mi siervo Moisés: él es el encargado de toda mi casa. Cara a cara hablo con él abierta y claramente y dejo que él vea mi forma” (Nm 12,5-8). Jesús, sin embargo, supera a Moisés en su cercanía a Dios. El y el Padre son la misma cosa (Jn 14,10). De tal manera que escuchando su Palabra tenemos la certeza de que estamos oyendo las palabras del mismo Dios.

Como comunidad cristiana debemos ponernos a la escucha de la Palabra de Dios leída desde nuestra realidad, para ponerla en práctica en nuestro medio ambiente. Dios nos habla a través de la realidad y a través de su Palabra. Si estamos atentos/as a las exigencias de la realidad, y estos desafíos los ilu­minamos con la Palabra de Dios, estaremos en el camino de ir dando las repuestas adecuadas que el Señor nos pide en cada momento de nuestra vida.

4. Una luz de solidaridad en medio de las tinieblas de este mundo

Isaías, el gran profeta del período navideño, nos recuerda que “el pueblo que andaba a oscuras vio una gran luz” (Is 9,1). Esta oscuridad se encuentra en nuestros días en la enorme pobreza en que vive la gran mayoría de la humanidad, en la creciente brecha entre naciones y personas que disponen de la mayor parte de los recursos del planeta, y los pueblos y personas que el orden -o mejor dicho desorden- internacional del neo-liberalismo capitalista excluye cada vez más de la participación de los más elementales bienes de este mundo.

Pero, las verdaderas tinieblas no se encuentran, por lo general, en aquellas personas que sufren las consecuencias de un orden económico internacional injusto. La raíz -no la causa única- de ella está en el olvido de la dignidad humana de los/as empobrecidos/as y de su condición de hijas e hijos de Dios. Así de simple y de inhumano. Y esto vale también, para quienes, como sucede también en nuestro país, en América Latina y el Caribe, viven en los países pobres de espaldas a sus propios pueblos. Hablar de pobreza es describir un estado de cosas, hablar de injusticia es calificar moralmente el asunto. La injusticia constituye, en efecto, el núcleo de la oscuridad a la que nos estamos refiriendo.

Las innumerables personas de buena voluntad, que tanto en los países ricos como en los empobrecidos buscan dar un testimonio cristiano creando organizaciones de solidaridad y grupos de defensa de los derechos humanos, enfrentando un sistema económico que excluye a los más débiles de la sociedad, haciendo gestos de solidaridad y amistad hacia los/as olvidados/as de este mundo, son signos de luz en medio de tanta oscuridad.

El evangelio de Juan que hemos leído señala que: “En la Palabra había vida, y la vida era la luz de cada persona (…). Vino a su casa y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da el poder para ser hijas e hijos de Dios, si creen en su nombre.” (Jn 1,9-12). Y los hijos/as de Dios son los/as que se convierten en luces que transformarán, poco a poco, las tinieblas amenazantes en una noche humana, festiva y luminosa. Así haremos que la esperanza de ver “una gran luz” comience a convertirse en una realidad, en una esperanza encarnada, como Jesús que renace entre nosotros/as. En ese caso ésta habrá sido una Navidad más, en la que nuestra esperanza y nuestra alegría crecerán. Si dejamos de realizar nuestra tarea por egoísmos o simplemente por miedo, ésta será una Navidad menos en nuestras vidas.

Para la revisión personal: ¿Qué significa para mí la celebración de la Navidad? ¿Estoy dispuesto/a, como Jesús, a encarnarme en la realidad de mi pueblo, para desde ahí contribuir en su salvación, en la creación de mejores condiciones de vida?

Para la oración de las y los participantes:

  1. Por todas las comunidades cristianas para que la celebración de la Navidad les anime a cumplir con su misión salvadora y liberadora. Roguemos al Señor.
  2. Por todas las personas marginadas, y excluidas de esta sociedad, para que encuentren en nuestras comunidades una mano amiga y solidaria. Roguemos al Señor.
  3. Para que fortalezcamos nuestra capacidad de solidaridad con aquellas personas que se sienten oprimidas y pisoteadas. Roguemos al Señor.

Exhortación final: Hoy celebramos con alegría desbordante el nacimiento de Jesús. Ese Jesús, nacido en un establo nos ha revelado su preferencia por lo humilde, lo sencillo. Este ejemplo se convierte en un desafío para nosotros y nosotras y en una invitación a realizar toda obra buena que nos convierta en una luz de solidaridad en medio de las tinieblas del mundo, de nuestras familias y de la sociedad en que vivimos.

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDOM)

C/ 3 No. 9. El Milloncito, Sabana Perdida. Santo Domingo Norte. Rep. Dominicana

Tel/fax. 809-568-8560. E-mail: rebido@gmail.com, rebido07@yahoo.es

Reflexiones bíblicas semanales. Diciembre 2009

PREPAREN EL CAMINO DEL SALVADOR C2ºA (6-12-09)

ENTRADA: Nos reunimos para escuchar la Palabra del Dios de Jesús y sentirnos hermanos y hermanas y proyectar nuestro compromisos, en esta segunda semana del tiempo de Adviento. Juan el Bautista nos invita a preparar el camino de la encarnación de Jesús con la conversión y con la práctica de la justicia. Se nos exige el cambio de mente y de corazón pues con la encarnación de Jesús de Nazaret, el proyecto del Reino de Dios se ha acercado. La salvación humana y divina se ha hecho presente en nuestra vida cotidiana, en las relaciones comunitarias, en nuestras familias.

Celebremos con gozo la presencia de Jesús que es el Camino y el compañero de camino que nos acompaña en el proceso de ir construyendo nuevas relaciones con los hermanos y hermanas, así como con todos los seres vivos que habitan el planeta tierra.

1ªL: Baruc 5,1-9. Jerusalén, lugar de paz y de justicia

I: El autor del libro de Baruc, aunque escribió hacia el s. II a.C., sitúa su escrito en tiempos del exilio de Babilonia. En nombre del Dios Yahvé invita a la Jerusalén que estaba en ruinas y a su gente a quitarse el vestido de luto, porque su divinidad se acuerda de los/as deportados/as; permitirá que regresen a su tierra y allí se establecerán unas relaciones sociales basadas en la justicia y en la paz.

T: Jerusalén, quítate tu vestido de duelo y desdicha y vístete para siempre con el esplendor de la gloria de Dios. Reviste cual un manto la justicia de Dios, ponte como corona la gloria del Eterno; porque Dios mostrará tu grandeza a todo lo que hay bajo el cielo.

Dios te llamará para siempre: “Paz en la justicia y gloria en el temor de Dios.” Levántate, Jerusalén, ponte en lo alto, mira al oriente y ve a tus hijos reunidos del oriente al poniente por la voz del Santo, felices porque Dios se acordó de ellos.

Salieron a pie escoltados por los enemigos, pero Dios te los devuelve, traídos con gloria, como hijos de rey.

Porque Dios ha ordenado que todo cerro elevado y toda cuesta interminable sean rebajados, y rellenados los valles hasta aplanar la tierra, para que Israel  camine seguro bajo la gloria de Dios.

Hasta los bosques y todo árbol oloroso les darán sombra por orden de Dios. Porque él guiará a Israel en la alegría y a la luz de su gloria, escoltándolos con su misericordia y justicia.

Salmo  125: Yahvé ha estado grande con nosotros y nosotras, y por eso, estamos alegres

*          Cuando Yahvé cambió la suerte de Sión creíamos soñar. Se nos llenaba la boca de risa y los labios de alegría.

*          Las naciones decían de nosotros: “Maravillas de Yahvé” Yahvé hizo en nosotros maravillas; rebosábamos de gozo.

*          Haz que cambie, Yahvé, nuestra suerte cual los ríos del desierto. Los que en lágrimas esparcen su semilla en gozo segarán.

*          Se va, con lágrimas se aleja, el que lleva la simiente. ¡Ya viene!, con      júbilo regresa, trayendo

sus gavillas.

2ªL: Filipenses 1, 4-6.8-11. Que el amor crezca entre ustedes

I: Pablo, desde la cárcel, escribe a la comunidad de los Filipenses, a la que tenía un cariño especial; de hecho esta comunidad había mostrado su amor y solidaridad con el apóstol mientras éste estaba prisionero. Pablo reconoce el compromiso que tienen con la causa del Evangelio de la vida plena y reza por ellos y ella para que crezcan en el amor y en la capacidad de discernimiento para practicar el mandamiento del amor solidario.

T: Hermanas y hermanos:  Siempre que rezo por todos ustedes, lo hago con alegría. No puedo olvidar la cooperación que me han prestado en el servicio del Evangelio, desde el primer día hasta ahora. Y si Dios empezó tan buen trabajo en ustedes, estoy seguro de que lo continuará hasta concluirlo en el Día de Cristo Jesús.

Pues Dios sabe que los amo tiernamente en el corazón de Cristo Jesús. Y pido en mis oraciones que el amor crezca en ustedes, y con él alcancen conocimiento y buen juicio en todo. Así sabrán reconocer lo que conviene en cada momento y, caminando con rectitud, llegarán  sin tropiezo al día de Cristo, llevando como fruto maduro, esa santidad que procede de Cristo Jesús, para gloria y alabanza de Dios.

3ªL: Lucas  3, 1-6.  Cambien su manera de vivir y de pensar

T: El evangelista Lucas nos presenta a Juan el Bautista haciendo un llamado para que el pueblo cambie de vida y así se prepare para recibir la predicación de Jesús de Nazaret. El cambio de vida exige la liberación de los egoísmos y las prácticas injustas. De esta manera los/as creyentes se comprometen con la defensa de la vida, con el proyecto de vida y esperanza.

T: Era el año quince del reinado del emperador Tiberio. Poncio Pilato era gobernador de la Judea, Herodes estaba a cargo de la provincia de Galilea, su hermano Filipo a cargo de Iturea y de la Traconítide, y Lisanias a cargo de Abilene.

Los jefes de los sacerdotes eran Anás y Caifás. Ese fue el momento en que Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto.

Juan empezó a predicar su bautismo por toda la región del río Jordán, diciéndoles que cambiaran su manera de vivir para que se les perdonaran sus pecados. Así se cumplía lo que está escrito en el libro del profeta Isaías:

Escuchen ese grito en el desierto: Preparen el camino del Yahvé, enderecen sus senderos.

Rellénense todas las quebradas y aplánense todos los cerros. Los caminos con curvas serán enderezados, y los ásperos suavizados.

Entonces llegará la salvación de Dios y todo mortal la contemplará.

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿Por qué el Adviento nos anuncia un tiempo de alegría y de paz y de justicia?

2. ¿Por qué  es necesario cambiar de mente y liberarse de los pecados?

3. ¿Cuál es el compromiso que debe asumir el pastor o la pastora con su comunidad?

1.Tiempo de alegría, de paz y de justicia

Ninguno de los grandes profetas del pueblo de Israel se resignó a aceptar la realidad de dolor, de egoísmo e injusticia que ellos descubrían en la sociedad que les tocó vivir. Creían profundamente en la posibilidad de la realización de un proyecto de sociedad fundamentado en los valores del amor, la justicia y la libertad, en la capacidad de compartir ilusiones para ir creando una sociedad más humana y más fraterna en donde los/as más empobrecidos/as y excluidos/as sociales tuvieran mejores condiciones de vida.

El autor del libro de Baruc, aunque escribe hacia el s. II a.C. , sitúa su escrito en el tiempo del exilio de Babilonia. Jerusalén estaba en ruinas, una parte del pueblo prisionero en Babilonia, otra como esclava. Los/as campesinos/as que quedaban en la tierra vivían en una situación difícil porque los militares del imperio habían tomado las mejores tierras para ellos. En medio de esa situación se anuncia la intervención de Dios. Entonces Jerusalén podrá quitarse su vestido de luto y vestirse con el esplendor de su gloria.

Como signo de la alegría de Jerusalén se le cambiará el nombre. Ya no será la ciudad abandonada. Ahora se llamará “paz en justicia”. El pueblo regresado del exilio podrá disfruta de una paz que es el fruto de la justicia. Por eso el salmista dirá: “Cuando el Yahvé cambió la suerte de Sión creíamos soñar: se nos llenaba la boca de risa y los labios de alegría”(Sal 125,1-2).  Ahora cambia la suerte de los hombres y mujeres del campo. Antes sembraban en medio de lágrimas; ahora cosechan con gozo. Y los frutos más preciados son la justicia y la paz. En la primera lectura que hemos hecho hoy Baruc afirma: “Dios guiará a Israel con alegría a la luz de su gloria, con la misericordia y la justicia que vienen de él.”(Ba 5,9). El escritor expresa su convicción de que Dios está presente en medio del caminar de su pueblo.

La primera lectura de hoy nos invita, como comunidad de fe y amor solidario, a seguir soñando con una sociedad más humana y más justa. Se nos llama a comprometernos en su construcción con la conciencia clara que no es fácil sembrar con lágrimas, con lamentos, sin que se pueda cosechar muchas veces con alegría. Con frecuencia nos pasa como a esos/as campesinos/as nuestros/as que siembran con tristeza y cosechan un fruto que se daña o que no se vende. Todo esto trae más tristeza y desesperanza. Sin embargo, estamos conscientes de que es necesario seguir sembrando la semilla de la justicia que tarde o temprano hará germinar la paz y una sociedad más alegre y más fraterna.

2. Cambiar de mente y liberarse de las injusticias

Juan el Bautista comienza su predicación y afirma decididamente: “Cambien su vida y su corazón, porque el Reino de los Cielos se ha acercado” (Mt 3,2). La razón fundamental para hacer el llamado al cambio de vida es la propuesta de un proyecto de vida plena en medio de la humanidad; dicho proyecto se hace más claro y preciso con la presencia del Salvador que Juan el Bautista está anunciando.

Hasta la llegada de Juan Bautista y de Jesús, un buen grupo del pueblo de Israel intentaba vivir según los mandamientos del Dios Yahvé. Sin embargo, ahora el Proyecto divino se ha acercado. El hace un llamado a todos los hombres y mujeres de corazón noble para que asuman un Proyecto de vida justa, transparente, coherente y solidaria y se comprometan en su construcción.

El nuevo proyecto de vida, sin embargo, exige romper con lo viejo, con la simple tradición. Porque no se trata de seguir viviendo siempre lo mismo. El nuevo proyecto –llamado por Jesús “Reino de Dios” invita a abrirse a la novedad, pues cada día exige construir la justicia y la libertad y compromete cotidianamente con la construcción de una sociedad alternativa, en donde haya unas relaciones de amor, justicia y servicio desinteresado a los/as hermanos y hermanas más débiles, empobrecidos/as y excluidos/as.

El intento por cambiar de mente y de corazón; es decir de forma de pensar y de sentimientos, lleva necesariamente al esfuerzo por liberarnos del egoísmo, de la ambición y de las injusticias que se convierten en una esclavitud. Sólo los hombres y mujeres que son capaces de vivir en una continua actitud de liberarse del pecado, pueden decir que están cambiando su mente y su corazón.

La conversión que exige el Proyecto del Reino no es algo que se realiza de una vez para siempre. Nos pide el esfuerzo cotidiano por arrancar de nuestras mentes y de nuestro corazón todo aquello que nos esclaviza, que nos impide realizar lo que Dios quiere.

Como comunidad de fe estamos llamados/as a la conversión continua, al cambio de forma de pensar para que podamos ser constructores/as del Reino de Dios. Eso nos exige el compromiso con la liberación del pecado personal y del pecado de injusticia estructural que hay en nuestra sociedad. Una Iglesia que se acomodara totalmente a la cultura de un pueblo, a un sistema económico, hasta el punto que no supiera distinguir entre la paja y el buen grano, sería una Iglesia ineficaz para llamar a la conversión a ese pueblo, o a ese sistema económico.

3. El compromiso de cada pastor con la comunidad

La realización del Proyecto de Dios exige que haya comunidades de hombres y mujeres que tomen en serio su misión de ser testigos/as del amor liberador de Dios en medio de la realidad en la que viven. Y las comunidades necesitan de pastores/as que tengan el corazón de Jesús, que sean capaces de acompañar a las comunidades en su camino de fe y de amor solidario.

Pablo de Tarso es sin lugar a dudas un modelo de pastor comprometido con las comunidades cristianas por él fundadas. Su relación con la comunidad de los Filipenses se convierte en modelo de la integración de un pastor con su comunidad y del cariño y  la colaboración que tiene que desarrollar la comunidad con su pastor.

El pastor comprometido con su comunidad tiene unas relaciones cercanas con cada una de las personas que forman parte de la misma: “Pues Dios sabe que los amo tiernamente en el corazón de Cristo Jesús. Y pido en mis oraciones que el amor crezca en ustedes, y con él alcancen conocimiento y buen juicio en todo” (Flp 1,8-9). Sin dudas la integración del pastor con su comunidad y de la comunidad con su pastor ayuda mucho a que se haga realidad el deseo de Jesús de que haya un solo rebaño con un solo pastor (Jn 10,16).

Muchos/as de nosotros/as tenemos ministerios pastorales en las comunidades. A todos/as se nos invita a imitar las actitudes de Pablo en su cercanía a las comunidades. De esta manera, vamos haciendo posible el fortalecimiento de unas comunidades que se convierten en espacio de personas que cambian, que transforman su realidad personal y social, como fruto maduro de su compromiso con el Reino de Dios.

Para la revisión de vida personal y comunitaria: Preparan el camino del Yahvé, enderecen sus senderos… ¿qué caminos torcidos hay en mi vida? ¿Qué caminos torcidos hay en mi familia, en mi comunidad, en mi país? ¿Qué es lo que El quiere que yo enderece en mi vida personal y en esta sociedad?

Para la oración de las y los participantes:

  1. I.          Para que en este tiempo de Adviento alimentemos nuestra esperanza y la de los demás, dando testimonio concreto, con nuestro compromiso, de que el mundo puede cambiar y de que la esperanza es posible, roguemos…
  2. II.         Por todas las personas que tienen vocación de ser profetas, para que no se cansen de realizar su

misión aunque sientan que son “una voz que clama en el desierto…” roguemos…

  1. III.       Por todas las personas que luchan en sus comunidades, en las organizaciones comunitarias, en sus iglesias, para que se mantengan firmes y sean motivo de esperanza para su pueblo, roguemos…

Exhortación final: En esta segunda semana de adviento la Palabra de Dios nos ha abierto las puertas de la esperanza. Nos ha hablado de la necesidad de preparar el camino del Dios que viene, convirtiéndonos en comunidades comprometidas con el Proyecto de vida plena, con la conciencia de que Jesús es el Camino y al mismo tiempo el compañero inseparable de nuestro camino.


ESTEN SIEMPRE ALEGRES  C3ªA (13-12-09)

ENTRADA: En esta tercera semana del tiempo de adviento las lecturas de hoy nos invitarán a alegrarnos ante la proximidad de la celebración del nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios. Se nos invita a preparar su venida, con la disposición sincera de compartir lo que tenemos, porque como dice el apóstol Pablo, hay más gozo en dar que en recibir.

Celebremos pues con alegría, la proximidad del nacimiento de Jesús, que nos guía y nos fortalece en camino de fe y de solidaridad que hemos decidido  recorrer.

1ªL: Sofonías  3, 14-18a. Grita de gozo Jerusalén

I: El profeta Sofonías invita a la ciudad de Jerusalén a alegrarse porque Dios ha alejado de la ciudad el peligro que representaba el poderoso imperio asirio que amenazaba con destruirla. Se invita a Jerusalén  a la alegría y al regocijo. La presencia de Dios en medio de su pueblo es suficiente garantía, pues él es como un poderoso guerrero que defiende a Israel y le da la salvación.

T: ¡Grita de gozo, oh hija de Sión, y regocíjate, oh gente de Israel! ¡Canta alegre, con todo el corazón, hija de Jerusalén! Yavé ha levantado la sentencia en que te condenaba, ha alejado de ti a tus enemigos.

No tendrás que temer desgracia alguna, pues contigo está Yavé, rey de Israel. Ese día le dirán a Jerusalén: “¡No tengas ningún miedo, ni te tiemblen las manos! Yavé, tu Dios, está en medio de ti como un héroe que salva, él saltará de gozo al verte a ti y te renovará su amor.

Por ti lanzará gritos de alegría como en días de fiesta.”

Salmo: Is 12,2-3.4-6: Griten jubilosos: “Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel”.

*          ¡Vean cómo es el Dios que me salva! Me siento seguro y no tengo más miedo, pues Yahvé es mi fuerza y mi canción, él es mi salvación.

*          Ustedes dirán, ese día: ¡Denle las gracias a Yahvé, aviven su Nombre!

Publiquen entre los pueblos sus hazañas, repitan que su Nombre es sublime.

*          ¡Canten a Yahvé, porque ha hecho maravillas que toda la tierra debe     conocer!

¡Grita de contento y de alegría, oh Sión, porque grande es, medio de ti, el Santo de Israel!”

2ªL: Filipenses  4, 4-7. Alégrense en el Dios solidario

I: En su carta a los Filipenses, Pablo les invita a estar alegres pues forman parte de un pueblo comprado con la sangre preciosa de Jesús. No debemos permitir que nadie nos quite esa alegría que sólo Dios da; por eso se nos invita a no inquietarnos por nada, sino a mantener la calma y la paz que son el fruto del Espíritu de Dios que nos guía en la lucha de cada día.

T: Hermanos y hermanas: Alégrense en el Señor en todo tiempo. Le repito: alégrense, y den a todos muestras de un espíritu muy comprensivo. El Señor está cerca: no se inquiete por nada. En cualquier circunstancia recurran a la oración, y a la súplica, junto a la acción de gracias.

Entonces la paz de Dios, que es mucho mayor de lo que se puede imaginar, les guardará su corazón y sus pensamientos en Cristo Jesús.

3ªL: Lucas  3,10-18. Compartir lo que tenemos

T: Mientras Juan bautizaba en el río Jordán, la gente le pregunta sobre la conducta que deben llevar después de ser bautizados. Juan les da algunas normas de comportamiento para vivir de acuerdo con las exigencias del mandamiento del amor solidario de Dios. Los que así actúan serán bautizados en el Espíritu Santo, se comprometerán con Jesús y con su Proyecto de amor.

T: En aquel tiempo la gente  preguntaba a Juan Bautista: “¿Qué debemos hacer?” El les contestaba: “El que tenga dos capas de una al que no tiene, y quien tenga qué comer haga lo mismo.” Vinieron también los cobradores de impuestos para que Juan los bautizara. Le dijeron: “Maestro, ¿qué tenemos que hacer?” Respondió Juan: “No cobren más de lo debido.” A su vez unos soldados le preguntaron: “Y nosotros, ¿qué debemos hacer?” Juan les contestó:  “No abusen de la gente, no hagan denuncias falsas y conténtense con lo que les pagan.”

El pueblo estaba en la duda y todos se preguntaban interiormente si Juan no sería el Cristo. Por lo que Juan hizo a todos esta declaración: “Yo los bautizo con agua, pero ya viene el que es más poderoso que yo, al que no soy digno de soltarle los cordones de su zapato; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en la mano la pala para limpiar el trigo en su tierra y recogerlo después en su granero. Pero la paja, la quemará en el fuego que no se apaga.”

Y con muchas otras palabras anunció la Buena Nueva al pueblo, hasta que Herodes lo hizo encarcelar.

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿Cuáles son los motivos que tenemos para vivir alegres?

2. ¿Por qué los/as creyentes tenemos que vivir y trabajar sin miedo?

3. ¿Cómo fortalecer el compromiso de solidaridad que crea mejor vida?

1. El llamado a vivir en la alegría

Las lecturas que hemos leído hoy hacen un llamado a la alegría. Y ¿cuáles son los motivos para la alegría? ¿Tenemos muchos motivos para estar alegres, si tenemos en cuenta la difícil situación en la que viven la mayor parte de las personas que habitan esta isla quisqueyana, en Cuba, en el Caribe y en los países más empobrecidos de nuestra América Latina?

En la primera lectura el profeta Sofonías invita a Jerusalén y a sus habitantes a saltar de alegría, porque la ciudad santa estaba sentenciada a ser destruida por el poderoso imperio asirio y Yahvé no lo ha permitido. Por eso el pueblo tiene motivos de alegría. Pero el mismo Dios se alegra por la suerte de la ciudad. Esta es como una novia a la que Yavé mira con amor conyugal: “El saltará de gozo al verte a ti y te renovará su amor. Por ti lanzará gritos de alegría como en días de fiesta.” (Sof 3,17).

En el salmo responsorial que hemos leído hoy, tomado de Isaías 12,2-3.4-6 se nos invita a sacar agua con alegría de los pozos de la salvación. Se invita al pueblo a gritar de alegría y de contento porque grande es en medio de su pueblo el Dios de Israel  (Is 12,6).

En la segunda lectura que hemos leído Pablo invita a los/as cristianos/as de Filipos a alegrarse en el Señor en todo tiempo y a mostrar indulgencia y misericordia en las relaciones con los demás.

El auténtico motivo de la alegría cristiana es la fe en la presencia del Señor entre nosotros/as. Una presencia invisible, pero real y eficaz. ¿Es posible vivir la alegría de la espera de la Navidad, en la América Latina de estos días de hambre y miseria?, se preguntaba el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez. Y proseguía: “Comencemos por reconocer que no es una pregunta fácil. No podemos responder un sí superficial, olvidadizo de que no sólo de oraciones viven los seres humanos; pero tampoco podemos dejar de lado que las fuentes de la alegría son hondas y constituyen reservas de esperanza y de transformación de la vida humana. La alegría persiste tercamente en medio del sufrimiento impidiendo que éste se convierta en tristeza, en amargura, en encierro de sí mismo. Esto sería trágico en momentos que se necesita una gran solidaridad entre los pobres mismos.

Como comunidad cristiana nos podemos preguntar si podemos tener motivos para estar alegres en medio de la situación en que vivimos. Y si somos realmente cristianos/as deberíamos encontrar motivos para vivir con paz y alegría en medio de las dificultades más grandes de la vida. Y es que la conciencia de saber que estamos viviendo de acuerdo a los mandamientos del Dios vivo y colaborando con su Proyecto de Vida, es más que motivo suficiente para vivir alegres, intentando ser testigos/as de su amor. Y esa es una alegría que nada ni nadie nos la pueden quitar.

2. No tener miedo, se acerca la salvación

El profeta Sofonías invita a la ciudad de Jerusalén y a sus habitantes a no tener miedo, a no permitir que tiemblen sus manos, porque Yavé está en medio de su pueblo como un poderoso guerrero, como un salvador que protege la vida de su pueblo. Y aunque sea un poderoso imperio como el asirio, o el egipcio, el que intente destruir la ciudad santa, no podrán lograrlo si Dios no lo permite. De la conciencia de la presencia de Dios en medio de su pueblo se sacan las fuerzas para sobrevivir en medio de las grandes dificultades.

En el salmo responsorial que hemos leído hoy el creyente afirma decididamente: “¡Vean cómo es él, el Dios que me salva! Me siento seguro y no tengo más miedo, pues Yavé es mi fuerza y mi canción, él es mi salvación.” (Is 12,2). La presencia de Yavé da fuerzas para seguir caminando y para arrancar el miedo que nos pueda venir.

El mismo Jesús nos invitó a no tener miedo ante las dificultades, pues él venció el mundo (Jn 14,27); es decir, él supo enfrentar las dificultades y aunque lo mataron, él está vivo y presente en medio de su pueblo.

La fuerza para vencer el miedo, no nos viene de nosotros/as mismos/as, sino de Dios. Por eso reconocemos nuestra debilidad, pero como dice Pablo, cuando somos débiles, entonces somos fuertes, porque el Espíritu de Dios nos fortalece desde el interior de nosotros mismos.

Pablo, dirigiéndose a los Filipenses les invita a recurrir a la oración en todo tiempo, ya sea oración de petición o de acción de gracias. Y es que la vida cristiana necesita de la oración como diálogo confiado con el Dios que nos salva. De él vienen las fuerzas necesarias para ser testigos de su amor liberador.

La oración se convierte entonces en una fuerza indispensable para ser testigos creíbles del amor de Dios. La oración nos da fuerzas en momentos de crisis, en momentos de dificultades. En la oración reconocemos la presencia de Dios y todo lo que él hace por el bien de su pueblo.

La oración tiene que convertirse, sobre todo, en espacio de escucha de lo que Dios nos quiere decir en cada momento de nuestra vida. Al escuchar la Palabra del Dios vivo y comprometernos con sus exigencias descubrimos un motivo para vivir y para seguir realizando nuestro trabajo en cada una de nuestras comunidades.

La oración es como la savia vital que permite la vida a los árboles y que les permite que den frutos abundantes. Por eso la oración tiene que estar siempre presente en la vida de todo cristiano y en la vida de toda comunidad cristiana.

Como comunidad de fe se nos invita a no tener miedo, a seguir adelante anunciando el evangelio y a alegrarnos cuando tenemos que sufrir dificultades por la causa del evangelio de Jesús.

3. El compromiso de compartir lo que se tiene y de ser personas justas

El texto de Lucas que hemos leído en el evangelio de hoy nos habla del testimonio de Juan Bautista, el precursor. Su predicación impresiona al pueblo de Israel. Tanto que le preguntan: ¿qué debemos hacer?” (Lc 3,10). Es una prueba de que han comprendido lo que se les ha comunicado; de esta manera no se limitan a oír, ni siquiera a decir que están de acuerdo con lo que se les dice; descubren que el bautismo de Juan exige un compromiso. Y la respuesta de Juan no se hace esperar: invita a los/as más sencillos/as del pueblo a compartir lo poco que se tiene: vestidos, comida (Lc 3,10-11). En estos tiempos tan duros para los más pobres, la demanda de Juan Bautista cobra nueva vigencia. Es el momento de convidar a otros/as a nuestra propia comida; es tiempo de seguir luchando para que todos/as tengan comida y mejores condiciones de vida. Es la manera de esperar adecuadamente a Jesús.

Hoy, Juan el Bautista nos quiere transmitir la idea que la conversión implica actos y decisiones concretas, como vemos en las respuestas prácticas con que responde a las preguntas de la gente.

Conversión es compartir con el/la pobre y necesitado/a. “El que tenga dos capas… el que tiene comida… que dé al que no tiene” (Lc 3,10-11).

Conversión es justicia en nuestro trato con los/as demás: “No cobren por encima de los establecido” (Lc 3,13).

Conversión es compasión y misericordia en el uso del poder ( de cualquier clase o importancia), y es austeridad: “No abusen de nadie. No acusen a nadie falsamente. Estén contentos con su paga” (Lc 3,14).

La exigencia básica de la justicia, según la Biblia, es compartir. De esa manera se muestra la verdadera conversión. Y esta nos lleva a compartir lo que tenemos con aquellas personas que no tienen las condiciones mínimas para vivir dignamente y que tampoco tienen la oportunidad de encontrar un trabajo digno en esta sociedad neo-liberal excluyente, donde reina el individualismo y  la ley del más fuerte. Dan frutos de conversión los/as que son capaces de unirse a la lucha de aquellos hombres y mujeres que trabajan para todos/as tengamos mejores condiciones de vida.

Para la revisión de vida personal y comunitaria: A la luz del evangelio que hemos escuchado hoy, ¿Qué debo hacer yo para mostrar los frutos de una sincera conversión? ¿Qué podemos hacer para que en esta navidad nazca efectivamente Jesús a nuestro alrededor?

Para la oración de las y los participantes:

  1. I.          Para que en este adviento sigamos alimentando nuestra esperanza y compartiéndola con las

personas desanimadas, roguemos al Señor.

  1. II.         Para que seamos capaces de preparar la celebración de la navidad con realismo tratando

de hacer que “efectivamente nazca Jesús” a nuestro alrededor, roguemos al Señor.

  1. III.       Para que sepamos ser personas austeras que saben compartir con los/as demás lo que son y lo

que tienen, roguemos al Señor.

Exhortación final: Hemos celebrado con gozo la fe en esta tercera semana de adviento. La palabra nos ha invitado a alegrarnos ante la proximidad del nacimiento de Jesús. Esta celebración fortalecerá nuestra fe. El Dios que se hace persona humana se convierte en compañero de nuestro camino. Por eso no hay motivos para el desánimo; más bien se nos pide continuar con decisión el camino de fe que hemos emprendido.


BENDITO EL FRUTO DE TU VIENTRE C4ºA (20-12-09)

ENTRADA: Estamos ya en el cuarto domingo de Adviento. Esta Misma noche celebraremos el nacimiento de Jesús. Se nos presenta a María como bendita entre las mujeres y como la madre que por su fe permitió la encarnación de Jesús en su vientre. Ella, con su ejemplo de apertura a la Palabra de Dios y su disposición de servicio nos acompaña en este camino de adviento.

Celebremos pues, con alegría, la presencia de María en medio de la comunidad del Hijo que se ha hecho hermano nuestro y que se ha sacrificado para que todos tuviéramos vida en abundancia.

1ªL: Miqueas 5, 1-4a. De Belén saldrá un gobernante para Israel

I: El profeta Miqueas anuncia que un personaje, llamado Mesías nacerá en el pequeño pueblo de Belén. Habla del futuro Mesías como un gobernante que tendrá como misión reunir al pueblo de Israel disperso, guiarlo como un pastor, para que el pueblo viva seguro y pueda tener buenas condiciones de vida, en una sociedad en la que reinen la justicia y la paz.

T: Pero tú, Belén Efratá, aunque eres la más pequeña entre todos los pueblos de Judá, tú me darás a aquel que debe gobernar a Israel; cuyo origen se pierde en el pasado, en épocas antiguas. Por eso, si Yavé los abandona es sólo por un tiempo, hasta que aquella que debe dar a luz tenga su hijo. Entonces volverán a su familia el resto de los hijos de Israel. El se pondrá de pie y guiará su rebaño con la autoridad de Yavé, con la gloria del Nombre de Dios, vivirán seguros, pues su poder llegará hasta los confines de la tierra; El mismo será su paz.

Salmo 79: Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve

*          Escucha, pastor de Israel, que guías como rebaño a José. Oh Dios, sentado en los querubines, manifiéstate; despiértate entre Efraín, Benjamín y Manasés, y ven a salvarnos.

*          Oh Dios de los Ejércitos, restablécenos, muestra tu rostro alegre y nos salvaremos. Habías traído una viña de Egipto; echaste los pueblos ante ella y la plantaste; echó raíces y llenó la tierra.

*          Que tu mano apoye a tu rey, al hijo del hombre que has confirmado para ti. Ya no nos alejaremos de ti, tú nos devolverás a la vida e invocaremos tu Nombre.

2ªL: Hebreos  10, 5-10. Jesús, un hermano solidario

I: En la lectura de la carta a los Hebreos que hacemos a continuación se nos presenta a Jesús como una persona que entrega su vida en sacrificio por sus hermanos y hermanas. Mientras que los sacerdotes ofrecían sacrificios de animales por los pecados del pueblo, Jesús hace el sacrificio de sí mismo y de esta manera santifica a sus hermanos/as y demuestra su solidaridad con todos sus hermanos y hermanas.

T: Hermanos y hermanas: Por eso, al entrar Cristo al mundo dice: “Tú no quisiste sacrificio ni ofrenda, sino que me formaste un cuerpo. No te agradaron los holocaustos ni los sacrificios por el pecado. Entonces dije: Mira, aquí vengo; de mí se dijo lo que está en el libro; cumpliré, oh Dios, tu voluntad.”

Comienza por decir: “Sacrificios por ofrendas, holocaustos, sacrificios por el pecado, no los quisiste ni te agradaron”; y sin embargo, es lo que pedía la Ley. Después sigue: Aquí estoy para cumplir tu voluntad; con esto, anula el antiguo testamento y establece el nuevo. Ahora, conforme a esta voluntad de Dios, somos santificados de una vez, por  el  sacrificio que Cristo Jesús hace de sí mismo.

3ªL: Lucas 1,39-45. Bendita eres entre todas las mujeres

I: El evangelio según Lucas nos narra hoy el encuentro entre María y su prima Isabel, mientras ambas se encontraban embarazadas. Ante la visita de María, Juan Bautista se alegra desde el vientre de su madre e Isabel, llena del Espíritu Santo, reconoce a María como una mujer especial entre todas las mujeres, al mismo tiempo que reconoce su fe en las promesas de Dios.

T: Por esos días, María partió apresuradamente a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. Entró a la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo y exclamó en alta voz: “¡Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!  ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi Señor? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en mis entrañas. ¡Dichosa por haber creído que de cualquier manera se cumplirán las promesas del Señor!”

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿En qué se diferencia Jesús del Mesías esperado por el pueblo de Israel?

2. ¿Por qué María es bendita entre las mujeres?

3. ¿Por qué podemos afirmar que María es modelo de una mujer creyente?

1. El Mesías-pastor que nace en Belén

El profeta Miqueas anuncia que en Belén nacerá un jefe para Israel. Ese jefe será un pastor que tendrá el encargo de guiar a su pueblo, incluyendo a aquellos/as que fueron deportados/as por el imperio asirio hacia el año 721 a.C.

El gobernante esperado pastoreará a su pueblo de tal manera que se creará un tiempo de tranquilidad y sosiego, en éste la paz no tendrá fin. También el profeta Isaías, contemporáneo de Miqueas, habla de un niño que será rey y que tendrá la misión de gobernar a su pueblo: “Porque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado… Grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia” (Is 9,5-6).

Hoy, el profeta Miqueas subraya dos cosas sobre el Mesías esperado: Belén será el lugar del nacimiento de Jesús, que desde este lugar Jesús se mostrará a sí mismo como el buen pastor de su pueblo y fuente de paz.

Cuando a María se le anuncia que va a tener un hijo se le dice de él: “El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin” (Lc 1,33).

Como podemos ver, los judíos esperaban a un rey poderoso que implantaría el derecho y la justicia en la tierra por la fuerza. Sin embargo, el Dios que nos vino fue diferente. Aun siendo de la familia de David, no tiene más poder que el que nace de su Palabra y  del amor de sus acciones en favor de los/as necesitados/as y excluidos/as sociales.

El nacimiento en Belén, pueblecito sin importancia, nos habla de la sencillez de Dios. El escoge el camino de la humildad y hace nacer a su Hijo en medio de los/as humildes. Ese Dios que nace se convierte en un buen pastor para Israel, en alguien que se compadece de su pueblo.

Al acercarnos a la fiesta del nacimiento de Jesús, contemplamos la humildad de Dios, su opción por lo pequeño y lo débil y su deseo de que su Hijo se convierta en nuestro pastor, que nos enseña que Dios siempre prefiere los medios humildes para mostrarnos su amor liberador.

2. El encuentro entre dos mujeres embarazadas

El evangelio que hemos leído hoy nos presenta el encuentro entre dos mujeres embarazadas: María e Isabel. De alguna manera el evangelista Lucas quiere decirnos que la vida y la misión de los hijos de estas dos mujeres, Juan y Jesús, estaban relacionadas desde el tiempo en que estaban en los vientres de sus respectivas madres.

María, la mujer galilea, va a Judá a la región donde su hijo será rechazado y condenado a muerte  (Lc 1,39) . Al  encontrarse con María, el niño que estaba en el vientre de Isabel “salta de gozo” (Lc 1,41.44). La alegría es la primera respuesta a la venida del Mesías. Sentir la alegría porque nos sabemos visitados/as y amados/as por Dios es prepararnos adecuadamente para la Navidad.

Isabel pronuncia una doble bendición. Lucas señala que lo hace “llena del Espíritu Santo” (Lc 1,41). María es reconocida como “bendita entre las mujeres” (Lc 1,42); su condición de mujer es destacada, al mismo tiempo que se la considera amada y privilegiada por Dios. Por eso se afirma además: “bendito es el fruto de tu vientre” (Lc 1,42).

En este camino de adviento contemplamos, como comunidad creyente, a María como la madre escogida por Dios que nos regala el fruto de su vientre, Jesús. Ante ese hecho sólo nos queda dar gracias a Dios por el ejemplo y el compromiso de María para traernos a Jesús, el Hijo encarnado de Dios.

3. María, madre mujer creyente

En su diálogo con María, Isabel destaca la fe de la madre de Jesús: “¡Dichosa por haber creído que de cualquier manera se cumplirán las promesas del Señor” (Lc 1,45).  Es significativo que Isabel diga a María: “¡Dichosa por haber creído!”, y no únicamente: “¡Dichosa por haber concebido!” (Lc 1,45). El evangelista destaca la fe de María que le permite acoger en su seno al Hijo de Dios. De hecho cuando se le anunció el embarazo no comprendía cómo podía suceder sin la intervención de ningún hombre. Pero a pesar de que no entendería mucho las palabras del ángel que le comunicaba que la encarnación se realizaría por obra del Espíritu Santo, ella afirma: “Yo soy la servidora del Señor; hágase en mí lo que has dicho” (Lc 1,38).

A continuación del texto que hemos leído hoy el evangelista Lucas nos pone en boca de María un himno en el cual se expresa su fe. De hecho María cree en el Dios Salvador, en el Dios Santo, que mira la condición humilde de sierva (Lc 1,46-47); que arruina a los soberbios, los quita de los tronos y pone en su lugar a los humildes (Lc 1,51-52); que repleta a los hambrientos de todo lo que es bueno y que despide vacíos a los ricos (Lc 1,53); que guía como un padre a su pueblo, tomándolo de la mano, mostrándole su amor y su misericordia. Finalmente, María cree en el Dios que cumple las promesas hechas a su pueblo (Lc 1,55).

María por ser mujer de fe está abierta para el servicio. Ante la propuesta de Dios, ella no tiene miedo en afirmar: “Yo soy la servidora del Señor” (Lc 1,38). Y cuando su prima la necesita, no duda, aun estando ella también embarazada, en recorrer un largo camino para ponerse al servicio de Isabel que ya estaba en los últimos meses de su embarazo. No se trató, por tanto, de una simple visita: “María se quedó con Isabel cerca de tres meses, y después volvió a su casa” (Lc 1,56).

Para la revisión personal y comunitaria: ¿Cómo voy a vivir esta semana de adviento-navidad? ¿Cómo voy a acoger al Dios humanizado en Jesús?

Para la oración de las y los participantes:

  1. I.          Por todas las personas de nuestra sociedad especialmente por los/as más necesitados/as

para que acojan la venida del Dios-con nosotros, roguemos al Señor.

  1. II.         Para que el ambiente social navideño vaya acompañado en nuestras vidas por una vivencia

intensa del misterio que celebramos en la navidad, roguemos al Señor.

  1. III.       Para que el ambiente de la navidad ayude a crear en nuestros hogares el necesario clima

de amor, y ternura que colabore con la unidad familiar, roguemos al Señor.

Exhortación final: Hemos celebrado nuestra fe en esta cuarta semana de adviento. Dentro de unos días celebraremos el nacimiento de Jesús, el Salvador y liberador. Con María, mujer, madre y creyente nos ponemos en disposición para acoger al niño en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestro país y así ser signos de esperanza y de cambio, comprometiéndonos para que haya justicia, trabajo techo y pan y así pueda haber paz en esta sociedad estructuralmente violenta e injusta.

HOY NOS HA NACIDO UN SALVADOR Y UN LIBERADOR CTN (25/12/09)

ENTRADA: En este día celebramos el naci­miento de Jesús. Sabemos que hace ya mucho tiempo que Jesús nació en un pue­blecito humilde llamado Belén, a las afueras de Jerusalén. A Nosotros/as, sus seguidores y seguidoras nos da mucha alegría recordar hoy ese acontecimiento y hacerlo presente en nuestra comunidad. Descubrimos la importancia de dar gracias a Dios por este gran amor que El nos ha tenido, cuando permitió que su Hijo se hiciese uno de nuestra raza para salvarnos y liberarnos.

Celebremos, como comunidad de fe y de amor, este gran acontecimiento que no tiene comparación en la historia de la humanidad.

1ªL: Isaías 9,1-3.5-6. Un niño nos ha nacido. Un hijo se  nos ha dado

I:  El texto que leeremos a continuación es un poema, surgido en torno al año 721 cuando el imperio Asirio destruyó al reino del Norte, Israel. En medio de la situación de amenaza para el reino de Judá se afirma que Dios librará a su pueblo del yugo de los Asirios. Además, se anuncia el nacimiento de un niño, el Emmanuel, Dios con nosotros. Entonces lo esperaban como un rey, descendiente de David, cuyo imperio no tendría fin, y que gobernaría con el derecho y la justicia.

T:  El pueblo de quienes caminan en la noche, divisaron una luz grande; habi­taban el oscuro país de la muerte, pero fueron iluminados e iluminadas.

Tú los has bendecido y multiplicado, los has colmado de alegría, por eso están de fiesta y te celebran, como los trabajadores al terminar la cosecha, como los combatientes después de la victoria.

El yugo que soportaban, y la vara sobre sus espaldas, el látigo de su capataz, tú lo quiebras como en el día de Madián.

Los zapatos que hacían retumbar la tierra y los mantos manchados de san­gre van a ser quemados: el fuego los devorará.

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; se le pone en el hombro el distintivo del rey y proclaman su nombre: “Este es el Consejero ad­mirable, el Héroe divino, el Padre que no muere, el Príncipe de la paz”.

Su imperio no tiene límites, y, en adelante, no habrá sino paz para el Hijo de David y para su reino.

Salmo 95: Hoy nos ha nacido un hermano, un Salvador

*          Canten a Yahvé un canto nuevo, cante a Yahvé toda la tierra. Canten y bendigan a Yahvé. Su salvación proclamen diariamente.

*          Su salvación proclamen diariamente. Cuenten a los paganos su esplendor y a los

pueblos sus cosas admirables.

*          ¡Gozo en el cielo, júbilo en la tierra!, resuene el mar, todo lo que encierra. Salten de gozo el campo y sus productos, alégrense los árboles del bosque.

*          Delante de Yahvé, porque ya viene, viene a juzgar la tierra:  juz­gará con justicia al universo y a los pueblos según su rectitud.

2ªL: Tito, 2,11-14. Comportarnos como personas responsables

I: Jesús, hecho ser humano para salvarnos, nos muestra el amor sin límites de Dios. El nos invita a comprometernos con seriedad con el Proyecto de Dios y a rechazar todo aquello que nos aleja de los caminos que nos conducen a la vida fraterna y feliz. El también dio su vida por nosotros/as para liberarnos del pecado y de la muerte y vivir de acuerdo a la vocación que Dios nos ha dado, como personas responsables y justas, realizando con responsabilidad y constancia la misión que El nos ha encomendado.

T: Hermanas y hermanos: La gracia de Dios vino a este mundo, trayendo la salvación a todas las personas y educándonos para que, después de rechazada la maldad y las codicias mundanas, vivamos en este mundo como seres responsables, justos y que sirven a Dios. Pues esperamos el día feliz en que se manifestará con su Gloria nuestro magnífico Dios y Salvador Cristo Jesús. El se sacrificó por nosotros/as, para liberarnos de todos los lazos del pecado, y así purificar un pueblo que fuera suyo, dedicado a toda obra buena.

3ªEv: Lucas 2,1-14. Dio a luz a su hijo y lo acostó en un pesebre

I: La siguiente lectura describe el nacimiento de Jesús en Belén, la ciudad del rey  David, su antepasado. De esta manera, Lucas quiere dejar claro que Jesús es descendiente del mejor rey que hubo en la historia de Israel y que se cum­ple la profecía de la permanencia en el tiempo de la familia de David (2 Sm 7,16).

Su nacimiento ocurre en el lugar de los animales, en la pobreza desnuda de un pesebre, porque no había lugar para ellos en la sala común que servía para estar durante el día y dormir por la noche.

Unos pastores, símbolo de la gente más marginada, son invitados para contemplar el gran misterio de un Dios que se hace niño pequeño indefenso para salvarnos.

T: En aquel tiempo, el emperador dictó una ley que ordenaba hacer un censo en todo el imperio. Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse a sus respectivas ciudades. También José, como era descendiente de David, salió de la ciudad de Nazaret de Galilea y subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, para inscribirse con Ma­ría, su esposa, que estaba embarazada.

Cuando estaban en Belén, le llegó el día en que debía tener su hijo. Y dio a luz su primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la sala común.

En la región había pastores que vivían en el campo y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. El ángel del Señor se les apareció y los rodeó de claridad la Gloria del Señor, y todo esto les produjo un miedo enor­me.

Pero el ángel les dijo: “No teman, porque yo vengo a comunicarles una buena nueva que será motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy ha naci­do para ustedes en la ciudad de David un Salvador que es Cristo Señor. En esto lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acos­tado en una pesebrera. De pronto aparecieron otros ángeles y todos alababan a Dios, diciendo: “Gloria a Dios en lo más alto del cielo, y en la tierra, gracia y paz a las personas”.

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿Por qué nació Jesús en un pesebre?

2. ¿Por qué fueron los pastores los llamados a visitar al niño Jesús recién nacido?

3. ¿Por qué Dios decidió hablarnos por medio de su Hijo?

4. ¿Por qué podemos afirmar que Jesús es una luz de solidaridad en medio de las tinieblas del mundo?

1. Un niño que nace en un pesebre

El pueblo judío estaba esperando al Mesías, a un personaje de la corte real que les libraría del yugo de los diferentes imperios que dominaron la tierra de Palestina; pero nunca se iba a imaginar que éste personaje pudiera a nacer en un pesebre, en el lugar de los animales. Se decía que el Mesías iba a ser descendiente de David; por lo tanto, un príncipe real. Aunque en el tiempo de Jesús ya hacía tiempo que se había interrumpido la conexión con la familia real de David, puesto que el rey Herodes no era de la familia de David, y ni siquiera era de origen judío, se esperaba que el Mesías naciese en el palacio real.

Conociendo el estilo de las casas del tiempo de Jesús, tal como lo ha demostrado la ciencia de la arqueología, las familias solían tener una sala común que servía para muchos usos: comer, dormir, sala de estar… Es de supo­ner que en la casa de la familia de José, que probablemente era de Belén, no había lugar para María y José en la sala común y sí encontraron puesto en el lugar de los animales.

Es frecuente en este período de Navidad decir que Jesús nace en cada familia y en cada corazón cristiano. Esos “nacimientos” no deben dejar hacernos olvidar el hecho primero y fundamental: Jesús nació de María en el seno de un pueblo dominado por el imperio más grande de la época: el romano. Para el/la cristiano/a la Navidad manifiesta la entrada definitiva de una divinidad revolucionaria en la historia humana. Navidad de la pequeñez y el servicio, en medio del poder de dominación y la prepotencia de los grandes de este mundo. Entrada, por tanto, con olor a establo.

El Dios de Jesús preparó el lugar más humilde para que su hijo naciese. Jesús, desde su nacimiento, muestra su preferencia por lo humilde, por lo pobre, lo excluido, por lo alejado de los centros de lujo y de poder. Allí en la marginalidad, Jesús se hizo hermano nuestro, la Palabra se hizo carne.

El ejemplo del niño que nace en un pesebre, se convierte en un desa­fío para nuestras comunidades cristianas que están formadas en su mayoría por gente humilde y que tienen como compromiso la opción preferencial por los po­bres, marginados y excluidos por el sistema neoliberal y por la dictadura económica que éste impone. Y es que su mismo Maestro nació en el más humilde de los lugares.

2. Los pastores son llamados a visitar al niño recién nacido

El Evangelio de Lucas (Lc 2,8-18) nos habla de unos pastores que estaban en los alrededores de Belén y que fueron a visitar al recién nacido con su familia. ¿Qué importancia tiene que precisamente los escogidos para visitar al recién nacido hayan sido unos pastores? Es importante señalar que en el tiempo en el que nació Jesús el oficio de Pastor era una de las profesiones más despreciadas. Los pastores tenían la fama de ser ladrones porque, en algu­nas ocasiones, incluían en sus rebaños algunas ovejas que no eran de su pro­piedad.

Precisamente a un tipo de gente marginada y despreciada se les anuncia el nacimiento del hijo de Dios en un pesebre. Ellos/as, los/as humildes, son por tanto, los/as primeros/as testigos/as de un Dios humilde que ha nacido en el lugar de los animales. De esta manera Dios sigue demostrando su preferencia por los humildes y los sencillos. Durante su predicación Jesús va a confirmar esta opción de Dios por los humildes e indefensos cuando expresó: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sa­bios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños/as. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar” (Lc 10,21-22).

El Evangelio de Mateo (Mt 2,1-12) no nos habla de la visita de los pas­tores, sino más bien de los magos venidos de Oriente. Sólo Mateo nos habla de estos magos de Oriente. Todos/as conocemos cómo se ha creado toda una tradición en torno a los reyes magos. Sin embargo, la mayor parte de los/as estudiosos/as de la Biblia cree hoy que el relato de los magos es más bien una leyenda que quiere dejar un mensaje: mientras los de dentro no se dan cuenta de que les ha nacido el Mesías, tienen que venir gente de fuera a reconocerle.

A nosotros/as, como comunidad cristiana, se nos invita a contemplar al niño nacido en un pesebre desde la humildad y la sencillez de los pastores, para entender su opción decidida por los humildes, los pobres, sencillos y marginados que son los/as preferidos del corazón misericordioso de Dios Padre, que nos ama con la ternura de una Madre.

3. El Dios de Jesús nos ha hablado por medio de su Hijo

Desde todos los tiempos Dios ha intentado comunicarse con los seres hu­manos. Y es que nosotras y nosotros fuimos hechos a su imagen y semejanza (Gn 1,26). A través de la historia él utilizó muchos métodos para comunicar su mensaje a las personas. Los portavoces preferidos por Dios fueron los profetas que sa­bían interpretar la voz de Dios en medio de los acontecimientos de su pueblo.

Entre todos los personajes de la antigüedad, que sirvieron como portavo­ces de Dios, Moisés fue considerado por el pueblo judío como el más importante y el que estaba más cerca de Dios. De hecho, de él dice el libro de los Números: “Si hay entre ustedes un profe­ta, me muestro a él en visiones y le hablo por medio de sueños. Pero no así como mi siervo Moisés: él es el encargado de toda mi casa. Cara a cara hablo con él abierta y claramente y dejo que él vea mi forma” (Nm 12,5-8). Jesús, sin embargo, supera a Moisés en su cercanía a Dios. El y el Padre son la misma cosa (Jn 14,10). De tal manera que escuchando su Palabra tenemos la certeza de que estamos oyendo las palabras del mismo Dios.

Como comunidad cristiana debemos ponernos a la escucha de la Palabra de Dios leída desde nuestra realidad, para ponerla en práctica en nuestro medio ambiente. Dios nos habla a través de la realidad y a través de su Palabra. Si estamos atentos/as a las exigencias de la realidad, y estos desafíos los ilu­minamos con la Palabra de Dios, estaremos en el camino de ir dando las repuestas adecuadas que el Señor nos pide en cada momento de nuestra vida.

4. Una luz de solidaridad en medio de las tinieblas de este mundo

Isaías, el gran profeta del período navideño, nos recuerda que “el pueblo que andaba a oscuras vio una gran luz” (Is 9,1). Esta oscuridad se encuentra en nuestros días en la enorme pobreza en que vive la gran mayoría de la humanidad, en la creciente brecha entre naciones y personas que disponen de la mayor parte de los recursos del planeta, y los pueblos y personas que el orden -o mejor dicho desorden- internacional del neo-liberalismo capitalista excluye cada vez más de la participación de los más elementales bienes de este mundo.

Pero, las verdaderas tinieblas no se encuentran, por lo general, en aquellas personas que sufren las consecuencias de un orden económico internacional injusto. La raíz -no la causa única- de ella está en el olvido de la dignidad humana de los/as empobrecidos/as y de su condición de hijas e hijos de Dios. Así de simple y de inhumano. Y esto vale también, para quienes, como sucede también en nuestro país, en América Latina y el Caribe, viven en los países pobres de espaldas a sus propios pueblos. Hablar de pobreza es describir un estado de cosas, hablar de injusticia es calificar moralmente el asunto. La injusticia constituye, en efecto, el núcleo de la oscuridad a la que nos estamos refiriendo.

Las innumerables personas de buena voluntad, que tanto en los países ricos como en los empobrecidos buscan dar un testimonio cristiano creando organizaciones de solidaridad y grupos de defensa de los derechos humanos, enfrentando un sistema económico que excluye a los más débiles de la sociedad, haciendo gestos de solidaridad y amistad hacia los/as olvidados/as de este mundo, son signos de luz en medio de tanta oscuridad.

El evangelio de Juan que hemos leído señala que: “En la Palabra había vida, y la vida era la luz de cada persona (…). Vino a su casa y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da el poder para ser hijas e hijos de Dios, si creen en su nombre.” (Jn 1,9-12). Y los hijos/as de Dios son los/as que se convierten en luces que transformarán, poco a poco, las tinieblas amenazantes en una noche humana, festiva y luminosa. Así haremos que la esperanza de ver “una gran luz” comience a convertirse en una realidad, en una esperanza encarnada, como Jesús que renace entre nosotros/as. En ese caso ésta habrá sido una Navidad más, en la que nuestra esperanza y nuestra alegría crecerán. Si dejamos de realizar nuestra tarea por egoísmos o simplemente por miedo, ésta será una Navidad menos en nuestras vidas.

Para la revisión personal: ¿Qué significa para mí la celebración de la Navidad? ¿Estoy dispuesto/a, como Jesús, a encarnarme en la realidad de mi pueblo, para desde ahí contribuir en su salvación, en la creación de mejores condiciones de vida?

Para la oración de las y los participantes:

  1. Por todas las comunidades cristianas para que la celebración de la Navidad les anime a cumplir con su misión salvadora y liberadora. Roguemos al Señor.
  2. Por todas las personas marginadas, y excluidas de esta sociedad, para que encuentren en nuestras comunidades una mano amiga y solidaria. Roguemos al Señor.
  3. Para que fortalezcamos nuestra capacidad de solidaridad con aquellas personas que se sienten oprimidas y pisoteadas. Roguemos al Señor.

Exhortación final: Hoy celebramos con alegría desbordante el nacimiento de Jesús. Ese Jesús, nacido en un establo nos ha revelado su preferencia por lo humilde, lo sencillo. Este ejemplo se convierte en un desafío para nosotros y nosotras y en una invitación a realizar toda obra buena que nos convierta en una luz de solidaridad en medio de las tinieblas del mundo, de nuestras familias y de la sociedad en que vivimos.

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDOM)

C/ 3 No. 9. El Milloncito, Sabana Perdida. Santo Domingo Norte. Rep. Dominicana

Tel/fax. 809-568-8560. E-mail: rebido@gmail.com, rebido07@yahoo.es

Reflexiones bíblicas semanales. Diciembre 2009

PREPAREN EL CAMINO DEL SALVADOR C2ºA (6-12-09)

ENTRADA: Nos reunimos para escuchar la Palabra del Dios de Jesús y sentirnos hermanos y hermanas y proyectar nuestro compromisos, en esta segunda semana del tiempo de Adviento. Juan el Bautista nos invita a preparar el camino de la encarnación de Jesús con la conversión y con la práctica de la justicia. Se nos exige el cambio de mente y de corazón pues con la encarnación de Jesús de Nazaret, el proyecto del Reino de Dios se ha acercado. La salvación humana y divina se ha hecho presente en nuestra vida cotidiana, en las relaciones comunitarias, en nuestras familias.

Celebremos con gozo la presencia de Jesús que es el Camino y el compañero de camino que nos acompaña en el proceso de ir construyendo nuevas relaciones con los hermanos y hermanas, así como con todos los seres vivos que habitan el planeta tierra.

1ªL: Baruc 5,1-9. Jerusalén, lugar de paz y de justicia

I: El autor del libro de Baruc, aunque escribió hacia el s. II a.C., sitúa su escrito en tiempos del exilio de Babilonia. En nombre del Dios Yahvé invita a la Jerusalén que estaba en ruinas y a su gente a quitarse el vestido de luto, porque su divinidad se acuerda de los/as deportados/as; permitirá que regresen a su tierra y allí se establecerán unas relaciones sociales basadas en la justicia y en la paz.

T: Jerusalén, quítate tu vestido de duelo y desdicha y vístete para siempre con el esplendor de la gloria de Dios. Reviste cual un manto la justicia de Dios, ponte como corona la gloria del Eterno; porque Dios mostrará tu grandeza a todo lo que hay bajo el cielo.

Dios te llamará para siempre: “Paz en la justicia y gloria en el temor de Dios.” Levántate, Jerusalén, ponte en lo alto, mira al oriente y ve a tus hijos reunidos del oriente al poniente por la voz del Santo, felices porque Dios se acordó de ellos.

Salieron a pie escoltados por los enemigos, pero Dios te los devuelve, traídos con gloria, como hijos de rey.

Porque Dios ha ordenado que todo cerro elevado y toda cuesta interminable sean rebajados, y rellenados los valles hasta aplanar la tierra, para que Israel  camine seguro bajo la gloria de Dios.

Hasta los bosques y todo árbol oloroso les darán sombra por orden de Dios. Porque él guiará a Israel en la alegría y a la luz de su gloria, escoltándolos con su misericordia y justicia.

Salmo  125: Yahvé ha estado grande con nosotros y nosotras, y por eso, estamos alegres

*          Cuando Yahvé cambió la suerte de Sión creíamos soñar. Se nos llenaba la boca de risa y los labios de alegría.

*          Las naciones decían de nosotros: “Maravillas de Yahvé” Yahvé hizo en nosotros maravillas; rebosábamos de gozo.

*          Haz que cambie, Yahvé, nuestra suerte cual los ríos del desierto. Los que en lágrimas esparcen su semilla en gozo segarán.

*          Se va, con lágrimas se aleja, el que lleva la simiente. ¡Ya viene!, con      júbilo regresa, trayendo

sus gavillas.

2ªL: Filipenses 1, 4-6.8-11. Que el amor crezca entre ustedes

I: Pablo, desde la cárcel, escribe a la comunidad de los Filipenses, a la que tenía un cariño especial; de hecho esta comunidad había mostrado su amor y solidaridad con el apóstol mientras éste estaba prisionero. Pablo reconoce el compromiso que tienen con la causa del Evangelio de la vida plena y reza por ellos y ella para que crezcan en el amor y en la capacidad de discernimiento para practicar el mandamiento del amor solidario.

T: Hermanas y hermanos:  Siempre que rezo por todos ustedes, lo hago con alegría. No puedo olvidar la cooperación que me han prestado en el servicio del Evangelio, desde el primer día hasta ahora. Y si Dios empezó tan buen trabajo en ustedes, estoy seguro de que lo continuará hasta concluirlo en el Día de Cristo Jesús.

Pues Dios sabe que los amo tiernamente en el corazón de Cristo Jesús. Y pido en mis oraciones que el amor crezca en ustedes, y con él alcancen conocimiento y buen juicio en todo. Así sabrán reconocer lo que conviene en cada momento y, caminando con rectitud, llegarán  sin tropiezo al día de Cristo, llevando como fruto maduro, esa santidad que procede de Cristo Jesús, para gloria y alabanza de Dios.

3ªL: Lucas  3, 1-6.  Cambien su manera de vivir y de pensar

T: El evangelista Lucas nos presenta a Juan el Bautista haciendo un llamado para que el pueblo cambie de vida y así se prepare para recibir la predicación de Jesús de Nazaret. El cambio de vida exige la liberación de los egoísmos y las prácticas injustas. De esta manera los/as creyentes se comprometen con la defensa de la vida, con el proyecto de vida y esperanza.

T: Era el año quince del reinado del emperador Tiberio. Poncio Pilato era gobernador de la Judea, Herodes estaba a cargo de la provincia de Galilea, su hermano Filipo a cargo de Iturea y de la Traconítide, y Lisanias a cargo de Abilene.

Los jefes de los sacerdotes eran Anás y Caifás. Ese fue el momento en que Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto.

Juan empezó a predicar su bautismo por toda la región del río Jordán, diciéndoles que cambiaran su manera de vivir para que se les perdonaran sus pecados. Así se cumplía lo que está escrito en el libro del profeta Isaías:

Escuchen ese grito en el desierto: Preparen el camino del Yahvé, enderecen sus senderos.

Rellénense todas las quebradas y aplánense todos los cerros. Los caminos con curvas serán enderezados, y los ásperos suavizados.

Entonces llegará la salvación de Dios y todo mortal la contemplará.

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿Por qué el Adviento nos anuncia un tiempo de alegría y de paz y de justicia?

2. ¿Por qué  es necesario cambiar de mente y liberarse de los pecados?

3. ¿Cuál es el compromiso que debe asumir el pastor o la pastora con su comunidad?

1.Tiempo de alegría, de paz y de justicia

Ninguno de los grandes profetas del pueblo de Israel se resignó a aceptar la realidad de dolor, de egoísmo e injusticia que ellos descubrían en la sociedad que les tocó vivir. Creían profundamente en la posibilidad de la realización de un proyecto de sociedad fundamentado en los valores del amor, la justicia y la libertad, en la capacidad de compartir ilusiones para ir creando una sociedad más humana y más fraterna en donde los/as más empobrecidos/as y excluidos/as sociales tuvieran mejores condiciones de vida.

El autor del libro de Baruc, aunque escribe hacia el s. II a.C. , sitúa su escrito en el tiempo del exilio de Babilonia. Jerusalén estaba en ruinas, una parte del pueblo prisionero en Babilonia, otra como esclava. Los/as campesinos/as que quedaban en la tierra vivían en una situación difícil porque los militares del imperio habían tomado las mejores tierras para ellos. En medio de esa situación se anuncia la intervención de Dios. Entonces Jerusalén podrá quitarse su vestido de luto y vestirse con el esplendor de su gloria.

Como signo de la alegría de Jerusalén se le cambiará el nombre. Ya no será la ciudad abandonada. Ahora se llamará “paz en justicia”. El pueblo regresado del exilio podrá disfruta de una paz que es el fruto de la justicia. Por eso el salmista dirá: “Cuando el Yahvé cambió la suerte de Sión creíamos soñar: se nos llenaba la boca de risa y los labios de alegría”(Sal 125,1-2).  Ahora cambia la suerte de los hombres y mujeres del campo. Antes sembraban en medio de lágrimas; ahora cosechan con gozo. Y los frutos más preciados son la justicia y la paz. En la primera lectura que hemos hecho hoy Baruc afirma: “Dios guiará a Israel con alegría a la luz de su gloria, con la misericordia y la justicia que vienen de él.”(Ba 5,9). El escritor expresa su convicción de que Dios está presente en medio del caminar de su pueblo.

La primera lectura de hoy nos invita, como comunidad de fe y amor solidario, a seguir soñando con una sociedad más humana y más justa. Se nos llama a comprometernos en su construcción con la conciencia clara que no es fácil sembrar con lágrimas, con lamentos, sin que se pueda cosechar muchas veces con alegría. Con frecuencia nos pasa como a esos/as campesinos/as nuestros/as que siembran con tristeza y cosechan un fruto que se daña o que no se vende. Todo esto trae más tristeza y desesperanza. Sin embargo, estamos conscientes de que es necesario seguir sembrando la semilla de la justicia que tarde o temprano hará germinar la paz y una sociedad más alegre y más fraterna.

2. Cambiar de mente y liberarse de las injusticias

Juan el Bautista comienza su predicación y afirma decididamente: “Cambien su vida y su corazón, porque el Reino de los Cielos se ha acercado” (Mt 3,2). La razón fundamental para hacer el llamado al cambio de vida es la propuesta de un proyecto de vida plena en medio de la humanidad; dicho proyecto se hace más claro y preciso con la presencia del Salvador que Juan el Bautista está anunciando.

Hasta la llegada de Juan Bautista y de Jesús, un buen grupo del pueblo de Israel intentaba vivir según los mandamientos del Dios Yahvé. Sin embargo, ahora el Proyecto divino se ha acercado. El hace un llamado a todos los hombres y mujeres de corazón noble para que asuman un Proyecto de vida justa, transparente, coherente y solidaria y se comprometan en su construcción.

El nuevo proyecto de vida, sin embargo, exige romper con lo viejo, con la simple tradición. Porque no se trata de seguir viviendo siempre lo mismo. El nuevo proyecto –llamado por Jesús “Reino de Dios” invita a abrirse a la novedad, pues cada día exige construir la justicia y la libertad y compromete cotidianamente con la construcción de una sociedad alternativa, en donde haya unas relaciones de amor, justicia y servicio desinteresado a los/as hermanos y hermanas más débiles, empobrecidos/as y excluidos/as.

El intento por cambiar de mente y de corazón; es decir de forma de pensar y de sentimientos, lleva necesariamente al esfuerzo por liberarnos del egoísmo, de la ambición y de las injusticias que se convierten en una esclavitud. Sólo los hombres y mujeres que son capaces de vivir en una continua actitud de liberarse del pecado, pueden decir que están cambiando su mente y su corazón.

La conversión que exige el Proyecto del Reino no es algo que se realiza de una vez para siempre. Nos pide el esfuerzo cotidiano por arrancar de nuestras mentes y de nuestro corazón todo aquello que nos esclaviza, que nos impide realizar lo que Dios quiere.

Como comunidad de fe estamos llamados/as a la conversión continua, al cambio de forma de pensar para que podamos ser constructores/as del Reino de Dios. Eso nos exige el compromiso con la liberación del pecado personal y del pecado de injusticia estructural que hay en nuestra sociedad. Una Iglesia que se acomodara totalmente a la cultura de un pueblo, a un sistema económico, hasta el punto que no supiera distinguir entre la paja y el buen grano, sería una Iglesia ineficaz para llamar a la conversión a ese pueblo, o a ese sistema económico.

3. El compromiso de cada pastor con la comunidad

La realización del Proyecto de Dios exige que haya comunidades de hombres y mujeres que tomen en serio su misión de ser testigos/as del amor liberador de Dios en medio de la realidad en la que viven. Y las comunidades necesitan de pastores/as que tengan el corazón de Jesús, que sean capaces de acompañar a las comunidades en su camino de fe y de amor solidario.

Pablo de Tarso es sin lugar a dudas un modelo de pastor comprometido con las comunidades cristianas por él fundadas. Su relación con la comunidad de los Filipenses se convierte en modelo de la integración de un pastor con su comunidad y del cariño y  la colaboración que tiene que desarrollar la comunidad con su pastor.

El pastor comprometido con su comunidad tiene unas relaciones cercanas con cada una de las personas que forman parte de la misma: “Pues Dios sabe que los amo tiernamente en el corazón de Cristo Jesús. Y pido en mis oraciones que el amor crezca en ustedes, y con él alcancen conocimiento y buen juicio en todo” (Flp 1,8-9). Sin dudas la integración del pastor con su comunidad y de la comunidad con su pastor ayuda mucho a que se haga realidad el deseo de Jesús de que haya un solo rebaño con un solo pastor (Jn 10,16).

Muchos/as de nosotros/as tenemos ministerios pastorales en las comunidades. A todos/as se nos invita a imitar las actitudes de Pablo en su cercanía a las comunidades. De esta manera, vamos haciendo posible el fortalecimiento de unas comunidades que se convierten en espacio de personas que cambian, que transforman su realidad personal y social, como fruto maduro de su compromiso con el Reino de Dios.

Para la revisión de vida personal y comunitaria: Preparan el camino del Yahvé, enderecen sus senderos… ¿qué caminos torcidos hay en mi vida? ¿Qué caminos torcidos hay en mi familia, en mi comunidad, en mi país? ¿Qué es lo que El quiere que yo enderece en mi vida personal y en esta sociedad?

Para la oración de las y los participantes:

  1. I.          Para que en este tiempo de Adviento alimentemos nuestra esperanza y la de los demás, dando testimonio concreto, con nuestro compromiso, de que el mundo puede cambiar y de que la esperanza es posible, roguemos…
  2. II.         Por todas las personas que tienen vocación de ser profetas, para que no se cansen de realizar su

misión aunque sientan que son “una voz que clama en el desierto…” roguemos…

  1. III.       Por todas las personas que luchan en sus comunidades, en las organizaciones comunitarias, en sus iglesias, para que se mantengan firmes y sean motivo de esperanza para su pueblo, roguemos…

Exhortación final: En esta segunda semana de adviento la Palabra de Dios nos ha abierto las puertas de la esperanza. Nos ha hablado de la necesidad de preparar el camino del Dios que viene, convirtiéndonos en comunidades comprometidas con el Proyecto de vida plena, con la conciencia de que Jesús es el Camino y al mismo tiempo el compañero inseparable de nuestro camino.


ESTEN SIEMPRE ALEGRES  C3ªA (13-12-09)

ENTRADA: En esta tercera semana del tiempo de adviento las lecturas de hoy nos invitarán a alegrarnos ante la proximidad de la celebración del nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios. Se nos invita a preparar su venida, con la disposición sincera de compartir lo que tenemos, porque como dice el apóstol Pablo, hay más gozo en dar que en recibir.

Celebremos pues con alegría, la proximidad del nacimiento de Jesús, que nos guía y nos fortalece en camino de fe y de solidaridad que hemos decidido  recorrer.

1ªL: Sofonías  3, 14-18a. Grita de gozo Jerusalén

I: El profeta Sofonías invita a la ciudad de Jerusalén a alegrarse porque Dios ha alejado de la ciudad el peligro que representaba el poderoso imperio asirio que amenazaba con destruirla. Se invita a Jerusalén  a la alegría y al regocijo. La presencia de Dios en medio de su pueblo es suficiente garantía, pues él es como un poderoso guerrero que defiende a Israel y le da la salvación.

T: ¡Grita de gozo, oh hija de Sión, y regocíjate, oh gente de Israel! ¡Canta alegre, con todo el corazón, hija de Jerusalén! Yavé ha levantado la sentencia en que te condenaba, ha alejado de ti a tus enemigos.

No tendrás que temer desgracia alguna, pues contigo está Yavé, rey de Israel. Ese día le dirán a Jerusalén: “¡No tengas ningún miedo, ni te tiemblen las manos! Yavé, tu Dios, está en medio de ti como un héroe que salva, él saltará de gozo al verte a ti y te renovará su amor.

Por ti lanzará gritos de alegría como en días de fiesta.”

Salmo: Is 12,2-3.4-6: Griten jubilosos: “Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel”.

*          ¡Vean cómo es el Dios que me salva! Me siento seguro y no tengo más miedo, pues Yahvé es mi fuerza y mi canción, él es mi salvación.

*          Ustedes dirán, ese día: ¡Denle las gracias a Yahvé, aviven su Nombre!

Publiquen entre los pueblos sus hazañas, repitan que su Nombre es sublime.

*          ¡Canten a Yahvé, porque ha hecho maravillas que toda la tierra debe     conocer!

¡Grita de contento y de alegría, oh Sión, porque grande es, medio de ti, el Santo de Israel!”

2ªL: Filipenses  4, 4-7. Alégrense en el Dios solidario

I: En su carta a los Filipenses, Pablo les invita a estar alegres pues forman parte de un pueblo comprado con la sangre preciosa de Jesús. No debemos permitir que nadie nos quite esa alegría que sólo Dios da; por eso se nos invita a no inquietarnos por nada, sino a mantener la calma y la paz que son el fruto del Espíritu de Dios que nos guía en la lucha de cada día.

T: Hermanos y hermanas: Alégrense en el Señor en todo tiempo. Le repito: alégrense, y den a todos muestras de un espíritu muy comprensivo. El Señor está cerca: no se inquiete por nada. En cualquier circunstancia recurran a la oración, y a la súplica, junto a la acción de gracias.

Entonces la paz de Dios, que es mucho mayor de lo que se puede imaginar, les guardará su corazón y sus pensamientos en Cristo Jesús.

3ªL: Lucas  3,10-18. Compartir lo que tenemos

T: Mientras Juan bautizaba en el río Jordán, la gente le pregunta sobre la conducta que deben llevar después de ser bautizados. Juan les da algunas normas de comportamiento para vivir de acuerdo con las exigencias del mandamiento del amor solidario de Dios. Los que así actúan serán bautizados en el Espíritu Santo, se comprometerán con Jesús y con su Proyecto de amor.

T: En aquel tiempo la gente  preguntaba a Juan Bautista: “¿Qué debemos hacer?” El les contestaba: “El que tenga dos capas de una al que no tiene, y quien tenga qué comer haga lo mismo.” Vinieron también los cobradores de impuestos para que Juan los bautizara. Le dijeron: “Maestro, ¿qué tenemos que hacer?” Respondió Juan: “No cobren más de lo debido.” A su vez unos soldados le preguntaron: “Y nosotros, ¿qué debemos hacer?” Juan les contestó:  “No abusen de la gente, no hagan denuncias falsas y conténtense con lo que les pagan.”

El pueblo estaba en la duda y todos se preguntaban interiormente si Juan no sería el Cristo. Por lo que Juan hizo a todos esta declaración: “Yo los bautizo con agua, pero ya viene el que es más poderoso que yo, al que no soy digno de soltarle los cordones de su zapato; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en la mano la pala para limpiar el trigo en su tierra y recogerlo después en su granero. Pero la paja, la quemará en el fuego que no se apaga.”

Y con muchas otras palabras anunció la Buena Nueva al pueblo, hasta que Herodes lo hizo encarcelar.

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿Cuáles son los motivos que tenemos para vivir alegres?

2. ¿Por qué los/as creyentes tenemos que vivir y trabajar sin miedo?

3. ¿Cómo fortalecer el compromiso de solidaridad que crea mejor vida?

1. El llamado a vivir en la alegría

Las lecturas que hemos leído hoy hacen un llamado a la alegría. Y ¿cuáles son los motivos para la alegría? ¿Tenemos muchos motivos para estar alegres, si tenemos en cuenta la difícil situación en la que viven la mayor parte de las personas que habitan esta isla quisqueyana, en Cuba, en el Caribe y en los países más empobrecidos de nuestra América Latina?

En la primera lectura el profeta Sofonías invita a Jerusalén y a sus habitantes a saltar de alegría, porque la ciudad santa estaba sentenciada a ser destruida por el poderoso imperio asirio y Yahvé no lo ha permitido. Por eso el pueblo tiene motivos de alegría. Pero el mismo Dios se alegra por la suerte de la ciudad. Esta es como una novia a la que Yavé mira con amor conyugal: “El saltará de gozo al verte a ti y te renovará su amor. Por ti lanzará gritos de alegría como en días de fiesta.” (Sof 3,17).

En el salmo responsorial que hemos leído hoy, tomado de Isaías 12,2-3.4-6 se nos invita a sacar agua con alegría de los pozos de la salvación. Se invita al pueblo a gritar de alegría y de contento porque grande es en medio de su pueblo el Dios de Israel  (Is 12,6).

En la segunda lectura que hemos leído Pablo invita a los/as cristianos/as de Filipos a alegrarse en el Señor en todo tiempo y a mostrar indulgencia y misericordia en las relaciones con los demás.

El auténtico motivo de la alegría cristiana es la fe en la presencia del Señor entre nosotros/as. Una presencia invisible, pero real y eficaz. ¿Es posible vivir la alegría de la espera de la Navidad, en la América Latina de estos días de hambre y miseria?, se preguntaba el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez. Y proseguía: “Comencemos por reconocer que no es una pregunta fácil. No podemos responder un sí superficial, olvidadizo de que no sólo de oraciones viven los seres humanos; pero tampoco podemos dejar de lado que las fuentes de la alegría son hondas y constituyen reservas de esperanza y de transformación de la vida humana. La alegría persiste tercamente en medio del sufrimiento impidiendo que éste se convierta en tristeza, en amargura, en encierro de sí mismo. Esto sería trágico en momentos que se necesita una gran solidaridad entre los pobres mismos.

Como comunidad cristiana nos podemos preguntar si podemos tener motivos para estar alegres en medio de la situación en que vivimos. Y si somos realmente cristianos/as deberíamos encontrar motivos para vivir con paz y alegría en medio de las dificultades más grandes de la vida. Y es que la conciencia de saber que estamos viviendo de acuerdo a los mandamientos del Dios vivo y colaborando con su Proyecto de Vida, es más que motivo suficiente para vivir alegres, intentando ser testigos/as de su amor. Y esa es una alegría que nada ni nadie nos la pueden quitar.

2. No tener miedo, se acerca la salvación

El profeta Sofonías invita a la ciudad de Jerusalén y a sus habitantes a no tener miedo, a no permitir que tiemblen sus manos, porque Yavé está en medio de su pueblo como un poderoso guerrero, como un salvador que protege la vida de su pueblo. Y aunque sea un poderoso imperio como el asirio, o el egipcio, el que intente destruir la ciudad santa, no podrán lograrlo si Dios no lo permite. De la conciencia de la presencia de Dios en medio de su pueblo se sacan las fuerzas para sobrevivir en medio de las grandes dificultades.

En el salmo responsorial que hemos leído hoy el creyente afirma decididamente: “¡Vean cómo es él, el Dios que me salva! Me siento seguro y no tengo más miedo, pues Yavé es mi fuerza y mi canción, él es mi salvación.” (Is 12,2). La presencia de Yavé da fuerzas para seguir caminando y para arrancar el miedo que nos pueda venir.

El mismo Jesús nos invitó a no tener miedo ante las dificultades, pues él venció el mundo (Jn 14,27); es decir, él supo enfrentar las dificultades y aunque lo mataron, él está vivo y presente en medio de su pueblo.

La fuerza para vencer el miedo, no nos viene de nosotros/as mismos/as, sino de Dios. Por eso reconocemos nuestra debilidad, pero como dice Pablo, cuando somos débiles, entonces somos fuertes, porque el Espíritu de Dios nos fortalece desde el interior de nosotros mismos.

Pablo, dirigiéndose a los Filipenses les invita a recurrir a la oración en todo tiempo, ya sea oración de petición o de acción de gracias. Y es que la vida cristiana necesita de la oración como diálogo confiado con el Dios que nos salva. De él vienen las fuerzas necesarias para ser testigos de su amor liberador.

La oración se convierte entonces en una fuerza indispensable para ser testigos creíbles del amor de Dios. La oración nos da fuerzas en momentos de crisis, en momentos de dificultades. En la oración reconocemos la presencia de Dios y todo lo que él hace por el bien de su pueblo.

La oración tiene que convertirse, sobre todo, en espacio de escucha de lo que Dios nos quiere decir en cada momento de nuestra vida. Al escuchar la Palabra del Dios vivo y comprometernos con sus exigencias descubrimos un motivo para vivir y para seguir realizando nuestro trabajo en cada una de nuestras comunidades.

La oración es como la savia vital que permite la vida a los árboles y que les permite que den frutos abundantes. Por eso la oración tiene que estar siempre presente en la vida de todo cristiano y en la vida de toda comunidad cristiana.

Como comunidad de fe se nos invita a no tener miedo, a seguir adelante anunciando el evangelio y a alegrarnos cuando tenemos que sufrir dificultades por la causa del evangelio de Jesús.

3. El compromiso de compartir lo que se tiene y de ser personas justas

El texto de Lucas que hemos leído en el evangelio de hoy nos habla del testimonio de Juan Bautista, el precursor. Su predicación impresiona al pueblo de Israel. Tanto que le preguntan: ¿qué debemos hacer?” (Lc 3,10). Es una prueba de que han comprendido lo que se les ha comunicado; de esta manera no se limitan a oír, ni siquiera a decir que están de acuerdo con lo que se les dice; descubren que el bautismo de Juan exige un compromiso. Y la respuesta de Juan no se hace esperar: invita a los/as más sencillos/as del pueblo a compartir lo poco que se tiene: vestidos, comida (Lc 3,10-11). En estos tiempos tan duros para los más pobres, la demanda de Juan Bautista cobra nueva vigencia. Es el momento de convidar a otros/as a nuestra propia comida; es tiempo de seguir luchando para que todos/as tengan comida y mejores condiciones de vida. Es la manera de esperar adecuadamente a Jesús.

Hoy, Juan el Bautista nos quiere transmitir la idea que la conversión implica actos y decisiones concretas, como vemos en las respuestas prácticas con que responde a las preguntas de la gente.

Conversión es compartir con el/la pobre y necesitado/a. “El que tenga dos capas… el que tiene comida… que dé al que no tiene” (Lc 3,10-11).

Conversión es justicia en nuestro trato con los/as demás: “No cobren por encima de los establecido” (Lc 3,13).

Conversión es compasión y misericordia en el uso del poder ( de cualquier clase o importancia), y es austeridad: “No abusen de nadie. No acusen a nadie falsamente. Estén contentos con su paga” (Lc 3,14).

La exigencia básica de la justicia, según la Biblia, es compartir. De esa manera se muestra la verdadera conversión. Y esta nos lleva a compartir lo que tenemos con aquellas personas que no tienen las condiciones mínimas para vivir dignamente y que tampoco tienen la oportunidad de encontrar un trabajo digno en esta sociedad neo-liberal excluyente, donde reina el individualismo y  la ley del más fuerte. Dan frutos de conversión los/as que son capaces de unirse a la lucha de aquellos hombres y mujeres que trabajan para todos/as tengamos mejores condiciones de vida.

Para la revisión de vida personal y comunitaria: A la luz del evangelio que hemos escuchado hoy, ¿Qué debo hacer yo para mostrar los frutos de una sincera conversión? ¿Qué podemos hacer para que en esta navidad nazca efectivamente Jesús a nuestro alrededor?

Para la oración de las y los participantes:

  1. I.          Para que en este adviento sigamos alimentando nuestra esperanza y compartiéndola con las

personas desanimadas, roguemos al Señor.

  1. II.         Para que seamos capaces de preparar la celebración de la navidad con realismo tratando

de hacer que “efectivamente nazca Jesús” a nuestro alrededor, roguemos al Señor.

  1. III.       Para que sepamos ser personas austeras que saben compartir con los/as demás lo que son y lo

que tienen, roguemos al Señor.

Exhortación final: Hemos celebrado con gozo la fe en esta tercera semana de adviento. La palabra nos ha invitado a alegrarnos ante la proximidad del nacimiento de Jesús. Esta celebración fortalecerá nuestra fe. El Dios que se hace persona humana se convierte en compañero de nuestro camino. Por eso no hay motivos para el desánimo; más bien se nos pide continuar con decisión el camino de fe que hemos emprendido.


BENDITO EL FRUTO DE TU VIENTRE C4ºA (20-12-09)

ENTRADA: Estamos ya en el cuarto domingo de Adviento. Esta Misma noche celebraremos el nacimiento de Jesús. Se nos presenta a María como bendita entre las mujeres y como la madre que por su fe permitió la encarnación de Jesús en su vientre. Ella, con su ejemplo de apertura a la Palabra de Dios y su disposición de servicio nos acompaña en este camino de adviento.

Celebremos pues, con alegría, la presencia de María en medio de la comunidad del Hijo que se ha hecho hermano nuestro y que se ha sacrificado para que todos tuviéramos vida en abundancia.

1ªL: Miqueas 5, 1-4a. De Belén saldrá un gobernante para Israel

I: El profeta Miqueas anuncia que un personaje, llamado Mesías nacerá en el pequeño pueblo de Belén. Habla del futuro Mesías como un gobernante que tendrá como misión reunir al pueblo de Israel disperso, guiarlo como un pastor, para que el pueblo viva seguro y pueda tener buenas condiciones de vida, en una sociedad en la que reinen la justicia y la paz.

T: Pero tú, Belén Efratá, aunque eres la más pequeña entre todos los pueblos de Judá, tú me darás a aquel que debe gobernar a Israel; cuyo origen se pierde en el pasado, en épocas antiguas. Por eso, si Yavé los abandona es sólo por un tiempo, hasta que aquella que debe dar a luz tenga su hijo. Entonces volverán a su familia el resto de los hijos de Israel. El se pondrá de pie y guiará su rebaño con la autoridad de Yavé, con la gloria del Nombre de Dios, vivirán seguros, pues su poder llegará hasta los confines de la tierra; El mismo será su paz.

Salmo 79: Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve

*          Escucha, pastor de Israel, que guías como rebaño a José. Oh Dios, sentado en los querubines, manifiéstate; despiértate entre Efraín, Benjamín y Manasés, y ven a salvarnos.

*          Oh Dios de los Ejércitos, restablécenos, muestra tu rostro alegre y nos salvaremos. Habías traído una viña de Egipto; echaste los pueblos ante ella y la plantaste; echó raíces y llenó la tierra.

*          Que tu mano apoye a tu rey, al hijo del hombre que has confirmado para ti. Ya no nos alejaremos de ti, tú nos devolverás a la vida e invocaremos tu Nombre.

2ªL: Hebreos  10, 5-10. Jesús, un hermano solidario

I: En la lectura de la carta a los Hebreos que hacemos a continuación se nos presenta a Jesús como una persona que entrega su vida en sacrificio por sus hermanos y hermanas. Mientras que los sacerdotes ofrecían sacrificios de animales por los pecados del pueblo, Jesús hace el sacrificio de sí mismo y de esta manera santifica a sus hermanos/as y demuestra su solidaridad con todos sus hermanos y hermanas.

T: Hermanos y hermanas: Por eso, al entrar Cristo al mundo dice: “Tú no quisiste sacrificio ni ofrenda, sino que me formaste un cuerpo. No te agradaron los holocaustos ni los sacrificios por el pecado. Entonces dije: Mira, aquí vengo; de mí se dijo lo que está en el libro; cumpliré, oh Dios, tu voluntad.”

Comienza por decir: “Sacrificios por ofrendas, holocaustos, sacrificios por el pecado, no los quisiste ni te agradaron”; y sin embargo, es lo que pedía la Ley. Después sigue: Aquí estoy para cumplir tu voluntad; con esto, anula el antiguo testamento y establece el nuevo. Ahora, conforme a esta voluntad de Dios, somos santificados de una vez, por  el  sacrificio que Cristo Jesús hace de sí mismo.

3ªL: Lucas 1,39-45. Bendita eres entre todas las mujeres

I: El evangelio según Lucas nos narra hoy el encuentro entre María y su prima Isabel, mientras ambas se encontraban embarazadas. Ante la visita de María, Juan Bautista se alegra desde el vientre de su madre e Isabel, llena del Espíritu Santo, reconoce a María como una mujer especial entre todas las mujeres, al mismo tiempo que reconoce su fe en las promesas de Dios.

T: Por esos días, María partió apresuradamente a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. Entró a la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo y exclamó en alta voz: “¡Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!  ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi Señor? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en mis entrañas. ¡Dichosa por haber creído que de cualquier manera se cumplirán las promesas del Señor!”

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿En qué se diferencia Jesús del Mesías esperado por el pueblo de Israel?

2. ¿Por qué María es bendita entre las mujeres?

3. ¿Por qué podemos afirmar que María es modelo de una mujer creyente?

1. El Mesías-pastor que nace en Belén

El profeta Miqueas anuncia que en Belén nacerá un jefe para Israel. Ese jefe será un pastor que tendrá el encargo de guiar a su pueblo, incluyendo a aquellos/as que fueron deportados/as por el imperio asirio hacia el año 721 a.C.

El gobernante esperado pastoreará a su pueblo de tal manera que se creará un tiempo de tranquilidad y sosiego, en éste la paz no tendrá fin. También el profeta Isaías, contemporáneo de Miqueas, habla de un niño que será rey y que tendrá la misión de gobernar a su pueblo: “Porque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado… Grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia” (Is 9,5-6).

Hoy, el profeta Miqueas subraya dos cosas sobre el Mesías esperado: Belén será el lugar del nacimiento de Jesús, que desde este lugar Jesús se mostrará a sí mismo como el buen pastor de su pueblo y fuente de paz.

Cuando a María se le anuncia que va a tener un hijo se le dice de él: “El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin” (Lc 1,33).

Como podemos ver, los judíos esperaban a un rey poderoso que implantaría el derecho y la justicia en la tierra por la fuerza. Sin embargo, el Dios que nos vino fue diferente. Aun siendo de la familia de David, no tiene más poder que el que nace de su Palabra y  del amor de sus acciones en favor de los/as necesitados/as y excluidos/as sociales.

El nacimiento en Belén, pueblecito sin importancia, nos habla de la sencillez de Dios. El escoge el camino de la humildad y hace nacer a su Hijo en medio de los/as humildes. Ese Dios que nace se convierte en un buen pastor para Israel, en alguien que se compadece de su pueblo.

Al acercarnos a la fiesta del nacimiento de Jesús, contemplamos la humildad de Dios, su opción por lo pequeño y lo débil y su deseo de que su Hijo se convierta en nuestro pastor, que nos enseña que Dios siempre prefiere los medios humildes para mostrarnos su amor liberador.

2. El encuentro entre dos mujeres embarazadas

El evangelio que hemos leído hoy nos presenta el encuentro entre dos mujeres embarazadas: María e Isabel. De alguna manera el evangelista Lucas quiere decirnos que la vida y la misión de los hijos de estas dos mujeres, Juan y Jesús, estaban relacionadas desde el tiempo en que estaban en los vientres de sus respectivas madres.

María, la mujer galilea, va a Judá a la región donde su hijo será rechazado y condenado a muerte  (Lc 1,39) . Al  encontrarse con María, el niño que estaba en el vientre de Isabel “salta de gozo” (Lc 1,41.44). La alegría es la primera respuesta a la venida del Mesías. Sentir la alegría porque nos sabemos visitados/as y amados/as por Dios es prepararnos adecuadamente para la Navidad.

Isabel pronuncia una doble bendición. Lucas señala que lo hace “llena del Espíritu Santo” (Lc 1,41). María es reconocida como “bendita entre las mujeres” (Lc 1,42); su condición de mujer es destacada, al mismo tiempo que se la considera amada y privilegiada por Dios. Por eso se afirma además: “bendito es el fruto de tu vientre” (Lc 1,42).

En este camino de adviento contemplamos, como comunidad creyente, a María como la madre escogida por Dios que nos regala el fruto de su vientre, Jesús. Ante ese hecho sólo nos queda dar gracias a Dios por el ejemplo y el compromiso de María para traernos a Jesús, el Hijo encarnado de Dios.

3. María, madre mujer creyente

En su diálogo con María, Isabel destaca la fe de la madre de Jesús: “¡Dichosa por haber creído que de cualquier manera se cumplirán las promesas del Señor” (Lc 1,45).  Es significativo que Isabel diga a María: “¡Dichosa por haber creído!”, y no únicamente: “¡Dichosa por haber concebido!” (Lc 1,45). El evangelista destaca la fe de María que le permite acoger en su seno al Hijo de Dios. De hecho cuando se le anunció el embarazo no comprendía cómo podía suceder sin la intervención de ningún hombre. Pero a pesar de que no entendería mucho las palabras del ángel que le comunicaba que la encarnación se realizaría por obra del Espíritu Santo, ella afirma: “Yo soy la servidora del Señor; hágase en mí lo que has dicho” (Lc 1,38).

A continuación del texto que hemos leído hoy el evangelista Lucas nos pone en boca de María un himno en el cual se expresa su fe. De hecho María cree en el Dios Salvador, en el Dios Santo, que mira la condición humilde de sierva (Lc 1,46-47); que arruina a los soberbios, los quita de los tronos y pone en su lugar a los humildes (Lc 1,51-52); que repleta a los hambrientos de todo lo que es bueno y que despide vacíos a los ricos (Lc 1,53); que guía como un padre a su pueblo, tomándolo de la mano, mostrándole su amor y su misericordia. Finalmente, María cree en el Dios que cumple las promesas hechas a su pueblo (Lc 1,55).

María por ser mujer de fe está abierta para el servicio. Ante la propuesta de Dios, ella no tiene miedo en afirmar: “Yo soy la servidora del Señor” (Lc 1,38). Y cuando su prima la necesita, no duda, aun estando ella también embarazada, en recorrer un largo camino para ponerse al servicio de Isabel que ya estaba en los últimos meses de su embarazo. No se trató, por tanto, de una simple visita: “María se quedó con Isabel cerca de tres meses, y después volvió a su casa” (Lc 1,56).

Para la revisión personal y comunitaria: ¿Cómo voy a vivir esta semana de adviento-navidad? ¿Cómo voy a acoger al Dios humanizado en Jesús?

Para la oración de las y los participantes:

  1. I.          Por todas las personas de nuestra sociedad especialmente por los/as más necesitados/as

para que acojan la venida del Dios-con nosotros, roguemos al Señor.

  1. II.         Para que el ambiente social navideño vaya acompañado en nuestras vidas por una vivencia

intensa del misterio que celebramos en la navidad, roguemos al Señor.

  1. III.       Para que el ambiente de la navidad ayude a crear en nuestros hogares el necesario clima

de amor, y ternura que colabore con la unidad familiar, roguemos al Señor.

Exhortación final: Hemos celebrado nuestra fe en esta cuarta semana de adviento. Dentro de unos días celebraremos el nacimiento de Jesús, el Salvador y liberador. Con María, mujer, madre y creyente nos ponemos en disposición para acoger al niño en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestro país y así ser signos de esperanza y de cambio, comprometiéndonos para que haya justicia, trabajo techo y pan y así pueda haber paz en esta sociedad estructuralmente violenta e injusta.

HOY NOS HA NACIDO UN SALVADOR Y UN LIBERADOR CTN (25/12/09)

ENTRADA: En este día celebramos el naci­miento de Jesús. Sabemos que hace ya mucho tiempo que Jesús nació en un pue­blecito humilde llamado Belén, a las afueras de Jerusalén. A Nosotros/as, sus seguidores y seguidoras nos da mucha alegría recordar hoy ese acontecimiento y hacerlo presente en nuestra comunidad. Descubrimos la importancia de dar gracias a Dios por este gran amor que El nos ha tenido, cuando permitió que su Hijo se hiciese uno de nuestra raza para salvarnos y liberarnos.

Celebremos, como comunidad de fe y de amor, este gran acontecimiento que no tiene comparación en la historia de la humanidad.

1ªL: Isaías 9,1-3.5-6. Un niño nos ha nacido. Un hijo se  nos ha dado

I:  El texto que leeremos a continuación es un poema, surgido en torno al año 721 cuando el imperio Asirio destruyó al reino del Norte, Israel. En medio de la situación de amenaza para el reino de Judá se afirma que Dios librará a su pueblo del yugo de los Asirios. Además, se anuncia el nacimiento de un niño, el Emmanuel, Dios con nosotros. Entonces lo esperaban como un rey, descendiente de David, cuyo imperio no tendría fin, y que gobernaría con el derecho y la justicia.

T:  El pueblo de quienes caminan en la noche, divisaron una luz grande; habi­taban el oscuro país de la muerte, pero fueron iluminados e iluminadas.

Tú los has bendecido y multiplicado, los has colmado de alegría, por eso están de fiesta y te celebran, como los trabajadores al terminar la cosecha, como los combatientes después de la victoria.

El yugo que soportaban, y la vara sobre sus espaldas, el látigo de su capataz, tú lo quiebras como en el día de Madián.

Los zapatos que hacían retumbar la tierra y los mantos manchados de san­gre van a ser quemados: el fuego los devorará.

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; se le pone en el hombro el distintivo del rey y proclaman su nombre: “Este es el Consejero ad­mirable, el Héroe divino, el Padre que no muere, el Príncipe de la paz”.

Su imperio no tiene límites, y, en adelante, no habrá sino paz para el Hijo de David y para su reino.

Salmo 95: Hoy nos ha nacido un hermano, un Salvador

*          Canten a Yahvé un canto nuevo, cante a Yahvé toda la tierra. Canten y bendigan a Yahvé. Su salvación proclamen diariamente.

*          Su salvación proclamen diariamente. Cuenten a los paganos su esplendor y a los

pueblos sus cosas admirables.

*          ¡Gozo en el cielo, júbilo en la tierra!, resuene el mar, todo lo que encierra. Salten de gozo el campo y sus productos, alégrense los árboles del bosque.

*          Delante de Yahvé, porque ya viene, viene a juzgar la tierra:  juz­gará con justicia al universo y a los pueblos según su rectitud.

2ªL: Tito, 2,11-14. Comportarnos como personas responsables

I: Jesús, hecho ser humano para salvarnos, nos muestra el amor sin límites de Dios. El nos invita a comprometernos con seriedad con el Proyecto de Dios y a rechazar todo aquello que nos aleja de los caminos que nos conducen a la vida fraterna y feliz. El también dio su vida por nosotros/as para liberarnos del pecado y de la muerte y vivir de acuerdo a la vocación que Dios nos ha dado, como personas responsables y justas, realizando con responsabilidad y constancia la misión que El nos ha encomendado.

T: Hermanas y hermanos: La gracia de Dios vino a este mundo, trayendo la salvación a todas las personas y educándonos para que, después de rechazada la maldad y las codicias mundanas, vivamos en este mundo como seres responsables, justos y que sirven a Dios. Pues esperamos el día feliz en que se manifestará con su Gloria nuestro magnífico Dios y Salvador Cristo Jesús. El se sacrificó por nosotros/as, para liberarnos de todos los lazos del pecado, y así purificar un pueblo que fuera suyo, dedicado a toda obra buena.

3ªEv: Lucas 2,1-14. Dio a luz a su hijo y lo acostó en un pesebre

I: La siguiente lectura describe el nacimiento de Jesús en Belén, la ciudad del rey  David, su antepasado. De esta manera, Lucas quiere dejar claro que Jesús es descendiente del mejor rey que hubo en la historia de Israel y que se cum­ple la profecía de la permanencia en el tiempo de la familia de David (2 Sm 7,16).

Su nacimiento ocurre en el lugar de los animales, en la pobreza desnuda de un pesebre, porque no había lugar para ellos en la sala común que servía para estar durante el día y dormir por la noche.

Unos pastores, símbolo de la gente más marginada, son invitados para contemplar el gran misterio de un Dios que se hace niño pequeño indefenso para salvarnos.

T: En aquel tiempo, el emperador dictó una ley que ordenaba hacer un censo en todo el imperio. Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse a sus respectivas ciudades. También José, como era descendiente de David, salió de la ciudad de Nazaret de Galilea y subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, para inscribirse con Ma­ría, su esposa, que estaba embarazada.

Cuando estaban en Belén, le llegó el día en que debía tener su hijo. Y dio a luz su primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la sala común.

En la región había pastores que vivían en el campo y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. El ángel del Señor se les apareció y los rodeó de claridad la Gloria del Señor, y todo esto les produjo un miedo enor­me.

Pero el ángel les dijo: “No teman, porque yo vengo a comunicarles una buena nueva que será motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy ha naci­do para ustedes en la ciudad de David un Salvador que es Cristo Señor. En esto lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acos­tado en una pesebrera. De pronto aparecieron otros ángeles y todos alababan a Dios, diciendo: “Gloria a Dios en lo más alto del cielo, y en la tierra, gracia y paz a las personas”.

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿Por qué nació Jesús en un pesebre?

2. ¿Por qué fueron los pastores los llamados a visitar al niño Jesús recién nacido?

3. ¿Por qué Dios decidió hablarnos por medio de su Hijo?

4. ¿Por qué podemos afirmar que Jesús es una luz de solidaridad en medio de las tinieblas del mundo?

1. Un niño que nace en un pesebre

El pueblo judío estaba esperando al Mesías, a un personaje de la corte real que les libraría del yugo de los diferentes imperios que dominaron la tierra de Palestina; pero nunca se iba a imaginar que éste personaje pudiera a nacer en un pesebre, en el lugar de los animales. Se decía que el Mesías iba a ser descendiente de David; por lo tanto, un príncipe real. Aunque en el tiempo de Jesús ya hacía tiempo que se había interrumpido la conexión con la familia real de David, puesto que el rey Herodes no era de la familia de David, y ni siquiera era de origen judío, se esperaba que el Mesías naciese en el palacio real.

Conociendo el estilo de las casas del tiempo de Jesús, tal como lo ha demostrado la ciencia de la arqueología, las familias solían tener una sala común que servía para muchos usos: comer, dormir, sala de estar… Es de supo­ner que en la casa de la familia de José, que probablemente era de Belén, no había lugar para María y José en la sala común y sí encontraron puesto en el lugar de los animales.

Es frecuente en este período de Navidad decir que Jesús nace en cada familia y en cada corazón cristiano. Esos “nacimientos” no deben dejar hacernos olvidar el hecho primero y fundamental: Jesús nació de María en el seno de un pueblo dominado por el imperio más grande de la época: el romano. Para el/la cristiano/a la Navidad manifiesta la entrada definitiva de una divinidad revolucionaria en la historia humana. Navidad de la pequeñez y el servicio, en medio del poder de dominación y la prepotencia de los grandes de este mundo. Entrada, por tanto, con olor a establo.

El Dios de Jesús preparó el lugar más humilde para que su hijo naciese. Jesús, desde su nacimiento, muestra su preferencia por lo humilde, por lo pobre, lo excluido, por lo alejado de los centros de lujo y de poder. Allí en la marginalidad, Jesús se hizo hermano nuestro, la Palabra se hizo carne.

El ejemplo del niño que nace en un pesebre, se convierte en un desa­fío para nuestras comunidades cristianas que están formadas en su mayoría por gente humilde y que tienen como compromiso la opción preferencial por los po­bres, marginados y excluidos por el sistema neoliberal y por la dictadura económica que éste impone. Y es que su mismo Maestro nació en el más humilde de los lugares.

2. Los pastores son llamados a visitar al niño recién nacido

El Evangelio de Lucas (Lc 2,8-18) nos habla de unos pastores que estaban en los alrededores de Belén y que fueron a visitar al recién nacido con su familia. ¿Qué importancia tiene que precisamente los escogidos para visitar al recién nacido hayan sido unos pastores? Es importante señalar que en el tiempo en el que nació Jesús el oficio de Pastor era una de las profesiones más despreciadas. Los pastores tenían la fama de ser ladrones porque, en algu­nas ocasiones, incluían en sus rebaños algunas ovejas que no eran de su pro­piedad.

Precisamente a un tipo de gente marginada y despreciada se les anuncia el nacimiento del hijo de Dios en un pesebre. Ellos/as, los/as humildes, son por tanto, los/as primeros/as testigos/as de un Dios humilde que ha nacido en el lugar de los animales. De esta manera Dios sigue demostrando su preferencia por los humildes y los sencillos. Durante su predicación Jesús va a confirmar esta opción de Dios por los humildes e indefensos cuando expresó: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sa­bios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños/as. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar” (Lc 10,21-22).

El Evangelio de Mateo (Mt 2,1-12) no nos habla de la visita de los pas­tores, sino más bien de los magos venidos de Oriente. Sólo Mateo nos habla de estos magos de Oriente. Todos/as conocemos cómo se ha creado toda una tradición en torno a los reyes magos. Sin embargo, la mayor parte de los/as estudiosos/as de la Biblia cree hoy que el relato de los magos es más bien una leyenda que quiere dejar un mensaje: mientras los de dentro no se dan cuenta de que les ha nacido el Mesías, tienen que venir gente de fuera a reconocerle.

A nosotros/as, como comunidad cristiana, se nos invita a contemplar al niño nacido en un pesebre desde la humildad y la sencillez de los pastores, para entender su opción decidida por los humildes, los pobres, sencillos y marginados que son los/as preferidos del corazón misericordioso de Dios Padre, que nos ama con la ternura de una Madre.

3. El Dios de Jesús nos ha hablado por medio de su Hijo

Desde todos los tiempos Dios ha intentado comunicarse con los seres hu­manos. Y es que nosotras y nosotros fuimos hechos a su imagen y semejanza (Gn 1,26). A través de la historia él utilizó muchos métodos para comunicar su mensaje a las personas. Los portavoces preferidos por Dios fueron los profetas que sa­bían interpretar la voz de Dios en medio de los acontecimientos de su pueblo.

Entre todos los personajes de la antigüedad, que sirvieron como portavo­ces de Dios, Moisés fue considerado por el pueblo judío como el más importante y el que estaba más cerca de Dios. De hecho, de él dice el libro de los Números: “Si hay entre ustedes un profe­ta, me muestro a él en visiones y le hablo por medio de sueños. Pero no así como mi siervo Moisés: él es el encargado de toda mi casa. Cara a cara hablo con él abierta y claramente y dejo que él vea mi forma” (Nm 12,5-8). Jesús, sin embargo, supera a Moisés en su cercanía a Dios. El y el Padre son la misma cosa (Jn 14,10). De tal manera que escuchando su Palabra tenemos la certeza de que estamos oyendo las palabras del mismo Dios.

Como comunidad cristiana debemos ponernos a la escucha de la Palabra de Dios leída desde nuestra realidad, para ponerla en práctica en nuestro medio ambiente. Dios nos habla a través de la realidad y a través de su Palabra. Si estamos atentos/as a las exigencias de la realidad, y estos desafíos los ilu­minamos con la Palabra de Dios, estaremos en el camino de ir dando las repuestas adecuadas que el Señor nos pide en cada momento de nuestra vida.

4. Una luz de solidaridad en medio de las tinieblas de este mundo

Isaías, el gran profeta del período navideño, nos recuerda que “el pueblo que andaba a oscuras vio una gran luz” (Is 9,1). Esta oscuridad se encuentra en nuestros días en la enorme pobreza en que vive la gran mayoría de la humanidad, en la creciente brecha entre naciones y personas que disponen de la mayor parte de los recursos del planeta, y los pueblos y personas que el orden -o mejor dicho desorden- internacional del neo-liberalismo capitalista excluye cada vez más de la participación de los más elementales bienes de este mundo.

Pero, las verdaderas tinieblas no se encuentran, por lo general, en aquellas personas que sufren las consecuencias de un orden económico internacional injusto. La raíz -no la causa única- de ella está en el olvido de la dignidad humana de los/as empobrecidos/as y de su condición de hijas e hijos de Dios. Así de simple y de inhumano. Y esto vale también, para quienes, como sucede también en nuestro país, en América Latina y el Caribe, viven en los países pobres de espaldas a sus propios pueblos. Hablar de pobreza es describir un estado de cosas, hablar de injusticia es calificar moralmente el asunto. La injusticia constituye, en efecto, el núcleo de la oscuridad a la que nos estamos refiriendo.

Las innumerables personas de buena voluntad, que tanto en los países ricos como en los empobrecidos buscan dar un testimonio cristiano creando organizaciones de solidaridad y grupos de defensa de los derechos humanos, enfrentando un sistema económico que excluye a los más débiles de la sociedad, haciendo gestos de solidaridad y amistad hacia los/as olvidados/as de este mundo, son signos de luz en medio de tanta oscuridad.

El evangelio de Juan que hemos leído señala que: “En la Palabra había vida, y la vida era la luz de cada persona (…). Vino a su casa y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da el poder para ser hijas e hijos de Dios, si creen en su nombre.” (Jn 1,9-12). Y los hijos/as de Dios son los/as que se convierten en luces que transformarán, poco a poco, las tinieblas amenazantes en una noche humana, festiva y luminosa. Así haremos que la esperanza de ver “una gran luz” comience a convertirse en una realidad, en una esperanza encarnada, como Jesús que renace entre nosotros/as. En ese caso ésta habrá sido una Navidad más, en la que nuestra esperanza y nuestra alegría crecerán. Si dejamos de realizar nuestra tarea por egoísmos o simplemente por miedo, ésta será una Navidad menos en nuestras vidas.

Para la revisión personal: ¿Qué significa para mí la celebración de la Navidad? ¿Estoy dispuesto/a, como Jesús, a encarnarme en la realidad de mi pueblo, para desde ahí contribuir en su salvación, en la creación de mejores condiciones de vida?

Para la oración de las y los participantes:

  1. Por todas las comunidades cristianas para que la celebración de la Navidad les anime a cumplir con su misión salvadora y liberadora. Roguemos al Señor.
  2. Por todas las personas marginadas, y excluidas de esta sociedad, para que encuentren en nuestras comunidades una mano amiga y solidaria. Roguemos al Señor.
  3. Para que fortalezcamos nuestra capacidad de solidaridad con aquellas personas que se sienten oprimidas y pisoteadas. Roguemos al Señor.

Exhortación final: Hoy celebramos con alegría desbordante el nacimiento de Jesús. Ese Jesús, nacido en un establo nos ha revelado su preferencia por lo humilde, lo sencillo. Este ejemplo se convierte en un desafío para nosotros y nosotras y en una invitación a realizar toda obra buena que nos convierta en una luz de solidaridad en medio de las tinieblas del mundo, de nuestras familias y de la sociedad en que vivimos.

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDOM)

C/ 3 No. 9. El Milloncito, Sabana Perdida. Santo Domingo Norte. Rep. Dominicana

Tel/fax. 809-568-8560. E-mail: rebido@gmail.com, rebido07@yahoo.es

Reflexiones bíblicas semanales. Diciembre 2009

PREPAREN EL CAMINO DEL SALVADOR C2ºA (6-12-09)

ENTRADA: Nos reunimos para escuchar la Palabra del Dios de Jesús y sentirnos hermanos y hermanas y proyectar nuestro compromisos, en esta segunda semana del tiempo de Adviento. Juan el Bautista nos invita a preparar el camino de la encarnación de Jesús con la conversión y con la práctica de la justicia. Se nos exige el cambio de mente y de corazón pues con la encarnación de Jesús de Nazaret, el proyecto del Reino de Dios se ha acercado. La salvación humana y divina se ha hecho presente en nuestra vida cotidiana, en las relaciones comunitarias, en nuestras familias.

Celebremos con gozo la presencia de Jesús que es el Camino y el compañero de camino que nos acompaña en el proceso de ir construyendo nuevas relaciones con los hermanos y hermanas, así como con todos los seres vivos que habitan el planeta tierra.

1ªL: Baruc 5,1-9. Jerusalén, lugar de paz y de justicia

I: El autor del libro de Baruc, aunque escribió hacia el s. II a.C., sitúa su escrito en tiempos del exilio de Babilonia. En nombre del Dios Yahvé invita a la Jerusalén que estaba en ruinas y a su gente a quitarse el vestido de luto, porque su divinidad se acuerda de los/as deportados/as; permitirá que regresen a su tierra y allí se establecerán unas relaciones sociales basadas en la justicia y en la paz.

T: Jerusalén, quítate tu vestido de duelo y desdicha y vístete para siempre con el esplendor de la gloria de Dios. Reviste cual un manto la justicia de Dios, ponte como corona la gloria del Eterno; porque Dios mostrará tu grandeza a todo lo que hay bajo el cielo.

Dios te llamará para siempre: “Paz en la justicia y gloria en el temor de Dios.” Levántate, Jerusalén, ponte en lo alto, mira al oriente y ve a tus hijos reunidos del oriente al poniente por la voz del Santo, felices porque Dios se acordó de ellos.

Salieron a pie escoltados por los enemigos, pero Dios te los devuelve, traídos con gloria, como hijos de rey.

Porque Dios ha ordenado que todo cerro elevado y toda cuesta interminable sean rebajados, y rellenados los valles hasta aplanar la tierra, para que Israel  camine seguro bajo la gloria de Dios.

Hasta los bosques y todo árbol oloroso les darán sombra por orden de Dios. Porque él guiará a Israel en la alegría y a la luz de su gloria, escoltándolos con su misericordia y justicia.

Salmo  125: Yahvé ha estado grande con nosotros y nosotras, y por eso, estamos alegres

*          Cuando Yahvé cambió la suerte de Sión creíamos soñar. Se nos llenaba la boca de risa y los labios de alegría.

*          Las naciones decían de nosotros: “Maravillas de Yahvé” Yahvé hizo en nosotros maravillas; rebosábamos de gozo.

*          Haz que cambie, Yahvé, nuestra suerte cual los ríos del desierto. Los que en lágrimas esparcen su semilla en gozo segarán.

*          Se va, con lágrimas se aleja, el que lleva la simiente. ¡Ya viene!, con      júbilo regresa, trayendo

sus gavillas.

2ªL: Filipenses 1, 4-6.8-11. Que el amor crezca entre ustedes

I: Pablo, desde la cárcel, escribe a la comunidad de los Filipenses, a la que tenía un cariño especial; de hecho esta comunidad había mostrado su amor y solidaridad con el apóstol mientras éste estaba prisionero. Pablo reconoce el compromiso que tienen con la causa del Evangelio de la vida plena y reza por ellos y ella para que crezcan en el amor y en la capacidad de discernimiento para practicar el mandamiento del amor solidario.

T: Hermanas y hermanos:  Siempre que rezo por todos ustedes, lo hago con alegría. No puedo olvidar la cooperación que me han prestado en el servicio del Evangelio, desde el primer día hasta ahora. Y si Dios empezó tan buen trabajo en ustedes, estoy seguro de que lo continuará hasta concluirlo en el Día de Cristo Jesús.

Pues Dios sabe que los amo tiernamente en el corazón de Cristo Jesús. Y pido en mis oraciones que el amor crezca en ustedes, y con él alcancen conocimiento y buen juicio en todo. Así sabrán reconocer lo que conviene en cada momento y, caminando con rectitud, llegarán  sin tropiezo al día de Cristo, llevando como fruto maduro, esa santidad que procede de Cristo Jesús, para gloria y alabanza de Dios.

3ªL: Lucas  3, 1-6.  Cambien su manera de vivir y de pensar

T: El evangelista Lucas nos presenta a Juan el Bautista haciendo un llamado para que el pueblo cambie de vida y así se prepare para recibir la predicación de Jesús de Nazaret. El cambio de vida exige la liberación de los egoísmos y las prácticas injustas. De esta manera los/as creyentes se comprometen con la defensa de la vida, con el proyecto de vida y esperanza.

T: Era el año quince del reinado del emperador Tiberio. Poncio Pilato era gobernador de la Judea, Herodes estaba a cargo de la provincia de Galilea, su hermano Filipo a cargo de Iturea y de la Traconítide, y Lisanias a cargo de Abilene.

Los jefes de los sacerdotes eran Anás y Caifás. Ese fue el momento en que Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto.

Juan empezó a predicar su bautismo por toda la región del río Jordán, diciéndoles que cambiaran su manera de vivir para que se les perdonaran sus pecados. Así se cumplía lo que está escrito en el libro del profeta Isaías:

Escuchen ese grito en el desierto: Preparen el camino del Yahvé, enderecen sus senderos.

Rellénense todas las quebradas y aplánense todos los cerros. Los caminos con curvas serán enderezados, y los ásperos suavizados.

Entonces llegará la salvación de Dios y todo mortal la contemplará.

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿Por qué el Adviento nos anuncia un tiempo de alegría y de paz y de justicia?

2. ¿Por qué  es necesario cambiar de mente y liberarse de los pecados?

3. ¿Cuál es el compromiso que debe asumir el pastor o la pastora con su comunidad?

1.Tiempo de alegría, de paz y de justicia

Ninguno de los grandes profetas del pueblo de Israel se resignó a aceptar la realidad de dolor, de egoísmo e injusticia que ellos descubrían en la sociedad que les tocó vivir. Creían profundamente en la posibilidad de la realización de un proyecto de sociedad fundamentado en los valores del amor, la justicia y la libertad, en la capacidad de compartir ilusiones para ir creando una sociedad más humana y más fraterna en donde los/as más empobrecidos/as y excluidos/as sociales tuvieran mejores condiciones de vida.

El autor del libro de Baruc, aunque escribe hacia el s. II a.C. , sitúa su escrito en el tiempo del exilio de Babilonia. Jerusalén estaba en ruinas, una parte del pueblo prisionero en Babilonia, otra como esclava. Los/as campesinos/as que quedaban en la tierra vivían en una situación difícil porque los militares del imperio habían tomado las mejores tierras para ellos. En medio de esa situación se anuncia la intervención de Dios. Entonces Jerusalén podrá quitarse su vestido de luto y vestirse con el esplendor de su gloria.

Como signo de la alegría de Jerusalén se le cambiará el nombre. Ya no será la ciudad abandonada. Ahora se llamará “paz en justicia”. El pueblo regresado del exilio podrá disfruta de una paz que es el fruto de la justicia. Por eso el salmista dirá: “Cuando el Yahvé cambió la suerte de Sión creíamos soñar: se nos llenaba la boca de risa y los labios de alegría”(Sal 125,1-2).  Ahora cambia la suerte de los hombres y mujeres del campo. Antes sembraban en medio de lágrimas; ahora cosechan con gozo. Y los frutos más preciados son la justicia y la paz. En la primera lectura que hemos hecho hoy Baruc afirma: “Dios guiará a Israel con alegría a la luz de su gloria, con la misericordia y la justicia que vienen de él.”(Ba 5,9). El escritor expresa su convicción de que Dios está presente en medio del caminar de su pueblo.

La primera lectura de hoy nos invita, como comunidad de fe y amor solidario, a seguir soñando con una sociedad más humana y más justa. Se nos llama a comprometernos en su construcción con la conciencia clara que no es fácil sembrar con lágrimas, con lamentos, sin que se pueda cosechar muchas veces con alegría. Con frecuencia nos pasa como a esos/as campesinos/as nuestros/as que siembran con tristeza y cosechan un fruto que se daña o que no se vende. Todo esto trae más tristeza y desesperanza. Sin embargo, estamos conscientes de que es necesario seguir sembrando la semilla de la justicia que tarde o temprano hará germinar la paz y una sociedad más alegre y más fraterna.

2. Cambiar de mente y liberarse de las injusticias

Juan el Bautista comienza su predicación y afirma decididamente: “Cambien su vida y su corazón, porque el Reino de los Cielos se ha acercado” (Mt 3,2). La razón fundamental para hacer el llamado al cambio de vida es la propuesta de un proyecto de vida plena en medio de la humanidad; dicho proyecto se hace más claro y preciso con la presencia del Salvador que Juan el Bautista está anunciando.

Hasta la llegada de Juan Bautista y de Jesús, un buen grupo del pueblo de Israel intentaba vivir según los mandamientos del Dios Yahvé. Sin embargo, ahora el Proyecto divino se ha acercado. El hace un llamado a todos los hombres y mujeres de corazón noble para que asuman un Proyecto de vida justa, transparente, coherente y solidaria y se comprometan en su construcción.

El nuevo proyecto de vida, sin embargo, exige romper con lo viejo, con la simple tradición. Porque no se trata de seguir viviendo siempre lo mismo. El nuevo proyecto –llamado por Jesús “Reino de Dios” invita a abrirse a la novedad, pues cada día exige construir la justicia y la libertad y compromete cotidianamente con la construcción de una sociedad alternativa, en donde haya unas relaciones de amor, justicia y servicio desinteresado a los/as hermanos y hermanas más débiles, empobrecidos/as y excluidos/as.

El intento por cambiar de mente y de corazón; es decir de forma de pensar y de sentimientos, lleva necesariamente al esfuerzo por liberarnos del egoísmo, de la ambición y de las injusticias que se convierten en una esclavitud. Sólo los hombres y mujeres que son capaces de vivir en una continua actitud de liberarse del pecado, pueden decir que están cambiando su mente y su corazón.

La conversión que exige el Proyecto del Reino no es algo que se realiza de una vez para siempre. Nos pide el esfuerzo cotidiano por arrancar de nuestras mentes y de nuestro corazón todo aquello que nos esclaviza, que nos impide realizar lo que Dios quiere.

Como comunidad de fe estamos llamados/as a la conversión continua, al cambio de forma de pensar para que podamos ser constructores/as del Reino de Dios. Eso nos exige el compromiso con la liberación del pecado personal y del pecado de injusticia estructural que hay en nuestra sociedad. Una Iglesia que se acomodara totalmente a la cultura de un pueblo, a un sistema económico, hasta el punto que no supiera distinguir entre la paja y el buen grano, sería una Iglesia ineficaz para llamar a la conversión a ese pueblo, o a ese sistema económico.

3. El compromiso de cada pastor con la comunidad

La realización del Proyecto de Dios exige que haya comunidades de hombres y mujeres que tomen en serio su misión de ser testigos/as del amor liberador de Dios en medio de la realidad en la que viven. Y las comunidades necesitan de pastores/as que tengan el corazón de Jesús, que sean capaces de acompañar a las comunidades en su camino de fe y de amor solidario.

Pablo de Tarso es sin lugar a dudas un modelo de pastor comprometido con las comunidades cristianas por él fundadas. Su relación con la comunidad de los Filipenses se convierte en modelo de la integración de un pastor con su comunidad y del cariño y  la colaboración que tiene que desarrollar la comunidad con su pastor.

El pastor comprometido con su comunidad tiene unas relaciones cercanas con cada una de las personas que forman parte de la misma: “Pues Dios sabe que los amo tiernamente en el corazón de Cristo Jesús. Y pido en mis oraciones que el amor crezca en ustedes, y con él alcancen conocimiento y buen juicio en todo” (Flp 1,8-9). Sin dudas la integración del pastor con su comunidad y de la comunidad con su pastor ayuda mucho a que se haga realidad el deseo de Jesús de que haya un solo rebaño con un solo pastor (Jn 10,16).

Muchos/as de nosotros/as tenemos ministerios pastorales en las comunidades. A todos/as se nos invita a imitar las actitudes de Pablo en su cercanía a las comunidades. De esta manera, vamos haciendo posible el fortalecimiento de unas comunidades que se convierten en espacio de personas que cambian, que transforman su realidad personal y social, como fruto maduro de su compromiso con el Reino de Dios.

Para la revisión de vida personal y comunitaria: Preparan el camino del Yahvé, enderecen sus senderos… ¿qué caminos torcidos hay en mi vida? ¿Qué caminos torcidos hay en mi familia, en mi comunidad, en mi país? ¿Qué es lo que El quiere que yo enderece en mi vida personal y en esta sociedad?

Para la oración de las y los participantes:

  1. I.          Para que en este tiempo de Adviento alimentemos nuestra esperanza y la de los demás, dando testimonio concreto, con nuestro compromiso, de que el mundo puede cambiar y de que la esperanza es posible, roguemos…
  2. II.         Por todas las personas que tienen vocación de ser profetas, para que no se cansen de realizar su

misión aunque sientan que son “una voz que clama en el desierto…” roguemos…

  1. III.       Por todas las personas que luchan en sus comunidades, en las organizaciones comunitarias, en sus iglesias, para que se mantengan firmes y sean motivo de esperanza para su pueblo, roguemos…

Exhortación final: En esta segunda semana de adviento la Palabra de Dios nos ha abierto las puertas de la esperanza. Nos ha hablado de la necesidad de preparar el camino del Dios que viene, convirtiéndonos en comunidades comprometidas con el Proyecto de vida plena, con la conciencia de que Jesús es el Camino y al mismo tiempo el compañero inseparable de nuestro camino.


ESTEN SIEMPRE ALEGRES  C3ªA (13-12-09)

ENTRADA: En esta tercera semana del tiempo de adviento las lecturas de hoy nos invitarán a alegrarnos ante la proximidad de la celebración del nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios. Se nos invita a preparar su venida, con la disposición sincera de compartir lo que tenemos, porque como dice el apóstol Pablo, hay más gozo en dar que en recibir.

Celebremos pues con alegría, la proximidad del nacimiento de Jesús, que nos guía y nos fortalece en camino de fe y de solidaridad que hemos decidido  recorrer.

1ªL: Sofonías  3, 14-18a. Grita de gozo Jerusalén

I: El profeta Sofonías invita a la ciudad de Jerusalén a alegrarse porque Dios ha alejado de la ciudad el peligro que representaba el poderoso imperio asirio que amenazaba con destruirla. Se invita a Jerusalén  a la alegría y al regocijo. La presencia de Dios en medio de su pueblo es suficiente garantía, pues él es como un poderoso guerrero que defiende a Israel y le da la salvación.

T: ¡Grita de gozo, oh hija de Sión, y regocíjate, oh gente de Israel! ¡Canta alegre, con todo el corazón, hija de Jerusalén! Yavé ha levantado la sentencia en que te condenaba, ha alejado de ti a tus enemigos.

No tendrás que temer desgracia alguna, pues contigo está Yavé, rey de Israel. Ese día le dirán a Jerusalén: “¡No tengas ningún miedo, ni te tiemblen las manos! Yavé, tu Dios, está en medio de ti como un héroe que salva, él saltará de gozo al verte a ti y te renovará su amor.

Por ti lanzará gritos de alegría como en días de fiesta.”

Salmo: Is 12,2-3.4-6: Griten jubilosos: “Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel”.

*          ¡Vean cómo es el Dios que me salva! Me siento seguro y no tengo más miedo, pues Yahvé es mi fuerza y mi canción, él es mi salvación.

*          Ustedes dirán, ese día: ¡Denle las gracias a Yahvé, aviven su Nombre!

Publiquen entre los pueblos sus hazañas, repitan que su Nombre es sublime.

*          ¡Canten a Yahvé, porque ha hecho maravillas que toda la tierra debe     conocer!

¡Grita de contento y de alegría, oh Sión, porque grande es, medio de ti, el Santo de Israel!”

2ªL: Filipenses  4, 4-7. Alégrense en el Dios solidario

I: En su carta a los Filipenses, Pablo les invita a estar alegres pues forman parte de un pueblo comprado con la sangre preciosa de Jesús. No debemos permitir que nadie nos quite esa alegría que sólo Dios da; por eso se nos invita a no inquietarnos por nada, sino a mantener la calma y la paz que son el fruto del Espíritu de Dios que nos guía en la lucha de cada día.

T: Hermanos y hermanas: Alégrense en el Señor en todo tiempo. Le repito: alégrense, y den a todos muestras de un espíritu muy comprensivo. El Señor está cerca: no se inquiete por nada. En cualquier circunstancia recurran a la oración, y a la súplica, junto a la acción de gracias.

Entonces la paz de Dios, que es mucho mayor de lo que se puede imaginar, les guardará su corazón y sus pensamientos en Cristo Jesús.

3ªL: Lucas  3,10-18. Compartir lo que tenemos

T: Mientras Juan bautizaba en el río Jordán, la gente le pregunta sobre la conducta que deben llevar después de ser bautizados. Juan les da algunas normas de comportamiento para vivir de acuerdo con las exigencias del mandamiento del amor solidario de Dios. Los que así actúan serán bautizados en el Espíritu Santo, se comprometerán con Jesús y con su Proyecto de amor.

T: En aquel tiempo la gente  preguntaba a Juan Bautista: “¿Qué debemos hacer?” El les contestaba: “El que tenga dos capas de una al que no tiene, y quien tenga qué comer haga lo mismo.” Vinieron también los cobradores de impuestos para que Juan los bautizara. Le dijeron: “Maestro, ¿qué tenemos que hacer?” Respondió Juan: “No cobren más de lo debido.” A su vez unos soldados le preguntaron: “Y nosotros, ¿qué debemos hacer?” Juan les contestó:  “No abusen de la gente, no hagan denuncias falsas y conténtense con lo que les pagan.”

El pueblo estaba en la duda y todos se preguntaban interiormente si Juan no sería el Cristo. Por lo que Juan hizo a todos esta declaración: “Yo los bautizo con agua, pero ya viene el que es más poderoso que yo, al que no soy digno de soltarle los cordones de su zapato; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en la mano la pala para limpiar el trigo en su tierra y recogerlo después en su granero. Pero la paja, la quemará en el fuego que no se apaga.”

Y con muchas otras palabras anunció la Buena Nueva al pueblo, hasta que Herodes lo hizo encarcelar.

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿Cuáles son los motivos que tenemos para vivir alegres?

2. ¿Por qué los/as creyentes tenemos que vivir y trabajar sin miedo?

3. ¿Cómo fortalecer el compromiso de solidaridad que crea mejor vida?

1. El llamado a vivir en la alegría

Las lecturas que hemos leído hoy hacen un llamado a la alegría. Y ¿cuáles son los motivos para la alegría? ¿Tenemos muchos motivos para estar alegres, si tenemos en cuenta la difícil situación en la que viven la mayor parte de las personas que habitan esta isla quisqueyana, en Cuba, en el Caribe y en los países más empobrecidos de nuestra América Latina?

En la primera lectura el profeta Sofonías invita a Jerusalén y a sus habitantes a saltar de alegría, porque la ciudad santa estaba sentenciada a ser destruida por el poderoso imperio asirio y Yahvé no lo ha permitido. Por eso el pueblo tiene motivos de alegría. Pero el mismo Dios se alegra por la suerte de la ciudad. Esta es como una novia a la que Yavé mira con amor conyugal: “El saltará de gozo al verte a ti y te renovará su amor. Por ti lanzará gritos de alegría como en días de fiesta.” (Sof 3,17).

En el salmo responsorial que hemos leído hoy, tomado de Isaías 12,2-3.4-6 se nos invita a sacar agua con alegría de los pozos de la salvación. Se invita al pueblo a gritar de alegría y de contento porque grande es en medio de su pueblo el Dios de Israel  (Is 12,6).

En la segunda lectura que hemos leído Pablo invita a los/as cristianos/as de Filipos a alegrarse en el Señor en todo tiempo y a mostrar indulgencia y misericordia en las relaciones con los demás.

El auténtico motivo de la alegría cristiana es la fe en la presencia del Señor entre nosotros/as. Una presencia invisible, pero real y eficaz. ¿Es posible vivir la alegría de la espera de la Navidad, en la América Latina de estos días de hambre y miseria?, se preguntaba el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez. Y proseguía: “Comencemos por reconocer que no es una pregunta fácil. No podemos responder un sí superficial, olvidadizo de que no sólo de oraciones viven los seres humanos; pero tampoco podemos dejar de lado que las fuentes de la alegría son hondas y constituyen reservas de esperanza y de transformación de la vida humana. La alegría persiste tercamente en medio del sufrimiento impidiendo que éste se convierta en tristeza, en amargura, en encierro de sí mismo. Esto sería trágico en momentos que se necesita una gran solidaridad entre los pobres mismos.

Como comunidad cristiana nos podemos preguntar si podemos tener motivos para estar alegres en medio de la situación en que vivimos. Y si somos realmente cristianos/as deberíamos encontrar motivos para vivir con paz y alegría en medio de las dificultades más grandes de la vida. Y es que la conciencia de saber que estamos viviendo de acuerdo a los mandamientos del Dios vivo y colaborando con su Proyecto de Vida, es más que motivo suficiente para vivir alegres, intentando ser testigos/as de su amor. Y esa es una alegría que nada ni nadie nos la pueden quitar.

2. No tener miedo, se acerca la salvación

El profeta Sofonías invita a la ciudad de Jerusalén y a sus habitantes a no tener miedo, a no permitir que tiemblen sus manos, porque Yavé está en medio de su pueblo como un poderoso guerrero, como un salvador que protege la vida de su pueblo. Y aunque sea un poderoso imperio como el asirio, o el egipcio, el que intente destruir la ciudad santa, no podrán lograrlo si Dios no lo permite. De la conciencia de la presencia de Dios en medio de su pueblo se sacan las fuerzas para sobrevivir en medio de las grandes dificultades.

En el salmo responsorial que hemos leído hoy el creyente afirma decididamente: “¡Vean cómo es él, el Dios que me salva! Me siento seguro y no tengo más miedo, pues Yavé es mi fuerza y mi canción, él es mi salvación.” (Is 12,2). La presencia de Yavé da fuerzas para seguir caminando y para arrancar el miedo que nos pueda venir.

El mismo Jesús nos invitó a no tener miedo ante las dificultades, pues él venció el mundo (Jn 14,27); es decir, él supo enfrentar las dificultades y aunque lo mataron, él está vivo y presente en medio de su pueblo.

La fuerza para vencer el miedo, no nos viene de nosotros/as mismos/as, sino de Dios. Por eso reconocemos nuestra debilidad, pero como dice Pablo, cuando somos débiles, entonces somos fuertes, porque el Espíritu de Dios nos fortalece desde el interior de nosotros mismos.

Pablo, dirigiéndose a los Filipenses les invita a recurrir a la oración en todo tiempo, ya sea oración de petición o de acción de gracias. Y es que la vida cristiana necesita de la oración como diálogo confiado con el Dios que nos salva. De él vienen las fuerzas necesarias para ser testigos de su amor liberador.

La oración se convierte entonces en una fuerza indispensable para ser testigos creíbles del amor de Dios. La oración nos da fuerzas en momentos de crisis, en momentos de dificultades. En la oración reconocemos la presencia de Dios y todo lo que él hace por el bien de su pueblo.

La oración tiene que convertirse, sobre todo, en espacio de escucha de lo que Dios nos quiere decir en cada momento de nuestra vida. Al escuchar la Palabra del Dios vivo y comprometernos con sus exigencias descubrimos un motivo para vivir y para seguir realizando nuestro trabajo en cada una de nuestras comunidades.

La oración es como la savia vital que permite la vida a los árboles y que les permite que den frutos abundantes. Por eso la oración tiene que estar siempre presente en la vida de todo cristiano y en la vida de toda comunidad cristiana.

Como comunidad de fe se nos invita a no tener miedo, a seguir adelante anunciando el evangelio y a alegrarnos cuando tenemos que sufrir dificultades por la causa del evangelio de Jesús.

3. El compromiso de compartir lo que se tiene y de ser personas justas

El texto de Lucas que hemos leído en el evangelio de hoy nos habla del testimonio de Juan Bautista, el precursor. Su predicación impresiona al pueblo de Israel. Tanto que le preguntan: ¿qué debemos hacer?” (Lc 3,10). Es una prueba de que han comprendido lo que se les ha comunicado; de esta manera no se limitan a oír, ni siquiera a decir que están de acuerdo con lo que se les dice; descubren que el bautismo de Juan exige un compromiso. Y la respuesta de Juan no se hace esperar: invita a los/as más sencillos/as del pueblo a compartir lo poco que se tiene: vestidos, comida (Lc 3,10-11). En estos tiempos tan duros para los más pobres, la demanda de Juan Bautista cobra nueva vigencia. Es el momento de convidar a otros/as a nuestra propia comida; es tiempo de seguir luchando para que todos/as tengan comida y mejores condiciones de vida. Es la manera de esperar adecuadamente a Jesús.

Hoy, Juan el Bautista nos quiere transmitir la idea que la conversión implica actos y decisiones concretas, como vemos en las respuestas prácticas con que responde a las preguntas de la gente.

Conversión es compartir con el/la pobre y necesitado/a. “El que tenga dos capas… el que tiene comida… que dé al que no tiene” (Lc 3,10-11).

Conversión es justicia en nuestro trato con los/as demás: “No cobren por encima de los establecido” (Lc 3,13).

Conversión es compasión y misericordia en el uso del poder ( de cualquier clase o importancia), y es austeridad: “No abusen de nadie. No acusen a nadie falsamente. Estén contentos con su paga” (Lc 3,14).

La exigencia básica de la justicia, según la Biblia, es compartir. De esa manera se muestra la verdadera conversión. Y esta nos lleva a compartir lo que tenemos con aquellas personas que no tienen las condiciones mínimas para vivir dignamente y que tampoco tienen la oportunidad de encontrar un trabajo digno en esta sociedad neo-liberal excluyente, donde reina el individualismo y  la ley del más fuerte. Dan frutos de conversión los/as que son capaces de unirse a la lucha de aquellos hombres y mujeres que trabajan para todos/as tengamos mejores condiciones de vida.

Para la revisión de vida personal y comunitaria: A la luz del evangelio que hemos escuchado hoy, ¿Qué debo hacer yo para mostrar los frutos de una sincera conversión? ¿Qué podemos hacer para que en esta navidad nazca efectivamente Jesús a nuestro alrededor?

Para la oración de las y los participantes:

  1. I.          Para que en este adviento sigamos alimentando nuestra esperanza y compartiéndola con las

personas desanimadas, roguemos al Señor.

  1. II.         Para que seamos capaces de preparar la celebración de la navidad con realismo tratando

de hacer que “efectivamente nazca Jesús” a nuestro alrededor, roguemos al Señor.

  1. III.       Para que sepamos ser personas austeras que saben compartir con los/as demás lo que son y lo

que tienen, roguemos al Señor.

Exhortación final: Hemos celebrado con gozo la fe en esta tercera semana de adviento. La palabra nos ha invitado a alegrarnos ante la proximidad del nacimiento de Jesús. Esta celebración fortalecerá nuestra fe. El Dios que se hace persona humana se convierte en compañero de nuestro camino. Por eso no hay motivos para el desánimo; más bien se nos pide continuar con decisión el camino de fe que hemos emprendido.


BENDITO EL FRUTO DE TU VIENTRE C4ºA (20-12-09)

ENTRADA: Estamos ya en el cuarto domingo de Adviento. Esta Misma noche celebraremos el nacimiento de Jesús. Se nos presenta a María como bendita entre las mujeres y como la madre que por su fe permitió la encarnación de Jesús en su vientre. Ella, con su ejemplo de apertura a la Palabra de Dios y su disposición de servicio nos acompaña en este camino de adviento.

Celebremos pues, con alegría, la presencia de María en medio de la comunidad del Hijo que se ha hecho hermano nuestro y que se ha sacrificado para que todos tuviéramos vida en abundancia.

1ªL: Miqueas 5, 1-4a. De Belén saldrá un gobernante para Israel

I: El profeta Miqueas anuncia que un personaje, llamado Mesías nacerá en el pequeño pueblo de Belén. Habla del futuro Mesías como un gobernante que tendrá como misión reunir al pueblo de Israel disperso, guiarlo como un pastor, para que el pueblo viva seguro y pueda tener buenas condiciones de vida, en una sociedad en la que reinen la justicia y la paz.

T: Pero tú, Belén Efratá, aunque eres la más pequeña entre todos los pueblos de Judá, tú me darás a aquel que debe gobernar a Israel; cuyo origen se pierde en el pasado, en épocas antiguas. Por eso, si Yavé los abandona es sólo por un tiempo, hasta que aquella que debe dar a luz tenga su hijo. Entonces volverán a su familia el resto de los hijos de Israel. El se pondrá de pie y guiará su rebaño con la autoridad de Yavé, con la gloria del Nombre de Dios, vivirán seguros, pues su poder llegará hasta los confines de la tierra; El mismo será su paz.

Salmo 79: Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve

*          Escucha, pastor de Israel, que guías como rebaño a José. Oh Dios, sentado en los querubines, manifiéstate; despiértate entre Efraín, Benjamín y Manasés, y ven a salvarnos.

*          Oh Dios de los Ejércitos, restablécenos, muestra tu rostro alegre y nos salvaremos. Habías traído una viña de Egipto; echaste los pueblos ante ella y la plantaste; echó raíces y llenó la tierra.

*          Que tu mano apoye a tu rey, al hijo del hombre que has confirmado para ti. Ya no nos alejaremos de ti, tú nos devolverás a la vida e invocaremos tu Nombre.

2ªL: Hebreos  10, 5-10. Jesús, un hermano solidario

I: En la lectura de la carta a los Hebreos que hacemos a continuación se nos presenta a Jesús como una persona que entrega su vida en sacrificio por sus hermanos y hermanas. Mientras que los sacerdotes ofrecían sacrificios de animales por los pecados del pueblo, Jesús hace el sacrificio de sí mismo y de esta manera santifica a sus hermanos/as y demuestra su solidaridad con todos sus hermanos y hermanas.

T: Hermanos y hermanas: Por eso, al entrar Cristo al mundo dice: “Tú no quisiste sacrificio ni ofrenda, sino que me formaste un cuerpo. No te agradaron los holocaustos ni los sacrificios por el pecado. Entonces dije: Mira, aquí vengo; de mí se dijo lo que está en el libro; cumpliré, oh Dios, tu voluntad.”

Comienza por decir: “Sacrificios por ofrendas, holocaustos, sacrificios por el pecado, no los quisiste ni te agradaron”; y sin embargo, es lo que pedía la Ley. Después sigue: Aquí estoy para cumplir tu voluntad; con esto, anula el antiguo testamento y establece el nuevo. Ahora, conforme a esta voluntad de Dios, somos santificados de una vez, por  el  sacrificio que Cristo Jesús hace de sí mismo.

3ªL: Lucas 1,39-45. Bendita eres entre todas las mujeres

I: El evangelio según Lucas nos narra hoy el encuentro entre María y su prima Isabel, mientras ambas se encontraban embarazadas. Ante la visita de María, Juan Bautista se alegra desde el vientre de su madre e Isabel, llena del Espíritu Santo, reconoce a María como una mujer especial entre todas las mujeres, al mismo tiempo que reconoce su fe en las promesas de Dios.

T: Por esos días, María partió apresuradamente a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. Entró a la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo y exclamó en alta voz: “¡Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!  ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi Señor? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en mis entrañas. ¡Dichosa por haber creído que de cualquier manera se cumplirán las promesas del Señor!”

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿En qué se diferencia Jesús del Mesías esperado por el pueblo de Israel?

2. ¿Por qué María es bendita entre las mujeres?

3. ¿Por qué podemos afirmar que María es modelo de una mujer creyente?

1. El Mesías-pastor que nace en Belén

El profeta Miqueas anuncia que en Belén nacerá un jefe para Israel. Ese jefe será un pastor que tendrá el encargo de guiar a su pueblo, incluyendo a aquellos/as que fueron deportados/as por el imperio asirio hacia el año 721 a.C.

El gobernante esperado pastoreará a su pueblo de tal manera que se creará un tiempo de tranquilidad y sosiego, en éste la paz no tendrá fin. También el profeta Isaías, contemporáneo de Miqueas, habla de un niño que será rey y que tendrá la misión de gobernar a su pueblo: “Porque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado… Grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia” (Is 9,5-6).

Hoy, el profeta Miqueas subraya dos cosas sobre el Mesías esperado: Belén será el lugar del nacimiento de Jesús, que desde este lugar Jesús se mostrará a sí mismo como el buen pastor de su pueblo y fuente de paz.

Cuando a María se le anuncia que va a tener un hijo se le dice de él: “El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin” (Lc 1,33).

Como podemos ver, los judíos esperaban a un rey poderoso que implantaría el derecho y la justicia en la tierra por la fuerza. Sin embargo, el Dios que nos vino fue diferente. Aun siendo de la familia de David, no tiene más poder que el que nace de su Palabra y  del amor de sus acciones en favor de los/as necesitados/as y excluidos/as sociales.

El nacimiento en Belén, pueblecito sin importancia, nos habla de la sencillez de Dios. El escoge el camino de la humildad y hace nacer a su Hijo en medio de los/as humildes. Ese Dios que nace se convierte en un buen pastor para Israel, en alguien que se compadece de su pueblo.

Al acercarnos a la fiesta del nacimiento de Jesús, contemplamos la humildad de Dios, su opción por lo pequeño y lo débil y su deseo de que su Hijo se convierta en nuestro pastor, que nos enseña que Dios siempre prefiere los medios humildes para mostrarnos su amor liberador.

2. El encuentro entre dos mujeres embarazadas

El evangelio que hemos leído hoy nos presenta el encuentro entre dos mujeres embarazadas: María e Isabel. De alguna manera el evangelista Lucas quiere decirnos que la vida y la misión de los hijos de estas dos mujeres, Juan y Jesús, estaban relacionadas desde el tiempo en que estaban en los vientres de sus respectivas madres.

María, la mujer galilea, va a Judá a la región donde su hijo será rechazado y condenado a muerte  (Lc 1,39) . Al  encontrarse con María, el niño que estaba en el vientre de Isabel “salta de gozo” (Lc 1,41.44). La alegría es la primera respuesta a la venida del Mesías. Sentir la alegría porque nos sabemos visitados/as y amados/as por Dios es prepararnos adecuadamente para la Navidad.

Isabel pronuncia una doble bendición. Lucas señala que lo hace “llena del Espíritu Santo” (Lc 1,41). María es reconocida como “bendita entre las mujeres” (Lc 1,42); su condición de mujer es destacada, al mismo tiempo que se la considera amada y privilegiada por Dios. Por eso se afirma además: “bendito es el fruto de tu vientre” (Lc 1,42).

En este camino de adviento contemplamos, como comunidad creyente, a María como la madre escogida por Dios que nos regala el fruto de su vientre, Jesús. Ante ese hecho sólo nos queda dar gracias a Dios por el ejemplo y el compromiso de María para traernos a Jesús, el Hijo encarnado de Dios.

3. María, madre mujer creyente

En su diálogo con María, Isabel destaca la fe de la madre de Jesús: “¡Dichosa por haber creído que de cualquier manera se cumplirán las promesas del Señor” (Lc 1,45).  Es significativo que Isabel diga a María: “¡Dichosa por haber creído!”, y no únicamente: “¡Dichosa por haber concebido!” (Lc 1,45). El evangelista destaca la fe de María que le permite acoger en su seno al Hijo de Dios. De hecho cuando se le anunció el embarazo no comprendía cómo podía suceder sin la intervención de ningún hombre. Pero a pesar de que no entendería mucho las palabras del ángel que le comunicaba que la encarnación se realizaría por obra del Espíritu Santo, ella afirma: “Yo soy la servidora del Señor; hágase en mí lo que has dicho” (Lc 1,38).

A continuación del texto que hemos leído hoy el evangelista Lucas nos pone en boca de María un himno en el cual se expresa su fe. De hecho María cree en el Dios Salvador, en el Dios Santo, que mira la condición humilde de sierva (Lc 1,46-47); que arruina a los soberbios, los quita de los tronos y pone en su lugar a los humildes (Lc 1,51-52); que repleta a los hambrientos de todo lo que es bueno y que despide vacíos a los ricos (Lc 1,53); que guía como un padre a su pueblo, tomándolo de la mano, mostrándole su amor y su misericordia. Finalmente, María cree en el Dios que cumple las promesas hechas a su pueblo (Lc 1,55).

María por ser mujer de fe está abierta para el servicio. Ante la propuesta de Dios, ella no tiene miedo en afirmar: “Yo soy la servidora del Señor” (Lc 1,38). Y cuando su prima la necesita, no duda, aun estando ella también embarazada, en recorrer un largo camino para ponerse al servicio de Isabel que ya estaba en los últimos meses de su embarazo. No se trató, por tanto, de una simple visita: “María se quedó con Isabel cerca de tres meses, y después volvió a su casa” (Lc 1,56).

Para la revisión personal y comunitaria: ¿Cómo voy a vivir esta semana de adviento-navidad? ¿Cómo voy a acoger al Dios humanizado en Jesús?

Para la oración de las y los participantes:

  1. I.          Por todas las personas de nuestra sociedad especialmente por los/as más necesitados/as

para que acojan la venida del Dios-con nosotros, roguemos al Señor.

  1. II.         Para que el ambiente social navideño vaya acompañado en nuestras vidas por una vivencia

intensa del misterio que celebramos en la navidad, roguemos al Señor.

  1. III.       Para que el ambiente de la navidad ayude a crear en nuestros hogares el necesario clima

de amor, y ternura que colabore con la unidad familiar, roguemos al Señor.

Exhortación final: Hemos celebrado nuestra fe en esta cuarta semana de adviento. Dentro de unos días celebraremos el nacimiento de Jesús, el Salvador y liberador. Con María, mujer, madre y creyente nos ponemos en disposición para acoger al niño en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestro país y así ser signos de esperanza y de cambio, comprometiéndonos para que haya justicia, trabajo techo y pan y así pueda haber paz en esta sociedad estructuralmente violenta e injusta.

HOY NOS HA NACIDO UN SALVADOR Y UN LIBERADOR CTN (25/12/09)

ENTRADA: En este día celebramos el naci­miento de Jesús. Sabemos que hace ya mucho tiempo que Jesús nació en un pue­blecito humilde llamado Belén, a las afueras de Jerusalén. A Nosotros/as, sus seguidores y seguidoras nos da mucha alegría recordar hoy ese acontecimiento y hacerlo presente en nuestra comunidad. Descubrimos la importancia de dar gracias a Dios por este gran amor que El nos ha tenido, cuando permitió que su Hijo se hiciese uno de nuestra raza para salvarnos y liberarnos.

Celebremos, como comunidad de fe y de amor, este gran acontecimiento que no tiene comparación en la historia de la humanidad.

1ªL: Isaías 9,1-3.5-6. Un niño nos ha nacido. Un hijo se  nos ha dado

I:  El texto que leeremos a continuación es un poema, surgido en torno al año 721 cuando el imperio Asirio destruyó al reino del Norte, Israel. En medio de la situación de amenaza para el reino de Judá se afirma que Dios librará a su pueblo del yugo de los Asirios. Además, se anuncia el nacimiento de un niño, el Emmanuel, Dios con nosotros. Entonces lo esperaban como un rey, descendiente de David, cuyo imperio no tendría fin, y que gobernaría con el derecho y la justicia.

T:  El pueblo de quienes caminan en la noche, divisaron una luz grande; habi­taban el oscuro país de la muerte, pero fueron iluminados e iluminadas.

Tú los has bendecido y multiplicado, los has colmado de alegría, por eso están de fiesta y te celebran, como los trabajadores al terminar la cosecha, como los combatientes después de la victoria.

El yugo que soportaban, y la vara sobre sus espaldas, el látigo de su capataz, tú lo quiebras como en el día de Madián.

Los zapatos que hacían retumbar la tierra y los mantos manchados de san­gre van a ser quemados: el fuego los devorará.

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; se le pone en el hombro el distintivo del rey y proclaman su nombre: “Este es el Consejero ad­mirable, el Héroe divino, el Padre que no muere, el Príncipe de la paz”.

Su imperio no tiene límites, y, en adelante, no habrá sino paz para el Hijo de David y para su reino.

Salmo 95: Hoy nos ha nacido un hermano, un Salvador

*          Canten a Yahvé un canto nuevo, cante a Yahvé toda la tierra. Canten y bendigan a Yahvé. Su salvación proclamen diariamente.

*          Su salvación proclamen diariamente. Cuenten a los paganos su esplendor y a los

pueblos sus cosas admirables.

*          ¡Gozo en el cielo, júbilo en la tierra!, resuene el mar, todo lo que encierra. Salten de gozo el campo y sus productos, alégrense los árboles del bosque.

*          Delante de Yahvé, porque ya viene, viene a juzgar la tierra:  juz­gará con justicia al universo y a los pueblos según su rectitud.

2ªL: Tito, 2,11-14. Comportarnos como personas responsables

I: Jesús, hecho ser humano para salvarnos, nos muestra el amor sin límites de Dios. El nos invita a comprometernos con seriedad con el Proyecto de Dios y a rechazar todo aquello que nos aleja de los caminos que nos conducen a la vida fraterna y feliz. El también dio su vida por nosotros/as para liberarnos del pecado y de la muerte y vivir de acuerdo a la vocación que Dios nos ha dado, como personas responsables y justas, realizando con responsabilidad y constancia la misión que El nos ha encomendado.

T: Hermanas y hermanos: La gracia de Dios vino a este mundo, trayendo la salvación a todas las personas y educándonos para que, después de rechazada la maldad y las codicias mundanas, vivamos en este mundo como seres responsables, justos y que sirven a Dios. Pues esperamos el día feliz en que se manifestará con su Gloria nuestro magnífico Dios y Salvador Cristo Jesús. El se sacrificó por nosotros/as, para liberarnos de todos los lazos del pecado, y así purificar un pueblo que fuera suyo, dedicado a toda obra buena.

3ªEv: Lucas 2,1-14. Dio a luz a su hijo y lo acostó en un pesebre

I: La siguiente lectura describe el nacimiento de Jesús en Belén, la ciudad del rey  David, su antepasado. De esta manera, Lucas quiere dejar claro que Jesús es descendiente del mejor rey que hubo en la historia de Israel y que se cum­ple la profecía de la permanencia en el tiempo de la familia de David (2 Sm 7,16).

Su nacimiento ocurre en el lugar de los animales, en la pobreza desnuda de un pesebre, porque no había lugar para ellos en la sala común que servía para estar durante el día y dormir por la noche.

Unos pastores, símbolo de la gente más marginada, son invitados para contemplar el gran misterio de un Dios que se hace niño pequeño indefenso para salvarnos.

T: En aquel tiempo, el emperador dictó una ley que ordenaba hacer un censo en todo el imperio. Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse a sus respectivas ciudades. También José, como era descendiente de David, salió de la ciudad de Nazaret de Galilea y subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, para inscribirse con Ma­ría, su esposa, que estaba embarazada.

Cuando estaban en Belén, le llegó el día en que debía tener su hijo. Y dio a luz su primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la sala común.

En la región había pastores que vivían en el campo y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. El ángel del Señor se les apareció y los rodeó de claridad la Gloria del Señor, y todo esto les produjo un miedo enor­me.

Pero el ángel les dijo: “No teman, porque yo vengo a comunicarles una buena nueva que será motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy ha naci­do para ustedes en la ciudad de David un Salvador que es Cristo Señor. En esto lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acos­tado en una pesebrera. De pronto aparecieron otros ángeles y todos alababan a Dios, diciendo: “Gloria a Dios en lo más alto del cielo, y en la tierra, gracia y paz a las personas”.

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿Por qué nació Jesús en un pesebre?

2. ¿Por qué fueron los pastores los llamados a visitar al niño Jesús recién nacido?

3. ¿Por qué Dios decidió hablarnos por medio de su Hijo?

4. ¿Por qué podemos afirmar que Jesús es una luz de solidaridad en medio de las tinieblas del mundo?

1. Un niño que nace en un pesebre

El pueblo judío estaba esperando al Mesías, a un personaje de la corte real que les libraría del yugo de los diferentes imperios que dominaron la tierra de Palestina; pero nunca se iba a imaginar que éste personaje pudiera a nacer en un pesebre, en el lugar de los animales. Se decía que el Mesías iba a ser descendiente de David; por lo tanto, un príncipe real. Aunque en el tiempo de Jesús ya hacía tiempo que se había interrumpido la conexión con la familia real de David, puesto que el rey Herodes no era de la familia de David, y ni siquiera era de origen judío, se esperaba que el Mesías naciese en el palacio real.

Conociendo el estilo de las casas del tiempo de Jesús, tal como lo ha demostrado la ciencia de la arqueología, las familias solían tener una sala común que servía para muchos usos: comer, dormir, sala de estar… Es de supo­ner que en la casa de la familia de José, que probablemente era de Belén, no había lugar para María y José en la sala común y sí encontraron puesto en el lugar de los animales.

Es frecuente en este período de Navidad decir que Jesús nace en cada familia y en cada corazón cristiano. Esos “nacimientos” no deben dejar hacernos olvidar el hecho primero y fundamental: Jesús nació de María en el seno de un pueblo dominado por el imperio más grande de la época: el romano. Para el/la cristiano/a la Navidad manifiesta la entrada definitiva de una divinidad revolucionaria en la historia humana. Navidad de la pequeñez y el servicio, en medio del poder de dominación y la prepotencia de los grandes de este mundo. Entrada, por tanto, con olor a establo.

El Dios de Jesús preparó el lugar más humilde para que su hijo naciese. Jesús, desde su nacimiento, muestra su preferencia por lo humilde, por lo pobre, lo excluido, por lo alejado de los centros de lujo y de poder. Allí en la marginalidad, Jesús se hizo hermano nuestro, la Palabra se hizo carne.

El ejemplo del niño que nace en un pesebre, se convierte en un desa­fío para nuestras comunidades cristianas que están formadas en su mayoría por gente humilde y que tienen como compromiso la opción preferencial por los po­bres, marginados y excluidos por el sistema neoliberal y por la dictadura económica que éste impone. Y es que su mismo Maestro nació en el más humilde de los lugares.

2. Los pastores son llamados a visitar al niño recién nacido

El Evangelio de Lucas (Lc 2,8-18) nos habla de unos pastores que estaban en los alrededores de Belén y que fueron a visitar al recién nacido con su familia. ¿Qué importancia tiene que precisamente los escogidos para visitar al recién nacido hayan sido unos pastores? Es importante señalar que en el tiempo en el que nació Jesús el oficio de Pastor era una de las profesiones más despreciadas. Los pastores tenían la fama de ser ladrones porque, en algu­nas ocasiones, incluían en sus rebaños algunas ovejas que no eran de su pro­piedad.

Precisamente a un tipo de gente marginada y despreciada se les anuncia el nacimiento del hijo de Dios en un pesebre. Ellos/as, los/as humildes, son por tanto, los/as primeros/as testigos/as de un Dios humilde que ha nacido en el lugar de los animales. De esta manera Dios sigue demostrando su preferencia por los humildes y los sencillos. Durante su predicación Jesús va a confirmar esta opción de Dios por los humildes e indefensos cuando expresó: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sa­bios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños/as. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar” (Lc 10,21-22).

El Evangelio de Mateo (Mt 2,1-12) no nos habla de la visita de los pas­tores, sino más bien de los magos venidos de Oriente. Sólo Mateo nos habla de estos magos de Oriente. Todos/as conocemos cómo se ha creado toda una tradición en torno a los reyes magos. Sin embargo, la mayor parte de los/as estudiosos/as de la Biblia cree hoy que el relato de los magos es más bien una leyenda que quiere dejar un mensaje: mientras los de dentro no se dan cuenta de que les ha nacido el Mesías, tienen que venir gente de fuera a reconocerle.

A nosotros/as, como comunidad cristiana, se nos invita a contemplar al niño nacido en un pesebre desde la humildad y la sencillez de los pastores, para entender su opción decidida por los humildes, los pobres, sencillos y marginados que son los/as preferidos del corazón misericordioso de Dios Padre, que nos ama con la ternura de una Madre.

3. El Dios de Jesús nos ha hablado por medio de su Hijo

Desde todos los tiempos Dios ha intentado comunicarse con los seres hu­manos. Y es que nosotras y nosotros fuimos hechos a su imagen y semejanza (Gn 1,26). A través de la historia él utilizó muchos métodos para comunicar su mensaje a las personas. Los portavoces preferidos por Dios fueron los profetas que sa­bían interpretar la voz de Dios en medio de los acontecimientos de su pueblo.

Entre todos los personajes de la antigüedad, que sirvieron como portavo­ces de Dios, Moisés fue considerado por el pueblo judío como el más importante y el que estaba más cerca de Dios. De hecho, de él dice el libro de los Números: “Si hay entre ustedes un profe­ta, me muestro a él en visiones y le hablo por medio de sueños. Pero no así como mi siervo Moisés: él es el encargado de toda mi casa. Cara a cara hablo con él abierta y claramente y dejo que él vea mi forma” (Nm 12,5-8). Jesús, sin embargo, supera a Moisés en su cercanía a Dios. El y el Padre son la misma cosa (Jn 14,10). De tal manera que escuchando su Palabra tenemos la certeza de que estamos oyendo las palabras del mismo Dios.

Como comunidad cristiana debemos ponernos a la escucha de la Palabra de Dios leída desde nuestra realidad, para ponerla en práctica en nuestro medio ambiente. Dios nos habla a través de la realidad y a través de su Palabra. Si estamos atentos/as a las exigencias de la realidad, y estos desafíos los ilu­minamos con la Palabra de Dios, estaremos en el camino de ir dando las repuestas adecuadas que el Señor nos pide en cada momento de nuestra vida.

4. Una luz de solidaridad en medio de las tinieblas de este mundo

Isaías, el gran profeta del período navideño, nos recuerda que “el pueblo que andaba a oscuras vio una gran luz” (Is 9,1). Esta oscuridad se encuentra en nuestros días en la enorme pobreza en que vive la gran mayoría de la humanidad, en la creciente brecha entre naciones y personas que disponen de la mayor parte de los recursos del planeta, y los pueblos y personas que el orden -o mejor dicho desorden- internacional del neo-liberalismo capitalista excluye cada vez más de la participación de los más elementales bienes de este mundo.

Pero, las verdaderas tinieblas no se encuentran, por lo general, en aquellas personas que sufren las consecuencias de un orden económico internacional injusto. La raíz -no la causa única- de ella está en el olvido de la dignidad humana de los/as empobrecidos/as y de su condición de hijas e hijos de Dios. Así de simple y de inhumano. Y esto vale también, para quienes, como sucede también en nuestro país, en América Latina y el Caribe, viven en los países pobres de espaldas a sus propios pueblos. Hablar de pobreza es describir un estado de cosas, hablar de injusticia es calificar moralmente el asunto. La injusticia constituye, en efecto, el núcleo de la oscuridad a la que nos estamos refiriendo.

Las innumerables personas de buena voluntad, que tanto en los países ricos como en los empobrecidos buscan dar un testimonio cristiano creando organizaciones de solidaridad y grupos de defensa de los derechos humanos, enfrentando un sistema económico que excluye a los más débiles de la sociedad, haciendo gestos de solidaridad y amistad hacia los/as olvidados/as de este mundo, son signos de luz en medio de tanta oscuridad.

El evangelio de Juan que hemos leído señala que: “En la Palabra había vida, y la vida era la luz de cada persona (…). Vino a su casa y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da el poder para ser hijas e hijos de Dios, si creen en su nombre.” (Jn 1,9-12). Y los hijos/as de Dios son los/as que se convierten en luces que transformarán, poco a poco, las tinieblas amenazantes en una noche humana, festiva y luminosa. Así haremos que la esperanza de ver “una gran luz” comience a convertirse en una realidad, en una esperanza encarnada, como Jesús que renace entre nosotros/as. En ese caso ésta habrá sido una Navidad más, en la que nuestra esperanza y nuestra alegría crecerán. Si dejamos de realizar nuestra tarea por egoísmos o simplemente por miedo, ésta será una Navidad menos en nuestras vidas.

Para la revisión personal: ¿Qué significa para mí la celebración de la Navidad? ¿Estoy dispuesto/a, como Jesús, a encarnarme en la realidad de mi pueblo, para desde ahí contribuir en su salvación, en la creación de mejores condiciones de vida?

Para la oración de las y los participantes:

  1. Por todas las comunidades cristianas para que la celebración de la Navidad les anime a cumplir con su misión salvadora y liberadora. Roguemos al Señor.
  2. Por todas las personas marginadas, y excluidas de esta sociedad, para que encuentren en nuestras comunidades una mano amiga y solidaria. Roguemos al Señor.
  3. Para que fortalezcamos nuestra capacidad de solidaridad con aquellas personas que se sienten oprimidas y pisoteadas. Roguemos al Señor.

Exhortación final: Hoy celebramos con alegría desbordante el nacimiento de Jesús. Ese Jesús, nacido en un establo nos ha revelado su preferencia por lo humilde, lo sencillo. Este ejemplo se convierte en un desafío para nosotros y nosotras y en una invitación a realizar toda obra buena que nos convierta en una luz de solidaridad en medio de las tinieblas del mundo, de nuestras familias y de la sociedad en que vivimos.


Reflexiones bíblicas para el mes de Noviembre

octubre 30, 2009

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDOM)

C/ 3 No. 9. El Milloncito, Sabana Perdida. Santo Domingo Norte. Rep. Dominicana

Tel/fax. 809-568-8560. E-mail: rebido@gmail.com, rebido07@yahoo.es

Reflexiones bíblicas semanales. Noviembre 2009

AMARAS AL DIOS LIBEADOR Y AL PRÓJIMO COMO A TI MISMO/A B31°O (1-11-09)

ENTRADA: El amor fraterno y sororal nos ha reunido hoy en este espacio comunitario. Hemos aceptado su invitación a vivir según los valores, normas y principios que nos permiten vivir con dignidad, alegres, aun en medio de tantas dificultades y problemas cotidianos. Hacer de la vida una experiencia de amor solidario es el gran desafío que tenemos y que se convierte en la exigencia fundamental para todas las personas que somos discípulas y discípulos de Jesús.

1ªL:   Dt. 6,2-6. Amarás con todo tu corazón

I: En la siguiente lectura Moisés se dirige al pueblo en el Sinaí,  después de haberle dado a conocer los 10 mandamientos contenidos en las tablas de la ley. El líder popular invita al pueblo guardar los mandamientos y normas del Dios liberador, como condición para mantener la condición de pueblo liberado y así vivir feliz.

T: En aquellos días habló Moisés al pueblo diciendo: “Temerás a Yavé, tu Dios, y guardarás todos los días de tu vida sus mandamientos y sus normas que te enseño hoy. Que los guarden tus hijos e hijas y los hijos/as de tus hijos e hijas, para que vivan largos años.

Escucha, pues, Israel, y cuida de poner en práctica lo que ha de traerte felicidad y prosperidad en esta tierra que mana leche y miel, como lo prometió Yavé, Dios de tus padres.

Escucha, Israel: Yavé, nuestro Dios, es Yavé-único. Y tú amarás a Yavé, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Graba en tu corazón los mandamientos que yo te entrego hoy.”

Salmo 17: Yo te amo y  tú me fortaleces

  • ¡Cómo te quiero, oh Dios, fuerza mía! Yahvé es mi roca, mi fortaleza y mi libertador.
  • ¡Oh mi Dios, roca en que me refugio, tú eres mi escudo, mi fuerza y mi salvación! Invoqué al Dios salvador, tan digno de alabanza, y me salvó de mis enemigos.
  • ¡Viva nuestro Dios ¡Bendita sea mi Roca! ¡Alabado sea el Dios que me salva!

2ªL:   Hebreos 7,23-28. Jesús permanece en su comunidad de fe

I: La lectura de la carta a los Hebreos que hacemos hoy hace una comparación entre los sacerdotes de la antigua alianza y Jesús. Jesús tiene una actitud y una práctica diferente, comprometida con la vida y la liberación de todas las personas y en especial de los grupos excluidos y marginados. Con su vida y su práctica solidaria es fuente de liberación continua para las y los que en él creen y vivan según su proyecto alternativo de organización social y comunitaria.

T: Los sacerdotes anteriores se sucedían el uno al otro porque, siendo mortales, no podían permanecer. Jesús, en cambio, permanece para siempre y no se le quitará el sacerdocio. Por eso es capaz de salvar de una vez a los que por su medio se acercan a Dios. El sigue viviendo e intercediendo en favor de ellos y ellas.

Así había de ser nuestro Sumo Sacerdote: santo, sin ningún defecto ni pecado, apartado del mundo de los pecadores y elevado por encima de los cielos. A diferencia de los sumos sacerdotes, él no tiene necesidad de ofrecer diariamente sacrificios, primero por sus pecados, y luego por los del pueblo. Y para el pueblo no lo hizo sino una sola vez ofreciéndose a sí mismo. Así, pues, todo es insuficiente en los sumos sacerdotes que la Ley establece, mientras que ahora, después de la Ley, Dios habla y pronuncia un juramento para establecer al Hijo eternamente perfecto.

3ªL: Mc. 12,28-34. No estás lejos del Reino de Dios.

I: El siguiente texto nos presenta el diálogo entre un maestro de la ley judía y Jesús. Al Maestro de Galilea se le pregunta sobre el mandamiento principal. Jesús une el mandamiento del amor al Dios salvador y liberador y el del amor al prójimo. Ambos amores son inseparables.

T: Entonces se adelantó un maestro de la Ley. Había escuchado la discusión, y se quedaba admirado de cómo Jesús les había contestado. Entonces le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»

Jesús le contestó: «El primer mandamiento es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es un único Señor. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas. Y después viene este otro: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que éstos.»

El maestro de la Ley le contestó: «Has hablado muy bien, Maestro; tienes razón cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todas las víctimas y sacrificios.»

Jesús vio que ésta era respuesta sabia y le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios.» Y después de esto, nadie más se atrevió a hacerle nuevas preguntas.

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

  1. ¿Por qué es necesario poner al Proyecto del Reino de Dios y su justicia sobre todas las cosas?
  2. ¿Por qué el mandamiento del amor al Dios salvador y liberador va unido al mandamiento del amor al prójimo?
  3. ¿Por qué guardar los valores y los mandamientos nos permite disfrutar de una vida digna?

  1. El Proyecto de vida plena sobre todas las cosas

El texto que hemos escuchado en la primera lectura está dentro de un amplio pasaje del libro del Deuteronomio, que tiene como escenario el monte Horeb o Sinaí y como contenido clave el decálogo. Pertenece al segundo gran discurso de Moisés, en el que se presenta a Yahvé como el Dios de la alianza.

Este texto que nos habla de que “Dios es el único Señor” (Dt 6,4; Mc 12,29) nos tiene que hacer reflexionar profundamente. Si paseamos por algunas de las calles de nuestras ciudades podemos darnos cuenta de cómo la gente se mueve en diversas direcciones, mientras la publicidad no se cansa de presentarnos nuevos dioses, de mensajes que quieren convencernos de la necesidad de comprar las cosas que necesitamos y las que no necesitamos. Y ¿dónde están los/as profetas que nos recuerden, en medio el ruido, que debemos centrar nuestra vida en el proyecto del Reino de Dios presentado por Jesús?

La fe bíblica es un proceso a través del cual reconocemos a la propuesta del Reino de Dios como el proyecto más importante de nuestras vidas. No se trata de alguien que está lejano, sino de una persona a quien debemos amar “con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas”, porque su proyecto es fuente de amor solidario y de felicidad plena (Mc 12,30). Esa es la razón del enérgico rechazo que encontramos en la Biblia ante toda forma de idolatría. Como sabemos, ésta significa poner nuestra confianza en el dinero, en la fama, en el poder buscado a cualquier precio. Es el peligro de toda persona creyente.

Para Moisés era muy importante que el pueblo mantuviese la memoria del proyecto liberador de Dios del Exodo: “Cuida de no olvidarte de Yahvé que te sacó del país de Egipto, de la casa de la esclavitud” (Dt 6,12). Por eso precisamente el pueblo tiene que mantener sus relaciones de amor con Dios, para mantener su condición de pueblo liberado y no volver a caer en el yugo de la esclavitud.

Como creyentes se nos pide seguir poniendo al proyecto liberador (Reino de Dios)  en el centro de nuestras vidas y de nuestros intereses. Se nos pide estar atentos/as para que las preocupaciones de la vida ni las tentaciones de alejarnos de sus caminos, nos impidan seguir comprometiéndonos con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente, con toda nuestras fuerzas, en la creación de otro mundo posible, como expresión de nuestro compromiso con el proyecto de vida propuesto por Jesús.

2. Ama al prójimo como a ti mismo

En la polémica con el grupo de los saduceos, Jesús acaba de afirmar que el Dios bíblico “no es Dios de muertos, sino de vivos” (Mc 12,27). Un maestro de la ley le plantea una pregunta discutida entre los letrados y estudiosos de la Biblia: ¿cuál es el primer mandamiento? Jesús contesta diciendo que no hay un mandamiento principal, son dos: amor a Dios y amor al prójimo.

El mandamiento del amor al prójimo no es un agregado, no es opcional, su raíz está también en el Dios solidario y liberador. Se trata de un Dios que ama a toda persona, un Dios a cuya memoria nadie escapa. Amarlo es hacer que sean importantes para nosotros/as aquellos/as que son importantes para El. Grabar en nuestra memoria su palabra (Dt 6,6), se expresa en el amor a los/as que El ama. “Como a ti mismo” (Lv 19,8 y Mc 12,31) significa en la mentalidad bíblica “como a los de tu casa”, como a los/as tuyos/as. Amar al extraño como si fuera de tu familia, con la misma intensidad y solidaridad.

Hay gente que dice amar al Dios mostrado en la vida y en la práctica de Jesús de Nazaret, pero no se conmueve delante al/a la  hermano/a que sufre o que pasa necesidad. Y hay personas que dicen luchar por los/as demás, sin descubrir en ellos/as el rostro de una divinidad que se hace solidaria con ellos/as. La buena nueva de Jesús une estos dos amores y los coloca en el centro de la vida creyente. ¿Es conveniente creer en un Dios que no nos impulse a querer a la gente?¿Cómo amar realmente a la gente hasta el final sin descubrir en ella el rastro del Dios solidario y tierno?

Dicen que un maestro de espíritu le hizo a sus estudiantes la siguiente pregunta: ¿Cómo pueden ustedes distinguir cuándo termina la noche y empieza el día? El primer discípulo respondió: Cuando a lo lejos puedes distinguir  un perro de una vaca. No, -dijo el maestro. Otra discípula aventuró su respuesta: cuando puedes distinguir a lo lejos una palma de un mango. No, contestó el maestro. ¿Cuándo entonces? Preguntaron a coro los discípulos y discípulas. Y el maestro contestó: Cuando puedes mirar el rostro de una persona y reconocer en ella a un hermano, a una hermana. Mientras eso no sucede es todavía de noche en tu corazón”.

No se trata solamente de no hacer con los/as demás lo que no queremos que hagan con nosotros/as, sino de una orientación positiva: “Lo que quieran que los/as demás hagan por ustedes, hagan ustedes lo mismo por ellos/as. Desde este sentido, el/la prójimo no es sólo el/la próximo/a, el o la cercana, sino aquel o aquella persona en cuyo camino yo me pongo; es decir aquella persona a quien salgo al encuentro.

3. Las normas y mandamientos que nos hacen felices

El Dios salvador y liberador invita al pueblo, por medio de Moisés, a guardar los mandamientos como condición para tener una vida feliz en la tierra que Dios les daría. Y no se trata de cualquier tierra, sino de aquella “que mana leche y miel” (Dt 6,3).

¿En qué consiste esa felicidad? El libro del Deuteronomio en primer lugar señala que quien vive de acuerdo a los mandamientos de Dios, prolongará su vida, se multiplicará; es decir, tendrá larga descendencia. Pero ¿de qué valen los muchos días, o los muchos años o la larga descendencia, si esos años no son felices, o esos descendientes no nos traen felicidad, alegría y plenitud?

Como integrantes del movimiento de Jesús se nos pide vivir los valores del amor, la justicia y la fraternidad. No hay nada que exista en esta tierra que haga más feliz a una persona como aquello de amar y sentirse amada. Por eso la vivencia del mandamiento del amor es lo que nos permitirá ser felices.  Y quien vive según ese mandamiento tendrá la vida eterna (Lc 10,25-28).

La vivencia del mandamiento del amor se convierte en lucha por la justicia y vivencia del valor de la solidaridad en una sociedad individualista en donde reina la lógica del mercado, en la que “cada uno/a tiene que arrascarse con sus propias uñas”.  Esa vivencia solidaria será la que nos permitirá rescatar la alegría perdida y la dignidad propia de los/as hijos/as de Dios.

Para la revisión personal: ¿Cuál es para mí el valor-mandamiento principal? ¿Experimento la felicidad de involucrar mi vida con el Proyecto de vida plena propuesto por Jesús? ¿Uno siempre el amor al Dios salvador y liberador con el amor a los hermanos y hermanas? ¿Acompaño mis palabras bonitas con acciones concretas de solidaridad?

Para la oración de las y los participantes:

  1. Para que las iglesias y comunidades cristianas vivan el mandamiento del amor y pongan en segundo plano lo que es secundario, roguemos al Señor.
  2. Para que no encontremos nunca contradicción entre el amor a Dios y al prójimo, y para que nuestra vida dé testimonio de esa unidad de amores, roguemos al Señor.
  3. Para que al realizar nuestras celebraciones no olvidemos nunca que el amor vale más que todos los holocaustos y sacrificios, roguemos al Señor.

Exhortación final: La palabra que hemos escuchado nos ha invitado a observar y a vivir el valor-mandamiento del amor al Dios liberador y a los hermanos y hermanas, para vivir felices, para vivir con dignidad. Ahora nos toca seguir viviendo la fe en comunidad y seguir asumiendo los compromisos de solidaridad que nos hacen creíbles, en medio de una sociedad que necesita cada vez más de manos solidarias y de corazones generosos.

———————————————————————————

DAR DE LO QUE SE NECESITA PARA VIVIR B32°O (8-11-09)

ENTRADA: Nos reunimos porque formamos parte de un pueblo peregrino y comprometido que tiene la misión de ser una mano solidaria de frente a aquellas personas que son excluidas de los beneficios de la llamada globalización de la economía.

Celebramos porque queremos mirar la realidad con nuevos ojos, como lo hizo Jesús, compasivo de corazón, que no se fija en las apariencias sino en la verdadera realidad de las personas. Aprovechemos esta celebración para agradecer la presencia del Espíritu y la fuerza del Maestro Jesús en medio de la comunidad y su solidaridad con todas las personas excluidas.

1ªL: 1 Reyes 17,10-16. La solidaridad multiplica el pan

I:  El profeta Elías se encontraba realizando su misión fuera del territorio de Israel. Allí se encuentra con una viuda pobre a quien le pide agua y pan. Esta, aunque tenía muy poco alimento, comparte con el misionero lo poco que tenía. Y al compartir el pan, éste se multiplicó.

T: En aquellos días, Elías se levantó y se fue a Sarepta. Al llegar a la entrada de la ciudad, vio a una viuda que recogía leña. Elías la llamó y le dijo: «Tráeme, por favor, un poco de agua en tu cántaro para beber.»

Cuando ella iba a traérselo, la llamó desde atrás: «Tráeme también un pedazo de pan.» Ella le respondió: «Por Yavé, tu Dios, no tengo ni una torta; no me queda nada de pan, sólo un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en un cántaro. Estaba recogiendo un par de palos para el fuego y ahora vuelvo a casa a preparar esto para mí y mi hijo. Cuando lo hayamos comido, no nos quedará más que esperar la muerte.»

Elías le dijo: «No temas, vete a tu casa a hacer lo que dijiste. Pero primero hazme un panecito a mí y tráemelo, y después te lo haces para ti y tu hijo. Porque así dice Yavé, Dios de Israel: No se terminará la harina de la tinaja ni se agotará el aceite del cántaro hasta el día en que Yavé mande la lluvia a la tierra.»

Ella se fue e hizo lo que Elías le había dicho, y tuvieron comida, ella, Elías y el hijo.

La harina de la tinaja no se agotó ni disminuyó el aceite del cántaro, según lo que había prometido Yavé por medio de Elías.

Salmo 145: Una divinidad que comparte su pan con las personas hambrientas

* El no cambia jamás su lealtad y su justicia da a las personas oprimidas, proporciona su pan a las y los hambrientos, libra de sus cadenas a las personas presas.

  • Abre los ojos de los ciegos, endereza a los/as que andan encorvados/as, da el Dios liberador protección al forastero.
  • El Dios salvador mantiene a los huérfanos y viudas. Siente afecto por los/as buenos/as, más desvía el camino de los malos. Yahvé dura por siempre, tu Dios, oh Sión, de siglo en siglo.

2ªL:   Hebreos 9,24-28. Cristo se sacrificó para quitar los pecados del mundo

I: El texto de la carta a los Hebreos hace comparaciones entre Jesús y los sumos sacerdotes de su tiempo. De hecho mientras que éstos tenían que ofrecer sacrificios de animales cada año por los pecados propios y los del pueblo, Jesús presenta otra manera de relacionarse con la divinidad y con los hermanos y hermanas. No es la sangre de animales la que puede restablecer las relaciones con la divinidad y con los hermanos y hermanas. Se trata de vivir los valores del amor solidario, de la justicia, de la fraternidad/sororidad en las relaciones cotidianas.

T: Ahora no se trata de un santuario hecho por hombres, figura del santuario auténtico, sino que Cristo entró en el propio cielo, donde está ahora ante Dios en favor nuestro. El no tuvo que sacrificarse repetidas veces, a diferencia del sumo sacerdote que vuelve todos los años con una sangre que no es la suya; de otro modo hubiera tenido que padecer muchísimas veces desde la creación del mundo.

De hecho se manifestó una sola vez, al fin de los tiempos, para abolir el pecado con su sacrificio. Los hombres mueren una sola vez y después viene para ellos el juicio; de la misma manera Cristo se sacrificó una sola vez para quitar los pecados de una multitud. La segunda vez se manifestará a todos aquellos que lo esperan como a su salvador, pero ya no será por causa del pecado.

3ªL:  Marcos 12,38-44. La viuda pobre que mostró su generosidad ilimitada

I: El texto evangélico que leemos hoy tiene dos partes. La primera nos habla de la acusación que Jesús hizo a los maestros de la ley judía. Y la segunda parte se destaca el ejemplo de una viuda pobre que echó en la alcancía del Templo todo lo que tenía para vivir, mientras que muchos/as otros/as echaban simplemente lo que les sobraba.

T: En aquel tiempo Jesús enseñaba a la multitud y les decía: «Cuídense de esos maestros de la Ley, a quienes les gusta pasear con sus amplias vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar asientos reservados en las sinagogas y en los banquetes; incluso devoran los bienes de las viudas, mientras se amparan detrás de largas oraciones. ¡Con qué severidad serán juzgados!»

Jesús se había sentado frente a las alcancías del Templo, y podía ver cómo la gente echaba dinero para el tesoro; pasaban ricos, y daban mucho. Pero también se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor.

Jesús entonces llamó a sus discípulos y discípulas y les dijo: «Yo les aseguro que esta viuda pobre ha dado más que todos los otros. Pues todos han echado de lo que les sobraba, mientras ella ha dado desde su pobreza; no tenía más, y dio todos sus recursos.»

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

  1. ¿Por qué el Dios salvador y liberador se sitúa del lado de las personas excluidas y marginadas?
  2. ¿Por qué se da la escandalosa brecha entre ricos y pobres en nuestra sociedad?
  3. ¿Es posible compartir lo que se necesita para vivir?

  1. 1. El Dios que se sitúa del lado de la persona excluida y marginada

Las lecturas que hemos escuchado hoy nos hablan de la intervención de los enviados de Dios (Elías y Jesús) y de El mismo a favor de los/as empobrecidos/a, los/as hambrientos, los/as oprimidos/as. El profeta Elías, en su recorrido misionero, se encuentra con una viuda pobre, a la que le quedaba el último alimento disponible, pues había una gran sequía en el país. A ella precisamente se le hace el milagro que necesitaba, pues, según la palabra de Yahvé, el Dios liberador, “No se terminará la harina de la tinaja ni se agotará el aceite del cántaro hasta el día en que Yavé mande la lluvia a la tierra” (1 Re 17,14). Y es que, según dice el salmista, Yahvé, da protección al forastero, y mantiene a los huérfanos y viudas” (Sal 146, 7.9).

En la lectura del Evangelio se nos presenta a Jesús acusando a los maestros de la ley, la mayor parte de ellos fariseos, de que viven una vida de lujo, mientras se “tragan los bienes de las viudas” (Mc 12,40). El mismo Jesús es quien fija su vista en la actuación de la viuda pobre que fue capaz de echar en la alcancía del templo lo “que necesitaba para vivir” (Mc 12,44).

El salmo que hemos hecho hoy nos define a nuestro Dios como alguien que se preocupa por la suerte de aquellas personas excluidas de las que muy pocas personas se acuerdan. De hecho, él “da su justicia a los oprimidos, proporciona su pan a los/as hambrientos, libra de sus cadenas a los presos, abre los ojos de los ciegos y enderezan a los/as que andan encorvados” (Sal 146,7-9).

Si queremos ser testigos y testigas de Jesús, que pone sus ojos en los excluidos/as y marginados/as sociales, no tenemos mejor opción que asumir las mismas actitudes suyas y hacernos compañeras y compañeros de camino de aquellas personas excluidas de esta sociedad neoliberal que ha puesto al dinero, antes que a la persona humana, a la ganancia individual antes que las necesidades más básicas del ser humano.

2. La brecha entre quienes viven en el lujo y los/as que no tienen lo indispensable para vivir

Todo el capítulo 12 del evangelio de Marcos nos habla de la polémica de Jesús con los jefes políticos y religiosos del pueblo: fariseos, saduceos, sumos sacerdotes, herodianos, maestros de la ley (Mc 11,27; 12,13.18. 38). La polémica se sitúa en la zona del templo, centro religioso en el que se adoraba a un dios que ya no era el Dios Yahvé, el Dios que había liberado a su pueblo e la esclavitud y que defendía la causa de los humildes. Se había instaurado otra religión cuyo dios principal era el dinero, el dominio, el poder.

El evangelio que hemos leído hoy (Mc 12,38-44) nos presenta la acusación que Jesús hace de los escribas o maestros de la ley, que podían ser del grupo de los fariseos o del de los saduceos. El mensaje de Jesús consta de una advertencia, una descripción de su conducta y una sentencia final condenatoria. Jesús pide estar en guardia ante cinco conductas cuyo denominador común es la falta de autenticidad, vivir de apariencias, vivir con máscaras puestas: pasearse con ropas de lujo, buscar ser saludados, ocupar los primeros puestos, devorar los bienes de las viudas y hacer largas oraciones para ser vistos (Mc 12, 38-40). Estos cinco comportamientos describen un tipo de religiosidad puramente exterior que busca, sobre todo, el reconocimiento público. Jesús va a definir este de conducta como propia de gente hipócrita (Mc 7,6).

Jesús denuncia el gusto que los jefes religiosos tienen por la pompa y los honores (Mc 12,38-39). Pero no se trata sólo de algo superficial, ese derroche de lujo se basa en el despojo a los/as empobrecidos/as: “Devoran los bienes de las viudas” (Mc 12,40).

En este pasaje de Marcos, así como en el 1 de Reyes, la viuda representan a los/as pobres, a los/as insignificantes para los grandes de la sociedad. Lo poco que éstos tienen es devorado por aquellos/as que deberían ser sus guías espirituales, mientras quieren confundir a la gente, pretendiendo ampararse en sus “largas oraciones” (Mc 12,40). Por eso declara Jesús que “Esos tendrán una sentencia más rigurosa” (Mc 12,40).

Como Jesús debe dolernos la brecha cada vez más grande entre ricos y pobres en esta sociedad en que vivimos; debe dolernos el hecho de gente que se llama religiosa o incluso ser guía espiritual y viven entre lujo, mientras que se hacen cómplice del despojo y de la opresión de los/as más pobres. Jesús nos invita a rechazar todo uso de privilegios religiosos. Se nos pide capacidad profética para denunciar toda la hipocresía que se esconde dentro de la sociedad y también dentro de nuestras iglesias. Al mismo tiempo se nos pide realizar acciones concretas para acompañar a los/as más pobres en su lucha por conseguir mejores condiciones de vida, en medio de una sociedad estructuralmente injusta y excluyente.

3.  Dar de lo que se necesita para vivir

Marcos nos cuenta en el evangelio de hoy una sencilla historia. Jesús va al Templo, corazón del poder religioso, económico y político de Jerusalén. En ese lugar, sentado frente a las alcancías del templo se pone a observar cómo depositan sus limosnas los/as creyentes que van al Templo. Este era muy grande; Jesús escoge un lugar que le permitirá ver lo que no sería posible desde otra posición.

Los ricos echan mucho; en cambio, “una viuda pobre” apenas dos moneditas (Mc 12,42). No se trata de un hecho casual para este agudo observador que ve más allá de las apariencias. Su lectura de la realidad viene de su compromiso con el Proyecto de Dios que él anuncia y del lugar social en que él se ha colocado. El Maestro hará ver a sus discípulos/as el significado de lo que está ocurriendo. Lo que ha hecho la “viuda pobre” parece poco a una mirada no iluminada por la fe, pero para Jesús vale más que la limosna de los ricos (Mc 12,43).

La razón que tiene Jesús para fijarse en la conducta de la viuda pobre es clara: unos dieron lo que les sobraba, la viuda entregó “de lo que necesitaba… todo lo que tenía para vivir” (Mc 12,44). Lo mismo hizo la viuda de Sarepta con el profeta Elías (1 Re 17,10-16). No lo que sobraba, sino lo que necesitaba para vivir.

Dar de lo que se necesita para vivir (tiempo, saberes, recursos económicos) es el fundamento de la solidaridad que nos pide el mandamiento nuevo del amor y los valores éticos que Jesús nos propone. No se trata de un tipo de ayuda que humille al hermano o hermana, sino de un compromiso que promueve a la otra persona. De una entrega, de un intercambio entre iguales. Para darse cuenta es necesario saber ver la realidad con los ojos de Jesús y ellos supone elegir nuestro mirador para observar la realidad y actuar sobre ella de forma decidida y comprometida.

Para la revisión de vida
Jesús critica la falsa realidad de los fariseos, pendientes sobre todo de las apariencias, de lo que se ve y de lo que miran los demás… y alaba a la viuda que pasa desapercibida pero se entrega “más que nadie”, dando “de lo que ella necesita”… ¿Estoy convencido/a de que yo debo ser yo mismo, más allá de toda dependencia de las apariencias, de las normas en que no creo, del qué dirán… desde lo más profundo de mi yo auténtico, asumiendo mis decisiones y mi relación con el mundo y con Dios? ¿Lo vivo así? ¿Hago cosas que no haría si nadie me observara o lo supiera? ¿Soy auténtico/a o hipócrita?

Para la oración de las y los participantes
1. Por todos nosotros, y nosotras para que seamos coherentes entre lo que pensamos y creemos, y lo que practicamos. Recemos…
2. Por los más pequeños, los anónimos e insignificantes de nuestras comunidades, personas que pasan desapercibidas a los ojos humanos pero son auténticas y coherentes con su fe y su corazón, para que con su humildad y autenticidad sigan generando fuerza y vida para la comunidad. Recemos…
3. Por las y los que tienen en la Iglesia el servicio del saber y de la enseñanza, del gobierno y de la animación pastoral, para que nunca conviertan su don en lucro ni su saber en poder, ni se aprovechen en beneficio propio de su ministerio; para que se mantengan fieles al servicio de la comunidad como servidoras y servidores dispuestos/as que no se vanaglorían. Recemos…
4. Por nuestras comunidades cristianas, para que brillen ante la sociedad también por su buena forma de administrar la economía comunitaria: participada, democrática, honesta, desinteresada… Recemos…
Exhortación final: Hemos celebrado la fe que da sentido a nuestras vidas. Se nos ha invitado a mirar la realidad con los ojos de quien ama y es solidario/a, descubriendo sobre todo la situación de los/as más empobrecidos y nuestro compromiso con esta realidad. Se nos ha invitado a ser auténticas y auténticos, siendo consecuentes con la fe y quitándonos todo tipo de máscaras que nos impide ser testigas y testigos auténticas/os de Jesús. Este puede ser un compromiso para la próxima semana y para cada día de nuestras vidas.

——————————————————————————-


LOS QUE DUERMEN EN EL POLVO SE DESPERTARAN B33ºO (15-11-09)

ENTRADA: Nos acercamos hacia el final del año litúrgico. De hecho el próximo domingo es el último de este año litúrgico. Por eso la Palabra nos hablará del fin del mundo, del juicio divino y de la necesidad de vivir en estado de alerta para dar una respuesta adecuada en el momento que se nos pida dar cuentas de lo que hemos hecho con los dones y talentos que hemos recibido.

Si estamos comprometidas  y comprometidos con el Proyecto de vida plena, no tenemos que temer al día que la comunidad y que el Dios Salvador y liberador nos llamará a dar cuentas de nuestra vida. Celebremos, pues con alegría la certeza de sentirnos en el Camino de salvación y liberación y pidamos fuerzas para no caer en la tentación de alejarnos del Proyecto de vida feliz y liberada.

1ªL: Daniel 12,1-3. Educar al pueblo para que sea justo

I: El libro de Daniel (s. II a.C.) presenta, por primera vez en la Biblia, la fe en la resurrección de las y los muertos. En general las y los judíos creían que después de la muerte tendrían solamente una vida disminuida, debajo de la tierra. No tenían esperanza de resurrección o recompensa para cada persona en otra vida, sino solamente para toda la nación. Si se portaban bien, el Dios Yahvé bendeciría o resucitaría a ésta. A partir de este texto se habla de la fe en la resurrección también individual.

T: En aquel tiempo se levantará Miguel, el Gran Jefe que defiende a los hijos e hijas de tu pueblo. Será un tiempo de angustia, como nunca hubo desde que existieron las naciones hasta el día de hoy.

Entonces serán salvados/as todos/as aquellos/as que estén inscritos/as en el Libro. Muchos/as de los/as que duermen en la Región del Polvo se despertarán, unos/as para la vida eterna, otros/as para el horror y la vergüenza eterna. Los/as guías espirituales brillarán como el resplandor del firmamento; los/as que educaron al pueblo para que fuera justo, brillarán como las estrellas por toda la eternidad.

Salmo 15: Protégeme, que me refugio en ti

  • Oh Dios, mi herencia tú eres y mi copa, tú proteges la suerte que me toca; me marcaron un sitio de delicias, magnífica yo encuentro mi parcela. Pongo siempre al Señor ante mi vista, porque a mi lado está; jamás vacilo.
    • Por eso corazón y alma se alegran y mi cuerpo descansará seguro; pues tú  no  puedes dar mi alma al sheol, ni dejar que tu amigo se haga  polvo.
    • Me mostrarás la senda de la vida, el gozo grande que es mirar tu rostro, delicias para siempre a tu derecha.

2ªL: Hebreos 10,11-14. Cristo se ofreció a sí mismo por nuestros pecados

I: El autor de la carta a los hebreos continúa esta semana presentando un texto en el que sigue comparando a Jesús con los sumos sacerdotes del templo de Jerusalén. Mientras que los sacrificios que ofrecían los sacerdotes no quitaban realmente los pecados, ni transformaban a las personas y a la sociedad. Jesús, mediante la ofrenda de su vida, mediante sus acciones solidarias y su palabra concientizadora, nos ha enseñado a vivir con dignidad y a luchar para construir una comunidad y una sociedad fundamentada sobre los valores del amor solidario, la justicia comprometida y la igualdad fraternal/sororal.

T: Hermanas y hermanos: Los sacerdotes permanecen a diario, de pie, para cumplir su oficio, y ofrecen repetidas veces los mismos sacrificios que nunca tienen el poder de quitar los pecados. Cristo, por el contrario, ofreció por los pecados un único sacrificio y se sentó para siempre a la derecha de Dios, donde está esperando que “sus enemigos le sean colocados como tarima de sus pies.” Así, pues, con su única ofrenda, llevó a la perfección para siempre a los que hizo santos y santas.

3ªL: Marcos  13, 24-32. Jesús nos juzgará sobre el amor

I: En el capítulo 13 del Evangelio de Marcos se relaciona la destrucción del templo de Jerusalén, con el fin del mundo y la segunda venida de Jesús. A los/as creyentes se les pide estar preparados/as para cuando Jesús pida cuenta sobre la forma como hemos vivido nuestro compromiso de fe. Sólo los/as que hayan sido capaces de ser hermanos/as solidarios/as entrarán en el banquete preparado por el Dios solidario y liberador para todos/as sus hijos e hijas fieles.

T: En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos y discípulas: “En aquellos días, después de esa angustia: el sol no alumbrará, la luna perderá su brillo, las estrellas caerán del cielo y el universo entero se conmoverá. Y verán al Hijo del Hombre viniendo en medio de las nubes, con mucho poder y gloria. Enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro puntos cardinales, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

Aprendan este ejemplo de la higuera: cuando sus ramas están tiernas y le brotan las hojas, saben que el verano está cerca. Así también ustedes, cuando vean todo esto, comprendan que ya está cerca, a las puertas. Les aseguro que no pasará esta generación que todo esto suceda. Pasarán el cielo y la tierra, pero mis palabras no pasarán.

Pero, en cuanto se refiere a ese día o a esa hora, no lo sabe nadie, ni los ángeles en el Cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

  1. I.          ¿Por qué es importante educar al pueblo para que sea justo?
  2. II.         ¿Por qué creemos que las personas justas vivirán para siempre?
  3. III.       ¿Por qué debemos vivir despiertos/as y estar preparados y preparadas en todo momento?

1. Educar al pueblo para que sea justo

El libro de Daniel nos habla del juicio que Dios hará a los/as que han muerto. Unos/as entrarán en la vida eterna; otros/as para el horror y la vergüenza eterna. Y ¿quiénes son los/as que entrarán en la vida eterna? El mismo texto nos da la respuesta: “Los/as guías espirituales brillarán como el resplandor del firmamento; los/as que educaron al pueblo para que fuera justo brillarán como las estrellas por toda la eternidad” (Dn 12,3).

Si para los/as creyentes un compromiso fundamental es buscar el Proyecto del Reino de Dios y su justicia (Mt 6,33), no podemos renunciar a la misión de ser constructores/as de relaciones justas allí donde nos encontremos: en la familia, en el trabajo, en las iglesias, en nuestras organizaciones comunitarias… Y esta misión se hace más urgente en esta sociedad neoliberal en la que se ponen en primer lugar los intereses económicos de los/as que tienen posibilidad de invertir para multiplicar sus capitales. Mientras tanto va creciendo la brecha entre ricos y pobres en los países dependientes, y entre el Norte enriquecido y el Sur empobrecido.

La causa de la justicia nos exige una postura profética que denuncie la iniquidad de un sistema social que crea, cada vez,  mayores niveles de pobreza y exclusión, y al mismo tiempo se nos pide colaborar con proyectos alternativos que contribuyan a la creación de relaciones más humanas, relaciones que no estén manipuladas por la dictadura económica que impone el sistema social vigente.

Como comunidad estamos llamados y llamadas a ser guías espirituales para tantas personas que nos necesitan. Se nos pide colaborar en la educación del pueblo para que viva en la justicia, para que defienda sus derechos, para que colabore en la construcción de una sociedad más justa, teniendo en cuenta que se educa más con el testimonio de la propia vida que con las palabras. En definitiva, el camino que conduce a la vida digna y feliz, a la vida eterna, pasa necesariamente por el compromiso con la justicia.

2. Quienes duermen en el polvo se despertarán

Hasta el siglo II a.C. no existía en Israel la fe en la resurrección de los muertos. Los/as judíos/as creían que después de la muerte tendrían sólo una vida disminuida en la tumba (sheol), debajo de la tierra. No existía la esperanza del premio personal como recompensa por haber llevado una vida de acuerdo a los mandamientos de Dios. Sólo se creía en que Dios bendeciría a la nación en general.

En el siglo II, en el tiempo de la revuelta de los Macabeos, cuando los griegos perseguían a los judíos por ser fieles a su fe, va naciendo la idea de la resurrección para aquellos/as mártires que han sabido dar sus vidas por mantenerse firmes y no renunciar a su identificación con el Proyecto de Yahvé, el Dios liberador. Se llega a la convicción de que los/as que habían muerto, después de ser perseguidos/as por su fe tendrían su parte de felicidad en el Reino de Dios. Encontramos esta misma esperanza en otros textos bíblicos (2 M 7,9; 12,43; Sb 2-5). Estos textos que son fruto de la fe del pueblo judío en los dos últimos siglos antes de Jesús, prepararon lo que él mismo debía enseñar sobre la resurrección (Mc 12,18).

Como comunidad creemos en el Dios que levanta del polvo a los/as desvalidos/as, a los/as pobres, a los/as humildes. Con Ana, la mujer estéril de la que Dios se acordó, decimos: “El Levanta del polvo al desvalido y, de la mugre, saca al pobre para que pueda sentarse con los grandes y ocupar un lugar de privilegio” (1 S 2,7-8). Creemos en el Dios que al pobre olvidado, como en el caso de Lázaro, lo coloca en el seno de Abraham, mientras al rico insensible lo coloca en el lugar de los tormentos (Lc 16,23).

Creemos firmemente que aquellos/as que durante su vida han sabido imitar la misericordia de Dios y su solidaridad con los/as débiles y los/as desvalidos/as no se quedarán en el polvo, en la tumba, sino que recibirán la invitación de entrada en el Reino de Dios: “¡Vengan, los/as bendecidos/as por mi Padre! Tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo. Porque tuve hambre y ustedes me alimentaron; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Pasé como forastero y ustedes me recibieron en su casa. Anduve sin ropas y me vistieron. Estaba enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver.”(Mt 25,34-36).

3.  Vivir como personas despiertas y permanecer en el camino de la fe comprometida y solidaria

El texto del evangelio que hemos leído hoy está tomado del capítulo más difícil de interpretar del evangelio según Marcos. Se le interpreta corrientemente como anunciando el fin del mundo. Sin embargo en él se hace una relación directa entre el fin del mundo y la destrucción del templo de Jerusalén, acaecida en el año 70 a.C.

Ante la admiración que sus discípulos y discípulas expresan por la belleza del templo de Jerusalén, Jesús anuncia su destrucción ((Mc 13,2). Sus seguidores/as le dicen: “Dinos cuándo sucederá esto y cuál será la señal de que todas estas cosas llegan a su fin” (Mc 13,4). Todo el capítulo 13 está marcado por ese anuncio y por esa interrogante. El Señor les dice que como él, ellos/as también serán signos de contradicción. Serán entregados/as a los tribunales judíos (Mc 13,9). Serán azotados/as en las sinagogas y tendrán que presentarse ante los reyes y gobernadores por ser testigos/as de Jesús (Mc 13,9), tendrán que ver al ídolo del opresor colocado en el lugar en donde no debe estar (Mc 13,14).

Los/as discípulos/as de Jesús deben estar prevenidos (Mc 13,23). El templo representa aquí el poder de los privilegiados de ese tiempo que rechazan el anuncio del Reino de Dios, buscarán matar a Jesús y borrar su memoria. Sin embargo no lo lograrán.

Corremos el peligro, como comunidad de fe, de caer en la tentación del templo. Es decir, de construir unas comunidades que aparentemente estén trabajando por el Proyecto del Reino del Dios Salvador y liberador, pero que estemos viviendo un tipo de fe que se oponga a la construcción de un proyecto alternativo de sociedad, como sucedió en tiempo de Jesús. Jesús ha venido -y sigue viniendo- a poner fin a ese tipo de religión. Su mensaje es liberador porque nos llama al servicio de los/as más débiles y no a la dominación. El templo significa lo contrario. Es el lugar en donde unos pocos son privilegiados y en donde unos pocos se enriquecen, aprovechándose del sentido religioso del pueblo sencillo. En esa perspectiva su destrucción no es el fin de la historia; es un hecho que debe ser visto a la luz del Reino del amor y de la justicia de Dios.

Se nos invita a vivir siempre con los ojos abiertos, viviendo la verdadera fe que se compromete con el Proyecto de Dios. Si vivimos en esa actitud, entonces no tenemos que temer, pues hemos entendido el llamado que Jesús nos ha hecho: “Estén despiertos, ya que no saben cuándo regresará el dueño de casa. Puede ser al atardecer, o  a medianoche, o al canto del gallo, o de madrugada” (Mc 14,35). Y estar despiertos/as es vivir de acuerdo al mandamiento nuevo del amor solidario que Jesús nos da.

Para la revisión personal: El mensaje del “final del mundo” es doble: por una parte un anuncio de finitud (soy limitado y mi vida camina hacia la muerte) y por otra de esperanza (el bien triunfa sobre el mal). ¿Soy coherente con este mensaje? ¿Integro en mi vida la dimensión de la finitud, de mi caminar hacia la muerte en este mundo? ¿Vivo mi vida desde el compromiso con la causa de la justicia, de la Vida que finalmente triunfará?

Para la oración de las y los participantes
1.  Por todas las personas que viven ignorando los límites de su vida, su encuentro con la muerte: para que todos integremos en nuestro planteamiento de vida esta realidad sin la que no podríamos ser realistas, roguemos al Señor…
2. Por todas las comunidades cristianas para que sepamos comprometernos con la causa de la Justicia y la defensa de la vida, roguemos al Señor.

3. Para que este mundo no acabe precipitadamente de una forma imprevista, por la degradación ambiental, el efecto invernadero, la devastación de las florestas, el agrandamiento del agujero de la capa de ozono,  la agresión contra nuestros ríos, la extinción de las especies, el avance incontenible de la desertificación… Para que comprendamos que el compromiso con la Vida nos exige una responsabilidad frente a las futuras generaciones y frente a Dios mismo, roguemos al Señor…

Exhortación final: Hemos celebrado la fe que da sentido y fuerzas para caminar cada día. Hemos confirmado nuestra fe en el Dios salvador y liberador con la convicción de que también nosotros y nosotras, si aceptamos la propuesta de Jesús y asumimos su Proyecto, viviremos para siempre con El. Ahora nos toca vivir despiertos y despiertas para no dejarnos manipular por los grupos del poder económico-político, para no caer en la tentación de alejarnos del camino de la vida con dignidad, fundamentada en los valores de la justicia y la solidaridad.


JESUS PASTOR DEL UNIVERSO B34°O  (22-11-09)

ENTRADA: Este es el último domingo de este año litúrgico. Celebramos la fiesta de Jesús como Pastor  del universo. El ha sido el compañero en nuestra misión y en nuestro compromiso de fe solidaria durante todo este año litúrgico.

El año litúrgico comenzó con el adviento, con la preparación al nacimiento de Jesús. Ahora lo cerramos con la conciencia de que él está animando nuestras luchas y su Espíritu  el Señor del universo.

Celebremos, pues, con alegría, el triunfo de Jesús sobre la muerte y el mal, realidad que da sentido a nuestra vida comunitaria y a nuestras acciones solidarias.

1ªL: Daniel  7, 13-14.  Una visión desde los sectores de poder

I: El autor del libro de Daniel nos habla de una visión nocturna que tuvo. En ella vio a un personaje, llamado hijo de hombre, a quien se le da poder, honor y reino y al que todas las naciones deberán servir.  Se trata de un texto propio de la teología monárquico-sacerdotal, que compara a la divinidad principal de Israel con un rey poderoso cuyo poder es eterno e indestructible.

T: Seguí contemplando la visión nocturna: En las nubes del cielo venía uno como hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano y fue llevado a su presencia.

A él se le dio poder, honor y reino, y todos los pueblos y las naciones de todos los idiomas le sirvieron. Su poder es poder eterno y que nunca pasará; y su reino jamás será destruido.

Salmo 92: Construiremos el proyecto de vida y de justicia

  • ¡Reina el Señor! Se viste de grandeza, el Señor, de poder va revestido.
  • Estableciste el orbe inconmovible. Desde el principio fijaste ya tu trono tú
  • existes desde siempre.
  • Tus mandatos, oh Dios, son fieles y seguros; la Santidad es propia de tu casa,  oh Dios nuestro, por los siglos de los siglos.

2ªL: Apocalipsis 1,5-8. Yo soy el que es, el que era, el que ha de venir.

I: El libro del Apocalipsis fue escrito para animar la fe de las comunidades cristianas que estaban siendo perseguidas por el Imperio romano, a finales del siglo 1 d.C. A ellas se les presenta a Jesús como el testigo fiel, como el que nos ha amado hasta entregar su vida. Con tan buen testigo y compañero de camino los/as cristianos/as retomaban las fuerzas para seguir dando testimonio de la fe que profesaban.

T: A Cristo Jesús, el Testigo fiel, el primer nacido de entre las y los muertos, el rey de los reyes de la tierra, el que nos ama, el que nos purificó de nuestros pecados por su sangre, haciendo de nosotros/as un Reino y Sacerdotes de Dios su Padre. A él la Gloria y el poder por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Miren que viene entre las nubes, y todos lo verán, aun los que lo hirieron y llorarán por su muerte todas las naciones de la tierra. Sí, así será.

Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, EL que Es, el que era y el que ha de venir; el Señor del Universo.

3ªL: Juan  18, 33b-37. Soy testigo de la verdad

I: En el juicio que Pilatos le hace Jesús, éste le pregunta que si él era realmente rey, puesto que una de las acusaciones que se le hacían al Maestro de Galilea era la de que estaba en contra del emperador romano, considerado el único rey de los judíos. Jesús contesta de forma positiva, sin embargo añade que su reino no es de este mundo.

T: En aquel tiempo Pilatos preguntó a Jesús: “¿Eres tú el Rey de los judíos?”      Jesús le contestó: “¿Viene de ti esta pregunta o repites lo que otros te han dicho de mí?” Pilatos contestó: “¿Soy judío yo?” Tu pueblo y los jefes de los sacerdotes te han entregado a mí ¿Qué has hecho?”

Jesús contestó: “Mi realeza no procede de este mundo; si fuera rey como los de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reinado no es de acá.”

Pilatos le preguntó: “Entonces, ¿tú eres rey?”

Jesús contestó: Tú lo has dicho: Yo soy Rey. Para esto nací, para esto vine al mundo, para ser testigo de la Verdad. Todo hombre que está de parte de la verdad, escucha mi voz.”

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿Por qué el proyecto de Reino de Dios está en el centro de la vida de Jesús?

2.  ¿Cómo entender la declaración de Jesús de que su Reino no es de este mundo?

3.  ¿Por qué podemos afirmar que Jesús es testigo de la verdad?

  1. I. El proyecto de Reino de Dios en el centro de la vida y de la predicación de Jesús

El tema del Reino de Dios está presente fundamentalmente en los tres evangelios llamados Sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas). Desde el comienzo de su predicación Jesús declara: “El plazo está vencido, el Reino de Dios se ha acercado. Tomen otro camino y crean en la Buena Nueva” (Mc 1,15). Según Mateo ya Juan Bautista, el que preparó el camino a Jesús, había proclamado un mensaje parecido: “Cambien su vida y su corazón, porque el Reino de los Cielos se ha acercado” (Mt 3,2).

Con Juan Bautista y con Jesús llega la Buena Noticia de Dios. Y el contenido central es que el Reino de Dios se ha acercado, el Proyecto de Dios se ha hecho presente en la historia humana, en las relaciones sociales. Ante esa realidad uno/a puede tomar la postura de aceptar o no vivir de acuerdo a las exigencias de ese Proyecto. Sin embargo, a todas las personas se les invita a cambiar de vida, a tomar otro camino y a creer en la Buena Nueva, a creer e identificarse con Jesús que anuncia y realiza el Proyecto de Dios.

El corazón del mensaje de Jesús y de su práctica es el Proyecto de Dios. El Dios de Jesucristo es el Dios que tiene un Proyecto de vida justa y feliz para todos/as sus hijos/as.

A los/as seguidores/as de Jesús se nos pide seguir proclamando la Buena Noticia de Dios. El Reino de Dios, su Proyecto de salvación y liberación, se sigue acercando a nuestras vidas, a nuestra realidad histórica. Cuando nos abrimos a ese Proyecto de Dios, entonces nuestra vida tiene que cambiar; comenzamos a caminar por nuevos senderos. Al tomar un camino diferente del que transita la mayor parte de la gente de la sociedad en que vivimos nos convertimos en testigos/as creíbles del Proyecto de Dios.

  1. II. Mi reino no es de este mundo pero se construye en esta historia

Habiendo escuchado la acusación de los judíos, Pilatos pregunta a Jesús: ¿Eres tú el Rey de los judíos? (Jn 18,33). El acusado prepara su respuesta con un interrogante que el procurador romano no se esperaba: “¿Viene de ti esta pregunta o repites lo que otros te han dicho de mí?” (Jn 18,34). De alguna manera Jesús quería echar en cara al procurador que no estaba actuando por cuenta propia sino presionado por los sumos sacerdotes y el pueblo. Pilatos responde con arrogancia, pero no logra intimidar a Jesús. Entonces viene la respuesta que dejaría desconcertado a Pilatos: “Mi realeza no procede de este mundo; si fuera rey como los de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de este mundo” (Jn 18,36).

Y Pilatos pregunta de nuevo a Jesús: “Entonces, ¿tú eres rey?” (Jn 18,37a). Y Jesús responde con claridad y sin vacilar: “Tú lo has dicho: yo soy Rey”. Para eso ha venido Jesús al mundo, para instaurar un mundo de justicia, de paz, de fraternidad, de justicia y respeto por los derechos de todos/as. Ese es su Reino, su gobierno, que llega a la historia humana, la transforma, la impulsa y la lleva más allá de ella misma. Es un reinado que no tendrá fin, que está presente desde ahora, no es sólo para el futuro, su presencia en la historia es eterna (Dn 7,14).

A pesar de lo que contestó a Pilatos, Jesús no quería ser Rey, y de hecho huyó cuando le quisieron nombrar rey (Jn 6,15). Proclamando a Cristo como Rey muchas veces lo que se quería proclamar era la supremacía de una religión, o la reclamación de privilegios por parte de la autoridad religiosa. Todavía peor, la aclamación de Cristo Rey por parte de las derechas y de los poderes económicos en las sociedades injustas venía a servir de legitimación de la injusticia.

Jesús habló y se desvivió por el Reino (de Dios), a cuya realización se entregó incondicionalmente. Convertirlo en Rey a él, fue de hecho para muchos/as una forma de olvidar precisamente la Causa de Jesús. El predicador del Reino fue convertido él mismo en Rey y se olvidó el Reino de Dios que él había anunciado.

Al Jesús afirmar que su realeza no procede de este mundo señala también que su autoridad la debe solamente al Padre que lo envió. En esto no se parece a las demás autoridades que se han impuesto por la fuerza. A Pilatos, por ejemplo, lo había nombrado el emperador de Roma y debía su carrera tanto a su propia ambición como a los sobornos que había tenido que hacer para que lo pusiesen como procurador romano.

Sería un error interpretar la afirmación de Jesús, cuando se refiere a que su reinado no es de este mundo, como referida exclusivamente al plano religioso y espiritual, como si su Proyecto, su Reino, no tuviese nada que ver con la historia, con la realidad en que vivimos. Pero no se trata de esto. Jesús lo que quiere dejar claro es que su Reino no es como los de este mundo, en los cuales hay relación de dominación, de imposición, de dominio. El Reino de Jesús no es como el que Pilatos conoce, un reino de arbitrariedad, privilegios y dominación; su Reino es de amor, justicia, solidaridad y servicio.

Como comunidad de fe tenemos el compromiso de colaborar en la construcción de un Reino de Dios que, aun no siendo de este mundo, tiene que irse realizando en esta historia, con las personas concretas con las que convivimos. Por eso precisamente tenemos que estar dispuestos/as a asumir las dificultades, los conflictos que vienen como consecuencia de nuestro compromiso creyente, puesto que somos defensores/as de un Proyecto que es alternativo, que entra en contradicción con el Proyecto social que defienden los/as que tienen el poder político, económico y militar en esta sociedad estructuralmente injusta en que vivimos.

  1. III. Jesús, testigo fiel de la verdad

Cuando Pilatos preguntó a Jesús que si él era rey, el Maestro de Galilea contestó decididamente: “Tú lo has dicho: yo soy Rey. Para esto nací, para esto vine al mundo, para ser testigo de la verdad. Toda persona que está de parte de la verdad, escucha mi voz”  (Jn 18,37). Ante esa respuesta Pilatos sólo pude decir: “¿Qué es la verdad?” Después de este diálogo que lo dejó impresionado entendió la falsedad de las acusaciones de los judíos y tuvo que declarar la inocencia de Jesús.

Jesús es testigo de la verdad. Y ¿cuál es esa verdad? Que Dios tiene un Proyecto de salvación de liberación para todo ser humano, que todos/as están llamados/as a escuchar la voz del Hijo amado del Padre que nos guía por caminos de vida y de justicia. Por otro lado, esa verdad desenmascara todos los proyectos de muerte que hay en esta sociedad. Esta verdad nos ayuda a descubrir qué es lo que hay detrás del Proyecto neo-liberal que los grandes de este mundo nos quieren imponer. Esta verdad nos ayuda a descubrir la falsedad de aquellos/as que tienen el poder político en sus manos, hablan de democracia, de disminuir la brecha entre pobres y ricos, de priorizar las necesidades del pueblo, pero imponen sus reglas de juego y su dictadura económica de mercado. Esa verdad nos ayuda a descubrir también la falsedad de los/as que se llaman cristianos/as, pero se hacen indiferentes ante el dolor de sus hermanos/as y colaboran con aquellos/as que maltratan y oprimen a los/as débiles y excluidos/as de esta sociedad.

Si escuchamos la voz de Jesús, somos de la verdad. Jesús y el Reino de Dios que él proclama y realiza son el sentido último de nuestras vidas. El es el que nos ama, el que nos ha purificado de nuestros pecados con su sangre preciosa. El es el alfa y la omega; es decir el principio y el fin de todas las cosas. Esa es nuestra gran verdad.

Para la revisión de vida

¿Me siento realmente identificada e identificado con el Reino de Dios, con su Proyecto? La comunidad cristiana a la que pertenezco, ¿está realmente comprometida con el Proyecto de Dios? ¿En qué lo demostramos? ¿Soy de aquellas y aquellos que dicen que como el reino de Dios no este mundo, no se puede hacer nada por él en este mundo?

Para la oración de las y los participantes
1. Por la Iglesia de Jesús, para que siga siempre los pasos de aquél no vino a ser servido sino a servir, recemos…
2. Por todos los que ejercen poder y autoridad en este mundo, para que, como quería Jesús, acepten el poder como una posibilidad de servir más y mejor, recemos……
3. Para que Jesús, el que “pasó haciendo el bien” y “se humilló pasando por uno de tantos” sea nuestro modelo, nuestro guía y nuestra fuerza en la “militancia” por el proyecto de Reino de Dios y su justicia, recemos…

Exhortación final: Hemos celebrado con alegría la fiesta de Jesús como Pastor del universo. En su gobierno no hay dominio ni opresión, sino amor, fraternidad y servicio. Por eso, ahora nos toca seguir en nuestro camino de fe, escuchando la voz del Hijo amado que nos invita a ponernos al servicio de los/as hermanos/as más débiles como Jesús lo hizo, construyendo otra comunidad, otra sociedad y otro mundo posible: una sociedad fundamentada en los valores de la equidad, la justicia y la solidaridad.

LEVANTEN LA CABEZA, PUES LLEGA EL DIA DE LA LIBERACION C1ºA (29-11-09)

ENTRADA: Comenzamos hoy el Adviento y con él un nuevo año litúrgico. Es un tiempo que nos motiva a tener motivos para esperar y razones profundas y consistentes para continuar en el seguimiento diario de Jesús; para inyectar alegría y optimismo cristiano en todo lo que hacemos. Un tiempo para ser vivido en familia y en comunidad.

Durante este tiempo litúrgico nos preparamos al nacimiento de Jesús, a la Navidad. Al mismo tiempo que celebramos la encarnación de Jesús, nos preparamos para revisar nuestro compromiso con el proyecto de justicia y amor que él nos propuso.

Celebremos, pues, con alegría y demos gracias a Dios por Jesús, presente en medio de su pueblo, que fortalece nuestro amor mutuo y nuestra fe solidaria.

1ªL: Jeremías 33, 14-16. Yavé es nuestra justicia

I: A las judías y judíos que habían sido deportados/as a Babilonia (S. VI a.C.), y para los/as campesinos/as que se habían quedado en la tierra de Israel, el profeta Jeremías les anuncia una buena noticia: el Dios que cumple sus promesas enviará a un personaje, de la familia de David, que se distinguirá por promover la justicia y el derecho en la tierra. Entonces, el pueblo tendrá vida digna, y vivirá en paz.

T: Se acerca ya el momento dice Yavé, en que cumpliré la promesa que hice a la gente de Israel y a la de Judá. En esos días, haré nacer un nuevo brote de David, que ejercerá la justicia y el derecho en el país. Entonces Judá estará a salvo, Jerusalén vivirá segura y llevará el nombre de “Yavé es nuestra justicia.”

Salmo  24: A ti, oh Dios de vida y libertad, levanto mi alma

*          Oh Dios, muéstrame tus caminos y enséñame tus sendas. Guíame en tu verdad, enséñame tú, que eres mi Dios y Salvador. Todo el día ando confiado, esperando tus favores.

*          Nuestro Dios es bueno y recto; por eso muestra el camino a las personas extraviadas. Dirige a las personas humildes en la justicia y enseña a las y los empobrecidos/as el camino.

*          Todas sus sendas son amor y lealtad para el que guarda su alianza         y sus preceptos.

Nuestro Dios se muestra a quien lo teme y le manifiesta su amistad.

2ªL: 1ª Tesalonicenses 3,12-4,2:  Crecer en el amor mutuo

I: Pablo, dirigiéndose a las hermanas y hermanos de la comunidad cristiana, en la ciudad de Tesalónica, les invita a seguir creciendo en el amor mutuo. Les desea que sea Dios mismo el que fortalezca a cada uno/a de los/as creyentes, para que puedan dar testimonio de su fe y caminar por el sendero de Jesús que es Camino, Verdad y Vida.

T: Hermanas y hermanos: Que el Señor los haga crecer más y más en el amor que se tienen unos a otros y también a los demás, imitando el amor que a ustedes les demostramos! ¡Que él los fortalezca interiormente para que sean santos e irreprochables delante de Dios, nuestro Padre, el día en que venga Jesús, nuestro Señor, con todos sus santos y santas!

Por lo demás, hermanos y hermanas, éstas son las cosas que les pedimos y rogamos en nombre del Señor Jesús: ustedes aprendieron de nosotros cómo han de portarse para agradar a Dios y ya viven así. Pero procuren hacer nuevos progresos.

3ªL: Lucas  21, 25-28.34-36. Levanten la cabeza; se acerca la liberación

I: En el evangelio que proclamamos a continuación se anuncia la segunda venida de Jesús, llamado Hijo del Hombre. Según la creencia de varias comunidades cristianas primitivas dicha venida será acompañada de catástrofes cósmicas, es decir, de grandes señales y tragedias en el cielo y en la tierra. A los/as creyentes de hoy se nos invita a estar preparados/as cada día, cumpliendo con nuestra misión solidaria, sin hacer nuestro trabajo sólo por la recompensa o castigo que se nos pueda dar.

T: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos y discípulas: Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas, y por toda la tierra se angustiarán los pueblos, asustados por el ruido del mar y de las olas. Los hombres y mujeres morirán de espanto, con sólo pensar en lo que le espera al mundo, porque las fuerzas del universo serán conmovidas. Y en ese preciso momento verán al Hijo del Hombre viniendo en medio de la Nube: y su venida será con poder e infinita gloria.

Cuando se presenten los primeros signos, enderécense y levanten sus cabezas, pues habrá llegado el día de su liberación.

Estén alerta, no sea que se endurezcan sus corazones en los vicios, borracheras y preocupaciones de la vida, y, de repente, los sorprenda este día. Pues caerá sobre todos los habitantes de toda la tierra como la trampa que se cierra. Por eso estén vigilando y orando en todo tiempo para que se les conceda escapar de todo lo que debe suceder, y puedan estar de pie delante del Hijo del Hombre.”

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿Quién es el brote de justicia que Dios hará surgir?

2. ¿Por qué se nos pide estar en actitud de alerta y fortalecer el amor mutuo?

3. ¿Cuándo llegará nuestra liberación definitiva?

  1. 1. Surgirá un brote de justicia

La situación que vivía el pueblo de Israel en el s. VI a.C., durante el tiempo del exilio de Babilonia, era realmente difícil. Podemos diferenciar tres grupos bien concretos: a) Un grupo formado por el rey y la gente de su corte, así como los/as nobles, los sacerdotes, y los grandes comerciantes que estaban prisioneros/as en Babilonia. b) Un grupo de personas que antes eran esclavas en Israel y ahora lo continúan siendo en el exilio. c) Un grupo de campesinos/as que fue dejado en la tierra de Israel y que no eran de mucha utilidad para el imperio babilónico.

Jeremías está en medio del grupo de campesinos/as que se quedó en la tierra y que no fue al exilio. El profeta sabe que la parte del pueblo que está en el exilio está desanimada. Se siente frustrado. Le cuesta entender la causa por la que el Dios que los sacó de la esclavitud de Egipto ahora permite que su pueblo viva en una nueva opresión.  Y el profeta habla en nombre de Dios, anunciando que surgirá una rama, un brote de la casa real de David que implantará un gobierno de justicia.

La Escritura entiende el exilio de Babilonia como una consecuencia del abandono del Proyecto de Dios, al permitir que entrasen las relaciones de dominio y de injusticia al interior del pueblo escogido por Dios para ser luz ante las demás naciones (Is 60,3). Ahora se anuncia un nuevo rey que se caracterizará no por el dominio y la imposición, sino por que será el promotor de la justicia y el derecho, lo que recreará buenas condiciones de vida para los pobres del pueblo, que disfrutarán de la paz, como fruto de la justicia. Por eso el salmista dice, cuando se refiere al futuro rey-Mesías: “Juzgará con justicia a los humildes y salvará a los hijos de los pobres… Pues librará al mendigo que reclame y al pobre que no tiene quien lo ayude; compasivo del débil y del pobre, será su salvador; de la opresión violenta librará su vida, que es preciosa ante sus ojos” (Sal 72,4.12-14).

Como creyentes estamos convencidos/as de que no hay posibilidad de cambiar las relaciones de dominio en relaciones de amor, tanto a nivel de nuestras familias, nuestras comunidades, y a nivel nacional y mundial si no hay una disposición  de hacer realidad el proyecto de vida y de justicia que Dios quiere para su pueblo. Se nos pide, dar nuestro aporte en la creación de una sociedad alternativa, diferente, justa. Como seguidores/as de Jesús, no tenemos otro camino. Por eso, él nos repite hoy, al comenzar el Adviento: “Busquen el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás vendrá por añadidura” (Mt 6,33).

2. Estar vigilantes y vivir el amor mutuo

La lectura del Evangelio de hoy nos invita a estar en actitud de alerta, pues Jesús, el brote de justicia, puede venir en cualquier momento y pedirnos cuenta de lo que hemos hecho con la misión que él nos ha encomendado. Sin embargo, no sólo debemos estar en actitud de alerta porque se nos pedirá cuenta, sino por el hecho de que tenemos que realizar nuestra misión en medio de una sociedad en donde se busca callar la voz de la justicia y en donde muchas personas tienen como principal valor al dinero, al libre mercado, buscando el bienestar personal, sin tener en cuenta, en la mayoría de las ocasiones,  las necesidades de los/as demás.

La actitud de alerta nos pide una disposición de resistencia. Y ¿qué significa resistencia? Es la disposición interior a no renunciar a nuestros valores y principios aun cuando las personas que vivan a nuestro alrededor no compartan nuestros criterios y nuestra forma de vivir. Resistir significa seguir creyendo en el Proyecto de Dios y en su justicia, aun cuando parece que en la sociedad en que vivimos gana la mano la injusticia y se desarrollan los proyectos de los que tienen grandes capitales y se enriquecen cada vez más, sin importarles la suerte de los más débiles y pobres.

Como creyentes se nos invita a no dejarnos llevar por los vicios, por las drogas sociales, como hacen tantas personas que sienten que no pueden hacer nada para cambiar la situación y evaden la realidad. A los/as creyentes se nos pide enfrentar la realidad con responsabilidad, con la conciencia clara de que el Dios salvador y liberador está con nosotros/as y que vale la pena envolver la vida en la misión que se nos ha encomendado, aunque ésta  no sea nada fácil.

Esta disposición de estar siempre atentos/as y alerta nos exige vivir en continua actitud de oración. La oración debe ser de todo tiempo (Lc 22,36). La oración es un gesto y una experiencia de gratuidad. De la gratuidad del amor de Dios que da sentido pleno a la exigencia que hace auténtica la esperanza. La oración animará nuestra esperanza,  fortalecerá la fe y hará más concreto nuestro amor solidario.

La misión que Jesús nos encomienda es una misión comunitaria. De hecho él nos ha llamado para que estemos con él y para enviarnos a la misión evangelizadora (Mc 3,14-15). Y esto se realiza en la comunidad de fe. Si intentamos vivir la fe de forma individual no llegaremos a comprometernos con seriedad en la misión que se nos encomienda.

En la comunidad de fe a la que pertenecemos estamos llamados/as a crecer en el amor mutuo y es que el amor está en el fundamento de toda comunidad de fe. El amor fraterno nos hace más personas, nos fortalece interiormente y nos lanza a ser testigos del amor liberador de Dios para con su pueblo.

Cada uno/a en la comunidad tenemos el compromiso de estar vigilantes para impedir que el egoísmo y el individualismo nos guíe, para impedir que los intereses personales se sobrepongan sobre los intereses comunitarios. De hecho el amor lleva a la comunión, y la comunión exige una disposición de acogida y de perdón. Sólo de esta manera fortalecemos nuestras comunidades.

La espera vigilante del Jesús que volverá nos exige vivir en el amor y crecer como comunidad. Esta es una tarea para cada día, para cada momento de nuestra vida. Para ello necesitamos la luz y la fuerza del Espíritu de Dios que debemos pedir incesantemente.

3. Levantarse porque se acerca la liberación

¿De qué liberación nos habla el Evangelio cuando dice: “… Enderecen y levanten sus cabezas, pues habrá llegado el día de su liberación”? (Lc 21,28).

El evangelio que hemos leído hace referencia a la parusía, es decir, a la segunda venida de Jesús. Por ello la parusía no es motivo de terror, sino de lo contrario: de ánimo, “pues habrá llegado el día de su liberación” (Lc 21,28).

Como creyentes estamos conscientes de que al final de la historia el proyecto del Dios de Jesús vencerá. Su Proyecto se realizará definitivamente. Y su segunda venida significará la celebración definitiva del triunfo del Proyecto liberador, plan de vida y de amor.

La conciencia de que aunque ahora reinen la injusticia y el egoísmo, al final de la historia vencerá el bien y el amor, nos tiene que fortalecer para seguir sembrando la semilla de la justicia, que tiene que germinar y dar frutos de amor solidario y de paz, para que ese Proyecto de Dios se vaya realizando ya desde ahora, desde nuestra cotidianidad. La esperanza nos guía, nos fortalece y nos da ánimos para recomenzar el camino de cada día con nuevo entusiasmo, porque sabemos lo que tenemos entre manos y en quién hemos puesto nuestra esperanza.

Cada día de nuestra vida es tiempo preciso para enderezarse, para levantar la cabeza porque se acerca la liberación. Por eso Jesús invita a todas las personas y sobre todo a los/as más pobres comprometidos con su Proyecto (La Biblia les llama en el AT: “Anawim”), a enderezarse a levantar la cabeza don dignidad, porque cada día más se acerca la liberación.

Podemos esperar y construir nuestra liberación porque Jesús ya ha sido liberado. Podemos esperar y trabajar por la paz y la justicia porque Jesús ha vivido en la paz, en la justicia  en la fraternidad. Desde su primera venida camina a nuestro lado y desea que como creyentes vayamos a su encuentro con el corazón abierto a una solidaridad sin fronteras.

Como comunidad de fe y de amor solidario creemos que cada día  y  también al final de la historia está Dios presente animando nuestra esperanza. El es el Dios liberador que arrancó a su pueblo de la opresión de Egipto y que nos invita a vivir como personas liberadas, hasta el día de nuestra liberación definitiva.

Para la reflexión personal y comunitaria: Al comenzar el adviento podemos  hacer un examen de mi esperanza. ¿Soy persona de esperanza? ¿Qué espero? ¿Cómo venzo el desánimo? ¿Qué papel tendríamos las cristianas y cristianos en esta hora baja de la esperanza?

Para la oración de las y los participantes

  1. Para que las comunidades cristianas vivan intensamente el adviento como preparación a la Navidad y como tiempo dedicado más intensamente a alimentar la esperanza del mundo y la propia nuestra, recemos…
  2. Por aquellas personas, especialmente  por los/as jóvenes que viven de espaldas a la realidad de la muerte y de la finitud de nuestras vidas, para que abandonen los vicios, las drogas y vivan todos los días conscientes de su responsabilidad ante la sociedad en que vivimos, recemos…
  3. Por la esperanza de los/as más pobres, los dos tercios de la humanidad, los 2,500 millones de personas sin empleo, el 20% que recibe sólo el 1.4% del producto mundial, para que por nuestro compromiso decidido por la transformación del mundo seamos adviento, esperanza, buena noticia para estos hermanos y hermanas. Recemos…

Exhortación final: Hemos celebrado la fe en este primer domingo de adviento. Se nos ha llamado a estar en actitud de alerta, de resistencia y de amor creativo para dar testimonio de la fe que profesamos. Para eso necesitamos seguir esforzándonos para construir comunidades cristianas fuertes, fortalecidas por el amor mutuo, que den testimonio de solidaridad y de justicia, hasta el día de nuestra liberación definitiva.

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDOM)

C/ 3 No. 9. El Milloncito, Sabana Perdida. Santo Domingo Norte. Rep. Dominicana

Tel/fax. 809-568-8560. E-mail: rebido@gmail.com, rebido07@yahoo.es

Reflexiones bíblicas semanales. Noviembre 2009

AMARAS AL DIOS LIBEADOR Y AL PRÓJIMO COMO A TI MISMO/A B31°O (1-11-09)

ENTRADA: El amor fraterno y sororal nos ha reunido hoy en este espacio comunitario. Hemos aceptado su invitación a vivir según los valores, normas y principios que nos permiten vivir con dignidad, alegres, aun en medio de tantas dificultades y problemas cotidianos. Hacer de la vida una experiencia de amor solidario es el gran desafío que tenemos y que se convierte en la exigencia fundamental para todas las personas que somos discípulas y discípulos de Jesús.

1ªL:   Dt. 6,2-6. Amarás con todo tu corazón

I: En la siguiente lectura Moisés se dirige al pueblo en el Sinaí,  después de haberle dado a conocer los 10 mandamientos contenidos en las tablas de la ley. El líder popular invita al pueblo guardar los mandamientos y normas del Dios liberador, como condición para mantener la condición de pueblo liberado y así vivir feliz.

T: En aquellos días habló Moisés al pueblo diciendo: “Temerás a Yavé, tu Dios, y guardarás todos los días de tu vida sus mandamientos y sus normas que te enseño hoy. Que los guarden tus hijos e hijas y los hijos/as de tus hijos e hijas, para que vivan largos años.

Escucha, pues, Israel, y cuida de poner en práctica lo que ha de traerte felicidad y prosperidad en esta tierra que mana leche y miel, como lo prometió Yavé, Dios de tus padres.

Escucha, Israel: Yavé, nuestro Dios, es Yavé-único. Y tú amarás a Yavé, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Graba en tu corazón los mandamientos que yo te entrego hoy.”

Salmo 17: Yo te amo y  tú me fortaleces

  • ¡Cómo te quiero, oh Dios, fuerza mía! Yahvé es mi roca, mi fortaleza y mi libertador.
  • ¡Oh mi Dios, roca en que me refugio, tú eres mi escudo, mi fuerza y mi salvación! Invoqué al Dios salvador, tan digno de alabanza, y me salvó de mis enemigos.
  • ¡Viva nuestro Dios ¡Bendita sea mi Roca! ¡Alabado sea el Dios que me salva!

2ªL:   Hebreos 7,23-28. Jesús permanece en su comunidad de fe

I: La lectura de la carta a los Hebreos que hacemos hoy hace una comparación entre los sacerdotes de la antigua alianza y Jesús. Jesús tiene una actitud y una práctica diferente, comprometida con la vida y la liberación de todas las personas y en especial de los grupos excluidos y marginados. Con su vida y su práctica solidaria es fuente de liberación continua para las y los que en él creen y vivan según su proyecto alternativo de organización social y comunitaria.

T: Los sacerdotes anteriores se sucedían el uno al otro porque, siendo mortales, no podían permanecer. Jesús, en cambio, permanece para siempre y no se le quitará el sacerdocio. Por eso es capaz de salvar de una vez a los que por su medio se acercan a Dios. El sigue viviendo e intercediendo en favor de ellos y ellas.

Así había de ser nuestro Sumo Sacerdote: santo, sin ningún defecto ni pecado, apartado del mundo de los pecadores y elevado por encima de los cielos. A diferencia de los sumos sacerdotes, él no tiene necesidad de ofrecer diariamente sacrificios, primero por sus pecados, y luego por los del pueblo. Y para el pueblo no lo hizo sino una sola vez ofreciéndose a sí mismo. Así, pues, todo es insuficiente en los sumos sacerdotes que la Ley establece, mientras que ahora, después de la Ley, Dios habla y pronuncia un juramento para establecer al Hijo eternamente perfecto.

3ªL: Mc. 12,28-34. No estás lejos del Reino de Dios.

I: El siguiente texto nos presenta el diálogo entre un maestro de la ley judía y Jesús. Al Maestro de Galilea se le pregunta sobre el mandamiento principal. Jesús une el mandamiento del amor al Dios salvador y liberador y el del amor al prójimo. Ambos amores son inseparables.

T: Entonces se adelantó un maestro de la Ley. Había escuchado la discusión, y se quedaba admirado de cómo Jesús les había contestado. Entonces le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»

Jesús le contestó: «El primer mandamiento es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es un único Señor. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas. Y después viene este otro: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que éstos.»

El maestro de la Ley le contestó: «Has hablado muy bien, Maestro; tienes razón cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todas las víctimas y sacrificios.»

Jesús vio que ésta era respuesta sabia y le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios.» Y después de esto, nadie más se atrevió a hacerle nuevas preguntas.

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

  1. ¿Por qué es necesario poner al Proyecto del Reino de Dios y su justicia sobre todas las cosas?
  2. ¿Por qué el mandamiento del amor al Dios salvador y liberador va unido al mandamiento del amor al prójimo?
  3. ¿Por qué guardar los valores y los mandamientos nos permite disfrutar de una vida digna?

  1. 1. El Proyecto de vida plena sobre todas las cosas

El texto que hemos escuchado en la primera lectura está dentro de un amplio pasaje del libro del Deuteronomio, que tiene como escenario el monte Horeb o Sinaí y como contenido clave el decálogo. Pertenece al segundo gran discurso de Moisés, en el que se presenta a Yahvé como el Dios de la alianza.

Este texto que nos habla de que “Dios es el único Señor” (Dt 6,4; Mc 12,29) nos tiene que hacer reflexionar profundamente. Si paseamos por algunas de las calles de nuestras ciudades podemos darnos cuenta de cómo la gente se mueve en diversas direcciones, mientras la publicidad no se cansa de presentarnos nuevos dioses, de mensajes que quieren convencernos de la necesidad de comprar las cosas que necesitamos y las que no necesitamos. Y ¿dónde están los/as profetas que nos recuerden, en medio el ruido, que debemos centrar nuestra vida en el proyecto del Reino de Dios presentado por Jesús?

La fe bíblica es un proceso a través del cual reconocemos a la propuesta del Reino de Dios como el proyecto más importante de nuestras vidas. No se trata de alguien que está lejano, sino de una persona a quien debemos amar “con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas”, porque su proyecto es fuente de amor solidario y de felicidad plena (Mc 12,30). Esa es la razón del enérgico rechazo que encontramos en la Biblia ante toda forma de idolatría. Como sabemos, ésta significa poner nuestra confianza en el dinero, en la fama, en el poder buscado a cualquier precio. Es el peligro de toda persona creyente.

Para Moisés era muy importante que el pueblo mantuviese la memoria del proyecto liberador de Dios del Exodo: “Cuida de no olvidarte de Yahvé que te sacó del país de Egipto, de la casa de la esclavitud” (Dt 6,12). Por eso precisamente el pueblo tiene que mantener sus relaciones de amor con Dios, para mantener su condición de pueblo liberado y no volver a caer en el yugo de la esclavitud.

Como creyentes se nos pide seguir poniendo al proyecto liberador (Reino de Dios)  en el centro de nuestras vidas y de nuestros intereses. Se nos pide estar atentos/as para que las preocupaciones de la vida ni las tentaciones de alejarnos de sus caminos, nos impidan seguir comprometiéndonos con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente, con toda nuestras fuerzas, en la creación de otro mundo posible, como expresión de nuestro compromiso con el proyecto de vida propuesto por Jesús.

2. Ama al prójimo como a ti mismo

En la polémica con el grupo de los saduceos, Jesús acaba de afirmar que el Dios bíblico “no es Dios de muertos, sino de vivos” (Mc 12,27). Un maestro de la ley le plantea una pregunta discutida entre los letrados y estudiosos de la Biblia: ¿cuál es el primer mandamiento? Jesús contesta diciendo que no hay un mandamiento principal, son dos: amor a Dios y amor al prójimo.

El mandamiento del amor al prójimo no es un agregado, no es opcional, su raíz está también en el Dios solidario y liberador. Se trata de un Dios que ama a toda persona, un Dios a cuya memoria nadie escapa. Amarlo es hacer que sean importantes para nosotros/as aquellos/as que son importantes para El. Grabar en nuestra memoria su palabra (Dt 6,6), se expresa en el amor a los/as que El ama. “Como a ti mismo” (Lv 19,8 y Mc 12,31) significa en la mentalidad bíblica “como a los de tu casa”, como a los/as tuyos/as. Amar al extraño como si fuera de tu familia, con la misma intensidad y solidaridad.

Hay gente que dice amar al Dios mostrado en la vida y en la práctica de Jesús de Nazaret, pero no se conmueve delante al/a la  hermano/a que sufre o que pasa necesidad. Y hay personas que dicen luchar por los/as demás, sin descubrir en ellos/as el rostro de una divinidad que se hace solidaria con ellos/as. La buena nueva de Jesús une estos dos amores y los coloca en el centro de la vida creyente. ¿Es conveniente creer en un Dios que no nos impulse a querer a la gente?¿Cómo amar realmente a la gente hasta el final sin descubrir en ella el rastro del Dios solidario y tierno?

Dicen que un maestro de espíritu le hizo a sus estudiantes la siguiente pregunta: ¿Cómo pueden ustedes distinguir cuándo termina la noche y empieza el día? El primer discípulo respondió: Cuando a lo lejos puedes distinguir  un perro de una vaca. No, -dijo el maestro. Otra discípula aventuró su respuesta: cuando puedes distinguir a lo lejos una palma de un mango. No, contestó el maestro. ¿Cuándo entonces? Preguntaron a coro los discípulos y discípulas. Y el maestro contestó: Cuando puedes mirar el rostro de una persona y reconocer en ella a un hermano, a una hermana. Mientras eso no sucede es todavía de noche en tu corazón”.

No se trata solamente de no hacer con los/as demás lo que no queremos que hagan con nosotros/as, sino de una orientación positiva: “Lo que quieran que los/as demás hagan por ustedes, hagan ustedes lo mismo por ellos/as. Desde este sentido, el/la prójimo no es sólo el/la próximo/a, el o la cercana, sino aquel o aquella persona en cuyo camino yo me pongo; es decir aquella persona a quien salgo al encuentro.

3. Las normas y mandamientos que nos hacen felices

El Dios salvador y liberador invita al pueblo, por medio de Moisés, a guardar los mandamientos como condición para tener una vida feliz en la tierra que Dios les daría. Y no se trata de cualquier tierra, sino de aquella “que mana leche y miel” (Dt 6,3).

¿En qué consiste esa felicidad? El libro del Deuteronomio en primer lugar señala que quien vive de acuerdo a los mandamientos de Dios, prolongará su vida, se multiplicará; es decir, tendrá larga descendencia. Pero ¿de qué valen los muchos días, o los muchos años o la larga descendencia, si esos años no son felices, o esos descendientes no nos traen felicidad, alegría y plenitud?

Como integrantes del movimiento de Jesús se nos pide vivir los valores del amor, la justicia y la fraternidad. No hay nada que exista en esta tierra que haga más feliz a una persona como aquello de amar y sentirse amada. Por eso la vivencia del mandamiento del amor es lo que nos permitirá ser felices.  Y quien vive según ese mandamiento tendrá la vida eterna (Lc 10,25-28).

La vivencia del mandamiento del amor se convierte en lucha por la justicia y vivencia del valor de la solidaridad en una sociedad individualista en donde reina la lógica del mercado, en la que “cada uno/a tiene que arrascarse con sus propias uñas”.  Esa vivencia solidaria será la que nos permitirá rescatar la alegría perdida y la dignidad propia de los/as hijos/as de Dios.

Para la revisión personal: ¿Cuál es para mí el valor-mandamiento principal? ¿Experimento la felicidad de involucrar mi vida con el Proyecto de vida plena propuesto por Jesús? ¿Uno siempre el amor al Dios salvador y liberador con el amor a los hermanos y hermanas? ¿Acompaño mis palabras bonitas con acciones concretas de solidaridad?

Para la oración de las y los participantes:

  1. Para que las iglesias y comunidades cristianas vivan el mandamiento del amor y pongan en segundo plano lo que es secundario, roguemos al Señor.
  2. Para que no encontremos nunca contradicción entre el amor a Dios y al prójimo, y para que nuestra vida dé testimonio de esa unidad de amores, roguemos al Señor.
  3. Para que al realizar nuestras celebraciones no olvidemos nunca que el amor vale más que todos los holocaustos y sacrificios, roguemos al Señor.

Exhortación final: La palabra que hemos escuchado nos ha invitado a observar y a vivir el valor-mandamiento del amor al Dios liberador y a los hermanos y hermanas, para vivir felices, para vivir con dignidad. Ahora nos toca seguir viviendo la fe en comunidad y seguir asumiendo los compromisos de solidaridad que nos hacen creíbles, en medio de una sociedad que necesita cada vez más de manos solidarias y de corazones generosos.


DAR DE LO QUE SE NECESITA PARA VIVIR B32°O (8-11-09)

ENTRADA: Nos reunimos porque formamos parte de un pueblo peregrino y comprometido que tiene la misión de ser una mano solidaria de frente a aquellas personas que son excluidas de los beneficios de la llamada globalización de la economía.

Celebramos porque queremos mirar la realidad con nuevos ojos, como lo hizo Jesús, compasivo de corazón, que no se fija en las apariencias sino en la verdadera realidad de las personas. Aprovechemos esta celebración para agradecer la presencia del Espíritu y la fuerza del Maestro Jesús en medio de la comunidad y su solidaridad con todas las personas excluidas.

1ªL: 1 Reyes 17,10-16. La solidaridad multiplica el pan

I:  El profeta Elías se encontraba realizando su misión fuera del territorio de Israel. Allí se encuentra con una viuda pobre a quien le pide agua y pan. Esta, aunque tenía muy poco alimento, comparte con el misionero lo poco que tenía. Y al compartir el pan, éste se multiplicó.

T: En aquellos días, Elías se levantó y se fue a Sarepta. Al llegar a la entrada de la ciudad, vio a una viuda que recogía leña. Elías la llamó y le dijo: «Tráeme, por favor, un poco de agua en tu cántaro para beber.»

Cuando ella iba a traérselo, la llamó desde atrás: «Tráeme también un pedazo de pan.» Ella le respondió: «Por Yavé, tu Dios, no tengo ni una torta; no me queda nada de pan, sólo un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en un cántaro. Estaba recogiendo un par de palos para el fuego y ahora vuelvo a casa a preparar esto para mí y mi hijo. Cuando lo hayamos comido, no nos quedará más que esperar la muerte.»

Elías le dijo: «No temas, vete a tu casa a hacer lo que dijiste. Pero primero hazme un panecito a mí y tráemelo, y después te lo haces para ti y tu hijo. Porque así dice Yavé, Dios de Israel: No se terminará la harina de la tinaja ni se agotará el aceite del cántaro hasta el día en que Yavé mande la lluvia a la tierra.»

Ella se fue e hizo lo que Elías le había dicho, y tuvieron comida, ella, Elías y el hijo.

La harina de la tinaja no se agotó ni disminuyó el aceite del cántaro, según lo que había prometido Yavé por medio de Elías.

Salmo 145: Una divinidad que comparte su pan con las personas hambrientas

* El no cambia jamás su lealtad y su justicia da a las personas oprimidas, proporciona su pan a las y los hambrientos, libra de sus cadenas a las personas presas.

  • Abre los ojos de los ciegos, endereza a los/as que andan encorvados/as, da el Dios liberador protección al forastero.
  • El Dios salvador mantiene a los huérfanos y viudas. Siente afecto por los/as buenos/as, más desvía el camino de los malos. Yahvé dura por siempre, tu Dios, oh Sión, de siglo en siglo.

2ªL:   Hebreos 9,24-28. Cristo se sacrificó para quitar los pecados del mundo

I: El texto de la carta a los Hebreos hace comparaciones entre Jesús y los sumos sacerdotes de su tiempo. De hecho mientras que éstos tenían que ofrecer sacrificios de animales cada año por los pecados propios y los del pueblo, Jesús presenta otra manera de relacionarse con la divinidad y con los hermanos y hermanas. No es la sangre de animales la que puede restablecer las relaciones con la divinidad y con los hermanos y hermanas. Se trata de vivir los valores del amor solidario, de la justicia, de la fraternidad/sororidad en las relaciones cotidianas.

T: Ahora no se trata de un santuario hecho por hombres, figura del santuario auténtico, sino que Cristo entró en el propio cielo, donde está ahora ante Dios en favor nuestro. El no tuvo que sacrificarse repetidas veces, a diferencia del sumo sacerdote que vuelve todos los años con una sangre que no es la suya; de otro modo hubiera tenido que padecer muchísimas veces desde la creación del mundo.

De hecho se manifestó una sola vez, al fin de los tiempos, para abolir el pecado con su sacrificio. Los hombres mueren una sola vez y después viene para ellos el juicio; de la misma manera Cristo se sacrificó una sola vez para quitar los pecados de una multitud. La segunda vez se manifestará a todos aquellos que lo esperan como a su salvador, pero ya no será por causa del pecado.

3ªL:  Marcos 12,38-44. La viuda pobre que mostró su generosidad ilimitada

I: El texto evangélico que leemos hoy tiene dos partes. La primera nos habla de la acusación que Jesús hizo a los maestros de la ley judía. Y la segunda parte se destaca el ejemplo de una viuda pobre que echó en la alcancía del Templo todo lo que tenía para vivir, mientras que muchos/as otros/as echaban simplemente lo que les sobraba.

T: En aquel tiempo Jesús enseñaba a la multitud y les decía: «Cuídense de esos maestros de la Ley, a quienes les gusta pasear con sus amplias vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar asientos reservados en las sinagogas y en los banquetes; incluso devoran los bienes de las viudas, mientras se amparan detrás de largas oraciones. ¡Con qué severidad serán juzgados!»

Jesús se había sentado frente a las alcancías del Templo, y podía ver cómo la gente echaba dinero para el tesoro; pasaban ricos, y daban mucho. Pero también se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor.

Jesús entonces llamó a sus discípulos y discípulas y les dijo: «Yo les aseguro que esta viuda pobre ha dado más que todos los otros. Pues todos han echado de lo que les sobraba, mientras ella ha dado desde su pobreza; no tenía más, y dio todos sus recursos.»

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

  1. ¿Por qué el Dios salvador y liberador se sitúa del lado de las personas excluidas y marginadas?
  2. ¿Por qué se da la escandalosa brecha entre ricos y pobres en nuestra sociedad?
  3. ¿Es posible compartir lo que se necesita para vivir?

  1. 1. El Dios que se sitúa del lado de la persona excluida y marginada

Las lecturas que hemos escuchado hoy nos hablan de la intervención de los enviados de Dios (Elías y Jesús) y de El mismo a favor de los/as empobrecidos/a, los/as hambrientos, los/as oprimidos/as. El profeta Elías, en su recorrido misionero, se encuentra con una viuda pobre, a la que le quedaba el último alimento disponible, pues había una gran sequía en el país. A ella precisamente se le hace el milagro que necesitaba, pues, según la palabra de Yahvé, el Dios liberador, “No se terminará la harina de la tinaja ni se agotará el aceite del cántaro hasta el día en que Yavé mande la lluvia a la tierra” (1 Re 17,14). Y es que, según dice el salmista, Yahvé, da protección al forastero, y mantiene a los huérfanos y viudas” (Sal 146, 7.9).

En la lectura del Evangelio se nos presenta a Jesús acusando a los maestros de la ley, la mayor parte de ellos fariseos, de que viven una vida de lujo, mientras se “tragan los bienes de las viudas” (Mc 12,40). El mismo Jesús es quien fija su vista en la actuación de la viuda pobre que fue capaz de echar en la alcancía del templo lo “que necesitaba para vivir” (Mc 12,44).

El salmo que hemos hecho hoy nos define a nuestro Dios como alguien que se preocupa por la suerte de aquellas personas excluidas de las que muy pocas personas se acuerdan. De hecho, él “da su justicia a los oprimidos, proporciona su pan a los/as hambrientos, libra de sus cadenas a los presos, abre los ojos de los ciegos y enderezan a los/as que andan encorvados” (Sal 146,7-9).

Si queremos ser testigos y testigas de Jesús, que pone sus ojos en los excluidos/as y marginados/as sociales, no tenemos mejor opción que asumir las mismas actitudes suyas y hacernos compañeras y compañeros de camino de aquellas personas excluidas de esta sociedad neoliberal que ha puesto al dinero, antes que a la persona humana, a la ganancia individual antes que las necesidades más básicas del ser humano.

2. La brecha entre quienes viven en el lujo y los/as que no tienen lo indispensable para vivir

Todo el capítulo 12 del evangelio de Marcos nos habla de la polémica de Jesús con los jefes políticos y religiosos del pueblo: fariseos, saduceos, sumos sacerdotes, herodianos, maestros de la ley (Mc 11,27; 12,13.18. 38). La polémica se sitúa en la zona del templo, centro religioso en el que se adoraba a un dios que ya no era el Dios Yahvé, el Dios que había liberado a su pueblo e la esclavitud y que defendía la causa de los humildes. Se había instaurado otra religión cuyo dios principal era el dinero, el dominio, el poder.

El evangelio que hemos leído hoy (Mc 12,38-44) nos presenta la acusación que Jesús hace de los escribas o maestros de la ley, que podían ser del grupo de los fariseos o del de los saduceos. El mensaje de Jesús consta de una advertencia, una descripción de su conducta y una sentencia final condenatoria. Jesús pide estar en guardia ante cinco conductas cuyo denominador común es la falta de autenticidad, vivir de apariencias, vivir con máscaras puestas: pasearse con ropas de lujo, buscar ser saludados, ocupar los primeros puestos, devorar los bienes de las viudas y hacer largas oraciones para ser vistos (Mc 12, 38-40). Estos cinco comportamientos describen un tipo de religiosidad puramente exterior que busca, sobre todo, el reconocimiento público. Jesús va a definir este de conducta como propia de gente hipócrita (Mc 7,6).

Jesús denuncia el gusto que los jefes religiosos tienen por la pompa y los honores (Mc 12,38-39). Pero no se trata sólo de algo superficial, ese derroche de lujo se basa en el despojo a los/as empobrecidos/as: “Devoran los bienes de las viudas” (Mc 12,40).

En este pasaje de Marcos, así como en el 1 de Reyes, la viuda representan a los/as pobres, a los/as insignificantes para los grandes de la sociedad. Lo poco que éstos tienen es devorado por aquellos/as que deberían ser sus guías espirituales, mientras quieren confundir a la gente, pretendiendo ampararse en sus “largas oraciones” (Mc 12,40). Por eso declara Jesús que “Esos tendrán una sentencia más rigurosa” (Mc 12,40).

Como Jesús debe dolernos la brecha cada vez más grande entre ricos y pobres en esta sociedad en que vivimos; debe dolernos el hecho de gente que se llama religiosa o incluso ser guía espiritual y viven entre lujo, mientras que se hacen cómplice del despojo y de la opresión de los/as más pobres. Jesús nos invita a rechazar todo uso de privilegios religiosos. Se nos pide capacidad profética para denunciar toda la hipocresía que se esconde dentro de la sociedad y también dentro de nuestras iglesias. Al mismo tiempo se nos pide realizar acciones concretas para acompañar a los/as más pobres en su lucha por conseguir mejores condiciones de vida, en medio de una sociedad estructuralmente injusta y excluyente.

3.  Dar de lo que se necesita para vivir

Marcos nos cuenta en el evangelio de hoy una sencilla historia. Jesús va al Templo, corazón del poder religioso, económico y político de Jerusalén. En ese lugar, sentado frente a las alcancías del templo se pone a observar cómo depositan sus limosnas los/as creyentes que van al Templo. Este era muy grande; Jesús escoge un lugar que le permitirá ver lo que no sería posible desde otra posición.

Los ricos echan mucho; en cambio, “una viuda pobre” apenas dos moneditas (Mc 12,42). No se trata de un hecho casual para este agudo observador que ve más allá de las apariencias. Su lectura de la realidad viene de su compromiso con el Proyecto de Dios que él anuncia y del lugar social en que él se ha colocado. El Maestro hará ver a sus discípulos/as el significado de lo que está ocurriendo. Lo que ha hecho la “viuda pobre” parece poco a una mirada no iluminada por la fe, pero para Jesús vale más que la limosna de los ricos (Mc 12,43).

La razón que tiene Jesús para fijarse en la conducta de la viuda pobre es clara: unos dieron lo que les sobraba, la viuda entregó “de lo que necesitaba… todo lo que tenía para vivir” (Mc 12,44). Lo mismo hizo la viuda de Sarepta con el profeta Elías (1 Re 17,10-16). No lo que sobraba, sino lo que necesitaba para vivir.

Dar de lo que se necesita para vivir (tiempo, saberes, recursos económicos) es el fundamento de la solidaridad que nos pide el mandamiento nuevo del amor y los valores éticos que Jesús nos propone. No se trata de un tipo de ayuda que humille al hermano o hermana, sino de un compromiso que promueve a la otra persona. De una entrega, de un intercambio entre iguales. Para darse cuenta es necesario saber ver la realidad con los ojos de Jesús y ellos supone elegir nuestro mirador para observar la realidad y actuar sobre ella de forma decidida y comprometida.

Para la revisión de vida
Jesús critica la falsa realidad de los fariseos, pendientes sobre todo de las apariencias, de lo que se ve y de lo que miran los demás… y alaba a la viuda que pasa desapercibida pero se entrega “más que nadie”, dando “de lo que ella necesita”… ¿Estoy convencido/a de que yo debo ser yo mismo, más allá de toda dependencia de las apariencias, de las normas en que no creo, del qué dirán… desde lo más profundo de mi yo auténtico, asumiendo mis decisiones y mi relación con el mundo y con Dios? ¿Lo vivo así? ¿Hago cosas que no haría si nadie me observara o lo supiera? ¿Soy auténtico/a o hipócrita?

Para la oración de las y los participantes
1. Por todos nosotros, y nosotras para que seamos coherentes entre lo que pensamos y creemos, y lo que practicamos. Recemos…
2. Por los más pequeños, los anónimos e insignificantes de nuestras comunidades, personas que pasan desapercibidas a los ojos humanos pero son auténticas y coherentes con su fe y su corazón, para que con su humildad y autenticidad sigan generando fuerza y vida para la comunidad. Recemos…
3. Por las y los que tienen en la Iglesia el servicio del saber y de la enseñanza, del gobierno y de la animación pastoral, para que nunca conviertan su don en lucro ni su saber en poder, ni se aprovechen en beneficio propio de su ministerio; para que se mantengan fieles al servicio de la comunidad como servidoras y servidores dispuestos/as que no se vanaglorían. Recemos…
4. Por nuestras comunidades cristianas, para que brillen ante la sociedad también por su buena forma de administrar la economía comunitaria: participada, democrática, honesta, desinteresada… Recemos…
Exhortación final: Hemos celebrado la fe que da sentido a nuestras vidas. Se nos ha invitado a mirar la realidad con los ojos de quien ama y es solidario/a, descubriendo sobre todo la situación de los/as más empobrecidos y nuestro compromiso con esta realidad. Se nos ha invitado a ser auténticas y auténticos, siendo consecuentes con la fe y quitándonos todo tipo de máscaras que nos impide ser testigas y testigos auténticas/os de Jesús. Este puede ser un compromiso para la próxima semana y para cada día de nuestras vidas.


LOS QUE DUERMEN EN EL POLVO SE DESPERTARAN B33ºO (15-11-09)

ENTRADA: Nos acercamos hacia el final del año litúrgico. De hecho el próximo domingo es el último de este año litúrgico. Por eso la Palabra nos hablará del fin del mundo, del juicio divino y de la necesidad de vivir en estado de alerta para dar una respuesta adecuada en el momento que se nos pida dar cuentas de lo que hemos hecho con los dones y talentos que hemos recibido.

Si estamos comprometidas  y comprometidos con el Proyecto de vida plena, no tenemos que temer al día que la comunidad y que el Dios Salvador y liberador nos llamará a dar cuentas de nuestra vida. Celebremos, pues con alegría la certeza de sentirnos en el Camino de salvación y liberación y pidamos fuerzas para no caer en la tentación de alejarnos del Proyecto de vida feliz y liberada.

1ªL: Daniel 12,1-3. Educar al pueblo para que sea justo

I: El libro de Daniel (s. II a.C.) presenta, por primera vez en la Biblia, la fe en la resurrección de las y los muertos. En general las y los judíos creían que después de la muerte tendrían solamente una vida disminuida, debajo de la tierra. No tenían esperanza de resurrección o recompensa para cada persona en otra vida, sino solamente para toda la nación. Si se portaban bien, el Dios Yahvé bendeciría o resucitaría a ésta. A partir de este texto se habla de la fe en la resurrección también individual.

T: En aquel tiempo se levantará Miguel, el Gran Jefe que defiende a los hijos e hijas de tu pueblo. Será un tiempo de angustia, como nunca hubo desde que existieron las naciones hasta el día de hoy.

Entonces serán salvados/as todos/as aquellos/as que estén inscritos/as en el Libro. Muchos/as de los/as que duermen en la Región del Polvo se despertarán, unos/as para la vida eterna, otros/as para el horror y la vergüenza eterna. Los/as guías espirituales brillarán como el resplandor del firmamento; los/as que educaron al pueblo para que fuera justo, brillarán como las estrellas por toda la eternidad.

Salmo 15: Protégeme, que me refugio en ti

  • Oh Dios, mi herencia tú eres y mi copa, tú proteges la suerte que me toca; me marcaron un sitio de delicias, magnífica yo encuentro mi parcela. Pongo siempre al Señor ante mi vista, porque a mi lado está; jamás vacilo.
    • Por eso corazón y alma se alegran y mi cuerpo descansará seguro; pues tú  no  puedes dar mi alma al sheol, ni dejar que tu amigo se haga  polvo.
    • Me mostrarás la senda de la vida, el gozo grande que es mirar tu rostro, delicias para siempre a tu derecha.

2ªL: Hebreos 10,11-14. Cristo se ofreció a sí mismo por nuestros pecados

I: El autor de la carta a los hebreos continúa esta semana presentando un texto en el que sigue comparando a Jesús con los sumos sacerdotes del templo de Jerusalén. Mientras que los sacrificios que ofrecían los sacerdotes no quitaban realmente los pecados, ni transformaban a las personas y a la sociedad. Jesús, mediante la ofrenda de su vida, mediante sus acciones solidarias y su palabra concientizadora, nos ha enseñado a vivir con dignidad y a luchar para construir una comunidad y una sociedad fundamentada sobre los valores del amor solidario, la justicia comprometida y la igualdad fraternal/sororal.

T: Hermanas y hermanos: Los sacerdotes permanecen a diario, de pie, para cumplir su oficio, y ofrecen repetidas veces los mismos sacrificios que nunca tienen el poder de quitar los pecados. Cristo, por el contrario, ofreció por los pecados un único sacrificio y se sentó para siempre a la derecha de Dios, donde está esperando que “sus enemigos le sean colocados como tarima de sus pies.” Así, pues, con su única ofrenda, llevó a la perfección para siempre a los que hizo santos y santas.

3ªL: Marcos  13, 24-32. Jesús nos juzgará sobre el amor

I: En el capítulo 13 del Evangelio de Marcos se relaciona la destrucción del templo de Jerusalén, con el fin del mundo y la segunda venida de Jesús. A los/as creyentes se les pide estar preparados/as para cuando Jesús pida cuenta sobre la forma como hemos vivido nuestro compromiso de fe. Sólo los/as que hayan sido capaces de ser hermanos/as solidarios/as entrarán en el banquete preparado por el Dios solidario y liberador para todos/as sus hijos e hijas fieles.

T: En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos y discípulas: “En aquellos días, después de esa angustia: el sol no alumbrará, la luna perderá su brillo, las estrellas caerán del cielo y el universo entero se conmoverá. Y verán al Hijo del Hombre viniendo en medio de las nubes, con mucho poder y gloria. Enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro puntos cardinales, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

Aprendan este ejemplo de la higuera: cuando sus ramas están tiernas y le brotan las hojas, saben que el verano está cerca. Así también ustedes, cuando vean todo esto, comprendan que ya está cerca, a las puertas. Les aseguro que no pasará esta generación que todo esto suceda. Pasarán el cielo y la tierra, pero mis palabras no pasarán.

Pero, en cuanto se refiere a ese día o a esa hora, no lo sabe nadie, ni los ángeles en el Cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

  1. I.          ¿Por qué es importante educar al pueblo para que sea justo?
  2. II.         ¿Por qué creemos que las personas justas vivirán para siempre?
  3. III.       ¿Por qué debemos vivir despiertos/as y estar preparados y preparadas en todo momento?

1. Educar al pueblo para que sea justo

El libro de Daniel nos habla del juicio que Dios hará a los/as que han muerto. Unos/as entrarán en la vida eterna; otros/as para el horror y la vergüenza eterna. Y ¿quiénes son los/as que entrarán en la vida eterna? El mismo texto nos da la respuesta: “Los/as guías espirituales brillarán como el resplandor del firmamento; los/as que educaron al pueblo para que fuera justo brillarán como las estrellas por toda la eternidad” (Dn 12,3).

Si para los/as creyentes un compromiso fundamental es buscar el Proyecto del Reino de Dios y su justicia (Mt 6,33), no podemos renunciar a la misión de ser constructores/as de relaciones justas allí donde nos encontremos: en la familia, en el trabajo, en las iglesias, en nuestras organizaciones comunitarias… Y esta misión se hace más urgente en esta sociedad neoliberal en la que se ponen en primer lugar los intereses económicos de los/as que tienen posibilidad de invertir para multiplicar sus capitales. Mientras tanto va creciendo la brecha entre ricos y pobres en los países dependientes, y entre el Norte enriquecido y el Sur empobrecido.

La causa de la justicia nos exige una postura profética que denuncie la iniquidad de un sistema social que crea, cada vez,  mayores niveles de pobreza y exclusión, y al mismo tiempo se nos pide colaborar con proyectos alternativos que contribuyan a la creación de relaciones más humanas, relaciones que no estén manipuladas por la dictadura económica que impone el sistema social vigente.

Como comunidad estamos llamados y llamadas a ser guías espirituales para tantas personas que nos necesitan. Se nos pide colaborar en la educación del pueblo para que viva en la justicia, para que defienda sus derechos, para que colabore en la construcción de una sociedad más justa, teniendo en cuenta que se educa más con el testimonio de la propia vida que con las palabras. En definitiva, el camino que conduce a la vida digna y feliz, a la vida eterna, pasa necesariamente por el compromiso con la justicia.

2. Quienes duermen en el polvo se despertarán

Hasta el siglo II a.C. no existía en Israel la fe en la resurrección de los muertos. Los/as judíos/as creían que después de la muerte tendrían sólo una vida disminuida en la tumba (sheol), debajo de la tierra. No existía la esperanza del premio personal como recompensa por haber llevado una vida de acuerdo a los mandamientos de Dios. Sólo se creía en que Dios bendeciría a la nación en general.

En el siglo II, en el tiempo de la revuelta de los Macabeos, cuando los griegos perseguían a los judíos por ser fieles a su fe, va naciendo la idea de la resurrección para aquellos/as mártires que han sabido dar sus vidas por mantenerse firmes y no renunciar a su identificación con el Proyecto de Yahvé, el Dios liberador. Se llega a la convicción de que los/as que habían muerto, después de ser perseguidos/as por su fe tendrían su parte de felicidad en el Reino de Dios. Encontramos esta misma esperanza en otros textos bíblicos (2 M 7,9; 12,43; Sb 2-5). Estos textos que son fruto de la fe del pueblo judío en los dos últimos siglos antes de Jesús, prepararon lo que él mismo debía enseñar sobre la resurrección (Mc 12,18).

Como comunidad creemos en el Dios que levanta del polvo a los/as desvalidos/as, a los/as pobres, a los/as humildes. Con Ana, la mujer estéril de la que Dios se acordó, decimos: “El Levanta del polvo al desvalido y, de la mugre, saca al pobre para que pueda sentarse con los grandes y ocupar un lugar de privilegio” (1 S 2,7-8). Creemos en el Dios que al pobre olvidado, como en el caso de Lázaro, lo coloca en el seno de Abraham, mientras al rico insensible lo coloca en el lugar de los tormentos (Lc 16,23).

Creemos firmemente que aquellos/as que durante su vida han sabido imitar la misericordia de Dios y su solidaridad con los/as débiles y los/as desvalidos/as no se quedarán en el polvo, en la tumba, sino que recibirán la invitación de entrada en el Reino de Dios: “¡Vengan, los/as bendecidos/as por mi Padre! Tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo. Porque tuve hambre y ustedes me alimentaron; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Pasé como forastero y ustedes me recibieron en su casa. Anduve sin ropas y me vistieron. Estaba enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver.”(Mt 25,34-36).

3.  Vivir como personas despiertas y permanecer en el camino de la fe comprometida y solidaria

El texto del evangelio que hemos leído hoy está tomado del capítulo más difícil de interpretar del evangelio según Marcos. Se le interpreta corrientemente como anunciando el fin del mundo. Sin embargo en él se hace una relación directa entre el fin del mundo y la destrucción del templo de Jerusalén, acaecida en el año 70 a.C.

Ante la admiración que sus discípulos y discípulas expresan por la belleza del templo de Jerusalén, Jesús anuncia su destrucción ((Mc 13,2). Sus seguidores/as le dicen: “Dinos cuándo sucederá esto y cuál será la señal de que todas estas cosas llegan a su fin” (Mc 13,4). Todo el capítulo 13 está marcado por ese anuncio y por esa interrogante. El Señor les dice que como él, ellos/as también serán signos de contradicción. Serán entregados/as a los tribunales judíos (Mc 13,9). Serán azotados/as en las sinagogas y tendrán que presentarse ante los reyes y gobernadores por ser testigos/as de Jesús (Mc 13,9), tendrán que ver al ídolo del opresor colocado en el lugar en donde no debe estar (Mc 13,14).

Los/as discípulos/as de Jesús deben estar prevenidos (Mc 13,23). El templo representa aquí el poder de los privilegiados de ese tiempo que rechazan el anuncio del Reino de Dios, buscarán matar a Jesús y borrar su memoria. Sin embargo no lo lograrán.

Corremos el peligro, como comunidad de fe, de caer en la tentación del templo. Es decir, de construir unas comunidades que aparentemente estén trabajando por el Proyecto del Reino del Dios Salvador y liberador, pero que estemos viviendo un tipo de fe que se oponga a la construcción de un proyecto alternativo de sociedad, como sucedió en tiempo de Jesús. Jesús ha venido -y sigue viniendo- a poner fin a ese tipo de religión. Su mensaje es liberador porque nos llama al servicio de los/as más débiles y no a la dominación. El templo significa lo contrario. Es el lugar en donde unos pocos son privilegiados y en donde unos pocos se enriquecen, aprovechándose del sentido religioso del pueblo sencillo. En esa perspectiva su destrucción no es el fin de la historia; es un hecho que debe ser visto a la luz del Reino del amor y de la justicia de Dios.

Se nos invita a vivir siempre con los ojos abiertos, viviendo la verdadera fe que se compromete con el Proyecto de Dios. Si vivimos en esa actitud, entonces no tenemos que temer, pues hemos entendido el llamado que Jesús nos ha hecho: “Estén despiertos, ya que no saben cuándo regresará el dueño de casa. Puede ser al atardecer, o  a medianoche, o al canto del gallo, o de madrugada” (Mc 14,35). Y estar despiertos/as es vivir de acuerdo al mandamiento nuevo del amor solidario que Jesús nos da.

Para la revisión personal: El mensaje del “final del mundo” es doble: por una parte un anuncio de finitud (soy limitado y mi vida camina hacia la muerte) y por otra de esperanza (el bien triunfa sobre el mal). ¿Soy coherente con este mensaje? ¿Integro en mi vida la dimensión de la finitud, de mi caminar hacia la muerte en este mundo? ¿Vivo mi vida desde el compromiso con la causa de la justicia, de la Vida que finalmente triunfará?

Para la oración de las y los participantes
1.  Por todas las personas que viven ignorando los límites de su vida, su encuentro con la muerte: para que todos integremos en nuestro planteamiento de vida esta realidad sin la que no podríamos ser realistas, roguemos al Señor…
2. Por todas las comunidades cristianas para que sepamos comprometernos con la causa de la Justicia y la defensa de la vida, roguemos al Señor.

3. Para que este mundo no acabe precipitadamente de una forma imprevista, por la degradación ambiental, el efecto invernadero, la devastación de las florestas, el agrandamiento del agujero de la capa de ozono,  la agresión contra nuestros ríos, la extinción de las especies, el avance incontenible de la desertificación… Para que comprendamos que el compromiso con la Vida nos exige una responsabilidad frente a las futuras generaciones y frente a Dios mismo, roguemos al Señor…

Exhortación final: Hemos celebrado la fe que da sentido y fuerzas para caminar cada día. Hemos confirmado nuestra fe en el Dios salvador y liberador con la convicción de que también nosotros y nosotras, si aceptamos la propuesta de Jesús y asumimos su Proyecto, viviremos para siempre con El. Ahora nos toca vivir despiertos y despiertas para no dejarnos manipular por los grupos del poder económico-político, para no caer en la tentación de alejarnos del camino de la vida con dignidad, fundamentada en los valores de la justicia y la solidaridad.


JESUS PASTOR DEL UNIVERSO B34°O  (22-11-09)

ENTRADA: Este es el último domingo de este año litúrgico. Celebramos la fiesta de Jesús como Pastor  del universo. El ha sido el compañero en nuestra misión y en nuestro compromiso de fe solidaria durante todo este año litúrgico.

El año litúrgico comenzó con el adviento, con la preparación al nacimiento de Jesús. Ahora lo cerramos con la conciencia de que él está animando nuestras luchas y su Espíritu  el Señor del universo.

Celebremos, pues, con alegría, el triunfo de Jesús sobre la muerte y el mal, realidad que da sentido a nuestra vida comunitaria y a nuestras acciones solidarias.

1ªL: Daniel  7, 13-14.  Una visión desde los sectores de poder

I: El autor del libro de Daniel nos habla de una visión nocturna que tuvo. En ella vio a un personaje, llamado hijo de hombre, a quien se le da poder, honor y reino y al que todas las naciones deberán servir.  Se trata de un texto propio de la teología monárquico-sacerdotal, que compara a la divinidad principal de Israel con un rey poderoso cuyo poder es eterno e indestructible.

T: Seguí contemplando la visión nocturna: En las nubes del cielo venía uno como hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano y fue llevado a su presencia.

A él se le dio poder, honor y reino, y todos los pueblos y las naciones de todos los idiomas le sirvieron. Su poder es poder eterno y que nunca pasará; y su reino jamás será destruido.

Salmo 92: Construiremos el proyecto de vida y de justicia

  • ¡Reina el Señor! Se viste de grandeza, el Señor, de poder va revestido.
  • Estableciste el orbe inconmovible. Desde el principio fijaste ya tu trono tú
  • existes desde siempre.
  • Tus mandatos, oh Dios, son fieles y seguros; la Santidad es propia de tu casa,  oh Dios nuestro, por los siglos de los siglos.

2ªL: Apocalipsis 1,5-8. Yo soy el que es, el que era, el que ha de venir.

I: El libro del Apocalipsis fue escrito para animar la fe de las comunidades cristianas que estaban siendo perseguidas por el Imperio romano, a finales del siglo 1 d.C. A ellas se les presenta a Jesús como el testigo fiel, como el que nos ha amado hasta entregar su vida. Con tan buen testigo y compañero de camino los/as cristianos/as retomaban las fuerzas para seguir dando testimonio de la fe que profesaban.

T: A Cristo Jesús, el Testigo fiel, el primer nacido de entre las y los muertos, el rey de los reyes de la tierra, el que nos ama, el que nos purificó de nuestros pecados por su sangre, haciendo de nosotros/as un Reino y Sacerdotes de Dios su Padre. A él la Gloria y el poder por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Miren que viene entre las nubes, y todos lo verán, aun los que lo hirieron y llorarán por su muerte todas las naciones de la tierra. Sí, así será.

Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, EL que Es, el que era y el que ha de venir; el Señor del Universo.

3ªL: Juan  18, 33b-37. Soy testigo de la verdad

I: En el juicio que Pilatos le hace Jesús, éste le pregunta que si él era realmente rey, puesto que una de las acusaciones que se le hacían al Maestro de Galilea era la de que estaba en contra del emperador romano, considerado el único rey de los judíos. Jesús contesta de forma positiva, sin embargo añade que su reino no es de este mundo.

T: En aquel tiempo Pilatos preguntó a Jesús: “¿Eres tú el Rey de los judíos?”      Jesús le contestó: “¿Viene de ti esta pregunta o repites lo que otros te han dicho de mí?” Pilatos contestó: “¿Soy judío yo?” Tu pueblo y los jefes de los sacerdotes te han entregado a mí ¿Qué has hecho?”

Jesús contestó: “Mi realeza no procede de este mundo; si fuera rey como los de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reinado no es de acá.”

Pilatos le preguntó: “Entonces, ¿tú eres rey?”

Jesús contestó: Tú lo has dicho: Yo soy Rey. Para esto nací, para esto vine al mundo, para ser testigo de la Verdad. Todo hombre que está de parte de la verdad, escucha mi voz.”

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿Por qué el proyecto de Reino de Dios está en el centro de la vida de Jesús?

2.  ¿Cómo entender la declaración de Jesús de que su Reino no es de este mundo?

3.  ¿Por qué podemos afirmar que Jesús es testigo de la verdad?

  1. I. El proyecto de Reino de Dios en el centro de la vida y de la predicación de Jesús

El tema del Reino de Dios está presente fundamentalmente en los tres evangelios llamados Sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas). Desde el comienzo de su predicación Jesús declara: “El plazo está vencido, el Reino de Dios se ha acercado. Tomen otro camino y crean en la Buena Nueva” (Mc 1,15). Según Mateo ya Juan Bautista, el que preparó el camino a Jesús, había proclamado un mensaje parecido: “Cambien su vida y su corazón, porque el Reino de los Cielos se ha acercado” (Mt 3,2).

Con Juan Bautista y con Jesús llega la Buena Noticia de Dios. Y el contenido central es que el Reino de Dios se ha acercado, el Proyecto de Dios se ha hecho presente en la historia humana, en las relaciones sociales. Ante esa realidad uno/a puede tomar la postura de aceptar o no vivir de acuerdo a las exigencias de ese Proyecto. Sin embargo, a todas las personas se les invita a cambiar de vida, a tomar otro camino y a creer en la Buena Nueva, a creer e identificarse con Jesús que anuncia y realiza el Proyecto de Dios.

El corazón del mensaje de Jesús y de su práctica es el Proyecto de Dios. El Dios de Jesucristo es el Dios que tiene un Proyecto de vida justa y feliz para todos/as sus hijos/as.

A los/as seguidores/as de Jesús se nos pide seguir proclamando la Buena Noticia de Dios. El Reino de Dios, su Proyecto de salvación y liberación, se sigue acercando a nuestras vidas, a nuestra realidad histórica. Cuando nos abrimos a ese Proyecto de Dios, entonces nuestra vida tiene que cambiar; comenzamos a caminar por nuevos senderos. Al tomar un camino diferente del que transita la mayor parte de la gente de la sociedad en que vivimos nos convertimos en testigos/as creíbles del Proyecto de Dios.

  1. II. Mi reino no es de este mundo pero se construye en esta historia

Habiendo escuchado la acusación de los judíos, Pilatos pregunta a Jesús: ¿Eres tú el Rey de los judíos? (Jn 18,33). El acusado prepara su respuesta con un interrogante que el procurador romano no se esperaba: “¿Viene de ti esta pregunta o repites lo que otros te han dicho de mí?” (Jn 18,34). De alguna manera Jesús quería echar en cara al procurador que no estaba actuando por cuenta propia sino presionado por los sumos sacerdotes y el pueblo. Pilatos responde con arrogancia, pero no logra intimidar a Jesús. Entonces viene la respuesta que dejaría desconcertado a Pilatos: “Mi realeza no procede de este mundo; si fuera rey como los de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de este mundo” (Jn 18,36).

Y Pilatos pregunta de nuevo a Jesús: “Entonces, ¿tú eres rey?” (Jn 18,37a). Y Jesús responde con claridad y sin vacilar: “Tú lo has dicho: yo soy Rey”. Para eso ha venido Jesús al mundo, para instaurar un mundo de justicia, de paz, de fraternidad, de justicia y respeto por los derechos de todos/as. Ese es su Reino, su gobierno, que llega a la historia humana, la transforma, la impulsa y la lleva más allá de ella misma. Es un reinado que no tendrá fin, que está presente desde ahora, no es sólo para el futuro, su presencia en la historia es eterna (Dn 7,14).

A pesar de lo que contestó a Pilatos, Jesús no quería ser Rey, y de hecho huyó cuando le quisieron nombrar rey (Jn 6,15). Proclamando a Cristo como Rey muchas veces lo que se quería proclamar era la supremacía de una religión, o la reclamación de privilegios por parte de la autoridad religiosa. Todavía peor, la aclamación de Cristo Rey por parte de las derechas y de los poderes económicos en las sociedades injustas venía a servir de legitimación de la injusticia.

Jesús habló y se desvivió por el Reino (de Dios), a cuya realización se entregó incondicionalmente. Convertirlo en Rey a él, fue de hecho para muchos/as una forma de olvidar precisamente la Causa de Jesús. El predicador del Reino fue convertido él mismo en Rey y se olvidó el Reino de Dios que él había anunciado.

Al Jesús afirmar que su realeza no procede de este mundo señala también que su autoridad la debe solamente al Padre que lo envió. En esto no se parece a las demás autoridades que se han impuesto por la fuerza. A Pilatos, por ejemplo, lo había nombrado el emperador de Roma y debía su carrera tanto a su propia ambición como a los sobornos que había tenido que hacer para que lo pusiesen como procurador romano.

Sería un error interpretar la afirmación de Jesús, cuando se refiere a que su reinado no es de este mundo, como referida exclusivamente al plano religioso y espiritual, como si su Proyecto, su Reino, no tuviese nada que ver con la historia, con la realidad en que vivimos. Pero no se trata de esto. Jesús lo que quiere dejar claro es que su Reino no es como los de este mundo, en los cuales hay relación de dominación, de imposición, de dominio. El Reino de Jesús no es como el que Pilatos conoce, un reino de arbitrariedad, privilegios y dominación; su Reino es de amor, justicia, solidaridad y servicio.

Como comunidad de fe tenemos el compromiso de colaborar en la construcción de un Reino de Dios que, aun no siendo de este mundo, tiene que irse realizando en esta historia, con las personas concretas con las que convivimos. Por eso precisamente tenemos que estar dispuestos/as a asumir las dificultades, los conflictos que vienen como consecuencia de nuestro compromiso creyente, puesto que somos defensores/as de un Proyecto que es alternativo, que entra en contradicción con el Proyecto social que defienden los/as que tienen el poder político, económico y militar en esta sociedad estructuralmente injusta en que vivimos.

  1. III. Jesús, testigo fiel de la verdad

Cuando Pilatos preguntó a Jesús que si él era rey, el Maestro de Galilea contestó decididamente: “Tú lo has dicho: yo soy Rey. Para esto nací, para esto vine al mundo, para ser testigo de la verdad. Toda persona que está de parte de la verdad, escucha mi voz”  (Jn 18,37). Ante esa respuesta Pilatos sólo pude decir: “¿Qué es la verdad?” Después de este diálogo que lo dejó impresionado entendió la falsedad de las acusaciones de los judíos y tuvo que declarar la inocencia de Jesús.

Jesús es testigo de la verdad. Y ¿cuál es esa verdad? Que Dios tiene un Proyecto de salvación de liberación para todo ser humano, que todos/as están llamados/as a escuchar la voz del Hijo amado del Padre que nos guía por caminos de vida y de justicia. Por otro lado, esa verdad desenmascara todos los proyectos de muerte que hay en esta sociedad. Esta verdad nos ayuda a descubrir qué es lo que hay detrás del Proyecto neo-liberal que los grandes de este mundo nos quieren imponer. Esta verdad nos ayuda a descubrir la falsedad de aquellos/as que tienen el poder político en sus manos, hablan de democracia, de disminuir la brecha entre pobres y ricos, de priorizar las necesidades del pueblo, pero imponen sus reglas de juego y su dictadura económica de mercado. Esa verdad nos ayuda a descubrir también la falsedad de los/as que se llaman cristianos/as, pero se hacen indiferentes ante el dolor de sus hermanos/as y colaboran con aquellos/as que maltratan y oprimen a los/as débiles y excluidos/as de esta sociedad.

Si escuchamos la voz de Jesús, somos de la verdad. Jesús y el Reino de Dios que él proclama y realiza son el sentido último de nuestras vidas. El es el que nos ama, el que nos ha purificado de nuestros pecados con su sangre preciosa. El es el alfa y la omega; es decir el principio y el fin de todas las cosas. Esa es nuestra gran verdad.

Para la revisión de vida

¿Me siento realmente identificada e identificado con el Reino de Dios, con su Proyecto? La comunidad cristiana a la que pertenezco, ¿está realmente comprometida con el Proyecto de Dios? ¿En qué lo demostramos? ¿Soy de aquellas y aquellos que dicen que como el reino de Dios no este mundo, no se puede hacer nada por él en este mundo?

Para la oración de las y los participantes
1. Por la Iglesia de Jesús, para que siga siempre los pasos de aquél no vino a ser servido sino a servir, recemos…
2. Por todos los que ejercen poder y autoridad en este mundo, para que, como quería Jesús, acepten el poder como una posibilidad de servir más y mejor, recemos……
3. Para que Jesús, el que “pasó haciendo el bien” y “se humilló pasando por uno de tantos” sea nuestro modelo, nuestro guía y nuestra fuerza en la “militancia” por el proyecto de Reino de Dios y su justicia, recemos…

Exhortación final: Hemos celebrado con alegría la fiesta de Jesús como Pastor del universo. En su gobierno no hay dominio ni opresión, sino amor, fraternidad y servicio. Por eso, ahora nos toca seguir en nuestro camino de fe, escuchando la voz del Hijo amado que nos invita a ponernos al servicio de los/as hermanos/as más débiles como Jesús lo hizo, construyendo otra comunidad, otra sociedad y otro mundo posible: una sociedad fundamentada en los valores de la equidad, la justicia y la solidaridad.

LEVANTEN LA CABEZA, PUES LLEGA EL DIA DE LA LIBERACION C1ºA (29-11-09)

ENTRADA: Comenzamos hoy el Adviento y con él un nuevo año litúrgico. Es un tiempo que nos motiva a tener motivos para esperar y razones profundas y consistentes para continuar en el seguimiento diario de Jesús; para inyectar alegría y optimismo cristiano en todo lo que hacemos. Un tiempo para ser vivido en familia y en comunidad.

Durante este tiempo litúrgico nos preparamos al nacimiento de Jesús, a la Navidad. Al mismo tiempo que celebramos la encarnación de Jesús, nos preparamos para revisar nuestro compromiso con el proyecto de justicia y amor que él nos propuso.

Celebremos, pues, con alegría y demos gracias a Dios por Jesús, presente en medio de su pueblo, que fortalece nuestro amor mutuo y nuestra fe solidaria.

1ªL: Jeremías 33, 14-16. Yavé es nuestra justicia

I: A las judías y judíos que habían sido deportados/as a Babilonia (S. VI a.C.), y para los/as campesinos/as que se habían quedado en la tierra de Israel, el profeta Jeremías les anuncia una buena noticia: el Dios que cumple sus promesas enviará a un personaje, de la familia de David, que se distinguirá por promover la justicia y el derecho en la tierra. Entonces, el pueblo tendrá vida digna, y vivirá en paz.

T: Se acerca ya el momento dice Yavé, en que cumpliré la promesa que hice a la gente de Israel y a la de Judá. En esos días, haré nacer un nuevo brote de David, que ejercerá la justicia y el derecho en el país. Entonces Judá estará a salvo, Jerusalén vivirá segura y llevará el nombre de “Yavé es nuestra justicia.”

Salmo  24: A ti, oh Dios de vida y libertad, levanto mi alma

*          Oh Dios, muéstrame tus caminos y enséñame tus sendas. Guíame en tu verdad, enséñame tú, que eres mi Dios y Salvador. Todo el día ando confiado, esperando tus favores.

*          Nuestro Dios es bueno y recto; por eso muestra el camino a las personas extraviadas. Dirige a las personas humildes en la justicia y enseña a las y los empobrecidos/as el camino.

*          Todas sus sendas son amor y lealtad para el que guarda su alianza         y sus preceptos.

Nuestro Dios se muestra a quien lo teme y le manifiesta su amistad.

2ªL: 1ª Tesalonicenses 3,12-4,2:  Crecer en el amor mutuo

I: Pablo, dirigiéndose a las hermanas y hermanos de la comunidad cristiana, en la ciudad de Tesalónica, les invita a seguir creciendo en el amor mutuo. Les desea que sea Dios mismo el que fortalezca a cada uno/a de los/as creyentes, para que puedan dar testimonio de su fe y caminar por el sendero de Jesús que es Camino, Verdad y Vida.

T: Hermanas y hermanos: Que el Señor los haga crecer más y más en el amor que se tienen unos a otros y también a los demás, imitando el amor que a ustedes les demostramos! ¡Que él los fortalezca interiormente para que sean santos e irreprochables delante de Dios, nuestro Padre, el día en que venga Jesús, nuestro Señor, con todos sus santos y santas!

Por lo demás, hermanos y hermanas, éstas son las cosas que les pedimos y rogamos en nombre del Señor Jesús: ustedes aprendieron de nosotros cómo han de portarse para agradar a Dios y ya viven así. Pero procuren hacer nuevos progresos.

3ªL: Lucas  21, 25-28.34-36. Levanten la cabeza; se acerca la liberación

I: En el evangelio que proclamamos a continuación se anuncia la segunda venida de Jesús, llamado Hijo del Hombre. Según la creencia de varias comunidades cristianas primitivas dicha venida será acompañada de catástrofes cósmicas, es decir, de grandes señales y tragedias en el cielo y en la tierra. A los/as creyentes de hoy se nos invita a estar preparados/as cada día, cumpliendo con nuestra misión solidaria, sin hacer nuestro trabajo sólo por la recompensa o castigo que se nos pueda dar.

T: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos y discípulas: Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas, y por toda la tierra se angustiarán los pueblos, asustados por el ruido del mar y de las olas. Los hombres y mujeres morirán de espanto, con sólo pensar en lo que le espera al mundo, porque las fuerzas del universo serán conmovidas. Y en ese preciso momento verán al Hijo del Hombre viniendo en medio de la Nube: y su venida será con poder e infinita gloria.

Cuando se presenten los primeros signos, enderécense y levanten sus cabezas, pues habrá llegado el día de su liberación.

Estén alerta, no sea que se endurezcan sus corazones en los vicios, borracheras y preocupaciones de la vida, y, de repente, los sorprenda este día. Pues caerá sobre todos los habitantes de toda la tierra como la trampa que se cierra. Por eso estén vigilando y orando en todo tiempo para que se les conceda escapar de todo lo que debe suceder, y puedan estar de pie delante del Hijo del Hombre.”

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

1. ¿Quién es el brote de justicia que Dios hará surgir?

2. ¿Por qué se nos pide estar en actitud de alerta y fortalecer el amor mutuo?

3. ¿Cuándo llegará nuestra liberación definitiva?

  1. 1. Surgirá un brote de justicia

La situación que vivía el pueblo de Israel en el s. VI a.C., durante el tiempo del exilio de Babilonia, era realmente difícil. Podemos diferenciar tres grupos bien concretos: a) Un grupo formado por el rey y la gente de su corte, así como los/as nobles, los sacerdotes, y los grandes comerciantes que estaban prisioneros/as en Babilonia. b) Un grupo de personas que antes eran esclavas en Israel y ahora lo continúan siendo en el exilio. c) Un grupo de campesinos/as que fue dejado en la tierra de Israel y que no eran de mucha utilidad para el imperio babilónico.

Jeremías está en medio del grupo de campesinos/as que se quedó en la tierra y que no fue al exilio. El profeta sabe que la parte del pueblo que está en el exilio está desanimada. Se siente frustrado. Le cuesta entender la causa por la que el Dios que los sacó de la esclavitud de Egipto ahora permite que su pueblo viva en una nueva opresión.  Y el profeta habla en nombre de Dios, anunciando que surgirá una rama, un brote de la casa real de David que implantará un gobierno de justicia.

La Escritura entiende el exilio de Babilonia como una consecuencia del abandono del Proyecto de Dios, al permitir que entrasen las relaciones de dominio y de injusticia al interior del pueblo escogido por Dios para ser luz ante las demás naciones (Is 60,3). Ahora se anuncia un nuevo rey que se caracterizará no por el dominio y la imposición, sino por que será el promotor de la justicia y el derecho, lo que recreará buenas condiciones de vida para los pobres del pueblo, que disfrutarán de la paz, como fruto de la justicia. Por eso el salmista dice, cuando se refiere al futuro rey-Mesías: “Juzgará con justicia a los humildes y salvará a los hijos de los pobres… Pues librará al mendigo que reclame y al pobre que no tiene quien lo ayude; compasivo del débil y del pobre, será su salvador; de la opresión violenta librará su vida, que es preciosa ante sus ojos” (Sal 72,4.12-14).

Como creyentes estamos convencidos/as de que no hay posibilidad de cambiar las relaciones de dominio en relaciones de amor, tanto a nivel de nuestras familias, nuestras comunidades, y a nivel nacional y mundial si no hay una disposición  de hacer realidad el proyecto de vida y de justicia que Dios quiere para su pueblo. Se nos pide, dar nuestro aporte en la creación de una sociedad alternativa, diferente, justa. Como seguidores/as de Jesús, no tenemos otro camino. Por eso, él nos repite hoy, al comenzar el Adviento: “Busquen el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás vendrá por añadidura” (Mt 6,33).

2. Estar vigilantes y vivir el amor mutuo

La lectura del Evangelio de hoy nos invita a estar en actitud de alerta, pues Jesús, el brote de justicia, puede venir en cualquier momento y pedirnos cuenta de lo que hemos hecho con la misión que él nos ha encomendado. Sin embargo, no sólo debemos estar en actitud de alerta porque se nos pedirá cuenta, sino por el hecho de que tenemos que realizar nuestra misión en medio de una sociedad en donde se busca callar la voz de la justicia y en donde muchas personas tienen como principal valor al dinero, al libre mercado, buscando el bienestar personal, sin tener en cuenta, en la mayoría de las ocasiones,  las necesidades de los/as demás.

La actitud de alerta nos pide una disposición de resistencia. Y ¿qué significa resistencia? Es la disposición interior a no renunciar a nuestros valores y principios aun cuando las personas que vivan a nuestro alrededor no compartan nuestros criterios y nuestra forma de vivir. Resistir significa seguir creyendo en el Proyecto de Dios y en su justicia, aun cuando parece que en la sociedad en que vivimos gana la mano la injusticia y se desarrollan los proyectos de los que tienen grandes capitales y se enriquecen cada vez más, sin importarles la suerte de los más débiles y pobres.

Como creyentes se nos invita a no dejarnos llevar por los vicios, por las drogas sociales, como hacen tantas personas que sienten que no pueden hacer nada para cambiar la situación y evaden la realidad. A los/as creyentes se nos pide enfrentar la realidad con responsabilidad, con la conciencia clara de que el Dios salvador y liberador está con nosotros/as y que vale la pena envolver la vida en la misión que se nos ha encomendado, aunque ésta  no sea nada fácil.

Esta disposición de estar siempre atentos/as y alerta nos exige vivir en continua actitud de oración. La oración debe ser de todo tiempo (Lc 22,36). La oración es un gesto y una experiencia de gratuidad. De la gratuidad del amor de Dios que da sentido pleno a la exigencia que hace auténtica la esperanza. La oración animará nuestra esperanza,  fortalecerá la fe y hará más concreto nuestro amor solidario.

La misión que Jesús nos encomienda es una misión comunitaria. De hecho él nos ha llamado para que estemos con él y para enviarnos a la misión evangelizadora (Mc 3,14-15). Y esto se realiza en la comunidad de fe. Si intentamos vivir la fe de forma individual no llegaremos a comprometernos con seriedad en la misión que se nos encomienda.

En la comunidad de fe a la que pertenecemos estamos llamados/as a crecer en el amor mutuo y es que el amor está en el fundamento de toda comunidad de fe. El amor fraterno nos hace más personas, nos fortalece interiormente y nos lanza a ser testigos del amor liberador de Dios para con su pueblo.

Cada uno/a en la comunidad tenemos el compromiso de estar vigilantes para impedir que el egoísmo y el individualismo nos guíe, para impedir que los intereses personales se sobrepongan sobre los intereses comunitarios. De hecho el amor lleva a la comunión, y la comunión exige una disposición de acogida y de perdón. Sólo de esta manera fortalecemos nuestras comunidades.

La espera vigilante del Jesús que volverá nos exige vivir en el amor y crecer como comunidad. Esta es una tarea para cada día, para cada momento de nuestra vida. Para ello necesitamos la luz y la fuerza del Espíritu de Dios que debemos pedir incesantemente.

3. Levantarse porque se acerca la liberación

¿De qué liberación nos habla el Evangelio cuando dice: “… Enderecen y levanten sus cabezas, pues habrá llegado el día de su liberación”? (Lc 21,28).

El evangelio que hemos leído hace referencia a la parusía, es decir, a la segunda venida de Jesús. Por ello la parusía no es motivo de terror, sino de lo contrario: de ánimo, “pues habrá llegado el día de su liberación” (Lc 21,28).

Como creyentes estamos conscientes de que al final de la historia el proyecto del Dios de Jesús vencerá. Su Proyecto se realizará definitivamente. Y su segunda venida significará la celebración definitiva del triunfo del Proyecto liberador, plan de vida y de amor.

La conciencia de que aunque ahora reinen la injusticia y el egoísmo, al final de la historia vencerá el bien y el amor, nos tiene que fortalecer para seguir sembrando la semilla de la justicia, que tiene que germinar y dar frutos de amor solidario y de paz, para que ese Proyecto de Dios se vaya realizando ya desde ahora, desde nuestra cotidianidad. La esperanza nos guía, nos fortalece y nos da ánimos para recomenzar el camino de cada día con nuevo entusiasmo, porque sabemos lo que tenemos entre manos y en quién hemos puesto nuestra esperanza.

Cada día de nuestra vida es tiempo preciso para enderezarse, para levantar la cabeza porque se acerca la liberación. Por eso Jesús invita a todas las personas y sobre todo a los/as más pobres comprometidos con su Proyecto (La Biblia les llama en el AT: “Anawim”), a enderezarse a levantar la cabeza don dignidad, porque cada día más se acerca la liberación.

Podemos esperar y construir nuestra liberación porque Jesús ya ha sido liberado. Podemos esperar y trabajar por la paz y la justicia porque Jesús ha vivido en la paz, en la justicia  en la fraternidad. Desde su primera venida camina a nuestro lado y desea que como creyentes vayamos a su encuentro con el corazón abierto a una solidaridad sin fronteras.

Como comunidad de fe y de amor solidario creemos que cada día  y  también al final de la historia está Dios presente animando nuestra esperanza. El es el Dios liberador que arrancó a su pueblo de la opresión de Egipto y que nos invita a vivir como personas liberadas, hasta el día de nuestra liberación definitiva.

Para la reflexión personal y comunitaria: Al comenzar el adviento podemos  hacer un examen de mi esperanza. ¿Soy persona de esperanza? ¿Qué espero? ¿Cómo venzo el desánimo? ¿Qué papel tendríamos las cristianas y cristianos en esta hora baja de la esperanza?

Para la oración de las y los participantes

  1. Para que las comunidades cristianas vivan intensamente el adviento como preparación a la Navidad y como tiempo dedicado más intensamente a alimentar la esperanza del mundo y la propia nuestra, recemos…
  2. Por aquellas personas, especialmente  por los/as jóvenes que viven de espaldas a la realidad de la muerte y de la finitud de nuestras vidas, para que abandonen los vicios, las drogas y vivan todos los días conscientes de su responsabilidad ante la sociedad en que vivimos, recemos…
  3. Por la esperanza de los/as más pobres, los dos tercios de la humanidad, los 2,500 millones de personas sin empleo, el 20% que recibe sólo el 1.4% del producto mundial, para que por nuestro compromiso decidido por la transformación del mundo seamos adviento, esperanza, buena noticia para estos hermanos y hermanas. Recemos…

Exhortación final: Hemos celebrado la fe en este primer domingo de adviento. Se nos ha llamado a estar en actitud de alerta, de resistencia y de amor creativo para dar testimonio de la fe que profesamos. Para eso necesitamos seguir esforzándonos para construir comunidades cristianas fuertes, fortalecidas por el amor mutuo, que den testimonio de solidaridad y de justicia, hasta el día de nuestra liberación definitiva.


REFLEXIONES BIBLICAS SEMANALES. Octubre 2009

septiembre 25, 2009

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDOM) 

C/ 3 No. 9. El Milloncito, Sabana Perdida. Santo Domingo Norte. Rep. Dominicana

Tel/fax. 809-568-8560. E-mail: rebido@codetel.net.do, rebido07@gmail.com

Reflexiones bíblicas semanales. Octubre 2009

 

          AMOR Y FIDELIDAD EN LA RELACION DE PAREJA B27ºO (4-10-09)

 

ENTRADA: Nos reunimos como comunidad de fe y de solidaridad, como mujeres y hombres hechas y hechos imagen y semejanza  divina, que tienen el desafío cotidiano de establecer relaciones de igualdad, de complementariedad y no de dominio e imposición.  Así la relación de amor en la pareja humana y en las relaciones cotidianas entre mujeres y hombres se convierte en el signo de un amor liberador que da plenitud a cada persona y que construye una convivencia familiar y comunitaria armónica, responsable y solidaria.

            Celebremos pues con alegría la presencia de Jesús en medio de nuestra comunidad, que con su Palabra de amor, nos invita a continuar sembrando las semillas de la paz, la justicia y la solidaridad.

 

1ªL: Génesis  1,1-2. 24-31.  Esta sí que es carne de mi carne

 

I: En el libro del Génesis (Caps. 1-2) dos autores, en distintas épocas, nos presentan dos relatos diferentes de la creación del mundo. Para las y los judíos, su divinidad principal, llamada Yahvé, había sido el creador de todo lo que existe, como ocurre con otros pueblos de la antigüedad. Y esa creación la hizo por medio de su Palabra. En esa creación a los seres humanos, hombre y mujer, se les encomienda una especial responsabilidad con todo lo que ha sido creado. Se compara la tierra en una jardín en el que han sido puestos todos los seres vivos: animales, plantas, aves… La función de los seres humanos es mantener relaciones de igualdad y cuidar toda la creación.

 

T: En el comienzo de todo, Dios creó el cielo y la tierra. La tierra no tenía entonces ninguna forma; todo era un mar profundo cubierto de oscuridad, y el espíritu de Dios se movía sobre el agua.

Entonces Dios dijo: “Que produzca la tierra toda clase de animales: domésticos y salvajes, y los que se arrastran por el suelo.”

Y así fue. Dios hizo estos animales y vio que todo estaba bien.

Entonces dijo: “Ahora hagamos al ser humano a nuestra imagen. Él y ella tendrán poder sobre los peces, las aves, los animales domésticos y los salvajes, y sobre los que se arrastran por el suelo.”

            Cuando Dios creó al ser humano, lo creó a su imagen; varón y mujer los creó,

y les dio su bendición: “Tengan muchos/as, muchos hijos e hijas; llenen el mundo y

gobiérnenlo.

Después les dijo: “Miren, a ustedes les doy todas las plantas de la tierra que producen semilla, y todos los árboles que dan fruto.

Todo eso les servirá de alimento. Pero a los animales salvajes, a los que se arrastran por el suelo y a las aves, les doy la hierba como alimento.”

Así fue, y Dios vio que todo lo que había hecho estaba muy bien.

 

 

 

Salmo 127: Que nuestro Dios Madre y Padre nos bendiga todos los días de nuestra vida

 

  • Felices las personas que siguen el camino de Dios Padre y Madre. Comerán del trabajo    de sus manos, ¡que la suerte y la dicha les acompañen!
  • Tu esposa será como planta de uva fecunda en medio de tu casa. Tus

       hijos e hijas serán ramos de olivos nuevos en torno de tu mesa.

  • Miren cómo será bendito la persona que respeta al Dios Madre/Padre. ¡Que te bendiga  Dios desde Sión mientras dure tu vida! ¡Y puedas tú ver a Jerusalén, gozando en su grandeza, y también a tus nietos y nietas. ¡Tenga paz Israel!

 

2ªL: Hebreos 2,9-18. Jesús no se avergüenza de llamarnos hermanos y hermanas.

 

I: El autor o autora de la carta a los Hebreos nos habla de Jesús, quien se hizo solidario con sus hermanos y hermanas, dando ejemplo de la necesidad de auto-liberarse de todo tipo de esclavitud y opresión y de asumir un compromiso con la liberación de los hermanos y hermanas esclavizados, excluidos y oprimidos, en la construcción de otro mundo posible. El, con sus hechos y su Palabra nos estimula y por su solidaridad nos hace hermanos y hermanas.

 

T: Hermanas y hermanos: Debemos prestar mucha más atención al mensaje que hemos oído, para que no nos apartemos del camino. Pues el mismo Jesús fue quien anunció primero esta salvación, la cual después confirmaron entre nosotros y nosotras las y los que oyeron ese mensaje. Además, Dios la ha confirmado con señales, maravillas y muchos milagros, y por medio del Espíritu Santo, que nos ha dado de diferentes maneras, conforme a su voluntad.

Dios no ha puesto bajo la autoridad de los ángeles ese mundo futuro del cual estamos hablando. Al contrario, en un lugar de la Escritura alguien declara:

“¿Qué es el hombre? ¿Qué es el ser humano? ¿Por qué lo recuerdas y te preocupas por él? Por un poco de tiempo lo hiciste algo menor que los ángeles, pero lo coronaste de gloria y honor; todo lo sujetaste debajo de sus pies.”

Vemos que Jesús, a quien Dios hizo algo menor que los ángeles por un poco de tiempo, está coronado de gloria y honor, a causa de la muerte que sufrió. Dios, en su amor, quiso que experimentara la muerte para bien de todos y de todas.

            Así como los hijos e hijas de una familia son de la misma carne y sangre, así también Jesús fue de carne y sangre humanas, para derrotar con su muerte al que tenía poder para matar, es decir, al diablo. De esta manera ha dado libertad a todos/as las y los que por miedo a la muerte viven como esclavos y esclavas durante toda la vida. Y para eso tenía que hacerse igual en todo a sus hermanos y hermanas. Pues tanto Jesús, que nos santifica, como las y los que somos santificados, tenemos un mismo origen; por eso él no se avergüenza de llamarnos hermanos y hermanas.

 

3ªL: Marcos  10, 2-16. Ya no son dos, sino una sola carne

 

I: En el siguiente texto el evangelista Marcos nos presenta a los fariseos intentando poner una trampa a Jesús, preguntándole sobre el problema del divorcio entre hombres y mujeres. Jesús de forma valiente da una opinión contraria a la tradición judía y defiende la conveniencia de mantener la unidad en la pareja.

 

T: En eso unos fariseos vinieron a él con ánimo de probarlo y le preguntaron: “¿puede el marido despedir a su esposa?” El les respondió: “¿Qué les ha ordenado Moisés?” Ellos contestaron: “Moisés ha permitido firmar el acta de separación y después divorciarse.”

            Jesús les dijo: “Moisés escribió esta ley porque ustedes son duros de corazón. Pero la Biblia dice que al principio, al crearlos, Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse con su esposa y serán los dos uno solo. De manera que ya no son dos, sino una sola persona. Pues bien, lo que Dios unió, que no lo separe el ser humano.”

            Y, cuando estaban en casa, los discípulos y discípulas le volvieron a preguntar lo mismo, y él les dijo: “El que se separa de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera; y si ésta deja a su marido y se casa con otro, también comete adulterio.”

           

            PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

1.  ¿Por qué podemos decir que entre hombre y mujer tiene que haber relaciones de igualdad y de complementariedad?

2.  ¿Por qué el matrimonio cristiano exige un compromiso permanente?

3.  ¿Por qué podemos decir que Jesús sale en defensa de la mujer?

 

1. Las relaciones entre hombre y mujer: igualdad y complementariedad

 

                Los primeros dos capítulos del libro del Génesis nos traen dos narraciones de la creación del hombre y de la mujer. El primero (cap. 1) es de la llamada tradición sacerdotal (s. VI a.C.) y el segundo de la tradición Yahvista (s. 10º a.C.).  El capítulo primero subraya la igualdad fundamental entre el hombre y la mujer:  “Y creó Dios al ser humano a su imagen. A imagen de Dios lo creó. Macho y hembra los creó.” (Gen 1,27) El capítulo segundo, el que hemos leído en la primera lectura de hoy, nos habla de la mujer como ayuda adecuada para el hombre y quiere destacar la complementariedad entre hombre y mujer más que la igualdad.

                Aunque podríamos decir que el relato del capítulo dos del Génesis parte del ser humano, al cual se le busca una ayuda, que sale de su misma “costilla”, viendo los dos capítulos del Génesis en su conjunto, podemos afirmar que tanto el hombre como la mujer son seres iguales ante El.

                El texto del evangelio de Marcos que hemos leído reconoce esa igualdad fundamental entre los miembros de la pareja humana cuando señala: “Al principio, al crearlos Dios los hizo hombre y mujer” (Mc 10,6.  La primera lectura y el evangelio de hoy rechazan la pretendida superioridad masculina y el machismo tan arraigado en nuestra cultura dominicana y caribeña, por el que muchos hombres consideran a la mujer como una persona de segunda categoría, cuya misión principal es cocinar, lavar, cuidar los niños y estar en la casa.

                Sólo desde la convicción de la igualdad y la complementariedad entre hombre y mujer podemos establecer unas relaciones sanas y personalizantes. Iguales y complementarios significa que ambos se necesitan, deben ayudarse, y deben crecer juntos.

                La educación para vivir la igualdad y la complementariedad entre hombre y mujer comienza en la familia, sigue en la escuela y tiene que desarrollarse también en la vida ciudadana y al interior de nuestras comunidades cristianas. Así seremos testigos y testigas del Dios que hizo a hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, para que vivieran felices, en una tierra liberada.

 

2. Los dos serán una sola carne

 

            Según el libro del Génesis (Gn 2,23) cuando Dios presentó a la mujer al hombre éste exclamó sorprendido: “Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne”. Por ese motivo el hombre o la mujer dejan a sus seres más queridos (Madres y padres) para unirse a su marido o a su esposa. Y el Evangelio según Marcos insiste en la unidad de la pareja humana: “Dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse con su esposa t serán los dos uno solo. De manera que ya no son dos, sino uno solo” (Mc 10,7).

                El hecho de que la unidad de la pareja los convierta en una sola persona habla de las relaciones de amor que tiene que haber entre la pareja, de tal manera que cada uno considera al otro, a la otra, como parte de si mismo. Esta comunión crea las condiciones para establecer unas relaciones que crean el clima adecuado para que los hijos y las hijas puedan desarrollarse adecuadamente como el fruto más precioso de un amor comunitario.

                En la mentalidad de Jesús estaba la idea de que el matrimonio entre la pareja debe ser un compromiso permanente. Por eso afirma: “Lo que Dios unió que no lo separe el hombre” (Mc 10,9). Por tanto, la unión entre hombre y mujer, hecha según la voluntad de Dios, tiene mucho de divino. Es el mismo Dios quien así la quiere.

                Jesús no sólo está en contra de que el hombre pueda despedir a la mujer, dándole un acta de divorcio como se usaba en el mundo judío, sino que también está en contra de separarse del marido o de la esposa para casarse con otra persona. Y aunque Jesús estaba consciente de que en la tradición y en la ley judía era sólo el hombre el que podía despedir a su mujer, sostiene que ninguno de los dos tiene derecho a despedir a la otra persona por cualquier motivo.

                Jesús no condena directamente a las personas que se divorciaron (de hecho detrás de cada divorcio hay unas motivaciones concretas que sólo Dios puede juzgar). Más bien Jesús quita autoridad a las y los que pretenden tranquilizar la conciencia de los divorciados, como si cada uno no tuviese – por lo general- su parte de responsabilidad en la ruptura de las relaciones de pareja.

                En la cultura judía, los hombres, se consideraron dueños de sus esposas. Para ellos el adulterio era un crimen, pero algunos ellos se enorgullecían de tener varias mujeres. Al invitar a mantener la unidad de la pareja Jesús sale en defensa de la mujer tenida muchas veces como un simple objeto sexual.

                Amor y fidelidad debe ser la ley que oriente las relaciones entre los esposos. Por eso las parejas que pertenecen a la comunidad cristiana deben distinguirse por ese esfuerzo mutuo de amor y fidelidad que las convertirá en testigos y testigas creíbles del amor liberador de Dios de Jesús en medio de la comunidad en la que viven. Por otro lado, la comunidad cristiana debe ayudar a los esposos y esposas a mantener esa fidelidad. Se hace necesario apoyarlos y apoyarlas en momentos de dificultad, ayudarles a discernir en momentos de crisis, para que puedan mantener el amor mutuo que un día juraron mantener para toda la vida.

Sabemos que muchas de las parejas de nuestras comunidades no viven realmente unidas. Generalmente, aunque hay excepciones,  es el varón quien no considera parte de sí a la mujer y la trata muchas veces como si fuera una simple sirvienta al servicio de él y de los hijos e hijas. Nos toca, por tanto, ayudar a las parejas a vivir esa comunión y el mutuo respeto que hará posible unas relaciones de amor personalizante.

 

3.  La voz de Jesús en defensa de la mujer

 

            Los fariseos buscan poner a Jesús como contrario a la ley judía. Muchas veces habían tenido la oportunidad de observar cómo Jesús había defendido a la mujer. Recuérdese, por ejemplo, el caso de la mujer adúltera a la que por la intervención de Jesús le fue perdonada la vida (Jn 8,1-11).

                Los fariseos preguntan a Jesús, con ánimo de tentarle: “¿Es lícito al marido repudiar a su mujer?”(Mc 10,2). Ellos saben que según la ley de Moisés sí era posible despedir a la mujer hasta por motivos insignificantes. Jesús sin embargo responde diciendo que no fue el deseo de Moisés permitir el privilegio que tenía el hombre de despedir a la mujer, mientras ésta no tenía el mismo derecho con el hombre. El motivo de tal concesión por parte de Moisés fue la dureza de corazón de los judíos (Mc 10,5). Y Jesús usa como fundamento el hecho que desde la creación Dios los hizo hombre y mujer con igualdad de derechos; por lo tanto ninguno de los dos tiene el derecho de despedir al otro o desacreditarlo por cualquier motivo.

                Como comunidad de creyentes tenemos y podemos imitar la disposición de Jesús de defender a la mujer siempre que ésta sea discriminada por el hecho de ser mujer. Por ser una persona debe tener, ante Dios y ante la sociedad, los mismos derechos y los mismos deberes que el varón.

 

Para la oración de las y los participantes

  • Por todas las parejas cristianas, y en especial las de nuestras comunidades, para que sepan vivir relaciones de amor, de igualdad, de complementariedad. Recemos…
  • Por nuestra sociedad, para que sepa dotarse de las leyes precisas para controlar la fuerza poderosa de la sexualidad, y a la vez promueva una educación sexual que ayude a vivir desde dentro, por convicción y no por imposición los valores del amor y el respeto mutuos. Recemos…
  • Por todas las personas para quienes de hecho la vivencia de la vida en pareja es un sufrimiento en vez de una vivencia armoniosa y gozosa, para que encuentren en el amor el marco de referencia necesario para vivir la sexualidad. Recemos…

Exhortación final: Hemos escuchado la Palabra de Dios que hoy ha invitado a las parejas de la comunidad, a mantener el amor mutuo y la fidelidad. Que esta celebración nos ayude a todos y a todas, y en especial a esposos y esposas, a ser testigos/as del amor liberador de Dios y a establecer relaciones de igualdad y de respeto mutuo en nuestras familias.

 

 

VENDE LO QUE TIENES, COMPÁTELO CON LOS POBRES, Y SIGUEME  B28ºO (11-10-09)

 

ENTRADA: Nos reunimos en el nombre de Jesús porque sabemos que las personas verdaderamente sabias son las que entre Dios y el dinero, escogen el camino de la justicia y del amor solidario. Al reunirnos en comunidad acogemos la Palabra de Jesús que hoy nos invita a seguir haciendo lo posible por poner a su propuesta de vida plena y de salvación en el centro de nuestras preocupaciones e intereses, evitando que la búsqueda egoísta de bienes materiales nos aleje de su Proyecto de vida  y de los hermanos y hermanas.

            Celebremos pues, con ánimo dispuesto, la presencia en medio de la comunidad de Jesús resucitado que nos acompaña en nuestro camino de fe y de amor.

 

1ªL: Sabiduría 7, 7-11. Vino a mí un espíritu de sabiduría

 

I: El autor del libro de la Sabiduría pone en boca de Salomón, considerado tradicionalmente el rey sabio de Israel (s. 10º a.C.), unas palabras sobre la importancia de dejarse guiar en la vida por la prudencia y la sabiduría. Es necesario preferir la sabiduría al poder, a los puestos políticos, a las riquezas y amarla más que a la propia salud. Luego todos los bienes verdaderos nos pueden venir con ella.

 

T: Pedí, y se me concedió la prudencia, supliqué y me vino el espíritu de Sabiduría.

            La preferí más que las coronas y tronos, considerando que toda riqueza no es nada comparada a ella. La piedra más preciosa no la reemplaza; en su presencia todo el oro del mundo no es más que un puñado de arena, y la plata, barro.

            La amé más que la salud y hermosura, y la quise más que la luz del día, porque su luz no conoce ocaso. Todos los bienes me llegaron a la vez con ella, abundantes riquezas me trajo en su mano.

 

Salmo 89: Sácianos de tu misericordia, oh Dios, y toda nuestra vida será alegría y júbilo

 

*          Enséñanos a ver lo que es la vida, para que así tengamos un corazón prudente. Vuélvete, pues,  mira que es hora. Ten compasión de tus servidores y servidoras.

*          Llénanos de tu amor por la mañana, para que así vivamos todo el tiempo alegres, dichosos y dichosas.

*          Alégranos, ahora, por los días en que nos castigaste, y por los años en que nos persiguió la mala suerte.

 

2ªL:   Hebreos 4,12-13. La Palabra de Dios es viva y eficaz

 

I: El texto de la carta a los Hebreos que leemos hoy nos habla de la importancia de la escucha de la Palabra divina en nuestras vidas, y tenerla como guía orientadora en todo lo que hacemos. De hecho ella es viva y eficiente; es penetrante y es capaz de juzgar los pensamientos más íntimos de cada ser humano. Ella nos invita a producir frutos de lucha, de justicia y de amor solidario. 

 

T: En efecto, la Palabra de Dios es viva y eficaz, más penetrante que espada de doble filo. Penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, sondeando los huesos y los tuétanos para probar los deseos y los pensamientos, más íntimos. Toda criatura es transparente ante ella, todo queda desnudo y al descubierto a los ojos de Aquel al que debemos dar cuentas.

 

 

 

3ªL: Marcos 10,17-30.  ¿Qué haré para heredar la vida eterna?

 

I:  El evangelio de hoy nos presenta el encuentro con Jesús de una persona que tenía muchos bienes. Según él desde su juventud había intentado guardar los mandamientos divinos que guardaba las personas creyentes del pueblo judío. Sin embargo, Jesús le invita a desprenderse de los bienes que tiene y dárselos a las y los pobres como condición para seguir al Maestro. Este no acepta la invitación hecha y Jesús habla de la dificultad que tienen las y los que se han enriquecido para desprenderse de sus riquezas y aceptar colaborar con el Proyecto de vida plena y liberada para cada familia, comunidad y pueblo.

 

T: Jesús estaba a punto de partir, cuando uno corrió a su encuentro, se arrodilló delante de él y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para conseguir la vida eterna?”    

            Jesús le respondió: “¿por qué me llamas bueno? Uno solo es bueno, y ése es Dios. Ya conoces los mandamientos: No mates, con cometas adulterio, no robes, ni digas cosas falsas de tu hermano, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre.” El otro contestó: “Maestro, todo esto lo he practicado desde muy joven.”

            Jesús lo miró, sintió cariño por él y le dijo: “Sólo te falta una cosa: anda, vende todo lo que tienes, dalo a las y los empobrecidos, y así tendrás un tesoro en el Cielo. Después, ven y sígueme.”

            Cuando el otro oyó estas palabras, se sintió golpeado, porque tenía muchos bienes, y se fue triste.

            Entonces Jesús, mirando alrededor de él, dijo a sus discípulos y discípulas: “¡Qué difícilmente entrarán en el Reino de Dios las y los que tienen las riquezas!” Los discípulos y discípulas se sorprendieron al oír estas palabras. Pero Jesús insistió: “Hijas e Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil para un camello pasar por el ojo de la aguja, que para un rico entrar en el Reino de Dios.”

            Ellos y ellas se asombraron más todavía y comentaban: “Entonces, ¿quién puede salvarse?” Jesús las y los miró fijamente y les dijo: “Para los seres humanos es imposible, pero no para Dios, porque para Dios todo es posible.”

            Entonces Pedro le dijo: “Nosotros y nosotras hemos dejado todo para seguirte.” Y Jesús le aseguró: “Ninguno que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o campos por amor a mí y la Buena Nueva quedará sin recompensa. Pues recibirá cien veces más en la presente vida en casas, hermanos, hermanas, hijos y campos; esto, no obstante las persecuciones. Y en el mundo venidero recibirá la vida eterna.

 

            PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

1. ¿Por qué es necesario buscar la verdadera sabiduría?

2. ¿Cuáles son las principales exigencias del seguimiento de Jesús?

3. ¿Cuáles son las principales dificultades que tienen los/as enriquecidos/as 

     para entrar en el Proyecto de vida plena propuesto por Jesús?

 

  1. 1.      Buscar la verdadera sabiduría

 

            El texto que hemos leído en la primera lectura (Sb 7,7-11) forma parte de un discurso sobre la sabiduría que dirige el autor bíblico a los reyes de su tiempo (S. I a.C.). Era uso corriente en Israel atribuir a Salomón los libros sapienciales de la Biblia. Es decir, aquellos libros que recogen la sabiduría del pueblo y dan normas para vivir de acuerdo a los mandamientos del Dios liberador. Esto ocurre también con el libro de la Sabiduría: el autor finge ser el rey Salomón (s. X a.C.) y pone en boca de este monarca unas consideraciones muy interesantes sobre la sabiduría.

            El Dios de Jesús pedirá cuenta a las y los que tienen poder en este mundo: “El les pedirá cuenta de sus acciones y escudriñará sus intenciones” (Sb 6,3). Y Dios será un juez que a cada uno da lo justo y que defenderá al/ a la débil: “El creó a los grandes y a los pequeños y de todos cuida por igual; los poderosos, sin embargo, serán examinados con más rigor” (Sb 6,8).

            A los/as que tienen poder en este mundo la Palabra de Dios les invita, por tanto, a dejarse instruir por la sabiduría, porque la multiplicación de las personas sabias trae vida y salvación para las comunidades y “los reyes juiciosos proporcionan bienestar a sus pueblos” (Sb 6,24).

            La experiencia más común que tenemos, como comunidad de fe comprometida con la causa de los/as más empobrecidos/as, es que los/as que tienen poder en este mundo no buscan la verdadera sabiduría, sino que prefieren buscar poder y riquezas a cualquier precio. Luego se olvidan de los/as más débiles y llevan un estilo de vida muy diferente al del pueblo sencillo. Jesús mismo habló a sus discípulos y discípulas sobre esta situación: “Saben que las y los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre ustedes, sino que el que quiera llegar a ser grande entre ustedes, será su servidor” (Mc 10,42-43).

            Como comunidad de fe comprometida con la causa de las y los más débiles se nos pide saber denunciar ese tipo de poder ejercido teniendo sólo en cuenta las necesidades y los intereses de un pequeño grupo social que se ha enriquecido a costa del hambre, la exclusión  y la miseria de otros/as. Por otro lado, no basta con la denuncia; se nos pide impulsar proyectos comunitarios participativos, en donde se establezcan relaciones de igualdad y de fraternidad al interior de nuestras familias, nuestro trabajo, nuestras comunidades, nuestro grupo cristiano. De esta manera estaríamos actuando con verdadera sabiduría.

 

2. Las exigencias del seguimiento de Jesús

 

            El Evangelio que hemos leído hoy nos habla sobre el tema del seguimiento de Jesús y la disposición interior que debe tener una persona que quiera seguir sus pasos. Jesús se encuentra con una persona que reconoce que el profeta de Nazaret es un “Maestro bueno” y que está interesado en conseguir la vida eterna (Mc 10,17). Se trataba entonces de lograr algo que era muy importante. No era cualquier cosa la que se proponía conseguir, sino la vida eterna.

            Ante la pregunta de aquella persona Jesús comienza aceptando que sólo Dios es totalmente bueno. Su bondad está en el inicio de todo. Por eso, reconocer que Dios es bueno nos exige estar dispuestos/as a cumplir los mandamientos de la primera tabla de la ley (se hace referencia aquí a los tres primeros mandamientos de la ley de Dios, los que hacen referencia a Dios, a su nombre, a santificar las fiestas. Ex 32,15).  Luego Jesús se refiere a los mandamientos de la segunda tabla de la ley: “No mates, no cometas adulterio, no robes, no digas cosas falsas de tu hermano, honra a tu padre y a tu madre, no seas injusto” (Mc 10,19). Téngase en cuenta que Jesús ha añadido un mandamiento importante que no se encontraba en la segunda tabla de la ley: “No seas injusto.”

            Con sencillez el rico dice que todo eso lo ha observado: Podemos decir que no hay arrogancia en su respuesta, pues en el tiempo de Jesús se creía que las personas creyentes podían cumplir la ley de Dios a plenitud y que las riquezas eran una bendición de Dios y un premio al comportamiento de todo/a creyente fiel. Sin embargo, Jesús parece estar convencido de que generalmente detrás de toda acumulación de riquezas hay un cierto grado de injusticia. Por eso le invita a no ser injusto.

            Jesús, después de dirigirle una mirada cariñosa,  invita a la persona que busca la vida eterna a convertirse en discípulo suyo. Y le plantea, como condición para ser discípulo, abandonar la riqueza y entregarla a los/as pobres, a los/as necesitados. Esto lo pondrá en condiciones de seguirlo.  Pero aquella persona no aceptó la invitación de Jesús, se puso triste y se fue. Perdió la oportunidad de convertirse en discípulo y comenzar a vivir, desde ese momento, la vida eterna.

            Como comunidad de fe hemos recibido la invitación de Jesús para comprometernos con un proyecto de vida fundamentado en la justicia y en la fraternidad solidaria. Conocemos sus exigencias. Sin embargo no podemos dormirnos creyendo que ya estamos cumpliendo con los mandamientos de Dios, pues el proyecto propuesto por Jesús y asumido por su comunidad nos pone, cada día, nuevas exigencias. Sobre todo nos cuestiona nuestro grado de desprendimiento de los bienes materiales y nuestro grado de solidaridad con los/as más empobrecidos/as y excluidos de esta sociedad neoliberal.  

 

3. La dificultad de las y los enriquecidos para entrar en el Proyecto de Dios (Reino de Dios)

 

            Para Jesús no basta con intentar ser justos y justas en nuestras relaciones personales. Es necesario ir a la raíz del mal, al fundamento de la injusticia: el apego a las riquezas y el ansia de acumularla. Por eso a aquella persona, que creyó estar cumpliendo con los mandamientos de Dios, le faltaba uno fundamental: ser capaz de compartir con los pobres sus bienes. Pero dejar sus posesiones le pareció una exigencia muy dura. Prefirió entonces una vida creyente resignada a una cómoda mediocridad. Para aquella persona se trataba de creer sí, pero una fe acomodada, una fe que no se deja cuestionar por las exigencias del Maestro bueno.

            Después que el joven rico se va, Jesús aprovecha para hablar con sus discípulos y discípulas. Les habla de lo difícil que es entrar en el Reino de Dios a los/as que tienen las riquezas. Y es que el Reino es el Proyecto  de amor y de justicia que comienza a realizarse aquí en esta vida, en la cotidianidad. Y el Proyecto de Dios no nos permite centrar la vida en la búsqueda personal de riquezas mientras otros/as viven en la miseria. Y Jesús utiliza una comparación que de hecho es muy dura: “Es más fácil para un camello pasar por el ojo de la aguja, que para un rico entrar en el Reino de Dios” (Mc 10,25).

            Los discípulos y discípulas de Jesús se quedan asombrados y asombradas. Siempre se les había dicho que el tener riquezas era un signo de la bendición de Dios. Por eso, preguntan: “Entonces, ¿quién puede salvarse?” (Mc 10,27). Y pasar por el ojo de una aguja significa poner su confianza en Dios y no en las riquezas, significa entrar por la puerta estrecha por donde pocos/as en la sociedad entran (Mt 7,13-14).

            Como comunidad de discípulos y discípulas de Jesús debemos aprender a renunciar a la seguridad que da el dinero y el poder. Eso significa tener el “espíritu de sabiduría” (Sb 7,7), aceptar que ella sea nuestra luz. Y sólo esa libertad ante los bienes materiales y ante los poderes y poderosos de este mundo nos permitirá colaborar adecuadamente en la construcción de una sociedad más justa, más participativa, más democrática.

 

Para la oración de las y los participantes

1. Por todas las iglesias, por todas nuestras comunidades cristianas, para que den testimonio del desprendimiento generoso que todos desean ver en ella, recemos.
2.  Por tantos hombres y mujeres que viven la pobreza de un modo obligado, tratando sólo de salir de ella, sin hacer opción por luchar por la transformación de la sociedad y por la superación de la situación de exclusión actual de los pobres, recemos…
3. Por los/as que utilizan el argumento del desprendimiento espiritual respecto de las riquezas como el pretexto para acallar su conciencia ante lo crecido de sus riquezas, para que entiendan que el Dios de Jesús no quiere de nosotros y nosotras sólo desprendimientos interiores sino actitudes exteriormente comprobables, recemos.

 

Exhortación final: la Palabra de Dios que hemos escuchado en este día nos ha invitado a buscar la verdadera sabiduría que nos lleva a servir con amor solidario a los hermanos y hermanas, como lo hizo Jesús. Se nos pide mantenernos con el corazón disponible, sin atarlo a las cosas materiales, para poder ser solidarios con los/as empobrecidos/as, para ser discípulos/as de Jesús que sepan escuchar su Palabra y ponerla en práctica; pues la Palabra de Dios es viva y eficaz.

 

 

                    ESTOY ENTRE USTEDES COMO EL QUE SIRVE B29°O (18-10-09)

 

ENTRADA: Nos reunimos en el nombre de Jesús, quien ha dado su vida y su palabra para animarnos a construir una convivencia justa, incluyente y solidaria. El es el hermano solidario que ha sabido compartir con nuestros dolores, nuestras aspiraciones y también nuestras alegrías. El nos invita a establecer relaciones de fraternidad y servicio al interior de la comunidad, al mismo tiempo que nos da las fuerzas parar mantenernos firmes en el camino de fe que estamos recorriendo.

            Que este encuentro fraterno y sororal nos fortalezca para que construyamos comunidades que se distingan por su servicio desinteresado a todas las personas y en especial a las más oprimidas y necesitadas.

 

1ªL: Isaías  53,10-11: El ofreció su vida en solidaridad con nuestra causa

 

I:  En la siguiente lectura leemos un par de versículos del llamado cuarto cántico del Servidor de Yavé. Una comunidad de y judías exiliados y exiliadas en Babilonia (s. VI a.C.) habla de los sufrimientos de un personaje que ha recibido de Dios la misión de unir al pueblo disperso y de ser luz para las naciones. Para realizar esa misión el Servidor del proyecto del Dios salvador y liberador tendrá que enfrentar el sufrimiento, pues cargará con la culpa de los grandes del pueblo, pero también recibirá su recompensa.

 

T: Mi servidor tendrá éxito, será levantado y puesto muy alto.

            ¿Quién va a creer lo que hemos oído? El Señor quiso que su servidor

creciera como planta tierna que hunde sus raíces en la tierra seca.

No tenía belleza ni esplendor, su aspecto no tenía nada atrayente;          la gente lo despreciaba y lo rechazaba. Era un hombre lleno de dolor, acostumbrado al sufrimiento. Como a alguien que no merece ser visto, lo despreciamos, no lo tuvimos en cuenta. Y sin embargo él estaba cargado con nuestros sufrimientos, estaba soportando nuestros propios dolores.

            Nosotros pensamos que Dios lo había herido, que lo había castigado y humillado.

Pero fue traspasado a causa de nuestra rebeldía, fue atormentado a causa de nuestras maldades; el castigo que sufrió nos trajo la paz, por sus heridas alcanzamos la salud.

            Se lo llevaron injustamente, y no hubo quien lo defendiera; nadie se preocupó de su destino. Lo arrancaron de esta tierra, le dieron muerte por los pecados de mi pueblo. Lo enterraron al lado de hombres malvados, lo sepultaron con gente perversa, aunque nunca cometió ningún crimen ni hubo engaño en su boca. Después de tanta aflicción verá la luz, y quedará satisfecho al saberlo; el justo servidor de Dios liberará a muchas personas pues cargará con la maldad de ellos y ellas.

                 

Salmo 32: Que tu misericordia oh Dios venga sobre nosotros y nosotras, como lo           esperamos de ti.

 

*          Personas buenas y solidarias, con alegría aclamen al Dios liberador, pues recta es la palabra de Yahvé y verdad toda obra de sus manos. El ama la justicia y el derecho, y la tierra está llena de su gracia.

*          Los ojos de Yahvé están mirando  a las y los que lo respetan y ponen su esperanza en  su bondad, para arrancar sus vidas de la muerte y darles de comer en tiempo de hambre.

*          En Yahvé nosotros y nosotras esperamos, él es nuestra defensa y nuestro          escudo. Venga, oh Dios de justicia, tu amor sobre nosotros y nosotras, porque hemos puesto en ti nuestra confianza.

2ªL: Hebreos  4, 14-16. Mantengámonos firmes en la fe que profesamos

 

I: La lectura de la carta a los Hebreos compara a Jesús con un Sumo Sacerdote solidario, diferente a los que vivían y ejercían un poder opresor y excluyente en Jerusalén. Estos, de hecho, eran  jefes religiosos, con gran poder económico, político y por lo tanto contribuían con la opresión y el empobrecimiento de los grupos más excluidos de la sociedad judía.

 

T: Hermanas y hermanos: Tenemos nosotros un Sumo Sacerdote muy superior a los otros, que ha entrado en el mismo cielo: éste es Jesús, el Hijo de Dios. Mantengámonos, pues, firmes en la fe que profesamos. Nuestro Sumo Sacerdote no se queda indiferente ante nuestras debilidades, por haber sido sometido a las mismas pruebas que nosotros, pero que, a él, no lo llevaron al pecado. Por lo tanto, acerquémonos a Dios, dispensador de la gracia; conseguiremos su misericordia y, por su favor, recibiremos ayuda en el momento oportuno.

 

3ªL: Marcos  10, 35-45. El Hijo del Hombre vino para servir

 

I:  En la lectura evangélica que hacemos hoy se nos habla de la petición que hicieron dos de los discípulos, Santiago y Juan, para que Jesús les concediera unos puestos de honor y de poder, en el supuesto gobierno monárquico que Jesús encabezaría. Jesús intenta concientizarles y  los invita a no buscar el poder dominador como hace la gente que no tiene fe ni sustenta su vida en los valores de la justicia y la solidaridad, sino a saber servir a los hermanos y hermanas, con amor, como él mismo lo hizo.

 

T:  Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: “Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir.” Ellos respondieron: “¿Qué quieren de mí?” Ellos respondieron: “Concédenos que nos sentemos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda cuando estés en tu gloria.”

            Jesús les dijo: “No saben lo que piden. ¿Pueden beber la copa que estoy bebiendo o bautizarse como me estoy bautizando?” Ellos contestaron: “Si, podemos.” Jesús les dijo:  “Pues bien, la copa que bebo, también la beberán ustedes, y serán bautizados con el mismo bautismo que estoy recibiendo; pero no depende de mí que se sienten a mi derecha o a mi izquierda. Esto ha sido reservado para otros.”

            Cuando los otros diez oyeron esto se enojaron con Santiago y Juan. Jesús los llamó y les dijo: “Como ustedes saben, los que se consideran jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueños, y los que tienen algún puesto hacen sentir su poder. Pero no será así entre ustedes.

            Al contrario, el que quiera ser el más importante entre ustedes, que se haga el servidor de todos, y el que quiera ser el primero, que se haga siervo de todos. Así como el Hijo del Hombre no vino para que lo sirvieran, sino para servir y dar su vida como rescate de una muchedumbre.”

 

            PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

  1. ¿Por qué es necesario dar la vida para que todos y todas tengamos mejores condiciones de vida?
  2. ¿Cuáles son las principales exigencias que Jesús pone a quienes quieran involucrarse en un proyecto de vida solidario?
  3. ¿Por qué el servicio debe distinguir a las y los/as seguidores/as del proyecto propuesto por Jesús?

 

 

1. Dar la vida en rescate por solidaridad con todos y todas

 

            El Evangelio de hoy nos invita a ponernos en disposición de servir a los/as hermanos/as y nos pone como ejemplo a Jesús quien definió su misión como un servicio y que dio su vida como rescate por muchos/as. Entonces no se trata de un simple servicio pasajero u ocasional. Se trata de dar la vida y de asumir las dificultades y los conflictos que surgen cuando intentamos vivir con seriedad el mandato de servir a los/as hermanos/as como Jesús lo hizo.

            El cuarto cántico del Servidor de Dios  (Is 52,13-53,12), elaborado en el exilio de Babilonia, nos describe unos 600 años antes de Jesús el estilo de vida de una persona creyente comprometida, llamado el “servidor de Dios” cuyo estilo de vida podría ser comparado con el que vivió Jesús de Nazaret durante su vida terrenal. Fue detenido y enjuiciado injustamente sin que nadie se preocupara de él (53,8) y ni siquiera pudo tener una sepultura digna, pues fue enterrado junto a los malvados y su tumba quedó junto a los ricos (53,9).

            Todo el dolor del servidor del proyecto del Dios salvador, liberador y solidario no fue en vano. Se trató de un sufrimiento asumido por amor, por solidaridad: “Eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban…”(53,4). El se compadece de las flaquezas humanas (Hb 4,15). Y ese esfuerzo no queda sin recompensa: el Siervo verá la luz y recibirá el premio de los vencedores.

            Jesús con sus hechos y palabras solidarias, se convierte en modelo para nuestras comunidades. Como a él nos toca rescatar a tantas personas que viven un estilo de vida fundamentado en el egoísmo, el irrespeto y la falta de responsabilidad social. Esta misión exige el compromiso cotidiano, la solidaridad con los/as oprimidos/as y excluidos sociales, con la conciencia clara de que este esfuerzo no quedará sin recompensa.

           

2.  Las exigencias del seguimiento de Jesús

           

            Dos de los discípulos más cercanos de Jesús muestran su disposición de conseguir los dos puestos principales en el gobierno que, según ellos pensaban, Jesús encabezaría, “cuando estés en tu gloria” (Mc 10,37). Según Mt 20,20 es la madre de los Zebedeo la que habla directamente con Jesús, pidiéndole el favor de conseguir buenos puestos para sus hijos. Es importante tener en cuenta que mucha gente en la patria de Jesús estaba esperando un Mesías, descendiente de David, que tomaría el poder y les libraría del dominio romano.

            Los dos discípulos de Jesús muestran una gran confusión. Por eso Jesús afirma claramente: “No saben lo que piden” (Mc 10,38). Jesús quiere hacerles entender cuál es el sentido verdadero del Proyecto alternativo que está anunciando y viviendo; les pregunta si están en disposición de pagar el precio de sufrimientos y muerte (“copa” y “bautismo”) por anunciar el Proyecto de vida y comprometerse con su realización.  Ellos responden que sí, aun sin llegar a comprender lo que esto significaba.

            Como comunidad de fe entendemos que el camino de Jesús no puede ser transitado por quienes no están dispuestos/as a sacrificarse como él para que otros y otras tengan vida. Como los discípulos de Jesús podemos confundirnos y podemos estar buscando beneficios personales. Jesús nos recuerda que su camino exige el sufrimiento y la entrega desinteresada para que otros/as tengan mejores condiciones de vida.

 

3.  Poder y servicio en el Proyecto de vida feliz y liberada

           

            Cuando los otros discípulos y discípulas de Jesús oyeron que Santiago y Juan estaban buscando los mejores puestos (Mc 10,41), se enojaron mucho porque probablemente también ellos y ellas querían conseguir dichos puestos y estaban siguiendo a Jesús para ver lo que pudiesen conseguir, para beneficio personal. Por eso también a las y los demás discípulos y discípulas presentes se les podría aplicar la frase de Jesús: “No saben lo que piden”.

            Jesús, el Mesías, intenta cambiar el orden social imperante. Buscando ayudar a sus discípulos y discípulas en el camino de fe que han iniciado, les dice que el/la grande tiene que convertirse en servidor/a, y el/la que quiera ser el/la primero/a que se haga siervo/a de todos/as. El mismo Jesús se pone como ejemplo a imitar cuando declara que el “Hijo del hombre no vino para que lo sirvieran sino para servir” (Mc 10,45).

            Jesús invita a sus discípulos y discípulas a no imitar la conducta de los/as grandes y los/as jefes de este mundo. Jesús descubre algo en su sociedad que se da a nivel socio-político: “Los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder” (Mt 20,25; Mc 10,42). Y el evangelio según Lucas añade: “Los que ejercen el poder sobre ellas (las naciones) se hacen llamar Bienhechores” (Lc 22,25).  Jesús describe muy bien la conducta y la actuación de las y los jefes de este mundo. Para Jesús el principal problema consiste en creer que ellos son dueños de la gente, que éstos no tienen derecho a pensar, ni a opinar ni a participar en las decisiones que tienen que ver con la vida de las mayorías.

            Jesús denuncia también que los grandes o magnates de este mundo utilizan su poder para oprimir a los/as más pequeños/as. No sólo le quitan la posibilidad de ser reconocidos/as como personas, sino que también los/as oprimen de muchas maneras obligándoles/as a trabajar para ellos/as, por salarios de miseria que muchas veces no dan ni siquiera para comer adecuadamente. Y encima esas personas quieren hacerse llamar bienhechores/as. Ese es el colmo de la manipulación y del cinismo.

            Una de las tentaciones de los/as que nos llamamos seguidores y seguidoras de Jesús es creer que nuestra condición de cristianos y cristianas o nuestras responsabilidades en la familia, en el trabajo, en la comunidad cristiana o en otros espacios sociales, nos dan un poder absoluto sobre las otras personas. Entonces, se establecen relaciones de poder y de dominio. Aparecen aquellas personas que en las comunidades son “caciques”, los/as que creen que sólo ellos/as pueden tomar las decisiones que luego imponen a toda la comunidad.

            Como comunidad de fe se nos pide el esfuerzo constante y cotidiano para dominar esa tendencia natural que todos y todas tenemos para dominar a los/as demás e imponerles nuestros criterios y puntos de vista. El servicio que estamos llamados/as a realizar nos pide la disposición para el diálogo, para juntos descubrir la voluntad de Dios en nuestra vida, en nuestra historia, en nuestro país y convertirnos en una comunidad al servicio de todas las personas, sobre todo de las más pobres. Y servicio no quiere decir aceptar pasivamente que las cosas sigan como están. Servir implica iniciativa y creatividad, conocimientos y esfuerzos para construir un mundo más humano, más justo, más participativo, más fraterno.

 

Para la oración de las y los participantes
1. Por las y los gobernantes de nuestro municipio, de nuestro país y del mundo entero para que logren detener la corrupción y sepan castigar a las y los corruptos., recemos.

2. Para que los cristianos y cristianas colaboremos a crear una nuevo sistema socio-económico en el país, en Latinoamérica y el Caribe, de forma que el gobierno del mundo -que actualmente está en manos de las grandes transnacionales del poder y del dinero- pase a estar en manos de partidos políticos con responsabilidad y conciencia social y de la sociedad civil organizada. Recemos.

3. Por esta comunidad nuestra, para que, a ejemplo de Jesús, sepamos partirnos y repartirnos entre cuantos nos rodean y pasan necesidad

 

Exhortación final: Se nos ha invitado a convertirnos en personas comprometidas con el proyecto de vida plena vivido y propuesto por Jesús y, por lo tanto, a mantenernos firmes en la fe. Esa fe nos exige dominar la tendencia a oprimir a los/as hermanos y hermanas; nos impulsa a servir a los hermanos y hermanas como lo hizo Jesús y nos compromete a denunciar la conducta de aquéllos y aquéllas que se convierten en señores absolutos al servicio de los grupos del poder económico y político de nuestra sociedad.

 

 

TEN COMPASIÓN DE Mí   B30ºO (25-10-09)

 

ENTRADA: Hoy nos reunimos como comunidad de fe que tiene una responsabilidad con un proyecto de vida plena y liberada para nuestro pueblo, para los pueblos del Caribe, de América Latina y del mundo. Nuestra fe nos impulsa a trabajar, como mujeres y hombres libres, por la construcción de una convivencia social fundamentada en los valores del amor, la compasión solidaria y el amor transformador.

            Celebremos, pues, con alegría la presencia en nuestra comunidad de fe de Jesús que siempre está dispuesto a escuchar a los/as más empobrecidos/as, a compadecerse de ellos/as y a entregarnos su Palabra para fortalecernos en nuestro camino de fe y de solidaridad.

 

1ªL: Jeremías  31,7-9. Yavé ha salvado a su pueblo

 

I: En el texto que hacemos a continuación el profeta Jeremías anuncia una palabra de esperanza para aquellos/as judíos/as que se encontraban en el exilio de Babilonia (s. VI a.C.).  Para el grupo de personas que están en el exilio hay motivos para estar alegres, pues se anuncia la vuelta a su tierra. Entre ellos y ellas tienen una alegría especial los/as impedidos/as físicos como los cojos, los ciegos, las mujeres encinta y las paridas. Los/as que partieron con lágrimas, ahora, por la intervención divina y la organización popular, regresan con alegría a su tierra.

 

T: Así dice Yavé: ¡Vitoreen, con alegría, a Jacob, aclamen a la primera de las naciones! Háganse escuchar, celébrenlo y publíquenlo: “¡Yavé ha salvado a su pueblo, al resto de Israel!”

            Miren cómo los traigo del país del Norte, y cómo los junto de los extremos del mundo: Están todos, ciegos y cojos, mujeres encinta y con hijos, y forman una multitud que vuelve para acá.

            Partieron, en medio de lágrimas, pero los hago regresar contentos; los voy a llevar a los arroyos por un camino plano para que nadie se caiga.

            Pues he llegado a ser un padre para Israel y Efraín es mi primogénito.

 

Salmo 125: El Dios salvador y liberador ha estado grande con nosotros y nosotras y estamos alegres

 

*          Cuando Yahvé cambió la suerte de Sión creíamos soñar. Se nos llenaba la boca de risa y los labios de alegría.

*          Las naciones decían de nosotros: “Maravillas de Yahvé”. Yahvé hizo en nosotros y nosotras maravillas; rebosábamos de gozo.

*          Haz que cambie, oh Dios, nuestra suerte cual los ríos del desierto. Los que en lágrimas riegan su semilla en gozo cosecharán.

*         Se va con lágrimas el sembrador a regar la semilla. ¡Ya viene!, con júbilo

      regresa, trayendo sus frutos.

 

2ªL: Hebreos  5,1-6. Tú eres mi hijo            

 

I: La carta a los Hebreos compara a Jesús con los sumos sacerdotes de Israel. De hecho éstos ofrecían sacrificios por sus pecados y por los del pueblo. Jesús, en cambio, se ofrece a sí mismo cargando sobre sus hombros la cruz de la culpa de los grandes de su pueblo y defendiendo la causa de las y los pequeños y débiles. De esa manera, se convierte en causa de salvación eterna para todos/as los/as que creen en él.

 

T: Todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los seres humanos y es establecido para ser su representante ante Dios. Le corresponde presentar a Dios ofrendas y víctimas por el pecado y, para eso, tiene que sentirse solidario con las personas ignorantes y extraviadas. También a él lo asedia su debilidad y, por eso, debe ofrecer sacrificios por el pecado, tanto por sí mismo como por el pueblo. Además, ninguno se apropia esta dignidad, sino que debe ser llamado por Dios, tal como lo fue Aarón.

            Tampoco Cristo se atribuyó el honor de ser Sumo Sacerdote, sino que se lo otorgó Aquel que dice: Tú eres mi Hijo; hoy mismo te he dado vida. Y en otro lugar se dijo: Tú eres Sacerdote para siempre, a semejanza de Melquisedec.

 

3ªL: Marcos  10, 46-52. Jesús, ten compasión de mí

 

I: Mientras va saliendo de Jericó y de camino hacia Jerusalén un mendigo ciego, dándose cuenta de la presencia de Jesús que pasaba, pide a gritos que el Hijo de David se compadezca de él. Jesús lo cura, afirmando que ha sido la fe la que ha sanado al ciego. Este al recobrar la vista se convierte en discípulo de Jesús.

 

T: Llegaron  a Jericó. Y, al salir Jesús de allí, acompañado de sus discípulos, discípulas y de una gran multitud, el hijo de Timeo (Bartimeo), un limosnero ciego, estaba sentado a la orilla del camino. Cuando supo que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar, “Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí” Varias personas trataron de hacerlo callar. Pero él gritaba mucho más: “Hijo de David, ten compasión de mí.”

            Jesús se detuvo y dijo: “Llámenlo” Llamaron, pues, al ciego, diciéndole: “¡Párate, hombre!, te está llamando.” Y él, arrojando su manto, de un salto se puso de pie y llegó hasta Jesús.

            Jesús le preguntó: “¿Qué quieres que te haga?” El ciego respondió: “Maestro, que yo vea.” Entonces, Jesús le dijo: “Puedes irte; tu fe te ha salvado.”

            Y al instante vio, y se puso a caminar con Jesús.

 

            PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

1. ¿Por qué podemos decir que Yavé es una divinidad comprometida con la vida plena

    y feliz de su pueblo?

2. ¿Por qué Bartimeo confía en Jesús?

3. ¿Por qué se hace necesario escuchar las voces de las y los excluidos y empobrecidos?

 

1. Yahvé, una divinidad comprometida con la salvación y liberación del resto de Israel

 

            En el año 597 a.C. el imperio babilónico realizó la primera deportación de judíos hacia Babilonia. En esa ocasión deportó al rey, a los nobles de la casa real, y a los grandes terratenientes. Diez años más tarde, en el 587, deportó también a los/as que habían sido esclavos/as, y a los/as artesanos/as. Mientras tanto se quedaron los/as campesinos/as que pudieron entonces cultivar las tierras que antes estaban en manos de los grandes terratenientes, que vivían en Jerusalén y que a partir del 597 fueron al exilio.

            Jeremías es un profeta que se queda con las y los campesinos en Palestina, pero que está preocupado por la suerte de aquellos/as miembros/as del pueblo, sobre todo de las y los más empobrecidos: esclavos/as y pequeños /as artesanos/as, que fueron llevados/as al exilio. Para ellos/as anuncia que Dios es fiel, que quiere la salvación para el resto de Israel, para ese grupo de personas que se consideran siervos/as de Dios y que esperan que él se manifieste y así poder volver a la tierra de Palestina. La ocasión se presentó cuando Ciro, el rey Persa permitió regresar a la tierra de Israel a todos/as los/as judíos/as que quisieron. El pueblo interpretó el hecho como una intervención de Dios en favor de su pueblo.

            Hoy también, como comunidad de fe y de solidaridad, sabemos que Dios está presente aun en los momentos más difíciles de la vida de su pueblo. Si El está presente hay motivos para estar confiados/as en que Dios realizará su salvación, dándonos la vida. Esa salvación es don suyo, pero es también compromiso nuestro, esfuerzo por vivir día a día el compromiso del mandamiento nuevo del amor.

           

2. La confianza que salva y que nos convierte en discípulos y discípulas

 

            A la salida de la histórica ciudad de Jericó, por donde el pueblo de Israel entró en la tierra prometida, sentado junto al camino está un mendigo ciego; doblemente pobre, por ser mendigo y por ser ciego. Bartimeo reconoce a Jesús como Hijo de David. Jesús se dirige a Jerusalén en donde tendrá una acogida entusiasta por el pueblo sencillo que lo reconocerá como el Mesías esperado: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que viene, de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas! (Mc 11,9-10). Bartimeo se adelanta y proclama que Jesús es el Mesías esperado, el Hijo de David. Así el ciego ve lo que otros/as, con vista, no son capaces de ver. De hecho, generalmente, el reconocimiento de Jesús como Cristo y como salvador viene de los/as últimos/as de la sociedad, de los/as que están al borde del camino, de aquellos/as que algunos/as buscan hacer callar.

            Bartimeo, el ciego del camino, no pide a Jesús una limosna. Eso es lo que había hecho por mucho tiempo. Ahora entiende que ha llegado una oportunidad que él no quiere desaprovechar. Por tanto, pide la salud, la vista que lo podría reintegrar a la vida normal. Por lo tanto cuando Jesús lo llama, “él, arrojando su manto, de un salto se puso de pie y llegó hasta Jesús” (Mc 10,50).

            Jesús devuelve la vista al ciego y declara que ha sido su fe, la confianza que depositó en él, la que le ha dado la vida, la que lo ha salvado. Y Bartimeo se convierte en discípulo de Jesús. Dice el texto que el ciego curado “le seguía por el camino” (Mc 10,52). La fe que salva ha puesto al que era ciego en el camino de Jesús, en el camino hacia Jerusalén, que lo conducirá a enfrentar el último conflicto tenido con los grandes del pueblo que lo llevaría a la muerte en cruz, como un malhechor.

            Hoy como ayer son los/as más débiles, los/as más empobrecidos, los/as excluidos/as de la sociedad quienes más están dispuestos/as a descubrir el paso de Jesús por sus vidas. Aquellos/as y aquellas que sólo se preocupan por sus negocios, por sus propios asuntos, por sus intereses personales, partidarios o grupales, son incapaces de descubrir a Dios que pasa a nuestro lado y de descubrir la presencia del hermano o hermana necesitada, abandonado/a en el borde del camino de la vida. Como comunidad de fe, como integrantes de grupos solidarios comprometidos/as con la vida feliz y plena para todos y todas, se nos pide estar atentos y atentas para descubrir la presencia de Dios en la vida de los/as débiles.

                       

3. La necesidad de escuchar a las personas excluidas y empobrecidas

 

            El mendigo Bartimeo no tiene miedo en gritar y pedir compasión a aquél que sabe puede devolverle la vista y la salud. Y aunque los/as que rodean a Jesús intentan callarlo, él grita más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”(Mc 10,48). Jesús, en su camino hacia Jerusalén, tiene tiempo para él, no le impone su voluntad; por eso le pregunta: “¿Qué quieres que te haga?” Jesús quiere escuchar al ciego, porque él ha venido a revelarnos el amor del Padre que escucha a cada uno/a de sus hijos e hijas.

            Hoy, ante las urgentes necesidades de los/as más empobrecidos de nuestras comunidades, del Caribe, de América Latina y el mundo, podemos engañarnos fácilmente, pretendiendo conocer mejor que ellas y ellos mismos/as lo que les conviene. Pero en toda relación de ayuda debemos respetar a la persona y reconocer sus derechos. Es necesario dar lo que se tiene, pero para esto debemos estar atentos/as a lo que los/as otros/as sienten como una verdadera necesidad.

            Como comunidad de fe y de amor solidario tenemos que aprender a escucharnos. Sobre todo a aquellas personas que tienen en la comunidad cristiana el servicio de la autoridad se les pide saber escuchar al pueblo, sobre todo a los/as más empobrecidos/as y a los/as más débiles. En los proyectos sociales que promovemos en las comunidades cristianas, o desde las organizaciones de la sociedad civil, se necesita que sepamos escuchar a la gente, descubrir sus necesidades, sus ilusiones e intentar dar una respuesta que tenga en cuenta a las personas en su situación concreta.

 

Para la oración de las y los participantes

1. Para que la luz de la verdad abra los ojos de todos los seres humanos y les ayude a caminar sin tropiezo por el camino de la vida plena y feliz, recemos…
2. Por todas las personas ciegas física y espiritualmente, para que se puedan integrar a la sociedad con respeto a sus derechos y sin ser relegados y relegadas a puestos marginales…
3. Para que tengamos un corazón capaz de compadecerse ante el dolor de cada hermano o hermana necesidad. Recemos…

Exhortación final: La Palabra de Dios nos ha hablado hoy de la compasión mostrada por el Dios de Jesús y por Jesús mismo en favor de su pueblo. Al pueblo de Israel que está en el exilio lo invita a organizarse para volver a su patria. Al mendigo ciego Bartimeo Jesús le devuelve la vista, le convierte en discípulo y le permite ponerse en camino de  un proyecto de vida iluminada, plena y feliz. Por todo eso hay motivos para estar alegres y para dar gracias al Dios misericordioso y solidario que siempre está en medio de su pueblo.


Reflexiones semanales para el mes de Septiembre Bíblico (2009)

septiembre 2, 2009

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDOM) 

C/ 3 No. 9. El Milloncito, Sabana Perdida. Santo Domingo Norte. Rep. Dominicana

Tel/fax. 809-568-8560. E-mail: rebido@gmail.com, rebido07@yahoo.es

Reflexiones bíblicas semanales. Septiembre 2009

 

      SEREMOS JUZGADOS/AS POR UNA LEY DE LIBERTAD B23°O (6-9-2009)

           

ENTRADA: Nos reunimos como comunidades de fe y de compromiso social que tiene un Proyecto de vida y de Salvación para su pueblo. Por eso necesitamos la Palabra divina que guía e ilumina nuestro camino de cada día. Ese anuncio de la Palabra va acompañado con signos y acciones milagros que demuestran que el plan comunitario no se reduce a palabras vacías, sino que es acción, vida plena para todos/as, preocupación por los/as empobrecidos y oprimidos, misericordia con los/as que sufren y lucha por la creación de condiciones de vida humanas.

            Celebremos, pues, la presencia del Espíritu divino que ha hecho de los/as empobrecidos y excluidos herederos/as de su Casa.

 

1ªL: Isaías 35,4-7a: No tengan miedo

 

I: El profeta Isaías quiere animar la esperanza del pueblo de Israel, después que el imperio asirio había destruido el reino del Norte hacia el año 721 a.J. Sólo quedaba el reino del sur, también amenazado de destrucción por el poderoso imperio. En medio de esa situación Isaías intenta dar ánimo a los/as que tienen miedo, anunciando que la salvación divina se hará realidad. Entonces los/as ciegos/as, los/as sordos/as, y los/as cojos/as serán sanados/as y el desierto se convertirá en manantial de agua permanente.

 

T:  Díganles a quienes están asustados y asustadas: “Calma, no tengan miedo, porque ya viene su Dios a vengarse, a darles a ellos su merecido; él mismo viene a salvarlos a ustedes.”

      Entonces los ojos de las personas ciegas se despegarán, y los oídos de las personas sordas se abrirán, los cojos y cojas saltarán como chivos y chivas y la lengua de las y los mudos gritará de alegría.

       Porque en el desierto brotarán chorros de agua, que correrán como ríos por la superficie. La tierra  ardiente se convertirá en una laguna, y el suelo sediento se llenará de manantiales.

 

Salmo 145: El no cambia jamás su lealtad  y su justicia da a las y los oprimidos 

 

  • Canta, alma mía, elogios a Yahvé. El no cambia jamás su lealtad  y su justicia da a las personas oprimidas a quienes les proporciona su pan.
  • Libra de sus cadenas a los presos. Abre Yahvé los ojos de los ciegos, endereza a las y los que andan encorvados/as; da Yahvé protección a la gente forastera.
  • El Señor mantiene a huérfanos, huérfanas y viudas. Yahvé siente afecto por las y los buenos, mas desvía el camino de la gente mala. Yahvé dura por siempre,   tu  Dios, oh  Sión, de siglo en siglo.

 

2ªL: Santiago 2,1-5. No hagan diferencia entre las personas.

 

I: En la siguiente lectura Santiago invita a las comunidades cristianas de su tiempo a no hacer diferencia entre las personas; a no juzgarlas con falsos criterios, considerando sólo  las posesiones que tienen o la posición social que ocupan. El escritor bíblico invita a tratar cada persona con la dignidad y el respeto que se merece.

 

T: Hermanos y hermanas: Si realmente creen en nuestro glorioso Señor Cristo Jesús, no hagan diferencia entre las personas. Supónganse que entra a la asamblea de ustedes un hombre con anillo de oro y con ropas lujosas, y que entra también un pobre con ropas sucias.

         Si ustedes fijan la mirada en el que viste ropas lujosas y le dicen: “Siéntate en el primer lugar”, y al pobre:  “Tú quédate de pie, o si no, siéntate en el suelo a mis pies”. Al actuar de tal manera, ¿no estarán haciendo diferencias entre los dos?, ¿no estarían juzgando con pésimos criterios?

         Miren, hermanos y hermanas, ¿no escogió Dios a las y los pobres de este mundo para hacerlos/as ricos/as en la fe? ¿No será para las y los pobres el reino que Dios prometió a quienes lo aman?

 

3ªL: Marcos 7,31-37. Todo lo ha hecho bien

 

I:   En el evangelio que leemos a continuación se nos habla de la curación que Jesús hace de una persona sorda. De esta manera, Jesús demuestra su preocupación y su solidaridad por los/as impedidos/as y por los/as marginados/as física y mentalmente,  haciendo realidad el proyecto de vida justa e inclusiva. La gente del pueblo al ver esto reconoce que Jesús “todo lo ha hecho bien.

 

T: En aquel tiempo, saliendo de la región de Tiro, Jesús pasó por Sidón y, dando la vuelta al lago de Galilea, llegó al  territorio de la Decápolis. Allí le presentaron un sordo que hablaba con dificultad y le pidieron que le impusiera la mano.

          Jesús lo apartó de la gente, le metió los dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Después, mirando al cielo, suspiró y dijo: “Effetá”, que quiere decir: “Abrete”. En seguida se le destaparon los oídos, desapareció el defecto de la lengua y el hombre comenzó a hablar correctamente.

          Jesús les mandó que no lo dijeran a nadie, pero mientras más insistía más lo publicaban. El entusiasmo de la gente era increíble; y decían: “Todo lo ha hecho bien;  los sordos oyen y los mudos hablan.” 

 

          PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

  1. ¿Por qué debemos vencer el miedo y creer en el Proyecto de Dios?

2.  ¿Cuáles deben ser las acciones que acompañen el anuncio evangélico?

3. ¿Por qué no debemos discriminar a las personas?

 

1.  No tener miedo y creer en el Proyecto de vida plena

 

            El profeta Isaías (nos referimos al primer Isaías caps. 1-39) realiza su misión profética en la segunda parte del siglo 8º a.C. En su tiempo hay una situación socio-política difícil puesto que el poderoso imperio asirio quiere someter a todos los pueblos bajo su dominio. El reino de Israel y el reino de Aram (Siria) intentan unirse para hacer frente al invasor asirio. Quieren obligar al reino de Judá a unirse a ellos. Sin embargo, el profeta Isaías entiende que se trata de un suicidio. Sugiere que es preferible pagar tributo al imperio que enfrentarlo. De hecho en el año 721 a.C. es destruido el reino de Israel, mientras que el reino de Judá permanece hasta la destrucción de Jerusalén en el 587 a.C. por manos de los babilonios.

            En medio de esa situación el profeta invita a su pueblo a no tener miedo a lo que pueda hacer el poderoso imperio asirio; estimula a seguir confiando en el Dios que está en medio de su pueblo y que permite el nacimiento de un niño, hijo del rey  Ajaz  (736-716), que será el rey Ezequías (716-687) y que es el signo de la presencia de Dios en medio de su pueblo: “El Señor les dará esta señal: la muchacha está embarazada y da a luz un varón a quien le pone el nombre de Emmanuel” (Is 7,14).

            Ante las amenazas de un poderoso imperio el signo de la presencia de Dios en medio de su pueblo es un niño indefenso, pero que será uno de los pocos reyes de Israel que fueron fieles al Proyecto de Yavé y que se distinguió por su conducta apegada a los mandamientos del Dios liberador.

            Hoy como ayer, nuestro Dios nos sigue invitando a arrancar de raíz el miedo; nos exige que sigamos adelante en nuestro intento de ser signos de su amor misericordioso y liberador. El nos invita a confiar en la fuerza que nace de lo débil, con la conciencia clara de que El está en medio de su pueblo animando nuestra débil esperanza y nuestras luchas por defender la vida, la ecología, la salud, la educación, la alimentación y la vida digna para nuestro pueblo.

 

2.  La gente empobrecida y excluida es evangelizada

 

            El Proyecto de vida de las y los seguidores de Jesús es un plan de salvación y de vida. Por eso el anuncio de la Palabra divina va acompañado en los profetas y sobre todo en la persona de Jesús de signos, milagros y prodigios en favor de la gente marginada y necesitada.

            El profeta Isaías en la primera lectura que hemos hecho hoy anuncia la salvación de Dios y como signo de que ésta se está realizando los/as impedidos/as físicos/as: ciegos/as, sordos/as, cojos/as recuperan sus sentidos vitales. En el evangelio que hemos leído hoy Jesús realiza un milagro ayudando a un sordo-mudo a oír y a hablar.

            La salvación divina no sólo se manifiesta en las personas, sino también en la naturaleza, en donde el desierto se convierte en piscina y el suelo sediento en manantial de agua. De esta manera renace la vida por la intervención de Dios en medio de su pueblo.

            Para la mentalidad de la época de Jesús la sordera y la mudez (probablemente de nacimiento) pertenecen al tipo de enfermedades que son consideradas  como un castigo. Quienes las sufren son vistos/as como pecadores/as o como hijos/as de pecadores/as (léase Jn 9,24-34). Jesús al abrir los oídos y soltar la lengua de aquel hombre que le había sido presentado le devuelve la salud, deja de ser un enfermo. Pero al mismo tiempo lo reintegra a la vida social y al disfrute de sus derechos civiles y religiosos; en definitiva deja de ser un marginado.         

            En la carta de Santiago que hemos leído, el escritor bíblico se hace una pregunta que tiene el sentido de una clara afirmación: “¿Acaso no ha escogido Dios a los pobres según el mundo para ser ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que le aman?”(St 2,5). Y en la misma carta se nos dice quiénes son estos pobres: son aquellos/as que son oprimidos/as por los ricos y que son arrastrados a los tribunales en donde se realizan juicios arreglados en favor de los que tienen poder económico (St 2,6).  Estos/as pobres además están abiertos/as a la fe; consideran la fe como su principal riqueza;  por ello son amados/as por Dios.

            Los/as pobres y oprimidos/as, abiertos/as a la Palabra de Dios se convierten en herederos/as del proyecto de vida feliz que Dios prometió a los/as que lo aman. Por eso Jesús declara: “Felices los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios” (Lc 6,20). Y amar a Dios significa envolver la vida con seriedad en su Proyecto de vida y de salvación.

            Como comunidad de personas, abiertas a la Palabra salvadora de Jesús, se nos pide solidaridad con aquellas personas que sufren en su cuerpo y en la sociedad el hambre y la enfermedad, así como la marginación y la explotación; realidades que están en contra del Proyecto de Dios. Como creyentes tenemos que luchar contra todo aquello que impide que las personas puedan vivir en la libertad de las hijas y los hijos de Dios. Por eso Santiago nos dice: “Hablen y obren como quienes han de ser juzgados por una ley de libertad” (St 2,12).

           

 

3.  No hacer diferencias entre las personas por su condición personal o social

 

            Santiago nos presenta un ejemplo tomado de la vida real del pueblo de Israel, aunque él lo presenta como una suposición. Se trata de la forma diferente de tratar a las personas según su condición social. Al rico se le pone atención, mientras que el pobre no es tomado en cuenta. Actuar así es, para el escritor bíblico, ser jueces de pensamientos malvados; es decir, juzgar con pésimos criterios. De esa manera se imita la conducta de aquellos jueces que en el tribunal dan sentencias en favor de los ricos, perjudicando a los/as pobres.

            Convertirse en jueces de pensamientos malvados es privilegiar al rico porque tiene dinero, porque puede comprar la sentencia de los jueces, o porque nos puede conseguir un puesto de trabajo, o porque, con tráfico de influencia, puede “ayudar” a una persona, o puede influir para que algunos/as de los/as pobres consigan un trabajo en  el gobierno o pasen a formar parte de la clase social a la que él pertenece.

            El apóstol nos recuerda que actuar con pésimos criterios es juzgar poniendo en primer lugar el propio interés. Es  olvidar la invitación a hablar y a actuar como quienes han de ser juzgados/as, por el Dios liberador, con una ley de libertad.

            La clave para conocer si nuestros juicios son adecuados es si en ellos reflejamos la misericordia y la compasión por los/as hermanos/as que sufren. Si lo que nos mueve es el propio interés, la propia fama, el propio prestigio, y no el mandato del amor que exige compasión, estaremos actuando como aquellos/as que son guiados/as por una ley de esclavitud.

            Como comunidad de fe se nos pide no dejarnos contaminar por la mentalidad de esta sociedad neo-liberal en donde lo que cuenta es el dinero y el libre mercado que beneficia a unos/as pocos/as, en donde se trata a las personas según la posición social que ocupe o según los bienes que posea. A nosotros/as se nos invita a tener compasión con aquellas y aquellos que son oprimidos/as, que no son tomados/as en cuenta, con la conciencia clara de que seremos juzgados/as por una ley de libertad y de misericordia con los/as hermanos/as que sufren: “Habrá juicio sin misericordia para quien no haya sido misericordioso; los misericordiosos no tienen por qué temer al juicio” (St 2,13).

 

Para la oración de las y los participantes:

 

  1. Por la Iglesia de Jesús, extendida por todo el mundo, para que sepa siempre vencer el miedo que le impide realizar su misión liberadora. Recemos.
  2. Para que asumamos la misión de Jesús de evangelizar a los/as más pobres. Recemos.
  3. 3.     Para que tratemos con respeto y cariño a todas las personas, sin importar su procedencia o posición social. Recemos. 

 

Exhortación final: Hemos celebrado la fe que da sentido a nuestra vida. La Palabra divina nos ha invitado a asumir con responsabilidad el trabajo que se nos ha encomendado, imitando su misericordia para con los/as pequeños/as y los/as empobrecidos. Ahora nos toca continuar, con nuevo entusiasmo, el camino de fe que hemos comenzado, sabiendo que  vamos a ser juzgados/as por una ley de libertad y de misericordia (St 2,12).

 


                         LA FE SIN OBRAS ESTA MUERTA  B24°O (13-9-2009) 

 

ENTRADA: Nos hemos reunido en este día porque compartimos la misma fe y la misma esperanza. La Palabra divina nos va a decir que es necesario demostrar nuestra fe asumiendo el compromiso cotidiano y realizando acciones solidarias en favor de los/as hermanos/as más necesitados/as y oprimidos/as. Ahí descubrimos un verdadero sentido para vivir en la libertad de los hijos e hijas de Dios.

            Aprovechemos esta celebración para agradecer al Dios de Jesús que nos dio el don precioso de la fe y que cada día nos fortalece para resistir, para no echarnos atrás y continuar en el camino de salvación y liberación que hemos tomado.

 

1ªL: Isaías 50, 5-9a. No me resistí ni me eché atrás

 

I: Leemos a continuación una parte del llamado tercer cántico del Servidor de Yahvé escrito por un profeta que se le suele llamar el Segundo Isaías (Is 40-55). Este poema nos habla de la fe de aquella comunidad judía que estaba esclavizada en Babilonia. Ante los maltratos y dificultades el/la servidor/a de un proyecto de vida y libertad resiste sin echarse atrás, con la conciencia clara de que cuenta con la ayuda divina que lo fortalece en la lucha contra sus opresores.

 

T: Yahvé me ha abierto los oídos y yo no me resistí ni me eché atrás. He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban, mis mejillas a quienes me arrancaban los pelos de mi barba, y no oculté mi rostro ante las injurias y los salivazos.

          Yahvé viene en mi ayuda y por eso me molestan las ofensas. Por eso puse mi cara dura como piedra. Yo sé que no seré engañado, cerca está el que me hace justicia. ¿Quién quiere meterme pleito? ¡Presentémonos juntos y juntas! ¿Quién es mi demandante? ¡Que se acerque a mí! Si Yahvé me ayuda, ¿quién podrá condenarme? Todos y todas se harán tiras como un vestido gastado, y la polilla se las y los comerá.

 

Salmo 114: Ha librado mi vida de la muerte

 

  • Amo a Yahvé porque escucha el clamor de mi plegaria, porque inclinó hacia mí su oído el día en que lo llamé.
  • Me apretaron los lazos de la muerte, las redes del sepulcro; me ahogaban la angustia y el fastidio,  pero invoqué a Yahvé: “¡salva, oh Yahvé, mi vida!”
  • Yahvé es muy justo y compasivo, nuestro Dios está lleno de ternura; defiende a

Las y los pequeños; estaba yo sin fuerza y me salvó.

  • Ha librado mi vida de la muerte, de las lágrimas mis ojos y mis pies de andar dando tropezones. Caminaré en presencia del Señor en la tierra que habitan las y los vivientes    

 

2ªL:  Santiago 2,14-18. La fe sin obras está muerta

 

I:  Continuamos esta semana leyendo la carta de Santiago. En el texto que leemos hoy, hay una relación directa entre la fe y las obras. La fe se demuestra con las obras en beneficio de los/as empobrecidos/as que pasan hambre, que están desnudos/as, que no tienen las condiciones mínimas para vivir dignamente. No bastan las palabras; la fe exige la acción solidaria con los/as hermanos/as como lo hizo Jesús.

 

T: Hermanos y hermanas: ¿Qué provecho saca uno cuando dice que tiene fe, pero no la demuestra con su manera de actuar? ¿Será esa fe la que lo salvará? Si a un hermano o a una hermana les falta la ropa y el pan de cada día, y uno de ustedes le dice: “Que les vaya bien; que no sientan frío ni hambre”, sin darles lo que necesitan, ¿de qué les sirve? Así pasa con la fe: si no se demuestra por la manera de actuar, está completamente muerta.

            Y sería fácil rebatir a cualquiera: “Tú tienes la fe y yo hago el bien; ¿dónde está tu fe, que no produce nada? Yo por mi parte te mostraré mi fe por el bien que hago”.

 

3ªL: Marcos 8,27-35. Eres un profeta

 

I:   Mientras está haciendo un recorrido evangelizador por el norte del país, Jesús quiere ayudar a sus discípulos/as a fortalecer la fe en él. Primero pregunta quién es él para la gente; luego pide también la opinión que ellos/as tienen sobre él. Pedro declara su fe en él y Jesús intenta hacerle entender que él será otro tipo de Mesías al esperado. El sufrimiento solidario será el camino escogido por Jesús, el que traerá la vida verdadera para todo el pueblo de Dios.

 

T:   En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Ellos contestaron: “Algunos dicen que eres Juan Bautista; otros, que Elías; otros, que eres algunos de los profetas.”

          El, entonces, les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Pedro le contestó: “Tú eres el Cristo.”  Pero Jesús les dijo con firmeza: “No se lo digan a nadie.”

          Luego comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los notables, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley; que iba a ser condenado a muerte y que resucitaría después de tres días.

          Hablaba con mucha claridad. Debido a eso, Pedro lo llevó aparte y comenzó a regañarlo. En cierto momento Jesús se dio vuelta y vio a sus discípulos. Entonces reprendió a Pedro con estas palabras: “¡Detrás de mí, Satanás! Tú no piensas como Dios, sino como los hombres.”

          Luego llamó no solamente a sus discípulos, sino a toda la gente, y les dijo: “Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y sígame. Pues quien quiera asegurar su vida la perderá; y quien sacrifique su vida por mí y por el Evangelio, se salvará.

 

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

  1. 1.      ¿Quién es Jesús para nosotros y nosotras?
  2. 2.      ¿Cuáles son los compromisos que tiene el/la discípulo/a de Jesús?
  3. 3.      ¿Por qué la fe sin obras es muerta?

 

 

           

1. Jesús consagrado para un proyecto de salvación y liberación   

 

            Jesús está con sus discípulos/as en los pueblos cercanos a Cesarea de Felipe, que era la ciudad principal del pequeño reino de Herodes Felipe, el hijo del Herodes el grande. Era tierra considerada pagana, aunque había sido conquistada por Herodes. Allí Jesús  interroga a sus discípulos/as sobre su fe en él. Jesús en primer lugar les pregunta lo que dice la gente sobre él. Para la gente del pueblo Jesús es uno de los grandes profetas de Israel: Juan Bautista, Elías (Mc 8,28) o Jeremías (Mt 16,14). Es importante destacar el hecho de que Jesús es comparado con tres profetas que se distinguieron por su fidelidad al Proyecto de Dios y por los continuos sufrimientos y conflictos en los que se vieron envueltos, por ser fieles a la vocación recibida. Jesús, está por tanto, en la línea de los grandes profetas de Israel.

            Sin embargo Jesús cuestiona a sus discípulos/as sobre una opinión personal. No bastaba con repetir lo que la gente decía; se hacía necesario tomar una decisión con relación a Jesús como Maestro. Pedro, en nombre de sus compañeros/as afirma: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo” (Mt 16,16).

            Sin embargo no se trata del Mesías que ellos y ellas esperaban: que sería un rey poderoso que implantaría la justicia y defendería así los derechos de los pobres y oprimidos.  Ese rey tendría el poder también para liberar al pueblo del dominio romano. Este Mesías es diferente: no tendrá poder terrenal más que el que viene de su Palabra comprometida y de sus acciones solidarias en favor de la gente.  Asumirá el sufrimiento  solidario y liberador como opción necesaria para llevar adelante el Proyecto que le ha sido encomendado.

            Jesús mismo va a  declararse como Hijo de Dios y como Mesías. De hecho cuando fue juzgado por el Sanedrín judío el Sumo Sacerdote le preguntó: “Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito”(Mc 14,61).  Jesús respondió afirmativamente y el Sumo Sacerdote lo consideró como un blasfemo y creyó que tal declaración era suficiente prueba para condenarlo a la muerte.

            Pedro no entiende la declaración de Jesús. Esta era contraria a lo que él tenía pensado. Intenta convencer a Jesús de que cambie de idea. Sin embargo, el Maestro le llama a la atención y le hace ver que no ha entendido realmente cuál es la misión del enviado del Padre.

            Hoy como ayer estamos llamados/as a fortalecer nuestra fe en Jesús, el consagrado por Dios, el Hijo de Dios que anuncia un mensaje de fraternidad y que quiere que nos convirtamos en discípulos/as que asuman el compromiso del Reino, con la conciencia clara del sacrificio que ello conlleva.

 

2. El compromiso de ser discípulo/a de Jesús

 

            Cuando Pedro intenta convencer a Jesús de que no acepte ser un Mesías que tenga que pasar por el sufrimiento para realizar su misión, éste le dice: “¡Detrás de mí, Satanás!” (Mc 8,33). La respuesta de Jesús podemos entenderla como un regaño del Maestro hacia uno de sus discípulos preferidos, hasta el punto de identificarlo con el diablo. Sin embargo, al mismo tiempo le invita a venir detrás de él, a convertirse en discípulo que entienda el camino del sufrimiento solidario y liberador como la vía necesaria para realizar el Proyecto que Dios ha encomendado a Jesús y a sus seguidores/as. Jesús quiere que Pedro recupere su puesto de discípulo, sin ser un obstáculo en el camino. Cree que Pedro puede retomar su condición de seguidor suyo. Jesús rechaza la postura de Pedro, no a la persona; al contrario, le hace ver que a pesar de todo confía en él.

            La condición para convertirse en discípulo/a es tomar la cruz del Maestro: “Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y sígame. Pues quien quiera asegurar su vida la perderá; y quien sacrifique su vida por mí y por el Evangelio, se salvará” (Mc 8,35).

            El seguimiento de Jesús supone, entonces, una decisión firme por tomar su cruz, su camino de sufrimiento y de dolor. Supone, como expresaba el siervo de Dios en la primera lectura, no echarse atrás antes aquellos/as que incluso maltratan al seguidor de Dios, por su fidelidad al Proyecto de Dios.

            No se acepta la cruz, sin embargo, por puro amor al sufrimiento. Para Jesús el sufrimiento por la causa del Evangelio es el camino que conduce a la vida verdadera. Sólo quien es capaz de sacrificar la vida por Jesús y el Evangelio puede salvarse, es decir tener vida en plenitud.

            Como comunidad de fe y de solidaridad conocemos lo difícil que es ser creyente fiel al Proyecto de Dios, aun cuando tengamos dificultades y persecuciones, conflictos, problemas en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestras iglesias, en nuestras organizaciones comunitarias. Sin embargo, en ese camino estamos conscientes de que sólo desde el sacrificio que crea mejor vida para los/as demás, nuestras vidas tienen verdadero sentido.

           

3.  La fe sin obras está muerta

           

            La fe en Jesucristo no puede quedarse en la simple confesión. Tiene que ir acompañada de acciones concretas que demuestren nuestro compromiso con el Proyecto salvador y liberador de Dios. Por eso afirma Santiago que la fe sin obra no salva, no da vida (St 2,14). Pero podríamos decir también que la creencia en Dios sin obras no es verdadera fe. 

            La fe en Dios se demuestra en la relación que se establece entre la persona creyente, Dios y los/as hermanos/as, sobre todo aquellos/as más necesitados/as y débiles.  Por eso Santiago pone como ejemplo de necesitado/a a un hermano o hermana que pasa hambre, que no tiene ropa; es decir, a quienes no tienen lo indispensable para sobrevivir. La fe tiene, por tanto, que ver con aquellos/as hermanos/as que no tienen las mínimas condiciones para vivir dignamente. Ante esa situación no basta con decir palabras bonitas; es necesario acompañar el discurso con acciones de solidaridad y que promuevan el cambio de estructuras injustas.

            Por los frutos de amor, y por nuestro grado de solidaridad con los/as que sufren y no tienen lo necesario para vivir, demostramos la fe en el Dios defensor de los/as débiles. El nos va a juzgar precisamente por eso. En el día que nos presentemos ante él nos pedirá cuenta. Incluso habrá gente que no se mostró creyente durante su vida, pero fue solidaria con los/as más empobrecidos/as. Esos/as serán recibidos/as en la casa del Padre común, porque mostrando su solidaridad con los/as más débiles, demostraron su fe en el Dios Padre/Madre de los/as empobrecidos/as (Mt 25,31-46).

            Como comunidad de creyentes se nos invita a entender la fe como una relación de amor con Dios y con los/as hermanos/as. Y “obras son amores” dice el refrán popular. Solo desde la solidaridad concreta con las personas que necesitan de nuestra ayuda podemos demostrar nuestra fe en el Jesús cuya misión fue anunciar el Evangelio de salvación a los/as pobres, y realizar acciones solidarias al servicio de todas aquellas personas que necesitaron de su ayuda.

 

Para la oración de las y los participantes:

 

  1. Para que Jesús y el Proyecto del Dios Madre y Padre estén en el centro de nuestras vidas y de nuestras preocupaciones. Recemos.
  2. Para que asumamos nuestro compromiso como seguidores/as de Jesús. Recemos.
  3. 3.     Para que sepamos demostrar nuestra fe con obras de amor y de solidaridad. Recemos. 

 

Exhortación final: La Palabra escuchada en el día de hoy nos ha invitado a fortalecer la fe en Jesús y en el proyecto de vida y de justicia que él anunció y con el que se comprometió. Se nos invita a convertirnos en discípulos/as que tomen su cruz, encontrando así un verdadero sentido para vivir. Esa fe tiene que mostrarse con obras concretas de amor solidario, y se fortalece cada día con la conciencia de que Dios ayuda y sostiene en medio del camino de fe y solidaridad que hemos tomado.

 

 


CONVERTIRSE EN SERVIDORES/AS DE TODOS/AS  B25O (20-9-09) 

 

ENTRADA: Nos reunimos como integrantes de una misma comunidad para escuchar juntos/as la Palabra divina que nos ayuda a descubrir el verdadero camino que nos conduce a la búsqueda de la sabiduría para saber juzgar los acontecimientos con criterios evangélicos. Al escuchar la Palabra e intentar vivir según su propuesta descubrimos el Proyecto de vida anunciado por Jesús que nos invita a convertirnos en servidores y servidoras de todas las personas, sobre todo de los/as excluidos y empobrecidos de la sociedad.

           

1ªL:   Sabiduría 2,12.17-20. Buscar la verdadera sabiduría

 

I: En el texto que leemos a continuación se afirma que las y los malos y  opresores conspiran contra la vida de las personas justas, de las y los empobrecidos, de las viudas, porque se oponen a su forma de actuar. Estos y éstas deciden humillar y atormentar a las personas que actúan con justicia para probar su fidelidad y su paciencia.

 

T:  Se dijeron las personas malas: “Persigamos a la persona justa, que nos molesta y que se opone a nuestra forma de actuar, pues nos echa en cara las faltas contra la Ley y nos reprocha el no comportarnos conforme a nuestra educación.

          Comprobemos si lo que dice es verdad y veamos lo que le sucederá al final; si el justo es hijo de Dios, él le ayudará y lo librará de sus enemigos.

          Humillémoslo y atormentémoslo para conocer hasta qué punto se mantendrá firme y para probar su paciencia; condenémoslo a una muerte humillante, ya que, según él, Dios intervendrá en su favor.”

 

Salmo 53: Yahvé sostiene mi vida

 

*    Oh Dios mío, sálvame por tu Nombre; hazme justicia por tu poder. Dios mío, escucha mi plegaria, escucha las palabras de mi boca.

 

*    Porque se alzan contra mí los soberbios, y los violentos buscan mi muerte: hombres para los cuales no cuenta Dios. Pero a mí Dios me ayuda; Yahvé viene en apoyo de mi vida.

 

2ªL: Santiago 3,16-4,3. Buscar la sabiduría que viene de arriba

 

I: El texto de Santiago nos invita a descubrir las cualidades que identifican a las personas que son verdaderamente sabias. La presencia de la envidia, de las ambiciones, de la búsqueda desordenada del placer, son signos de falta de cordura, de buen juicio, mientras que la sabiduría que viene de Dios produce paz, tolerancia, comprensión, compasión, misericordia, y justicia.

         

T: Hermanas y hermanos: Donde hay envidia y ambiciones, habrá desorden y acciones malas de toda clase, mientras que la sabiduría que viene de arriba es rectitud, paz, tolerancia y compresión. Está llena de compasión y produce buenas obras. No es parcial ni hipócrita. La justicia se siembra en la paz y da su fruto a las y los artesanos de la paz.

          ¿De dónde vienen esas guerras, de dónde esos conflictos entre ustedes? ¿Quién hace la guerra sino los malos deseos que tienen dentro? Cuando se les niega lo que codician, ustedes matan. Cuando no consiguen lo que codician, ustedes discuten y pelean. En realidad, ustedes no tienen porque no piden. Y si piden algo, no lo consiguen porque piden con la mala intención de derrocharlo después en sus placeres.  

 

3ªL: Marcos 9,30-37. Hacerse servidor y servidora de todos y de todas

 

I: Mientras Jesús habla a sus discípulos y discípulas de su entrega sacrificada, éstos y éstas se ponen a discutir sobre cuál era el más importante entre ellos y ellas, buscando puestos y poder.  Jesús propone el camino del servicio que exige acoger, en el nombre de Jesús, a las y los pequeños y a las y los últimos de la sociedad. En esto consiste la verdadera sabiduría.

         

T: Al salir de allí atravesaron la Galilea sin detenerse. Jesús no quería que nadie lo supiera, porque iba enseñando a sus discípulos y discípulas. Y les decía: “El Hijo del Hombre va a ser entregado en mano de gente que le dará muerte; y, a los tres días de muerto, resucitará.” Pero ellos y ellas no entendían lo que les decía y tenían miedo de preguntarle.

          Llegaron a Cafarnaún y, una vez en casa, Jesús les preguntó: “¿Qué venían discutiendo por el camino?” Ellos y ellas se quedaron callados y calladas, porque habían discutido entre sí cuál era la persona más importante entre todos y todas.

          Entonces se sentó, llamó a los Doce y les dijo: “Si alguno quiere ser el primero, que se haga el último y el servidor de todos y todas” Y, tomando a un niño, lo puso entre ellos, lo estrechó entre sus brazos y les dijo: “El que recibe a un niño como éste en mi Nombre, a mí me recibe; y el que me recibe, no me recibe a mí, sino al que me envió.”

         

 

          PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

            ¿Por qué el justo resulta molestoso?

            ¿Por qué la verdadera sabiduría se demuestra con las obras?

            ¿Quién es el mayor y el más importante para Jesús?

 

1. El justo que resulta molestoso

 

            La primera lectura que hemos hecho hoy nos habla de la búsqueda de la verdadera sabiduría. Y nos presenta un conflicto entre las personas injustas y las personas justas. Según el texto de Sab 2,1-3,12 los/as malos/as se caracterizan por llevar una vida de orgías y de placeres (Sab 2,7-9), por oprimir al justo pobre (Sab 2,10), por no respetar a la viuda ni a las y los ancianos (2,10); no conocen los secretos divinos ni esperan recompensa en la otra vida (Sab 2,22-24). Las personas justas, en cambio, están en las manos de Dios;  su esperanza está llena de inmortalidad. Ellos y ellas juzgarán a las naciones. Por ser fieles permanecerán junto e a El en el amor (Sab 3,7-9).

            Las personas impías no soportan a las personas justas, por eso se dedican a perseguirlos, pues les resultan molestosos ya que se opone a su forma de actuar y de vivir. Deciden entonces humillar a las personas justas y atormentarlos poniendo la excusa de querer probar su firmeza y su paciencia. Al final deciden la muerte de la persona justa.

Los impíos, no obstante recibirán la recompensa por su actuar. Por eso se dice que: “Desgraciados los que desprecian la sabiduría y la instrucción; vana es su esperanza, sin provecho sus fatigas, inútiles sus obras; sus mujeres son insensatas, malvados sus hijos, maldita su posteridad” (Sab 3,11).

            También hoy las y los injustos persiguen a las personas justas y no pueden soportar su palabra. Por eso tenemos tantos mártires en la historia del cristianismo; por eso tenemos tantas mujeres y tantos hombre asesinados/as en las últimas dos décadas en América Latina y el Caribe, como también en nuestro país. Ante eso, los que tienen poder deciden la muerte de los/as profetas. Pero su testimonio se convierte en fuente de luz y de verdadera sabiduría para el caminar de nuestras comunidades cristianas.

           

2. La sabiduría se demuestra con las obras

 

            Santiago nos invita a buscar la sabiduría que viene de lo alto. Y no se trata sólo de una postura interior; ella debe traducirse en obras, en “buenos frutos”. Son frutos de justicia, resultado de la acción de aquellos y aquellas que construyen la paz, que se realiza en la lucha cotidiana por la justicia. Esa debe ser la sabiduría que deben mostrar los/as discípulos de Jesús, sin la hipocresía de quienes dicen ser servidores/as del pueblo cuando en verdad ejercen la autoridad en su propio beneficio.

            La sabiduría y la experiencia se demuestran con la realización de las buenas obras. En la sociedad en que vivimos es tenido por sabio/a e inteligente quien tiene la capacidad de enriquecerse y de buscar puestos de poder y de prestigio sin tener en cuenta los medios que se utilicen para llegar ahí. La verdadera sabiduría exige, pues,  evitar las envidias, la codicia y las ambiciones en el corazón, sin considerarnos superiores a los demás.

            De los malos deseos que están en el interior de nuestros corazones vienen también los conflictos y las polémicas que impiden la realización de una convivencia armónica y pacífica. Por eso afirma Santiago que la sabiduría que viene de arriba es rectitud, es comprensión, es compasión y lleva a la realización de buenas obras.

            Como comunidad cristiana demostramos nuestra sabiduría si somos capaces de realizar acciones que creen mejores condiciones de vida para las personas que viven a nuestro alrededor. Si estamos comprometidos/as con la justicia, seremos sembradores de la paz.  Para poder ser sabios/as necesitamos la luz del Espíritu de Dios. Por eso cada día debemos pedir la luz de Dios que nos guía por caminos de amor y de justicia.

           

3. No pelearse por buscar puestos de mando

 

            El evangelista Marcos recuerda con frecuencia lo difícil que fue para el grupo de los Doce apóstoles creer en Jesús y aceptar las exigencias de su seguimiento. “Ellos, dice, no entendían lo que les decía y temían preguntarle” (9,32). Jesús se propone ayudarlos a entender cuál debe ser su postura ante el tema del poder y la autoridad en el grupo de los/as seguidores de Jesús. No obstante, los discípulos “callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor” (Mc 9,34). Tenemos que tener en cuenta que ser compañeros cercanos de una maestro seguido por la multitud ya era un prestigio para estos humildes campesinos de Galilea; se preguntan ahora, en medio de su confusión, qué lugar tendrán cada uno en el Reino que Jesús promete instaurar. Es más, cada uno codicia la mejor tajada.

            Aun cuando el grupo de seguidores y seguidoras de Jesús tuvo que irse convenciendo que el Reino de Jesús no era de este mundo, y que por lo tanto se trataba de una transformación en el orden religioso, incluso en ese terreno surge la ambición del prestigio y del poder.

            La búsqueda de honores, el deseo de ser el centro de las decisiones, el orgullo por la autoridad que se tiene, son tentaciones existentes al interior de nuestras mismas comunidades cristianas. Se trata de una profunda perversión del mensaje de Jesús que nos recuerda que lo que debe caracterizar a sus seguidores/as es ser “el último de todos y el servidor de todos” (Mc 9,35).

 

4.       El servicio a los/as excluidos y empobrecidos/as        

 

            En un gesto de tipo profético Jesús toma un niño; es decir alguien a quien los adultos no valoraban, y afirma su identificación con él. Quien recibe a un “insignificante” lo recibe a él mismo y a su Padre (Mc 9,36-37). Este texto nos recuerda el célebre Mt 25,31-46, del juicio final, en el que Jesús nos dice que seremos juzgados por nuestra grado de solidaridad con los/as últimos/as, con los/as insignificantes para la sociedad neo-liberal en que vivimos, pero que son los/as primeros/as destinatarios/as del mensaje de Jesús y su acción solidaria en favor de los/as últimos/as de la sociedad.

            A los discípulos y discípulas de Jesús que buscan prestigio y poder se les invita a cambiar de mentalidad y de actitud: “Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos y todas” (Mc 9,35). Para Jesús, por tanto, lo que cuenta es la capacidad de colocarse en el lugar de los/as últimos/as, de las personas excluidas, de los/as que no cuentan, y desde su situación, intentar comprender su dolor, su angustia. Sólo así podremos convertirnos en servidores de los/as débiles y los/as empobrecidos/as.

            La verdadera autoridad es la que nace de la capacidad de servicio. Quien busca el poder por el poder, no sirve para ser seguidor de Jesús. Sólo los/as que entienden el poder como servicio están en disposición de ser seguidores/as del Maestro que afirmó que no vino para ser servido, sino para servir.

            Como comunidades de fe y de servicio necesitamos revisarnos a nivel personal y a nivel comunitario. ¿Estamos buscando puestos, prestigio, fama, poder? ¿Estamos de veras sirviendo a los/as últimos/as de la sociedad, a los/as débiles? ¿O estamos apoyando a aquellos/as que utilizan a los/as débiles para sus propios intereses egoístas? ¿De parte de quién estamos realmente? En definitiva, el servicio a todos/as debe comenzar por el servicio a los/as últimos/as de la sociedad.

           

Exhortación final: La Palabra de Dios nos ha invitado hoy a buscar la verdadera sabiduría. Esta consiste en buscar y asumir un compromiso con el proyecto de vida y justicia propuesto por Jesús, ser sembradores/as de paz, de justicia y convertirnos en servidores/as de los/as últimos/as de la sociedad. En este camino nos encontraremos con dificultades y conflictos. Pero no hay que tener miedo, pues somos seguidores/as de un Maestro que ha vencido al mundo y al mal.


 

 

OJALA QUE TODOS Y TODAS  FUERAN PROFETAS  B26°O (27-9-09)

 

ENTRADA: Formamos parte de una comunidad de profetas que están llamados y llamadas a anunciar el mensaje liberador de la Palabra de Dios y a servir a los/as últimos/as de la sociedad en que vivimos. Para realizar esa misión necesitamos el alimento del pan y la Palabra de nuestro Dios. Por eso nos reunimos en este día, para compartir como hermanos y hermanas, y sentirnos acompañados y acompañadas en este camino de fe y de solidaridad. Celebremos, pues, con alegría, la presencia de Jesús, el verdadero profeta, en nuestra comunidad de fe y esperanza y solidaridad.

 

1ªL:   Números 11,25-29. Ojalá que todo el pueblo fuera profeta

 

I:  En el camino a la tierra prometida Moisés comunica a los ancianos el  Espíritu de Dios que los impulsa a profetizar. Sin embargo el espíritu reposa también sobre dos personas que no estaban en la lista escogida por Moisés. Y aunque Josué, ayudante de Moisés, solicita que se les prohíba a estos dos realizar la misión profética, Moisés se niega afirmando que desearía que todo el pueblo fuese profeta del pueblo liberado de la esclavitud de Egipto.

 

T:  Entonces Yavé descendió en la Nube y habló con Moisés. Tomó del espíritu que reposaba sobre Moisés y se lo dio a los setenta jefes. Y cuando el espíritu reposó sobre ellos, se pusieron a profetizar. Pero ya no lo volvieron a hacer más.

            Habían quedado en el campamento dos hombres, uno llamado Eldad y el otro Medad. También sobre ellos reposó el espíritu, pues aunque no habían ido a la Tienda, eran de los elegidos. Y se pusieron a profetizar en el campamento.

            Al verlo, un muchacho corrió a avisar a Moisés que Eldad y Medad estaban profetizando en el  campamento. Josué, hijo de Nun, que desde su juventud había  servido a Moisés, dijo: “Mi señor, Moisés, prohíbeselo.”

            Moisés le respondió: “¿Así que te pones celoso por mí? ¡Ojalá que Yavé comunicara su Espíritu a todo el pueblo y profetizaran!”

 

Salmo 18: Ciertas son sus palabras y al ignorante enseñan

 

*          Le Ley de Dios es buena, consuelo para el alma; ciertas son sus palabras y al ignorante enseñan.

*          Los juicios de Yahvé son siempre iguales para todos y todas. También tu servidor en ellos se fija, guardar tus mandamientos es para mí una riqueza.

*          Guárdame también de la soberbia, que nunca instale en mí su dominio. Entonces seré una persona perfecta, y limpia del pecado más grave.

 

2ªL: Santiago 5,1-6. Han vivido en este mundo con lujo y entregados al placer

 

I: Santiago denuncia en el texto que leemos hoy a los ricos que tienen bienes  acumulados que se están pudriendo, oro y plata que se han oxidado. Sólo buscan el lujo y el placer, mientras que no pagan el justo salario a sus obreros y obreras y llegan hasta matar a las personas inocentes, con tal de defender  su dinero y sus intereses.

           

T:  Pues bien, ahora les toca a las y los ricos. Lloren y laméntense por las desgracias que les vienen encima. Sus reservas se han podrido y sus vestidos están comidos por la polilla. De repente se oxidaron su oro y su plata; el óxido se transforma en acusador ante Dios y llega a ser fuego que a ustedes les quema las carnes. ¿Cómo pudieron hacer reservas en los últimos tiempos?

            Unos trabajadores vinieron a cosechar sus campos y ustedes no les pagaron, ¡pero su jornal clama al Cielo! Las quejas de los cosechadores han llegado a los oídos del Señor de los Ejércitos. Ustedes no buscaron más que lujo y placer en este mundo, y lo pasaron bien mientras otros eran asesinados.

            Ustedes mataron al inocente; era fácil condenarlo, puesto que no se podía defender. 

 

3ªL: Marcos 9,38-43.45.47-48. Lo importante es hacer el bien, sin importar quien lo haga

 

I:  El texto del evangelio que leemos a continuación nos presenta tres temas importantes: el primero hace una advertencia a los/as discípulos/as para que no impidan que personas que no pertenecen al grupo de los/as que andan con Jesús puedan expulsar a los espíritus en nombre del Maestro. El segundo tema habla de la recompensa que recibirán los/as que dan aunque sea un vaso de agua a los/as discípulos/as de Cristo. El tercero habla de la importancia de alejar de uno todo aquello que es ocasión de pecado.

 

T:  Juan le dijo: “Maestro, vimos a uno que hacía uso de tu Nombre para expulsar a los espíritus malos, pero se lo prohibimos porque no anda con nosotros.” Jesús contestó: “No se lo prohíban, ya que nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí.

            El que no está contra nosotros y nosotras, está con nosotros y nosotras. Y cualquiera que les dé de beber un vaso de agua porque son de Cristo y llevan su nombre, les aseguro que no quedará sin recompensa.

          Si alguno hace tropezar y caer a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor sería para él que le ataran al cuello una gran piedra de moler y lo echaran al mar.

            Y si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtatela. Pues es mejor para ti que entres con una sola mano en la vida, que no con las dos ir a la gehenna, al fuego que no se apaga. Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtatelo, pues es mejor para ti que entres cojo en la vida, que no con los dos pies seas arrojado a la gehenna. Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, sácatelo, pues es mejor para ti que entres con un solo ojo en el Reino de Dios, que no con los dos ser arrojado al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

 

            PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

  1. 1.      ¿Por qué y para qué el Espíritu consagra a los profetas?

       2. ¿Por qué no debemos oponernos a que otras personas puedan realizar la misión profética?

       3. ¿Qué significa escandalizar a las y los pequeños?

 

1.  Profetas que tienen el Espíritu de Dios

 

            En la lectura del libro de los números se nos presenta a Moisés como profeta lleno del Espíritu de Dios. El mismo Dios da su Espíritu a los 70 ancianos que comienzan a profetizar. Sin embargo el Espíritu se posa también sobre dos muchachos que no estaban en la lista ni habían acudido a la tienda del encuentro con Dios. Josué, ayudante de Moisés, pretende que su maestro impida a esos muchachos profetizar; sin embargo Moisés le responde diciendo que ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor (Nm 11,29).

            El Espíritu se nos da para realizar una determinada misión en medio del pueblo de Dios. Y ese Espíritu se da a quien Dios quiere, aunque no pertenezca a nuestra Iglesia,  nuestra congregación, o nuestra comunidad cristiana. Por eso es importante estar atentos/as a lo que el Espíritu quiere decirnos y comunicarnos a través de las distintas personas que él utiliza para comunicarnos su Espíritu, los secretos de su Reino.

            Jesús, el profeta por excelencia se siente también guiado por Dios.  Es el Espíritu el que lo consagra para la misión en el día de su bautismo (Lc 4,21-22);  es el Espíritu el que lo conduce al desierto para prepararse para la misión que se le ha encomendado (Lc 4,1);  es el Espíritu el que lo consagra para la misión de anunciar a los pobres la Buena Nueva, la de proclamar la liberación de los cautivos y la vista a los ciegos… “ (Lc 4,18-19).

            Como Moisés, querríamos que Dios comunicase su Espíritu a todo el pueblo. Quisiéramos que todos/as los/as que formamos parte de las comunidades cristianas tomáramos conciencia de haber sido consagrados/as por el Espíritu para realizar la misión profética. De esta manera tendríamos comunidades e iglesias más comprometidas, más evangélicas, más testigas del amor liberador de Dios en medio de una sociedad estructuralmente injusta.

 

2. La necesaria apertura para compartir la misión

 

            En la lectura del libro de los Números que hemos hecho hoy, Josué quiere que  Moisés prohíba a los dos jóvenes profetizar, porque no han recibido el espíritu a través de Moisés. En el evangelio según Marcos el apóstol Juan prohíbe a uno expulsar los demonios en el nombre de Jesús porque no formaba parte del grupo de los Doce. Jesús le llama la atención: “No se lo impidan, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está con nosotros” (Mc 9,39-40).  Algunos discípulos de Jesús se sienten los únicos responsables de la misión de Jesús, quieren impedir que otros/as actúen en su nombre. Jesús rechaza este celo indebido y esta cerrazón mental frente a quienes no pertenecen al círculo de sus allegados/as; su gracia y su fuerza están más allá de sus seguidores/as inmediatos/as.

            La amplitud de mente de Jesús desafía la tendencia de los/as discípulos/as a sentirse propietarios/as privados del mensaje de Jesús. Y nos sigue desafiando hoy, pues los celos que Jesús observa siguen siendo los nuestros, ante personas que no pertenecen a nuestra Iglesia, a nuestra comunidad cristiana, a nuestra célula,  o no forman parte de nuestro grupo al interior de ella. No tenemos la exclusividad del evangelio. Dios escoge para profeta suyo a quien él quiere y en el momento que él quiere. Lo escoge de la Iglesia que él quiere. Lo importante es hacerlo en el nombre de Jesús y como compromiso con el Proyecto de vida y libertad plenas.

            Hoy en día se da el caso de que en una misma comunidad geográfica puede haber diferentes comunidades cristianas, pertenecientes a diferentes grupos religiosos: evangélicos, bautistas, romanos-católicos, episcopales, adventistas, pentecostales…   Incluso en muchas familias hay personas que pertenecen a diferentes credos religiosos. No debemos poner a pelearnos entre personas que dicen creer en el mismo Maestro. Lo importante es ser signo de su amor, dando frutos de amor y solidaridad, realizando un anuncio evangélico encarnado en la vida de la gente y dando el testimonio que la sociedad espera de nosotros/as, pues por nuestros frutos nos conocerán, no tanto por la iglesia a la que podamos pertenecer.

                       

3. No escandalizar a los/as pequeños/as que creen en Jesús

 

            En el evangelio que hemos leído hoy Jesús está en diálogo con sus seguidores/as más cercanos/as, en Cafarnaún, después de regresar de un viaje misionero. Les ha hablado de la importancia del servicio a los/as últimos/as como signo de fe en el Proyecto de Dios. Les ha invitado a ser abiertos/as; a no creer que por formar parte del grupo de los/as seguidores/as más cercanos/as tienen la exclusividad de la salvación. Ahora les hace una tercera advertencia: tienen que cuidarse de no escandalizar a los “pequeños” que creen en él, no ser ocasión de tropiezo, de caída, de desánimo.

            ¿Quiénes son estos “pequeños”? Podemos suponer que son las personas sencillas que creen en Jesús y que pueden sentirse escandalizadas por la conducta de aquellos y aquellas que son “grandes”, que pertenecen al círculo de los/as más cercanos; es decir, los/as dirigentes de las comunidades. En otras palabras, los/as pequeños pueden sentirse escandalizados/as por la forma como los/as dirigentes ejercen el servicio de la autoridad en las comunidades, en los grupos cristianos, en las iglesias, en las congregaciones.

            Y ¿cuáles son las principales actitudes que pueden escandalizar a los/as “pequeños”, a los/as sencillos/as de las comunidades? El mismo evangelio nos habla de  varios elementos: a) buscar el poder en la comunidad, antes que ponerse en una actitud de servicio. Se trata de buscar ser el primero, antes que el servidor de todos/as. Es tratar a los/as hermanos/as de una forma tirana, olvidando el diálogo como la herramienta más adecuada para resolver los problemas. b) Tener una mente cerrada que defiende que sólo los/as que pertenecen a nuestra Iglesia, a nuestra comunidad, pueden trabajar en el nombre de Jesús. Incluso se puede dar que al interior de las mismas comunidades cristianas surjan grupos separados/as de los/as demás, que creen ser los/as mejores y desprecian a los “pequeños”, a los/as que no pertenecen a su grupo. c) Un tercer elemento que puede escandalizar a los “pequeños” es la búsqueda de intereses económicos en la relación comunitaria. Y cuando se pone al dinero en primer lugar, no se puede crear una verdadera comunidad de servidores/as de los/as pobres, de los/as débiles, de los/as pequeños/as.

            El evangelio de hoy hace un llamado, por tanto, a todas aquellas personas que en las comunidades tienen el servicio de la autoridad: pastores, animadores/as, catequistas… Se les llama a no escandalizar a los pequeños con una conducta inadecuada. Se les invita a convertirse en servidores/as de todos/as y a cuidarse de buscar intereses económicos en el trabajo comunitario. De esta manera, los/as dirigentes se convierten en testigos/as creíbles para los “pequeños”, que son los/as destinatarios/as preferidos/as de la misión salvadora y liberadora de Jesús.

Para la oración de las y los participantes
1. Por todos los hombres y mujeres de la tierra, para que sientan la Fuerza y el Amor con que Dios se hace presente en sus vidas, roguemos al Señor.
2. Por todas las religiones del mundo comprendan que Dios nos llama al diálogo de religiones, porque el Dios único es el que nos mueve y empuja a todos…, roguemos al Señor.
3. Para que todos/as los/as miembros de la comunidad cristiana realicemos nuestra misión profética, roguemos al Señor.  

Exhortación final: Hemos celebrado la fe que fortalece nuestra caminar de cada día. Se nos ha invitado a seguir realizando nuestra misión profética, a defender los derechos de los/as empobrecidos/as y oprimidos/as, a tener una mente abierta que descubra la actuación del Espíritu de Dios en las diferentes personas de las comunidades y a convertirnos en servidores de los pequeños y de los últimos. Sigamos, pues, realizando con alegría la misión que se nos ha encomendado. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDOM) 

C/ 3 No. 9. El Milloncito, Sabana Perdida. Santo Domingo Norte. Rep. Dominicana

Tel/fax. 809-568-8560. E-mail: rebido@gmail.com, rebido07@yahoo.es

Reflexiones bíblicas semanales. Septiembre 2009

 

      SEREMOS JUZGADOS/AS POR UNA LEY DE LIBERTAD B23°O (6-9-2009)

           

ENTRADA: Nos reunimos como comunidades de fe y de compromiso social que tiene un Proyecto de vida y de Salvación para su pueblo. Por eso necesitamos la Palabra divina que guía e ilumina nuestro camino de cada día. Ese anuncio de la Palabra va acompañado con signos y acciones milagros que demuestran que el plan comunitario no se reduce a palabras vacías, sino que es acción, vida plena para todos/as, preocupación por los/as empobrecidos y oprimidos, misericordia con los/as que sufren y lucha por la creación de condiciones de vida humanas.

            Celebremos, pues, la presencia del Espíritu divino que ha hecho de los/as empobrecidos y excluidos herederos/as de su Casa.

 

1ªL: Isaías 35,4-7a: No tengan miedo

 

I: El profeta Isaías quiere animar la esperanza del pueblo de Israel, después que el imperio asirio había destruido el reino del Norte hacia el año 721 a.J. Sólo quedaba el reino del sur, también amenazado de destrucción por el poderoso imperio. En medio de esa situación Isaías intenta dar ánimo a los/as que tienen miedo, anunciando que la salvación divina se hará realidad. Entonces los/as ciegos/as, los/as sordos/as, y los/as cojos/as serán sanados/as y el desierto se convertirá en manantial de agua permanente.

 

T:  Díganles a quienes están asustados y asustadas: “Calma, no tengan miedo, porque ya viene su Dios a vengarse, a darles a ellos su merecido; él mismo viene a salvarlos a ustedes.”

      Entonces los ojos de las personas ciegas se despegarán, y los oídos de las personas sordas se abrirán, los cojos y cojas saltarán como chivos y chivas y la lengua de las y los mudos gritará de alegría.

       Porque en el desierto brotarán chorros de agua, que correrán como ríos por la superficie. La tierra  ardiente se convertirá en una laguna, y el suelo sediento se llenará de manantiales.

 

Salmo 145: El no cambia jamás su lealtad  y su justicia da a las y los oprimidos

 

  • Canta, alma mía, elogios a Yahvé. El no cambia jamás su lealtad  y su justicia da a las personas oprimidas a quienes les proporciona su pan.
  • Libra de sus cadenas a los presos. Abre Yahvé los ojos de los ciegos, endereza a las y los que andan encorvados/as; da Yahvé protección a la gente forastera.
  • El Señor mantiene a huérfanos, huérfanas y viudas. Yahvé siente afecto por las y los buenos, mas desvía el camino de la gente mala. Yahvé dura por siempre,   tu  Dios, oh  Sión, de siglo en siglo.

 

2ªL: Santiago 2,1-5. No hagan diferencia entre las personas.

 

I: En la siguiente lectura Santiago invita a las comunidades cristianas de su tiempo a no hacer diferencia entre las personas; a no juzgarlas con falsos criterios, considerando sólo  las posesiones que tienen o la posición social que ocupan. El escritor bíblico invita a tratar cada persona con la dignidad y el respeto que se merece.

 

T: Hermanos y hermanas: Si realmente creen en nuestro glorioso Señor Cristo Jesús, no hagan diferencia entre las personas. Supónganse que entra a la asamblea de ustedes un hombre con anillo de oro y con ropas lujosas, y que entra también un pobre con ropas sucias.

         Si ustedes fijan la mirada en el que viste ropas lujosas y le dicen: “Siéntate en el primer lugar”, y al pobre:  “Tú quédate de pie, o si no, siéntate en el suelo a mis pies”. Al actuar de tal manera, ¿no estarán haciendo diferencias entre los dos?, ¿no estarían juzgando con pésimos criterios?

         Miren, hermanos y hermanas, ¿no escogió Dios a las y los pobres de este mundo para hacerlos/as ricos/as en la fe? ¿No será para las y los pobres el reino que Dios prometió a quienes lo aman?

 

3ªL: Marcos 7,31-37. Todo lo ha hecho bien

 

I:   En el evangelio que leemos a continuación se nos habla de la curación que Jesús hace de una persona sorda. De esta manera, Jesús demuestra su preocupación y su solidaridad por los/as impedidos/as y por los/as marginados/as física y mentalmente,  haciendo realidad el proyecto de vida justa e inclusiva. La gente del pueblo al ver esto reconoce que Jesús “todo lo ha hecho bien.

 

T: En aquel tiempo, saliendo de la región de Tiro, Jesús pasó por Sidón y, dando la vuelta al lago de Galilea, llegó al  territorio de la Decápolis. Allí le presentaron un sordo que hablaba con dificultad y le pidieron que le impusiera la mano.

          Jesús lo apartó de la gente, le metió los dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Después, mirando al cielo, suspiró y dijo: “Effetá”, que quiere decir: “Abrete”. En seguida se le destaparon los oídos, desapareció el defecto de la lengua y el hombre comenzó a hablar correctamente.

          Jesús les mandó que no lo dijeran a nadie, pero mientras más insistía más lo publicaban. El entusiasmo de la gente era increíble; y decían: “Todo lo ha hecho bien;  los sordos oyen y los mudos hablan.”

 

          PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

  1. ¿Por qué debemos vencer el miedo y creer en el Proyecto de Dios?

2.  ¿Cuáles deben ser las acciones que acompañen el anuncio evangélico?

3. ¿Por qué no debemos discriminar a las personas?

 

1.  No tener miedo y creer en el Proyecto de vida plena

 

            El profeta Isaías (nos referimos al primer Isaías caps. 1-39) realiza su misión profética en la segunda parte del siglo 8º a.C. En su tiempo hay una situación socio-política difícil puesto que el poderoso imperio asirio quiere someter a todos los pueblos bajo su dominio. El reino de Israel y el reino de Aram (Siria) intentan unirse para hacer frente al invasor asirio. Quieren obligar al reino de Judá a unirse a ellos. Sin embargo, el profeta Isaías entiende que se trata de un suicidio. Sugiere que es preferible pagar tributo al imperio que enfrentarlo. De hecho en el año 721 a.C. es destruido el reino de Israel, mientras que el reino de Judá permanece hasta la destrucción de Jerusalén en el 587 a.C. por manos de los babilonios.

            En medio de esa situación el profeta invita a su pueblo a no tener miedo a lo que pueda hacer el poderoso imperio asirio; estimula a seguir confiando en el Dios que está en medio de su pueblo y que permite el nacimiento de un niño, hijo del rey  Ajaz  (736-716), que será el rey Ezequías (716-687) y que es el signo de la presencia de Dios en medio de su pueblo: “El Señor les dará esta señal: la muchacha está embarazada y da a luz un varón a quien le pone el nombre de Emmanuel” (Is 7,14).

            Ante las amenazas de un poderoso imperio el signo de la presencia de Dios en medio de su pueblo es un niño indefenso, pero que será uno de los pocos reyes de Israel que fueron fieles al Proyecto de Yavé y que se distinguió por su conducta apegada a los mandamientos del Dios liberador.

            Hoy como ayer, nuestro Dios nos sigue invitando a arrancar de raíz el miedo; nos exige que sigamos adelante en nuestro intento de ser signos de su amor misericordioso y liberador. El nos invita a confiar en la fuerza que nace de lo débil, con la conciencia clara de que El está en medio de su pueblo animando nuestra débil esperanza y nuestras luchas por defender la vida, la ecología, la salud, la educación, la alimentación y la vida digna para nuestro pueblo.

 

2.  La gente empobrecida y excluida es evangelizada

 

            El Proyecto de vida de las y los seguidores de Jesús es un plan de salvación y de vida. Por eso el anuncio de la Palabra divina va acompañado en los profetas y sobre todo en la persona de Jesús de signos, milagros y prodigios en favor de la gente marginada y necesitada.

            El profeta Isaías en la primera lectura que hemos hecho hoy anuncia la salvación de Dios y como signo de que ésta se está realizando los/as impedidos/as físicos/as: ciegos/as, sordos/as, cojos/as recuperan sus sentidos vitales. En el evangelio que hemos leído hoy Jesús realiza un milagro ayudando a un sordo-mudo a oír y a hablar.

            La salvación divina no sólo se manifiesta en las personas, sino también en la naturaleza, en donde el desierto se convierte en piscina y el suelo sediento en manantial de agua. De esta manera renace la vida por la intervención de Dios en medio de su pueblo.

            Para la mentalidad de la época de Jesús la sordera y la mudez (probablemente de nacimiento) pertenecen al tipo de enfermedades que son consideradas  como un castigo. Quienes las sufren son vistos/as como pecadores/as o como hijos/as de pecadores/as (léase Jn 9,24-34). Jesús al abrir los oídos y soltar la lengua de aquel hombre que le había sido presentado le devuelve la salud, deja de ser un enfermo. Pero al mismo tiempo lo reintegra a la vida social y al disfrute de sus derechos civiles y religiosos; en definitiva deja de ser un marginado.         

            En la carta de Santiago que hemos leído, el escritor bíblico se hace una pregunta que tiene el sentido de una clara afirmación: “¿Acaso no ha escogido Dios a los pobres según el mundo para ser ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que le aman?”(St 2,5). Y en la misma carta se nos dice quiénes son estos pobres: son aquellos/as que son oprimidos/as por los ricos y que son arrastrados a los tribunales en donde se realizan juicios arreglados en favor de los que tienen poder económico (St 2,6).  Estos/as pobres además están abiertos/as a la fe; consideran la fe como su principal riqueza;  por ello son amados/as por Dios.

            Los/as pobres y oprimidos/as, abiertos/as a la Palabra de Dios se convierten en herederos/as del proyecto de vida feliz que Dios prometió a los/as que lo aman. Por eso Jesús declara: “Felices los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios” (Lc 6,20). Y amar a Dios significa envolver la vida con seriedad en su Proyecto de vida y de salvación.

            Como comunidad de personas, abiertas a la Palabra salvadora de Jesús, se nos pide solidaridad con aquellas personas que sufren en su cuerpo y en la sociedad el hambre y la enfermedad, así como la marginación y la explotación; realidades que están en contra del Proyecto de Dios. Como creyentes tenemos que luchar contra todo aquello que impide que las personas puedan vivir en la libertad de las hijas y los hijos de Dios. Por eso Santiago nos dice: “Hablen y obren como quienes han de ser juzgados por una ley de libertad” (St 2,12).

           

 

3.  No hacer diferencias entre las personas por su condición personal o social

 

            Santiago nos presenta un ejemplo tomado de la vida real del pueblo de Israel, aunque él lo presenta como una suposición. Se trata de la forma diferente de tratar a las personas según su condición social. Al rico se le pone atención, mientras que el pobre no es tomado en cuenta. Actuar así es, para el escritor bíblico, ser jueces de pensamientos malvados; es decir, juzgar con pésimos criterios. De esa manera se imita la conducta de aquellos jueces que en el tribunal dan sentencias en favor de los ricos, perjudicando a los/as pobres.

            Convertirse en jueces de pensamientos malvados es privilegiar al rico porque tiene dinero, porque puede comprar la sentencia de los jueces, o porque nos puede conseguir un puesto de trabajo, o porque, con tráfico de influencia, puede “ayudar” a una persona, o puede influir para que algunos/as de los/as pobres consigan un trabajo en  el gobierno o pasen a formar parte de la clase social a la que él pertenece.

            El apóstol nos recuerda que actuar con pésimos criterios es juzgar poniendo en primer lugar el propio interés. Es  olvidar la invitación a hablar y a actuar como quienes han de ser juzgados/as, por el Dios liberador, con una ley de libertad.

            La clave para conocer si nuestros juicios son adecuados es si en ellos reflejamos la misericordia y la compasión por los/as hermanos/as que sufren. Si lo que nos mueve es el propio interés, la propia fama, el propio prestigio, y no el mandato del amor que exige compasión, estaremos actuando como aquellos/as que son guiados/as por una ley de esclavitud.

            Como comunidad de fe se nos pide no dejarnos contaminar por la mentalidad de esta sociedad neo-liberal en donde lo que cuenta es el dinero y el libre mercado que beneficia a unos/as pocos/as, en donde se trata a las personas según la posición social que ocupe o según los bienes que posea. A nosotros/as se nos invita a tener compasión con aquellas y aquellos que son oprimidos/as, que no son tomados/as en cuenta, con la conciencia clara de que seremos juzgados/as por una ley de libertad y de misericordia con los/as hermanos/as que sufren: “Habrá juicio sin misericordia para quien no haya sido misericordioso; los misericordiosos no tienen por qué temer al juicio” (St 2,13).

 

Para la oración de las y los participantes:

 

  1. Por la Iglesia de Jesús, extendida por todo el mundo, para que sepa siempre vencer el miedo que le impide realizar su misión liberadora. Recemos.
  2. Para que asumamos la misión de Jesús de evangelizar a los/as más pobres. Recemos.
  3. 3.     Para que tratemos con respeto y cariño a todas las personas, sin importar su procedencia o posición social. Recemos.

 

Exhortación final: Hemos celebrado la fe que da sentido a nuestra vida. La Palabra divina nos ha invitado a asumir con responsabilidad el trabajo que se nos ha encomendado, imitando su misericordia para con los/as pequeños/as y los/as empobrecidos. Ahora nos toca continuar, con nuevo entusiasmo, el camino de fe que hemos comenzado, sabiendo que  vamos a ser juzgados/as por una ley de libertad y de misericordia (St 2,12).

 


                         LA FE SIN OBRAS ESTA MUERTA  B24°O (13-9-2009)

 

ENTRADA: Nos hemos reunido en este día porque compartimos la misma fe y la misma esperanza. La Palabra divina nos va a decir que es necesario demostrar nuestra fe asumiendo el compromiso cotidiano y realizando acciones solidarias en favor de los/as hermanos/as más necesitados/as y oprimidos/as. Ahí descubrimos un verdadero sentido para vivir en la libertad de los hijos e hijas de Dios.

            Aprovechemos esta celebración para agradecer al Dios de Jesús que nos dio el don precioso de la fe y que cada día nos fortalece para resistir, para no echarnos atrás y continuar en el camino de salvación y liberación que hemos tomado.

 

1ªL: Isaías 50, 5-9a. No me resistí ni me eché atrás

 

I: Leemos a continuación una parte del llamado tercer cántico del Servidor de Yahvé escrito por un profeta que se le suele llamar el Segundo Isaías (Is 40-55). Este poema nos habla de la fe de aquella comunidad judía que estaba esclavizada en Babilonia. Ante los maltratos y dificultades el/la servidor/a de un proyecto de vida y libertad resiste sin echarse atrás, con la conciencia clara de que cuenta con la ayuda divina que lo fortalece en la lucha contra sus opresores.

 

T: Yahvé me ha abierto los oídos y yo no me resistí ni me eché atrás. He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban, mis mejillas a quienes me arrancaban los pelos de mi barba, y no oculté mi rostro ante las injurias y los salivazos.

          Yahvé viene en mi ayuda y por eso me molestan las ofensas. Por eso puse mi cara dura como piedra. Yo sé que no seré engañado, cerca está el que me hace justicia. ¿Quién quiere meterme pleito? ¡Presentémonos juntos y juntas! ¿Quién es mi demandante? ¡Que se acerque a mí! Si Yahvé me ayuda, ¿quién podrá condenarme? Todos y todas se harán tiras como un vestido gastado, y la polilla se las y los comerá.

 

Salmo 114: Ha librado mi vida de la muerte

 

  • Amo a Yahvé porque escucha el clamor de mi plegaria, porque inclinó hacia mí su oído el día en que lo llamé.
  • Me apretaron los lazos de la muerte, las redes del sepulcro; me ahogaban la angustia y el fastidio,  pero invoqué a Yahvé: “¡salva, oh Yahvé, mi vida!”
  • Yahvé es muy justo y compasivo, nuestro Dios está lleno de ternura; defiende a

Las y los pequeños; estaba yo sin fuerza y me salvó.

  • Ha librado mi vida de la muerte, de las lágrimas mis ojos y mis pies de andar dando tropezones. Caminaré en presencia del Señor en la tierra que habitan las y los vivientes    

 

2ªL:  Santiago 2,14-18. La fe sin obras está muerta

 

I:  Continuamos esta semana leyendo la carta de Santiago. En el texto que leemos hoy, hay una relación directa entre la fe y las obras. La fe se demuestra con las obras en beneficio de los/as empobrecidos/as que pasan hambre, que están desnudos/as, que no tienen las condiciones mínimas para vivir dignamente. No bastan las palabras; la fe exige la acción solidaria con los/as hermanos/as como lo hizo Jesús.

 

T: Hermanos y hermanas: ¿Qué provecho saca uno cuando dice que tiene fe, pero no la demuestra con su manera de actuar? ¿Será esa fe la que lo salvará? Si a un hermano o a una hermana les falta la ropa y el pan de cada día, y uno de ustedes le dice: “Que les vaya bien; que no sientan frío ni hambre”, sin darles lo que necesitan, ¿de qué les sirve? Así pasa con la fe: si no se demuestra por la manera de actuar, está completamente muerta.

            Y sería fácil rebatir a cualquiera: “Tú tienes la fe y yo hago el bien; ¿dónde está tu fe, que no produce nada? Yo por mi parte te mostraré mi fe por el bien que hago”.

 

3ªL: Marcos 8,27-35. Eres un profeta

 

I:   Mientras está haciendo un recorrido evangelizador por el norte del país, Jesús quiere ayudar a sus discípulos/as a fortalecer la fe en él. Primero pregunta quién es él para la gente; luego pide también la opinión que ellos/as tienen sobre él. Pedro declara su fe en él y Jesús intenta hacerle entender que él será otro tipo de Mesías al esperado. El sufrimiento solidario será el camino escogido por Jesús, el que traerá la vida verdadera para todo el pueblo de Dios.

 

T:   En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Ellos contestaron: “Algunos dicen que eres Juan Bautista; otros, que Elías; otros, que eres algunos de los profetas.”

          El, entonces, les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Pedro le contestó: “Tú eres el Cristo.”  Pero Jesús les dijo con firmeza: “No se lo digan a nadie.”

          Luego comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los notables, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley; que iba a ser condenado a muerte y que resucitaría después de tres días.

          Hablaba con mucha claridad. Debido a eso, Pedro lo llevó aparte y comenzó a regañarlo. En cierto momento Jesús se dio vuelta y vio a sus discípulos. Entonces reprendió a Pedro con estas palabras: “¡Detrás de mí, Satanás! Tú no piensas como Dios, sino como los hombres.”

          Luego llamó no solamente a sus discípulos, sino a toda la gente, y les dijo: “Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y sígame. Pues quien quiera asegurar su vida la perderá; y quien sacrifique su vida por mí y por el Evangelio, se salvará.

 

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

  1. 1.      ¿Quién es Jesús para nosotros y nosotras?
  2. 2.      ¿Cuáles son los compromisos que tiene el/la discípulo/a de Jesús?
  3. 3.      ¿Por qué la fe sin obras es muerta?

 

 

           

1. Jesús consagrado para un proyecto de salvación y liberación   

 

            Jesús está con sus discípulos/as en los pueblos cercanos a Cesarea de Felipe, que era la ciudad principal del pequeño reino de Herodes Felipe, el hijo del Herodes el grande. Era tierra considerada pagana, aunque había sido conquistada por Herodes. Allí Jesús  interroga a sus discípulos/as sobre su fe en él. Jesús en primer lugar les pregunta lo que dice la gente sobre él. Para la gente del pueblo Jesús es uno de los grandes profetas de Israel: Juan Bautista, Elías (Mc 8,28) o Jeremías (Mt 16,14). Es importante destacar el hecho de que Jesús es comparado con tres profetas que se distinguieron por su fidelidad al Proyecto de Dios y por los continuos sufrimientos y conflictos en los que se vieron envueltos, por ser fieles a la vocación recibida. Jesús, está por tanto, en la línea de los grandes profetas de Israel.

            Sin embargo Jesús cuestiona a sus discípulos/as sobre una opinión personal. No bastaba con repetir lo que la gente decía; se hacía necesario tomar una decisión con relación a Jesús como Maestro. Pedro, en nombre de sus compañeros/as afirma: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo” (Mt 16,16).

            Sin embargo no se trata del Mesías que ellos y ellas esperaban: que sería un rey poderoso que implantaría la justicia y defendería así los derechos de los pobres y oprimidos.  Ese rey tendría el poder también para liberar al pueblo del dominio romano. Este Mesías es diferente: no tendrá poder terrenal más que el que viene de su Palabra comprometida y de sus acciones solidarias en favor de la gente.  Asumirá el sufrimiento  solidario y liberador como opción necesaria para llevar adelante el Proyecto que le ha sido encomendado.

            Jesús mismo va a  declararse como Hijo de Dios y como Mesías. De hecho cuando fue juzgado por el Sanedrín judío el Sumo Sacerdote le preguntó: “Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito”(Mc 14,61).  Jesús respondió afirmativamente y el Sumo Sacerdote lo consideró como un blasfemo y creyó que tal declaración era suficiente prueba para condenarlo a la muerte.

            Pedro no entiende la declaración de Jesús. Esta era contraria a lo que él tenía pensado. Intenta convencer a Jesús de que cambie de idea. Sin embargo, el Maestro le llama a la atención y le hace ver que no ha entendido realmente cuál es la misión del enviado del Padre.

            Hoy como ayer estamos llamados/as a fortalecer nuestra fe en Jesús, el consagrado por Dios, el Hijo de Dios que anuncia un mensaje de fraternidad y que quiere que nos convirtamos en discípulos/as que asuman el compromiso del Reino, con la conciencia clara del sacrificio que ello conlleva.

 

2. El compromiso de ser discípulo/a de Jesús

 

            Cuando Pedro intenta convencer a Jesús de que no acepte ser un Mesías que tenga que pasar por el sufrimiento para realizar su misión, éste le dice: “¡Detrás de mí, Satanás!” (Mc 8,33). La respuesta de Jesús podemos entenderla como un regaño del Maestro hacia uno de sus discípulos preferidos, hasta el punto de identificarlo con el diablo. Sin embargo, al mismo tiempo le invita a venir detrás de él, a convertirse en discípulo que entienda el camino del sufrimiento solidario y liberador como la vía necesaria para realizar el Proyecto que Dios ha encomendado a Jesús y a sus seguidores/as. Jesús quiere que Pedro recupere su puesto de discípulo, sin ser un obstáculo en el camino. Cree que Pedro puede retomar su condición de seguidor suyo. Jesús rechaza la postura de Pedro, no a la persona; al contrario, le hace ver que a pesar de todo confía en él.

            La condición para convertirse en discípulo/a es tomar la cruz del Maestro: “Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y sígame. Pues quien quiera asegurar su vida la perderá; y quien sacrifique su vida por mí y por el Evangelio, se salvará” (Mc 8,35).

            El seguimiento de Jesús supone, entonces, una decisión firme por tomar su cruz, su camino de sufrimiento y de dolor. Supone, como expresaba el siervo de Dios en la primera lectura, no echarse atrás antes aquellos/as que incluso maltratan al seguidor de Dios, por su fidelidad al Proyecto de Dios.

            No se acepta la cruz, sin embargo, por puro amor al sufrimiento. Para Jesús el sufrimiento por la causa del Evangelio es el camino que conduce a la vida verdadera. Sólo quien es capaz de sacrificar la vida por Jesús y el Evangelio puede salvarse, es decir tener vida en plenitud.

            Como comunidad de fe y de solidaridad conocemos lo difícil que es ser creyente fiel al Proyecto de Dios, aun cuando tengamos dificultades y persecuciones, conflictos, problemas en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestras iglesias, en nuestras organizaciones comunitarias. Sin embargo, en ese camino estamos conscientes de que sólo desde el sacrificio que crea mejor vida para los/as demás, nuestras vidas tienen verdadero sentido.

           

3.  La fe sin obras está muerta

           

            La fe en Jesucristo no puede quedarse en la simple confesión. Tiene que ir acompañada de acciones concretas que demuestren nuestro compromiso con el Proyecto salvador y liberador de Dios. Por eso afirma Santiago que la fe sin obra no salva, no da vida (St 2,14). Pero podríamos decir también que la creencia en Dios sin obras no es verdadera fe. 

            La fe en Dios se demuestra en la relación que se establece entre la persona creyente, Dios y los/as hermanos/as, sobre todo aquellos/as más necesitados/as y débiles.  Por eso Santiago pone como ejemplo de necesitado/a a un hermano o hermana que pasa hambre, que no tiene ropa; es decir, a quienes no tienen lo indispensable para sobrevivir. La fe tiene, por tanto, que ver con aquellos/as hermanos/as que no tienen las mínimas condiciones para vivir dignamente. Ante esa situación no basta con decir palabras bonitas; es necesario acompañar el discurso con acciones de solidaridad y que promuevan el cambio de estructuras injustas.

            Por los frutos de amor, y por nuestro grado de solidaridad con los/as que sufren y no tienen lo necesario para vivir, demostramos la fe en el Dios defensor de los/as débiles. El nos va a juzgar precisamente por eso. En el día que nos presentemos ante él nos pedirá cuenta. Incluso habrá gente que no se mostró creyente durante su vida, pero fue solidaria con los/as más empobrecidos/as. Esos/as serán recibidos/as en la casa del Padre común, porque mostrando su solidaridad con los/as más débiles, demostraron su fe en el Dios Padre/Madre de los/as empobrecidos/as (Mt 25,31-46).

            Como comunidad de creyentes se nos invita a entender la fe como una relación de amor con Dios y con los/as hermanos/as. Y “obras son amores” dice el refrán popular. Solo desde la solidaridad concreta con las personas que necesitan de nuestra ayuda podemos demostrar nuestra fe en el Jesús cuya misión fue anunciar el Evangelio de salvación a los/as pobres, y realizar acciones solidarias al servicio de todas aquellas personas que necesitaron de su ayuda.

 

Para la oración de las y los participantes:

 

  1. Para que Jesús y el Proyecto del Dios Madre y Padre estén en el centro de nuestras vidas y de nuestras preocupaciones. Recemos.
  2. Para que asumamos nuestro compromiso como seguidores/as de Jesús. Recemos.
  3. 3.     Para que sepamos demostrar nuestra fe con obras de amor y de solidaridad. Recemos.

 

Exhortación final: La Palabra escuchada en el día de hoy nos ha invitado a fortalecer la fe en Jesús y en el proyecto de vida y de justicia que él anunció y con el que se comprometió. Se nos invita a convertirnos en discípulos/as que tomen su cruz, encontrando así un verdadero sentido para vivir. Esa fe tiene que mostrarse con obras concretas de amor solidario, y se fortalece cada día con la conciencia de que Dios ayuda y sostiene en medio del camino de fe y solidaridad que hemos tomado.

 

 


CONVERTIRSE EN SERVIDORES/AS DE TODOS/AS  B25O (20-9-09)

 

ENTRADA: Nos reunimos como integrantes de una misma comunidad para escuchar juntos/as la Palabra divina que nos ayuda a descubrir el verdadero camino que nos conduce a la búsqueda de la sabiduría para saber juzgar los acontecimientos con criterios evangélicos. Al escuchar la Palabra e intentar vivir según su propuesta descubrimos el Proyecto de vida anunciado por Jesús que nos invita a convertirnos en servidores y servidoras de todas las personas, sobre todo de los/as excluidos y empobrecidos de la sociedad.

         

1ªL:   Sabiduría 2,12.17-20. Buscar la verdadera sabiduría

 

I: En el texto que leemos a continuación se afirma que las y los malos y  opresores conspiran contra la vida de las personas justas, de las y los empobrecidos, de las viudas, porque se oponen a su forma de actuar. Estos y éstas deciden humillar y atormentar a las personas que actúan con justicia para probar su fidelidad y su paciencia.

 

T:  Se dijeron las personas malas: “Persigamos a la persona justa, que nos molesta y que se opone a nuestra forma de actuar, pues nos echa en cara las faltas contra la Ley y nos reprocha el no comportarnos conforme a nuestra educación.

          Comprobemos si lo que dice es verdad y veamos lo que le sucederá al final; si el justo es hijo de Dios, él le ayudará y lo librará de sus enemigos.

          Humillémoslo y atormentémoslo para conocer hasta qué punto se mantendrá firme y para probar su paciencia; condenémoslo a una muerte humillante, ya que, según él, Dios intervendrá en su favor.”

 

Salmo 53: Yahvé sostiene mi vida

 

*    Oh Dios mío, sálvame por tu Nombre; hazme justicia por tu poder. Dios mío, escucha mi plegaria, escucha las palabras de mi boca.

 

*    Porque se alzan contra mí los soberbios, y los violentos buscan mi muerte: hombres para los cuales no cuenta Dios. Pero a mí Dios me ayuda; Yahvé viene en apoyo de mi vida.

 

2ªL: Santiago 3,16-4,3. Buscar la sabiduría que viene de arriba

 

I: El texto de Santiago nos invita a descubrir las cualidades que identifican a las personas que son verdaderamente sabias. La presencia de la envidia, de las ambiciones, de la búsqueda desordenada del placer, son signos de falta de cordura, de buen juicio, mientras que la sabiduría que viene de Dios produce paz, tolerancia, comprensión, compasión, misericordia, y justicia.

         

T: Hermanas y hermanos: Donde hay envidia y ambiciones, habrá desorden y acciones malas de toda clase, mientras que la sabiduría que viene de arriba es rectitud, paz, tolerancia y compresión. Está llena de compasión y produce buenas obras. No es parcial ni hipócrita. La justicia se siembra en la paz y da su fruto a las y los artesanos de la paz.

          ¿De dónde vienen esas guerras, de dónde esos conflictos entre ustedes? ¿Quién hace la guerra sino los malos deseos que tienen dentro? Cuando se les niega lo que codician, ustedes matan. Cuando no consiguen lo que codician, ustedes discuten y pelean. En realidad, ustedes no tienen porque no piden. Y si piden algo, no lo consiguen porque piden con la mala intención de derrocharlo después en sus placeres.  

 

3ªL: Marcos 9,30-37. Hacerse servidor y servidora de todos y de todas

 

I: Mientras Jesús habla a sus discípulos y discípulas de su entrega sacrificada, éstos y éstas se ponen a discutir sobre cuál era el más importante entre ellos y ellas, buscando puestos y poder.  Jesús propone el camino del servicio que exige acoger, en el nombre de Jesús, a las y los pequeños y a las y los últimos de la sociedad. En esto consiste la verdadera sabiduría.

         

T: Al salir de allí atravesaron la Galilea sin detenerse. Jesús no quería que nadie lo supiera, porque iba enseñando a sus discípulos y discípulas. Y les decía: “El Hijo del Hombre va a ser entregado en mano de gente que le dará muerte; y, a los tres días de muerto, resucitará.” Pero ellos y ellas no entendían lo que les decía y tenían miedo de preguntarle.

          Llegaron a Cafarnaún y, una vez en casa, Jesús les preguntó: “¿Qué venían discutiendo por el camino?” Ellos y ellas se quedaron callados y calladas, porque habían discutido entre sí cuál era la persona más importante entre todos y todas.

          Entonces se sentó, llamó a los Doce y les dijo: “Si alguno quiere ser el primero, que se haga el último y el servidor de todos y todas” Y, tomando a un niño, lo puso entre ellos, lo estrechó entre sus brazos y les dijo: “El que recibe a un niño como éste en mi Nombre, a mí me recibe; y el que me recibe, no me recibe a mí, sino al que me envió.”

         

 

          PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

            ¿Por qué el justo resulta molestoso?

            ¿Por qué la verdadera sabiduría se demuestra con las obras?

            ¿Quién es el mayor y el más importante para Jesús?

 

1. El justo que resulta molestoso

 

            La primera lectura que hemos hecho hoy nos habla de la búsqueda de la verdadera sabiduría. Y nos presenta un conflicto entre las personas injustas y las personas justas. Según el texto de Sab 2,1-3,12 los/as malos/as se caracterizan por llevar una vida de orgías y de placeres (Sab 2,7-9), por oprimir al justo pobre (Sab 2,10), por no respetar a la viuda ni a las y los ancianos (2,10); no conocen los secretos divinos ni esperan recompensa en la otra vida (Sab 2,22-24). Las personas justas, en cambio, están en las manos de Dios;  su esperanza está llena de inmortalidad. Ellos y ellas juzgarán a las naciones. Por ser fieles permanecerán junto e a El en el amor (Sab 3,7-9).

            Las personas impías no soportan a las personas justas, por eso se dedican a perseguirlos, pues les resultan molestosos ya que se opone a su forma de actuar y de vivir. Deciden entonces humillar a las personas justas y atormentarlos poniendo la excusa de querer probar su firmeza y su paciencia. Al final deciden la muerte de la persona justa.

Los impíos, no obstante recibirán la recompensa por su actuar. Por eso se dice que: “Desgraciados los que desprecian la sabiduría y la instrucción; vana es su esperanza, sin provecho sus fatigas, inútiles sus obras; sus mujeres son insensatas, malvados sus hijos, maldita su posteridad” (Sab 3,11).

            También hoy las y los injustos persiguen a las personas justas y no pueden soportar su palabra. Por eso tenemos tantos mártires en la historia del cristianismo; por eso tenemos tantas mujeres y tantos hombre asesinados/as en las últimas dos décadas en América Latina y el Caribe, como también en nuestro país. Ante eso, los que tienen poder deciden la muerte de los/as profetas. Pero su testimonio se convierte en fuente de luz y de verdadera sabiduría para el caminar de nuestras comunidades cristianas.

           

2. La sabiduría se demuestra con las obras

 

            Santiago nos invita a buscar la sabiduría que viene de lo alto. Y no se trata sólo de una postura interior; ella debe traducirse en obras, en “buenos frutos”. Son frutos de justicia, resultado de la acción de aquellos y aquellas que construyen la paz, que se realiza en la lucha cotidiana por la justicia. Esa debe ser la sabiduría que deben mostrar los/as discípulos de Jesús, sin la hipocresía de quienes dicen ser servidores/as del pueblo cuando en verdad ejercen la autoridad en su propio beneficio.

            La sabiduría y la experiencia se demuestran con la realización de las buenas obras. En la sociedad en que vivimos es tenido por sabio/a e inteligente quien tiene la capacidad de enriquecerse y de buscar puestos de poder y de prestigio sin tener en cuenta los medios que se utilicen para llegar ahí. La verdadera sabiduría exige, pues,  evitar las envidias, la codicia y las ambiciones en el corazón, sin considerarnos superiores a los demás.

            De los malos deseos que están en el interior de nuestros corazones vienen también los conflictos y las polémicas que impiden la realización de una convivencia armónica y pacífica. Por eso afirma Santiago que la sabiduría que viene de arriba es rectitud, es comprensión, es compasión y lleva a la realización de buenas obras.

            Como comunidad cristiana demostramos nuestra sabiduría si somos capaces de realizar acciones que creen mejores condiciones de vida para las personas que viven a nuestro alrededor. Si estamos comprometidos/as con la justicia, seremos sembradores de la paz.  Para poder ser sabios/as necesitamos la luz del Espíritu de Dios. Por eso cada día debemos pedir la luz de Dios que nos guía por caminos de amor y de justicia.

           

3. No pelearse por buscar puestos de mando

 

            El evangelista Marcos recuerda con frecuencia lo difícil que fue para el grupo de los Doce apóstoles creer en Jesús y aceptar las exigencias de su seguimiento. “Ellos, dice, no entendían lo que les decía y temían preguntarle” (9,32). Jesús se propone ayudarlos a entender cuál debe ser su postura ante el tema del poder y la autoridad en el grupo de los/as seguidores de Jesús. No obstante, los discípulos “callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor” (Mc 9,34). Tenemos que tener en cuenta que ser compañeros cercanos de una maestro seguido por la multitud ya era un prestigio para estos humildes campesinos de Galilea; se preguntan ahora, en medio de su confusión, qué lugar tendrán cada uno en el Reino que Jesús promete instaurar. Es más, cada uno codicia la mejor tajada.

            Aun cuando el grupo de seguidores y seguidoras de Jesús tuvo que irse convenciendo que el Reino de Jesús no era de este mundo, y que por lo tanto se trataba de una transformación en el orden religioso, incluso en ese terreno surge la ambición del prestigio y del poder.

            La búsqueda de honores, el deseo de ser el centro de las decisiones, el orgullo por la autoridad que se tiene, son tentaciones existentes al interior de nuestras mismas comunidades cristianas. Se trata de una profunda perversión del mensaje de Jesús que nos recuerda que lo que debe caracterizar a sus seguidores/as es ser “el último de todos y el servidor de todos” (Mc 9,35).

 

4.       El servicio a los/as excluidos y empobrecidos/as        

 

            En un gesto de tipo profético Jesús toma un niño; es decir alguien a quien los adultos no valoraban, y afirma su identificación con él. Quien recibe a un “insignificante” lo recibe a él mismo y a su Padre (Mc 9,36-37). Este texto nos recuerda el célebre Mt 25,31-46, del juicio final, en el que Jesús nos dice que seremos juzgados por nuestra grado de solidaridad con los/as últimos/as, con los/as insignificantes para la sociedad neo-liberal en que vivimos, pero que son los/as primeros/as destinatarios/as del mensaje de Jesús y su acción solidaria en favor de los/as últimos/as de la sociedad.

            A los discípulos y discípulas de Jesús que buscan prestigio y poder se les invita a cambiar de mentalidad y de actitud: “Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos y todas” (Mc 9,35). Para Jesús, por tanto, lo que cuenta es la capacidad de colocarse en el lugar de los/as últimos/as, de las personas excluidas, de los/as que no cuentan, y desde su situación, intentar comprender su dolor, su angustia. Sólo así podremos convertirnos en servidores de los/as débiles y los/as empobrecidos/as.

            La verdadera autoridad es la que nace de la capacidad de servicio. Quien busca el poder por el poder, no sirve para ser seguidor de Jesús. Sólo los/as que entienden el poder como servicio están en disposición de ser seguidores/as del Maestro que afirmó que no vino para ser servido, sino para servir.

            Como comunidades de fe y de servicio necesitamos revisarnos a nivel personal y a nivel comunitario. ¿Estamos buscando puestos, prestigio, fama, poder? ¿Estamos de veras sirviendo a los/as últimos/as de la sociedad, a los/as débiles? ¿O estamos apoyando a aquellos/as que utilizan a los/as débiles para sus propios intereses egoístas? ¿De parte de quién estamos realmente? En definitiva, el servicio a todos/as debe comenzar por el servicio a los/as últimos/as de la sociedad.

           

Exhortación final: La Palabra de Dios nos ha invitado hoy a buscar la verdadera sabiduría. Esta consiste en buscar y asumir un compromiso con el proyecto de vida y justicia propuesto por Jesús, ser sembradores/as de paz, de justicia y convertirnos en servidores/as de los/as últimos/as de la sociedad. En este camino nos encontraremos con dificultades y conflictos. Pero no hay que tener miedo, pues somos seguidores/as de un Maestro que ha vencido al mundo y al mal.


 

OJALA QUE TODOS Y TODAS  FUERAN PROFETAS  B26°O (27-9-09)

 

ENTRADA: Formamos parte de una comunidad de profetas que están llamados y llamadas a anunciar el mensaje liberador de la Palabra de Dios y a servir a los/as últimos/as de la sociedad en que vivimos. Para realizar esa misión necesitamos el alimento del pan y la Palabra de nuestro Dios. Por eso nos reunimos en este día, para compartir como hermanos y hermanas, y sentirnos acompañados y acompañadas en este camino de fe y de solidaridad. Celebremos, pues, con alegría, la presencia de Jesús, el verdadero profeta, en nuestra comunidad de fe y esperanza y solidaridad.

 

1ªL:   Números 11,25-29. Ojalá que todo el pueblo fuera profeta

 

I:  En el camino a la tierra prometida Moisés comunica a los ancianos el  Espíritu de Dios que los impulsa a profetizar. Sin embargo el espíritu reposa también sobre dos personas que no estaban en la lista escogida por Moisés. Y aunque Josué, ayudante de Moisés, solicita que se les prohíba a estos dos realizar la misión profética, Moisés se niega afirmando que desearía que todo el pueblo fuese profeta del pueblo liberado de la esclavitud de Egipto.

 

T:  Entonces Yavé descendió en la Nube y habló con Moisés. Tomó del espíritu que reposaba sobre Moisés y se lo dio a los setenta jefes. Y cuando el espíritu reposó sobre ellos, se pusieron a profetizar. Pero ya no lo volvieron a hacer más.

            Habían quedado en el campamento dos hombres, uno llamado Eldad y el otro Medad. También sobre ellos reposó el espíritu, pues aunque no habían ido a la Tienda, eran de los elegidos. Y se pusieron a profetizar en el campamento.

            Al verlo, un muchacho corrió a avisar a Moisés que Eldad y Medad estaban profetizando en el  campamento. Josué, hijo de Nun, que desde su juventud había  servido a Moisés, dijo: “Mi señor, Moisés, prohíbeselo.”

            Moisés le respondió: “¿Así que te pones celoso por mí? ¡Ojalá que Yavé comunicara su Espíritu a todo el pueblo y profetizaran!”

 

Salmo 18: Ciertas son sus palabras y al ignorante enseñan

 

*          Le Ley de Dios es buena, consuelo para el alma; ciertas son sus palabras y al ignorante enseñan.

*          Los juicios de Yahvé son siempre iguales para todos y todas. También tu servidor en ellos se fija, guardar tus mandamientos es para mí una riqueza.

*          Guárdame también de la soberbia, que nunca instale en mí su dominio. Entonces seré una persona perfecta, y limpia del pecado más grave.

 

2ªL: Santiago 5,1-6. Han vivido en este mundo con lujo y entregados al placer

 

I: Santiago denuncia en el texto que leemos hoy a los ricos que tienen bienes  acumulados que se están pudriendo, oro y plata que se han oxidado. Sólo buscan el lujo y el placer, mientras que no pagan el justo salario a sus obreros y obreras y llegan hasta matar a las personas inocentes, con tal de defender  su dinero y sus intereses.

           

T:  Pues bien, ahora les toca a las y los ricos. Lloren y laméntense por las desgracias que les vienen encima. Sus reservas se han podrido y sus vestidos están comidos por la polilla. De repente se oxidaron su oro y su plata; el óxido se transforma en acusador ante Dios y llega a ser fuego que a ustedes les quema las carnes. ¿Cómo pudieron hacer reservas en los últimos tiempos?

            Unos trabajadores vinieron a cosechar sus campos y ustedes no les pagaron, ¡pero su jornal clama al Cielo! Las quejas de los cosechadores han llegado a los oídos del Señor de los Ejércitos. Ustedes no buscaron más que lujo y placer en este mundo, y lo pasaron bien mientras otros eran asesinados.

            Ustedes mataron al inocente; era fácil condenarlo, puesto que no se podía defender.

 

3ªL: Marcos 9,38-43.45.47-48. Lo importante es hacer el bien, sin importar quien lo haga

 

I:  El texto del evangelio que leemos a continuación nos presenta tres temas importantes: el primero hace una advertencia a los/as discípulos/as para que no impidan que personas que no pertenecen al grupo de los/as que andan con Jesús puedan expulsar a los espíritus en nombre del Maestro. El segundo tema habla de la recompensa que recibirán los/as que dan aunque sea un vaso de agua a los/as discípulos/as de Cristo. El tercero habla de la importancia de alejar de uno todo aquello que es ocasión de pecado.

 

T:  Juan le dijo: “Maestro, vimos a uno que hacía uso de tu Nombre para expulsar a los espíritus malos, pero se lo prohibimos porque no anda con nosotros.” Jesús contestó: “No se lo prohíban, ya que nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí.

            El que no está contra nosotros y nosotras, está con nosotros y nosotras. Y cualquiera que les dé de beber un vaso de agua porque son de Cristo y llevan su nombre, les aseguro que no quedará sin recompensa.

          Si alguno hace tropezar y caer a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor sería para él que le ataran al cuello una gran piedra de moler y lo echaran al mar.

            Y si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtatela. Pues es mejor para ti que entres con una sola mano en la vida, que no con las dos ir a la gehenna, al fuego que no se apaga. Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtatelo, pues es mejor para ti que entres cojo en la vida, que no con los dos pies seas arrojado a la gehenna. Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, sácatelo, pues es mejor para ti que entres con un solo ojo en el Reino de Dios, que no con los dos ser arrojado al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

 

            PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

  1. 1.      ¿Por qué y para qué el Espíritu consagra a los profetas?

       2. ¿Por qué no debemos oponernos a que otras personas puedan realizar la misión profética?

       3. ¿Qué significa escandalizar a las y los pequeños?

 

1.  Profetas que tienen el Espíritu de Dios

 

            En la lectura del libro de los números se nos presenta a Moisés como profeta lleno del Espíritu de Dios. El mismo Dios da su Espíritu a los 70 ancianos que comienzan a profetizar. Sin embargo el Espíritu se posa también sobre dos muchachos que no estaban en la lista ni habían acudido a la tienda del encuentro con Dios. Josué, ayudante de Moisés, pretende que su maestro impida a esos muchachos profetizar; sin embargo Moisés le responde diciendo que ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor (Nm 11,29).

            El Espíritu se nos da para realizar una determinada misión en medio del pueblo de Dios. Y ese Espíritu se da a quien Dios quiere, aunque no pertenezca a nuestra Iglesia,  nuestra congregación, o nuestra comunidad cristiana. Por eso es importante estar atentos/as a lo que el Espíritu quiere decirnos y comunicarnos a través de las distintas personas que él utiliza para comunicarnos su Espíritu, los secretos de su Reino.

            Jesús, el profeta por excelencia se siente también guiado por Dios.  Es el Espíritu el que lo consagra para la misión en el día de su bautismo (Lc 4,21-22);  es el Espíritu el que lo conduce al desierto para prepararse para la misión que se le ha encomendado (Lc 4,1);  es el Espíritu el que lo consagra para la misión de anunciar a los pobres la Buena Nueva, la de proclamar la liberación de los cautivos y la vista a los ciegos… “ (Lc 4,18-19).

            Como Moisés, querríamos que Dios comunicase su Espíritu a todo el pueblo. Quisiéramos que todos/as los/as que formamos parte de las comunidades cristianas tomáramos conciencia de haber sido consagrados/as por el Espíritu para realizar la misión profética. De esta manera tendríamos comunidades e iglesias más comprometidas, más evangélicas, más testigas del amor liberador de Dios en medio de una sociedad estructuralmente injusta.

 

2. La necesaria apertura para compartir la misión

 

            En la lectura del libro de los Números que hemos hecho hoy, Josué quiere que  Moisés prohíba a los dos jóvenes profetizar, porque no han recibido el espíritu a través de Moisés. En el evangelio según Marcos el apóstol Juan prohíbe a uno expulsar los demonios en el nombre de Jesús porque no formaba parte del grupo de los Doce. Jesús le llama la atención: “No se lo impidan, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está con nosotros” (Mc 9,39-40).  Algunos discípulos de Jesús se sienten los únicos responsables de la misión de Jesús, quieren impedir que otros/as actúen en su nombre. Jesús rechaza este celo indebido y esta cerrazón mental frente a quienes no pertenecen al círculo de sus allegados/as; su gracia y su fuerza están más allá de sus seguidores/as inmediatos/as.

            La amplitud de mente de Jesús desafía la tendencia de los/as discípulos/as a sentirse propietarios/as privados del mensaje de Jesús. Y nos sigue desafiando hoy, pues los celos que Jesús observa siguen siendo los nuestros, ante personas que no pertenecen a nuestra Iglesia, a nuestra comunidad cristiana, a nuestra célula,  o no forman parte de nuestro grupo al interior de ella. No tenemos la exclusividad del evangelio. Dios escoge para profeta suyo a quien él quiere y en el momento que él quiere. Lo escoge de la Iglesia que él quiere. Lo importante es hacerlo en el nombre de Jesús y como compromiso con el Proyecto de vida y libertad plenas.

            Hoy en día se da el caso de que en una misma comunidad geográfica puede haber diferentes comunidades cristianas, pertenecientes a diferentes grupos religiosos: evangélicos, bautistas, romanos-católicos, episcopales, adventistas, pentecostales…   Incluso en muchas familias hay personas que pertenecen a diferentes credos religiosos. No debemos poner a pelearnos entre personas que dicen creer en el mismo Maestro. Lo importante es ser signo de su amor, dando frutos de amor y solidaridad, realizando un anuncio evangélico encarnado en la vida de la gente y dando el testimonio que la sociedad espera de nosotros/as, pues por nuestros frutos nos conocerán, no tanto por la iglesia a la que podamos pertenecer.

                       

3. No escandalizar a los/as pequeños/as que creen en Jesús

 

            En el evangelio que hemos leído hoy Jesús está en diálogo con sus seguidores/as más cercanos/as, en Cafarnaún, después de regresar de un viaje misionero. Les ha hablado de la importancia del servicio a los/as últimos/as como signo de fe en el Proyecto de Dios. Les ha invitado a ser abiertos/as; a no creer que por formar parte del grupo de los/as seguidores/as más cercanos/as tienen la exclusividad de la salvación. Ahora les hace una tercera advertencia: tienen que cuidarse de no escandalizar a los “pequeños” que creen en él, no ser ocasión de tropiezo, de caída, de desánimo.

            ¿Quiénes son estos “pequeños”? Podemos suponer que son las personas sencillas que creen en Jesús y que pueden sentirse escandalizadas por la conducta de aquellos y aquellas que son “grandes”, que pertenecen al círculo de los/as más cercanos; es decir, los/as dirigentes de las comunidades. En otras palabras, los/as pequeños pueden sentirse escandalizados/as por la forma como los/as dirigentes ejercen el servicio de la autoridad en las comunidades, en los grupos cristianos, en las iglesias, en las congregaciones.

            Y ¿cuáles son las principales actitudes que pueden escandalizar a los/as “pequeños”, a los/as sencillos/as de las comunidades? El mismo evangelio nos habla de  varios elementos: a) buscar el poder en la comunidad, antes que ponerse en una actitud de servicio. Se trata de buscar ser el primero, antes que el servidor de todos/as. Es tratar a los/as hermanos/as de una forma tirana, olvidando el diálogo como la herramienta más adecuada para resolver los problemas. b) Tener una mente cerrada que defiende que sólo los/as que pertenecen a nuestra Iglesia, a nuestra comunidad, pueden trabajar en el nombre de Jesús. Incluso se puede dar que al interior de las mismas comunidades cristianas surjan grupos separados/as de los/as demás, que creen ser los/as mejores y desprecian a los “pequeños”, a los/as que no pertenecen a su grupo. c) Un tercer elemento que puede escandalizar a los “pequeños” es la búsqueda de intereses económicos en la relación comunitaria. Y cuando se pone al dinero en primer lugar, no se puede crear una verdadera comunidad de servidores/as de los/as pobres, de los/as débiles, de los/as pequeños/as.

            El evangelio de hoy hace un llamado, por tanto, a todas aquellas personas que en las comunidades tienen el servicio de la autoridad: pastores, animadores/as, catequistas… Se les llama a no escandalizar a los pequeños con una conducta inadecuada. Se les invita a convertirse en servidores/as de todos/as y a cuidarse de buscar intereses económicos en el trabajo comunitario. De esta manera, los/as dirigentes se convierten en testigos/as creíbles para los “pequeños”, que son los/as destinatarios/as preferidos/as de la misión salvadora y liberadora de Jesús.

Para la oración de las y los participantes
1. Por todos los hombres y mujeres de la tierra, para que sientan la Fuerza y el Amor con que Dios se hace presente en sus vidas, roguemos al Señor.
2. Por todas las religiones del mundo comprendan que Dios nos llama al diálogo de religiones, porque el Dios único es el que nos mueve y empuja a todos…, roguemos al Señor.
3. Para que todos/as los/as miembros de la comunidad cristiana realicemos nuestra misión profética, roguemos al Señor.

Exhortación final: Hemos celebrado la fe que fortalece nuestra caminar de cada día. Se nos ha invitado a seguir realizando nuestra misión profética, a defender los derechos de los/as empobrecidos/as y oprimidos/as, a tener una mente abierta que descubra la actuación del Espíritu de Dios en las diferentes personas de las comunidades y a convertirnos en servidores de los pequeños y de los últimos. Sigamos, pues, realizando con alegría la misión que se nos ha encomendado.

 

 

 

 

 

 

 

 


Reflexiones bíblicas semanales. Agosto 2009

agosto 3, 2009

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDOM) 

C/ 3 No. 9. El Milloncito, Sabana Perdida. Santo Domingo Norte. Rep. Dominicana

Tel/fax. 809-568-8560. E-mail: rebido@codetel.net.do, rebido@gmail.com

Reflexiones bíblicas semanales. Agosto 2009

 

EL PAN DE VIDA QUE DEBE SER COMPARTIDO  B18°O (2-8-2009)

Inicio: Nos hemos reunido como hermanos y hermanas porque tenemos fe, porque creemos en la capacidad de abrirnos a la propuesta de vida plena, en justicia y libertad solidaria, que nos hace el Maestro y compañero de camino Jesús de Nazaret.

          En ese camino se nos invita a tomar conciencia del hambre y la exclusión que sufre mucha gente. Se nos invita a alimentarnos con el pan que da Jesús, el que alimenta en la lucha por conseguir mejores condiciones de vida para todos y todas  y en especial para las y los empobrecidos y excluidos.

 

Éx 16,2-4.12-15: “Yo haré llover pan del cielo”

 

I:   En el duro caminar en el desierto, camino hacia la tierra de Canaán, el grupo que salió de la tierra de la esclavitud y que es acompañado por líderes de la categoría de Moisés y Aarón está hambriento. Ante esa situación su divinidad les proporciona un alimento, llamado Maná, para colaborar con el sostenimiento del grupo peregrino. Así descubren el compromiso que tiene la divinidad principal de Israel con un grupo de gente peregrina y hambrienta, pues se trata de  una deidad que acompaña y camina con su pueblo y acompaña el camino de liberación.

T: 1Toda la comunidad israelita salió de Elim y llegó al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí. Era el día quince del mes segundo después de su salida de Egipto. 2Allí, en el desierto, todos ellos y ellas comenzaron a murmurar contra Moisés y Aarón. 3Y les decían:

—¡Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto! Allá nos sentábamos junto a las ollas de carne y comíamos hasta llenarnos, pero ustedes nos han traído al desierto para matarnos de hambre a todos y a todas.

4Entonces el Señor le dijo a Moisés:

—Voy a hacer que les llueva comida del cielo. La gente deberá salir cada día, y recogerá solo lo necesario para ese día. Quiero ver quién obedece mis instrucciones y quién no. 5El sexto día, cuando preparen lo que van a llevar a casa, deberán recoger el doble de lo que recogen cada día.

6Moisés y Aarón dijeron entonces a las y los israelitas:

—Por la tarde sabrán ustedes que el Señor fue quien los sacó de Egipto, 7y por la mañana verán la gloria del Señor; pues ha oído que ustedes murmuraron contra él. Porque, ¿quiénes somos nosotros para que ustedes nos critiquen?

8Y Moisés añadió:

—Por la tarde el Señor les va a dar carne para comer, y por la mañana les va a dar pan en abundancia, pues ha oído que ustedes murmuraron contra él. Porque, ¿quiénes somos nosotros? Ustedes no han murmurado contra nosotros, sino contra el Señor.

9Luego Moisés le dijo a Aarón:

—Di a todos/as, las y los israelitas que se acerquen a la presencia del Señor, pues él ha escuchado sus murmuraciones.

10En el momento en que Aarón estaba hablando con las y los israelitas, todos/as ellos/as miraron hacia el desierto, y la gloria del Señor se apareció en una nube. 11Y el Señor se dirigió a Moisés y le dijo:

12—He oído murmurar a las y los israelitas. Habla con ellos y ellas y diles: ‘Al atardecer, ustedes comerán carne, y por la mañana comerán pan hasta quedar satisfechos/as. Así sabrán que yo soy el Señor su Dios.’

13Aquella misma tarde vinieron codornices, las cuales llenaron el campamento, y por la mañana había una capa de rocío alrededor del campamento. 14Después que el rocío se hubo evaporado, algo muy fino, parecido a la escarcha, quedó sobre la superficie del desierto. 15Como los israelitas no sabían lo que era, al verlo se decían unos a otros: “¿Y esto qué es?” Y Moisés les dijo:

—Este es el pan que el Señor les da como alimento. 16Y esta es la orden que ha dado el Señor: Recoja cada uno de ustedes lo que necesite para comer y, según el número de personas que haya en su casa, tome más o menos dos litros por persona.

17Los israelitas lo hicieron así. Unos recogieron más, otros menos, 18según la medida acordada; y ni le sobró al que había recogido mucho, ni le faltó al que había recogido poco. Cada uno había recogido la cantidad que necesitaba para comer.

19Luego Moisés les dijo:

—Nadie debe dejar nada para el día siguiente.

20Sin embargo, algunos de ellos no hicieron caso a Moisés y dejaron algo para el otro día; pero lo que guardaron se llenó de gusanos y apestaba. Entonces Moisés se enojó con ellos.
Sal 77, 16-25: Eres una divinidad solidaria con el pueblo hambriento

 

1. ¡Dios hizo brotar de la peña un torrente de aguas caudalosas! Es verdad que Dios partió la peña; que de ella brotó agua como un río;

2. Hizo llover sobre su pueblo el maná, ¡trigo del cielo, para que comieran!

¡El hombre comió pan de ángeles! ¡Dios les dio de comer en abundancia!

3. Hizo llover carne sobre su pueblo; ¡llovieron aves como arena del mar!

Dios las hizo caer en medio del campamento y alrededor de las tiendas de campaña. Y comieron hasta hartarse, y así Dios les cumplió su deseo.
Ef 4, 17.20-24: “Vístanse de la nueva condición humana”

 

I: Pablo invita a la comunidad de las y los cristianos de Efeso a vivir de acuerdo a los valores del evangelio propuesto por Jesús. Decir que son cristianos y cristianas y seguir el mismo estilo de vida de quienes fundamentan su existencia en la corrupción, en el robo, en la injusticia, es continuar viviendo como gente “pagana”, al estilo de quienes no tienen fe en sí mismos/as, ni en su familia, ni en su comunidad, ni en su país, ni en la divinidad de Jesús.

T: 17Esto, pues, es lo que les digo y les encargo en el nombre del Señor: que ya no vivan más como la gente pagana, los/as cuales viven de acuerdo con sus equivocados criterios 18y tienen oscurecido el entendimiento. Ellos y ellas no gozan de la vida que viene de Dios, porque son ignorantes a causa de lo insensible de su corazón. 19Se han endurecido y se han entregado al vicio, cometiendo sin freno toda clase de cosas impuras. 20Pero ustedes no conocieron a Cristo para vivir así, 21pues ciertamente oyeron el mensaje acerca de él y aprendieron a vivir como él lo quiere, según la verdad que está en Jesús. 22Por eso, deben ustedes renunciar a su antigua manera de vivir y despojarse de lo que antes eran, ya que todo eso se ha corrompido, a causa de los deseos engañosos. 23Deben renovarse espiritualmente en su manera de juzgar, 24y revestirse de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios y que se distingue por una vida recta y pura, basada en la verdad. 
Jn 6,24-35: “El que viene a mí no pasará hambre ni sed”

 

I: Después de realizado el milagro de la multiplicación de los panes, la gente sigue detrás de Jesús, probablemente porque algunas personas querían seguir comiendo, sin tener que trabajar y esforzarse para ganar el pan cotidiano. En esa situación Jesús aprovecha para hablarles de otro pan, el que alimenta para vivir una vida, digna, feliz, eterna, el que alimenta el espíritu humano que está comprometido con las causas solidarias de las y los empobrecidos y excluidos sociales y la defensa del medio ambiente agredido por los intereses económicos.

 

T: En aquel tiempo, la gente que estaba al otro lado del lago se dio cuenta de que los discípulos se habían ido en la única barca que allí había, y que Jesús no iba con ellos y ellas 23Mientras tanto, otras barcas llegaron de la ciudad de Tiberias a un lugar cerca de donde habían comido el pan después que Jesús dio gracias. 24Así que, al ver que ni Jesús ni sus discípulos y discípulas estaban allí, la gente subió también a las barcas y se dirigió a Cafarnaúm, a buscarlo. 

25Al llegar ellos al otro lado del lago, encontraron a Jesús y le preguntaron: 

—Maestro, ¿cuándo viniste acá?

26Jesús les dijo:

—Les aseguro que ustedes me buscan porque comieron hasta llenarse, y no porque hayan entendido las señales milagrosas. 27No trabajen por la comida que se acaba, sino por la comida que permanece y que les da vida eterna. Esta es la comida que les dará el Hijo del hombre, porque Dios, el Padre, ha puesto su sello en él.

28Le preguntaron:

—¿Qué debemos hacer para realizar las obras que Dios quiere que hagamos?

29Jesús les contestó:

—La única obra que Dios quiere es que crean en aquel que él ha enviado.

30Le preguntaron entonces:

—¿Qué señal puedes darnos, para que al verla te creamos? ¿Cuáles son tus obras? 31Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: ‘Les dio a comer pan del cielo.’

32Jesús les contestó:

—Les aseguro que no fue Moisés quien les dio a ustedes el pan del cielo, sino que mi Padre es quien les da el verdadero pan del cielo. 33Porque el pan que Dios da es el que ha bajado del cielo y da vida al mundo.

34Ellos y ellas le pidieron:

—Jesús, danos siempre ese pan.

35Y Jesús les dijo:

—Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca tendrá hambre; y el que cree en mí, nunca tendrá sed.

 

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

  1. ¿Por qué la divinidad de Israel se solidariza con el pueblo hambriento?
  2. ¿Qué significa vestirse de una nueva criatura?
  3. ¿Por qué Jesús comparte un pan de vida?

 

  1. 1.      Una divinidad que se solidariza con el pueblo hambriento

 

                       La primera lectura, del Éxodo, nos recuerda cómo el desierto es la carencia de todo. A toda persona le llega de vez en cuando su desierto: la situación crítica en la que parece que no se encuentran soluciones de ayuda para sobrevivir a tan crítica situación. Al pueblo de Israel le era muy provechoso el tener que estar en el desierto donde todo falta, para que pudiera experimentar el desafío de construir su libertad y su organización comunitaria, fuera de la tierra de la opresión y la esclavitud.

            En el desierto el grupo acompañado por Moisés aprende a experimentar la condición difícil de quien tiene que organizarse para sobrevivir y para continuar el camino en situaciones muy difíciles. Esto le será útil para el crecimiento de su fe y para ir preparando la nueva organización social en las tierras de Canaán, las cuales tendrán que ser conquistadas mediante un proceso lento de organización social y militar.

            En la península del Sinaí hay un arbusto llamado “tamarisco”. Produce una secreción dulce que gotea desde las hojas hasta el suelo. Por el frío de la noche se solidifica y hay que recogerla de madrugada antes de que el sol la derrita. ¿Sería esto lo que el Dios Yahvé le proporcionó a su pueblo, multiplicándolo claro está, de manera prodigiosa? Lo cierto es que las y los israelitas consideraron siempre la aparición de este alimento como una demostración de la intervención milagrosa a favor de su pueblo. Lo llamaron “maná”, porque los niños y niñas al comerlo preguntaban: “¿qué es esto?, “lo que en su idioma se dice: “Man-ah”. También es llamado por los salmos “pan del cielo” (Sal 78) y el libro de la Sabiduría dice que, “sabía a lo que cada uno deseaba que supiera” (Sab16,20). Jesús dirá que el Verdadero Pan bajado del cielo será su cuerpo y su sangre. O sea que este maná milagroso del desierto era un símbolo y aviso de lo que iba a hacer Dios más tarde con sus hijos e hijas, dándoles como alimento el cuerpo de su propio Hijo divino.

           En el desierto se invita al grupo a recoger el maná que necesita para cada día. Quienes intentaron recoger maná para más de un día tuvieron que percatarse de que ese alimento se les había dañado. No se trata de acumular el pan que a otras personas les pueda faltar. El gran milagro es la solidaridad con las y los hambrientos, lo cual supone renunciar a la tentación de acumular para mañana lo que a las y los hambrientos puede hacerle falta en el día de hoy.

 

  1. 2.      Cambiar de mente y de práctica para vivir como una nueva criatura

 

                       La segunda lectura continuada de la carta a las y los Efesios pide a las y los creyentes que se dejen renovar por el Espíritu divino y pasen de un modo de obrar no digno del ser humano, a un modo de obrar digno de quien tiene fe en el proyecto de vida plena, propuesto por Jesús de Nazaret. Pide que abandonemos nuestro estilo anterior de vida fundamentada en los anti-valores de la corrupción, la injusticia, la inequidad social, la prepotencia… y marchemos en adelante por un nuevo camino de vida fundamentada en los valores del amor, la justicia, la solidaridad, el compromiso militante con el cambio de una realidad de injusticia y de agresión al medio ambiente. Se nos invita a no dejarnos guiar por esta “vaciedad de criterios”. En estos pocos versículos continúa la exhortación a buscar la unidad y a vivir dignamente la propia vida cristiana, guiada y fundamentada en un verdadero conocimiento del proyecto de vida propuesto por Jesús. Pablo desarrolla este argumento jugando con la antítesis del ser humano viejo y el ser humano nuevo (Col 3,9-10; 1Cor 5,7-8). Elegir la novedad, lo nuevo, es elegir tener a Jesús como compañero y guía en la lucha por conseguir mejores condiciones de vida para todos y todas. Esto significa romper con el viejo ser humano lleno de injusticia y egoísmo, con la injusticia de un mundo que excluye a tantas personas, para estar dispuestos y dispuestas a una continua renovación en el Espíritu, a vivir en la justicia y en el amor solidario. Este texto es una clara respuesta a quienes piensan que el cristianismo simplemente es una cosa del pasado.

 

  1. 3.      Compartir el pan de la vida plena como Jesús

 

                       El evangelio de hoy, de Juan, el discurso del pan de vida, se desenvuelve en tres afirmaciones lógicamente sucesivas, y la primera que presenta este texto es: el real o verdadero “pan del cielo” no es el maná dado una vez por Moisés, contrariamente a lo que la gente pensaba (v.31). Es literalmente el pan que ha bajado del cielo. Dios, no Moisés, es quien da este pan (v.32). Jesús ha realizado signos para revelar el sentido de su persona (domingo anterior), pero la gente sólo lo ha entendido en la línea de sus necesidades materiales (6,26.12). Jesús ha querido llevarnos a la comprensión de su persona, porque sólo a través de la fe pueden entender quien es él, cuál es el proyecto de vida que está presentado y sólo así podrá donarse a ellos y a ellas como comida: pero para hacer esto es necesario trabajar o procurar por un alimento y una vida que no tienen término y que son dones que Jesús ofrece (v.27). Los judíos piensan de inmediato en las obras (v.28; Rm 9,31-32), pero Jesús replica que sólo una obra deben cumplir: creer en él (v.29; Rm 3,28), en su propuesta de vida justa y solidaria (Reino de Dios), reconocer que tienen necesidad de él como compañero solidario de camino como se tiene necesidad del alimento material.

                       Las y los oyentes encuentran poco comprensibles las palabras y la propuesta de Jesús, por lo que piden una demostración de lo que afirma, realizando una señal que al menos se compare con aquellas realizadas por Moisés (vv. 30-31), pues las que acaba de realizar (6,2) no se consideran suficientes. Jesús responde afirmando que es más que Moisés, pues en él (Cristo) se realiza el don de Dios que no perece. Su pan se puede recoger (6,13), el maná se pudrió (Ex 16,20).

“Yo soy el pan de vida” es una fórmula de fuerza extraordinaria, parecida a aquellas otras que sólo a Jesús se podría atribuir: “Yo soy la luz del mundo”, “Yo soy el buen pastor”… el que viene a Jesús no tendrá hambre ni sed, no necesita de otras fuentes de gozo para saciar sus anhelos y aspiraciones. Jesús es fuente de equilibrio y de gozo, fuente de sosiego y de paz. Jesús es el lugar y fundamento de la donación de la vida que Dios hace al ser humano. En Jesucristo, el Dios salvador, liberador, comprometido con la causa de las y los empobrecidos y las y los excluidos sociales está por completo a favor del ser humano, de tal modo que en él se le abre su comunión vital, su salvación y su amor, y en tal grado que Dios quiere estar al lado del ser humano como quien se da y comunica sin reservas. En la comunión con el revelador –Jesús de Nazaret- se calma tanto el hambre como la sed de vida que agitan al ser humano.

Para la revisión de vida:
- ¿Es capaz nuestra fe de descubrir la presencia divina en los acontecimientos pequeños y grandes de nuestra existencia?
Nuestro corazón busca la felicidad pero ¿dónde solemos hacerlo: en las migajas pasajeras que ofrece el mundo o en el compromiso con la causa de la justicia, en medio de una sociedad estructuralmente injusta?
¿Soy de los que sólo buscan el pan material, sin preocuparme por el pan que produce vida feliz, compartida y eterna?

Para la oración de las y los participantes
-Para que vivamos con confianza la seguridad de que a través de las dificultades de la vida podemos colaborar en la creación de otro mundo posible, desde la persona, la familia, la comunidad, las iglesias y las organizaciones comunitarias.

 -Para que todas y todos, las y los cristianos tengamos siempre hambre y sed de que se realice su Utopía, su proyecto de vida compartido, en fraternidad y sororidad y nos alimentemos en la mesa de la palabra y del pan de vida para tener fuerzas para llevarla a término.
-Por las y los aquí presentes para que seamos capaces de reconocer el rostro sufrido de Jesús en nuestros hermanos y hermanas que más sufren, especialmente en las y los más necesitados.

Oración comunitaria: Dios Madre/Padre bueno, que en Jesús de Nazaret nos has presentado verdaderamente el pan del cielo, aumenta nuestra fe para que, recibiéndolo, sacie el hambre de justicia y verdad que hay dentro de cada ser humano y así colaboremos en la creación de nuevas personas, de nuevas familias, comunidades y sociedades.

 

                        EL PAN QUE FORTALECE EN EL CAMINO  B19°O (9-8-2009)

ENTRADA: Formamos parte de un pueblo peregrino y comprometido que intenta vivir de acuerdo al mandamiento del amor solidario que nos ha propuesto Jesús, nuestro Maestro. Pero a veces el camino se hace difícil, perdemos las fuerzas, la esperanza y nos viene la tentación de alejarnos del sendero tomado y de los proyectos generadores de vida plena. En esos momentos Dios nos fortalece con el alimento de su Palabra.

            Compartamos, como hermanos, el alimento de la Palabra de Jesús, que nos seguirán fortaleciendo para continuar el camino de fe y solidaridad que da verdadero sentido a nuestras vidas.

 

1ªL:   1 Re. 19,4-8. Con la fuerza de aquel alimento siguió su camino

 

I:  Después de hacer matar a todos los sacerdotes del dios extranjero Baal en el monte Carmelo, Elías tiene que huir hacia el sur, porque Jezabel, la esposa del rey Ajab, lo amenazó de muerte. Se dirige entonces hacia el monte Sinaí, lugar en donde el pueblo hizo Alianza con Yavé. En el viaje se cansa, se desanima y hasta se desea la muerte. Sin embargo, Dios le manda, por medio de un ángel, un alimento que le permite continuar el camino. 

 

T: En aquellos días Elías caminó por el desierto todo un día y se sentó bajo un árbol. Allí deseó la muerte y se dijo: «Ya basta, Yavé. Toma mi vida, pues yo voy a morir como mis padres.» Después se acostó y se quedó dormido debajo del árbol.

 Un ángel vino a tocar a Elías y lo despertó diciendo: «Levántate y come.» Elías miró y vio a su cabecera un pan cocido sobre piedras calientes y un jarro de agua. Después que comió y bebió, se volvió a acostar. Pero por segunda vez el ángel de Yavé lo despertó diciendo: «Levántate y come; si no, el camino será demasiado largo para ti.»

Se levantó, pues, para comer y beber, y con la fuerza que le dio aquella comida, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar al cerro de Dios, el Horeb.

 

Salmo 33: Hagan la prueba y vean qué bueno es nuestro Dios

 

  • Bendeciré al Señor en todo tiempo, no cesará mi boca de alabarlo. Mi alma se enorgullece en el Señor: que lo oigan los humildes y se alegren.
  • Engrandezcan conmigo al Señor y ensalcemos a una su Nombre. Busqué al Señor y me dio una respuesta y me libró de todos mis temores.
  • Mírenlo y quedarán iluminados/as, no asomará en sus caras la vergüenza. El pobre gritó; lo oyó el Señor y lo salvó de todas sus angustias.
  • Acampa el mensajero del Señor junto a los que lo temen, y los salva. Hagan la prueba, vean cuán bueno es el Señor, ¡dichoso aquel que busca en él asilo!

 

 2ªL:  Ef. 4,30-5,2. Sigan el camino del amor

 

I:   En su carta a los/as Efesios/as, Pablo les invita a no entristecer al Espíritu Divino y a vivir una nueva vida. Esa nueva forma de vida exige, en primer lugar, mantener unas buenas relaciones entre los/as hermanos/as de la comunidad cristiana, que tienen que convertirse en imitadores/as de Dios y testigos/as del amor salvador y liberador de Jesús.

 

T: Hermanas y hermanos:   No entristezcan al Espíritu santo de Dios; éste es el sello con el que ustedes fueron marcados y por el que serán reconocidos en el día de la salvación. Arranquen de raíz de entre ustedes disgustos, arrebatos, enojos, gritos, ofensas y toda clase de maldad. Más bien sean buenos y comprensivos unos con otros, perdonándose mutuamente, como Dios los perdonó en Cristo.

Como hijos amadísimos de Dios, esfuércense por imitarlo. Sigan el camino del amor, a ejemplo de Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros, como esas ofrendas y víctimas cuyo olor agradable subía a Dios.

 

3ªL:  Jn. 6,41-51. Yo soy el pan bajado del cielo

 

I:  El texto evangélico de hoy nos presenta a Jesús como pan de vida. Quien cree en él, en su Proyecto, y come su pan, tiene vida eterna y se convierte en discípulo/a, que cada día se pone a la escucha de su palabra salvadora y se compromete a hacerla realidad mediante obras concretas de amor solidario.

 

T:  En aquel tiempo los judíos murmuraban porque Jesús había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo.» Y decían: «Conocemos a su padre y a su madre, ¿no es cierto? El no es sino Jesús, el hijo de José. ¿Cómo puede decir que ha bajado del cielo?»

Jesús les contestó: «No murmuren entre ustedes. Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió. Y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los Profetas: Serán todos enseñados por Dios, y es así como viene a mí toda persona que ha escuchado al Padre y ha recibido su enseñanza. Pues, por supuesto que nadie ha visto al Padre: sólo Aquel que ha venido de Dios ha visto al Padre.

En verdad les digo: El que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Sus antepasados comieron el maná en el desierto, pero murieron: aquí tienen el pan que baja del cielo, para que lo coman y ya no mueran.¡Error! Marcador no definido.

 

          PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

1. ¿Cómo superar las dificultades que encontramos en nuestro camino?

  1. ¿Por qué creemos en Jesús como pan de vida?
  2. ¿Cómo podemos seguir el camino del amor

 

 

  1. 1.      El Dios que fortalece en medio del camino

 

A la muerte del rey Salomón (931 a.C.) el reino davídico se había dividido en dos partes: el reino del Norte (Israel) y el reino del sur (Judá). Hacia la primera mitad del siglo 9° a.C. era rey en el norte Ajab (874-853 a.C.). Este se casa con una mujer extranjera (Fenicia) llamada Jezabel. Esta señora introduce, según el libro de los Reyes,  en el reino del norte el culto a Baal, el principal dios fenicio.

            Muchos sacerdotes y profetas renuncian a creer y a actuar en el nombre del Dios Yavé, y pasan a formar parte de los servidores de Baal. Elías, el profeta comprometido con la alianza hecha por el pueblo con el Dios con lo sacó de la esclavitud de Egipto, no acepta dicho culto. Convoca a los sacerdotes de Baal sobre el monte Carmelo; los desafía invitándoles a que pidiesen a su dios que mandase fuego del cielo que consumiera la carne de un becerro que había sido puesta sobre un altar. Mientras que Baal no responde positivamente, Yahvé sí lo hizo. Y Elías dice al pueblo: “Apresen a los profetas de Baal: que no escape ninguno”. Una vez apresados Elías los hizo bajar al torrente Cisón, y los degolló Allí” (1 Re 18,40).

            La matanza de los seguidores del dios fenicio provocó la persecución de Elías, promovida por la reina Jezabel. Elías entonces huye al desierto. Se dirige al monte Sinaí, donde el pueblo hizo la alianza con el Dios liberador. Se cansa en el camino. Se desea la muerte. Pero el ángel del Señor le invita a levantarse y comer un pan enviado por Dios. Entonces Elías prosiguió su viaje: “Con la fuerza que le dio aquella comida, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar al cerro de Dios, el Horeb” (1 Re 19,8).

             Muchas veces, como persona y como miembros/as de una comunidad de fe, nos podemos sentir cansados/as del camino. Las dificultades que encontramos, la incomprensión de mucha gente, el sentirnos perseguidos/as, rechazados/as o no valorados/as, puede provocar el deseo de “tirar la toalla”, de abandonar el trabajo comenzado. Es en esos momentos en donde necesitamos contar con la fuerza que nos da dios para continuar en el camino de fe y de solidaridad.

 

  1. 2.      El pan que da la vida

 

            El alimento que comemos cada día es necesario para permanecer vivos/as. En ese sentido todo alimento que nos nutre es pan de vida. Sin embargo, puede ser que comamos cada día para alimentar nuestro cuerpo, pero que nuestra vida no tenga sentido, porque nos encerremos en nosotros/as mismos/as, llevando una vida egoísta y alejada del Proyecto de Dios.

            El pan que Dios nos da no es un alimento cualquiera. De hecho Elías, con la fuerza del pan que Dios le envió caminó 40 días y cuarenta noches (es decir, muchos días) hasta llegar a la montaña del Sinaí en donde el pueblo había hecho la alianza con Dios, y en donde Elías saldría fortalecido para continuar realizando su misión profética en medio de un pueblo infiel a Yavé.

            Jesús es el pan que ha bajado del cielo. Y comer de su pan es compartir su Proyecto, su vida, su preocupación por llevar a todas las personas la buena noticia del Evangelio del Dios Madre/Padre.

            El pan de Jesús no es como el pan que los/as antepasados de Israel comieron en el desierto y murieron; el pan de Jesús da la vida y compromete con la lucha por conseguir mejores condiciones de vida para todos/as, sobre todo para los/as más empobrecidos/as, en una sociedad en donde la vida de los/as más débiles está tan amenazada.

            Jesús entrega su carne para la vida del mundo. A nosotros/as, se nos invita a entregar nuestras energías y nuestro esfuerzo de cada día para que otros/as tengan vida, para que otros/as conozcan a Jesús, el Salvador.

 

  1. 3.      Seguir el camino del amor

 

          Quien cree en Jesús, que come su pan de vida, está llamado/a a vivir en el amor. Por eso se nos invita a llevar un estilo de vida caracterizado por las acciones de amor, compasión y solidaridad, de tal manera que no pongamos triste al Espíritu Santo que nos acompaña hasta el día de la liberación final.

            Según la carta a los/as Efesios la vida nueva se vive con el esfuerzo de cada día por ser fieles a la vocación que hemos recibido. Es necesario esforzarse por ser buenos/as comprensivos, con capacidad de personar a los/as hermanos/as siempre que sea necesario. De esta manera nos convertimos en imitadores/as de Dios que siempre nos perdona y nos dio a su hijo para que entregar su vida por nosotros/as.

            Vivir una vida nueva es también, tal como nos dice el salmo 33 que hemos leído hoy, imitar a dios en su capacidad de escuchar al/a la pobre y estar dispuestos/as a colaborar en su proceso de liberación. Por eso, los/as humildes se convierten en discípulos/as que escuchan su palabra y se alegran (Sal 33,3) porque a ellos/as ha llegado la salvación, porque ellos/as son evangelizados/as (Lc 7,22), porque se convierten en destinatarios/as y protagonistas en el Proyecto salvador y liberador de Dios.

 

Para la revisión personal: ¿Cuándo me siento desanimado/a busco la fuerza en la Palabra de Dios y en su alimento? ¿Comparto el pan y el Proyecto de Jesús o sólo como de su pan? ¿Soy constante en el trabajo que realizo al servicio del Proyecto de Dios?

 

Para la oración de los/as participantes:

 

  1. Para que los/as que nos alimentamos en la mesa de Jesús sepamos compartir nuestro pan con los/as más necesitados/as. Recemos.
  2. Para que seamos constantes y decididos/as en la realización de nuestro trabajo comunitario. Recemos.
  3. Por los nuevos gobernantes del país para que sepan distribuir mejor las riquezas y haya alimentos para todos/as. Recemos.

 

 

Exhortación final: Hemos compartido el pan de Jesús, el pan que da la vida y que nos compromete con la defensa de la vida en nuestras comunidades. Sigamos, pues, en nuestro camino de fe sin desanimarnos, para así ser testigos/as de la presencia liberadora del Dios salvador, liberador, en medio de su pueblo peregrino y militante.

 

 

            JESÚS, ALIMENTO DE VIDA DIGNA, FELIZ Y ETERNA B20°O (16-8-2009)

 

ENTRADA: Nos hemos reunido como personas creyentes porque hemos descubierto la necesidad de compartir el cuerpo del Señor y sangre que son para nosotros/as fuente de vida verdadera.

            Al compartir el pan de la vida nos convertimos en hermanos/as comprometidos/as con el Proyecto de Dios, en personas verdaderamente sabias que buscan cumplir su voluntad en la vida diaria.

            Celebremos, pues, con alegría la presencia de Jesús, el pan bajado del cielo y presente en nuestra comunidad de fe, esperanza, amor y solidaridad.

 

1ªL: Pro. 9,1-6. Coman de mi pan y beban de mi vino

 

I: En el Antiguo Testamento la Sabiduría es comparada con frecuencia con una persona. En la siguiente lectura se nos presenta como una persona que construye su casa, prepara un banquete e invita al mismo a las personas sencillas y humildes que saben vivir de acuerdo a los mandamientos de Dios.

 

T: La Sabiduría construyó su casa, levantó sus siete columnas. Mató a sus animales y preparó sus vinos, ya había puesto su mesa. Ordenó pregonar por medio de sus sirvientes, desde las alturas de la ciudad alta: ¡Dense una vuelta por aquí, ustedes que no saben!”

 A los que no piensan en nada les dice: “¡Vengan a comer mi pan y a beber mi vino que he preparado; dejen a un lado su locura y vivirán, anden por los caminos de la verdad!”

 

Salmo 33: Hagan la prueba y vean qué bueno es el Dios salvador y liberador

 

  • Bendeciré al Dios salvador en todo tiempo, no cesará mi boca de alabarlo. Mi alma se enorgullece en el Dios liberador: que lo oigan las y los humildes y se alegren.
  • Respeten a Dios todos y todas sus hijos e hijas, pues de nada carece quien lo ama. Los ricos quedan pobres y con hambre, a quien busca al Dios proveedor nada le falta.
  • Vengan, hijos e hijas, y pónganme atención, les voy a hablar del amor del Dios misericordioso. ¿Quieres tú que tu vida se prolongue y deseas gozar días felices?
  • Guarda del mal tu lengua, tus labios de palabras mentirosas. Evita el mal y realiza el bien, busca la paz y ponte a perseguirla.

 

2ªL: Ef. 5,15-20. Sepan aprovechar el tiempo presente.

 

I:  En su carta a los/as Efesios/as, Pablo les recomienda una serie de normas de conducta que llevarán a la persona creyente a vivir según el Espíritu de Dios y, por tanto, a cumplir la voluntad de Dios. Invita, además, a mantener la oración como diálogo con el Padre que nos  pide vivir según la vocación creyente que hemos recibido.

 

T: Hermanas y hermanos: Examinen, pues, con mucho esmero su conducta. No anden como tontos, sino como hombres responsables. Aprovechen el momento presente, porque estos tiempos son malos Por tanto, no se dejen estar, sino traten de comprender cuál es la voluntad del Señor.

No se emborrachen, pues el vino lleva al libertinaje; más bien llénense del Espíritu. Intercambien salmos, himnos y cánticos espirituales. Que el Señor pueda oír el canto y la música de sus corazones. Den gracias a Dios Padre en nombre de Cristo Jesús, nuestro Señor, siempre y por todas las cosas.

 

3ªL: Jn. 6,51-59. El que coma de este pan vivirá para siempre

 

I: Continuamos leyendo hoy el capítulo 6 del evangelio de Juan sobre Jesús Pan de vida. El Maestro nos dice que él es el pan que se da por la vida del mundo. Quien come su cuerpo y bebe su sangre, quien comparte su Proyecto salvador, permanece unido/a él y se convierte en testigo/a del Dios defensor de la vida.

 

T: En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo.»

Los judíos discutían entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer carne?»  Jesús les dijo: «En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre vive de vida eterna, y yo lo resucitaré el último día.

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que es vida, me envió y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo. Pero no como el de vuestros antepasados, que comieron y después murieron. El que coma este pan vivirá para siempre”.

Así habló Jesús en Cafarnaún enseñando en la sinagoga.

 

          PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

1. ¿Quién es realmente sabio/a?

2. ¿Por qué es propio de gente sabia aprovechar el momento presente?

  1. ¿Por qué debemos compartir el alimento que da vida eterna?

 

  1. 1.      La verdadera sabiduría: comprometerse con un proyecto de vida plena

 

En la segunda lectura que hemos leído hoy, Pablo invita a los/as cristianos/as de Efeso a no hacerse tontos/as, sino a entender y a vivir según la voluntad del Señor. De hecho, la verdadera sabiduría consiste en descubrir lo que Dios quiere que realicemos en cada momento de nuestra vida, para mostrar su amor a los/as hermanos/as y así colaborar en su Proyecto de vida y de salvación.

En muchas ocasiones hacemos nuestra propia voluntad, y creemos, e incluso defendemos, que estamos actuando de acuerdo al deseo de Dios para nuestras vidas. Pero con frecuencia hacemos nuestros propios caprichos y no lo que Dios realmente quiere.

¿Cómo saber entonces si estamos realizando en nuestras vidas la voluntad de Dios? Podríamos examinar los frutos que estamos dando en nuestras familias, en nuestra comunidad, en nuestros lugares de trabajo. ¿Soy testigo del amor liberador de Dios? ¿Estoy comprometido/a en la defensa de la vida? ¿Tomo una postura seria y responsable ante el atropello a la naturaleza, a los ríos, al medio ambiente? ¿Cómo reacciono ante el mal y la injusticia institucionalizada?

Dos de los males que muchas veces nos impiden realizar la voluntad de Dios son la comodidad y el miedo. La comodidad nos impide estar dispuestos/as para asumir cada día lo que nuestro Dios nos exige. De esta manera nuestro trabajo y nuestro compromiso de fe se convierten en una rutina, sin vida, sin atractivo. Por eso debemos tener un oído abierto a la Palabra de Dios y el otro dispuesto para escuchar los desafíos de la realidad de nuestro pueblo. Tenemos que ver la realidad con ojos de creyentes y de pastores/as preocupados/as por el pueblo de Dios.

El miedo a enfrentar la realidad puede ser un signo de que no estamos actuando según la voluntad de Dios, Y si es verdad que el miedo es una  realidad humana posible, no debemos dejar de realizar lo que nos pide Dios desde el desafío de la realidad en que vivimos. Jesús también tuvo miedo en el momento en que debía entregar su vida, pero no se echó atrás, sino que fue fiel: “Padre, todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú”. (Mc 14,36).

Como personas y como comunidades de fe estamos llamados/as a descubrir juntos/as cuál es la voluntad de Dios en cada momento de nuestra vida, como personas y como pueblo. La actitud constante de buscar lo que es en cada momento la voluntad de Dios nos permitirá ser testigos/as de su amor para muchas personas, sobre todo para los/as más empobrecidos/as, enfermos/as, desanimados/as tristes, excluidos/as…

 

  1. 2.      Aprovechar el tiempo presente

 

            En su carta a los/as cristianos/as de Efeso Pablo llama a la atención a los/as creyentes y les invita a no vivir “como necios sino como sabios” (Ef 5,15), con madurez y criterio, “porque los días son malos” (Ef. 5,16). Las personas verdaderamente sabias son las que son capaces de enfrentar los tiempos malos, “aprovechando bien el tiempo presente” (Ef 5,16). Los tiempos difíciles no deben paralizarnos; es necesario descubrir en ellos los signos de vida que siempre hay y descubrir el desafío que nos plantea cada situación difícil que vivamos a nivel personal y a nivel de nuestro pueblo.

            Literalmente, el término traducido por “aprovechar” dice “redimir, rescatar”. De eso se trata de “rescatar el tiempo presente”. Cualquiera que sea la interpretación precisa que se le dé a esta expresión, una cosa es clara: el tiempo es dado a los/as seguidores/as de Jesús para que lleven a  cabo obras buenas, para que realicen acciones de amor y de solidaridad. Para ello debemos comprender  cuál es la voluntad de Dios (Ef 5,17). Lo contrario a esto sería perder el tiempo, y como nos dice el libro de los Proverbios: aceptar participar en el “banquete de la locura” (Prov. 9,13-18).

            Aprovechar el tiempo presente es descubrir que cada instante de nuestra vida es la oportunidad precisa que Dios nos da para vivir la fe de forma comprometida. Como dice el refrán popular “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Y es que el Señor pedirá cuenta de lo que hemos hecho con los dones que nos dio y las oportunidades que nos dio en cada momento de nuestra vida. El bien y las acciones de solidaridad que podemos hacer hoy no lo podremos hacer en otro momento. Por esto se nos exige hacer lo que Dios nos pide en el momento preciso.

Como creyentes no podemos caer en la tranquilidad de aquellos/as que dicen: “No cojas lucha”, “no te mates mucho”, “cógelo suave”. Estas son expresiones de personas que no tienen fe en sí mismas, en el destino de su país, en el futuro de sus familias. Sólo desde el trabajo esforzado y constante, aprovechando el momento presente, nos convertimos en testigos/as creíbles del Jesús Salvador y compañero de camino de su pueblo.

 

  1. 3.      Compartir el Proyecto de vida que genera vida digna, feliz y eterna

 

          Desde la sinagoga de Cafarnaún, Jesús retoma el tema del pan de vida y se presenta él mismo como alimento que fortalece en el camino de la vida. Quienes quieren convertirse en sus discípulos/as, y recibir el don de la vida deben unirse estrechamente a él. Deben celebrar el signo que expresa su muerte y su resurrección. Esa comunión con su Proyecto liberador, hará que el Señor los resucite en el último día (Jn 6,54).

            Comulgar con Jesús significa mantenerse unidos/as a él para realizar la misión que nos encomienda. Pero no se trata de una colaboración como la que hace un alquilado, un asalariado. Es necesario identificarse tanto con el Maestro que lleguemos a tomar como nuestro su propio Proyecto de vida, justicia y salvación. Y, compartir su cuerpo y su sangre, es decir, su propia vida, es necesario para ser testigos/as de su amor.

            Jesús declara en la sinagoga y dice a los/as que estaban presentes que “el pan bajado del cielo” no es como el que comieron sus padres en el desierto y murieron; en cambio, aquel que “come este pan vivirá para siempre” (Jn 6,58). Comulgar con el cuerpo y la sangre de Jesús, es, por tanto, integrarnos en la comunidad de aquéllos/as que no mueren, que permanecen para siempre con Dios, que se convierten en defensores/as de la vida.

 

Para la revisión personal: ¿Me puedo considerar que soy una persona realmente sabia? ¿Sé aprovechar el momento presente para realizar acciones de amor y solidaridad? ¿Como el cuerpo y bebo la sangre de Jesús que dan vida?

 

Para la oración de los/as participantes:

 

  1. Por todos/as los/as que formamos parte de las comunidades cristianas para que seamos realmente sabios/as. Recemos.
  2. Para que sepamos aprovechar el momento presente para vivir el mandamiento del amor solidario. Recemos.
  3. Para que las nuevas autoridades sepan aprovechar la oportunidad que se les ha dado para servir a los mejores intereses de nuestro país. Recemos.

 

Exhortación final: Hemos celebrado con alegría la presencia de Jesús en medio de su comunidad. Hemos compartido su carne y su sangre que se entregan por la vida del mundo. Ahora nos toca seguir anunciando a Jesús como hermano comprometido con la causa de los/as humildes, excluidos/as y empobrecidos/as en medio de una sociedad en donde la vida de las mayorías populares está tan amenazada.

 

 

 

                     TU TIENES PALABRAS DE VIDA ETERNA          B21°O (23-8-2009)

 

ENTRADA: Nos reunimos como comunidad de fe solidaridad porque hemos decidido elegir el camino de Jesús, el que nos conduce a la vida verdadera. Al alimentarnos con su cuerpo y con su sangre, nos fortalecemos para ser testigos/as de su presencia liberadora en medio de su pueblo.

            Celebremos, pues, la presencia de Dios que mira la situación de su pueblo, escucha sus gritos y está decidido a liberarlo de todas sus angustias, contando siempre con la colaboración de todos/as nosotros/as que formamos parte de su pueblo.

 

1ªL:   Jos. 24,1-2.15-17.18. Nosotros/as serviremos al Proyecto del Dios liberador.

 

I: Josué, el sucesor de Moisés en la guía del pueblo, reúne a todas las tribus de Israel y les invita a hacer opción entre Yavé  y los demás dioses. Yavé es el Dios que demostró su amor liberando a su pueblo de la esclavitud de Egipto, hizo con él una alianza de amor y lo acompañó en el camino hacia la tierra prometida. Por eso, los/as representantes de las tribus reunidas en Siquén, deciden seguir a Yavé.

 

T:  En aquellos días Josué convocó en Siquem a todas las tribus de Israel, y reunió a los ancianos, jefes, jueces y secretarios. Juntos se presentaron delante de Dios.

Dirigiéndose al pueblo, Josué le dijo: «Yavé, Dios de Israel, les manda decir: Más allá del río Eufrates vivían sus antepasados, Taré, padre de Abraham, y Najor, sirviendo a otros dioses.

            Que si no quieren servir a Yavé, digan hoy mismo a quiénes servirán, si a los dioses que sus padres sirvieron en Mesopotamia, o a los dioses de los amorreos que ocupaban el país en que ahora viven ustedes. Por mi parte, yo y los míos serviremos a Yavé.»

El pueblo respondió: «¡No quiera Dios que abandonemos a Yavé para servir a otros dioses! Pues él nos hizo subir a nosotros y a nuestros padres de Egipto, de la Casa de esclavitud, e hizo estos grandes milagros que hemos visto; él nos protegió durante todo el camino y en todos los países por donde pasamos; desalojó ante nosotros a todas las naciones y, en especial, a los amorreos que vivían en este país. Por eso, nosotros también serviremos a Yavé: él es nuestro Dios.»

         

Salmo 33: Hagan la prueba y vean qué bueno es el Dios salvador

 

  • Bendeciré al Dios liberador en todo tiempo, no cesará mi boca de alabarlo. Mi alma se enorgullece en el Señor: que lo oigan los humildes y se alegren.
  • Dios aparta su cara de los malos para borrar su nombre de la tierra; a los justos, empero, Dios los mira y escucha atentamente sus clamores.
  • Cuando claman a él, los escucha y los libra de sus angustias. El Señor está cerca de las almas que sienten aflicción y salva a los espíritus abatidos.
  • Aunque el justo padezca muchos males, de todos el Señor los librará; él cuida con afán todos sus huesos, no le será quebrado ni uno de ellos.
  • El malo morirá por su maldad y los que odian al justo tendrán su merecido. El Señor libra el alma de sus siervos, no pagará aquel que en El se ampara.

 

2ªL:   Ef. 5,21-32. Mujer y hombre formarán un solo cuerpo

 

I:  En la lectura que hacemos a continuación Pablo da algunas recomendaciones útiles para regular las relaciones entre mujer y hombre en la vida de pareja. Poniendo como ejemplo el amor de Jesús por su Iglesia, invita a vivir una relación de amor que se convierta en testimonio de fe comprometida en medio de cada comunidad.        

 

T: Hermanas y hermanos: Expresen su respeto a Cristo siendo sumisos los unos a los otros. Lo sean así las esposas a sus maridos, como al Señor.

El hombre es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia, cuerpo suyo, del cual es asimismo salvador. Que la esposa, pues, se someta en todo a su marido, como la Iglesia se somete a Cristo.

            Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella. Y después de bañarla en el agua y la Palabra para purificarla, la hizo santa, pues quería darse a sí mismo una Iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni nada parecido, sino santa e inmaculada.

Así deben también los maridos amar a sus esposas como aman a sus propios cuerpos: amar a la esposa, es amarse a sí mismo. Y nadie aborrece su cuerpo; al contrario, lo alimenta y lo cuida. Y eso es justamente lo que Cristo hace por la Iglesia, pues nosotros somos parte de su cuerpo.

La Escritura dice: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse con su esposa, y los dos no formarán sino un solo ser. Es éste un misterio muy grande, pues lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

 

3ªL: Jn. 6,60-69. Tú tienes palabras de vida eterna

 

I: Después del largo discurso sobre el pan de vida pronunciado en la sinagoga de Cafarnaún (Jn 6) muchos/as discípulos/as de Jesús lo fueron abandonando. No entendían cómo él podría darles su cuerpo. Se necesitaba una fe incondicional en él.  Jesús pregunta, entonces, a sus más cercanos/as discípulos/as si también ellos/as quieren abandonarlo. Pedro responde que sólo él tiene palabras de vida eterna.

 

T: En aquel tiempo Jesús se dio cuenta de que sus discípulos criticaban su discurso sobre el pan de vida y les dijo: «¿Les desconcierta lo que he dicho? ¿Qué será, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir al lugar donde estaba antes? El espíritu es el que da vida, la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu, y son vida. Pero hay entre ustedes algunos que no creen.»

 Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién lo iba a entregar. Y agregó: «Como he dicho antes, nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre.»

            A partir de entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y dejaron de seguirle. Jesús preguntó a los Doce: «¿Quieren marcharse también ustedes?» Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.»

 

          PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

  1. ¿Qué hacer para elegir el camino que conduce a la Vida?
  2. ¿Cómo deben ser las relaciones humanas en la comunidad y en la familia?
  3. ¿Por qué muchas personas abandonan a Jesús después de escuchar sus palabras y su propuesta de vida?

 

  1. 1.      Elegir entre dos caminos

 

            Josué, sucesor de Moisés y guía del pueblo, después de realizada la conquista de la tierra prometida, reúne a todas las tribus en Siquén con la intención de invitar al pueblo de Israel a reafirmar el pacto o la alianza que el pueblo había hecho con Dios en el monte Sinaí.

            Josué está cerca de su muerte y le preocupa que el pueblo olvide a Yavé quien actuó como un el Dios liberador, aliado del pueblo, lo sacó de la esclavitud de Egipto, lo acompañó en el desierto, lo hizo entrar en la tierra, le dio líderes que acompañaron al pueblo en la conquista. El pueblo, sin embargo, en contacto con personas que tenían otros dioses, tenía el peligro de olvidar a Yavé e irse detrás de otros dioses.

            Jesús invita a elegir entre Yavé y los otros dioses. El pueblo elige servir a Yavé porque está consciente que el Dios liberador no crea relaciones de poder y de dominio, sino que todo lo que hace es buscando el bienestar de su pueblo. Elegir a Yavé es decidirse por el camino que conduce a la vida. Elegir otros dioses es convertirse en personas dependientes de dioses que oprimen a los pueblos y que están ligados a los reyes y gobernantes que imponen su poder y convierten en esclavos a las personas.

            Jesús también invita a sus discípulos/as a elegir entre los dos caminos, el que conduce a la vida y el que lleva a le perdición: “Entren por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; más ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la vida!; y pocos son los que lo encuentran” (Mt 7,13).

            Como comunidad de hemos elegido el camino de la vida, el camino de Jesús. Sin embargo tenemos la continua tentación de abandonar el Proyecto de Jesús, para seguir el camino de la vida fácil, el camino de aceptar la mentalidad de una sociedad en donde la mayor parte de las personas estar sólo preocupadas por su bienestar personal, sin comprometerse en la defensa de la vida de las mayorías. Por eso, necesitamos la fuerza del Espíritu de Dios y el apoyo fraterno para ser fieles y mantenernos en el camino que conduce a la vida.

 

  1. 2.      Relaciones de amor, igualdad y servicio en la comunidad y en la familia

 

            En su carta a los/as cristianos/as de Efeso Pablo afirma: “Sométanse unos a otros en el temor de Cristo” (Ef 5,21). Y luego agrega: “Que las mujeres se sometan a sus maridos como al Señor” (Ef 5,22). Para entender mejor el sentido de las palabras de Pablo podríamos preguntarnos qué significa la palabra “someter”. Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, someter significa: “sujetar, humillar a una persona, subyugar. Subordinar el juicio, decisión o afecto propios a los de otra persona”. En ese sentido podríamos preguntarnos si deben ser las relaciones de sumisión las que deben estar presentes entre los/as hermanos/as de la comunidad, en la relación entre la pareja de esposos, entre las diferentes personas que forman la sociedad en la que vivimos.

            Pablo intenta justificar el sometimiento de la mujer al hombre afirmando que así como la Iglesia se somete a Cristo, así también la mujer debe someterse en todo a su marido (Ef 5,24). Pero podríamos preguntarnos, si las relaciones que Jesús quiso establecer con su comunidad fueron relaciones de poder, de dominio, o relaciones de amor y de servicio.

            Durante su vida pública Jesús habló con frecuencia a sus discípulos/as del peligro de convertir las relaciones fraternas en relaciones de dominio. Cuando dos de sus discípulos querían ser más que los/as demás y buscar puestos de poder, les dijo claramente: “Como ustedes saben, los/as que se consideran jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueños, y los/as que tienen algún puesto hacen sentir su poder. Pero no será así entre ustedes. Al contrario, el/la que quiera ser el más importante entre ustedes, que se haga el/la servidora de todos; y el/la que quiera ser el/la  primero/a, que se haga siervo/a de todos/as. Así como el hijo del hombre no vino para que lo sirvieran, sino para servir y dar su vida como rescate de una muchedumbre” (Mc 10,42-45).

            ¿Cómo tender entonces la recomendación de Pablo de someterse el uno al otro y que las mujeres vivan sometidas a sus maridos? Tenemos que entender que esa afirmación no fue inspirada por el Espíritu de Dios, sino que tiene que ser entendida desde la cultura y la mentalidad de Pablo; de hecho en la mentalidad judía la mujer era considerada inferior al varón, dependiente en todo del varón. Naturalmente, hoy en día, eso no puede ser afirmado. Hoy estamos convencidos/as de que la mujer tiene en la sociedad y en la familia los mismos derechos y los mismos deberes que el varón. Por eso, lo que tiene más valor de la lectura que hemos leído, es la invitación que se hace a los maridos a amar a sus esposas, como Cristo amó a su Iglesia y se entregó a sí mismo por ella (Ef 5,25). El mismo amor deben tener las esposas por sus maridos. De esta manera se establecen relaciones de amor y respeto mutuos que convierten a la unión matrimonial en signo creíble del amor liberador de Dios por su pueblo.

 

  1. 3.     Jesús tiene Palabras de vida eterna

 

          Los evangelios nos dicen que cuando Jesús comenzó a anunciar el evangelio de la salvación y cuando realizaba milagros a favor de la gente, lo seguía una multitud de personas. Pero a medida que iba anunciando la Palabra de Dios y detallando su Proyecto se iba quedando más solo. Muchas personas lo seguían sólo por la novedad o por el beneficio que podrían conseguir al comer gratis, obtener la sanación de una enfermedad, o la realización de un milagro.

            El evangelio se dirige a todos/as, pero son pocas las personas que se deciden a vivirlo en plenitud, porque esto supone cambiar de vida y de mentalidad. Crea conflictos al interior de uno/a mismo, de la familia, de la comunidad. Por ello, los/as verdaderos/as seguidores/as de Jesús son pocos/as. El mismo nos lo dijo cuando señaló que pocos/as eran los/as que entraban por la puerta que conduce a la vida.

            Uno de los temas que más le costó entender a la gente fue aquel de Jesús como pan de vida. ¿Cómo un judío podía aceptar comer el cuerpo y beber la sangre de una persona? Era un lenguaje poco comprensible. Se trataba de un tema que sólo se podía aceptar por la fe firme en la persona que hablaba. Por eso es Pedro el que, aun estando consciente de que tampoco él y sus compañeros/as entendían tal mensaje, afirma claramente: “Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”. (Jn 6,68-69).

            Como comunidad de fe estamos más preparados/as que los/as primeros/as discípulos/as para entender y creer en Jesús como verdadero pan de vida. Sin embargo, no debemos olvidar que compartir su cuerpo y beber su sangre nos exige una identificación con Jesús, con su Proyecto de salvación, con su opción por los/as más necesitados, en medio de nuestras comunidades de fe y de solidaridad.

 

Para la revisión personal: ¿Estoy realmente en camino que conduce a la vida? ¿Sé establecer relaciones de amor e igualdad con las personas con las cuales me relaciono? ¿Creo en Jesús como verdadero pan de vida?

 

Para la oración de los/as participantes:

 

  1. Por todas las personas que formamos parte de las comunidades cristianas, para que siempre nos mantengamos en el camino que conduce a la vida verdadera. Recemos.
  2. Para que sepamos establecer relaciones de amor y servicio con todas las personas con las que nos relacionamos. Recemos.
  3. Por los nuevos gobernantes para que sepan escoger el camino que crea mejores condiciones de vida para las mayorías populares. Recemos.

 

Exhortación final: Hemos compartido el cuerpo y la sangre de Jesús que fortalecen nuestra fe. Ahora nos toca seguir viviendo nuestro compromiso creyente, con la conciencia clara de que Jesús tiene palabras de vida eterna. Por ello es necesario que sigamos anunciando su Palabra salvadora y siendo testigos/as de su amor solidario para con los/as más empobrecidos/as y humildes de nuestras comunidades.

 

 

 

 

VISITAR A LOS HUERFANOS Y A LAS VIUDAS  B22°O¡Error! Marcador no definido.  (30-8-2009)

 

ENTRADA: Formamos parte de la comunidad de los hijos y las hijas de Dios. El nos ha dado el mandamiento nuevo del amor para regular nuestras relaciones a fin de que podamos vivir felices. Para ello se nos exige poner en práctica su Palabra y no quedarnos como simples oyentes. Nuestro compromiso tiene que favorecer a los huérfanos y a las viudas, es decir, a los/as más empobrecidos/as.

            Celebremos con alegría la muerte y resurrección de Jesucristo, la Palabra de Dios hecha persona humana, que entregándose nos dio la vida y la salvación.

 

1ªL: DEUTERONOMIO 4,1-2.6-8. Guardarás los mandamientos de Yavé tu Dios.

 

I: En la siguiente lectura Moisés da algunas disposiciones al pueblo para que se mantenga fiel a la Alianza hecha con el Dios Yavé, que liberó a su pueblo de la esclavitud de Egipto.  A fin de mantener su condición de pueblo liberado, Dios, por medio de Moisés, le da normas y preceptos. El pueblo tendrá que aprender que una vida sabia e inteligente exige guardar y practicar dichos mandamientos.            

 

T:  Moisés habló al pueblo diciendo: “Ahora, Israel, escucha las normas y las leyes que yo te enseño, para que las pongas en práctica. Así vivirás y entrarás a tomar posesión del país que te da Yavé, Dios de tus padres. No añadirás ni quitarás nada a lo que yo te mando, sino que guardarás los mandamientos de Yavé, tu Dios, tal como te los ordeno. Si los guardan y los practican, serán sabios e inteligentes ante los demás pueblos. Cuando éstos tengan conocimiento de todas estas leyes, dirán: “No hay pueblo tan sabio e inteligente como esta gran nación.”

            En verdad, ¿qué nación hay tan grande cuyos dioses se acerquen a ella como lo hace para nosotros, siempre que lo invocamos, Yavé, nuestro Dios? ¿Y qué nación hay  tan grande que tenga normas y leyes tan justas como esta ley que yo te entrego hoy?”

 

SALMO 14: Señor, ¿quién entrará bajo tu tienda?

 

  • Aquel que demuestra óptima conducta y actúa con justicia, que dice la verdad de

            corazón y refrena su lengua.

  • Que no daña a su hermano ni al prójimo molesta con agravios. Con menosprecio mira al criminal, mas honra a los que temen al Señor.
  • Que si bien, al jurar, se perjudica, no niega lo que ha dicho; no facilita dinero a interés ni acepta       regalos en daño del inocente. Quien obra así jamás vacilará

 

2ªL: SANTIAGO 1,17-18.21b-22.27. Hagan lo que dice la Palabra

 

I: El autor de la carta de Santiago nos llama a reconocer los dones de Dios, sobre todo el don de su Palabra. Se nos invita a escuchar la palabra, ponerla en práctica, dedicándonos a servir a los/as hermanos/as, sobre todo a los/as más pobres, representados/as en la lectura que hacemos a continuación por los huérfanos y las viudas.

 

T: Hermanas y hermanos: Todo don valioso, todo regalo precioso viene de lo alto y ha bajado del Padre de las luces, en quien no hay cambio, ni variación, ni ocaso. El decidió darnos vida y hacernos hijos suyos, por la palabra de la verdad, para que fuéramos entre todas sus criaturas propiamente suyos.

            Fíjense con docilidad en la palabra que fue sembrada en ustedes y tiene fuerza para salvarlos.

            Hagan lo que dice la palabra, pues al ser solamente oyentes se engañarían a sí mismos. La religión verdadera y perfecta delante de Dios, nuestro Padre, consiste en esto: visitar a los huérfanos y a las viudas que necesitan ayuda y guardarse de la corrupción de este mundo.

 

3ªL: MARCOS 7,1-8.14-15.21-23. Este pueblo me honra con sus labios,

            pero su corazón está muy lejos de mí.

 

I: En el texto que leemos a continuación Jesús tiene un enfrentamiento con Escribas y fariseos. Estos acusan a Jesús de tener unos discípulos que no siguen las tradiciones de los mayores. Jesús está en desacuerdo con observar ciertas normas judías y afirma que sus adversarios dejan a un lado el mandamiento de Dios para aferrarse a las normas inventadas e impuestas por las personas.

 

T: En aquel tiempo se acercaron a Jesús los fariseos, y con ellos estaban unos maestros de la Ley, que habían llegado de Jerusalén

            Esta gente se fijó en que algunos de los discípulos de Jesús comían los panes con las manos impuras, es decir, sin lavárselas. De hecho, los fariseos (y todos los judíos), aferrados a la tradición de los mayores, no comen sin haberse lavado cuidadosamente las manos

            Y tampoco comen al volver del mercado sin lavarse antes. Y son muchas las costumbres que ellos se transmiten, como la de lavar los vasos, jarros y bandejas. Por eso, los fariseos y maestros de la Ley le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos no respetan la tradición de los ancianos, sino que comen con las manos impuras?”

            Jesús les contestó: “¡Qué bien salvan las apariencias! Con justa razón hablaba de ustedes el profeta Isaías cuando escribía: Este pueblo me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me rinden de nada sirve; sus enseñanzas no son más que mandatos de hombres.

            Ustedes incluso dispensan del mandamiento de Dios para mantener la tradición de los hombres.”

            Entonces Jesús volvió a llamar al pueblo y les dijo: “Escúchenme todos y traten de entender. Ninguna cosa que entra en el hombre puede hacerlo impuro; lo que lo hace impuro es lo que sale de él. Pues del corazón del hombre salen las malas intenciones: inmoralidad sexual, robos, asesinatos, infidelidad matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa, envidia, injuria, orgullo, y falta de sentido moral. Todas estas maldades salen de dentro y hacen impuro al hombre.”

¡Error! Marcador no definido.

 

            PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

      1. ¿Por qué es necesario cumplir las normas y preceptos del Dios liberador?

  1. ¿Cuál es la tentación constantes de aquellos/as que se comportan como fariseos/as?
  2. ¿Cómo podemos saber si nuestra práctica religiosa es verdadera?

 

1. Las normas y preceptos de un Dios cercano y liberador

 

            El pueblo de Israel había salido de la esclavitud de Egipto. Pero salir de la casa de la esclavitud no significaba automáticamente que el pueblo viviese feliz. Por eso se les da los diez mandamientos y otras normas para regular la convivencia del pueblo liberado.

            La verdadera sabiduría consiste en poner en práctica las normas y decretos del Dios liberador. De hecho El es un Dios cercano a su pueblo. Por eso, no impone cualquier tipo de normas, sino aquellas que llevarán al pueblo a mantener la libertad conquistada.

            Dios busca la felicidad para su pueblo, pero quiere que el pueblo se comprometa seriamente en la construcción de una sociedad en donde se pueda vivir como personas liberadas, que ponen en práctica las orientaciones de un Dios comprometido con su pueblo.

            Hoy, como comunidad de fe, tenemos que descubrir el sentido verdadero del mandamiento del amor que Jesús nos ha dado. Es un mandamiento que dispone nuestro corazón para formar comunidades de personas liberadas, comprometidas con el Proyecto de Dios.

 

2. La tentación constante del fariseísmo

 

            Si Jesús y sus discípulos/as tuvieron constantes problemas con los fariseos y los maestros de la Ley, se debió a que el Maestro de Galilea entendía que la fe tenía que vivirse de una forma muy diferente al estilo como la vivían sus adversarios. De hecho Jesús, citando al profeta Isaías, resume en una frase la falsedad de la práctica religiosa de los fariseos cuando afirma decididamente: “Este pueblo me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de mí” (Mc 7,6). Se trata, por tanto de un culto vacío, sin alma, sin vida.

            Con frecuencia Jesús denunció la incoherencia de vida de los fariseos. De hecho éstos dicen que basta dar limosna sin reformar el interior (Lc 11,41). Dan la décima parte de las ganancias al templo, pero olvidan lo más importante: la justicia y el amor a Dios y a los/as hermanos/as (Lc 11,42). Ellos imponen cargas pesadas a la gente y luego ni siquiera están dispuestos a mover un dedo para ayudar a su pueblo (Lc 11,46). Se solidarizan con sus antepasados que mataron a los profetas y luego construyen sepulcros para los enviados de Dios (Lc 11,48).

            Los evangelios nos hablan del fariseísmo como una tentación de todo/a creyente. Una manera de quitarle toda su fuerza y dinamismo al Evangelio es convertirlo en un conjunto de reglas formales que basta con observar exteriormente sin comprometer seriamente la propia vida. Quienes lo hacen, o pretenden hacerlo, miran con desprecio a quienes a su juicio viven al margen de ellas. Cuántas veces el pueblo pobre se considera “pecador” porque vive en un mundo complejo y enredado en el que no puede seguir lo que Jesús llama  “preceptos de hombres” (Mc 7,7). Normas propias de cristianos arrogantes, sin compasión, que dicen ser seguidores/as de Jesús; pero olvidan, como los fariseos, lo más importante: la justicia y la solidaridad.

            Los/as discípulos de Jesús comenzaron a liberarse de algunas normas religiosas de los judíos como la de lavarse las manos antes de comer. Los fariseos aprovechan esto para acusar a Jesús de ser el Maestro de personas que no observan la tradición de los mayores (Mc 7,1-5). Jesús responde apoyándose precisamente en la tradición, en la más auténtica,  representada por el profeta Isaías. En definitiva lo que Dios quiere es una conversión de corazón y no palabras y acciones puramente formales.

            Para los fariseos, como para muchas personas de hoy día, hay normas que hay que cumplir porque forman parte de la tradición de nuestro pueblo. Sin embargo la tradición no puede ser el único criterio de juicio para determinar si conviene mantener una determinada norma o no. Además, hay normas de la tradición cultural y religiosa de nuestro pueblo que respondían a las necesidades de los hombres y mujeres de otras épocas, pero que hoy  no tienen razón de ser. De todas maneras, se trata de valorar cada norma para descubrir su validez para hoy o no. Es necesario mantener las normas de las normas: el amor a Dios y a los/as hermanos/as. Lo demás puede cambiar, y en muchas ocasiones conviene hacerlo.

            Como comunidad de fe estamos llamados/as a reflexionar seriamente sobre si las normas que proponemos a la gente forman parte de los mandamientos de Dios o de tradiciones impuestas por hombres; porque, entonces, a nosotros/as se nos podría aplicar la acusación de Jesús: “Dejan a un lado el mandamiento de Dios para aferrarse a la tradición de los hombres” (Mc 7,8).

 

3. La verdadera religión: visitar los huérfanos y las viudas.

 

            Las lecturas de hoy nos están haciendo una invitación a vivir una fe comprometida, de corazón, en donde se busque el bien de las personas, en especial de los/as más pobres, y nos vayamos liberando de aquellas normas y tradiciones que, en vez de ayudar a la persona creyente, la esclavizan más.

            La verdadera religión consiste en entender que lo más importante es cuidar el interior, antes que fijarse en las cosas exteriores. Porque, según nos dice Jesús: “Lo que sale del hombre, eso lo hace impuro, pues del corazón del hombre salen las malas intenciones: inmoralidad sexual, robos, asesinatos, infidelidad matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa, envidia, injuria, orgullo y falta de sentido moral. Todas estas maldades salen de dentro y hacen impuro al hombre” (Mc 7,23). Y si para los judíos, su preocupación era el problema de la pureza, para nosotros/as debe ser la necesidad de dar testimonio de amor solidario en medio de nuestras comunidades.

            Persona creyente es aquella que está consciente de que es necesario, “Poner por obra la Palabra y no contentarse sólo con oírla, engañándose a ustedes mismos” (St 1,22). La Palabra de Dios es fuente de vida verdadera y liberada. Por ello quien se limita a escucharla se está engañando, porque ella ha sido dada a su pueblo para transformar la vida. Por eso, continúa diciendo Santiago: “El que considera atentamente la Ley perfecta de la libertad y se mantiene firme, no como oyente olvidadizo sino como cumplidor de ella, ése, practicándola, será feliz.” (St 1,25).

            No basta, sin embargo con cuidar el interior, o con poner freno a la lengua (St 1,26), o con la buena intención de poner en práctica la Palabra. Es necesario la solidaridad con los/as más empobrecidos/as, representados/as en las Escrituras por los huérfanos y las viudas. El texto que hemos leído en la segunda lectura nos dice: “La religión verdadera y perfecta delante de Dios, nuestro Padre, consiste en esto: visitar a los huérfanos y las viudas que necesitan ayuda y guardarse de la corrupción de este mundo” (St 1,27). Visitar a las víctimas de la pobreza inhumana e injusta significa comprometerse a favor de un orden social justo y solidario, y en contra de lo que produce muertes a destiempo, acumulación de las riquezas en pocas manos y despreocupación por la calidad de vida de las mayorías empobrecidas. No comprometerse sería colaborar con la corrupción de esta sociedad en que vivimos.¡Error! Marcador no definido.

 

Para la revisión personal: 1. ¿Cumplo con el mandamiento del amor a Dios y a los/as hermanos? 2. ¿Sigo el ejemplo de los/as fariseos, o el de Jesús? 3. ¿Qué lugar doy en mi vida a la solidaridad con los/as más empobrecidos/as?

 

Para la oración de los/as participantes:

 

  1. Por todos/as los/as cristianos/as, para que sepamos vivir el mandamiento nuevo del amor a Dios y a los/as hermanos/as. Recemos.
  2. Para que seamos sinceros/as con Dios y con los/as hermanos/as, siendo transparentes en nuestra relación fraterna. Recemos.
  3. Para que el amor y la solidaridad con los/as hermanos/as más necesitados/as sea un distintivo de nuestra vida cristiana. Recemos.

 

Exhortación final: La Palabra de Dios nos ha invitado hoy a examinar nuestra fe y nuestra práctica religiosa. Se nos ha hecho un llamado a evitar imitar a los/as  fariseos que defendían el cumplimiento de una serie de normas, pero su interior estaba lleno de maldad. Se nos exige poner en primer lugar el mandamiento de Dios, antes que la tradición de hombres y mujeres. De esta manera estaremos viviendo la verdadera religión que nos exige la solidaridad con los/as más pobres y oprimidos/as.


Reflexiones bíblicas para el mes de Julio 2009

julio 4, 2009

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDO)

C/ 3 No. 9. El Milloncito, Sabana Perdida. Santo Domingo Norte. Rep. Dominicana

Tel/fax. 809-568-8560. E-mail: rebido@gmail.com, rebido07@yahoo.es

Reflexiones bíblicas semanales. Julio 2009

 

 

EL DESAFÍO DE SER PROFETAS EN LA PROPIA TIERRA B14°O (5-7-09) 

 

ENTRADA: El/la profeta es una persona comprometida en el anuncio de una palabra de salvación y un proyecto de vida plena. Es un mensajero/a que pone todas sus energías al servicio de formación ética y una concientización que prioriza a los grupos más excluidos y empobrecidos de la sociedad que luchan por mejores condiciones de vida para todos y todas. Sin embargo, la palabra profética no siempre es bien recibida. Generalmente es acogida por un pequeño grupo de personas que permanecen fieles al proyecto de vida justa y es rechazada por la mayor parte del pueblo. Y es que la palabra del/de la profeta resulta molesta con frecuencia, e invita a cambiar de vida y de actitud, a nivel social y personal.

            Celebremos con alegría la presencia de Jesús en medio de nuestra comunidad.

 

1ª L.: Ez. 2,2-5. Comunicarás mis palabras, escuchen o no

 

I: Ezequiel fue un profeta y sacerdote llevado a Babilonia, junto con el primer grupo de deportados/as del Reino de Judá hacia el año 598 a. C. Allí en el exilio, fue llamado por Dios para realizar la difícil misión profética, en medio de una parte del pueblo que había sido desterrada.

            Aunque Israel era un pueblo de cabeza dura, que no quería escuchar el mensaje de salvación, el profeta tendría que seguir hablando en nombre del Dios liberador que lo había enviado a realizar su misión en medio de los/as desterrados de su pueblo.

 

T: En aquel tiempo entró en mí un espíritu y me hizo ponerme de pie; entonces oí que me decía: “Hijo de hombre, te envío donde los Israelitas, a un pueblo de rebeldes que se han rebelado contra mí; ellos y sus padres me han sido infieles hasta el día de hoy. Te envío donde esa raza de cabezas duras y de corazones obstinados para que les digas: ¡Esta es la palabra de Yavé…! Te escucharán o no te escucharán – porque son una raza de rebeldes – pero sabrán que hay un profeta en medio de ellos.

 

Salmo 122: Nuestros ojos esperan en tu misericordia

 

* Hacia ti he dirigido la mirada, que tienes en el cielo tu morada, así como los ojos de las y los servidores se fijan en la mano de su dueño.

* Como miran los ojos de una servidora la mano de su dueña, así están nuestros ojos observando a nuestro Dios, hasta que se conduela de nosotras y nosotros.

* Ten piedad de nosotras y nosotros; ten piedad, porque estamos, oh Dios, hartos de injurias; nuestra alma está repleta de las burlas y desprecios de ricos y engreídos.

 

2ª L.: 2 Cor 12,7-10. Te basta mi amor

 

I: La humildad es uno de los valores fundamentales para relacionarnos con el Dios de Jesucristo y con los hermanos y hermanas. De hecho, las Escrituras nos dicen que el Dios Yahveh aborrece a los/as soberbios y da su gracia a las personas humildes. Sólo cuando somos capaces de reconocer nuestras limitaciones, estamos en condición para pedir la fuerza de Dios, que nos ayuda a vencer las dificultades de la vida, y establecer relaciones armónicas y solidarias con  los y las demás.

 

T: Hermanas y hermanos: Para que no me pusiera orgulloso después de tan extraordinarias revelaciones, me fue clavado en la carne un aguijón, verdadero delegado de Satanás, cuyas bofetadas me guardan de todo orgullo. Tres veces rogué al Señor que lo alejara de mí, pero me dijo: «Te basta mi gracia; mi mayor fuerza se manifiesta en la debilidad».

            Mejor, pues, me preciaré de mis debilidades, para que me cubra la fuerza de Cristo. Por eso acepto con gusto lo que me toca sufrir por Cristo: enfermedades, humillaciones, necesidades, persecuciones y angustias. Pues si me siento débil, entonces es cuando soy fuerte.

 

3° Ev.: Mc. 6,1-6. Se admiraba de su falta de fe

 

I: Jesús, el gran profeta, que pasó haciendo el bien, curando a las enfermas y enfermos, liberando a los/as oprimidos/as y anunciando el evangelio de la salvación a los/as empobrecidos y excluidos, se encontró con muchas dificultades en el intento de realizar la misión que su Padre le había encomendado. Estas dificultades comenzaron en su mismo pueblo, Nazaret, en donde la mayor parte de sus compatriotas no lo aceptaron como un enviado divino. Jesús, sin embargo, no se detuvo en su misión evangelizadora, sino que llevó la Palabra de Dios a los pueblos de alrededor.

 

T:  En aquel tiempo Jesús volvió a su tierra, y sus discípulos se fueron con él. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga y mucha gente lo escuchaba con estupor. Se preguntaban: «¿De dónde le viene todo esto? ¿Y qué pensar de la sabiduría que ha recibido, con esos milagros que salen de sus manos? Pero no es más que el carpintero, el hijo de María; es un hermano de Santiago, de José, de Judas y Simón. ¿Y sus hermanas no están aquí entre nosotros?» Se escandalizaban y no lo reconocían.

            Jesús les dijo: «Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es en su tierra, entre su parentela y en su propia familia.» Y no pudo hacer allí ningún milagro. Tan sólo sanó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos. Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer. Y Jesús iba predicando por todos los pueblos de esta región.

 

          PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

  1. ¿Se puede ser profeta en la propia tierra?
  2. ¿Podemos confiar en el trabajo evangelizador de los/as pobres?
  3. ¿Debemos confiar en la fuerza que nace de la debilidad?

 

 

 1.El compromiso de ser profetas en la propia tierra y en medio de un pueblo de cabeza dura y corazón de piedra.

 

 El pueblo de Israel se creía elegido por el Dios Yahveh, entre todos los pueblos del Medio Oriente. Sin embargo, Israel no correspondió a ese amor de Dios de forma adecuada. Más bien, dio una respuesta ingrata ante el amor de la deidad que, según su fe, lo liberó de la esclavitud, que le dio líderes de la categoría de Moisés, que le dio profetas comprometidos con su pueblo. Y que le acompañó en el proceso de la conquista de la tierra prometida.

Israel se distinguió por ser un pueblo de cabeza dura y de corazón de piedra. Ante esa realidad Dios no renuncia a seguir enviándoles profetas que se encargarán de recordar al pueblo cuál es el verdadero Proyecto del Dios liberador. Dios también habla a través de los acontecimientos de la vida del pueblo, Y un hecho significativo fue la deportación de una parte del pueblo (los nobles, los ricos, los artesanos, los sacerdotes) a principios del siglo VI a.C.). En medio de esa realidad de deportación, un joven sacerdote, Ezequiel, dirige su palabra profética,

A pesar de que el pueblo tiene un corazón duro y unos oídos sordos al mensaje de Dios que transmiten los profetas, éstos tendrán que seguir realizando su misión. Es el mismo Dios el que les invita a seguir realizando la misión: “Y ellos, escuchen o no escuchen (…) sabrán que hay un profeta en medio de ellos” (Ez  2,5), Y el profeta tiene que librarse del miedo que le impide realizar su misión: “No tengas miedo de sus palabras, si te contradicen y te desprecian y si te ves sentado sobre escorpiones,” (Ez 2,6).

.           ¿Por qué es difícil ser profeta en la propia comunidad? El profeta choca con la resistencia de aquellas personas que se niegan a escuchar la Palabra de Dios que los invita a cambiar de vida y a dejar sus viejas seguridades. Y una forma de rechazar la Palabra de Dios es quitándole importancia a la persona que la anuncia, Por eso con frecuencia se afirma que “nadie es profeta en su tierra‘” Sin embargo el texto de Mc 6,4 no dice que no es posible ejercer la profecía en la propia comunidad. Lo que sí señala es que ese es un trabajo difícil. Por eso la mejor traducción sería: “Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio”, De todas maneras, lo que la frase quiere dejamos dicho, es que en la propia comunidad la misión profética puede ser más difícil todavía que en otras comunidades.

Como creyentes estamos llamados/as a realizar nuestra misión profética comenzando por nuestras familias, por nuestra comunidad. Como dijo un escritor, “Tenemos que florecer donde nos han sembrado”. Es en la cotidianidad de cada día, en medio de los problemas de nuestra propia comunidad, donde debemos dar testimonio de la fe que decirnos profesar.

Nuestras comunidades tienen la misión de seguir realizando su misión en medio de un pueblo de cabeza dura, que se niega y se resiste muchas veces a escuchar la Palabra de Dios. Muchas otras personas son simplemente indiferentes ante el mensaje salvador, Ahí nos toca seguir realizando nuestro trabajo. Es necesario, además, seguir arrancando el miedo que nos impide ser fieles a la misión que se nos ha encomendado.

 

2. Confiar en la fuerza que nace de la debilidad

 

Los/as compatriotas de Jesús estaban admirados/as de sus enseñanzas y de sus milagros, Y decían- “¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas entro nosotros? Y se escandalizaban a causa de él” (Mc 6,3), A los compueblanos de Jesús les cuesta entender que el hijo del carpintero, ahora se haya convertido en un profeta que tiene palabras de sabiduría y poder para hacer milagros. No confiaban en la Palabra de Dios que se comunica a través de aquellas personas que menos esperamos.

En nuestras comunidades también nos encontramos con personas sencillas, muchas veces analfabetas, que se convierten en profetas de la Palabra de Jesús. Por eso señala, con mucha razón, el documento de Puebla: “El compromiso con los pobres y oprimidos y el surgimiento de las Comunidades de Base han ayudado a la Iglesia a descubrir el potencial evangelizador de los pobres, en cuanto la interpelan constantemente, llamándola a la conversión y por cuanto muchos de ellos realizan en su vida los valores evangélicos de Solidaridad, servicio, sencillez y disponibilidad para acoger el den de Dios,” (Puebla, 1 14 7).

 

3. La fortaleza que nace de la debilidad

 

Las lecturas de hoy nos han hablado de varias vocaciones proféticas: Ezequiel, Pablo, Jesús. Dios les da una tarea y quiere que sea realizada con responsabilidad.

La debilidad de/de la enviado/a revela la fuerza del Espíritu presente en él/ella. En la flaqueza de Pablo, el Señor muestra su poder (2 Cor 12,9). Pablo nos habla de que para que no fuese orgulloso en su misión apostólica le fue dado un aguijón en la carne (una espina, dolor punzante). No sabemos realmente si se trataba de una enfermedad con ataques imprevisibles, o la espina de tener que soportar la dureza de cabeza de sus hermanos/as en la fe. Y Pablo sabe que puede contar con la fuera de Dios: “Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza” (2 Cor 12,9). Por eso el Apóstol de los gentiles confiesa decididamente: “Con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en ” la fuerza de Cristo” (2 Cor 12,9).

Como persona, y como comunidad de fe no debemos tener miedo a nuestras debilidades y dificultades. Jesús da la fuerza. Basta permanecer abiertos/as a su palabra salvadora y a su misión liberadora en medio de un pueblo de cabeza dura y corazón de piedra.

 

Para la revisión personal: ¿He sentido el llamado de Dios y de mi comunidad para ser su profeta? ¿Acepto o rechazo la misión que me encomienda la comunidad de fe? ¿Confío realmente en la fuerza que nace de la debilidad?

 

Para la oración de las y los participantes:

 

  1. Por todas las personas que están realizando su misión profética para que cuenten siempre con la fuerza de dios y la solidaridad de sus hermanos/as. Recemos.
  2. Por todos/as los/as profetas que están siendo perseguidos/as para que se mantengan fieles a la misión que se les ha encomendado. Recemos.
  3. Para que aprendamos a confiar en la fuerza que puede nacer de los/as débiles y los/as pobres cuando toman conciencia de su misión en el Proyecto de Dios. Recemos.

 

Exhortación final: Como Ezequiel, Pablo y Jesús hemos recibido la misión de ser profetas en medio de un pueblo oprimido e inconsciente. Y aunque esa tarea sea difícil, es necesario seguirla realizando con responsabilidad, decisión y constancia. Sigamos, pues, desarrollando nuestro trabajo evangelizador y liberador de las injusticias y de la corrupción, contando con la fuerza que da el Espíritu de Dios.

 

 

 

                                                                                   

 PALABRA DE DIOS Y COMPROMISO PROFETICO  B15°O (12-7-09)

 

ENTRADA: Para las y los cristianos el/la profeta es la persona escogida por el Espíritu divino y por la comunidad de fe para anunciar su Palabra de vida y de salvación. La misión profética conlleva también la denuncia de todo aquello que se opone al proyecto de vida plena: el egoísmo, la opresión, la soberbia, la religión convertida en ritos vacíos. Esta denuncia profética suele provocar la reacción de los responsables de las maldades y las injusticias. Entonces hay personas que intentan sacar de en medio al/a la profeta. A pesar de todo, es necesario seguir hablando en nombre del proyecto de vida y proclamando el mensaje salvador y liberador.

 

I°L: Amós 7,10-15. Un campesino convertido en profeta

 

I: Hacia la mitad del siglo octavo antes de Jesús de Nazaret, el reino de Israel aparece rico y muy próspero. La pequeña propiedad ha ido desapareciendo y las riquezas se concentran en las manos de unos/as pocos/as, mientras por otra parte crece el número de obreros asalariados. El lujo de unos/as pocos/as insulta la miseria de los pobres. En medio de esta situación Dios llama a Amós, pastor natural de Tecoa, pueblecito situado a unos nueve kilómetros al sur de Belén, para anunciar a la casa real un castigo por sus pecados. Le envía a realizar su misión profética lejos de su pueblo, en el reino del norte. Comienza predicando en el santuario nacional de Betel Así Amós denuncia a una religión demasiado ligada con el poder político, que aprueba las injusticias cometidas por el rey y sus allegados, perjudicando a los/as pobres y a los/as débiles.

 

T:  En aquel tiempo Amasías, sacerdote de Betel, le mandó este recado a Jeroboam, rey, de Israel:”Amós está conspirando contra ti en pleno centro de Israel, No hay que permitirle que siga hablando, pues dice que a ti te matarán a espada y que Israel será llevado al desierto, lejos de su patria.” Luego Amasías fue a decirle a Amós: “Sal de aquí, visionario; ándate a Judá, gánate allá la vida dándotelas de profeta, Pero no profetices más aquí en Betel, que es un santuario real, un templo nacional”.

Amós le contestó: “Yo no soy profeta ni uno de los hermanos profetas; soy simplemente un hombre que tiene sus vaquitas y unas cuantas higueras, Yavé es quien me sacó de detrás de las ovejas y me dijo: “Ve y habla de parte mía a Israel, mi pueblo”.

 

Salmo 84: Muéstranos oh Dios, tu misericordia y danos tu salvación

 

* Voy a escuchar qué está hablando el Dios liberador: “Dios les habla de paz a su pueblo y a todos sus amigos y amigas con tal que en su locura no recaigan. El salvará a aquellas personas que lo aman y habitará su gloria en nuestra tierra.

* La Gracia y la Verdad se han encontrado, la Justicia y la Paz se han abrazado; la Verdad brotará desde la tierra y bajará del cielo la justicia.

* Nuestro Dios mismo nos hará felices y nuestra tierra nos dará sus frutos, La justicia andará delante de él, la paz irá siguiendo sus pisadas.

 

 

 

 

2ºL: Efesios 1,3-14. Por Jesús hemos recibido la redención y el perdón de los pecados

 

I:  La lectura que hacemos a continuación es un precioso himno que nos ha dejado Pablo. El personaje principal de la lectura que hacemos a continuación es la persona de Jesucristo, centro de nuestra fe. Por otro lado el texto revela la profundidad de la fe de  Pablo de Tarso, quien llegó a afirmar: “Para mí la vida es Cristo”.

 

T:  ¡Bendito sea Dios, Padre de Cristo Jesús nuestro Señor, que nos bendijo desde el cielo, en Cristo, con toda clase de bendiciones espirituales!

En Cristo, Dios nos eligió desde antes de la creación del mundo, para andar en el amor y estar en su presencia sin culpa ni mancha.

Determinó desde la eternidad que nosotros fuéramos sus hijas e hijos adoptivos/as por medio de Cristo Jesús, Eso es 1o que quiso y más le gustó, para que se alabe su Gloria, por esa gracia suya que nos manifiesta en el Bien amado.

Pues en Cristo, la sangre que derramó paga nuestra libertad y nos merece el perdón de los pecados, En esto se ve la inmensidad de su Gracia, que él nos concedió con toda sabiduría e inteligencia,

Y ahora Dios nos da a conocer este proyecto misterioso, esta libre decisión que tomó desde antes, para ponerlo en ejecución cuando llegara la plenitud de los tiempos. Todas las cosas han de reunirse bajo una sola cabeza, Cristo, tanto los seres celestiales como los terrenales.

En Cristo, Dios nos apartó, a los que estábamos esperando al Mesías. El, que dispone de todas las cosas corno quiere, nos eligió para ser su pueblo, para alabanza de su gloria.

Ustedes también, al escuchar la Palabra de la Verdad, el Evangelio que los salva, creyeron en él, quedando sellados con el Espíritu Santo prometido, el cual es el anticipo de nuestra herencia.

Así va liberando al pueblo que hizo suyo, con el fin de sea alabada su Gloria.

 

3ªL:  Mc 6,7-13. Fueron a predicar, invitando a la conversión

 

1:     El/la discípulo/a de Jesús tiene la misión de anunciar el Evangelio a fin de promover la conversión de los corazones y el cambio de las estructuras sociales injustas Ese trabajo se hace en comunidad por esto Jesús envía a sus apóstoles de dos en dos.

Al/a la predicador/a se le exige un estilo de vida austero, que permita anunciar el Evangelio con libertad, pues se trata de un mensaje que tiene que ir acompañado con el testimonio de la vida.

 

T: En aquel tiempo Jesús reunió a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus malos. Les ordeno que no llevaran nada para el camino fuera de un bastón: ni pan, ni saco, ni dinero; que fueran con calzado corriente y con un solo manto.

Y les decía: “Quédense en la primera casa en que les den alojamiento, hasta que se vayan de ese pueblo. Si en algún lugar no los reciben y no los escuchan, dejen a esa gente y sacudan el polvo de sus pies como protesta contra ellos”.

Fueron a predicar, invitando a la conversión. Echaban a muchos espíritus malos, y sanaban a numerosos enfermos con una unción de aceite.

 

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

1.  ¿Por qué la vocación profética requiere un espíritu de libertad?

2.  ¿Por qué es necesario anunciar el mensaje desde la comunidad de fe?

3.  ¿Por qué es conveniente realizar la misión con medios sencillos?

 

1. La libertad que requiere la vocación profética

 

Amós es un profeta que le toca realizar su misión en la primera parte del siglo 8° a.C., en el Reino de Norte, Israel, en medio de una situación de grandes injusticias sociales. Su palabra profética es valiente y directa. Dirigiéndose a los/as que se creen los nobles de su pueblo les dice: “Escuchen esta palabra ustedes que oprimen a los débiles, que maltratan a los pobres, que tiran por tierra la justicia…” (Am 4,1; 5,7).

En medio de esta situación de injusticia, el rey utiliza la religión como un medio más para oprimir a los/as débiles. Ante esta situación Amós no se queda callado. Es así que, según la lectura que hemos leído hoy, tiene un conflicto con Amasías, sacerdote del santuario de Betel. Al profeta se le invita a callarse y a regresar a su región de Judea: “En Betel no has de seguir profetizando, porque es el santuario del rey y la casa (léase templo) del reino” (Am 7,13). Y Amasías manda a decir al rey Jeroboam II (783-743 a.C.): “Amós conspira contra ti en medio de la casa de Israel; ya no puede la tierra soportar todas sus palabras “ (Am 7,10). Amós, como buen profeta, anuncia sin miedo: “A espada morirá Jeroboam, e Israel será deportado de su suelo” (Am 7,11).

Amós mantiene clara su conciencia de ser portador de un mensaje importante. Frente a la amenaza de expulsión que recibe, contesta con sencillez. Dice que él no es un profesional de la profecía; es simplemente un hombre del pueblo, un campesino que ha recibido una misión y la cumple con responsabilidad, gústele o no al rey, a sus sacerdotes,  y a los poderosos de su pueblo. En esta tarea sólo confiará en Dios y no en el dinero.

            El ejemplo de Amós puede ayudarnos a entender la misión profética en medio de nuestras comunidades. Es necesario vencer el miedo que nos impide realizar el trabajo que se nos ha encomendado. Y estar preparados/as para asumir las consecuencias y los problemas que vienen cuando intentamos ser fieles a la vocación que hemos recibido.

 

2. Anunciar, desde la comunidad de fe, el Evangelio de la conversión y la liberación.

 

El evangelio de Marcos nos dice que “Jesús instituyó Doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios” (Mc 3,14-15). El número 12 está cargado de significado en la Biblia. 12 es el número de las tribus de Israel. Al escoger Jesús las primeras 12 personas para comprometerlas en la labor evangelizadora, quiere significar que todo el pueblo de Israel está llamado a aceptar el evangelio de la salvación.

El “estar con él”, el formar comunidad con Jesús, es condición previa para poder anunciar en evangelio en su nombre. Y ese anuncio es necesario hacerlo con espíritu comunitario, como parte de una comunidad que envía a realizar la misión. Es significativo el hecho de que Jesús envía a sus apóstoles de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus malos. Ya el mismo Jesús había dicho a sus seguidores/as: “Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20).

Hoy también tenemos la invitación de formar pequeñas comunidades en donde vivamos la experiencia de estar con Jesús, de aprender de él a vivir en comunidad y a aceptar su envío para realizar la misión evangelizadora.

 

3. Realizar la misión con simplicidad y sencillez de medios

 

                        La misión debe ser cumplida con simplicidad. El centro del anuncio será la llamada a la conversión que tiene que ir acompañado con acciones concretas (curar a los/as enfermos/as y expulsar a los demonios… como signo de la presencia del Proyecto de Dios, de su Reino). El camino se hará con sandalias y con un bastó en la mano, “sin pan, ni alforja, ni dinero” (Mc 6,8). Llevar dos ropas es señal de riqueza. Así sobriamente deben ir los/as mensajeros/as del Proyecto liberador de Dios, con sólo lo esencial. Y es que nada debe estorbar la proclamación del evangelio de salvación. Este no puede ser presentado desde el poder y la seguridad que da el dinero o la posición social. Es necesario dejar que el Evangelio aparezca con toda su fuerza. De hecho, los/as seguidores/as de Jesús dependerán de la acogida que les den las personas a quienes se dirigen, no de ventajas ni privilegios en la sociedad.

                        Hoy en nuestras comunidades tenemos algunos medios para la labor evangelizadora: templos, vehículos, libros, medios audiovisuales, mulos… Incluso en nuestra Iglesia tenemos algunas emisoras de radio y un canal de televisión. Todos estos medios, sin embargo, deben ser funcionales y deben servir para comunicar mejor el evangelio, sin olvidarnos que el anuncio debe ir acompañado con el testimonio de vida de las personas comprometidas con el Proyecto de Dios.

                        Como comunidad tenemos el deber de proclamar el Evangelio, sin que la pobreza de medios sea un motivo para no realizar la misión que se nos ha encomendado. Aún más, la pobreza de medios nos da la oportunidad para anunciar un evangelio más encarnado en la realidad del mundo de los/as más pobres, preferidos/as del corazón solidario de Jesús.

 

Para la revisión personal: ¿asumo mi compromiso profético en medio de mi pueblo? ¿Estoy comprometido/a con el anuncio del Evangelio? ¿Acompaño el anuncio evangélico con el testimonio de mi vida?

 

Para la oración de las y los fieles:

 

* Por todas nuestras comunidades para que en ellas surjan muchos/as y buenos/as profetas, comprometidas con el Proyecto de Dios. Recemos.

* Para que asumamos con responsabilidad la tarea de llevar el evangelio de la vida y la esperanza. Recemos.

* Por las nuevas autoridades del país para que se preocupen de la situación de los/as más pobres. Recemos.

 

Exhortación final: A nosotros/as, como a los/as primeros/as discípulos/as, Jesús nos llama para estar con él, comprometidos/as con un proyecto de vida y enviamos a evangelizar, siendo profetas comprometidos/as con la defensa de la vida en medio de nuestras comunidades. Que las dificultades que encontremos, ni el deseo de prestigio y poder nos alejen de la misión liberadora que se nos ha encomendado.

 

 

 

 

                           JESÚS ES EL BUEN PASTOR   B16°O (19-7-09) 

 

ENTRADA: El Dios de Jesús es nuestro Pastor. El nos cuida con amor misericordioso. El nos ha invitado en este día para escuchar la palabra orientadora de Jesús. El nos puede guiar por el camino de la verdad y de la vida feliz.

            Jesús se nos presenta hoy como buen pastor, el enviado por Dios para cuidar las ovejas dispersas, heridas y abandonadas que no tienen quién se cuide de ellas.

 

1ª L.: Jer. 23,1-6. El gobernará el país según la justicia y el derecho

 

I: El profeta Jeremías habla en nombre Dios para denunciar la mala actuación de los jefes políticos y religiosos del pueblo. Estos fueron puestos para dedicarse a atender a las ovejas (al pueblo empobrecido y excluido); sin embargo sólo se interesan de ellos/as mismos y de sus negocios. El exilio de Babilonia (s. VI a.C.) será la consecuencia de esta forma de actuar contraria a la alianza hecha con el Dios liberador.

 

T:  «¡Ay de esas y esos pastores que pierden y dispersan las ovejas de mis praderas!»

Así habla Yavé, el Dios de Israel, contra los pastores que pastorean a mi pueblo: «Ustedes han dispersado mis ovejas y las han echado en vez de preocuparse de ellas. Pero ahora me voy a preocupar de ustedes por todo el mal que cometieron -palabra de Yavé. Voy a reunir el resto de mis ovejas, llamándolas de todos los países adonde las haya dispersado. Las haré volver a sus pastos, donde se criarán y se multiplicarán. Yo pondré al frente de ellas pastores que las cuiden, y nunca más temerán o serán asustadas. Ya ninguna se perderá.»

Así dice Yavé: «Llega el día en que yo haré surgir un hijo de David que se portará como rey justo y prudente. El gobernará este país según la justicia y el derecho. En aquel tiempo Judá gozará de paz, e Israel permanecerá seguro. Y éste es el nombre que le darán: Yavé-nuestra-justicia.

 

Salmo 22:  Mi pastor es el mismo Dios, nada me falta.

 

* Dios es mi pastor, nada me falta; en verdes pastos él me hace reposar y adonde brota agua fresca me conduce. El fortalece mi alma.

*  Por el camino del bueno me dirige por amor de su Nombre. Aunque pase por oscuras quebradas no temo ningún mal,  porque tú estás conmigo; tu bastón y tu vara me protegen.

*  Me sirves a la mesa frente a mis adversarios, con aceite perfumas mi cabeza y rellenas mi copa. Me acompaña tu bondad y tu favor mientras dura mi vida, mi mansión será la casa del Señor por largo, largo tiempo.

 

2ª L.: Ef. 2,13-18. Jesús es nuestra paz

 

I: En las primeras comunidades cristianas existían fundamentalmente dos grupos de creyentes: los/as que provenían del judaísmo y los/as que provenían del paganismo. Entre los dos grupos había dificultades internas, porque los judíos querían imponer a los demás sus costumbres y tradiciones.

            Pablo declara que Jesús ha unido a los dos pueblos, judíos y paganos, en una sola familia, en la que la pertenencia al pueblo de Dios se logra no por simple nacimiento, sino por la identificación con Jesús y con el Proyecto del Padre.

 

T: Hermanas y hermanos: Ahora, en Cristo Jesús y por su sangre, ustedes que estaban lejos han venido a estar cerca. El es nuestra paz. El ha destruido el muro de separación, el odio, y de los dos pueblos ha hecho uno solo. En su propia carne destruyó el sistema represivo de la Ley e hizo la paz; reunió a los dos pueblos en él, creando de los dos un solo hombre nuevo. Destruyó el odio en la cruz, y habiendo reunido a los dos pueblos, los reconcilió con Dios por medio de la misma cruz.

Vino como evangelizador de la paz: paz para ustedes que estaban lejos, y paz para los judíos que estaban cerca. Y por él los dos pueblos llegamos al Padre en un mismo Espíritu.

 

3ªL:  Mc. 6,30-34. Yo soy el buen pastor

 

I: En el tiempo de Jesús los líderes religiosos habían convertido la religión en un conjunto de ritos y tradiciones, olvidando lo más importante: la misericordia, la justicia y el cuidado pastoral de las personas.

            Jesús se da cuenta de que la gente andaba como ovejas sin pastor. Por esto él, que tiene un corazón misericordioso, se dedica a enseñarles con calma, anunciándoles un mensaje de salvación encarnado en sus vidas.

 

T: En aquel tiempo al volver los apóstoles a donde estaba Jesús, le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Jesús les dijo: «Vámonos aparte, a un lugar retirado, y descansarán un poco.» Porque eran tantos los que iban y venían que no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron solos en una barca a un lugar despoblado.

            Pero la gente vio cómo se iban, y muchos cayeron en la cuenta; y se dirigieron allá a pie. De todos los pueblos la gente se fue corriendo y llegaron antes que ellos.

            Al desembarcar, Jesús vio toda aquella gente, y sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas sin pastor. Y se puso a enseñarles largamente.

 

            PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

  1. ¿Por qué podemos decir que el Dios de Jesús es nuestro pastor?
  2. ¿Quiénes son los malos pastores que descuidan a las ovejas?
  3. ¿Por qué es importante el descanso del/de la discípulo/a?

 

1.  El Dios de Jesús es el buen pastor

 

Ser pastor en la tierra de Jesús fue – y sigue siendo- una tarea difícil. En primer lugar porque el pastor era despreciado, al realizar un trabajo considerado indigno, De hecho los pastores tenían fama de ser ladrones, pues alguna vez incluían en sus rebaños algunas ovejas que no les pertenecían, Además de esto, ser pastor, sobre todo en la zona de Judea, significaba dedicar una atención especial, teniendo en cuenta la aridez del terreno de todo la parte sur del país, Judea, en donde se ejercía la mayor parte del trabajo de pastoreo.

No obstante la mentalidad del tiempo, las Escrituras nos presentan a Dios como un pastor para su pueblo. Es sobre todo a partir del exilio de Babilonia (s. VI a.C.) que se va desarrollando la idea de Dios como buen pastor, De hecho según la lectura que hemos hecho hoy del profeta Jeremías, Dios pide cuenta a los/as pastores de su pueblo (se refiere a los líderes políticos y religiosos) y él mismo está comprometido con sus ovejas: “Reuniré el resto de mis ovejas y las llamaré de todos los países adonde las haya dispersado. Las haré volver a sus pastos, donde se criarán y se multiplicarán” (Jer 23,3). El escogerá los pastores adecuados para sus ovejas de modo que ninguna se pierda (Jer 23,4). Y hará surgir a un verdadero pastor, comprometido con la causa de losas más pobres del país: “Llega el día en que yo haré surgir un hijo de David que se portará como rey justo y prudente”.El gobernará este país según la justicia y el derecho”(Jer 23,6).

El evangelio de Marcos que hemos leído hoy nos había de la compasión de Jesús por la gente que le busca: “Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban corno ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas coceos”‘ (Mc 6,34). Estas ovejas sin pastor son las personas empobrecidas de la Palestina de entonces, “los pobres del país” -así son llamados/as en la Biblia- considerados/as ignorantes y sin remedio por los escribas y fariseos. Pobres porque era pecadores/as, decían los grandes del pueblo. De ellos/as se ocupa en primer lugar Jesús. El vino sobre todo para los/as últimos/as de la sociedad- dedica tiempo a aquellos/as que no interesan a nadie, interrumpiendo incluso su legítimo descanso.

La primera preocupación de Jesús, no es el hambre del pueblo, porque el hambre es una consecuencia, no una causa. La primera preocupación es que el pueblo está como ovejas sin pastor: disperso, dividido, desorganizado, sin rumbo. Eso preocupa a Jesús; por eso hay hambre, hay dominación. Después de enseñarles, también se preocupa del hambre de la gente. El pan, al ser compartido, se multiplica- todos/as pueden comer, y aun sobra (Mc 6,35-44).

Como Jesús, tenemos que convertirnos en profetas que denuncien la falta de pastores, de líderes políticos comprometidos con el bien de la mayor parte de los/as pobres del país. Estos pobres también necesitan, ante todo, la mano amiga de un/a pastor/a, que les sepa mostrar el amor de Jesús por ellos/as.

 

2. ¿Quiénes son los/as malos pastores que descuidan a las ovejas?

 

            El profeta Jeremías realizó su labor profética hacia el siglo VI a.C., en el tiempo inmediato al exilio de Babilonia, y también durante el mismo. Según sabemos, el profeta no fue con los/as deportados/as a Babilonia. Prefirió quedarse con los/as más pobres, con los/as campesinos/as que se quedaron en la tierra de Palestina. Después del asesinato del gobernador que habían dejado los Babilonios, tuvo que huir a Egipto, donde creemos que terminó sus días. Por esta experiencia personal que vivió, Jeremías está preparado para describir la situación que atraviesan tanto los/as que fueron al exilio, como los/as que se quedaron en la tierra como “ovejas sin pastor”.

            Jeremías describe la actuación de los pastores de su pueblo: éstos dejan perderse a las ovejas y no les importa que éstas se dispersen, no las atienden; en otras palabras, no les importan las ovejas (Jer 23,1-2),

            Ezequiel, un profeta contemporáneo de Jeremías, que acompañó a los deportados de Babilonia, nos describe también la actuación de los malos pastores. Según este profeta los pastores se apacientan a sí mismos (Ez 34,2). Se toman la leche del rebaño, se visten con su lana, se comen su carne; pero no dedican tiempo9 al cuidado de las ovejas (Ez 34,3). No se preocupan por las ovejas enfermas, heridas y débiles; no buscan a la oveja descarriada. Jesús dirá que esos malos pastores son asalariados que no les importan nada las ovejas y las dejan solas en el momento del peligro (Jn 10,12).

 

3.      El descanso merecido para restablecer las fuerzas

 

Después que los Apóstoles volvieron de la misión que Jesús les había encomendado contaron lo que habían hecho y enseñado, Entonces los invitó a ir a un sitio tranquilo para descansar un poco. Se trata de un gesto muy humano de Jesús en el que muestra su preocupación por aquellas personas que están más cerca de él, Y que están más comprometidas con la labor de anunciar el Evangelio.

Ante la lucha diaria por la subsistencia y los compromisos de nuestra vida pastoral podemos caer en el error del activismo, de estar siempre trabajando sin dejar  tiempo para la reflexión, para la oración, para el merecido descanso. El mismo Jesús nos da ejemplo de esto cuando se retiraba a un lugar solitario para hacer la oración, para descansar un poco.

Como miembros/as de comunidades, comprometidas con el Proyecto de Dios, necesitamos tiempo para el encuentro fraterno, para los tiempos de compartir la alegría de sentimos hermanos/as, para celebrar los acontecimientos de la vida, para sentimos hijas e hijos de un mismo Padre.

 

Para la revisión personal: ¿Tengo compasión de la gente que anda como oveja sin pastor? ¿Cuánto tiempo dedico al cuidado de los/as hermanos/as? ¿Me comporto como buen pastor/a en mi familia?

 

Para la oración de las y los participantes:

 

* Por todos/as los/as pastores/as de la Iglesia para que realicemos nuestra tarea con dedicación, amor y constancia.

* Por todos/as los/as hermanos/as desorientados/as para que encuentren personas que se compadezcan de ellos/as.

* Por los nuevos gobernantes, para que tengan compasión y misericordia de los/as más pobres del país y promueven políticas que beneficien a las mayorías populares.

 

Exhortación final: Hemos celebrado con alegría la presencia de Jesús, el buen pastor, en medio de su pueblo. Ahora él nos envía a anunciar el Evangelio y a mostrar su amor a tantas personas que andan por la vida sin rumbo, sin sentido, sobre todo a las más pobres, excluidas y necesitadas. De esta manera nos convertimos en testigos/as creíbles de su amor liberador.

 

 

 JESÚS SE COMPADECE DE LA GENTE HAMBRIENTA B17°O (26-7-09)

 

ENTRADA: El pan es signo de lo indispensable para vivir. No tener pan significa estar cercarnos a la muerte. Poder comer el pan de cada día es también uno de los derechos fundamentales de toda persona. Sin embargo tantas personas, sobre todo mujeres, niños y niñas, ancianas y ancianos sufren el hambre en nuestra sociedad, en nuestra isla, en América Latina y el Caribe, en el mundo entero, a causa de diversas razones, sobre todo por el egoísmo de personas que acumulan los recursos que pertenecen a todas y todos. Esto va contra el proyecto de vida plena de una comunidad de fe comprometida guiada por el Espíritu del Dios liberador que se preocupa de todas las personas, sobre todo de los/as más empobrecidos y excluidos.

            Celebremos con alegría la presencia del Jesús solidario que comparte el pan que es su cuerpo con todos/as nosotros/as.

 

1ª L.: 2 Re. 4,42-44. Eliseo multiplica el pan

 

I:   Eliseo, discípulo del gran profeta Elías, multiplica el pan para saciar el hambre de la gente, como después lo hará Jesús. De esta manera demuestra que el/la profeta es la persona que no sólo habla en nombre de Dios, sino que también realizar signos y prodigios en función de la gente necesitada, como parte de su compromiso con el Proyecto salvador de Dios.

 

T:  En aquellos días llegó de Baalsalisá uno que traía al hombre de Dios pan y trigo. Eran los primeros veinte panes hechos con cebada de la última cosecha. Eliseo le dijo: «Da los panes a estas personas para que coman.»

 Su servidor le dijo: «¿Cómo voy a repartir estos panes entre cien hombres?» «Dáselos a la gente para que coma -insistió Eliseo-, porque así dice Yavé: Comerán todos y sobrará.»

 El hombre entonces se los presentó; ellos comieron y dejaron sobras, como Yavé había dicho.

 

Salmo 144:  Nuestro Dios actúa con justicia y es bondadoso en todas sus acciones

 

*        Te alabarán, oh Dios, todas tus obras y te bendecirán tus servidores. Hablarán de la gloria de tu reino y anunciarán a todos tus hazañas.

*          Las miradas de todos de ti esperan que les des a su tiempo su alimento. Tú sólo abres tu mano y a todos los vivientes les das de sobra de lo que desean.

*          El Señor siempre actúa con justicia y es bondadoso en todas sus acciones. El Señor está cerca de todo el que lo invoca, de todo el que lo invoca de verdad.

 

2ª L.:Ef. 4,1-6. Sean humildes, amables, pacientes y sopórtense unos/as a otros/as con amor.

 

I:  Mientras Pablo estaba preso en Roma, a causa de la falsa acusación que le habían hecho los líderes judíos, escribe una carta a los/as cristianos/as de Efeso. Pablo se entera de que las comunidades fundadas por él, en la provincia de Efeso, se dejaban perturbar por predicadores de origen judío, que se presentaban como gente entendida en materias religiosas y creaban confusión entre los/as creyentes. Por esto, Pablo insiste sobre la unidad y el amor fraterno entre los/as miembros de la comunidad cristiana.

 

T: Hermanas y hermanos: Yo, «el prisionero de Cristo», les exhorto, pues, a que se muestren dignos de la vocación que han recibido. Sean humildes, amables, comprensivos, y sopórtense unos a otros con amor.

 Mantengan entre ustedes lazos de paz y permanezcan unidos en el mismo espíritu. Un solo cuerpo y un mismo espíritu, pues ustedes han sido llamados a una misma vocación y una misma esperanza. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todos, que actúa por todos y está en todos.

 

3ªL:  Jn. 6,1-15. Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo

 

I: Al igual que lo había hecho Eliseo en la antigüedad, Jesús multiplica el pan para saciar el hambre de la gente. Así este milagro se convierte en signo de la preocupación de Jesús por toda la persona.

            La gente, sin embargo, no entiende adecuadamente el gesto de Jesús, e intentan proclamarlo rey. No aprendieron la lección de la compasión solidaria del Maestro.

 

T: En aquel tiempo Jesús pasó a la otra orilla del lago de Galilea, cerca de Tiberíades. Le seguía un enorme gentío, a causa de las señales milagrosas que le veían hacer en los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos.

 Jesús, pues, levantó los ojos y, al ver el numeroso gentío que acudía a él, dijo a Felipe: «¿Dónde iremos a comprar pan para que coma esa gente?» Se lo preguntaba para ponerlo a prueba, pues él sabía bien lo que iba a hacer. Felipe le respondió: «Doscientas monedas de plata no alcanzarían para dar a cada uno un pedazo.» Otro discípulo, Andrés, hermano de Simón Pedro, dijo: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es esto para tanta gente?» Jesús les dijo: «Hagan que se sienta la gente.»

 Había mucho pasto en aquel lugar, y se sentaron los hombres en número de unos cinco mil. Entonces Jesús tomó los panes, dio las gracias y los repartió entre los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, y todos recibieron cuanto quisieron. Cuando quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que han sobrado para que no se pierda nada.» Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos que no se habían comido: eran las sobras de los cinco panes de cebada.

            Al ver esta señal que Jesús había hecho, los hombres decían: «Este es sin duda el Profeta que había de venir al mundo.» Jesús se dio cuenta de que iban a tomarlo por la fuerza para proclamarlo rey, y nuevamente huyó al monte él solo.

 

          PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

  1. ¿Por qué el pan compartido se multiplica y hasta sobra?
  2. ¿Qué significa vivir según la vocación que hemos recibido?
  3. ¿Por qué Jesús se resiste a ser proclamado rey?

 

1. El pan compartido se multiplica y hasta sobra

 

Las lecturas de hoy, la primera del libro segundo de los Reyes y el evangelio según Juan, nos hablan de compartir el Pan. El pan compartido se multiplica Y hasta sobra. El pan compartido es un signo de fe y de compromiso con el Proyecto de Jesús.

En el evangelio que hemos leído hoy Jesús pregunta a Felipe: ¿Con qué compraremos panes para que coman éstos” (Jn 6,5). Pero el mismo evangelio nos dice que Jesús hizo la pregunta sólo para probar a Felipe porque de hecho él ya sabía lo que iba a hacer. Ante el hambre de la gente Felipe sólo conoce la propuesta del sistema romano, del sistema griego de mercado: “que vayan a comprar”. Felipe señala que doscientos denarios (un denario era el salario diario de un obrero) no era suficiente para dar a cada uno un pedazo. El no confía en la posibilidad de compartir lo poco que se tiene. A esto invita Jesús, a compartir 5 panes y dos peces para más de 5000 personas.

El mandamiento que sale de la boca de Jesús no es de distribuir el pan. Todavía no. El sabe que el pueblo necesita encontrar su identidad de pueblo. Lo que Jesús ordena es que se haga sentar al pueblo en grupos. Grupos de 50 y 100. Se trata de lograr la organización del pueblo que permita resolver los propios problemas.

Y de improviso el lugar se convierte en una tierra prometida, jardines de flores, pasto verde, gente reclinada (como lo hacían las personas Ubres) comiendo su pan. Es lo contrario de la lógica del mercado romano, la lógica del comprar y vender del proyecto neoliberal que se nos ha impuesto

Al compartir todos/as comen hasta hartarse, como aconteció en los tiempos de Eliseo; y hasta quedan sobras. Las sobras son recogidas en 12 canastas. Doce es el número de las tribus de Israel, del nuevo pueblo, de los apóstoles. Lo que sobra es del pueblo, no del emperador,

Como comunidad de fe sabemos que compartir el pan es expresión del amor de Dios, En estos tiempos de globalización y de economía neoliberal aumenta el número de los/as hambrientos/as, de los/as excluidos/as del sistema  social que se nos ha impuesto. No hay o hay muy pocas, se dice, posibilidades de satisfacer las necesidades más elementales de los/as más pobres. La invitación a saber compartir nos debe conducir a construir una sociedad sin excluidos/as, sin hambrientos/as.

 

2. Vivir según la vocación de vida plena y solidaria que hemos recibido

 

            Pablo, en su carta a los/as Efesios/as, los/as invita a vivir de una manera digna a la vocación creyente que han recibido (Ef 4,1). Y ¿cómo vivir de una forma digna? En primer lugar cuidando las relaciones comunitarias, dejándonos guiar por el Espíritu, intentando vivir las virtudes de la humildad, la mansedumbre, la solidaridad y la paciencia. Y si es verdad que tenemos como mandamiento el amar a los/as hermanos/as como Jesús lo hizo, en ocasiones sólo podremos soportarnos como expresión de ese amor que intentamos vivir.

            Se hace necesario conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Es el Espíritu de Dios el que nos invita a mantener la unidad que nos convertirá en testigos/as creíbles de Jesús. De hecho, todos/as tenemos un solo Señor: Jesús; por el bautismo hemos entrado a la comunidad en donde compartimos una sola fe que da sentido a nuestro caminar. Todos/as tenemos a un solo Padre: Dios, justo y cercano, según nos dice  el salmo 144 que hemos leído hoy.

            La palabra escuchada nos invita, por tanto, a mantener la unidad del Espíritu, a fortalecer la comunión que permitirá a nuestras comunidades dar el testimonio que la realidad y la sociedad en que vivimos exigen de aquellas personas que se llaman discípulos/as de Jesús.

 

3. Huir de la tentación de la fama

 

La gente del pueblo no entendió adecuadamente el signo de Jesús al multiplicar y compartir el pan. Y quiere tener como rey a alguien que sea capaz de multiplicar el pan de una forma fácil. Así no tendrían que trabajar ni fatigarse para comer. No han entendido la lección. De hecho el signo de Jesús deja una lección: el pan compartido rinde más, da para todos/as. Mientras que el pan acumulado sólo alcanza para unos/as pocos/as.

Jesús no cae en la tentación de dejarse proclamar rey. El no está buscando prestigio social, ni poder económico, ni fama personal. Sólo le interesa llevar adelante la misión que el Padre le había encomendado. Por eso, después del signo de la multiplicación de los panes, “se retiró de nuevo al monte él solo” (Jn 6,15).

Como creyentes y comunidad de fe tenemos que estar atentos/as para no caer en la tentación del prestigio y de la fama. Podemos hacer nuestro trabajo buscando, en ocasiones sin ni siquiera darnos cuenta, el reconocimiento de las personas. Como Jesús tenemos que realizar nuestra misión como parte de la vocación que hemos recibido, con la conciencia de que sólo somos colaboradores/as del Proyecto salvador y liberador de Dios.

 

Para la revisión personal: ¿Me compadezco de aquellas personas que están sufriendo, que están viviendo el abandono, en la miseria? ¿Me muestro solidario con aquellas personas que necesitan de mi mano amiga?

 

Para la oración de las y los participantes:

 

  1. Por nuestras comunidades para que se distingan por su capacidad de compartir y por su solidaridad. Recemos.
  2. Por todas las personas que luchan y se esfuerzan para que todas las personas tengan lo necesario para vivir con dignidad. Recemos.
  3. Por las y los  gobernantes del país, de la isla, de América Latina y el Caribe y del Mundo entero, para que impulsen políticas sociales que permitan crear mejores condiciones de vida para los sectores más empobrecidos. Recemos.  

 

Exhortación final: Jesús, el verdadero Profeta del Dios Madre/Padre ha compartido su pan con nosotros y nosotras. El nos invita a aprender a compartir el pan en medio de una sociedad donde muchas personas buscan sólo su propio interés, su propio dinero, apropiándose del pan de los/as hermanos/as. Por esto, la solidaridad con los/as más pobres y excluidos sociales nos convierte en testigos creíbles del Jesús Salvador y Liberador.

 

 

 

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDO)

C/ 3 No. 9. El Milloncito, Sabana Perdida. Santo Domingo Norte. Rep. Dominicana

Tel/fax. 809-568-8560. E-mail: rebido@gmail.com, rebido07@yahoo.es

Reflexiones bíblicas semanales. Julio 2009

 

 

EL DESAFÍO DE SER PROFETAS EN LA PROPIA TIERRA B14°O (5-7-09) 

 

ENTRADA: El/la profeta es una persona comprometida en el anuncio de una palabra de salvación y un proyecto de vida plena. Es un mensajero/a que pone todas sus energías al servicio de formación ética y una concientización que prioriza a los grupos más excluidos y empobrecidos de la sociedad que luchan por mejores condiciones de vida para todos y todas. Sin embargo, la palabra profética no siempre es bien recibida. Generalmente es acogida por un pequeño grupo de personas que permanecen fieles al proyecto de vida justa y es rechazada por la mayor parte del pueblo. Y es que la palabra del/de la profeta resulta molesta con frecuencia, e invita a cambiar de vida y de actitud, a nivel social y personal.

            Celebremos con alegría la presencia de Jesús en medio de nuestra comunidad.

 

1ª L.: Ez. 2,2-5. Comunicarás mis palabras, escuchen o no

 

I: Ezequiel fue un profeta y sacerdote llevado a Babilonia, junto con el primer grupo de deportados/as del Reino de Judá hacia el año 598 a. C. Allí en el exilio, fue llamado por Dios para realizar la difícil misión profética, en medio de una parte del pueblo que había sido desterrada.

            Aunque Israel era un pueblo de cabeza dura, que no quería escuchar el mensaje de salvación, el profeta tendría que seguir hablando en nombre del Dios liberador que lo había enviado a realizar su misión en medio de los/as desterrados de su pueblo.

 

T: En aquel tiempo entró en mí un espíritu y me hizo ponerme de pie; entonces oí que me decía: “Hijo de hombre, te envío donde los Israelitas, a un pueblo de rebeldes que se han rebelado contra mí; ellos y sus padres me han sido infieles hasta el día de hoy. Te envío donde esa raza de cabezas duras y de corazones obstinados para que les digas: ¡Esta es la palabra de Yavé…! Te escucharán o no te escucharán – porque son una raza de rebeldes – pero sabrán que hay un profeta en medio de ellos.

 

Salmo 122: Nuestros ojos esperan en tu misericordia

 

* Hacia ti he dirigido la mirada, que tienes en el cielo tu morada, así como los ojos de las y los servidores se fijan en la mano de su dueño.

* Como miran los ojos de una servidora la mano de su dueña, así están nuestros ojos observando a nuestro Dios, hasta que se conduela de nosotras y nosotros.

* Ten piedad de nosotras y nosotros; ten piedad, porque estamos, oh Dios, hartos de injurias; nuestra alma está repleta de las burlas y desprecios de ricos y engreídos.

 

2ª L.: 2 Cor 12,7-10. Te basta mi amor

 

I: La humildad es uno de los valores fundamentales para relacionarnos con el Dios de Jesucristo y con los hermanos y hermanas. De hecho, las Escrituras nos dicen que el Dios Yahveh aborrece a los/as soberbios y da su gracia a las personas humildes. Sólo cuando somos capaces de reconocer nuestras limitaciones, estamos en condición para pedir la fuerza de Dios, que nos ayuda a vencer las dificultades de la vida, y establecer relaciones armónicas y solidarias con  los y las demás.

 

T: Hermanas y hermanos: Para que no me pusiera orgulloso después de tan extraordinarias revelaciones, me fue clavado en la carne un aguijón, verdadero delegado de Satanás, cuyas bofetadas me guardan de todo orgullo. Tres veces rogué al Señor que lo alejara de mí, pero me dijo: «Te basta mi gracia; mi mayor fuerza se manifiesta en la debilidad».

            Mejor, pues, me preciaré de mis debilidades, para que me cubra la fuerza de Cristo. Por eso acepto con gusto lo que me toca sufrir por Cristo: enfermedades, humillaciones, necesidades, persecuciones y angustias. Pues si me siento débil, entonces es cuando soy fuerte.

 

3° Ev.: Mc. 6,1-6. Se admiraba de su falta de fe

 

I: Jesús, el gran profeta, que pasó haciendo el bien, curando a las enfermas y enfermos, liberando a los/as oprimidos/as y anunciando el evangelio de la salvación a los/as empobrecidos y excluidos, se encontró con muchas dificultades en el intento de realizar la misión que su Padre le había encomendado. Estas dificultades comenzaron en su mismo pueblo, Nazaret, en donde la mayor parte de sus compatriotas no lo aceptaron como un enviado divino. Jesús, sin embargo, no se detuvo en su misión evangelizadora, sino que llevó la Palabra de Dios a los pueblos de alrededor.

 

T:  En aquel tiempo Jesús volvió a su tierra, y sus discípulos se fueron con él. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga y mucha gente lo escuchaba con estupor. Se preguntaban: «¿De dónde le viene todo esto? ¿Y qué pensar de la sabiduría que ha recibido, con esos milagros que salen de sus manos? Pero no es más que el carpintero, el hijo de María; es un hermano de Santiago, de José, de Judas y Simón. ¿Y sus hermanas no están aquí entre nosotros?» Se escandalizaban y no lo reconocían.

            Jesús les dijo: «Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es en su tierra, entre su parentela y en su propia familia.» Y no pudo hacer allí ningún milagro. Tan sólo sanó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos. Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer. Y Jesús iba predicando por todos los pueblos de esta región.

 

          PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

  1. ¿Se puede ser profeta en la propia tierra?
  2. ¿Podemos confiar en el trabajo evangelizador de los/as pobres?
  3. ¿Debemos confiar en la fuerza que nace de la debilidad?

 

 

 1.El compromiso de ser profetas en la propia tierra y en medio de un pueblo de cabeza dura y corazón de piedra.

 

 El pueblo de Israel se creía elegido por el Dios Yahveh, entre todos los pueblos del Medio Oriente. Sin embargo, Israel no correspondió a ese amor de Dios de forma adecuada. Más bien, dio una respuesta ingrata ante el amor de la deidad que, según su fe, lo liberó de la esclavitud, que le dio líderes de la categoría de Moisés, que le dio profetas comprometidos con su pueblo. Y que le acompañó en el proceso de la conquista de la tierra prometida.

Israel se distinguió por ser un pueblo de cabeza dura y de corazón de piedra. Ante esa realidad Dios no renuncia a seguir enviándoles profetas que se encargarán de recordar al pueblo cuál es el verdadero Proyecto del Dios liberador. Dios también habla a través de los acontecimientos de la vida del pueblo, Y un hecho significativo fue la deportación de una parte del pueblo (los nobles, los ricos, los artesanos, los sacerdotes) a principios del siglo VI a.C.). En medio de esa realidad de deportación, un joven sacerdote, Ezequiel, dirige su palabra profética,

A pesar de que el pueblo tiene un corazón duro y unos oídos sordos al mensaje de Dios que transmiten los profetas, éstos tendrán que seguir realizando su misión. Es el mismo Dios el que les invita a seguir realizando la misión: “Y ellos, escuchen o no escuchen (…) sabrán que hay un profeta en medio de ellos” (Ez  2,5), Y el profeta tiene que librarse del miedo que le impide realizar su misión: “No tengas miedo de sus palabras, si te contradicen y te desprecian y si te ves sentado sobre escorpiones,” (Ez 2,6).

.           ¿Por qué es difícil ser profeta en la propia comunidad? El profeta choca con la resistencia de aquellas personas que se niegan a escuchar la Palabra de Dios que los invita a cambiar de vida y a dejar sus viejas seguridades. Y una forma de rechazar la Palabra de Dios es quitándole importancia a la persona que la anuncia, Por eso con frecuencia se afirma que “nadie es profeta en su tierra‘” Sin embargo el texto de Mc 6,4 no dice que no es posible ejercer la profecía en la propia comunidad. Lo que sí señala es que ese es un trabajo difícil. Por eso la mejor traducción sería: “Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio”, De todas maneras, lo que la frase quiere dejamos dicho, es que en la propia comunidad la misión profética puede ser más difícil todavía que en otras comunidades.

Como creyentes estamos llamados/as a realizar nuestra misión profética comenzando por nuestras familias, por nuestra comunidad. Como dijo un escritor, “Tenemos que florecer donde nos han sembrado”. Es en la cotidianidad de cada día, en medio de los problemas de nuestra propia comunidad, donde debemos dar testimonio de la fe que decirnos profesar.

Nuestras comunidades tienen la misión de seguir realizando su misión en medio de un pueblo de cabeza dura, que se niega y se resiste muchas veces a escuchar la Palabra de Dios. Muchas otras personas son simplemente indiferentes ante el mensaje salvador, Ahí nos toca seguir realizando nuestro trabajo. Es necesario, además, seguir arrancando el miedo que nos impide ser fieles a la misión que se nos ha encomendado.

 

2. Confiar en la fuerza que nace de la debilidad

 

Los/as compatriotas de Jesús estaban admirados/as de sus enseñanzas y de sus milagros, Y decían- “¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas entro nosotros? Y se escandalizaban a causa de él” (Mc 6,3), A los compueblanos de Jesús les cuesta entender que el hijo del carpintero, ahora se haya convertido en un profeta que tiene palabras de sabiduría y poder para hacer milagros. No confiaban en la Palabra de Dios que se comunica a través de aquellas personas que menos esperamos.

En nuestras comunidades también nos encontramos con personas sencillas, muchas veces analfabetas, que se convierten en profetas de la Palabra de Jesús. Por eso señala, con mucha razón, el documento de Puebla: “El compromiso con los pobres y oprimidos y el surgimiento de las Comunidades de Base han ayudado a la Iglesia a descubrir el potencial evangelizador de los pobres, en cuanto la interpelan constantemente, llamándola a la conversión y por cuanto muchos de ellos realizan en su vida los valores evangélicos de Solidaridad, servicio, sencillez y disponibilidad para acoger el den de Dios,” (Puebla, 1 14 7).

 

3. La fortaleza que nace de la debilidad

 

Las lecturas de hoy nos han hablado de varias vocaciones proféticas: Ezequiel, Pablo, Jesús. Dios les da una tarea y quiere que sea realizada con responsabilidad.

La debilidad de/de la enviado/a revela la fuerza del Espíritu presente en él/ella. En la flaqueza de Pablo, el Señor muestra su poder (2 Cor 12,9). Pablo nos habla de que para que no fuese orgulloso en su misión apostólica le fue dado un aguijón en la carne (una espina, dolor punzante). No sabemos realmente si se trataba de una enfermedad con ataques imprevisibles, o la espina de tener que soportar la dureza de cabeza de sus hermanos/as en la fe. Y Pablo sabe que puede contar con la fuera de Dios: “Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza” (2 Cor 12,9). Por eso el Apóstol de los gentiles confiesa decididamente: “Con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en ” la fuerza de Cristo” (2 Cor 12,9).

Como persona, y como comunidad de fe no debemos tener miedo a nuestras debilidades y dificultades. Jesús da la fuerza. Basta permanecer abiertos/as a su palabra salvadora y a su misión liberadora en medio de un pueblo de cabeza dura y corazón de piedra.

 

Para la revisión personal: ¿He sentido el llamado de Dios y de mi comunidad para ser su profeta? ¿Acepto o rechazo la misión que me encomienda la comunidad de fe? ¿Confío realmente en la fuerza que nace de la debilidad?

 

Para la oración de las y los participantes:

 

  1. Por todas las personas que están realizando su misión profética para que cuenten siempre con la fuerza de dios y la solidaridad de sus hermanos/as. Recemos.
  2. Por todos/as los/as profetas que están siendo perseguidos/as para que se mantengan fieles a la misión que se les ha encomendado. Recemos.
  3. Para que aprendamos a confiar en la fuerza que puede nacer de los/as débiles y los/as pobres cuando toman conciencia de su misión en el Proyecto de Dios. Recemos.

 

Exhortación final: Como Ezequiel, Pablo y Jesús hemos recibido la misión de ser profetas en medio de un pueblo oprimido e inconsciente. Y aunque esa tarea sea difícil, es necesario seguirla realizando con responsabilidad, decisión y constancia. Sigamos, pues, desarrollando nuestro trabajo evangelizador y liberador de las injusticias y de la corrupción, contando con la fuerza que da el Espíritu de Dios.

 

 

 

                                                                                   

 PALABRA DE DIOS Y COMPROMISO PROFETICO  B15°O (12-7-09)

 

ENTRADA: Para las y los cristianos el/la profeta es la persona escogida por el Espíritu divino y por la comunidad de fe para anunciar su Palabra de vida y de salvación. La misión profética conlleva también la denuncia de todo aquello que se opone al proyecto de vida plena: el egoísmo, la opresión, la soberbia, la religión convertida en ritos vacíos. Esta denuncia profética suele provocar la reacción de los responsables de las maldades y las injusticias. Entonces hay personas que intentan sacar de en medio al/a la profeta. A pesar de todo, es necesario seguir hablando en nombre del proyecto de vida y proclamando el mensaje salvador y liberador.

 

I°L: Amós 7,10-15. Un campesino convertido en profeta

 

I: Hacia la mitad del siglo octavo antes de Jesús de Nazaret, el reino de Israel aparece rico y muy próspero. La pequeña propiedad ha ido desapareciendo y las riquezas se concentran en las manos de unos/as pocos/as, mientras por otra parte crece el número de obreros asalariados. El lujo de unos/as pocos/as insulta la miseria de los pobres. En medio de esta situación Dios llama a Amós, pastor natural de Tecoa, pueblecito situado a unos nueve kilómetros al sur de Belén, para anunciar a la casa real un castigo por sus pecados. Le envía a realizar su misión profética lejos de su pueblo, en el reino del norte. Comienza predicando en el santuario nacional de Betel Así Amós denuncia a una religión demasiado ligada con el poder político, que aprueba las injusticias cometidas por el rey y sus allegados, perjudicando a los/as pobres y a los/as débiles.

 

T:  En aquel tiempo Amasías, sacerdote de Betel, le mandó este recado a Jeroboam, rey, de Israel:”Amós está conspirando contra ti en pleno centro de Israel, No hay que permitirle que siga hablando, pues dice que a ti te matarán a espada y que Israel será llevado al desierto, lejos de su patria.” Luego Amasías fue a decirle a Amós: “Sal de aquí, visionario; ándate a Judá, gánate allá la vida dándotelas de profeta, Pero no profetices más aquí en Betel, que es un santuario real, un templo nacional”.

Amós le contestó: “Yo no soy profeta ni uno de los hermanos profetas; soy simplemente un hombre que tiene sus vaquitas y unas cuantas higueras, Yavé es quien me sacó de detrás de las ovejas y me dijo: “Ve y habla de parte mía a Israel, mi pueblo”.

 

Salmo 84: Muéstranos oh Dios, tu misericordia y danos tu salvación

 

* Voy a escuchar qué está hablando el Dios liberador: “Dios les habla de paz a su pueblo y a todos sus amigos y amigas con tal que en su locura no recaigan. El salvará a aquellas personas que lo aman y habitará su gloria en nuestra tierra.

* La Gracia y la Verdad se han encontrado, la Justicia y la Paz se han abrazado; la Verdad brotará desde la tierra y bajará del cielo la justicia.

* Nuestro Dios mismo nos hará felices y nuestra tierra nos dará sus frutos, La justicia andará delante de él, la paz irá siguiendo sus pisadas.

 

 

 

 

2ºL: Efesios 1,3-14. Por Jesús hemos recibido la redención y el perdón de los pecados

 

I:  La lectura que hacemos a continuación es un precioso himno que nos ha dejado Pablo. El personaje principal de la lectura que hacemos a continuación es la persona de Jesucristo, centro de nuestra fe. Por otro lado el texto revela la profundidad de la fe de  Pablo de Tarso, quien llegó a afirmar: “Para mí la vida es Cristo”.

 

T:  ¡Bendito sea Dios, Padre de Cristo Jesús nuestro Señor, que nos bendijo desde el cielo, en Cristo, con toda clase de bendiciones espirituales!

En Cristo, Dios nos eligió desde antes de la creación del mundo, para andar en el amor y estar en su presencia sin culpa ni mancha.

Determinó desde la eternidad que nosotros fuéramos sus hijas e hijos adoptivos/as por medio de Cristo Jesús, Eso es 1o que quiso y más le gustó, para que se alabe su Gloria, por esa gracia suya que nos manifiesta en el Bien amado.

Pues en Cristo, la sangre que derramó paga nuestra libertad y nos merece el perdón de los pecados, En esto se ve la inmensidad de su Gracia, que él nos concedió con toda sabiduría e inteligencia,

Y ahora Dios nos da a conocer este proyecto misterioso, esta libre decisión que tomó desde antes, para ponerlo en ejecución cuando llegara la plenitud de los tiempos. Todas las cosas han de reunirse bajo una sola cabeza, Cristo, tanto los seres celestiales como los terrenales.

En Cristo, Dios nos apartó, a los que estábamos esperando al Mesías. El, que dispone de todas las cosas corno quiere, nos eligió para ser su pueblo, para alabanza de su gloria.

Ustedes también, al escuchar la Palabra de la Verdad, el Evangelio que los salva, creyeron en él, quedando sellados con el Espíritu Santo prometido, el cual es el anticipo de nuestra herencia.

Así va liberando al pueblo que hizo suyo, con el fin de sea alabada su Gloria.

 

3ªL:  Mc 6,7-13. Fueron a predicar, invitando a la conversión

 

1:     El/la discípulo/a de Jesús tiene la misión de anunciar el Evangelio a fin de promover la conversión de los corazones y el cambio de las estructuras sociales injustas Ese trabajo se hace en comunidad por esto Jesús envía a sus apóstoles de dos en dos.

Al/a la predicador/a se le exige un estilo de vida austero, que permita anunciar el Evangelio con libertad, pues se trata de un mensaje que tiene que ir acompañado con el testimonio de la vida.

 

T: En aquel tiempo Jesús reunió a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus malos. Les ordeno que no llevaran nada para el camino fuera de un bastón: ni pan, ni saco, ni dinero; que fueran con calzado corriente y con un solo manto.

Y les decía: “Quédense en la primera casa en que les den alojamiento, hasta que se vayan de ese pueblo. Si en algún lugar no los reciben y no los escuchan, dejen a esa gente y sacudan el polvo de sus pies como protesta contra ellos”.

Fueron a predicar, invitando a la conversión. Echaban a muchos espíritus malos, y sanaban a numerosos enfermos con una unción de aceite.

 

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

1.  ¿Por qué la vocación profética requiere un espíritu de libertad?

2.  ¿Por qué es necesario anunciar el mensaje desde la comunidad de fe?

3.  ¿Por qué es conveniente realizar la misión con medios sencillos?

 

1. La libertad que requiere la vocación profética

 

Amós es un profeta que le toca realizar su misión en la primera parte del siglo 8° a.C., en el Reino de Norte, Israel, en medio de una situación de grandes injusticias sociales. Su palabra profética es valiente y directa. Dirigiéndose a los/as que se creen los nobles de su pueblo les dice: “Escuchen esta palabra ustedes que oprimen a los débiles, que maltratan a los pobres, que tiran por tierra la justicia…” (Am 4,1; 5,7).

En medio de esta situación de injusticia, el rey utiliza la religión como un medio más para oprimir a los/as débiles. Ante esta situación Amós no se queda callado. Es así que, según la lectura que hemos leído hoy, tiene un conflicto con Amasías, sacerdote del santuario de Betel. Al profeta se le invita a callarse y a regresar a su región de Judea: “En Betel no has de seguir profetizando, porque es el santuario del rey y la casa (léase templo) del reino” (Am 7,13). Y Amasías manda a decir al rey Jeroboam II (783-743 a.C.): “Amós conspira contra ti en medio de la casa de Israel; ya no puede la tierra soportar todas sus palabras “ (Am 7,10). Amós, como buen profeta, anuncia sin miedo: “A espada morirá Jeroboam, e Israel será deportado de su suelo” (Am 7,11).

Amós mantiene clara su conciencia de ser portador de un mensaje importante. Frente a la amenaza de expulsión que recibe, contesta con sencillez. Dice que él no es un profesional de la profecía; es simplemente un hombre del pueblo, un campesino que ha recibido una misión y la cumple con responsabilidad, gústele o no al rey, a sus sacerdotes,  y a los poderosos de su pueblo. En esta tarea sólo confiará en Dios y no en el dinero.

            El ejemplo de Amós puede ayudarnos a entender la misión profética en medio de nuestras comunidades. Es necesario vencer el miedo que nos impide realizar el trabajo que se nos ha encomendado. Y estar preparados/as para asumir las consecuencias y los problemas que vienen cuando intentamos ser fieles a la vocación que hemos recibido.

 

2. Anunciar, desde la comunidad de fe, el Evangelio de la conversión y la liberación.

 

El evangelio de Marcos nos dice que “Jesús instituyó Doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios” (Mc 3,14-15). El número 12 está cargado de significado en la Biblia. 12 es el número de las tribus de Israel. Al escoger Jesús las primeras 12 personas para comprometerlas en la labor evangelizadora, quiere significar que todo el pueblo de Israel está llamado a aceptar el evangelio de la salvación.

El “estar con él”, el formar comunidad con Jesús, es condición previa para poder anunciar en evangelio en su nombre. Y ese anuncio es necesario hacerlo con espíritu comunitario, como parte de una comunidad que envía a realizar la misión. Es significativo el hecho de que Jesús envía a sus apóstoles de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus malos. Ya el mismo Jesús había dicho a sus seguidores/as: “Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20).

Hoy también tenemos la invitación de formar pequeñas comunidades en donde vivamos la experiencia de estar con Jesús, de aprender de él a vivir en comunidad y a aceptar su envío para realizar la misión evangelizadora.

 

3. Realizar la misión con simplicidad y sencillez de medios

 

                        La misión debe ser cumplida con simplicidad. El centro del anuncio será la llamada a la conversión que tiene que ir acompañado con acciones concretas (curar a los/as enfermos/as y expulsar a los demonios… como signo de la presencia del Proyecto de Dios, de su Reino). El camino se hará con sandalias y con un bastó en la mano, “sin pan, ni alforja, ni dinero” (Mc 6,8). Llevar dos ropas es señal de riqueza. Así sobriamente deben ir los/as mensajeros/as del Proyecto liberador de Dios, con sólo lo esencial. Y es que nada debe estorbar la proclamación del evangelio de salvación. Este no puede ser presentado desde el poder y la seguridad que da el dinero o la posición social. Es necesario dejar que el Evangelio aparezca con toda su fuerza. De hecho, los/as seguidores/as de Jesús dependerán de la acogida que les den las personas a quienes se dirigen, no de ventajas ni privilegios en la sociedad.

                        Hoy en nuestras comunidades tenemos algunos medios para la labor evangelizadora: templos, vehículos, libros, medios audiovisuales, mulos… Incluso en nuestra Iglesia tenemos algunas emisoras de radio y un canal de televisión. Todos estos medios, sin embargo, deben ser funcionales y deben servir para comunicar mejor el evangelio, sin olvidarnos que el anuncio debe ir acompañado con el testimonio de vida de las personas comprometidas con el Proyecto de Dios.

                        Como comunidad tenemos el deber de proclamar el Evangelio, sin que la pobreza de medios sea un motivo para no realizar la misión que se nos ha encomendado. Aún más, la pobreza de medios nos da la oportunidad para anunciar un evangelio más encarnado en la realidad del mundo de los/as más pobres, preferidos/as del corazón solidario de Jesús.

 

Para la revisión personal: ¿asumo mi compromiso profético en medio de mi pueblo? ¿Estoy comprometido/a con el anuncio del Evangelio? ¿Acompaño el anuncio evangélico con el testimonio de mi vida?

 

Para la oración de las y los fieles:

 

* Por todas nuestras comunidades para que en ellas surjan muchos/as y buenos/as profetas, comprometidas con el Proyecto de Dios. Recemos.

* Para que asumamos con responsabilidad la tarea de llevar el evangelio de la vida y la esperanza. Recemos.

* Por las nuevas autoridades del país para que se preocupen de la situación de los/as más pobres. Recemos.

 

Exhortación final: A nosotros/as, como a los/as primeros/as discípulos/as, Jesús nos llama para estar con él, comprometidos/as con un proyecto de vida y enviamos a evangelizar, siendo profetas comprometidos/as con la defensa de la vida en medio de nuestras comunidades. Que las dificultades que encontremos, ni el deseo de prestigio y poder nos alejen de la misión liberadora que se nos ha encomendado.

 

 

 

 

                           JESÚS ES EL BUEN PASTOR   B16°O (19-7-09) 

 

ENTRADA: El Dios de Jesús es nuestro Pastor. El nos cuida con amor misericordioso. El nos ha invitado en este día para escuchar la palabra orientadora de Jesús. El nos puede guiar por el camino de la verdad y de la vida feliz.

            Jesús se nos presenta hoy como buen pastor, el enviado por Dios para cuidar las ovejas dispersas, heridas y abandonadas que no tienen quién se cuide de ellas.

 

1ª L.: Jer. 23,1-6. El gobernará el país según la justicia y el derecho

 

I: El profeta Jeremías habla en nombre Dios para denunciar la mala actuación de los jefes políticos y religiosos del pueblo. Estos fueron puestos para dedicarse a atender a las ovejas (al pueblo empobrecido y excluido); sin embargo sólo se interesan de ellos/as mismos y de sus negocios. El exilio de Babilonia (s. VI a.C.) será la consecuencia de esta forma de actuar contraria a la alianza hecha con el Dios liberador.

 

T:  «¡Ay de esas y esos pastores que pierden y dispersan las ovejas de mis praderas!»

Así habla Yavé, el Dios de Israel, contra los pastores que pastorean a mi pueblo: «Ustedes han dispersado mis ovejas y las han echado en vez de preocuparse de ellas. Pero ahora me voy a preocupar de ustedes por todo el mal que cometieron -palabra de Yavé. Voy a reunir el resto de mis ovejas, llamándolas de todos los países adonde las haya dispersado. Las haré volver a sus pastos, donde se criarán y se multiplicarán. Yo pondré al frente de ellas pastores que las cuiden, y nunca más temerán o serán asustadas. Ya ninguna se perderá.»

Así dice Yavé: «Llega el día en que yo haré surgir un hijo de David que se portará como rey justo y prudente. El gobernará este país según la justicia y el derecho. En aquel tiempo Judá gozará de paz, e Israel permanecerá seguro. Y éste es el nombre que le darán: Yavé-nuestra-justicia.

 

Salmo 22:  Mi pastor es el mismo Dios, nada me falta.

 

* Dios es mi pastor, nada me falta; en verdes pastos él me hace reposar y adonde brota agua fresca me conduce. El fortalece mi alma.

*  Por el camino del bueno me dirige por amor de su Nombre. Aunque pase por oscuras quebradas no temo ningún mal,  porque tú estás conmigo; tu bastón y tu vara me protegen.

*  Me sirves a la mesa frente a mis adversarios, con aceite perfumas mi cabeza y rellenas mi copa. Me acompaña tu bondad y tu favor mientras dura mi vida, mi mansión será la casa del Señor por largo, largo tiempo.

 

2ª L.: Ef. 2,13-18. Jesús es nuestra paz

 

I: En las primeras comunidades cristianas existían fundamentalmente dos grupos de creyentes: los/as que provenían del judaísmo y los/as que provenían del paganismo. Entre los dos grupos había dificultades internas, porque los judíos querían imponer a los demás sus costumbres y tradiciones.

            Pablo declara que Jesús ha unido a los dos pueblos, judíos y paganos, en una sola familia, en la que la pertenencia al pueblo de Dios se logra no por simple nacimiento, sino por la identificación con Jesús y con el Proyecto del Padre.

 

T: Hermanas y hermanos: Ahora, en Cristo Jesús y por su sangre, ustedes que estaban lejos han venido a estar cerca. El es nuestra paz. El ha destruido el muro de separación, el odio, y de los dos pueblos ha hecho uno solo. En su propia carne destruyó el sistema represivo de la Ley e hizo la paz; reunió a los dos pueblos en él, creando de los dos un solo hombre nuevo. Destruyó el odio en la cruz, y habiendo reunido a los dos pueblos, los reconcilió con Dios por medio de la misma cruz.

Vino como evangelizador de la paz: paz para ustedes que estaban lejos, y paz para los judíos que estaban cerca. Y por él los dos pueblos llegamos al Padre en un mismo Espíritu.

 

3ªL:  Mc. 6,30-34. Yo soy el buen pastor

 

I: En el tiempo de Jesús los líderes religiosos habían convertido la religión en un conjunto de ritos y tradiciones, olvidando lo más importante: la misericordia, la justicia y el cuidado pastoral de las personas.

            Jesús se da cuenta de que la gente andaba como ovejas sin pastor. Por esto él, que tiene un corazón misericordioso, se dedica a enseñarles con calma, anunciándoles un mensaje de salvación encarnado en sus vidas.

 

T: En aquel tiempo al volver los apóstoles a donde estaba Jesús, le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Jesús les dijo: «Vámonos aparte, a un lugar retirado, y descansarán un poco.» Porque eran tantos los que iban y venían que no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron solos en una barca a un lugar despoblado.

            Pero la gente vio cómo se iban, y muchos cayeron en la cuenta; y se dirigieron allá a pie. De todos los pueblos la gente se fue corriendo y llegaron antes que ellos.

            Al desembarcar, Jesús vio toda aquella gente, y sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas sin pastor. Y se puso a enseñarles largamente.

 

            PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

  1. ¿Por qué podemos decir que el Dios de Jesús es nuestro pastor?
  2. ¿Quiénes son los malos pastores que descuidan a las ovejas?
  3. ¿Por qué es importante el descanso del/de la discípulo/a?

 

1.  El Dios de Jesús es el buen pastor

 

Ser pastor en la tierra de Jesús fue – y sigue siendo- una tarea difícil. En primer lugar porque el pastor era despreciado, al realizar un trabajo considerado indigno, De hecho los pastores tenían fama de ser ladrones, pues alguna vez incluían en sus rebaños algunas ovejas que no les pertenecían, Además de esto, ser pastor, sobre todo en la zona de Judea, significaba dedicar una atención especial, teniendo en cuenta la aridez del terreno de todo la parte sur del país, Judea, en donde se ejercía la mayor parte del trabajo de pastoreo.

No obstante la mentalidad del tiempo, las Escrituras nos presentan a Dios como un pastor para su pueblo. Es sobre todo a partir del exilio de Babilonia (s. VI a.C.) que se va desarrollando la idea de Dios como buen pastor, De hecho según la lectura que hemos hecho hoy del profeta Jeremías, Dios pide cuenta a los/as pastores de su pueblo (se refiere a los líderes políticos y religiosos) y él mismo está comprometido con sus ovejas: “Reuniré el resto de mis ovejas y las llamaré de todos los países adonde las haya dispersado. Las haré volver a sus pastos, donde se criarán y se multiplicarán” (Jer 23,3). El escogerá los pastores adecuados para sus ovejas de modo que ninguna se pierda (Jer 23,4). Y hará surgir a un verdadero pastor, comprometido con la causa de losas más pobres del país: “Llega el día en que yo haré surgir un hijo de David que se portará como rey justo y prudente”.El gobernará este país según la justicia y el derecho”(Jer 23,6).

El evangelio de Marcos que hemos leído hoy nos había de la compasión de Jesús por la gente que le busca: “Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban corno ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas coceos”‘ (Mc 6,34). Estas ovejas sin pastor son las personas empobrecidas de la Palestina de entonces, “los pobres del país” -así son llamados/as en la Biblia- considerados/as ignorantes y sin remedio por los escribas y fariseos. Pobres porque era pecadores/as, decían los grandes del pueblo. De ellos/as se ocupa en primer lugar Jesús. El vino sobre todo para los/as últimos/as de la sociedad- dedica tiempo a aquellos/as que no interesan a nadie, interrumpiendo incluso su legítimo descanso.

La primera preocupación de Jesús, no es el hambre del pueblo, porque el hambre es una consecuencia, no una causa. La primera preocupación es que el pueblo está como ovejas sin pastor: disperso, dividido, desorganizado, sin rumbo. Eso preocupa a Jesús; por eso hay hambre, hay dominación. Después de enseñarles, también se preocupa del hambre de la gente. El pan, al ser compartido, se multiplica- todos/as pueden comer, y aun sobra (Mc 6,35-44).

Como Jesús, tenemos que convertirnos en profetas que denuncien la falta de pastores, de líderes políticos comprometidos con el bien de la mayor parte de los/as pobres del país. Estos pobres también necesitan, ante todo, la mano amiga de un/a pastor/a, que les sepa mostrar el amor de Jesús por ellos/as.

 

2. ¿Quiénes son los/as malos pastores que descuidan a las ovejas?

 

            El profeta Jeremías realizó su labor profética hacia el siglo VI a.C., en el tiempo inmediato al exilio de Babilonia, y también durante el mismo. Según sabemos, el profeta no fue con los/as deportados/as a Babilonia. Prefirió quedarse con los/as más pobres, con los/as campesinos/as que se quedaron en la tierra de Palestina. Después del asesinato del gobernador que habían dejado los Babilonios, tuvo que huir a Egipto, donde creemos que terminó sus días. Por esta experiencia personal que vivió, Jeremías está preparado para describir la situación que atraviesan tanto los/as que fueron al exilio, como los/as que se quedaron en la tierra como “ovejas sin pastor”.

            Jeremías describe la actuación de los pastores de su pueblo: éstos dejan perderse a las ovejas y no les importa que éstas se dispersen, no las atienden; en otras palabras, no les importan las ovejas (Jer 23,1-2),

            Ezequiel, un profeta contemporáneo de Jeremías, que acompañó a los deportados de Babilonia, nos describe también la actuación de los malos pastores. Según este profeta los pastores se apacientan a sí mismos (Ez 34,2). Se toman la leche del rebaño, se visten con su lana, se comen su carne; pero no dedican tiempo9 al cuidado de las ovejas (Ez 34,3). No se preocupan por las ovejas enfermas, heridas y débiles; no buscan a la oveja descarriada. Jesús dirá que esos malos pastores son asalariados que no les importan nada las ovejas y las dejan solas en el momento del peligro (Jn 10,12).

 

3.      El descanso merecido para restablecer las fuerzas

 

Después que los Apóstoles volvieron de la misión que Jesús les había encomendado contaron lo que habían hecho y enseñado, Entonces los invitó a ir a un sitio tranquilo para descansar un poco. Se trata de un gesto muy humano de Jesús en el que muestra su preocupación por aquellas personas que están más cerca de él, Y que están más comprometidas con la labor de anunciar el Evangelio.

Ante la lucha diaria por la subsistencia y los compromisos de nuestra vida pastoral podemos caer en el error del activismo, de estar siempre trabajando sin dejar  tiempo para la reflexión, para la oración, para el merecido descanso. El mismo Jesús nos da ejemplo de esto cuando se retiraba a un lugar solitario para hacer la oración, para descansar un poco.

Como miembros/as de comunidades, comprometidas con el Proyecto de Dios, necesitamos tiempo para el encuentro fraterno, para los tiempos de compartir la alegría de sentimos hermanos/as, para celebrar los acontecimientos de la vida, para sentimos hijas e hijos de un mismo Padre.

 

Para la revisión personal: ¿Tengo compasión de la gente que anda como oveja sin pastor? ¿Cuánto tiempo dedico al cuidado de los/as hermanos/as? ¿Me comporto como buen pastor/a en mi familia?

 

Para la oración de las y los participantes:

 

* Por todos/as los/as pastores/as de la Iglesia para que realicemos nuestra tarea con dedicación, amor y constancia.

* Por todos/as los/as hermanos/as desorientados/as para que encuentren personas que se compadezcan de ellos/as.

* Por los nuevos gobernantes, para que tengan compasión y misericordia de los/as más pobres del país y promueven políticas que beneficien a las mayorías populares.

 

Exhortación final: Hemos celebrado con alegría la presencia de Jesús, el buen pastor, en medio de su pueblo. Ahora él nos envía a anunciar el Evangelio y a mostrar su amor a tantas personas que andan por la vida sin rumbo, sin sentido, sobre todo a las más pobres, excluidas y necesitadas. De esta manera nos convertimos en testigos/as creíbles de su amor liberador.

 

 

 JESÚS SE COMPADECE DE LA GENTE HAMBRIENTA B17°O (26-7-09)

 

ENTRADA: El pan es signo de lo indispensable para vivir. No tener pan significa estar cercarnos a la muerte. Poder comer el pan de cada día es también uno de los derechos fundamentales de toda persona. Sin embargo tantas personas, sobre todo mujeres, niños y niñas, ancianas y ancianos sufren el hambre en nuestra sociedad, en nuestra isla, en América Latina y el Caribe, en el mundo entero, a causa de diversas razones, sobre todo por el egoísmo de personas que acumulan los recursos que pertenecen a todas y todos. Esto va contra el proyecto de vida plena de una comunidad de fe comprometida guiada por el Espíritu del Dios liberador que se preocupa de todas las personas, sobre todo de los/as más empobrecidos y excluidos.

            Celebremos con alegría la presencia del Jesús solidario que comparte el pan que es su cuerpo con todos/as nosotros/as.

 

1ª L.: 2 Re. 4,42-44. Eliseo multiplica el pan

 

I:   Eliseo, discípulo del gran profeta Elías, multiplica el pan para saciar el hambre de la gente, como después lo hará Jesús. De esta manera demuestra que el/la profeta es la persona que no sólo habla en nombre de Dios, sino que también realizar signos y prodigios en función de la gente necesitada, como parte de su compromiso con el Proyecto salvador de Dios.

 

T:  En aquellos días llegó de Baalsalisá uno que traía al hombre de Dios pan y trigo. Eran los primeros veinte panes hechos con cebada de la última cosecha. Eliseo le dijo: «Da los panes a estas personas para que coman.»

 Su servidor le dijo: «¿Cómo voy a repartir estos panes entre cien hombres?» «Dáselos a la gente para que coma -insistió Eliseo-, porque así dice Yavé: Comerán todos y sobrará.»

 El hombre entonces se los presentó; ellos comieron y dejaron sobras, como Yavé había dicho.

 

Salmo 144:  Nuestro Dios actúa con justicia y es bondadoso en todas sus acciones

 

*        Te alabarán, oh Dios, todas tus obras y te bendecirán tus servidores. Hablarán de la gloria de tu reino y anunciarán a todos tus hazañas.

*          Las miradas de todos de ti esperan que les des a su tiempo su alimento. Tú sólo abres tu mano y a todos los vivientes les das de sobra de lo que desean.

*          El Señor siempre actúa con justicia y es bondadoso en todas sus acciones. El Señor está cerca de todo el que lo invoca, de todo el que lo invoca de verdad.

 

2ª L.:Ef. 4,1-6. Sean humildes, amables, pacientes y sopórtense unos/as a otros/as con amor.

 

I:  Mientras Pablo estaba preso en Roma, a causa de la falsa acusación que le habían hecho los líderes judíos, escribe una carta a los/as cristianos/as de Efeso. Pablo se entera de que las comunidades fundadas por él, en la provincia de Efeso, se dejaban perturbar por predicadores de origen judío, que se presentaban como gente entendida en materias religiosas y creaban confusión entre los/as creyentes. Por esto, Pablo insiste sobre la unidad y el amor fraterno entre los/as miembros de la comunidad cristiana.

 

T: Hermanas y hermanos: Yo, «el prisionero de Cristo», les exhorto, pues, a que se muestren dignos de la vocación que han recibido. Sean humildes, amables, comprensivos, y sopórtense unos a otros con amor.

 Mantengan entre ustedes lazos de paz y permanezcan unidos en el mismo espíritu. Un solo cuerpo y un mismo espíritu, pues ustedes han sido llamados a una misma vocación y una misma esperanza. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todos, que actúa por todos y está en todos.

 

3ªL:  Jn. 6,1-15. Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo

 

I: Al igual que lo había hecho Eliseo en la antigüedad, Jesús multiplica el pan para saciar el hambre de la gente. Así este milagro se convierte en signo de la preocupación de Jesús por toda la persona.

            La gente, sin embargo, no entiende adecuadamente el gesto de Jesús, e intentan proclamarlo rey. No aprendieron la lección de la compasión solidaria del Maestro.

 

T: En aquel tiempo Jesús pasó a la otra orilla del lago de Galilea, cerca de Tiberíades. Le seguía un enorme gentío, a causa de las señales milagrosas que le veían hacer en los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos.

 Jesús, pues, levantó los ojos y, al ver el numeroso gentío que acudía a él, dijo a Felipe: «¿Dónde iremos a comprar pan para que coma esa gente?» Se lo preguntaba para ponerlo a prueba, pues él sabía bien lo que iba a hacer. Felipe le respondió: «Doscientas monedas de plata no alcanzarían para dar a cada uno un pedazo.» Otro discípulo, Andrés, hermano de Simón Pedro, dijo: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es esto para tanta gente?» Jesús les dijo: «Hagan que se sienta la gente.»

 Había mucho pasto en aquel lugar, y se sentaron los hombres en número de unos cinco mil. Entonces Jesús tomó los panes, dio las gracias y los repartió entre los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, y todos recibieron cuanto quisieron. Cuando quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que han sobrado para que no se pierda nada.» Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos que no se habían comido: eran las sobras de los cinco panes de cebada.

            Al ver esta señal que Jesús había hecho, los hombres decían: «Este es sin duda el Profeta que había de venir al mundo.» Jesús se dio cuenta de que iban a tomarlo por la fuerza para proclamarlo rey, y nuevamente huyó al monte él solo.

 

          PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

  1. ¿Por qué el pan compartido se multiplica y hasta sobra?
  2. ¿Qué significa vivir según la vocación que hemos recibido?
  3. ¿Por qué Jesús se resiste a ser proclamado rey?

 

1. El pan compartido se multiplica y hasta sobra

 

Las lecturas de hoy, la primera del libro segundo de los Reyes y el evangelio según Juan, nos hablan de compartir el Pan. El pan compartido se multiplica Y hasta sobra. El pan compartido es un signo de fe y de compromiso con el Proyecto de Jesús.

En el evangelio que hemos leído hoy Jesús pregunta a Felipe: ¿Con qué compraremos panes para que coman éstos” (Jn 6,5). Pero el mismo evangelio nos dice que Jesús hizo la pregunta sólo para probar a Felipe porque de hecho él ya sabía lo que iba a hacer. Ante el hambre de la gente Felipe sólo conoce la propuesta del sistema romano, del sistema griego de mercado: “que vayan a comprar”. Felipe señala que doscientos denarios (un denario era el salario diario de un obrero) no era suficiente para dar a cada uno un pedazo. El no confía en la posibilidad de compartir lo poco que se tiene. A esto invita Jesús, a compartir 5 panes y dos peces para más de 5000 personas.

El mandamiento que sale de la boca de Jesús no es de distribuir el pan. Todavía no. El sabe que el pueblo necesita encontrar su identidad de pueblo. Lo que Jesús ordena es que se haga sentar al pueblo en grupos. Grupos de 50 y 100. Se trata de lograr la organización del pueblo que permita resolver los propios problemas.

Y de improviso el lugar se convierte en una tierra prometida, jardines de flores, pasto verde, gente reclinada (como lo hacían las personas Ubres) comiendo su pan. Es lo contrario de la lógica del mercado romano, la lógica del comprar y vender del proyecto neoliberal que se nos ha impuesto

Al compartir todos/as comen hasta hartarse, como aconteció en los tiempos de Eliseo; y hasta quedan sobras. Las sobras son recogidas en 12 canastas. Doce es el número de las tribus de Israel, del nuevo pueblo, de los apóstoles. Lo que sobra es del pueblo, no del emperador,

Como comunidad de fe sabemos que compartir el pan es expresión del amor de Dios, En estos tiempos de globalización y de economía neoliberal aumenta el número de los/as hambrientos/as, de los/as excluidos/as del sistema  social que se nos ha impuesto. No hay o hay muy pocas, se dice, posibilidades de satisfacer las necesidades más elementales de los/as más pobres. La invitación a saber compartir nos debe conducir a construir una sociedad sin excluidos/as, sin hambrientos/as.

 

2. Vivir según la vocación de vida plena y solidaria que hemos recibido

 

            Pablo, en su carta a los/as Efesios/as, los/as invita a vivir de una manera digna a la vocación creyente que han recibido (Ef 4,1). Y ¿cómo vivir de una forma digna? En primer lugar cuidando las relaciones comunitarias, dejándonos guiar por el Espíritu, intentando vivir las virtudes de la humildad, la mansedumbre, la solidaridad y la paciencia. Y si es verdad que tenemos como mandamiento el amar a los/as hermanos/as como Jesús lo hizo, en ocasiones sólo podremos soportarnos como expresión de ese amor que intentamos vivir.

            Se hace necesario conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Es el Espíritu de Dios el que nos invita a mantener la unidad que nos convertirá en testigos/as creíbles de Jesús. De hecho, todos/as tenemos un solo Señor: Jesús; por el bautismo hemos entrado a la comunidad en donde compartimos una sola fe que da sentido a nuestro caminar. Todos/as tenemos a un solo Padre: Dios, justo y cercano, según nos dice  el salmo 144 que hemos leído hoy.

            La palabra escuchada nos invita, por tanto, a mantener la unidad del Espíritu, a fortalecer la comunión que permitirá a nuestras comunidades dar el testimonio que la realidad y la sociedad en que vivimos exigen de aquellas personas que se llaman discípulos/as de Jesús.

 

3. Huir de la tentación de la fama

 

La gente del pueblo no entendió adecuadamente el signo de Jesús al multiplicar y compartir el pan. Y quiere tener como rey a alguien que sea capaz de multiplicar el pan de una forma fácil. Así no tendrían que trabajar ni fatigarse para comer. No han entendido la lección. De hecho el signo de Jesús deja una lección: el pan compartido rinde más, da para todos/as. Mientras que el pan acumulado sólo alcanza para unos/as pocos/as.

Jesús no cae en la tentación de dejarse proclamar rey. El no está buscando prestigio social, ni poder económico, ni fama personal. Sólo le interesa llevar adelante la misión que el Padre le había encomendado. Por eso, después del signo de la multiplicación de los panes, “se retiró de nuevo al monte él solo” (Jn 6,15).

Como creyentes y comunidad de fe tenemos que estar atentos/as para no caer en la tentación del prestigio y de la fama. Podemos hacer nuestro trabajo buscando, en ocasiones sin ni siquiera darnos cuenta, el reconocimiento de las personas. Como Jesús tenemos que realizar nuestra misión como parte de la vocación que hemos recibido, con la conciencia de que sólo somos colaboradores/as del Proyecto salvador y liberador de Dios.

 

Para la revisión personal: ¿Me compadezco de aquellas personas que están sufriendo, que están viviendo el abandono, en la miseria? ¿Me muestro solidario con aquellas personas que necesitan de mi mano amiga?

 

Para la oración de las y los participantes:

 

  1. Por nuestras comunidades para que se distingan por su capacidad de compartir y por su solidaridad. Recemos.
  2. Por todas las personas que luchan y se esfuerzan para que todas las personas tengan lo necesario para vivir con dignidad. Recemos.
  3. Por las y los  gobernantes del país, de la isla, de América Latina y el Caribe y del Mundo entero, para que impulsen políticas sociales que permitan crear mejores condiciones de vida para los sectores más empobrecidos. Recemos.  

 

Exhortación final: Jesús, el verdadero Profeta del Dios Madre/Padre ha compartido su pan con nosotros y nosotras. El nos invita a aprender a compartir el pan en medio de una sociedad donde muchas personas buscan sólo su propio interés, su propio dinero, apropiándose del pan de los/as hermanos/as. Por esto, la solidaridad con los/as más pobres y excluidos sociales nos convierte en testigos creíbles del Jesús Salvador y Liberador.


Reflexiones bíblicas semanales. Junio 2009

junio 4, 2009

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDO)

C/ 3 No. 9. El Milloncito, Sabana Perdida. Santo Domingo Norte. Rep. Dominicana

Tel/fax. 809-568-8560. E-mail: rebido@gmail.com, rebido07@yahoo.es

     Reflexiones bíblicas semanales. Junio 2009

 

            EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPIRITU BST (7-6-09)

                                   

ENTRADA: Después de haber terminado el tiempo pascual, volvemos de nuevo el tiempo ordinario; es decir un tiempo diferente a los llamados tiempos fuertes de la liturgia (Adviento, Navidad, Cuaresma, Semana Santa, Pascua). De todas maneras en estos dos primeros domingos del tiempo ordinario, después de  Pen­tecostés, tenemos dos fiestas importantes: la Trinidad y la fiesta del Cuerpo de Jesús.

            La Iglesia, comunidad de las y los seguidores de Jesús, siempre ha afirmado que el Dios cristiano no es una persona solitaria; con El viven el Hijo Resucita­do (Jesús) y el Espíritu Santo. Así forman una comunidad de tres personas. Por eso todas las celebraciones y las oraciones de las y los cristianos comienzan siem­pre en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

 

1ªL.: Deuteronomio 4,32-34.39-40. Las y los sacó de la esclavitud con mano firme y brazo extendido

 

I: La experiencia fundamental de la fe del pueblo judío fue la liberación de la esclavitud de Egipto, por medio de la intervención de un Dios que miró la opresión de su pueblo, escuchó sus clamores y decidió liberarlo con mano pode­rosa y brazo extendido. Así Yavé demostró que era realmente un Dios liberador, capaz de arrancar a su pueblo de las manos del poderoso faraón que se creía hijo del Dios Amón-Ra, el principal dios de Egipto.

            Al pueblo liberado se le invita a vivir según los mandamientos de Dios. Así la intervención liberadora de Dios se convierte en compromiso para el pueblo.

 

T: Moisés habló al pueblo, diciendo: “Pregunta a los tiempos pasados. Investiga desde el día en que Dios creó al ser humano sobre la tierra. Pregunta desde un extremo a otro del mundo: ¿Hubo jamás una cosa tan extraordinaria como ésta? ¿Se ha oído cosa semejante? ¿Ha quedado con vida algún pueblo después de haber oído, como tú, la voz del Dios vivo, hablando en medio del fuego?

            Nunca hubo un Dios que fuera a buscarse un pueblo y lo sacara de en medio de otro pueblo, a fuerza de pruebas y de señales, de milagros y de combates, con mano firme y brazo extendido. Nunca hubo hechos tan tremendos como los que Yavé hizo por ustedes en Egipto y que ustedes vieron con sus propios ojos.

            Por tanto reconoce ahora y trata de convencerte de que Yavé es el único Dios del cielo y de la tierra, y no hay otro.

            Guarda las leyes y los mandamientos que yo te ordeno hoy, y te irá bien a ti y a tus hijos después de ti. Así vivirás largos años en la tierra que Yavé, tu Dios, te da para siempre”.

 

Sal 32: El Señor ama la justicia y el derecho

 

  • Recta es la palabra de Yavé y verdad toda obra de sus manos. El ama la justicia y el derecho, y la tierra está llena de su gracia.
  • El habló y todo fue creado, lo ordenó y las cosas existieron.
  • Los ojos de Yavé están mirando a las y los que lo respetan y ponen su esperanza en su bondad, para arrancar sus vidas de la muerte y darles de comer en tiempo de hambre.

*    En el Dios misericordioso y justo nosotras y nosotros esperamos, él es nuestra defensa y nuestro escudo. Venga, oh Dios, tu amor, sobre nosotros y nosotras, conforme a la confianza que hemos puesto en ti.

 

2ªL:     Romanos  8,14-17. Con la guía del Espíritu nos convertimos en hijas e hijos de un Dios salvador y comprometido con la vida

 

I: Pablo hace una contraposición entre la carne y el Espíritu. Los frutos de la carne son el egoísmo, el odio, la venganza, la violencia… Mientras que los frutos del Espíritu son el amor, la solidaridad, la justicia y la amistad. Sólo las personas que se dejan llevar por el Espíritu son verdaderamente hijas e hijos de Dios.

 

T: Hermanas y hermanos: Todas aquellas personas a las que guía el Espíritu de Dios, ésas y ésos son hijas e hijos de Dios.

            Ustedes no recibieron un espíritu de gente esclava para volver al temor, sino que recibieron un espíritu de hijas e hijos adoptivos, el que nos enseña este grito: ¡Abba! o sea, ¡Padre! El mismo Espíritu le asegura a nuestro espí­ritu de que somos hijas e hijos de Dios. Y si somos hijas e hijos, somos también herede­ros y herederas. Nuestra será la herencia de Dios, y la compartiremos con Cristo; pues si ahora sufrimos con él, con él recibiremos la Gloria.

 

3ªL.:  Mateo 28,16-20. Hacer discípulos y discípulas bautizándolas/os en el Nombre del Padre,            del Hijo y del Espíritu

 

IJesús resucitado se aparece a sus discípulos y discípulas y les envía a la misión evangelizadora. El anuncio evangélico tiene que llevar a la conversión; la consecuencia de la conversión es el bautismo que nos convierte en discípulas y discípulos de Jesús que guardan sus mandamientos. Esto exige permanecer en las enseñanzas de Jesús, es decir, en una catequesis inserta en la realidad socio-cultural en la que se vive.

           

T: En aquel tiempo los Once discípulos partieron para Galilea, al cerro donde Jesús los había citado. Cuando vieron a Jesús se postraron ante él, aunque algunos todavía desconfiaban. Entonces Jesús, acercándo­se, les habló con estas palabras: “Todo poder se me ha dado en el Cielo y en la tierra. Por eso, vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulas y discípu­los. Bautícenlas/os en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,  y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado. Yo estoy con ustedes todos los días hasta que se termine este mundo.

 

          PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

  1. ¿Por qué es importante mantener la memoria del Proyecto salvador y liberador?
  2. ¿Por qué el movimiento de Jesús comienza en la Galilea marginada?
  3. ¿Por qué es necesario dejarse guiar por el Espíritu y hacer discípulos y discípulas?

 

 1. Mantener la memoria del Proyecto Liberador

 

El pueblo de Israel siempre se distinguió por su gran memoria histórica; es decir, por la importancia que le daban a los hechos pasados como acontecimientos que ayudaban a vivir el presente. Por eso, las principales fiestas judías, y en especial la pascua, tenían por finalidad que el pueblo no olvidase la intervención  salvadora y liberadora de Dios en medio de su vida.

Las principales fiestas estaban en relación con el acontecimiento fundamental de la historia del pueblo: la liberación realizada por Dios al sacar a su pueblo del país de la opresión. Así la fiesta de la pascua recordaba la salida de Egipto;  la de las semanas (que corresponde a nuestra fiesta de Pentecostés) recordaba la entrega de la ley en el monte Sinaí y la fiesta de las Tiendas recordaba el tiempo del camino por el desierto cuando el pueblo vivía en tiendas.

El pueblo tenía que recordar cada año la Intervención de Dios en la vida nacional. Por esto Moisés, antes de morir decía al pueblo: “Yavé amó a tus padres y eligió a su descendencia después de ellos; te sacó de Egipto personalmente con su gran fuerza. . .” (Dt 5,37). Y todo esto lo hace Yavé porque tiene un Proyecto de felicidad para su pueblo. Pero el pueblo tiene que comprometerse en ese proyecto viviendo de acuerdo a los mandamientos de Dios: “Guarda los preceptos y los mandamientos que yo te prescribo, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que Yavé tu Dios te da para siempre’ (Dt 4,40).

También nuestras comunidades deben mantener la memoria histórica del Proyecto liberador del pueblo acompañado por el Dios comprometido con la vida de calidad para todas las personas y en especial para las más excluidas. Hemos sido invitadas e invitados a colaborar con un proyecto de vida plena; Dios nos has invitado a seguir colaborando con su Proyecto como hombres y mujeres libres. Y es que no hemos recibido un espíritu de esclavas/os, sino de hijas/os liberadas/os (Rom 8,15). También debemos tener en cuenta la memoria de tantos hombres y mujeres que en la historia de nuestra isla lucharon por nuestra libertad nacional. No debemos dejarnos manejar por aquellos/as que intentan borrar nuestra memoria histórica para dominarnos con mayor facilidad.

 

2. Desde Galilea se anuncia el Evangelio a todas las naciones

 

Galilea era considerada en tiempo de Jesús una tierra de paganos/as,  puesto que en el 721 a.C., cuando el Imperio asirio destruyó el reino del norte, deportó a una parte de la población y trajo en su lugar a otras personas. Por eso, para los judíos de Jerusalén y de Judea, los galileos no eran judíos puros puesto que se habían mezclado con otras razas que para ellos eran impuras.

El movimiento de Jesús, sin embargo, comenzó en Galilea. Y los/as más cercanos/as seguidores/as de Jesús: Pedro, Tomás, Andrés, María Magdalena, Santiago, Juan… eran galileos. Desde la periferia, desde las márgenes del judaísmo, se inicia un proyecto de vida para tantas mujeres y tantos hombres.

Después de la resurrección de Jesús él los cita en un monte de Galilea. Desde allí les invita a realizar la misión de hacer discípulos/as y bautizar en el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu. Dios sigue contando con los/as débiles, con los/as marginados/as para realizar su Proyecto.

Hoy también desde nuestras comunidades, formadas en su mayoría por personas empobrecidas, sin prestigio ni poder social, Dios quiere seguir realizando su Proyecto de vida. Y en esa tarea contamos siempre con su Presencia. El .mismo nos lo. aseguró: ‘Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28,16-20).

 

3. Dejarse guiar por el Espíritu y hacer discípulas y discípulos de Jesús

 

El envío que reciben las y los discípulas/os de Jesús tiene lugar en un monte de Galilea, lugar tradicional en la Biblia de una revelación importante de Dios. Jesús los recuerda que él tiene poder para enviarlos; un poder para el servicio evangelizador; no de dominación.

La misión consiste en ‘hacer discípulos’, que es una fórmula concreta para enviarlos/as a proclamar el Evangelio. Sin embargo, la proclamación no se puede reducir sólo a las palabras. Es importante que las personas que escuchan el mensaje hagan de las enseñanzas evangélicas la pauta de sus vidas. Y el Evangelio no se transmite sólo con las palabras; ellas deben estar acompañadas de gestos, de acciones de amor, justicia y solidaridad. Y es que la Palabra sin el compromiso es hueca; además, el gesto sin la palabra no es claro. Es necesario seguir el ejemplo de Jesús que da la vida y explica su sentido con su mensaje.

Hoy también tenemos el desafío de anunciar el evangelio y acompañarlo con acciones solidarias. La palabra necesita los hechos, y los hechos deben estar iluminados  y orientados por la Palabra del Dios vivo.

En el texto de la carta a los Romanos que hemos leído en la segunda lectura Pablo nos dice que “Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios’ (Rom 8,14). Y los/as hijos/as de Dios son hermanos/as del Hijo de Dios, Jesús.

Somos coherederos/as con Cristo, en la medida que compartimos su Proyecto, en la medida que sufrimos con él, para también ser glorificados/as con él (Rom 8,17). Es decir, dejarse guiar por el Espíritu es estar dispuestos/as a asumir la misma suerte de Jesús, el hermano mayor, quien fue consagrado para una misión concreta.- “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Lc 4,18-19).

Como seguidores/as de Jesús, necesitamos ser guiados/as por el Espíritu para realizar su misión, para asumir las dificultades, y conflictos que esa misión nos trae, con la conciencia plena de que él está presente en la comunidad todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28,16-20).

 

Para la revisión personal: ¿Me siento comprometido con el Proyecto de Dios? ¿Cómo lo demuestro? ¿Me dejo guiar por el Espíritu de Dios?

 

Para la oración de las y los participantes

 

  1. Para que toda la Iglesia de Jesús se comprometa con el Proyecto del Padre. Recemos.
  2. Para que nos identifiquemos cada día más con Jesús y con su compromiso con los/as más empobrecidos/as. Recemos.
  3. Para que nos dejemos guiar por el Espíritu que nos impulsa a asumir nuestros compromisos comunitarios. Recemos.

 

Exhortación final:  En este domingo de la Santísima Trinidad hemos escuchado una Palabra ¡que nos ha hablado del Proyecto liberador del Padre, de la solidaridad del Hijo, y de la guía y acompañamiento del Espíritu. Se nos invita a comprometernos con el Proyecto de hacer discípulos/as a todas las gentes. En esa misión contamos siempre con la compañía de Jesús y de su Espíritu, fuente de liberación.        


ESTE ES MI CUERPO, COMAN TODAS Y TODOS DE EL BCC (14-6-09)[1]

 

ENTRADA: Todos los que pertenecemos a la comunidad cristiana formamos parte de un sólo cuerpo, del que Jesús es el corazón. Por eso San Pablo con frecuencia compara a la Iglesia con un cuerpo, que tiene muchos miembros, y todos ellos colaboran para permitirnos la existencia. Esa Iglesia peregrina, que es cuerpo del Jesús resucitado, se alimenta con el pan de su cuerpo y renueva la Alianza nueva que Dios hace con su pueblo, por medio de Jesús, el Hijo amado.

 

1ªL.:  Exodo 24,3-8. Cumpliremos todo lo que ha dicho Yavé

 

I:  El pueblo de Israel, liberado de la esclavitud de Egipto, hizo una alia­nza con Yavé su Dios. Por esa alianza Yavé se comprometía a estar en medio de su pueblo, y el pueblo se comprometía a cumplir los mandamientos de su Dios. Dicha alianza fue sellada con sangre de animales, que significa la vida, para expresar la importancia de dicho pacto.

 

T: En aquellos días Moisés bajó del monte y contó al pueblo todas estas palabras de Yavé y todas sus leyes. Todos juntos contestaron: “Nosotros cum­pliremos con todo lo que ha dicho Yavé”.  Y Moisés escribió todas las pala­bras de Yavé.

            Al despuntar el día, Moisés levantó un altar al pie del monte y, al lado del altar, doce piedras por las doce tribus de Israel.  Luego mandó algunos jóvenes para que sacrificaran novillos. Unos fueron ofrecidos como víctimas consumidas por el fuego; otros eran sacrificios de comunión.

            Moisés tomó la mitad de la sangre de los animales y la echó en vasi­jas. La otra mitad la derramó sobre el altar. Después tomó el libro de la Alianza y lo leyó en presencia del pueblo, que respondió: “Obedeceremos y haremos todo lo que pide Yavé”.

            Entonces Moisés tomó la sangre y la derramó sobre el pueblo, dicien­do: “Esta es la sangre de la Alianza que Yavé ha hecho con ustedes, conforme a todos estos compromisos”.

 

            Sal 115: Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor

 

  • ¿Qué le daré al Dios liberador por todos los favores que me ha hecho? Elevaré la copa que da la vida e invocaré su Nombre.
  • A los ojos del Dios misericordioso es muy penoso que mueran sus amigos. Señor, tú me has soltado mis cadenas a mí, tu servidora/or, hija o hijo de tu servidora.

 

2ªL.:  Hebreos 9,11-15. Jesús ofreció como sacrificio su propia vida

 

I:  En Jerusalén el Sumo Sacerdote ofrecía sacrificios por sus propios pecados y los del pueblo. Jesús es el verdadero Sumo Sacerdote, ya que no ofrece la sangre de toros ni cabras, sino su propia sangre. Con su sangre derramada en la cruz, como consecuencia de su compromiso con un proyecto de vida, sella la Alianza de amor, definitiva y eterna, entre el Dios liberador y el pueblo que se compromete con un proyecto de vida plena.

 

T: Hermanas y hermanos: Jesucristo ha llegado como el Sumo Sacerdote que procura los beneficios del mundo nuevo. Atravesó un Santuario más noble y más perfecto, no hecho por mano de hombres o, para decir mejor, que no es cosa creada. No llevaba sangre de chivos ni de novillos, sino su propia sangre, y entró de una vez al Santuario, después de conseguir la liberación definitiva.

            En efecto, la sangre de los chivos y de los toros y la ceniza de ternera con que se rocía a los que tienen alguna culpa, los hacen santos y puros, según criterios humanos. Pero Cristo hizo mucho mejor cuando, movido por el Espíritu eterno, se ofreció a Dios como víctima sin mancha; su sangre purifica nuestra conciencia de las obras muertas, para que, en adelante sirvamos al Dios vivo.

            Por eso Jesucristo es el mediador de un nuevo Testamento o Alianza. Por su muerte, fueron redimidas las faltas cometidas bajo el régimen de la primera Alianza, y los elegidos entran a poseer la herencia eterna prometida desde antes.

 

3ªL.: Marcos 14,12-16.22-26. Este es mi cuerpo y ésta es mi sangre que se en­trega por ustedes

 

I: En el clima de la Cena de la Pascua, que recordaba la liberación del pueblo de Egipto y la Alianza hecha entre Dios y el Pueblo en el monte Sinaí, Jesús da un sentido diverso a la bendición que se hacía sobre el pan y el vino. Ahora el pan se convertirá en su cuerpo, y el vino en su sangre. Será la sangre de la Alianza nueva que Dios hace con su pueblo.

            Así nació la celebración de la Eucaristía como un memorial (recuerdo presente que actualiza un hecho pasado) de la entrega de Jesús por nosotros.

 

T: El primer día de la fiesta en que se comen los panes sin levadura, cuando se sacrificaba el Cordero Pascual, los discípulos dijeron a Jesús: “¿Dónde quieres que vayamos a preparar la Cena de Pascua?”

            Entonces Jesús mandó a dos de sus discípulos y les dijo: “vayan a la ciudad; les saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua, síganlo,  y donde entre, digan al dueño de la casa: el Maestro dice: ¿Dón­de está la habitación para celebrar la Cena de Pascua con mis discípulos?

            El les mostrará en el piso superior una habitación grande, amuebla­da, ya lista; preparen allí nuestra cena”.

            Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad y encontraron las cosas tal como Jesús les había dicho, y prepararon la Pascua.

            Mientras estaban comiendo, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: “Tomen; esto es mi cuerpo”. Después tomó una copa, dio gracias se la entregó y todos bebieron de ella.  Y les dijo: “Esto es mi sangre, sangre de la Alianza, sangre que será derramada por todos.

            Sepan que no volveré a beber del jugo de la uva hasta el día en que beba vino nuevo en el Reino de Dios”.

            Una vez cantados los himnos, salieron para el Monte de los Olivos.

 

          PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

  1. ¿Por qué la cena pascual es memoria del Proyecto liberador de Dios?
  2. ¿Por qué la alianza que Jesús hace con el nuevo su pueblo es diferente?
  3. ¿Por qué la celebración de la pascua nos compromete con el Proyecto de Dios hasta dar la vida?

 

 

  1. 1.     La cena pascual como memoria del Proyecto liberador del pueblo del  Dios liberador

 

          La última cena de Jesús con sus discípulas y discípulos en la que preanuncia su entrega, tiene lugar en la fiesta judía de la Pascua (cf. Mc 14,12.16). La Pascua es el paso de Egipto, tierra de opresión e injusticia, a la tierra prometida, espacio de libertad, fraternidad y de justicia. Ese paso del pueblo judío se realiza gracias a la intervención liberadora de Dios. Ese hecho histórico funda la fe de Israel y su significado será permanentemente ahondado por el pueblo creyente.

            No podemos separar la celebración de la Eucaristía de la Pascua judía, pues ésta constituye histórica y teológicamente su contexto. La cena pascual de Jesús es la celebración anticipada de lo que debía ocurrirle poco después: la entrega de su vida. Con ella el Señor nos da una nueva vida y nos compromete a ser fieles a su Proyecto liberador, a su voluntad de amor (cf. Mc 14,25).

            Como comunidad de fe corremos el riesgo de celebrar la Eucaristía, ya sea semanalmente o mensualmente, sin darle su verdadero significado. De cada Eucaristía debiéramos salir más comprometidos/as para seguir trabajando de forma más decidida en el Proyecto de Dios.

 

  1. 2.       Jesús sella con la entrega de su vida la nueva alianza con el pueblo de Dios

 

     En la primera lectura del libro de Exodo que hemos hecho hoy, Moisés rocía al pueblo con la sangre de los animales ofrecidos a Dios, como signo de que éstos se comprometen a vivir de acuerdo a los mandamientos del Dios liberador.

            La Alianza significa una doble obligación; ella indica pertenencia y compromiso recíprocos. Dios se compromete con su pueblo, pero éste adquiere igualmente deberes frente a El. El texto de la primera lectura de hoy liga estrechamente el culto a la aceptación de la voluntad de Dios. Un tema importante en este pasaje es lo que “el pueblo contestó a una: Haremos todo lo que dice el Señor” (Ex 24,3). De nada sirve en efecto ofrecer sacrificios a Dios si no se pone en práctica su voluntad que nos compromete con la defensa de la vida de las personas y  de la madre naturaleza.

            Si esto vale para el culto de la Antigua Alianza, con mayor razón lo será en el caso del Sacrificio de Jesús (cf. Heb 9,14). Gracias a él nos liberaremos del pecado, del egoísmo que se expresa en obras de muerte e injusticias y estaremos en condiciones de “rendir culto al Dios vivo”.

            Como comunidad estamos llamadas/os a imitar a Jesús, que se ofreció a sí mismo para realizar el Proyecto de Dios y así demostrarnos qué importantes somos nosotras y nosotros para el Dios de Jesús, hasta permitir que su Hijo se sacrificase para que tuviéramos una vida digna y feliz.

 

  1. 3.      La celebración de cada Eucaristía nos compromete con el Proyecto de Dios hasta dar la vida

 

La celebración de la Pascua del Señor, de cada Eucaristía nos debe ayudar  a

 descubrir el amor gratuito de Dios. Ante esto debemos responder con la creación de relaciones justas y fraternas entre las personas.

Los textos de hoy nos recuerdan que si no hacemos “lo que dice el Señor”

Ex 24,3), damos la espalda a la entrega por el Señor de su cuerpo y su sangre. Si no practicamos su voluntad de vida y de justicia, vaciamos de contenido nuestra participación en el culto cristiano, en la Eucaristía. De hecho la situación de injusticia y marginación del/de la pobre aparece como un clamoroso alejamiento de los requerimientos de la Nueva Alianza sellada con la sangre de Cristo. Cada celebración eucarística nos debe recordar “las estructuras de pecado” (de que hablan Medellín y Juan Pablo II) existentes en el mundo de hoy. Es necesario pues que dejemos de contribuir con el fortalecimiento de esas estructuras, y decidirnos de una vez por todas a construir una sociedad en donde se prioricen las necesidades de los/as oprimidos/as y excluidos de ella.

            Como miembras/os de una comunidad comprometida con el Proyecto de Dios debemos estar dispuestos/as a asumir nuestro compromiso hasta las últimas consecuencias. El ejemplo de nuestros mártires nos ayuda a entender que no hay límite en nuestro compromiso por crear Cielos Nuevos y Tierra Nueva en los que habite la justicia (2 Pe 3,13).

 

Para la revisión personal: ¿Qué significa para mí participar en la Eucaristía? ¿Me siento comprometido/a con el Proyecto de Dios? ¿Estoy dispuesto/a a dar mi vida y a derramar mi sangre si fuese necesario por la fidelidad al Proyecto de Dios?

 

Para la oración de las y los participantes:

 

  1. Por todos/as los/as cristianos/as para que siempre tengamos presente nuestro compromiso con el Proyecto liberador de Dios. Recemos.
  2. Para que cumplamos la alianza y el compromiso que hicimos de luchar por implantar la justicia, la solidaridad y el amor en las relaciones personales. Recemos.
  3. Para que estamos decididos/as a dar nuestras vidas para que los/as demás tengan mejores condiciones de vida. Recemos.

 

Exhortación final: La celebración del día del cuerpo y la sangre de Jesús, nos ha ayudado a recordar y hacer presente al Proyecto liberador de un Dios comprometido con la causa de débiles y excluidas/os. Para comprometernos con ese Plan se nos exige revisar nuestra alianza y nuestro compromiso con Dios y con las hermanas y hermanos. Sólo si nos decidimos a sembrar la justicia hasta las últimas consecuencias, daremos frutos de amor, y estaremos creando vida, esperanza y cumpliendo con nuestro compromiso.

 

 


 

QUIEN ESTA COMPROMETIDA/O CON EL PROYECTO DE JESÚS ES UNA CRIATURA NUEVA  B12°O  (21-6-09) 

 

ENTRADA: Dios, nuestro Padre/Madre, creó todo lo que existe: las plantas, los animales, las aves del cielo, los mares y sobre todo al ser humano, su creación más fina, y puso a su disposición todo lo que había hecho. Por ser Creador, todas las criaturas dependen de él. Aunque la naturaleza tiene sus propias leyes, Dios es capaz de intervenir en la naturaleza y dominar el viento y las olas del mar, la lluvia y los truenos y todo lo que existe sobre el mundo.

            Celebremos la presencia de un Dios que todo lo hizo para que viviéramos felices, como hermanos y hermanas, en una sociedad justa, fraterna y solidaria.

 

1L.: Job 38,1.8-11. Yavé es el Dios del universo

 

I: El libro de Job es una leyenda que intenta explicar las razones del sufrimiento humano. El autor de este escrito nos invita a permanecer fie­les al proyecto del pueblo del Dios liberador, aun en medio de las dificultades y fracasos de la vida.

            En la lectura que hacemos a continuación Dios declara que El es el Señor del universo, y que, por lo tanto, tiene dominio so­bre los vientos y el mar.

 

T: Yavé respondió a Job en medio de la tempestad, y dijo: ¿Quién cerró con doble puerta el mar cuando salía borbotando del seno materno, cuando le puse una nube por vestido, y es­pesos nublados por pañales; cuando le fijé sus límites y le puse puertas y cerrojos diciendo: “Llegarás aquí y no pasa­rás, aquí se romperá el orgullo de tus olas”?

 

Sal 106: Den gracias al Dios justo, porque es eterna su mise­ri­cordia

 

  *        En sus naves entraron al mar y viajaron sobre sus aguas inmensas. Vieron las obras del Señor y sus maravillas en el océano.

  *        Dio la orden y sopló un viento huracanado que levantaba las olas. Ya subían hasta el cielo, ya bajaban a los abismos; ellos se consumían entre peligros.

  • Pero en sus angustias clamaron al Dios misericordioso, y él los libró de sus aflicciones. Cambió la tempestad en suave brisa, y las olas del mar se aquietaron.
  • Se alegraron al verlas tranquilas, y él los llevó al puerto deseado. Den gracias al Dios justo por su bondad y por sus maravillas a favor de los hijos e hijas de los seres humanos.

 

2L.: 2ª Corintios 5,14-17. Quien vive según el proyecto propuesto por Jesús es una criatura nueva

 

I: Jesús ha pagado un precio de sangre para salvarnos, para darnos vida. Como prueba de su amor entregó su vida en la predicación, en la solidaridad con los/as débiles, en el compromiso ético-político, a fin de que noso­tras y nosotros pudiéramos luchar por vivir como personas comprometidas. Ahora nos toca vivir como personas liberadas, como nuevas criaturas. Esto nos exige un es­fuerzo cotidiano, rompiendo con la injusticia, la corrupción impune, el egoísmo y la opresión,  para vivir en la li­bertad de las hijas e hijos de un Dios de vida.

 

T: Hermanas y hermanos: El amor de Jesucristo nos urge al darnos cuenta de que si él murió por todos, todos entonces han muerto.

            El murió por todos, a fin de que los que viven no vivan ya para sí mismos, sino para él, que por ellos murió y resucitó.  De suerte que nosotros desde ahora no miramos a nadie con criterios humanos; incluso a Jesucristo, si antes lo conocimos perso­nalmente, debemos mirarlo ahora de otra manera.

            Por esa misma razón, el que está en Jesucristo es una cria­tura nueva. Para él o ella lo antiguo ha pasado; un mundo nuevo ha lle­gado.

 

3L.: Marcos 4,35-40. ¿Quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?

 

I: Jesús acompañaba la proclamación del Evangelio con milagros, y acciones prodigiosas que confirmaban que la palabra que él a­nunciaba venía de un Dios comprometido con la vida de calidad. Así su Padre le concedió el poder de dar órdenes a los fenómenos de la naturaleza, como la tempestad desa­tada en el lago de Galilea. Ante este hecho los discípulos y discípulas se quedan extrañadas/os, pues “hasta el viento y el mar le obedecen”.

 

T: Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos y discípulas: “Pa­semos a la  orilla del lago”. Ellos despidieron a la gente y lo llevaron en la barca tal como estaba. También lo acom­pañaban otras barcas. Entonces se levantó un gran temporal y las olas se lanzaban contra la barca que se iba llenando de agua. (38) Mientras tanto, Jesús dormía en la popa sobre el co­jín. Ellos lo despertaron diciéndole: “Maestro, ¿es así como de­jas que nos ahoguemos”?

            El despertó, se encaró con el viento y dijo al lago: “Cállate, cálmate”. El viento se calmó y vino una gran bonanza. Después les dijo: “¿Por qué son ustedes tan miedosos? ¿Toda­vía no tienen fe?

            Pero ellos estaban asustados por lo ocurrido y se pre­guntaban unos a otros: “¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?”

 

            PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

       1. ¿Qué relación se hacía, en la cultura judía entre el mal y el mar?

 2. ¿Por qué quien vive según el proyecto propuesto por Jesús se convierte en una persona nueva?

  1. ¿Cómo vencer el miedo para dar testimonio de nuestra fe?

 

1.  El Dios que domina al mar y vence el mal

 

La primera lectura que hemos leído hoy, del libro de Job, nos habla del poder que Dios tiene sobre el mar. De hecho Dios ordena: “Hasta aquí llegarás y no pasarás, aquí se romperá la arrogancia de tus olas.” (Job 38,11). En la lectura del Evangelio se dice que mientras Jesús y sus discípulos se encontraban en el  lago de Galilea “se levantó un gran temporal y las olas se lanzaban contra la barca, que se iba llenando de agua.”(Mc 4,37).

En la mentalidad judía el mar es el lugar del mal, del imperio. Mar que los Romanos llamaban orgullosamente “mar nuestro” (el mar Mediterráneo). Mar que  era surcado por los navíos cargueros llenos de la producción de los trabajadores y esclavos oprimidos por el Imperio para ser comercializada en todas las ciudades libres, en todos los mercados. Mar que sirvió de medio para permitir a los señores del imperio desarrollar el latifundio esclavista, quitando tierra a los campesinos transformándolos en esclavos o en mendigos, y entregando parte de la tierra a herodianos y saduceos, aliados y títeres en Palestina.

El mar de los romanos significaba también el tributo (25 % de la producción) que debía ser pagado en dinero como condición para vender la producción al mercado local.

Dios está por encima del mar que permite el desarrollo de un mercado que oprime a los/as más débiles, de un mar que atenta con la vida de los/as discípulos/as de Jesús. Con la orden de Jesús, “Cállate, cálmate”, el mar no representa un atentado contra la vida. El mal ha sido vencido, por la Palabra salvadera y liberadora de Dios.

                       

2. El/la que está en Jesucristo es una Criatura nueva

 

Pablo nos dice que quien está unida/o a Jesús se convierte en una persona nueva. Cambia su forma de, ser, su forma de actuar, su forma de mirar la vida y los acontecimientos. “De suerte que nosotros desde ahora no miramos a nadie con criterios humanos; incluso a Jesucristo, si antes lo conocimos personalmente, debernos mirarlo ahora de otra manera” (2 Cor 5,16). Ser cristiano/a es, por tanto, situarse ante la vida con ojos nuevos, con corazón nuevo, con nueva ilusión.

Ocurre que lo nuevo asusta; nos sentimos cómodos/as con nuestras mediocridades, preferimos caminar por caminos conocidos en los que la gente que encontramos nos saluda y no nos cuestiona. Tenemos la tendencia a arropar con lo viejo un mensaje que es siempre vida y novedad. 0 a llamar nuevo -nueva evangelización, nuevo camino- a lo que sigue siendo viejo, porque en definitiva en muchas ocasiones no estamos dispuestos/as a cambiar. Repetir lo mismo es siempre más cómodo. Primero nuestra tranquilidad y después las exigencias del Evangelio, parecería ser la principal norma de la conducta de muchos/as que nos llamamos cristianos/as.

Pero “el que está en Jesucristo es una criatura nueva. Para él lo antiguo ha pasado; un mundo nuevo ha llegado.’(2 Cor 5,17). Estar en Jesucristo supone coraje, imaginación y creatividad, puestas al servicio de los/as demás, sobre todo de los/as más empobrecidos/as y oprimidos/as. El/la cristiano/a es quien está siempre dispuesto/a a inventar constantemente las formas de amar no en función de cumplir formalmente con un deber, sino con una persona concreta, con el prójimo, en particular el que más lo necesita, el pobre y el oprimido de hoy. Pero esto supone no distraerse mezquinamente, con problemas que, inventamos para evitar mirar de frente una inhumana realidad y para permanecer en terrenos neutros, sin que asumamos nuestra responsabilidad. “El amor de Cristo nos apremia (2 Cor 5,14) dice Pablo. Sintamos esa exigencia que nos hace el Maestro.

 

3. La fe que vence el miedo que paraliza

 

En el evangelio que hemos leído hoy, y después de hacer cesar una tormenta en el lago de Galilea Jesús dice a sus discípulas/os: “¿Por qué son tan miedosos y miedosas? ¿Todavía no tienen fe? (Mc 5,40). Tener miedo es una manera de demostrar la falta de fe. Así lo expresa Jesús al hacer la pregunta a sus seguidores.

Si hay fe no hay miedo. Las duras condiciones en que viven los más pobres de nuestra isla, de nuestra América Latina y el Caribe, las diferentes violaciones a la dignidad humana presentes en nuestros países, el desánimo que todo esto nos produce, la deuda externa que ya se hizo eterna, el avance del neoliberalismo con su dictadura del mercado, son serios desafíos a la tarea evangelizadora de la Iglesia de  Jesús, y por tanto de cada uno/a de nosotros/as. Ante esa realidad muchos/as dan miles razones para no ver la realidad tal cual es; para no asumir los compromisos que una actitud realmente evangélica exige. Tienen miedo de perder sus actuales seguridades, o sus privilegios; se niegan a asumir una plena disponibilidad a la voluntad del Dios liberador. A todos/as nos recuerda el texto de hoy que el miedo frente, a los desafíos del evangelio, leído desde la realidad, esconde, algo muy serio: una falta de fe.

 

Para la revisión personal: ¿Me considero una criatura nueva? ¿El miedo me impide asumir mi compromiso de fe?

 

Para la oración de las y los participantes:

 

  1. Por la Iglesia de Jesús para que siempre sea capaz de luchar contra todos los males sociales. Recemos.
  2. Para que cada día hagamos el esfuerzo por convertirnos en criaturas nuevas. Recemos.
  3. Para que el miedo no nos impida asumir nuestros compromisos de fe. Recemos.

 

Exhortación final: La Palabra de Dios que hemos escuchado hoy nos ha invitado a tomar en serio nuestra vida cristiana. Sólo dando la vida podemos ser testigos de Jesús y criaturas nuevas. Para eso es necesario superar el miedo que debilita la fe, con la confianza de que nuestro Dios vence al mal, anima y fortalece nuestra débil esperanza.

 

 

     LA SOLIDARIDAD QUE DEFIENDE LA VIDA  B13°O (28-6-2009)

 

ENTRADA: Nos hemos reunido hoy en el nombre del Dios defensor de la vida. Formamos parte de su pueblo. Tenemos el desafío de convertirnos en promotoras/es de una vida de calidad  para nuestro pueblo, como parte del compromiso de fe que se nos pide realizar.

            Celebremos la presencia de Jesús quien vivió comprometidamente y dio su vida y su amor para que tuviéramos vida en abundancia.

 

1ª L.: Sab. 1,13-15; 2,23-24. Creemos en el Dios creador y defensor de la vida

 

I: El libro de la Sabiduría es un de los textos que nos hablan de la experiencia cotidiana del pueblo de Israel. El texto que leemos hoy nos dice que el Dios en el que creemos es Creador y defensor de la vida. Quiere que entre sus hijos/as haya relaciones de amor y justicia para poder vivir felices en la libertad de los/as hijos/as de Dios.

 

T: Dios no hizo la muerte, y no le gusta que se pierdan los vivos. El creó todas las cosas para que existan; las especies que aparecen en la naturaleza son medicinales, y no traen veneno ni muerte. La tierra no está sometida a la muerte, pues el orden de la Justicia está más allá de la muerte. Pero Dios creó al ser humano a imagen de lo que en él es invisible, y no para que fuera un ser corruptible. La envidia del diablo introdujo la muerte en el mundo, y la experimentan los que toman su partido.

 

Salmo 29: Te agradeceré oh Dios, porque me has liberado

 

*      Te alabaré, oh Dios, porque me has librado y no dejaste que mis enemigos se rieran de mí. Dios de vida, sacaste mi alma del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

*        Que sus fieles canten al Dios solidario y den gracias a su santo Nombre. Porque su enojo dura unos momentos y su bondad la vida entera. Al atardecer nos visita el llanto, y por la mañana la alegría.

*   Oh Dios, escúchame y ten piedad de mí; Oh Dios, sé mi ayuda. Convertiste mi duelo en alegre danza, me quitaste el vestido de penitencia y me vestiste de alegría… Por eso. Que mi alma cante y no se calle. Señor, Dios mío, yo te     quiero alabar eternamente.

 

2ª L.: 2 Cor 8,7-9.13-15.  Imitar la generosidad de Jesús

 

I: En su carta a las/os cristianas/os de Corinto Pablo les invita a solidarizarse con las/os hermanas/os de la comunidad de Jerusalén, que estaban pasando por una situación económica muy difícil. El apóstol les invita a imitar a Jesús en su generosidad y a compartir lo que tienen, partiendo de que todas/os las/os seres humanos son iguales y tienen derecho a que sus necesidades materiales y espirituales sean satisfechas.

 

T: Hermanas y hermanos: Ya que ustedes que sobresalen en todo: en dones de fe, de palabra y de conocimiento, en entusiasmo, sin hablar del amor que me profesan, traten de sobresalir  también en esta obra de generosidad.

No es una orden, sino que sólo me baso en la generosidad de otros para ver si ustedes aman de verdad. Ya conocen la generosidad de Cristo Jesús, nuestro Señor, que, siendo rico, se hizo pobre por ustedes para que su pobreza los hiciera ricos.

No se trata de que otros tengan comodidad y que a ustedes les falte, sino de que haya igualdad. Ustedes darán de su abundancia lo que a ellos les falta, y ellos, a su vez, darán de lo que tienen para que a ustedes no les falte. Así reinará la igualdad. Lo dice la Escritura: Al que tenía mucho no le sobraba y al que tenía poco no le faltaba.

 

3°Ev.: Mc. 5,21-43.  Te fe te ha salvado. Vete en paz y en salud

 

I: El texto evangélico que leemos a continuación nos presenta dos milagros de Jesús. Resucita a una muchacha y devuelve la salud a una mujer que padecía de hemorragias. De esta manera Jesús se presenta como Hijo del Dios de la vida, que devuelve la salud, y la vida y permite a las personas reintegrase de nuevo a la familia y a la sociedad.

 

T: En aquel tiempo Jesús atravesó el lago, y al volver a la otra orilla, una gran muchedumbre se juntó en la playa en torno a él. En eso llegó un oficial de la sinagoga, llamado Jairo, y al ver a Jesús, se postró a sus pies suplicándole: «Mi hija está agonizando; ven e impón tus manos sobre ella para que se mejore y siga viviendo.»

Jesús se fue con Jairo; estaban en medio de un gran gentío, que lo oprimía.

 Jesús estaba todavía hablando cuando llegaron algunos de la casa del oficial de la sinagoga para informarle: «Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar ya al Maestro?»Jesús se hizo el desentendido y dijo al oficial: «No tengas miedo, solamente ten fe.» Pero no dejó que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

            Cuando llegaron a la casa del oficial, Jesús vio un gran alboroto: unos lloraban y otros gritaban. Jesús entró y les dijo: «¿Por qué este alboroto y tanto llanto? La niña no está muerta, sino dormida.» Y se burlaban de él. Pero Jesús los hizo salir a todos, tomó consigo al padre, a la madre y a los que venían con él, y entró donde estaba la niña. Tomándola de la mano, dijo a la niña: «Talitá kumi», que quiere decir: «Niña, te lo digo, ¡levántate!»

La jovencita se levantó al instante y empezó a caminar (tenía doce años). ¡Qué estupor más grande! Quedaron fuera de sí. Pero Jesús les pidió insistentemente que no lo contaran a nadie, y les dijo que dieran algo de comer a la niña.

 Se encontraba allí una mujer que padecía un derrame de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho en manos de muchos médicos y se había gastado todo lo que tenía, pero en lugar de mejorar, estaba cada vez peor. Como había oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto. La mujer pensaba: «Si logro tocar, aunque sólo sea su ropa, sanaré.» Al momento cesó su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba sana.

Jesús se dio cuenta de que un poder había salido de él, y dándose vuelta en medio del gentío, preguntó: «¿Quién me ha tocado la ropa?» Sus discípulos le contestaron: «Ya ves cómo te oprime toda esta gente: ¿y preguntas quién te tocó?» Pero él seguía mirando a su alrededor para ver quién le había tocado. Entonces la mujer, que sabía muy bien lo que le había pasado, asustada y temblando, se postró ante él y le contó toda la verdad. Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda sana de tu enfermedad.»

 

          PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

1. ¿Por qué podemos afirmar que nuestro Dios crea la vida y la defiende?

2. ¿De qué manera Jesús ayuda a la integración social de las mujeres excluidas?

3. ¿Por qué la solidaridad crea igualdad y mejores condiciones de vida?           

1-      El Dios que crea la vida y la defiende

 

            La lectura del libro de la Sabiduría que hemos hecho hoy nos dice claramente que nuestro Dios es creador y defensor de la vida. Todo lo que creó, sobre todo los seres humanos, pero también los animales, las plantas, para que vivieran y todos fueran un conjunto armónico para que el ser humano pudiese vivir en libertad y en fraternidad.

            El libro de la Sabiduría tiene la convicción de que todo lo que Dios hizo fue bueno ((Gén 1,31). Y esa vida tiene que mantenerse mediante unas relaciones basadas en la justicia, porque, como el dice el texto, la “justicia es inmortal”.

            Especialmente el ser humano, Dios lo hizo a imagen suya, y por tanto inmortal, para que viva para siempre en amistad con El.

            El libro de la Sabiduría, sin embargo, no deja de reconocer que en el mundo hay muerte, egoísmo, injusticia, abusos contra la naturaleza, los árboles, los ríos, los animales. Pero eso no viene de Dios, sino del diablo y de sus seguidores.

            Los/as seguidores/as de Dios tienen el compromiso sagrado de luchar por la defensa de la vida de forma organizada identificando a aquellos/as que son partidarios del mal, de la agresión contra la vida y definiendo estrategias concretas de lucha. Entre los seguidores del diablo podemos señalar a aquellas personas que están destruyendo nuestros ríos, los países ricos que nos obligan a pagar una deuda que ya hace mucho tiempo que pagamos, aun cuando la mayoría del pueblo no recibió los beneficios de dicha deuda, aquellos/as que suben el precio de los alimentos básicos todos los días, o los servicios de energía, teléfono, transporte, medicina, educación…

 

2.  Las mujeres excluidas son integradas en la familia y en la comunidad.

 

            El evangelio de hoy nos habla de los milagros que Jesús hizo con los cuales benefició a dos mujeres: una niña y una mujer que padecía de hemorragias.

            La hija de Jairo, jefe de la sinagoga,  acaba de morir; el asunto parece cerrado. Pero no para Jesús. La fe está por encima de la muerte; más todavía, ella es victoria sobre la muerte. De allí el consejo  a Jairo: “No temas, solamente ten fe” (Mc 5,36); en el Evangelio el miedo se opone a la fe. Jesús no pretende hacerse famoso con este episodio. Por eso quiere disminuir la importancia de lo que va a hacer: “La niña no ha muerto; está dormida” (Mc 5,39). Y al mismo tiempo le pide a la mamá y al papá de la niña de que “nadie lo supiera” (Mc 5,43).

            La niña se reincorpora a su familia, llena de vida. Lo que fue un gran dolor, por la pérdida de un ser querido, ahora se convierte en gran motivo de alegría, por la presencia de Jesús.

            La escena de la curación de la mujer que sufría hemorragias es muy hermosa.  Se trata de una escena muy bella y tierna. La mujer padecía una enfermedad por la cual era considerada impura, y  por tanto una excluida de la sociedad. Y esto lo padeció por más de 12 años. Según nos dice el texto ya estaba cansada de ir a médicos, había gastado todo lo que tenía en su deseo de curarse sin haberlo logrado. Marginada por ser mujer, por enferma y por pobre, se acerca humildemente a Jesús; no se atreve a dirigirle la palabra. Piensa para sus adentros que quizás baste tocar sus vestidos y sanará casi sin que él se entere, intenta robarle un milagro (Mc 5,27-28). Su proyecto dio resultado. Toca a Jesús y recupera la salud. Pero la relación con el Señor ha de ser siempre personal, el diálogo completa el sentido del gesto.

            “¿Quién me ha tocado los vestidos?”, la pregunta parece ingenua a sus discípulos/as, con tanta gente apretujando cualquiera podría ser. Pero Jesús sabe lo que hace, da a la mujer la oportunidad de salir del anonimato al que la habían confinado la marginación y el desprecio que sufría. No la señala en medio de la multitud, es ella la que se presenta y habla “atemorizada y temblorosa”; pero acogida en su persona y en su dignidad contará: “toda la verdad” (V. 33). El Señor valora su fe y su coraje: “Tu fe te ha sanado; vete en paz”, tú lo has hecho con la confianza que depositaste en mí, recibe ahora la paz, le dice. Le da la salud corporal (queda curada) y social (sale de su situación de marginada). Tener fe es tener vida.

            Como comunidad de fe se nos pide un compromiso con todas las personas excluidas por esta sociedad neoliberal que deja de lado a todas aquellas personas que no sirven para sus intereses económicos. Es en medio de esa situación cuando se nos pide luchar para que sean valoradas todas las personas,  y sobre todo las mujeres por su dignidad personal.

           

3.  La solidaridad que crea la igualdad

 

            Ante la necesidad que padecen los/as hermanos/as de la comunidad de Jerusalén, Pablo pide a los/as cristianos/as de Corinto que compartan lo que tienen. Con delicadeza les dice que no les da una orden, les está sugiriendo solamente un gesto concreto para que prueben “la sinceridad del amor fraterno” (2 Cor 8,8). Ese compartir con quien tiene necesidad, hará que reine la igualdad (2 Cor 8,14).

            Fundamentándose en un texto del Exodo, que se refiere a la entrega del alimento o maná en el desierto, camino a la tierra prometida: “El que mucho recogió, no tuvo más; y el que poco, no tuvo menos. Cada uno había recogido según sus necesidades” (Ex 16,18), Pablo intenta promover en sus comunidades el amor solidario como una alternativa de vida ante una sociedad donde hay tantas señales de muerte.

            Pablo, de esta manera invita a las comunidades fundadas por él a imitar la generosidad y el estilo de vida de la primera comunidad de Jerusalén: donde los/as seguidores/as de Jesús, “vendían sus posesiones y bienes y repartían el precio entre todos/as según la necesidad de cada uno” (Hch 2,45). La consecuencia era que “entre ellos no había ningún necesitado” (Hch 4,34).

            Nuestro compromiso con la vida de nuestro pueblo, pasa necesariamente por unas relaciones de solidaridad, no de limosna, ni de clientelismo como hacen muchos/as políticos/as. Sólo el fortalecimiento de redes de solidaridad a nivel local, nacional e internacional y de organizaciones comunitarias nos pueden permitir juntos luchar por la defensa de la vida. Y en esta lucha los/as cristianos/as tenemos que dar nuestro aporte.

 

Para la revisión personal: ¿Soy realmente defensor/a de la vida? ¿En qué luchas que defienden la vida estoy colaborando? ¿Cuál es mi actitud ante la mujer excluida y marginada?

 

Para la oración de las y los participantes:

 

  1. Por todos/as los/as cristianos/as para que seamos realmente defensores/as de la vida. Recemos.
  2. Por todas aquellas personas que están comprometidas con las luchas sociales y comunitarias que crean mejor vida. Recemos.
  3. Por todas aquellas personas que son responsables de la agresión en contra de la vida para que cambien su actitud. Recemos.

 

Exhortación final: La Palabra nos ha invitado a ser defensores/as de la vida amenazada de nuestro pueblo. Creemos en el Dios de la vida que promueve mejores condiciones de vida para  todos/as. El camino para vivir con dignidad es fortalecer la fe y la solidaridad, dejando a un lado el miedo que nos impide realizar los compromisos que nos toca asumir en esta hora histórica en que vivimos, dominada por el proyecto Neoliberal que condena a la muerte prematura a las mayorías populares.

 

 

 

 

 


[1] En Rep. Dom. Las comunidades de tradición católica celebran esta fiesta el día jueves. Tradicionalmente se le llamó el día de Corpus Christi. En otros países del área caribeña y latinoamericana se pasa esta celebración para el domingo.

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDO)

C/ 3 No. 9. El Milloncito, Sabana Perdida. Santo Domingo Norte. Rep. Dominicana

Tel/fax. 809-568-8560. E-mail: rebido@gmail.com, rebido07@yahoo.es

     Reflexiones bíblicas semanales. Junio 2009

 

            EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPIRITU BST (7-6-09)

                                   

ENTRADA: Después de haber terminado el tiempo pascual, volvemos de nuevo el tiempo ordinario; es decir un tiempo diferente a los llamados tiempos fuertes de la liturgia (Adviento, Navidad, Cuaresma, Semana Santa, Pascua). De todas maneras en estos dos primeros domingos del tiempo ordinario, después de  Pen­tecostés, tenemos dos fiestas importantes: la Trinidad y la fiesta del Cuerpo de Jesús.

            La Iglesia, comunidad de las y los seguidores de Jesús, siempre ha afirmado que el Dios cristiano no es una persona solitaria; con El viven el Hijo Resucita­do (Jesús) y el Espíritu Santo. Así forman una comunidad de tres personas. Por eso todas las celebraciones y las oraciones de las y los cristianos comienzan siem­pre en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

 

1ªL.: Deuteronomio 4,32-34.39-40. Las y los sacó de la esclavitud con mano firme y brazo extendido

 

I: La experiencia fundamental de la fe del pueblo judío fue la liberación de la esclavitud de Egipto, por medio de la intervención de un Dios que miró la opresión de su pueblo, escuchó sus clamores y decidió liberarlo con mano pode­rosa y brazo extendido. Así Yavé demostró que era realmente un Dios liberador, capaz de arrancar a su pueblo de las manos del poderoso faraón que se creía hijo del Dios Amón-Ra, el principal dios de Egipto.

            Al pueblo liberado se le invita a vivir según los mandamientos de Dios. Así la intervención liberadora de Dios se convierte en compromiso para el pueblo.

 

T: Moisés habló al pueblo, diciendo: “Pregunta a los tiempos pasados. Investiga desde el día en que Dios creó al ser humano sobre la tierra. Pregunta desde un extremo a otro del mundo: ¿Hubo jamás una cosa tan extraordinaria como ésta? ¿Se ha oído cosa semejante? ¿Ha quedado con vida algún pueblo después de haber oído, como tú, la voz del Dios vivo, hablando en medio del fuego?

            Nunca hubo un Dios que fuera a buscarse un pueblo y lo sacara de en medio de otro pueblo, a fuerza de pruebas y de señales, de milagros y de combates, con mano firme y brazo extendido. Nunca hubo hechos tan tremendos como los que Yavé hizo por ustedes en Egipto y que ustedes vieron con sus propios ojos.

            Por tanto reconoce ahora y trata de convencerte de que Yavé es el único Dios del cielo y de la tierra, y no hay otro.

            Guarda las leyes y los mandamientos que yo te ordeno hoy, y te irá bien a ti y a tus hijos después de ti. Así vivirás largos años en la tierra que Yavé, tu Dios, te da para siempre”.

 

Sal 32: El Señor ama la justicia y el derecho

 

  • Recta es la palabra de Yavé y verdad toda obra de sus manos. El ama la justicia y el derecho, y la tierra está llena de su gracia.
  • El habló y todo fue creado, lo ordenó y las cosas existieron.
  • Los ojos de Yavé están mirando a las y los que lo respetan y ponen su esperanza en su bondad, para arrancar sus vidas de la muerte y darles de comer en tiempo de hambre.

*    En el Dios misericordioso y justo nosotras y nosotros esperamos, él es nuestra defensa y nuestro escudo. Venga, oh Dios, tu amor, sobre nosotros y nosotras, conforme a la confianza que hemos puesto en ti.

 

2ªL:     Romanos  8,14-17. Con la guía del Espíritu nos convertimos en hijas e hijos de un Dios salvador y comprometido con la vida

 

I: Pablo hace una contraposición entre la carne y el Espíritu. Los frutos de la carne son el egoísmo, el odio, la venganza, la violencia… Mientras que los frutos del Espíritu son el amor, la solidaridad, la justicia y la amistad. Sólo las personas que se dejan llevar por el Espíritu son verdaderamente hijas e hijos de Dios.

 

T: Hermanas y hermanos: Todas aquellas personas a las que guía el Espíritu de Dios, ésas y ésos son hijas e hijos de Dios.

            Ustedes no recibieron un espíritu de gente esclava para volver al temor, sino que recibieron un espíritu de hijas e hijos adoptivos, el que nos enseña este grito: ¡Abba! o sea, ¡Padre! El mismo Espíritu le asegura a nuestro espí­ritu de que somos hijas e hijos de Dios. Y si somos hijas e hijos, somos también herede­ros y herederas. Nuestra será la herencia de Dios, y la compartiremos con Cristo; pues si ahora sufrimos con él, con él recibiremos la Gloria.

 

3ªL.:  Mateo 28,16-20. Hacer discípulos y discípulas bautizándolas/os en el Nombre del Padre,            del Hijo y del Espíritu

 

IJesús resucitado se aparece a sus discípulos y discípulas y les envía a la misión evangelizadora. El anuncio evangélico tiene que llevar a la conversión; la consecuencia de la conversión es el bautismo que nos convierte en discípulas y discípulos de Jesús que guardan sus mandamientos. Esto exige permanecer en las enseñanzas de Jesús, es decir, en una catequesis inserta en la realidad socio-cultural en la que se vive.

           

T: En aquel tiempo los Once discípulos partieron para Galilea, al cerro donde Jesús los había citado. Cuando vieron a Jesús se postraron ante él, aunque algunos todavía desconfiaban. Entonces Jesús, acercándo­se, les habló con estas palabras: “Todo poder se me ha dado en el Cielo y en la tierra. Por eso, vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulas y discípu­los. Bautícenlas/os en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,  y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado. Yo estoy con ustedes todos los días hasta que se termine este mundo.

 

          PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

  1. ¿Por qué es importante mantener la memoria del Proyecto salvador y liberador?
  2. ¿Por qué el movimiento de Jesús comienza en la Galilea marginada?
  3. ¿Por qué es necesario dejarse guiar por el Espíritu y hacer discípulos y discípulas?

 

 1. Mantener la memoria del Proyecto Liberador

 

El pueblo de Israel siempre se distinguió por su gran memoria histórica; es decir, por la importancia que le daban a los hechos pasados como acontecimientos que ayudaban a vivir el presente. Por eso, las principales fiestas judías, y en especial la pascua, tenían por finalidad que el pueblo no olvidase la intervención  salvadora y liberadora de Dios en medio de su vida.

Las principales fiestas estaban en relación con el acontecimiento fundamental de la historia del pueblo: la liberación realizada por Dios al sacar a su pueblo del país de la opresión. Así la fiesta de la pascua recordaba la salida de Egipto;  la de las semanas (que corresponde a nuestra fiesta de Pentecostés) recordaba la entrega de la ley en el monte Sinaí y la fiesta de las Tiendas recordaba el tiempo del camino por el desierto cuando el pueblo vivía en tiendas.

El pueblo tenía que recordar cada año la Intervención de Dios en la vida nacional. Por esto Moisés, antes de morir decía al pueblo: “Yavé amó a tus padres y eligió a su descendencia después de ellos; te sacó de Egipto personalmente con su gran fuerza. . .” (Dt 5,37). Y todo esto lo hace Yavé porque tiene un Proyecto de felicidad para su pueblo. Pero el pueblo tiene que comprometerse en ese proyecto viviendo de acuerdo a los mandamientos de Dios: “Guarda los preceptos y los mandamientos que yo te prescribo, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que Yavé tu Dios te da para siempre’ (Dt 4,40).

También nuestras comunidades deben mantener la memoria histórica del Proyecto liberador del pueblo acompañado por el Dios comprometido con la vida de calidad para todas las personas y en especial para las más excluidas. Hemos sido invitadas e invitados a colaborar con un proyecto de vida plena; Dios nos has invitado a seguir colaborando con su Proyecto como hombres y mujeres libres. Y es que no hemos recibido un espíritu de esclavas/os, sino de hijas/os liberadas/os (Rom 8,15). También debemos tener en cuenta la memoria de tantos hombres y mujeres que en la historia de nuestra isla lucharon por nuestra libertad nacional. No debemos dejarnos manejar por aquellos/as que intentan borrar nuestra memoria histórica para dominarnos con mayor facilidad.

 

2. Desde Galilea se anuncia el Evangelio a todas las naciones

 

Galilea era considerada en tiempo de Jesús una tierra de paganos/as,  puesto que en el 721 a.C., cuando el Imperio asirio destruyó el reino del norte, deportó a una parte de la población y trajo en su lugar a otras personas. Por eso, para los judíos de Jerusalén y de Judea, los galileos no eran judíos puros puesto que se habían mezclado con otras razas que para ellos eran impuras.

El movimiento de Jesús, sin embargo, comenzó en Galilea. Y los/as más cercanos/as seguidores/as de Jesús: Pedro, Tomás, Andrés, María Magdalena, Santiago, Juan… eran galileos. Desde la periferia, desde las márgenes del judaísmo, se inicia un proyecto de vida para tantas mujeres y tantos hombres.

Después de la resurrección de Jesús él los cita en un monte de Galilea. Desde allí les invita a realizar la misión de hacer discípulos/as y bautizar en el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu. Dios sigue contando con los/as débiles, con los/as marginados/as para realizar su Proyecto.

Hoy también desde nuestras comunidades, formadas en su mayoría por personas empobrecidas, sin prestigio ni poder social, Dios quiere seguir realizando su Proyecto de vida. Y en esa tarea contamos siempre con su Presencia. El .mismo nos lo. aseguró: ‘Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28,16-20).

 

3. Dejarse guiar por el Espíritu y hacer discípulas y discípulos de Jesús

 

El envío que reciben las y los discípulas/os de Jesús tiene lugar en un monte de Galilea, lugar tradicional en la Biblia de una revelación importante de Dios. Jesús los recuerda que él tiene poder para enviarlos; un poder para el servicio evangelizador; no de dominación.

La misión consiste en ‘hacer discípulos’, que es una fórmula concreta para enviarlos/as a proclamar el Evangelio. Sin embargo, la proclamación no se puede reducir sólo a las palabras. Es importante que las personas que escuchan el mensaje hagan de las enseñanzas evangélicas la pauta de sus vidas. Y el Evangelio no se transmite sólo con las palabras; ellas deben estar acompañadas de gestos, de acciones de amor, justicia y solidaridad. Y es que la Palabra sin el compromiso es hueca; además, el gesto sin la palabra no es claro. Es necesario seguir el ejemplo de Jesús que da la vida y explica su sentido con su mensaje.

Hoy también tenemos el desafío de anunciar el evangelio y acompañarlo con acciones solidarias. La palabra necesita los hechos, y los hechos deben estar iluminados  y orientados por la Palabra del Dios vivo.

En el texto de la carta a los Romanos que hemos leído en la segunda lectura Pablo nos dice que “Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios’ (Rom 8,14). Y los/as hijos/as de Dios son hermanos/as del Hijo de Dios, Jesús.

Somos coherederos/as con Cristo, en la medida que compartimos su Proyecto, en la medida que sufrimos con él, para también ser glorificados/as con él (Rom 8,17). Es decir, dejarse guiar por el Espíritu es estar dispuestos/as a asumir la misma suerte de Jesús, el hermano mayor, quien fue consagrado para una misión concreta.- “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Lc 4,18-19).

Como seguidores/as de Jesús, necesitamos ser guiados/as por el Espíritu para realizar su misión, para asumir las dificultades, y conflictos que esa misión nos trae, con la conciencia plena de que él está presente en la comunidad todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28,16-20).

 

Para la revisión personal: ¿Me siento comprometido con el Proyecto de Dios? ¿Cómo lo demuestro? ¿Me dejo guiar por el Espíritu de Dios?

 

Para la oración de las y los participantes

 

  1. Para que toda la Iglesia de Jesús se comprometa con el Proyecto del Padre. Recemos.
  2. Para que nos identifiquemos cada día más con Jesús y con su compromiso con los/as más empobrecidos/as. Recemos.
  3. Para que nos dejemos guiar por el Espíritu que nos impulsa a asumir nuestros compromisos comunitarios. Recemos.

 

Exhortación final:  En este domingo de la Santísima Trinidad hemos escuchado una Palabra ¡que nos ha hablado del Proyecto liberador del Padre, de la solidaridad del Hijo, y de la guía y acompañamiento del Espíritu. Se nos invita a comprometernos con el Proyecto de hacer discípulos/as a todas las gentes. En esa misión contamos siempre con la compañía de Jesús y de su Espíritu, fuente de liberación.        


ESTE ES MI CUERPO, COMAN TODAS Y TODOS DE EL BCC (14-6-09)[1]

 

ENTRADA: Todos los que pertenecemos a la comunidad cristiana formamos parte de un sólo cuerpo, del que Jesús es el corazón. Por eso San Pablo con frecuencia compara a la Iglesia con un cuerpo, que tiene muchos miembros, y todos ellos colaboran para permitirnos la existencia. Esa Iglesia peregrina, que es cuerpo del Jesús resucitado, se alimenta con el pan de su cuerpo y renueva la Alianza nueva que Dios hace con su pueblo, por medio de Jesús, el Hijo amado.

 

1ªL.:  Exodo 24,3-8. Cumpliremos todo lo que ha dicho Yavé

 

I:  El pueblo de Israel, liberado de la esclavitud de Egipto, hizo una alia­nza con Yavé su Dios. Por esa alianza Yavé se comprometía a estar en medio de su pueblo, y el pueblo se comprometía a cumplir los mandamientos de su Dios. Dicha alianza fue sellada con sangre de animales, que significa la vida, para expresar la importancia de dicho pacto.

 

T: En aquellos días Moisés bajó del monte y contó al pueblo todas estas palabras de Yavé y todas sus leyes. Todos juntos contestaron: “Nosotros cum­pliremos con todo lo que ha dicho Yavé”.  Y Moisés escribió todas las pala­bras de Yavé.

            Al despuntar el día, Moisés levantó un altar al pie del monte y, al lado del altar, doce piedras por las doce tribus de Israel.  Luego mandó algunos jóvenes para que sacrificaran novillos. Unos fueron ofrecidos como víctimas consumidas por el fuego; otros eran sacrificios de comunión.

            Moisés tomó la mitad de la sangre de los animales y la echó en vasi­jas. La otra mitad la derramó sobre el altar. Después tomó el libro de la Alianza y lo leyó en presencia del pueblo, que respondió: “Obedeceremos y haremos todo lo que pide Yavé”.

            Entonces Moisés tomó la sangre y la derramó sobre el pueblo, dicien­do: “Esta es la sangre de la Alianza que Yavé ha hecho con ustedes, conforme a todos estos compromisos”.

 

            Sal 115: Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor

 

  • ¿Qué le daré al Dios liberador por todos los favores que me ha hecho? Elevaré la copa que da la vida e invocaré su Nombre.
  • A los ojos del Dios misericordioso es muy penoso que mueran sus amigos. Señor, tú me has soltado mis cadenas a mí, tu servidora/or, hija o hijo de tu servidora.

 

2ªL.:  Hebreos 9,11-15. Jesús ofreció como sacrificio su propia vida

 

I:  En Jerusalén el Sumo Sacerdote ofrecía sacrificios por sus propios pecados y los del pueblo. Jesús es el verdadero Sumo Sacerdote, ya que no ofrece la sangre de toros ni cabras, sino su propia sangre. Con su sangre derramada en la cruz, como consecuencia de su compromiso con un proyecto de vida, sella la Alianza de amor, definitiva y eterna, entre el Dios liberador y el pueblo que se compromete con un proyecto de vida plena.

 

T: Hermanas y hermanos: Jesucristo ha llegado como el Sumo Sacerdote que procura los beneficios del mundo nuevo. Atravesó un Santuario más noble y más perfecto, no hecho por mano de hombres o, para decir mejor, que no es cosa creada. No llevaba sangre de chivos ni de novillos, sino su propia sangre, y entró de una vez al Santuario, después de conseguir la liberación definitiva.

            En efecto, la sangre de los chivos y de los toros y la ceniza de ternera con que se rocía a los que tienen alguna culpa, los hacen santos y puros, según criterios humanos. Pero Cristo hizo mucho mejor cuando, movido por el Espíritu eterno, se ofreció a Dios como víctima sin mancha; su sangre purifica nuestra conciencia de las obras muertas, para que, en adelante sirvamos al Dios vivo.

            Por eso Jesucristo es el mediador de un nuevo Testamento o Alianza. Por su muerte, fueron redimidas las faltas cometidas bajo el régimen de la primera Alianza, y los elegidos entran a poseer la herencia eterna prometida desde antes.

 

3ªL.: Marcos 14,12-16.22-26. Este es mi cuerpo y ésta es mi sangre que se en­trega por ustedes

 

I: En el clima de la Cena de la Pascua, que recordaba la liberación del pueblo de Egipto y la Alianza hecha entre Dios y el Pueblo en el monte Sinaí, Jesús da un sentido diverso a la bendición que se hacía sobre el pan y el vino. Ahora el pan se convertirá en su cuerpo, y el vino en su sangre. Será la sangre de la Alianza nueva que Dios hace con su pueblo.

            Así nació la celebración de la Eucaristía como un memorial (recuerdo presente que actualiza un hecho pasado) de la entrega de Jesús por nosotros.

 

T: El primer día de la fiesta en que se comen los panes sin levadura, cuando se sacrificaba el Cordero Pascual, los discípulos dijeron a Jesús: “¿Dónde quieres que vayamos a preparar la Cena de Pascua?”

            Entonces Jesús mandó a dos de sus discípulos y les dijo: “vayan a la ciudad; les saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua, síganlo,  y donde entre, digan al dueño de la casa: el Maestro dice: ¿Dón­de está la habitación para celebrar la Cena de Pascua con mis discípulos?

            El les mostrará en el piso superior una habitación grande, amuebla­da, ya lista; preparen allí nuestra cena”.

            Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad y encontraron las cosas tal como Jesús les había dicho, y prepararon la Pascua.

            Mientras estaban comiendo, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: “Tomen; esto es mi cuerpo”. Después tomó una copa, dio gracias se la entregó y todos bebieron de ella.  Y les dijo: “Esto es mi sangre, sangre de la Alianza, sangre que será derramada por todos.

            Sepan que no volveré a beber del jugo de la uva hasta el día en que beba vino nuevo en el Reino de Dios”.

            Una vez cantados los himnos, salieron para el Monte de los Olivos.

 

          PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

 

  1. ¿Por qué la cena pascual es memoria del Proyecto liberador de Dios?
  2. ¿Por qué la alianza que Jesús hace con el nuevo su pueblo es diferente?
  3. ¿Por qué la celebración de la pascua nos compromete con el Proyecto de Dios hasta dar la vida?

 

 

  1. 1.     La cena pascual como memoria del Proyecto liberador del pueblo del  Dios liberador

 

          La última cena de Jesús con sus discípulas y discípulos en la que preanuncia su entrega, tiene lugar en la fiesta judía de la Pascua (cf. Mc 14,12.16). La Pascua es el paso de Egipto, tierra de opresión e injusticia, a la tierra prometida, espacio de libertad, fraternidad y de justicia. Ese paso del pueblo judío se realiza gracias a la intervención liberadora de Dios. Ese hecho histórico funda la fe de Israel y su significado será permanentemente ahondado por el pueblo creyente.

            No podemos separar la celebración de la Eucaristía de la Pascua judía, pues ésta constituye histórica y teológicamente su contexto. La cena pascual de Jesús es la celebración anticipada de lo que debía ocurrirle poco después: la entrega de su vida. Con ella el Señor nos da una nueva vida y nos compromete a ser fieles a su Proyecto liberador, a su voluntad de amor (cf. Mc 14,25).

            Como comunidad de fe corremos el riesgo de celebrar la Eucaristía, ya sea semanalmente o mensualmente, sin darle su verdadero significado. De cada Eucaristía debiéramos salir más comprometidos/as para seguir trabajando de forma más decidida en el Proyecto de Dios.

 

  1. 2.       Jesús sella con la entrega de su vida la nueva alianza con el pueblo de Dios

 

     En la primera lectura del libro de Exodo que hemos hecho hoy, Moisés rocía al pueblo con la sangre de los animales ofrecidos a Dios, como signo de que éstos se comprometen a vivir de acuerdo a los mandamientos del Dios liberador.

            La Alianza significa una doble obligación; ella indica pertenencia y compromiso recíprocos. Dios se compromete con su pueblo, pero éste adquiere igualmente deberes frente a El. El texto de la primera lectura de hoy liga estrechamente el culto a la aceptación de la voluntad de Dios. Un tema importante en este pasaje es lo que “el pueblo contestó a una: Haremos todo lo que dice el Señor” (Ex