Reflexiones Bíblicas Semanales. Diciembre 2010

noviembre 29, 2010

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDOM)

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Reflexiones bíblicas semanales. Diciembre 2010


CAMBIAR DE VIDA Y DE RUMBO A2ºA (29/11-5/12/2010)

 

Introducción: Hoy se nos presenta a la persona de Juan el Bautista, profeta que preparó los caminos para la el desarrollo de la misión salvadora y liberadora y la presentación del Proyecto de Vida Buena que hizo Jesús. Juan con su llamado a la conversión nos invita también a nosotros y nosotras a revisar nuestra vida y nuestras actitudes para estar realmente preparados y preparadas para renovar en este tiempo de adviento y navidad nuestro compromiso con la creación de mejores condiciones de vida para todos y todas y en especial para los sectores sociales más empobrecidos y excluidos.

1ªL: Isaías 11,1-10. El hará justicia a los débiles

I: En el año 736 a.C. Israel, el reino del Norte, y sus vecinos de Aram (la actual Siria) tratan de obligar al pequeño reino de Judá a que se una con ellos contra el imperio asirio que los estaba amenazando. Entonces Ajaz, rey de Jerusalén, a pesar de las advertencias de Isaías, llama a los ejércitos de Asiria para que defienda a su pueblo. En el 721 a.C. es destruido el reino del Norte y una parte de su población es deportada, quedando sólo el reino del sur, Judá. En medio de esta situación Isaías anuncia que nacerá un rey, descendiente de Jesé, padre del rey David, que tendrá la protección divina, que juzgará a su pueblo con justicia.

 

T: Una rama saldrá del tronco de Jesé, un brote surgirá de sus raíces. Sobre él reposará el Espíritu de Yahvé, espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de prudencia y valentía, espíritu para conocer a Yahvé, y para respetarlo, y para gobernar conforme a sus preceptos.  No juzgará por las apariencias ni se decidirá por lo que se dice, sino que hará justicia a los débiles y dictará sentencias justas a favor de la gente pobre.

Su palabra derribará al opresor, el soplo de sus labios matará al malvado. Tendrá como cinturón la justicia, y la lealtad será el ceñidor de sus caderas.

El lobo habitará con el cordero, el puma se acostará junto al chivo, el becerro comerá al lado del león y un niño chiquito los cuidará. La vaca y el oso comerán hierba en compañía y sus crías reposarán juntas, pues el león también comerá pasto, igual que el buey.

El niño de pecho pisará el hoyo de la víbora, y sobre la cueva de la culebra el pequeñuelo colocará su mano.

No cometerán el mal, ni dañarán a su prójimo en todo mi Cerro santo, pues, como llenan las aguas el mar, se llenará la tierra del conocimiento de Yahvé. Aquel día la raíz de Jesé se levantará como una bandera para las naciones, los pueblos irán en su busca y su casa se hará famosa.

 

Salmo de hoy: ¡Solidaria es la gente que vive y que siente en su vida el amor!

 

  • Quienes tienen y nunca se olvidan de que a otros/as les falta; los/as que nunca usaron la fuerza, si no la razón; las que dan una mano y ayudan a quienes han caído.
  • Quienes ponen en todas las cosas amor y justicia; los que nunca sembraron el odio, tampoco el dolor; quienes dan y no piensan jamás en su recompensa.
  • Quienes son generosos/as y da de su pan un pedazo; quienes siempre trabajan pensando en un mundo mejor; quienes están liberados de todas sus ambiciones.

 

Ev:  Mateo 3,1-12. Cambiar la vida y la mentalidad

 

I:  La lectura que leemos a continuación nos presenta a Juan el Bautista, profeta que preparó el camino para la presentación de la propuesta de vida digna que hizo el Maestro de Galilea. Su mensaje coincide con el de Jesús. Se trata de convertirse, cambiar de vida, y bautizarse para vivir como personas y comunidades responsables y comprometidas. Al mismo tiempo se denuncia la falsa religión de fariseos y saduceos, quienes no fueron capaces de acompañar su fe y creencias con obras concretas de amor y de justicia.

T:  En aquel tiempo se presentó Juan Bautista en el desierto de Judea, y proclamaba este mensaje: “Cambien su vida y su corazón, porque el Reino de los Cielos se ha acercado”. De él hablaba el profeta Isaías al decir: “Escuchen ese grito en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos”.

Juan vestía un manto de pelo de camello, con un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel de abeja silvestre. Entonces iban a verlo los judíos de Jerusalén, de Judea y de toda la región del Jordán. Confesaban sus pecados y Juan los bautizaba en el río Jordán.

Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a bautizarse, les dijo: “Raza de víboras. ¿Acaso podrán escapar al castigo que se les viene encima? Muestren, pues, los frutos de una sincera conversión, en vez de confiarse en que son los hijos de Abraham. Yo les aseguro que Dios es capaz de sacar hijos de Abraham aun de estas piedras. Fíjense que el hacha llega a la raíz. Ya están cortando a todo árbol que no da buen fruto y lo arrojan al fuego.

Mi bautismo es bautismo de agua y significa un cambio de vida. Pero otro viene después de mí y él es más poderoso que yo y yo no soy digno de llevarle los zapatos. El los bautizará en el fuego o sea, en el soplo del Espíritu Santo. El tiene en sus manos el cedazo y limpiará su trigo que guardará en sus almacenes, pero la paja la quemará en el fuego que no se apaga.

 

Para la reflexión comunitaria, familiar o personal

1. ¿Por qué debemos ser agentes del cambio personal y social?

2. ¿Cuáles son los frutos que se nos pide dar?

 

1. Llamadas y llamados a ser agentes de cambio

Juan el Bautista, como precursor de Jesús, hace un llamado a la conversión, al cambio de vida, de corazón, y de forma de relacionarse con uno o una misma, con las demás personas, con la naturaleza, nuestra madre, y con el Dios Salvador y liberador. Y es que no puede recibirse al Jesús que se encarna, que se acerca, desde una situación de egoísmos e injusticias personales y sociales. Por eso invitaba a la gente de su pueblo a confesar los pecados y a bautizarse como signos de esa conversión.

Esta “voz del desierto” invita al pueblo a una conversión, a un cambio que exige el arrepentimiento: “cambien de vida porque el Reino de Dios se ha acercado” (Mt 3,2). Exige también la confesión pública de las propias injusticias y maldades: “confesaban sus pecados” (Mt 3,6) y, finalmente, exige los frutos de las buenas obras como prueba del deseo de cambio: “Muestren los frutos de una sincera conversión” (3,8). Esta conversión es necesaria para poder recibir y aceptar la novedad, el cambio radical que nos pide la persona de Jesucristo y su mensaje. Esta conversión es la preparación para un nuevo nacimiento de la persona: “en verdad te digo: nadie puede ver el Reino de Dios si no nace de nuevo” (Jn 3,3).

El bautismo que realizaba Juan el Bautista en el río Jordán se presentaba como un signo del cambio interior que debían dar las personas. Sin embargo, no serán bautizadas aquellas personas que rechazarán a Jesús: los fariseos y saduceos; Juan se niega a aceptarlos, pese a su apariencia y fama de ser personas religiosas (Mt 3,7). No encuentra en ellos (que son poderosos económica y políticamente) voluntad de cambio.

Con frecuencia en las comunidades cristianas, en las comunidades de base, en las células comunitarias, hay personas que comienzan el trabajo evangelizador, o asumen un determinado ministerio, pero les cuesta ser responsables y constantes. A estas personas hay que animarles a profundizar constantemente la Palabra de Dios, y ahí descubrirán la luz y la fuerza para responder con responsabilidad al trabajo que se les ha encomendado.

Hoy se nos invita como comunidad a convertirnos, a examinar nuestras actitudes para ver si estamos en disposición de recibir al Dios que se hace uno de nosotros y nosotras en la persona de Jesucristo. Y sólo si estamos en ese proceso de conversión podemos invitar a aquellas personas que no están dentro de la comunidad cristiana, así como a los principales responsables de mantener unas estructuras injustas de pecado, a salir de su vida pecaminosa y a ponerse en el Camino de la Vida, de la esperanza y la solidaridad.

 

2.  Hacer justicia a las y los débiles y promover un tiempo de paz

El Emmanuel del que nos habla el profeta Isaías, se caracteriza por hacer justicia a los débiles y dar sentencias justas a favor de la gente pobre  (Is 11,4). Esto trae como consecuencia un tiempo de paz y de armonía entre la naturaleza y el ser humano. Por lo tanto se está proponiendo un tipo diferente de gobierno del que existe en la mayor parte de los países de nuestra América Latina, el Caribe y el mundo.

El profeta sueña con un mundo en el que se establecen relaciones de respeto y solidaridad, en el cual hasta los animales hagan la paz, los salvajes y fieros con los mansos y domésticos. Es el sueño de un mundo sin guerras ni violencias, sin lágrimas ni gritos de dolor, en donde no haya necesidad de fuerza contra nadie, hasta un niño pequeño será capaz de pastorear a los animales de la selva. El profeta ve en sueño a una bandera como señal para que se reúnan todos los pueblos de la tierra, reconciliados entre sí. Tal bandera hondeará sobre el monte de Dios, sobre Jerusalén, convertida por fin en el centro de la paz. Dice un poeta español que “los sueños sueños son”, pero también los sueños pueden realizarse cuando son sueños de justicia y de paz, y cuando nos empeñamos en convertirlos en realidad.

Los que gobiernan en este mundo no se dedican, por lo general, a hacer justicia a las y los débiles. El mismo Jesús lo constató cuando dijo a sus discípulos y discípulas: “Ustedes saben que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre ustedes, sino que el que quiera llegar a ser grande entre ustedes, sea vuestro servidor” (Mc 10,42-43).

La práctica de la justicia está en la prédica de Juan el Bautista; ella lo enfrentó a los poderosos de su tiempo, que pidieron su cabeza. Según el profeta, el Reino de Dios, su Proyecto, propone un mundo de paz y de concordia. Las bellas imágenes que toma del mundo campesino no hacen sino reforzar ese anuncio (Is 11,6-9). Pero con eso mismo, el establecimiento de la justicia se presenta como una condición indispensable.

La mayor parte de las personas que formamos las comunidades cristianas y los grupos del movimiento popular no tenemos poder ni ocupamos cargos públicos en los que se decide la política del país. Pero sí podemos ser profetas que anuncien el Evangelio, que vivan de acuerdo a sus exigencias, y denuncien la conducta corrompida de aquellos y aquellas que tienen poder y dinero en nuestras sociedades, en los países más enriquecidos,  y lo utilizan para satisfacer sus deseos insaciables de adquirir más riquezas y más poder. Este debe ser un compromiso constante.

 

Para la oración de las y  los participantes

–                 1. Para que  en este tiempo de Adviento, las cristianas y los cristianos podamos ser fieles constructores y constructoras de la cultura de la paz y hagamos escuchar nuestra denuncia en estos momentos en que la paz mundial está tan amenazada. Roguemos…

–                 2. Por todos los que gritan y claman proféticamente: para que no se cansen aunque se sientan “voz que clama en el desierto”…

–                 3. Para que continuemos con más fuerza estudiando y reflexionando la Palabra de VIDA que nos invita a cambiar de vida, de corazón, de estructuras sociales  y nos da fuerza en el compromiso de cada día.

 

Exhortación final: Como personas, como familias, como comunidad, se nos invita a dedicar este tiempo de adviento y navidad para renovar nuestra esperanza y nuestras luchas de que es posible construir nuevas relaciones comunitarias y sociales fundamentadas en el respeto, la justicia y la solidaridad. Esta es una forma hermosa de celebrar unas fiestas que el comercio las ha convertido en ocasión de promover un mayor consumo de quienes tienen poder adquisitivo, antes la mirada desafiante de quienes han sido condenados a vivir en la pobreza y en la miseria extrema.

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Cuenten lo que han visto y oído como signo de que se está construyendo una vida digna, A3ºA (13-19/12/2010)

 

 

Introducción: La Palabra bíblica que escucharemos hoy nos invita a estar alegres en la espera de la próxima celebración de la encarnación de nuestro referente y persona comprometida con la construcción de la vida digna,  nuestro Salvador Jesucristo. Esa es una alegría que compartimos en nuestra fraternidad, en nuestra sororidad y en nuestras luchas comprometidas. Por eso nos reunimos para celebrar su presencia en nuestra comunidad, mediante su Espíritu que nos impulsa y su Palabra que nos ilumina para las luchas cotidianas. Que esa alegría que compartimos nos impulse a vivir según las exigencias del estilo de vida propuesto por Jesús.

1ªL:  Isaías 35,1-6.10. Regresarán los deportados

I: El profeta Isaías anuncia el regreso de las y los deportados del pueblo de Israel. Aunque las personas deportadas del reino del Norte por el imperio Asirio en el 721 a.C. nunca regresaron a su tierra, sí pudieron volver las y los deportados por el imperio babilónico hacia el año 537 a.C. Ante este hecho se alegra la naturaleza y surge un período de sanación y liberación total para todas aquellas personas que padecían diversos males físicos como los ciegos, los sordos, los cojos y los mudos.

 

T:  Que se alegren el desierto y la tierra seca, que reverdezca y se cubra de flores la pradera. Que se llene de flores como junquillos, que salte y cante de contenta. Pues le han regalado la grandeza del Líbano y el brillo del Carmelo y de Sarón. Allí aparecerá toda grandeza de Yahvé, todo el brillo de nuestro Dios.

Robustezcan las manos débiles y afirmen las rodillas que se doblan. Díganles a las y los que están asustados: “Calma, no tengan miedo, porque ya viene su Dios a vengarse, a darles a ellos y ellas su merecido; él mismo viene a salvarlos y salvarlas a ustedes”.

Entonces los ojos de las y los ciegos se despegarán, y los oídos de las personas sordas se abrirán, los cojos y cojas saltarán como chivos y chivas y la lengua de las y los mudos gritará de alegría. Porque en el desierto brotarán chorros de agua, que correrán como ríos por la superficie.

Por este camino regresarán las personas libertadas por Yahvé que llegarán a Sión, dando gritos de alegría, y con una dicha eterna reflejada en sus rostros; la alegría y la felicidad los acompañarán y ya no tendrán más pena ni tristeza.

 

Salmo de hoy: Permanecemos firmes y fieles. No nos moverán

 

  • Con fe y compromiso; no nos moverán. Escuchando la propuesta de vida de Jesucristo; no nos moverán.
  • Las y los empobrecidos/as y excluidos/as siempre unidos/as; no nos moverán. Jamás serán vencidos; no nos moverán.
  • Si nos concientizamos; y nos organizamos, no nos moverán.

 

Ev:  Mateo 11,2-11. Cuenten lo que han visto y oído

 

I: Juan fue hecho prisionero, por ser consecuente con la predicación que hacía. Desde la cárcel envía a sus discípulos a preguntarle a Jesús si él era el salvador esperado o no. Jesús no contesta directamente, sino haciendo referencia a las obras concretas que él hacía en favor de la gente más necesitada. Luego Jesús destaca las virtudes que caracterizan la labor profética de Juan, el más grande entre los nacidos de mujer.

 

T:  En aquel tiempo: Juan se enteró en la cárcel de lo que hacía Cristo; por eso envió a sus discípulos a preguntarle: ¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro? Jesús les contestó: “Vayan y cuéntenle a Juan lo que han visto y oído: las y los ciegos ven, las personas cojas andan, los leprosos quedan sanos, los sordos oyen, los muertos resucitan, y una buena nueva llega a las y los pobres. Y, además, ¡feliz el que me encuentra y no se confunde conmigo!

Una vez que se fueron los discípulos de Juan, Jesús comenzó a hablar de él a la gente: “¿Qué fueron a ver ustedes al desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué fueron a ver? ¿A una persona vestida elegantemente? Pero las personas elegantes viven en palacios. Entonces, ¿qué fueron a ver? ¿A un profeta? Eso sí. Yo les aseguro que Juan es más que un profeta. Porque se refiere a Juan esta palabra de Dios: Mira que yo envío a mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino.

Yo les aseguro que no se ha presentado entre la gente un profeta más grande que Juan Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más que él.

 

Para la reflexión comunitaria, familiar o personal

 

1. ¿Por qué el proyecto de la Vida Digna se construye con acciones concretas de liberación?

2. ¿Por qué es necesario mantener la firmeza y la fidelidad en la lucha cotidiana por crear mejores condiciones de vida?

 

  1. 1. Un proyecto de salvación sustentado en acciones concretas de solidaridad

En la Biblia liberar y salvar son dos verbos sinónimos. En la lengua hebrea se emplea el mismo verbo para expresar ambas realidades. Y es que las y los creyentes que nos han legado el Primer Testamento tienen la convicción de que su Dios muestra su salvación liberando a su pueblo, porque quiere que éste tenga una mejor vida.

El pueblo judío cree que su Dios no sólo permite que un grupo del pueblo judío regrese del exilio de Babilonia (hacia el 537 a.C.), sino que, por medio de su profeta,  realiza acciones en favor de los marginados, marginadas, y desvalidos para mostrarles su salvación (Is 61,1). Esa acción solidaria del Dios judío favorece a las personas más desvalidas: las y los ciegos, sordos/as, cojos/as, mudos/as; es decir, a la gente más necesitada y marginada. En el Evangelio que hemos leído hoy Jesús mismo habla de las acciones que él realiza en favor de las personas más necesitadas.

Estas acciones a las que se refiere Jesús, en diálogo con los discípulos de Juan Bautista, demuestran que ha llegado el tiempo de la construcción de una vida digna:  las y los leprosos son sanados, los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. La salvación de Dios no sólo devuelve la capacidad de usar  los ojos, los oídos, o la boca adecuadamente, sino que incluso devuelve la vida a quien la ha perdido (Lc 7,22).

Las obras en favor de las y los pobres y débiles identifican a Jesús como persona comprometida con la situación de las y los empobrecidos y excluidos sociales. El “Hijo del hombre”, que no tiene donde reposar su cabeza, vive en esas obras que expresan la presencia del Proyecto de Vida Digna, en el tiempo presente. Proyecto destinado preferentemente a las y los empobrecidos y a través de ellos y ellas a toda persona humana. Las curaciones de que habla el texto de Mateo (Mt 11,5) son anticipo de la realización del Proyecto de Vida fundamento en el amor solidario.

El alivio del sufrimiento de unos cuantos pobres en el tiempo de Jesús es un signo de la promesa firme de que la buena nueva del proyecto de Vida Digna es anunciado a todas las personas empobrecidas y excluidas de nuestra isla, del Caribe, de América Latina y del mundo. Anuncio que contiene palabras de esperanza y gestos y acciones concretas de solidaridad y liberación.

Como comunidad cristiana tenemos que unir el anuncio del evangelio a las y los empobrecidos, con acciones concretas de promoción humana que vayan creando una vida más digna para todos y todas. Jesús dio el ejemplo en sus días para que entendamos que este es un  compromiso que deben asumir sus seguidores y seguidoras a lo largo de la historia. Hoy también nuestros gestos de solidaridad y nuestras luchas por conseguir mejores condiciones de vida para todos y todas y en particular para los sectores más empobrecidos y excluidos en las áreas de salud, educación, seguridad social, medio ambiente, alimentación… son expresión de nuestro compromiso con la propuesta de Vida Nueva que hizo Jesús que él le llamó “Reino de Dios”, proyecto que construimos con nuestras luchas cotidianas, en la que contamos con la presencia del Espíritu animador de Jesús.

 

2.  Mantener la firmeza y la fidelidad en la lucha cotidiana por crear mejores condiciones de vida

No podemos vivir manteniendo las convicciones, las actitudes y las acciones de algunos grupos de las y los primeros cristianos que sólo vivían pensando en una próxima venida de Jesús. A las creyentes y a los creyentes se nos pide mantenernos firmes en la fe y en los trabajos socio-comunitarios en el día a día. Por tanto, se trata de vivir cada día nuestro compromiso con la defensa de la vida, y nuestra fe, de una forma consciente y creativa. Si así lo hacemos no viviremos con la angustia ni el sobresalto de lo que pueda pasar el día en que nos llegue nuestra muerte física.

Se nos pide vivir nuestra fe de forma firme, sin hacer depender nuestro compromiso de la recompensa que podamos tener en una vida futura. Al mismo tiempo se nos exige paciencia histórica en relación a la misión que se nos encomienda. Y no se trata de una paciencia conformista, sino de aquella que está consciente de que nosotros y nosotras podemos sembrar lo que queramos, pero su crecimiento no depende sólo de nuestro esfuerzo. Es que nuestra vida de creyentes comprometidos y comprometidas con el Proyecto de la Vida Digna no tiene sentido alejada de compromiso cotidiano y solidario con los hermanos y hermanas más empobrecidos y excluidos.

 

Para la oración de las y los participantes

–                 1. Para que todos los cristianos y cristianas, así como todas y todos, las  personas comprometidas con la causa de la justicia vivamos nuestra fe con alegría, manteniéndonos firmes en la esperanza de que estamos construyendo una tierra nueva, en donde reine la justicia y el amor solidario. Recemos.

–                 2. Para que, siguiendo el ejemplo de Juan Bautista, aprendamos a anunciar con nuestras acciones la necesidad de re-construir nuestras relaciones con las personas, las instituciones, las estructuras sociales, a nivel familiar, comunitario, nacional, isleño, caribeño, latinoamericano y mundial. Recemos…

–                 3. Para que frente a las dificultades personales, familiares y sociales no seamos conformistas, sino que pongamos nuestro empeño en la unión y en la organización popular para hacer frente al mal que amenaza la vida. Recemos…

–                 4. Para que en estas vísperas de navidad la austeridad de Juan Bautista, el precursor, nos recuerde que la sobriedad en el gasto, motivada por el deseo de compartir con las y los más empobrecidos, es para las y los excluidos una buena noticia que anuncia la efectividad del nacimiento y de la encarnación de Jesús. Recemos…

 

Exhortación final:  La proximidad de la celebración del nacimiento de Jesús, una divinidad encarnada, nos cuestiona sobre nuestro compromiso con la construcción del Proyecto de Vida Digna para todos y todas y en especial para los grupos sociales más excluidos y empobrecidos. Esa lucha tenemos que hacerla y articularla con todas las organizaciones y redes que luchan por crear mejores condiciones de vida para los sectores tradicionalmente excluidos. En ese esfuerzo colectivo demostramos nuestra fe en una divinidad que decidió poner su “rancho” y acompañar la lucha por mejores condiciones de vida de un pueblo empobrecido, militante y creyente.

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UNA MUCHACHA DA A LUZ AL EMMANUEL A4ºA (20-24/12/2010)

ENTRADA: Nos estamos acercando a la importante celebración del nacimiento de Jesús. La Palabra Bíblica nos invita a contemplar este acontecimiento en la que una divinidad se hace una persona como nosotros y nosotras. El niño pequeño que nace en Belén se convierte en un estímulo que nos fortalece en la lucha por crear mejores condiciones de vida para todos y todas, contando con el empoderamiento y la acción liberadora de grupos y comunidades comprometidas con la creación de mejores condiciones de vida para todos y para todas, con la construcción de una vida digna para todos y todas.

1ªL:  Isaías 7, 10-14. Una muchacha que da a luz al Emmanuel

I: Hacia la segunda mitad del siglo 8° a.C. el reino de Judá, en tiempos del rey Ajaz (736-716 a.C.), estaba siendo amenazado de destrucción por el imperio Asirio. El rey del Norte, Israel, y el rey de Aram invitan a Ajaz a unirse en contra del imperio asirio. El profeta Isaías invita al poder político de su pueblo a no seguirle el juego a los poderes imperiales que dominan a los pueblos. Como signo de una propuesta de Vida Digna se le enviará una señal: una muchacha está embarazada y dará a luz a un niño que lleva por nombre Emmanuel (Dios con nosotros).

 

T:  Yahvé se dirigió otra vez a Ajaz, por medio de Isaías, para decirle: “Pide a Yahvé, tú Dios, una señal, aunque sea en las profundidades del lugar oscuro, o en las alturas del cielo”. Respondió Ajaz: “No la pediré, porque no quiero poner a prueba a Yahvé”. Entonces Isaías dijo: “Oigan, ¡herederos de David! ¿No les basta molestar a todos, que también quieren cansar a mi Dios? El Señor, pues, les dará esta señal: La Virgen está embarazada, y da a luz un varón a quien le pone el nombre de Emmanuel”.

 

Salmo de hoy: A Belén se va y se viene por caminos de justicia.

 

  • Lo esperaban como rico y habitó entre la pobreza; lo esperaban poderoso y un pesebre fue su hogar.
  • Lo esperaban sometido y quebró toda soberbia; denunció las opresiones, predicó la libertad.
  • Lo esperaban silencioso: su Palabra fue la puerta por donde entran quienes gritan con su vida la verdad.

 

Ev.:  Mateo 1,18-24.  El anuncio del nacimiento de Jesús como salvador comprometido con un proyecto de vida buena

I: El texto que leemos a continuación narra cómo ocurrió la encarnación de Jesús y su nacimiento. También nos describe la actitud de José, el compañero de María, que supo aceptar que su prometida quedase embarazada por obra del Espíritu Santo. Finalmente la lectura nos dice que así se ha cumplido la profecía sobre el Emmanuel, la divinidad encarnada y cercana, que había anunciado el profeta Isaías, que hemos oído en la primera lectura.

T:   El nacimiento de Jesucristo fue así. Su madre María estaba comprometida con José. Pero, antes de que vivieran juntos, quedó esperando por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, era un hombre justo, y no queriendo desacreditarla, pensó firmarle en secreto un acta de divorcio. Estaba pensando en esto, cuando el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, descendiente de David, no temas llevar a tu casa a María, tu esposa, porque la criatura que espera es obra del Espíritu Santo. Y dará a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto ha pasado para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: Sepan que una Virgen concebirá y dará a luz un hijo y los hombres lo llamarán Emmanuel, que significa: Dios-con-nosotros”. Con esto, al despertar José, hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado y recibió en su casa a su esposa.

Para la reflexión comunitaria, familiar o personal

1. ¿Qué significa la presencia del Emmanuel en medio de su pueblo?

2. ¿Podemos aplicar la profecía de Isaías a María, la madre de Jesús?

 

1.  La señal del Emmanuel

Escuchamos hoy la declaración del profeta Isaías sobre el prodigioso nacimiento de un niño que significará la presencia divina en medio de las comunidades y el mundo. Por eso se llamará “Emmanuel” es decir, “con-nosotros-Dios”. El profeta anunció esta maravilla al rey Acaz de Judá, por allá en el siglo VIII AC, cuando el pequeño reino de Judá enfrentaba una coalición de potencias enemigas y Acaz se afanaba vanamente en los preparativos de la defensa. La profecía hace referencia a una muchacha, posiblemente una de sus mujeres, que estaba encinta y a punto de dar a luz. Esa mujer embarazada sería la señal presentada por la divinidad como signo de su presencia y de su compromiso con la protección de un pueblo, a pesar de los afanes desconfiados del poder político, representado por el rey.

El signo que se le ofrece al rey  Ajaz es un niño que va a nacer: el futuro rey Ezequías. El niño por nacer, como descendiente de la dinastía davídica es señal de esperanza y bendición. Pero ¿qué podrá hacer un niño indefenso ante la fuerza de un gran imperio como el Asirio? El niño es sólo un símbolo de la presencia divina en medio de su pueblo. Y con esa fuerza divina el pueblo podrá enfrentar al poder imperial.

La señal que la divinidad de Israel da es permanecer definitivamente con aquellos y aquellas a las y los que ama. Esa señal será no una cosa, sino alguien que tomará el nombre de Emmanuel, una presencia divina en medio de nosotros y nosotras (Is 7,14). Con ese nombre dado a Jesús se nos recuerda que el texto de Mateo hace referencia a Isaías, el profeta más citado en los evangelios. Se trata de un texto hermoso que da el tono a la etapa final de este tiempo de adviento. Dios habita en medio de su pueblo. Como dice el evangelio según Juan: Una divinidad puso su tienda entre nosotros y nosotras (Jn 1,14). Eso es motivo que fortalece nuestra fe y nuestra esperanza.

Hoy día nuestras comunidades están formadas en su mayor parte por gente sencilla, sin poder ni prestigio social. Ante las grandes dificultades que vivimos en nuestros países caribeños y latinoamericanos, nos preguntamos si podemos, como comunidad, enfrentarnos con los grandes imperios que nos dominan. Si nos fijamos sólo en nuestras fuerzas individuales no podremos, pero si somos capaces de articularnos, de crear redes, de fortalecer la conciencia popular, de contar con la compañía del Espíritu divino, sí seguiremos hacia adelante. Y es que en el empoderamiento y la liberación de las y  los humildes, débiles y sencillos de la tierra, hay algo de divino.

 

2.  Una joven está encinta por obra del Espíritu Santo

La profecía de Isaías (Is 7,13-14) puede ser aplicada a la persona de María, mujer sencilla de Nazaret que colabora con el Proyecto humano-divino de la construcción de una Vida Digna para el pueblo empobrecido y creyente.

El texto de Mateo quiere dejar bien claro que en la maternidad de María no hay una intervención biológica de José, sino del Espíritu Santo. Por eso dos veces afirma que no hubo relaciones de pareja: “antes de que vivieran juntos quedó esperando por obra del Espíritu Santo” (Mt 1,18). “Y sin que tuvieran relaciones dio a luz un hijo” (Mt 1,25). Hay en el autor una intención de defender la intervención divina en el nacimiento de Jesús, quizás para responder a ciertas opiniones que empezaban ya a difundirse sobre este asunto.

Así se realiza el gran misterio de una divinidad-con-nosotros y nosotras, de una divinidad que decide encarnarse y compartir la naturaleza humana. Por eso, contamos permanentemente con el Espíritu de Jesús que nos fortalece, nos desafía, nos impulsa en nuestras luchas por la creación de mejores condiciones de vida para todos y todas.

 

Para la oración de las y los participantes

 

–                 1. Para que el ambiente social navideño vaya acompañado en nuestras vidas por una vivencia intensa del misterio de la navidad, de la encarnación de una divinidad solidaria. Roguemos…

–                 2. Para que reconozcamos a María como la mujer símbolo de la humanidad salvada, abierta totalmente a la Palabra y comprometida radicalmente con el Proyecto de salvación-liberación, con el Proyecto de Vida Digna. Roguemos…

–                 3. Para que la celebración de estas fiestas de navidad sean expresión de fraternidad, afecto y reconciliación duraderas; de justicia y paz entre todas las personas, pueblos y naciones. Roguemos…

 

Exhortación final:  Nos alegramos al prepararnos para la celebración de la encarnación de Jesús, quien nos has dado su Palabra y su vida comprometida solidaria, hecha carne y sangre, fuerza liberadora y ternura compasiva, amor solidario, indignación ética, muerte solidaria y  resurrección, que es fuente de nuestra esperanza. Por eso se nos invita a mantenernos firmes como él, en el camino de la construcción de la Vida Digna. Es la mejor forma de celebrar las fiestas de Navidad y Año Nuevo.

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HOY NOS HA NACIDO UN SALVADOR, UN LIBERADOR EN UN PESEBRE (25-31/12/2010)

 

Introducción: En estos días estamos celebramos el nacimiento de Jesús. Sabemos que hace ya mucho tiempo que Jesús nació en un pueblecito humilde llamado Belén, en las afueras de Jerusalén. A nosotros y nosotras nos da mucha alegría y esperanza recordar hoy ese acontecimiento y hacerlo presente en nuestra comunidad de fe, amor y solidaridad.

1ªL: Isaías 9,1-3.5-6. Un niño nos ha nacido. Un hijo se nos ha dado

I: El texto que leeremos a continuación es un poema, surgido en torno al año 721, cuando el imperio Asirio destruyó al reino del Norte, Israel. En medio de la situación de amenaza para el reino de Judá se propone la presencia de una divinidad que librará a su pueblo del yugo de los Asirios y se anuncia el nacimiento de un niño, el Emmanuel, que será un rey, descendiente de David, que gobernará a su pueblo con el derecho y la justicia.

T:  El pueblo de las y los que caminan en la noche, divisaron una luz grande; habitaban el oscuro país de la muerte, pero fueron iluminados e iluminadas.

Tú las y los has bendecido y multiplicado, los has colmado de alegría, por eso están de fiesta y te celebran, como los trabajadores al terminar la cosecha, como las y los combatientes después de la victoria.

El yugo que soportaban, y la vara sobre sus espaldas, el látigo de su capataz, tú lo quiebras como en el día de Madián.

Los zapatos que hacían retumbar la tierra y los mantos manchados de sangre van a ser quemados: el fuego los devorará.

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; se le pone en el hombro el distintivo del rey y proclaman su nombre: “Este es el Consejero admirable, el Héroe divino, el Padre que no muere, el Príncipe de la paz”.

Su imperio no tiene límites, y, en adelante, no habrá sino paz  para el Hijo de David y para su reino. El lo establece y lo sostiene por el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. Sí, así será, por el amor celoso del Señor.

 

Salmo de hoy: Cantemos a María, ha nacido el niño, tiempo de alegría.

 

  • Toda la gente está anunciando; el niño ha nacido y ya es Navidad.
  • Paz para tus hijos e hijas que estaban en guerra y para mi patria en esta navidad.
  • Abogada nuestra, oh madre María; en la Nochebuena a ti pedimos paz.

 

3ªEv: Lucas 2,1-14. Encontrarán a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre

 

I: La siguiente lectura describe el nacimiento de Jesús en Belén. Su nacimiento ocurre en el lugar de los animales, en la pobreza desnuda de un pesebre, porque no había lugar para ellos y ellas en la sala común de la casa de algún familiar o familia amiga.

Unos pastores, representantes de la gente más marginada y excluida de la sociedad judía, son invitados para contemplar el gran misterio de una divinidad que se hace niño pequeño indefenso y que se encarna en la historia de un pueblo oprimido y creyente que ha decidido construir un proyecto de Vida Digna.

 

T:  En aquel tiempo, el emperador dictó una ley que ordenaba hacer un censo en todo el imperio. Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos y todas iban a inscribirse a sus respectivas ciudades. También José, como era descendiente de David, salió de la ciudad de Nazaret de Galilea y subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada.

Cuando estaban en Belén, le llegó el día en que debía tener su hijo. Y dio a luz su primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para José, María y Jesús en la sala común.

En la región había pastores que vivían en el campo y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. El ángel del Señor se les apareció y los rodeó de claridad la Gloria del Señor, y todo esto les produjo un miedo enorme.

Pero el ángel les dijo: “No teman, porque yo vengo a comunicarles una buena nueva que será motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy ha nacido para ustedes en la ciudad de David un Salvador que es Cristo Señor. En esto lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en una pesebrera. De pronto aparecieron otros ángeles y todos alababan a Dios, diciendo: “Gloria a Dios en lo más alto del cielo, y en la tierra, gracia y paz a los seres humanos”.

 

Para la reflexión comunitaria, familiar o personal

1. ¿Por qué Jesús nació en un pesebre?

2. ¿Por qué fueron los pastores los llamados a visitar al niño Jesús recién nacido?

1.  Un niño de familia humilde, nacido en el lugar de los animales

 

El pueblo judío estaba esperando a un personaje que los libraría del poder imperial romano. A este personaje le llamaban el “Mesías”, que en lengua hebrea significa “El consagrado o ungido”. El Mesías, se relacionaba con el poder monárquico. Sería un rey político que asumiría el poder, libraría al pueblo de sus opresores y haría justicia a las y los débiles.

Jesús no es el personaje esperado, ni tiene el perfil del mismo. En primer lugar no nace en el palacio imperial, sino en un pesebre en el lugar de los animales. Se decía, además, que el Mesías iba a ser descendiente de David. Jesús pertenece probablemente a una familia de campesinos y de inmigrantes en la tierra de galilea        Conociendo el estilo de las casas del tiempo de Jesús, tal como lo ha demostrado la ciencia de la arqueología, las familias solían tener unas casas pequeñas, con una sala común que servía para muchos usos: comer, dormir, sala de estar… Es de supo­ner que en la casa de la familia de José, que probablemente era de Belén, no había lugar para María y José en la sala común y sí encontraron puesto en el lugar de los animales, para ver el nacimiento de su niño.

Es frecuente en este período de Navidad decir que Jesús nace en cada familia y en cada corazón cristiano. Esos “nacimientos” no deben dejar hacernos olvidar el hecho primero y fundamental: Jesús nació de María, en un pesebre,  en el seno de un pueblo dominado por el imperio más grande de la época: el romano. Para el jesuánico-cristiano y la jesuánica-cristiana la Navidad manifiesta la entrada definitiva de una divinidad encarnada en la historia humana. Navidad de la pequeñez y el servicio, en medio del poder de dominación y la prepotencia de las y los grandes de este mundo. Entrada, por tanto, con olor a establo.

Dios preparó el lugar más humilde para que su hijo naciese. Jesús, desde su nacimiento, muestra su preferencia por lo humilde, por lo pobre, por lo alejado de los centros de lujo y de poder. Allí en la marginalidad, el Hijo de Dios se hizo hermano nuestro, la Palabra se hizo carne.

El ejemplo de una divinidad solidaria, que nace en un pesebre, se convierte en un desa­fío para nuestras comunidades de base y para nuestras organizaciones populares que están formadas en su mayoría por gente humilde y cuyos pastores y pastoras, líderes, lideresas, tienen como compromiso y desafío la opción consciente, preferencial y comprometida, por las y los sectores empobrecidos y excluidos. Y es que su mismo Maestro nació en el más humilde de los lugares.

 

2. Los pastores son llamados a visitar al niño recién nacido

El Evangelio de Lucas (Lc 2,8-18) nos habla de unos pastores que estaban en los alrededores de Belén y que fueron a visitar al recién nacido con su familia. ¿Qué importancia tiene que precisamente las personas escogidas para visitar al recién nacido hayan sido unos pastores? Es importante señalar que en el tiempo en el que nació Jesús el oficio de Pastor era una de las profesiones más despreciadas. Los pastores tenían la fama de ser ladrones porque, en algu­nas ocasiones, incluían en sus rebaños algunas ovejas que no eran de su pro­piedad.

Precisamente a un tipo de gente marginada y despreciada se les anuncia el nacimiento del hijo divino en un pesebre. Ellos, personas humildes, son por tanto, los primeros testigos de una divinidad humilde que ha nacido en el lugar de los animales. De esta manera la divinidad de Jesús sigue demostrando su preferencia por las y los humildes y los sencillos  (Cf. Lc 10,21-22).

El Evangelio de Mateo (Mt 2,1-12) no nos habla de la visita de los pas­tores, sino más bien de los magos venidos de Oriente. Sólo Mateo nos habla de estos magos de Oriente. Todos y todas conocemos cómo se ha creado toda una tradición en torno a los reyes magos. Sin embargo, la mayor parte de los y las estudiosas de la Biblia cree hoy que el relato de los magos es más bien una leyenda que quiere dejar un mensaje: mientras los de dentro no se dan cuenta de que les ha nacido Jesús, tiene que venir gente de fuera a reconocerle.

A nosotros y nosotras, como comunidades de fe y de compromiso solidario con la construcción de una vida digna, se nos invita a contemplar al niño nacido en un pesebre desde la humildad y la sencillez de los pastores, para entender su opción decidida por las y los humildes, los pobres y sencillos que son las y los preferidos del corazón misericordioso y solidario de quienes luchan por la creación de otro mundo posible.

 

 

Exhortación final: Hemos celebrado el significativo acontecimiento de la Navidad, de la encarnación de una divinidad entre los grupos más empobrecidos y excluidos de la sociedad. Despidámonos mostrando la alegría que nos da el nacimiento de Jesús. El ya está en medio de su pueblo para siempre. Por eso, podemos repetir: “Gloria a Dios en las alturas y en las llanuras y en la tierra paz a los seres humanos en quienes él se complace” (Lc 2,14).

 

 

 

 

 

 

 


Reflexiones bíblicas semanales para el mes de Noviembre 2010

noviembre 4, 2010

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDOM)

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Reflexiones bíblicas semanales.                     Noviembre 2010

 

VIVIREMOS PARA SIEMPRE CON UNA VIDA DIGNA C32ºO (7-11-10)

 

Introducción: Nosotros y noso­tras creemos en una divinidad comprometida con la vida y no con la muerte. Por eso nos reuni­mos para compartir la propuesta de vida digna y la Palabra de Vida que nos presenta  Jesús. El está vivo en nuestra comunidad; su Espíritu de vida nos invita a ser defensores y defensoras de la vida buena. Celebremos con alegría la presencia de Jesús resucitado en me­dio de su comunidad y celebremos también nuestras luchas y esfuerzos por la creación de una Vida Digna, en favor de la calidad de vida de todas y todos, las y los seres vivos de nuestra planeta tierra, teniendo un especial cuidado por la vida de las y los seres humanos empobrecidos y excluidos.

1ªL: 2º Macabeos 7,1-14. Creemos en la vida plena, que no termina

I: En el año 169 a.C. Palestina formaba parte del imperio griego de los Se­léucidas que tenían su capital en

Antioquía de Siria. El rey griego Antíoco IV profanó el templo de Jerusalén y puso en éste una estatua del dios

griego Zeus. Además quiso obligar a los judíos a dejar sus prácticas religiosas y a violar las leyes que consideraba

dadas por su Dios. Aunque algunas personas aceptaron tal imposición, muchas otras se rebelaron. Entre las

personas que permanecieron fieles a sus convicciones se destacaron los hermanos Macabeos y su madre. De esto

nos habla la lectura que haremos a continuación.

 

T:  En aquel entonces arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey quiso obligarlos, haciéndolos azotar con nervios de buey, a que comieran carne de cerdo, prohi­bida por la Ley. Uno de ellos, hablando en nombre de todos, dijo: ¿Qué quieres preguntarnos y saber? Estamos prontos para morir, antes que a quebrantar la ley de nuestros antepasados. El rey se enfureció e hizo poner al fuego ollas y sartenes. Cuando estuvieron ardientes, ordenó que cortaran la lengua al que había hablado en nombre de todos, arrancarle la piel de la cabeza y cortarle pies y manos a la vista de sus hermanos y de su madre. Cuando estuvo completa­mente mutilado, el rey ordenó que, estando todavía vivo, lo acercaran al fue­go y lo echaran en una sartén. Mientras el vapor de la sartén se esparcía a los lejos, los otros se daban valor mutuamente y con la madre para morir con va­lentía. Y decían: El Señor Dios todo lo ve y, en realidad, tiene compasión de nosotros, tal como lo anunció Moisés en su cántico. En él dice claramente: El Señor tendrá piedad de sus servidores. Cuando el primero dejó de este modo la vida, trajeron al suplicio al segundo. Después de haberle arrancado la piel de la cabeza con los cabellos, le preguntaron: ¿Qué prefieres? ¿Comer carne de cerdo o ser torturado en todo tu cuerpo? El contestó en la lengua de sus padres: No comeré. Por lo cual fue también sometido a la tortura. En el momen­to de entregar el último suspiro dijo: “Asesino, nos quitas la presente vida, pero el Rey del mundo nos resucitará. Nos dará una vida eterna a nosotros que morimos por sus leyes”. Después de esto, castigaron al tercero. Presentó la lengua tan pronto como se lo mandaron, y extendió sus manos con intrepidez, tuvo además el valor de declarar: “De Dios he recibido estos miembros, pero por amor a sus leyes los desprecio, y de Dios espero recobrarlos”. El rey y su cor­te se conmovieron por el valor de ese joven, despreocupado por sus sufrimien­tos. Una vez muerto éste, sometieron al cuarto a las mismas torturas. A punto de expirar, se expresó así: “Más vale morir a manos de los hombres, y guardar las promesas de Dios que nos resucitará; tú, en cambio, no tendrás parte en la resurrección para la vida”.

 

Salmo de hoy: Fe y esperanza viva

*Andaremos por el mundo con fe y esperanza viva; celebrando, cantando, sonriendo y luchando por la vida.

* Vamos a celebrar nuestro compromiso con la vida; la mesa de la unidad para todas y todos está servida.

* Nos vamos a organizar, con fuerza y sabiduría; y seguiremos cantando y luchando por la vida.

 

Ev.: Lucas 20,27-38. No es un Dios de muertos y muertas, sino de personas vivas

 

I: En el tiempo de Jesús había dos grandes grupos religiosos: los fariseos y los saduceos. Mientras que los fariseos creían en la resurrección de los muertos y muertas  después de la muerte, los saduceos no esperaban otra más allá de la tumba. Ambos grupos, sin embargo, creían en la ley del levirato, según la cual si un hombre que estaba casado moría sin dejar hijos o hijas, su hermano debía casarse con la viuda para dar descendencia al difunto (cf. Dt 25,5-6).

 

T:   Se acercaron a Jesús algunos saduceos. Estas son personas que no creen en la resurrección de los muertos y muertas; y le preguntaron: Maestro, Moisés nos ense­ñó lo siguiente: Si uno tiene un hermano casado que muere sin dejar familia, debe casarse con la viuda para darle un hijo o hija que será el heredero o heredera del difunto. Había, pues, siete hermanos. Se casó el primero, y murió sin dejar familia. El segundo y después el tercero se casaron con la viuda. Y los siete murieron igualmente, sin dejar familia. Finalmente, murió también la mujer. Esta mujer, si hay resurrección de los muertos y muertas, ¿de cuál de ellos va a ser esposa, puesto que los siete la tuvieron por esposa? Jesús les respondió: En este mundo los hombres y las mujeres se casan. Pero las y los que sean juzgados dignos de entrar al otro mundo y de resucitar de entre los muertos y muertas, ya no se casarán. Sepan, ade­más, que no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles. Y son hijos de Dios, pues él los ha resucitado. En cuanto a saber si resucitan los muertos, ya Moisés lo dio a entender en el pasaje de la Zarza, en el que llama al Señor Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Ahora bien, Dios no es Dios de muertos, sino de vivos; para El todos y todas viven.

 

 

PARA LA REFLEXION COMUNITARIA, FAMILIAR O PERSONAL

  1. ¿Por qué los que tortura y persiguen a quienes luchan por la justicia no tienen vida digna?
  2. ¿Cómo podemos resistir y permanecer fieles al Proyecto de Vida Digna?

 

 

1. ¿Por qué los que torturan y persiguen a las personas que luchan por la justicia no tienen vida digna?

 

En todo el antiguo testamento casi no se encuentran textos que expresen una fe explícita en la vida más allá de la muerte. Hay vislumbres y una esperanza de supervivencia que aflora en algunos escritos más bien tardíos (Job 19, 26-27; Dn 12, 2-3). La más clara alusión a una vida perdurable y a una resurrección la encontramos en el texto de Macabeos. Se sitúa en el año 167 a. C. durante la época de terror y represión desatada por el rey griego Antíoco IV Epífanes. Siete jóvenes junto con su madre sufren la tortura antes que quebrantar sus leyes y mueren con heroísmo alentados por la promesa de la resurrección.

La lectura del segundo libro de los Macabeos que hemos leído nos ha ha­blado de las torturas a que fueron sometidos los hermanos Macabeos por parte del rey griego Antíoco. Se utilizaron las torturas más atroces para que renun­ciaran a sus creencias y convicciones.

Uno de los hermanos Macabeos, en el momento antes de su muerte, tuvo la valentía de decirle al rey que lo mandaba a matar: “Más vale morir a manos de los hombres, y aguardar las promesas de Dios que nos resucitará; tú, en cam­bio, no tendrás parte en la resurrección para la vida” (2 Mac 7,14).

El texto del evangelio de Lucas que hemos leído hoy dice que se acercaron a Jesús unos del partido saduceo y “le propusieron esto: Maestro, Moisés nos dejó escrito: “si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero no hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano”. Bueno, pues había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. El segundo, el tercero y así hasta el séptimo se casaron con la viuda, y murieron también sin dejar hijos. Finalmente murió también la mujer. Pues bien, esa mujer cuando llegue la resurrección) ¿de cuál de ellos va a ser mujer, si ha sido mujer de los siete?”

Pregunta mal intencionada que trataba de poner en ridículo la doctrina de la resurrección y del más allá en la que los afiliados al partido saduceo no creían. Este partido estaba formado por sumos sacerdotes y senadores, la aristocracia religiosa y seglar de la época, conocidos por su riqueza. Por ser ricos admitían como Palabra de Dios sólo los cinco primeros libros de la Biblia, considerando sospechosos los escritos de los profetas que atacaban sin piedad a los ricos y propugnaban una mayor justicia social. Los saduceos, como ricos, pensaban que Dios premia a los buenos y castiga a los malos en este mundo; en consecuencia se consideraban buenos y justos, pues gozaban de riqueza y poder, signos claros del favor divino. Negaban la resurrección y el más allá, pues aceptar la posibilidad de un juicio de Dios tras la muerte, suponía para ellos perder la seguridad de una vida basada en el poder y en el dinero.

Hoy también hay personas que tienen a la riqueza como su Dios y que persiguen a los que están comprometidos por la justicia, a los profetas que se ponen del lado de los débiles y de los in­defensos; éstos tienen que sufrir la difamación, la persecución y las tortu­ras. El mismo Jesús invitó a seguir adelante y llamó felices a todas aquellas personas que sufren por la causa de su Propuesta de vida digna: “Bienaventurados los perseguidos por causa de la justi­cia, porque de ellos y ellas es el Reino de los Cielos” (Mt 5,10).

 

2.Saber resistir y permanecer fieles

Los hermanos Macabeos fueron ejemplo de resistencia y de fidelidad a su fe ante el rey Antíoco que los asesinaba. También su madre demostró su indómi­ta actitud. Ante la sugerencia del rey para que aconsejase a su hijo más pe­queño a que renunciase a su fe, la madre respondió resueltamente: “No temas a ese verdugo, sino que, haciéndote digno de tus hermanos, recibe la muerte para que vuelva yo a encontrarte con tus hermanos en el tiempo de la miseri­cordia”(2 Mac 7,29).

Cuando se escribieron los libros de los Macabeos (s. 2 a.C.) ya se tenía fe en la existencia en vida después de la muerte; se creía, por tanto, en la resurrección de las y los muertos. En un primer momento sólo se creía en una recompensa en esta vida expresada en riquezas, bienestar y larga vida. La fe en la resurrección comienza a motivar a algunas y algunos creyentes a vivir con responsabilidad según los valores del amor, la justicia y la solidaridad, aunque esto conlleve dificultades y persecuciones, con la conciencia clara de que la lucha por la justicia produce frutos de solidaridad y amor que ayudan a mejorar la calidad de vida de las personas, y sobre todo de las personas y grupos tradicionalmente excluidos y empobrecidos.

A las y los seguidores de la propuesta de vida digna que nos hizo Jesús se nos pide fidelidad y capacidad de resistencia ante las dificultades, antes las incomprensiones y persecuciones. Como dice Pablo: “Fiel es el Señor; él les afianzará y les guardará del Maligno” (2 Tes 3,3). La fidelidad de nuestro Dios nos da la seguridad de que podemos, con su ayuda, vencer todas las dificultades y ser testigos y testigas de su amor solidario en medio de nuestros ambientes. Por eso podemos decir, con el salmista, “Confirma mis pasos en tus caminos para que mis pies no vacilen” (Sal 17,5).

 

A todas las personas que formamos las comunidades jesuánico-cristianas y las redes de organizaciones comprometidas con la vida digna se nos pide saber resistir con valentía ante todos(as) aquellos(as) que quieren hacernos renunciar a nuestra fe para que vivamos según sus intereses egoístas promovi­dos por el neo-liberalismo capitalista que nos arropa y que condena a la muerte prematura a millones de seres humanos. Ante esta situación nos toca saber resistir, ser creativos y creativas y permanecer fieles.

 

 

Para la oración de las y los participantes

 

  1. Por todas las personas, llamadas cristianas, que por falta de  formación son víctimas de opiniones superficiales acerca del más allá de la muerte: para que encuentren en sus comunidades recursos de formación que les ayuden a vivir su fe en forma comprometida con la cotidianidad. Recemos…
  2. Para que las iglesias y comunidades jesuánico-cristianas sean fieles a la memoria de las y los mártires que, como los hermanos Macabeos, dieron testimonio de anteponer el valor de su fe al amor a su propia vida…
  3. Por todas y todos los que viven en una situación en la que prevén la cercanía de la muerte como consecuencia de su compromiso con la causa de la justicia: para que sepan prepararse para acogerla y vivirla de una manera digna, honesta y consciente…

 

Exhortación final: La Palabra escuchada y el pan compartido nos han fortalecido, como per­sona y como comunidad, para seguir siendo testigos y testigas del Dios de la vida que bus­ca siempre nuestro bien y se opone a todos(as) aquellos(as) que en nuestra sociedad son sembradores y sembradoras de la muerte. Ahora prosigue nuestro compromiso por crear una vida mejor para todos y todas aquellas personas que viven en situaciones in­humanas de exclusión. Ese puede ser nuestro compromiso para la próxima semana y para cada día de nuestra existencia.

 

 

SI SOMOS PERSEVERANTES SALVAREMOS NUESTRAS VIDAS C33ºO (14-11-10)

 

ENTRADA: Nos acercamos al final del año litúrgico. Las lecturas que hoy escucharemos hacen, en cierta manera, una compa­ración entre el final del año litúrgico y el final del mundo. Invitándonos a pensar en el fin de este mundo, se nos llama a reflexionar profun­da­mente sobre la forma como vivimos nuestra fe y nuestro compromiso con la transformación de la realidad de injusticia en que vivimos. ¿Si tuviéramos, como persona y como comunidad, dar cuen­tas de nuestra vida jesuánico-cristiana, ¿estaríamos preparados y preparadas para res­ponder adecuada­mente? Pidamos durante toda esta celebración que Jesús nos dé capaci­dad para ser per­severan­tes en la fe, en el amor y en la lucha por la justicia.

1ªL: Malaquías 3,13-15.19-21. La persona que lucha por la vida digna será iluminada con un sol de justicia

I: El profeta Malaquías nos habla del fin que les espera a quienes han fundamentado su vida en los antivalores de la opresión y la injusticia. Aunque parezca que las y los injustos y los opresores triunfan en esta vida, tarde o temprano se les pedirá cuenta de sus actuaciones y se les pagará según su conduc­ta. En cambio la persona y los colectivos comprometidos con la Vida Digna serán iluminados por un sol de justicia.

 

T: Ustedes se expresan de mí muy duramente, dice Yahvé, a pesar de que tra­tan de excusarse de que nada malo han dicho de mí. Pues ustedes dicen que es tontería servir a Dios y que nada se gana con observar sus mandamientos o con llevar una vida austera en su presencia. Por eso, ahora, ustedes llaman feli­ces a los poderosos, pues los que actúan mal tienen éxito en todo, e incluso si provocan a Dios, no les pasa nada.

Porque ya llega el día, ardiente como un horno. Todos los orgullosos y los que hacen el mal serán quemados como paja por el fuego de ese día. No que­dará de ellos ni ramas ni raíces. Pero, en cambio, para ustedes que respetan mi Nombre, brillará el sol de justicia, que traerá sus rayos la salud; ustedes saldrán saltando como becerros de engorde. Pisotearán, además, a los malvados, que serán como ceniza esparcida en el camino de ustedes, cuando yo actúe, dice Yahvé.

 

Salmo de hoy: Busca la fe que necesitas para vivir, busca la fe que necesitas para andar.

  • No le quiten a la gente las ganas de vivir. Que se rebele contra el dolor que siente y que sepa luchar.
  • Ama esta tierra; no te acostumbres a soñar con la vida fácil, con la violencia y la injusticia.
  • Asume tu compromiso en la cotidianidad. Que nunca se marchite la fe de tu corazón.

 

Ev.: Lucas 21,5-19. Con la perseverancia salvarán sus vidas

 

I: Jesús previó la destrucción de Jerusalén, que fue realizada en el año 70 d.C. por el ejército del general romano Tito. Después de dicha destrucción los romanos perseguían a las y los judíos y también a las y los cristianos que profesaban una fe que había tenido su origen en el pueblo judío.

Jesús anima a sus discípulos y discípulas y les dice que en medio de todas las difi­cultades y conflictos es necesario mantener la fe. La fidelidad en medio  de las situaciones difíciles es una exigencia fundamental para las y los militantes jesuánico-cristianos. Por eso Jesús nos dice: “con su perseverancia salvarán sus vidas”.

 

T: En aquel tiempo algunos hacían notar a Jesús las hermosas piedras y los ricos adornos que habían sido regalados al Templo. Jesús dijo: “Llegará el tiempo en que de todo lo que ustedes admiran aquí no quedará piedra sobre pie­dra: todo será destruido”.

Le preguntaron entonces: “Maestro, dinos cuándo sucederá eso. ¿Cuál será la señal de que va a suceder? Jesús contestó: “Tengan cuidado y no se dejen engañar, porque muchas personas vendrán en mi lugar, diciendo: Yo soy el Salvador, ésta es la hora de Dios. No los sigan. Cuando oigan hablar de guerras y disturbios, no se asusten, porque primero tiene que pasar eso, pero el fin no vendrá en seguida”.

Después les dijo: “Se levantará una nación contra otra, y una raza con­tra otra. Habrá grandes terremotos, pestes y hambre en una y otra parte. Se verán también cosas espantosas, y señales terribles en el cielo. Pero, antes de eso, a ustedes los tomarán presos, y los perseguirán; los entregarán a los tribunales judíos y los llevarán a las cárceles; los harán comparecer ante los reyes y gobernadores porque llevan mi Nombre. Esta será para ustedes la opor­tunidad de dar testimonio de mí. No se olviden entonces de lo que ahora les advierto, de no preparar su defensa. Porque yo mismo les daré palabras tan sabias que ninguno de sus opositores las podrá resistir o contradecir.

Ustedes serán denunciados por sus padres, madres, hermanos, hermanas, parientes y amigos, y algunos de ustedes serán ajusticiados y ajusticiadas. Serán odiados y odiadas de todas las personas a causa de mi nombre, pero no se perderán ni uno de sus cabellos. Manténganse firmes y se salvarán.

 

 

PARA LA REFLEXION COMUNITARIA, FAMILIAR O PERSONAL

 

1. ¿Por qué las y los verdaderos discípulos y discípulas de Jesús son perseguidos y perseguidas?

2. ¿Por qué la perseverancia es importante para salvar la vida?

 

 

1.  Las y Los discípulos de Jesús son perseguidos y perseguidas

 

En los años 80, cuando se escribió el evangelio según Lucas, los cris­tianos y cristianas estaban siendo perseguidos y perseguidas por el imperio romano. Esa persecución se había hecho más violenta después de la destrucción de la ciudad de Jerusalén en el año 70. Los cristianos y cristianas eran perseguidos y perseguidas por una doble razón: por no ado­rar al emperador que se presentaba como un dios, y por haberse originado el cristianismo en el pueblo judío.

El evangelio de Lucas intenta fortalecer la fe de los discípulos y discípulas que están siendo perseguidos y perseguidas. De hecho ya Jesús había predicho que habrían perse­cuciones y conflictos. Incluso los mismos familiares iban a denunciar y a en­tregar en manos del imperio romano a sus mismos parientes.

Es cierto que, como fruto de las continuas guerras e invasiones para controlar ese lugar de paso que es Palestina, el templo de Jerusalén fue destruido hasta sus cimientos en el año 70 a.C. De hecho el país judío a través de la historia ha sido tierra de paso y vía comercial de grandes imperios: Egipto, Asiria, Babilonia, Persia, Grecia, Roma… Destrucciones, reconstrucciones y nuevas destrucciones han marcado la suerte de este sufrido pueblo hasta el día de hoy. Pero sin embargo no está ahí el interés del texto del evangelio que hemos proclamado hoy (Lc 21,5-19), sino más bien en las palabras que en boca de Jesús predicen a las y los discípulos la persecución y el martirio. En todas las épocas de la historia del cristianismo, las y los seguidores auténticos de Jesús han sido signo de contradicción y profetas incómodos. Los conflictos, la persecución y el martirio son consecuencia necesaria y lógica de la profecía en la vida del y de la cristiana. Seguir a Jesús es ir en contra de la escala de valores que un grupo de personas enriquecidas y poderosas quieren imponer a todas las demás personas.  Por eso el seguimiento de la propuesta de vida que hace Jesús causará siempre incomodidad, molestia y escándalo al mundo.

El motivo de la persecución está bien expresado en el texto de Lucas “por causa mía” o “a causa de mi nombre”. Es por Jesús y por el Proyecto del Dios Padre/Madre que las y los cristianos de toda época son maltratados y perseguidos, hasta convertirse el martirio en sello de autenticidad cristiana.

Como personas que pertenecemos a comunidades de fe debemos estar conscientes de que las dificultades, conflictos, e incluso el martirio pueden formar parte de la vida de cada seguidor o seguidora de Jesús. Se nos pide vivir en disposición de dar testimonio de la fe que profesamos. Al mismo tiempo se hace necesario animar, estimular y solidarizarnos con aquellos hermanos y hermanas que están siendo perseguidos y perseguidas por su fidelidad al Proyecto de Dios y su justicia.

2. Con la perseverancia salvaremos la vida

 

Jesús declara a sus discípulos y discípulas que la salvación sólo se consigue allí donde hay personas que son perseverantes a pesar de las dificultades, los con­flictos y las persecuciones por causa del Evangelio. Si ante los problemas que provienen del anuncio evangélico renunciamos a nuestra fe, entonces seremos unas personas desgraciadas.

La previsión de las dificultades y conflictos por causa del Evangelio no impide; más bien estimula al evangelista Lucas a subrayar las razones de la esperanza. Por eso el texto de Lucas que hemos leído hoy termina reafirmando un convencimiento: “No perecerá ni un cabello de su cabeza. Con su perseverancia salvarán sus vidas”  (Lc 21,19). Jesús estará con aquellas personas que hablan y actúan en su nombre. Es un llamado a la constancia, a la resistencia, a seguir firmes en la esperanza; así tendrá sentido nuestra vida cotidiana.

Jesús termina su advertencia con una voz de aliento. No promete librar a sus discípulos y discípulas de la persecución; promete su asistencia y su compañía: “Yo mismo les daré palabras a las que ninguno podrá resistir” (Lc 21,15). Ante las dificultades que le presenta el tiempo actual cada cristiano o cristiano no debe llevar un calendario para saber cuál es la fecha del fin del mundo, sino revestirse de la fuerza, de la confianza y la firmeza que le da la fe. En todo caso es bueno recordar que el final del mundo ocurre para cada persona en el momento de su propia muerte. En este sentido decía un testigo cristiano, Carlos de Foucauld, “Vivan cada día como si hoy fuesen a ser martirizados o martirizadas”; recomendaba, en el fondo, vivir con la intensidad de quien sabe que está midiéndose los pasos con la muerte, con su fin del mundo, a la espera del Día del Señor.

Esta actitud de perseverancia y resistencia exige de nuestra parte un testimonio de vida sencilla y austera para que no seamos una carga para nadie y podamos compartir lo poco o lo mucho que tengamos con las personas que más lo necesitan. Con sencillez Pablo se presenta como “modelo a imitar” (2 Tes 3,9). Simplicidad de vida, esperanza y confianza en el Señor nos permitirán enfrentar las situaciones difíciles y discernir en ellas. Seguros y seguras de que “el sol de justicia que cura con sus rayos” (Mal 3,20) nos iluminará.

 

La virtud de la perseverancia nos exige seguir creyendo y viviendo nues­tra fe comprometida en medio de las situaciones más difíciles. Sólo así nos salvaremos; es decir, tendremos vida digna y seremos capaces de ayudar a las y los demás a tener vida y vida en abundancia (Jn 10,10).

 

Para la oración de las y los participantes

 

1. Para que descubramos que una de las formas más excelentes de esperar el otro mundo posible es trabajando cotidianamente por cambiar las injusticias del mundo en que vivimos. Recemos…

2. Para que las y los cristianos no se aparten de todas aquellas personas que desde diferentes espacios sociales buscan y  desean sinceramente el cambio de este mundo y se comprometen realmente en su transformación. Recemos…

3. Para que Dios nos dé a cada uno de nosotros y nosotras “un corazón sensato que nos ayude a calcular nuestros años”, nuestra muerte, de forma que vivamos más intensamente la vida cotidiana en el compromiso con la causa de la justicia. Recemos…

 

Exhortación Final: La reflexión realizada nos ha invitado a saber calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato”, de forma que vivamos con intensidad y pasión la vida cotidiana y el compromiso con la causa de la justicia, en una sociedad estructuralmente injusta, que tú nos das, para que, como tu Hijo Jesús, también nosotros y nosotras nos sintamos desafiados y desafiadas a asumir nuestros compromiso para que nuestro pueblo, y sobre todo las y los excluidos y empobrecidos, “tengan Vida, y Vida en abundancia”, ahora y siempre

 

 

JESUCRISTO, PASTOR PREOCUPADO POR SU REBAÑO C34ºO (21-11-10)

 

INTRODUCCION: En esta semana estamos llegando al final del año litúrgico. Por eso reflexionamos sobre la condición de Jesús como un pastor comprometido con la vida de todas sus ovejas, y en especial de las más débiles y excluidas.

Dispongámonos a celebrar con alegría la presencia del Jesús buen pastor en medio de nuestra comunidad.

1ªL:  2º Samuel 5,1-3. Serás pastor de mi pueblo

I: Después de la muerte de Saúl, el primer rey de Israel, los ancianos re­presentantes de las diversas tribus de Israel, eligen a David como rey. David reinó en Israel por 40 años (1010-970).

A David se le encomendó la tarea de ser gobernante-pastor de su pueblo. Fue elegido para gobernar al pueblo de Israel, teniendo un cuidado especial por las personas más empobrecidas y excluidas.

 

T: Todos los ancianos dirigentes de las tribus de Israel vinieron a hablar con David, en Hebrón, y le dijeron: “Mira que somos sangre de tu sangre. Ya antes, cuando Saúl reinaba, tú dirigías a Israel en sus campañas, y sabemos que Yahvé te dijo: Tú eres el que guiará a mi pueblo, tú llegarás a ser jefe de Israel”. Así, pues, los dirigentes de Israel fueron donde David, en Hebrón, y, a conti­nuación, hicieron un pacto con Da­vid, delante de Yahvé, y procedieron a ungirlo como rey de Israel.

 

Salmo de hoy: Jesús es mi pastor, él es compañero solidario.

 

  • Es Jesús mi pastor; me apacienta en verdes prados; me conduce a las aguas del reposo y conforta mi alma.
  • El me guía por senderos de justicia, por su compromiso solidario.
  • Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré; tu compañía y tus palabras de vida son guías de nuestro camino.

 

Ev.: Lucas 23, 35-43. Jesús es burlado por quienes tienen poder

 

I: Jesús es el buen pastor que da su vida por nosotros y nosotras. No nos ha salvado con acciones extraordinarias, sino con la sencillez de su Palabra de vida y de sus acciones comprometidas y solidarias. Jesús es crucificado como se hacía con los malhechores; además es asesinado junto a dos ladrones. Sin embargo, su Propuesta de vida digna no desaparece con su muerte física. El sigue presente en nuestras comunidades, en la lucha por conseguir mejores condiciones de vida para todos y todas.

 

T: La gente estaba ahí mirando: los jefes, por su parte, se burlaban diciendo: Ya que salvó a otros, que se salve a sí mismo, para ver si es el Cristo de Dios, el Elegido. Los soldados también se burlaban de él. Cuando le ofrecieron vino agridulce para que lo tomara le dijeron: Si tú eres el rey de las y los judíos, sálvate a ti mismo. Porque había en lo alto de la cruz un letrero que decía: Este es el rey de los judíos. Uno de los malhechores crucificado, in­sultándo­lo, le dijo: ¿Así que tú eres el Cristo? Sálvate, pues, y también a nosotros y a nosotras. Pero el otro lo reprendió, diciéndole: ¿No temes a Dios, tú que es­tás en el mismo suplicio? Nosotros lo tenemos merecido, y pagamos nuestros crímenes. Pero él no ha hecho nada malo. Y añadió: Jesús, acuérdate de mí cua­ndo llegues a tu Reino. Respondió Jesús: En verdad, te digo que hoy mismo es­tarás conmigo en el Paraíso.

 

 

PARA LA REFLEXION COMUNITARIA, FAMILIAR O PERSONAL

 

1.David, pastor y gobernante del pueblo de Israel

David llegó a ser rey de Israel (1010-970), después de la muerte de Saúl, el primer rey de Israel.

Las generaciones posteriores a David tenían a éste como el modelo del rey que gobernó a su pueblo con justicia. David no debía gobernar a su pueblo con opresión e injusticia, porque Yahvé, el dios liberador,  le había dicho que sería un gobernante-pas­tor. Su misión era pastorear las ovejas a él encomendadas.

El mesías o rey esperado por el pueblo de Israel sería de la familia de David. Ese rey-Mesías espe­rado “juzgará con justicia a los humildes y salvará la vida de los pobres; aplasta­rá también a sus verdugos” (Sal 72,7).

La primera lectura nos presenta a un pueblo que busca a David para aclamarlo y coronarlo rey. El evangelio nos muestra a un pueblo que se burla de Jesús, lo reta a salvarse en el calvario. David tuvo fama de buen guerrero y fundamentó su poder en un principio en sus bandas guerrilleras y en sus armas. Jesús aparece indefenso y desvalido, sin ejército y sin fuerzas; son sus enemigos quienes tienen el poder, el dinero y las armas. A David le espera un trono, una vestidura propia de un rey, un bastón de mando y una corona de oro. Jesús está clavado en la cruz y tiene sobre su cabeza un letrero de burla: “Jesús de Nazaret, rey de los judíos”.

Como comunidad de fe nos consideramos seguidores y seguidoras del Proyecto de Vida Digna, que nos propuso Jesús, como buen pastor. De él hemos aprendido a servir a los hermanos y hermanas desde nuestra debilidad y falta de medios. De ninguna manera podemos renunciar a la misión pastoral que la comunidad de Jesús nos ha encomendado, ni aprobar las acciones de aquellos y aquellas que fueron puestos para servir a todas las personas con disponibilidad, y en especial a las y los más pobres, y utilizan el poder para beneficiarse ellos, ellas y sus allegados y allegadas.

2. Un rey-Mesías crucificado

Las personas del tiempo de Jesús esperaban un mesías-rey con poder que les liberase del dominio del invasor romano. Ya el primer Isaías hacia el si­glo 8º a.C. había acostumbrado al pueblo a esperar un mesías de ese tipo: “Su imperio no tiene límites, y, en adelante, no habrá sino paz para el Hijo de David y para su reino. El lo establece y lo sostiene por el derecho y la jus­ticia, desde ahora y para siempre. Sí, así será, por el amor celoso del Señor” (Is 9,6-7).

Jesús, sin embargo se presenta como un líder humilde y sin poder militar; su vida terrena termina en las mismas condiciones que la de los malhechores de su tiempo: cru­cificado en una cruz. Jesús no se presenta como un rey, sino como un pastor comprometido a dar su vida por sus ovejas (Jn 10,11) hasta su última gota de sangre derramada, para que éstas tengan vida y vida en abundancia (Jn 10,­10).

Jesús afirmó su entereza en un momento bien curioso: ante el procurador romano Poncio Pilatos. La reacción de éste debió ser de absoluta sorpresa. Para Pilatos, ser rey era ser poderoso, omnipotente, temido; era tener a disposición personas e instituciones, actuar por encima de las leyes, del bien y del mal. Para Pilatos, ser rey era, debía ser, todo lo contrario de lo que representaba aquel hombre que tenía delante: Jesús, desgarrado, herido, golpeado, abandonado, abucheado… En muchas comunidades cristianas la fiesta de Cristo Rey –en el pasado más que en la actualidad- ha sido entendida en algún sentido “al estilo de Pilatos”: hemos vestido a Jesús con traje real, con bastón e mando, con corona y trono y lo hemos imaginado como rey todopoderoso… tal como nunca él fue. La fiesta ha servido para entronizar a Jesús con nuestra imaginación igualándolo con la posición de los señores de este mundo (Mt 20,25-28), de los que él siempre quiso diferenciarse.

Jesús, más que rey fue históricamente mensajero y luchador de un proyecto alternativo de Vida Digna para el pueblo excluido y empobrecido que él llamó “Reino de Dios”. El evitó expresamente que lo proclamaran rey, como efectivamente quisieron hacer algunas personas en algún momento. Lo que él buscaba no era gentes que le aclamaran a él como rey, sino gente que se decidieran a colaborar con el reinado de Dios, en el Proyecto de Justicia y vida plena para todas las personas.

Como comunidad de fe somos conscientes de que la oposición radical que nos pone Jesús no está entre lo espiritual y lo temporal, lo religioso y lo histórico; sino entre el poder de dominación y el poder de servicio. Jesús no es como quienes tienen poder en este mundo, que dominan y maltratan a quienes tienen bajo ellos; no utiliza su poder en beneficio propio, por eso no se salva a sí mismo de la mano e los judíos y los romanos. El vino a enseñarnos que todo poder (político, económico, religioso, intelectual…) debe estar al servicio de las personas, sobre todo de las y los oprimidos, desvalidos y excluidos sociales.

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Para la oración de las y los participantes

1. Por quienes gobiernan las naciones: para que lleguen a entender su misión de servicio a las y los más débiles. Recemos…

2. Por las y los cristianos, para que proclamen con su vida que Jesús es realmente el modelo de servicio  para sus vidas…

3. Para que nos preparemos a comenzar con interés y entusiasmo el próximo “tiempo fuerte” de adviento, que comienza la semana próxima…

Exhortación final: De Jesús hemos aprendido a vivir con dignidad y asumir el compromiso cotidiano, ético-político de luchar por crear mejores condiciones de vida para todas y todos, para nuestras familias y comunidades, priorizando la atención a la gente más desvalida y excluidas. Haciendo esto nos parecemos a Jesús el buen pastor que da su vida por las ovejas excluidas.

Estar en actitud de alerta para construir la Vida Digna A1ºA (28-11-2010)¡Error! Marcador no definido.

 

INTRODUCCION: Comenzamos el tiempo de Adviento, período de preparación al nacimiento de Jesús que celebraremos el día de Navidad. Este es tiempo para estar despiertos y despiertas, en estado de alerta, para prepararnos adecuadamente para la celebración de la encarnación de una divinidad que quiere hacerse uno de nuestra raza. Este es tiempo también de revisar nuestras vidas para ver si estamos construyendo la tierra nueva en la que habite la justicia.

 

1ªL: Isaías 2,1-5. Un gobierno de justicia y paz, que endereza a la humanidad

I: Isaías es uno de los grandes profetas de Israel. Desarrolló su labor profética hacia finales del siglo 8º a.C., en medio de una situación difícil para su pueblo, en el que el imperio Asirio estaba amenazando con destruir a Jerusalén. El profeta predice que todos los pueblos irán a Jerusalén, para ser enseñados por el Señor allí. De esta enseñanza surgirá una nueva forma de relacionarse entre los pueblos, en donde no existirán los conflictos y las guerras, sino la paz y la fraternidad, pues todas las personas caminarán a la luz del Señor.

 

T:  Isaías, hijo de Amós, tuvo esta visión acerca de Judá y de Jerusalén: En el futuro, el cerro de la Casa de Yahvé será puesto sobre los altos montes y dominará los lugares más elevados.

Irán a verlo todas las naciones y subirán hacia él muchos pueblos, diciendo: “Vengan, subamos al cerro de Yahvé, a la Casa del Dios de Jacob, para que nos enseñe sus caminos y caminemos por sus sendas. Porque la Enseñanza irradia de Sión, de Jerusalén sale la Palabra de Yahvé”.

El Señor gobernará a las naciones y enderezará a la humanidad. Harán arados de sus espadas y sacarán podaderas de sus lanzas. Una nación no levantará la espada contra otra, y no se adiestrarán para la guerra.

¡Pueblo mío, ven: caminemos a la luz de Yahvé!

 

Salmo de hoy: Que no caiga la fe, que no caiga la esperanza

 

  • Que no caiga la fe, mi hermano; que no caiga la fe, mi hermana; que no caiga la fe, que no caiga la esperanza.
  • Si se acerca una hora difícil, y se aumenta una vez más la corrupción y la impunidad.
  • Si se cae la esperanza de mi pueblo, si se acaba el deseo de luchar, no podremos asumir nuestro compromiso con el Proyecto de la Vida Digna.

 

Ev.:  Mateo 24,37-44. Jesús vendrá sin avisar

 

I:  Las y los primeros jesuánico-cristianos creían que Jesús volvería al fin del tiempo, como juez universal, para pedirles cuentas de la forma como habían vivido su compromiso de fe y la solidaridad con todas las personas y sobre todo con las y los más necesitados y excluidos. Para nosotras y nosotros y nosotras, comprometidos y comprometidas con la historia presente, se trata de permanecer en actitud de alerta; asumiendo un compromiso cotidiano con la lucha por la justicia y la creación de mejores condiciones de vida para todas y todos.

 

T:  En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos y discípulas: “En la venida del Hijo del Hombre, sucederá lo mismo que en los tiempos de Noé. En aquellos días que precedieron al diluvio, los hombres y las mujeres seguían comiendo, bebiendo y casándose, hombres y mujeres, hasta el día en que Noé entró en el Arca. Y no se daban cuenta hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos. Lo mismo sucederá en la venida del Hijo del Hombre. Entonces, de dos hombres que están juntos en el campo, uno será tomado, y el otro no. De dos mujeres que están juntas moliendo trigo, una será tomada, y la otra no.

Por eso estén despiertos y despiertas, porque no saben en qué día vendrá su Señor. Fíjense bien: Si un dueño de casa supiera a qué hora lo va a asaltar el ladrón, seguramente permanecería despierto para impedir el asalto de su casa. Por eso, estén alerta; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que menos piensan”.

 

 

PARA LA REFLEXION COMUNITARIA, FAMILIAR O PERSONAL

1. ¿Por qué se nos pide vivir despiertos y despiertas,  andando con dignidad?

2. ¿Por qué debemos mantener la esperanza en medio del camino de cada día?

1.  Despertarse del sueño y andar con dignidad

La lectura evangélica que hemos leído (Mt 24,42-44) nos ha invitado a estar despiertas, despiertos, preparadas y preparados, porque se nos pide un compromiso cotidiano con la construcción de un proyecto de vida buena para todos y todas.

Y es necesario estar en estado constante de alerta, no sólo porque se nos pedirá cuenta de los resultados de nuestro trabajo, de lo que  hagamos como compromiso de fe, sino porque la sociedad en que vivimos desafía constantemente nuestra forma de pensar y de vivir. Si no somos firmes, si no estamos atentos y atentas fácilmente nos dejamos llevar por una sociedad que propone, de hecho, unos anti-valores que entran en contradicción con los valores evangélicos. Si no estamos despiertos y despiertas fácilmente los Medios de Comunicación Social nos pueden convencer de que es bueno, lo que realmente nos perjudica.

Debemos estar atentos y atentas no sólo porque la comunidad puede pedirnos cuenta en el momento menos pensado, sino sobre todo porque el testimonio que debemos dar en medio de la sociedad exige de personas que sean “prudentes como serpientes y sencillos como paloma” (Mt 10,16).

Se nos pide caminar como en pleno día, con dignidad; es decir, nuestras obras deben ser realizadas de forma que no tengamos que ocultar nada de lo que hacemos, porque están hechas de acuerdo a lo que Dios quiere. Generalmente los ladrones, los que trafican con drogas, los que se dedican al mundo de la prostitución usan la oscuridad de la noche para que sus obras no sean descubiertas. Por todo esto, se nos pide responsabilidad en lo que hacemos, pues nuestras obras deben ser realizadas como testimonio de una fe comprometida y responsable.

Como jesuánico-cristianos y jesuánico-cristianas somos gente peregrina. En medio de ese camino podemos tener dificultades, incluso podemos cansarnos y desanimarnos en ocasiones, pero no podemos detenernos porque la misión exige permanencia y fidelidad. El Dios de Jesús está en nuestro camino, y el mismo Jesús es nuestro Camino (Jn 14,6).

 

2. Mantener la esperanza que nos compromete cada día

La esperanza es una actitud cristiana fundamental. Es el motor que nos impulsa a seguir caminando y a seguir trabajando incluso cuando las dificultades y problemas que encontramos en nuestro caminar no nos dan demasiados motivos para creer que se hará realidad plenamente el sueño de tener una sociedad más humana, más justa y fraterna, en donde se pongan en primer lugar los intereses de las mayorías, y no los de un pequeño grupo, que se creen dueño del país y de la vida de la gente.

El adviento es un tiempo para fortalecer la esperanza, mientras nos preparamos para la celebración de la Navidad. Pero es también un momento para fortalecer una actitud positiva frente a la vida, a la historia y al Dios liberador, el Dios de la esperanza y de la promesa. La historia de la humanidad es un gran adviento, un camino hacia el futuro.

La exigencia de estar en vela (Mt 24,42) nos pide saber escuchar el clamor de liberación de nuestro pueblo; apoyando y buscando caminos de realización para las esperanzas profundas del pueblo empobrecido que habita nuestra isla, nuestro Caribe,  todo el Continente latinoamericano, y todos los países dependientes del Norte. Qué sea de nosotros ante su venida dependerá de nuestras actitudes y compromisos. Si hemos amado y servido, si hemos promovido la justicia y buscado la paz, si hemos luchado por un mundo más justo, de hermanos y hermanas, no tendremos que temer, seremos acogidos en los brazos del Padre. Pero será distinta nuestra suerte si nos hemos dejado seducir por la vanidad con que los mercaderes quieren que celebremos estas fiestas: entre comilonas y borracheras, lujurias y desenfrenos, riñas y pendencias, olvidándonos de las y los empobrecidos y excluidos, de las y los favoritos del Dios solidario que nos ha presentado Jesús.

 

La esperanza en el cumplimiento de las promesas de vida buena hechas por Jesús no nos sacan de la historia; más bien nos compromete con ella, pues esperamos al Dios que ha venido y está con nosotros y nosotras.  La esperanza es ambiciosa, pero vale la pena mantenerla. Ella nos ayudará a ver lo que hay de incoherente en nuestro comportamiento personal, de engaño y de doblez en nuestras vidas, pero también de prometedor en los esfuerzos que hacemos por defender la vida buena y la justicia liberadora.

 

Para la oración de las y los participantes

1. Por las jesuánico-cristianas y los jesuánico-cristianos que vivimos en un mundo en donde la  Navidad significa propaganda, comercio, fiesta y diversión, para que sepamos esperar la Navidad con el cambio de nuestra vida y el mantenimiento de nuestras luchas y así poder ser luz para las demás personas. Roguemos….

2. Por los gobernantes de las naciones más poderosas del mundo que están empeñados en hacer la guerra para que se abran a la invitación del Espíritu de Dios a cambiar los gastos para la guerra en inversiones para elevar la calidad de vida de las personas menos favorecidas del planeta. Roguemos…

3. Por todos los hombres y las mujeres de buena voluntad, para que seamos más activos y activas en promover acciones a favor de la igualdad, la fraternidad y la sororidad entre todos los seres humanos y aprendamos a cuidar el planeta que habitamos. Roguemos…

 

Exhortación final: La esperanza es una fuerza que nos anima a mantenernos firmes en camino de fe y de compromiso solidario que hemos asumido. En ese camino, celebrar anualmente la encarnación de Jesús, es un momento importante en nuestras vidas. Es renovar nuestra fe y nuestra esperanza en el surgimiento de otro mundo posible, fundamentado en la práctica de los valores del amor, la solidaridad y la responsabilidad social.

 

 

 

 


Reflexiones bíblicas semanales para el mes de Octubre 2010

octubre 2, 2010

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDOM)

C/ 3 No. 9. El Milloncito, Sabana Perdida. Santo Domingo Norte. Rep. Dominicana

Tel/fax. 809-568-8560. E-mail: rebido@gmail.com, rebido07@yahoo.es

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Reflexiones bíblicas semanales. Octubre 2010

LA PERSONA JUSTA VIVIRA POR SU FIDELIDAD C27ºO (4-10/10/10)

INTRODUCCION:  Nos congregamos para celebrar nuestra fe porque creemos en Jesús, que ha sido fiel a un Proyecto de vida en plenitud. Su ejemplo hoy nos invita a reflexionar profun­damente sobre los frutos de amor solidario que estamos dando en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestro país. Al escu­char su Palabra y compartir su Proyecto, le pedimos que aumente nuestra fe, para asumir la causa de la justicia, y así realizar la misión que El nos encomienda.

1ªL:     Libro de Habacuc.1,2-3;2,2-4. La fe que genera vida buena

I: Habacuc fue un profeta que realizó su misión a finales del siglo 7º (a­proximadamente entre los años 605-600 a.C.). Estamos en el tiempo cercano al des­tierro de Babilonia. Este profeta es el primero de los escritores bíblicos que se atreve a preguntar con valentía: ¿por qué deja Yahvé, el Dios de Israel, que triunfe la injusticia?

T:  ¿Hasta cuándo, Yahvé, te pediré socorro sin que tú me hagas caso, y te denunciaré que hay violencia sin que tú me liberes? ¿Por qué me obligas a ver la injusticia y te quedas mirando la opresión? Sólo observo robos y atropellos y no hay más que querellas y pleitos. Entonces Yahvé me respondió, diciendo: “Escribe la visión, anótala en tablillas, para que pueda leerse de corrido; porque es una visión con fecha exacta, que a su debido tiempo se cumplirá y que no fallará; si se demora el llegar, espérala, pues vendrá ciertamente y sin retraso. Los soberbios nunca tendrán mi favor, el justo, sí, vivirá por su fidelidad”.

Salmo de hoy: Un camino de fe, un camino de paz

  • Un camino de fe, un camino de paz, un camino  contigo, viviendo en comunidad.
  • Acercarse a la otra persona con cordialidad; la paz es unión, es amistad, fraternidad y sororidad.
  • Llana y simplemente mi vida te entrego; no hay terror ni odio y el temor también está lejos.
  • La paz construimos, pues no la tenemos. Nos tienen pisados y nadie siente el dolor ajeno.

T: 3ªEv Lucas 17,5-10. Señor, auméntanos la fe

I:  En la lectura evangélica que leemos a continuación, los discípulos y discípulas piden a Jesús que les aumente la fe. El mismo Jesús confirma que sus seguido­res y seguidoras tienen una fe muy pequeña. Si la tuvieran más grande podrían hacer cosas que humanamente parecerían imposibles. Esa fe tiene que llevar a las y los seguidores de Jesús a hacer su trabajo de servicio solidario, sin buscar recompensas ni reconocimientos humanos.

T:  En aquel tiempo, los apóstoles dijeron al Señor: “Auméntanos la fe”. El Señor respondió: “Si tienen fe como un granito de mostaza, le dirán a ese árbol que está ahí: ‘Arráncate y plántate en el mar, y el árbol obedecerá’.

Supongan que uno de ustedes tiene un servidor arando o cuidando el gana­do. Cuando éste vuelve del campo, ¿le dicen ustedes:  ‘Ven enseguida a sentarte a la mesa?’ ¿No le dicen más bien: ‘prepárame comida, y ponte el delantal para servirme, y después que yo haya comido y bebido, tú lo harás a tu vez?’ Y des­pués, ¿se sienten agradecidos y agradecidas de ese servidor porque hizo lo que le mandaron? Esto vale para ustedes. Cuando hayan hecho todo lo que les ha sido mandado, digan: ‘Somos servidores y servidoras que no hacíamos falta; sólo hicimos lo que debíamos hacer’”.

PARA LA REFLEXIÓN COMUNITARIA, FAMILIAR O PERSONAL

1. ¿Por qué creemos que es Dios quien tiene que hacer justicia?

2. ¿Por qué debemos hacer nuestro trabajo con sencillez y dedicación ?

1. ¿Hasta cuándo Señor, hasta cuándo?

El profeta Habacuc pregunta a su Dios sobre la razón del mal que existe en medio del pueblo de Israel. ¿Cómo puede ser posible que exista en el pueblo de Israel el robo, la injusticia, la opresión, si el pueblo ha hecho una alianza con su Dios, por la que se ha comprometido a vivir como hermanos y hermanas y a tratarse como tales? ¿Cómo puede ser posible que el Dios Yahvé permita que el imperio babilónico siga amenazando con la deportación a los hijos e hijas de Israel? Se trata de una mentalidad que considera que la divinidad todo lo puede y todo lo que sucede en el mundo y en la sociedad se realiza con el permiso divino.

Hoy también las y los creyentes se hacen preguntas semejantes a las que se hizo Habacuc: ¿Cómo Dios sigue permitiendo que haya dolor, injusticias, y opresiones en contra de las y los más débiles? ¿Estará Dios realmente presente en la historia de nuestros pueblos? ¿Por qué Dios permite el dolor de tanta gente inocente? ¿Cómo las políticas de nuestros estados siguen privilegiando a los grupos más enriquecidos? ¿Cuál es la razón de la violencia irracional que mata a culpables e inocentes? ¿Dónde está el dios todopoderoso? ¿Por qué no interviene para cambiar la realidad en que vivimos?

La respuesta de la fe comprometida en la historia de nuestro pueblo no puede ser otra que reconocer que los hombres y mujeres hemos roto con el Proyecto de vida feliz y de fraternidad y, como consecuencia, tenemos el egoísmo, el dolor y la injusticia. En esa situación todas y todos tenemos un cierto grado de responsabilidad. Sin embargo un grupo de personas, las que han acaparado los bienes que pertenecen a todos y todas y las y los que tienen el poder político, económico y militar de los pueblos, tienen un mayor grado de responsabilidad.

Sólo es posible recuperar la felicidad perdida vol­viéndonos al camino del amor, de la solidaridad y de justicia que nos permite construir un Proyecto de vida buena desde los diferentes espacios en que nos movemos: nuestras organizaciones comunitarias, las familias, las asociaciones, los grupos juveniles, iglesias, comunidades cristianas, y apoyar los esfuerzos de todos los hombres y mujeres que luchan por la causa de la justicia, sin importar quiénes sean ni a la orga­nización que pertenezcan.

Como comunidad de fe, de conciencia crítica y de amor solidario nos toca dar razón de nuestra esperanza. Seguimos manteniendo la fe no porque seamos ingenuos ni ingenuas y no seamos capaces de ver la realidad con toda su crudeza. Sino porque en medio de la realidad de dolor, de violencia y de injusticia en la que muchas veces nos toca vivir seguimos creyendo en el Proyecto de vida plena Dios y estamos conscientes de que la causa de la justicia tarde o temprano tiene que vencer, para defender la causa de las y los humildes de la tierra. Con el profeta Habacuq creemos que las y los soberbios y los corruptos nunca tendrán el favor de nuestras comunidades, mientras que cada persona comprometida, que construye la sociedad justa, democrática y participativa, vivirá por su fidelidad (Hab 2,4).

2. Servidores y servidoras que hacen su trabajo con sencillez

Un grupo de discípulos y discípulas pidió a Jesús que les aumentase la fe. La observancia del compromiso de fe no es en primer lugar un mérito nuestro.  Por eso, es no sólo posible, sino necesario, reconocer que somos servidores y servidoras que no somos imprescindibles (Lc 17,10). Con esto se quiere afirmar con fuerza que la fe es ante todo un don. Nuestra capacidad de vivir la fe en el proyecto de la justicia y de cumplir con nuestros compromisos, es también una gracia. Por eso, la afirmación de que somos pobres servidoras y servidores, es perfectamente coherente con una fe profundamente comprometida.

Sólo las y los que viven y reconocen el don de la fe pueden ser portadores y portadoras de la gratuidad del amor humano-divino. Ellas y ellos están en contraste con aquellas personas que se presentan como maestros y maestras y no dan el testimonio de amor solidario de que nos habla la carta a Timoteo (2 Tim 1,6-7).

A las discípulas y discípulos de Jesús se nos pide hacer nuestro trabajo con sen­cillez, poniendo el Proyecto colectivo de vida buena en el centro de nuestra vida y nuestros intereses. Y si hacemos lo que tenemos que hacer no debemos vanagloriarnos, puesto quien hace producir lo que sembramos es el mismo espíritu divino, y nosotros y nosotras somos simples colaboradoras y colaboradores de ese Proyecto de vida plena (1 Co 3,6).

Si estamos conscientes de nuestros compromisos como organizaciones comunitarias, asociaciones, redes solidarias, comunidades cristia­nas… si estamos  comprometidas y comprometidos con la siembra de la semilla evangélica en nuestros ambientes, si compartimos la lucha por la defensa de la vida de todas las personas, y sobre todo de las mayorías populares empobrecidas y excluidas, en nombre de nuestra fe; simplemente estamos haciendo lo que tenemos que hacer. Por eso, También a nosotros y nosotras Jesús nos invita hoy a decir: “Somos servidores y servidoras que no hacíamos falta; sólo hicimos lo que debíamos hacer” (Lc 17,10).

Para la oración de las y los participantes

1. Para que vivamos nuestro compromiso creyente teniendo a Jesús como referente de amor y entrega solidaria. Recemos…

2. Para que demos nuestra contribución al Proyecto de vida buena con entusiasmo, con pasión y, a la vez, con simplicidad y humildad, conscientes de que ese trabajo es simplemente “lo que debemos hacer”…

3. Para que sean muchos las y los jóvenes que, con simplicidad y humildad, se sientan llamados y llamadas a un servicio total y desinteresado a las y los sectores sociales más empobrecidos y excluidos.

Exhortación final: la Palabra que hemos escuchado nos invita a mirar la reali­dad con los ojos de la fe comprometida y con la agudeza de la conciencia crítica. Al hacernos conscientes del egoísmo y de la injus­ticia que rompe el Proyecto de vida buena, plan de felicidad y fraternidad, pedimos a nuestro Padre que fortalezca nuestra fe; que nos dé su Espíritu de amor y de buen juicio, para realizar nuestro trabajo con sencillez, responsabilidad y fidelidad.

JESUS, MAESTRO, TEN COMPASION DE NOSOTROS C28ºO (11-17/10-10)

ENTRADA: Podemos pasar por la vida siendo indiferentes ante el dolor ajeno o dejando que nuestro corazón se compadezca del sufrimiento de los hermanos y hermanas y haciéndonos solidarios y solidarias con quienes están excluidos y excluidas. Que al reflexionar la palabra y celebrar la fe  aprendamos de Jesús a ser compasivos/as con los/as hermanos/as más necesitados/as.

1ªL:  2º Reyes5,14-17. Naamán quedó sanado.

I:  Naamán era el jefe del ejército de Aram, en la actual Siria, situada al norte de la tierra de Palestina, la tierra de Jesús. Este general era leproso y fue sanado de su enfermedad por medio del profeta Eliseo, quien le hizo el milagro de curarlo de forma desinte­resada. Naamán, según su mentalidad, cree que ha sido Yahvé, el Dios de Israel quien lo ha cura­do, por eso construye un altar en nombre del Dios de Israel, para agradecerle el milagro de su curación.

T:  En aquellos días, Naamán aceptó bajar al Jordán y se baño siete veces como le había dicho Eliseo. Su piel se puso suave como la de un niño y quedó purificado. Entonces Naamán regresó a la casa de Eliseo con toda su gente. Entró y le dijo: Ahora sé que no hay en el mundo otro Dios que el de Israel. Te pido que aceptes es­tos regalos de parte de tu servidor. Pero Eliseo contestó: Lo juro por Yahvé, a quien sirvo: no los aceptaré. Y por más que Naamán insistió, no aceptó sus regalos. Entonces Naamán le dijo: Ya que te niegas, permite que se me den unos sacos de tierra de tu país, la cantidad que puedan cargar dos mulos. La usaré para construir  un altar a Yahvé, pues a ningún otro ofreceré  más sacrificios

Salmo de hoy: Jesús se identifica con el/la empobrecido y excluido/a

  • Vive Jesús en el pobre; vive en el niño, la niña, y el joven. Vive en mi comunidad.
  • Vive Jesús en quien lucha. Vive en quien lucha y trabaja. Vive en quien sabe amar.
  • Vive Jesús en quien ama, y se encarna en su realidad, construyendo día tras días la justicia y la hermandad.

3ªEv Lucas 17,11-19. Maestro, ten compasión de nosotros y nosotras

I:  En el Antiguo Testamento los/as leprosos/as debían vivir separados/as del resto de las personas. Eran unos verdaderos marginados sociales. En el texto evangélico que leemos a continuación Jesús devuelve la salud a 10 lepro­sos, demostrando su compasión por ellos. Sin embargo, de éstos, sólo uno volvió para dar gracias.

T:  De camino a Jerusalén, Jesús pasó por los límites de Samaría y Galilea. Al entrar a un pueblo, diez hombres leprosos le salieron al encuentro. Se queda­ron a cierta distancia y gritaron: Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros. Jesús les dijo: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”. Mientras iban, quedaron sanos. Uno de ellos, al verse sano, volvió de inmediato. Llegó alabando a Dios en alta voz y echándose a los pies de Jesús, con el rostro en tierra, le daba gracias. Este era samaritano. Jesús entonces preguntó: “¿No sanaron los diez? ¿Dónde están los otros nueve? ¿El único que ha vuelto a alabar a Dios  ha sido este extranjero?” En seguida dijo al hombre: “Levántate y vete: tu fe te ha sal­vado”.

PARA LA REFLEXIÓN COMUNITARIA, FAMILIAR O PERSONAL

1. ¿Por qué debemos mantener viva la memoria de la divinidad compasiva, defensora de la vida?

2. ¿Por qué es necesario saber agradecer los dones divinos y dar gratis lo que gratis se ha recibido?

  1. 1. Mantener viva la memoria de la divinidad compasiva defensora de la vida

A lo largo de toda la Biblia, Yahvé, la principal divinidad de Israel,  se nos presenta como alguien que sana y que devuelve la vida. En el Antiguo Testamento estar enfermo o enferma era considerado como un paso previo para la muerte. En otras palabras, se creía que la enfermedad era la antesala de la muerte. Por eso el milagro que se realiza con el general sirio Naamán, por medio del profeta Eliseo, es un signo de que él es el defensor de la vida, allí donde ésta esté amenazada.

A lo largo de todo el Antiguo Testamento nos encontramos con una divinidad, Yahvé, que defiende la vida de su pueblo. Al asesino Caín, no permite que se le mate (Gen 4,15). No permite la muerte del hijo de Abrahán y de la esclava Agar (Gen 21,14-20). No permite la muerte de Isaac (Gen 22,1-19). Protege la vida de José, el hermano vendido por sus hermanos (Gen 37,21-22). Se involucra en el proceso de liberación de un grupo de esclavos y esclavas que necesitan liberarse de la esclavitud egipcia (Gen 3,7-8). Cuando el pueblo se olvida del proyecto colectivo de vida buena, la divinidad les envía profetas para que vuelvan a sus caminos de sal­vación.

Los leprosos, de los que nos habla el Evangelio, al encontrar a Jesús le dicen: “Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros” (Lc 17,13). Lograr la curación, es lo mismo que recuperar la verdadera vida, pues sabemos como la lepra es una enfermedad tan terrible en la que la carne de las perso­nas se va cayendo a pedazos. Además, con la curación de estos leprosos, éstos salen del aislamiento a que se veían obligados por la ley judía  (Lev 13,45-46).

Los leprosos piden a Jesús que sea compasivo con ellos. Y es que la com­pasión es el punto de partida necesario para realizar acciones solidarias en bien del hermano o de la hermana necesitada.

Quien se acuerda de volver a agradecer a Jesús (Lc 17,11-19) es un leproso samaritano, un hombre agradecido, doblemente marginado por su condición de leproso y de “extranjero”. Por ello, camino a Jerusalén, donde  recibirá la muerte a manos de los jefes del pueblo, Jesús da la vida: “Tu fe te ha salvado” (Lc 17,19).

Para nosotros y nosotras, como comunidad de fe, como espacio de vida solidaria, acordarnos de Jesucristo, como dice Pablo (2 Tim 2,8) es hacer nuestro su testimonio de amor sin barreras legales o religiosas. Es hacer nuestra también su preferencia por las y los empobrecidos y las y los despreciados, sin tener en cuenta si es dominicano, haitiano o de otra nacionalidad.

2.  Saber ser agradecidos y agradecidas y dar gratis lo que gratis se ha recibido

Naamán, el sirio, una vez que se sintió curado, descubrió que era nece­sario volver para agradecer a aquella persona que, en nombre de su dios, le había devuelto su salud, y trajo regalos para Eliseo el profeta que lo había curado (2 Re 5,15). Es la reac­ción normal de una persona que sabe reconocer los beneficios que se le hacen. De hecho, el refrán popular dice: “Es de personas nobles el saber ser agrade­cidos y agradecidas”.

Cuando el militar se ve curado, ofrece regalos al profeta. Sin embargo Eliseo no acepta regalos. Da gratis lo que a él se le ha dado gratis. En defi­nitiva, el profeta quiere expresar que si Naamán ha sido curado, no ha sido él quien lo ha liberado de la lepra, sino Dios, a quien el profeta sirve. Naa­mán entiende la lección del profeta, y se decide a hacer un altar dedicado a Yahvé en su propia tierra. Ha comprendido que el cambio experimentado es tal, que de ahora en adelante su vida se va a convertir en una acción de gracias.

De los 10 leprosos que Jesús sanó, sólo uno volvió para dar gracias a Jesús, y éste era un samaritano quien era considerado como un extran­jero por los judíos. Nueve de ellos, como fieles a la ley judía, van a cumplir con el rito de su código religioso. Sólo un extranjero, un samaritano, comprende la grandeza del don recibido y retorna a agradecer. Doblemente marginado, como leproso y como extranjero, es el único que se deja deslumbrar por las maravillas del amor solidario y es capaz de dar gracias. El más pobre, el más desvalido por su doble condición de leproso y extranjero, es sin embargo el sujeto de la predilección; el único que podrá oír de labios de Jesús la palabra salvadora: “Levántate y vete en paz; tu fe te ha salvado” (Lc 17,19).

Todas y todos los creyentes y militantes, tenemos el compromiso de dar gratis la fe que gratis hemos recibido. Debemos comunicar la Palabra de Jesús, como mensaje de vida y de salvación. No debemos buscar regalos ni recompensas humanas por el trabajo que hacemos. En definitiva el Proyecto de vida feliz y liberada tiene una dimensión pública y comunitaria y nosotras somos simples colaboradoras y colaboradores.

Para la oración de las y los participantes

1. Por los modernos “leprosos”, los que la sociedad evita… para que nuestra fe rompa con esa imposición social y demos testimonio de una fraternidad y sororidad que salta fronteras y separaciones…

2. Para que, como Jesús, estemos atentas y atentos a recibir la sorpresa de la gratitud del extranjero, del pagano, del no creyente… y para que nosotras y nosotros mismos seamos siempre agradecidos y agradecidas.

3. Para que las y los jesuánico-cristianos/as defendamos el derecho de las y  los empobrecidos, hombres y mujeres, a buscar mejores condiciones de vida fuera de sus fronteras, cuando a los capitales de sus países nunca se les opuso resistencia para su fuga, y cuando el mercado libre proclama la igualdad de oportunidades para todos y todas.

Exhortación final: El texto que hemos meditado nos invita a imitar la actitud del Jesús compasivo con las y los excluidos sociales. Debemos anunciarles una Palabra que es fuente de libertad, que no está encadenada y debemos acom­pañar ese anuncio con acciones solidarias que ayuden a crear conciencia social y vayan en beneficio de la gente necesitada. En ese trabajo tenemos que cultivar el valor de la gratitud, y compartir con las y los demás hermanos y hermanas, de forma gratuita, lo que gratis hemos recibido.

EXIGIR LOS DERECHOS CON INSISTENCIA Y SIN DESANIMARSE C29ºO (18-24/10/10)

ENTRADA: Nosotros y nosotras estamos comprometidos y comprometidas con la causa de la justicia que beneficia a las y los pobres e indefensos/as. Para realizar esa justicia Jesús denunció las injusticias y asumió con responsabilidad un proyecto de vida buena. Dejémonos guiar por el espíritu divino para que, habiendo descubriendo nuestra vocación de servicio solidario, lo podamos realizar con decisión y valentía.

1ªL: Exodo 17,8-13. Mientras Josué lucha, Moisés está en oración

I: En el camino hacia la tierra de Canaán, los judíos tuvieron que librar varias batallas con los pueblos que encontraban a su paso y que no les permi­tían continuar el recorrido que los llevaría a la tierra que ellos y ellas consideraban prometida por su divinidad. Mientras que Josué dirige la batalla en contra de los Amalecitas, Moisés está en oración.

T: Estando Israel en Refidim, vinieron los amalecitas y lo atacaron. Moisés dijo a Josué: Elige algunos hombres y márchate en la mañana a pelear contra los amalecitas. Yo, por mi parte, me pondré en lo alto de la loma, con el bas­tón de Dios en mi mano. Josué cumplió las órdenes de Moisés y salió a pelear contra los amalecitas. Mientras tanto, Moisés, Aarón y Jur subieron a la cum­bre de la loma, y sucedió que mientras Moisés tenía las manos arriba, se impo­nía Israel, pero cuando las bajaba, se imponían los amalecitas. Se le cansaron los brazos a Moisés; entonces tomaron una piedra y sentaron a Moisés sobre e­lla, mientras Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado. Así, Moisés mantuvo sus brazos alzados hasta la puesta del sol y Josué hizo una enorme matanza entre la gente de Amalec.

Salmo de hoy: Cuando el pobre crea en el pobre, ya podremos cantar libertad

  • Cuando el pobre crea en el pobre construiremos la fraternidad y la sororidad.
  • Al luchar por los hermanos y hermanas se hace la comunidad. Jesús vive en la solidaridad.
  • Cuando el pobre busca al pobre y nace la organización es que empieza nuestra liberación.
  • Cuando el pobre anuncia al pobre la esperanza que Jesús nos dio, ya su proyecto de vida entre nosotros y nosotras nació.

3ªEv Lucas 18,1-8. Orar siempre sin desanimarse

I: El texto evangélico que leemos a continuación nos habla de la importancia de defender valientemente  el propio derecho. Hace la comparación entre la actitud del juez que no quería es­cuchar a la viuda y la actitud de ésta que se mantiene bien firme en su reclamo. Por su insistencia obtuvo la justicia esperada.

T: En aquel tiempo, Jesús, para explicar a los discípulos y discípulas cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: “En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaba nadie. En esa misma ciudad había una viuda que vino done él a decirle: “Hágame justicia contra mi adversario”. El juez no le hizo caso durante un buen tiempo. Pero al final pensó: “Aunque no temo a Dios y no me importa nadie, esta viuda me molesta tanto que le voy a hacer justicia; así ya no volverá a romperme la cabeza”. Y el Señor dijo: “¿Se han fijado en las palabras del juez malo? Ahora bien, ¿Dios no les hará justi­cia a sus elegidos si claman a él día y noche, mientras él demora en escuchar­les? Todo lo contrario; pues les aseguro que Dios hará justicia en favor de ellos, y lo hará pronto. Pero, cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?

PARA LA REFLEXIÓN COMUNITARIA, FAMILIAR O PERSONAL

1. ¿Por qué debemos defender nuestro derecho con insistencia?

2. ¿Por qué podemos decir que la comunidad de fe debe comprometerse con la causa de la justicia?

1.La capacidad de defender nuestro derecho con valentía

La lectura del libro del Exodo que hemos leído hoy nos presenta a dos seguidores de Dios, que son líderes del pueblo de Israel, en el camino hacia la tierra prometida: Moisés y Josué. El pueblo quiere continuar su ruta hacia la tierra de Canaán, la cual tendrán que conquistar. Pero lo impiden los pueblos que encuentran en su camino. Se hace necesaria la lucha  armada para poder seguir el camino hacia la tierra prometida. Mientras Josué organiza la batalla en contra de los Amalecitas, Moisés sube al monte para interceder por el pueblo y pedir a su Dios que les de la victoria en la batalla (Ex 17,10).

Mientras Josué organiza la batalla, Moisés tenía sus brazos en alto, intercediendo por su pueblo. Nos dice el texto que mientras Moisés tenía sus brazos levantados su pueblo vencía la batalla contra los amalecitas, cuando los bajaba pasaba lo contrario.

El ejemplo de Moisés y de Josué puede ayudarnos. En la vida cristiana y el compromiso con la transformación de una realidad de injusticia, corrupción y opresión no podemos hacer separación entre nuestra oración y el trabajo que tenemos que hacer cada día para realizar la misión que se nos ha encomendado. Nuestra oración y nuestra espiritualidad tienen que estar encarnadas en nuestro trabajo evangelizador y en nuestras luchas por conseguir mejores condiciones de vida para todos y todas,  desde el ambien­te en el que a cada una y a cada uno le toca vivir.

Como otras parábolas evangélicas, la que  hemos leído hoy tiene también un “final feliz”, no tan feliz como la vida misma. Porque ¿cuánta gente muere sin que se le haga justicia, a pesar de haber estado de por vida suplicando al Dios del cielo? ¿Cuántos mártires esperaron en vano la intervención divina en el momento de su ajusticiamiento? ¿Cuántos pobres luchan por sobrevivir sin que nadie les haga justicia? Muchos creyentes se preguntan hasta cuándo va a durar el “silencio de Dios”, cuándo va a intervenir en este mundo de desorden e injusticia legalizada… ¿Cómo permite el Dios de la paz y del amor esas guerras tan sangrientas y crueles, la demencial carrera de armamentos, el derroche de recursos para la destrucción del medio ambiente, la existencia de un tercer y cuarto mundos que desfallecen de hambre, y el aumento de la disparidad de vida entre países y entre ciudadanos y ciudadanas?

  1. 2. Una comunidad comprometida con la causa de la justicia

Como la viuda del evangelio, el jesuánico-cristiano, consciente de la compañía del espíritu divino en su compromiso con la causa de la justicia y la fraternidad, no debe desfallecer en su anhelo de construir el Proyecto de Vida Buena, en su búsqueda tenaz, en su convicción mantenida “a pesar de” las circunstancias negativas, “aunque es de noche”… La insistencia en la oración no será para él el recurso a una fuerza externa cuasimágica que nos “concede” lo que pedimos desde fuera, sino que será más bien la expresión de su deseo más profundo, y con ello su propio fortalecimiento en la lucha por la consecución de la utopía que persigue.

El juez del que nos habla el Evangelio de hoy hizo justicia a la viuda simplemente para quitársela de encima (Lc 18,4-5). La actuación del juez no  se puede comparar con la forma de actuar de Dios, quien con mucha mayor razón escuchará a sus elegidas y elegidos cuando clamen a él “día y noche” (Lc 18,7), aun cuando a veces parece demorar. Se trata en ocasiones de gritos insistentes, tan vez desesperados, de clamores por la justicia, hacia quien se considera el juez justo y misericordioso como último recurso. Lo mismo sucede con la oración de Moisés, cuando en un riesgo mortal para su pueblo, con los brazos extendidos pedía a su Dios por las y los suyos (Ex 17,11-12). Oración que es la de la necesidad extrema, la que viven tantas personas de nuestros pueblos empobrecidos, excluidos y maltratados de nuestra isla, el Caribe, América Latina y el mundo.

Como comunidad jesuánico-cristiana debemos seguir creyendo en la causa de la justicia. Debemos luchar para construir el Proyecto de Vida Buena, convencidas y convencidos de que todo lo demás vendrá por añadidura (Mt 6,33). Nuestro compromiso de trabajo es para todo momento, mientras tengamos aliento de vida y hasta que se hagan realidad los cielos nuevos y la tierra nueva en donde habite la justicia (2 Pe 3,13).

Para la oración de las y los participantes

1. Por las y los jesuánico- cristianos y las mujeres y hombres que construyen la nueva sociedad justa, para que creamos siempre en el valor de la oración encarnada y comprometida, sin tener que identificarla con un recurso mágico o un remedio fácil para nuestros problemas. Recemos.

2. Por las y los jesuánico-cristianos y personas de buena voluntad que participan en la administración de la “cosa pública”, para que den ejemplo de celo por el bien común, frente a la ola de corrupción, falta de ética y el individualismo que invade nuestra sociedad…

3. Por las y los jesuánico-cristianos que participan en la administración de la justicia, para que comprendan que antes que cualquier otra cosa, lo que espera de ellos y ellas es un testimonio cabal de integridad y honradez…

Exhortación final: El texto bíblico reflexionado nos ha hablado de la necesidad de unir la oración y el trabajo, la reflexión y la praxis liberadora, para que se vaya haciendo realidad en medio de nuestro ambiente el Proyecto de la vida buena. En ese Proyecto ocupa un lugar primordial la lucha por la causa de la justicia, como el mejor instrumento que nos impulsa a crear las condiciones humanas y sociales que nos permitan compartir como hermanas y her­manos en la mesa de la fraternidad, donde todos los hombres y mujeres tie­nen su lugar y su pan asegurado.

LA SOBERBIA HACE PERDER LA RAZON Y LA VERGUENZA C30ºO (25-31/10/10)

ENTRADA: Nos reunimos como hermanos y hermanas porque formamos parte de la comunidad jesuánico-cristiana, inspirada en la vida y en la práctica solidaria de Jesús de Nazaret. Jesús quiere que vivamos con sencillez y humildad, sin creernos mejores que nadie y reconociendo nuestras potencialidades y limitaciones.

1ªL:     Eclesiástico 35,15-17. 20-22. Una divinidad que escucha la súplica de la persona oprimida

I: El libro del Eclesiástico recoge parte de la sabiduría del pueblo de Israel. La siguiente lectura nos habla de una divinidad cercana y solidaria con el/la empobrecido/a, el/la oprimido/a, el huérfano y  la viuda.  A sus fieles les pide ac­tuar con generosidad porque no quedará sin recompensar toda obra de bien hecha en favor de los/as más necesitados/as e indefensos/as.

T: Yahvé es un juez que no toma en cuenta la condición de las personas. El no se deja influenciar por la situación del que perjudica al/a la empobrecido/a; escucha más bien la oración del oprimido y de la oprimida. No desoye la súplica del/de la huérfano/a, ni de la viuda, cuando cuenta sus penurias. El que sirve a Yahvé con todo su corazón es oído y su súplica llega hasta las nubes. La oración del humilde traspasa las nubes, y mientras ella no llegue a su des­tino, no será consolado. No cesa hasta que el Altísimo lo haya mirado, haya hecho justicia a los buenos y restablecido el derecho. Y el Yahvé no tardará; no soportará más a los hombres y mujeres despiadados/as hasta que les quebrante las espal­das, hasta que castigue a los paganos, extermine la multitud de los violentos y destruya el poder de la gente injusta.

Salmo de hoy: Quiero caminar con amor y humildad

  • Jesús quiero caminar, sin fijarme en las espinas, que se pegan al andar, al andar por los caminos.
  • Dame amor, dame humildad, y yo moveré montañas. Si Jesús, tú me acompañas, qué me pudiera faltar.
  • Si me sintiera caer, si las fuerzas me faltaran, recordando tu mirada, volvería a renacer.

3ªEv Lucas  18,9-14.  Mantenerse al nivel de la gente sencilla

I: En el Evangelio que leemos a continuación Jesús nos habla de la impor­tancia de la humildad en la relación con los hermanos y hermanas y con la divinidad. Por eso la oración del fariseo soberbio no es escuchada, mientras que la oración del publicano, que sabe re­conocer sus errores y pide compasión es acogida.

T: En aquel tiempo Jesús puso esta comparación por algunas personas que estaban convencidas de ser justas y despreciaban a las demás: “Dos hombres subieron al Templo a orar, uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo, de pies, oraba en su interior de esta manera: Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos, adúlteros, o como ese publicano que está allí. Ayuno dos veces por semana, doy la décima parte de todo lo que tengo. El pu­blicano, en cambio, se quedaba atrás y no se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios mío, ten piedad de mí que soy un pecador. Yo les digo que este último bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se hace grande será humillado, y el que se humille será hecho grande.

PARA LA REFLEXIÓN COMUNITARIA, FAMILIAR O PERSONAL

1. ¿Por qué escuchar la súplica de las y los excluidos?

2. ¿Cómo y por qué mantener la fe en medio de las situaciones más difíciles?

1. La escucha de la súplica de las y los excluidos

Yahvé, la divinidad de Israel demostró una especial predilección por las y los oprimidos, las y los excluidos, por el huérfano y la viuda, quienes son en la Biblia, el modelo de la gente desprotegi­da e indefensa. En una sociedad machista como la judía, en la que el hombre era quien ganaba el sustento de la familia y tomaba las principales decisiones, quedarse sin padre o sin esposo, significaba caer en la miseria, si no se provenía de una familia que tuviese bienes y posesiones acumuladas.

Yahvé es un juez celoso que no se deja sobornar por los poderosos que quieren utilizar su dinero para comprar las sentencias que, casi siempre, perju­dican al más débil e indefenso. Sus seguidores y seguidoras creían que El, tarde o temprano, hace justicia a aquellas personas pisoteadas, y paga a las y los injustos según su conducta malvada.

El libro del Eclesiástico nos dice que la oración del humilde tras­pasa a las nubes (Eclo 35,21); es decir, el humilde tiene comunicación directa con el Dios de Israel, puesto que El se acerca y escucha la oración del cada persona excluida.

Si queremos imitar la conducta divina, es necesario que aprendamos a escuchar a las y los oprimidos, huérfanos, a las viudas desprotegidas, a los hombres y a las mujeres que se encuentran oprimidas y desanimadas porque el peso de la vida no les permite mirar el futuro con esperanza.

2. Mantener la fe en medio de situaciones difíciles y evitar la hipocresía farisaica

Hacia el año 160 a.C., en el tiempo de la revolución de los Macabeos contra el imperio griego de los seléucidas, se formaron en la nación judía grupos  religiosos para salvar la pureza de la fe y las costumbres judías frente a los enemigos griegos que querían imponer su cultura a todos los pueblos que dominaban. Entre estos grupos están los fariseos. Algunos de ellos eran sacerdotes, otros eran rabinos; la mayor parte era gente normal del pueblo. La gente veía en ellos sus guías espirituales y los llamaba maestros. Exigían a la gente un trato especial y honorífico. Ellos tenían poder en el pueblo para decidir lo que estaba prohibido o permitido.

El fariseo formaba parte de un grupo religioso cuyos miembros se creían mejores que todas las demás personas. Pagaban la décima parte de lo que producían pero olvidaban lo más importante el amor y la justicia (Lc 11,42). Por eso, conti­nuamente Jesús les echa en cara su conducta errada. Les llamas hipócritas y se­pulcros blanqueados (Lc 11,44). Afirma que por dentro están llenos de rapiña y de maldad (Lc 11,39). Se creen justos pero desprecian a las demás personas (Lc 18,9).

En la parábola que hemos leído hoy (Lc 18,9-14) hay diferencias en las actitudes externas del fariseo y del publicano despreciado: el fariseo se adelanta y erguido (de pie) comienza su oración; el publicano se queda atrás; está inclinado, pues no se atreve a levantar los ojos y se golpea el pecho. Hay también diferencia en las palabras que pronuncian en el interior de cada uno. El fariseo habla con soberbia destacando sus méritos. El publicano sólo pide piedad porque se reconoce pecador. Pero es en la actitud de fondo donde el contraste es mayor. El fariseo no hace oración porque no necesita de Dios. Está lleno de sí mismo y sólo puede contemplarse a sí mismo; él es su propio dios.

El fariseo no sólo se creía justo, sino que despreciaba a los demás. Y Dios no podía admitir esta actitud, en primer lugar porque en esta vida no hay nadie que se pueda presentar como justo, y en segundo lugar, por tanto, porque todos y todas somos de alguna manera pecadores, y por esto mismo, no tenemos razones para despreciar a las demás personas.

El fariseísmo consiste en sentirse justificado y puro, distinto a las y los demás (Lc 18,11), a partir del cumplimiento formal de exigencias religiosas. Esa incoherencia está presente en el comportamiento de muchas y muchos cristianos y cristianas, y es una peligrosa posibilidad para todos y todas las y los que pertenecemos a la Iglesia de Jesús.

Paradójicamente, en la parábola que hemos leído hoy, queda mal el piadoso y bien el recaudador. Y es que el Dios de Israel condena la altanería de quienes, por sus buenas obras, miran a los demás por encima del hombro. El engreimiento molesta a Dios y daña la convivencia humana. Dios se fija en aquellos en los que nadie se fija y oye a quienes se dirigen a él con el corazón abierto, libre de orgullo y palabrerías vanas. El Dios de Jesús está con quienes saben situarse como seres humanos íntegros, no despreciando a  sus hermanos y hermanas.

Los/as que estamos viviendo la fe comprometida en diferentes espacios corremos el riesgo de creernos los/as mejores que los/as demás, los/as que no nece­sitan de conversión. Este es un grave error en el que no debemos caer, si que­remos mantener nuestra amistad con el Dios que afirma claramente: “Todo aquel que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado” (Lc 18,­14). Lo que el Maestro quiere de su comunidad profética comprometida es una actitud humilde y servidora, que no tema reconocer sus errores pecadora y que viva como una gracia el amor y el perdón de Dios.

Para la oración de las y los participantes

1. Para que nuestras comunidades de fe y de amor solidario sean ejemplo de relaciones fraternas maduras, donde cada persona ponga todos sus dones al servicio de los demás y todos y todas valoren los dones -pequeños o grandes- que Dios dio incluso al más pequeño de los hermanos y hermanas. Recemos

2. Para que la Iglesia cristiana comprometida dé al mundo el ejemplo de ser una comunidad en cuyo seno sus miembros no buscan el poder ni el arribismo, sino el servicio desinteresado y humilde. Recemos.

3. Para que seamos siempre transparentes en nuestra relación con las y los demás, evitando todo tipo de fariseísmo. Recemos.

Exhortación final: Se nos ha invitado a fortalecer nuestra fe y nuestra integración en la comunidad solidaria, que escucha la oración de la persona humilde, cierra sus oídos ante los discursos vacíos de las y los soberbios, y hace justicia en favor de sus hijas e hijos más débiles. A nosotros y nosotras se nos pide tener un corazón humilde que sepa, como el publicano, reconocer el propio egoísmo, la propia injusticia, evitando el orgullo farisaico e imitándole en su amor por las y los más necesitados, como expresión de una fe comprometida con la causa del  Proyecto de vida y de salvación de nuestro Dios.


Reflexiones Bíblicas semanales. Agosto 2010

agosto 6, 2010

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDOM)

C/ 3 No. 9. El Milloncito, Sabana Perdida. Santo Domingo Norte. Rep. Dominicana

Tel/fax. 809-568-8560. E-mail: rebido@gmail.com, rebido07@yahoo.es

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BUSCANDO EL VERDADERO SENTIDO DE LA VIDA  C18°O (2-8/8/10)

INTRODUCCION: Nos reunimos porque tenemos un proyecto de vida plena que da sentido a nuestra vida, a nuestro trabajo y también a nuestras dificultades y problemas encontrados, al intentar vivir de acuerdo al mandamiento del amor solidario.

Comprometernos con un Proyecto de vida plena es para nosotros/as fuente de alegría y esperanza. En ese camino contamos con la solidaridad del Espíritu divino y la compañía de hermanas y hermanos que nos animan en el caminar. Por eso nos reunimos para celebrar nuestras luchas en medio de nuestra comunidad de fe, de esperanza y solidaridad.

LPT: Eclesiastés 1,2; 2,21-23.  Buscando un sentido para vivir

I:  El autor del libro del Eclesiastés, llamado Qohélet, se pregunta sobre el sentido de la vida.  Haciéndose pasar por un rey, hijo de David, descubre la falta de sentido de una vida que busca riquezas, poder y placeres como principal finalidad. Al final descubre la felicidad en las cosas sencillas de la vida: comer, beber, disfrutar del fruto del trabajo y pasarlo bien junto a una persona amada.

T:  ¡Esto no tiene sentido!, decía Qohélet, ¡esto no tiene sentido, nada a qué aferrarse! Después de haber trabajado con  inteligencia, sabiduría y habilidad, uno tiene que dejárselo todo  a otra persona que nada ha hecho.

¡Muy pésimo negocio es ese: todo se nos escapa! ¿Cómo gozará  el ser humano de todo aquello por lo cual ha trabajado bajo el sol, en medio de tantas fatigas y preocupaciones?  Pues todos sus  días han sido penosos, a tal punto que perdía el sueño y aún de noche su  corazón no descansaba. Eso es algo que no tiene sentido.

Salmo de hoy:  Lo que Dios me ha regalado, nadie me lo debe quitar

  • ¿Por qué he de ser un mendigo o una mendiga de esta injusta sociedad? A quien yo doy mi trabajo, puedo exigirle mi pan. Justicio pido con indignación, justicia tendrán que dar.
  • Dios hizo a la gente libre, como el cielo y el mar. A El pongo por testigo de esta gran desigualdad. No quiero que me regalen lo que yo puedo ganar.
  • Soy un eterno caminante, en busca de libertad. Agente de mi presente y de mi destino quiero hacer mi caminar; a la luz de las estrellas, buscando la verdad.

L.Ev.: Lucas 12,13-21. Eviten toda clase de codicia

I:   En la lectura evangélica Jesús llama a la atención a la gente que lo seguía sobre el peligro de poner el centro de la vida de uno/a en la búsqueda de riquezas y de placeres. Quienes así lo hacen son considerados/as tontos/as por Dios.  Se invita a buscar lo que produce un verdadero bienestar: dedicar la vida a la causa de la justicia y la defensa de la vida.

T: En aquel tiempo uno de entre la gente pidió a Jesús: «Maestro, dile a mi hermano que me dé mi parte de la herencia.»  Le contestó: «Amigo, ¿quién me ha nombrado juez o repartidor entre ustedes?».  Después dijo a la gente: «Eviten con gran cuidado toda clase de codicia, porque aunque uno lo tenga todo, no son sus posesiones las que le dan vida.»

A continuación les propuso este ejemplo: «Había un hombre rico, al que sus campos le habían producido mucho. Pensaba: ¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mis cosechas. Y se dijo: Haré lo siguiente: echaré abajo mis graneros y construiré otros más grandes; allí amontonaré todo mi trigo, todas mis reservas. Entonces yo conmigo hablaré: Alma mía, tienes aquí muchas cosas guardadas para muchos años; descansa, come, bebe, pásalo bien.».  Pero Dios le dijo: “¡Pobre loco! Esta misma noche te reclaman tu alma. ¿Quién se quedará con lo que has preparado?”

Esto vale para toda persona que amontona para sí misma, en vez de acumular para Dios.»

PARA LA REFLEXION Y EL DIALOGO FAMILIAR Y COMUNITARIO

1. ¿Qué significa vivir con sabiduría?

2. ¿Por qué es necesario resistir ante la codicia que promueve la sociedad de consumo y el proyecto neo-liberal?

1. La necesidad de vivir con sabiduría

La lectura del libro de Qohelet  (el predicador o comunitario) que hemos hecho hoy nos puede ayudar a descubrir dónde está el verdadero sentido de la vida (Ec 1,2.21-23). Qohelet tuvo que vivir en su tierra dominada por el imperio griego de los Ptolomeos (hacia el s. 3 a.C.). En medio de una situación de opresión Qohélet se pregunta sobre la mejor forma de vivir.

Haciéndose pasar por un príncipe, hijo de David, descubre tantas cosas absurdas o  sin sentido en la vida. Intentó dedicarse en profundidad al estudio y a las ciencias, pero a eso no le encontró sentido (Ec 1,12-18).  Después se dedicó a buscar todo tipo de placeres  (2,1-3), pero en eso no descubrió un motivo valedero para seguir viviendo. Después se construyó palacios y grandes obras, sembró grandes fincas, adquirió ganado, acumuló dinero (2,4-11) pero todo eso no llegó a llenar el vacío profundo que había en su vida. Se queja de lo absurdo de trabajar continuamente para que otras personas hereden lo que no han trabajado.

Al final Qohélet se contenta con las pequeñas cosas placenteras de la vida; por eso dice que no hay mayor felicidad para una persona que comer, beber, y divertirse, gozar la vida con la mujer (o el hombre) que se ama y pasarlo bien gracias a su trabajo (Ec 2,24; 5,17; 8,15; 9,9).

Como comunidad de fe descubrimos que Jesús nos ha revelado el verdadero sentido para vivir. Como Qohélet creemos que es necesario saber disfrutar de las cosas sencillas de la vida sin caer en el error de buscar la felicidad donde no está. Pero no basta. Nuestra verdadera felicidad la encontraremos cuando seamos capaces de trabajar por la defensa de la vida, de asumir la cruz y el sufrimiento que nos exige nuestro compromiso cotidiano con el Proyecto de Dios y con el mejoramiento de las condiciones de vida de nuestro pueblo.

2. Vida jesuánico-cristiana, codicia, sociedad de consumo  y proyecto neo-liberal

Las lecturas que hemos leído hoy nos han llamado la atención sobre el peligro que representa para cualquier persona la búsqueda insaciable de dinero. El Qohélet admite que ha intentado buscar dinero y poder, pero que eso no le ha dado la felicidad (Ecl 2,8). Pablo, en su carta a los Colosenses, les invita a evitar “la codicia con la que uno se hace esclavo de los ídolos” (Col 3,5).  Y es que la búsqueda desordenada del dinero se convierte en un ídolo, en un dios que se pone en el lugar del Dios verdadero.

El texto del evangelio según Lucas que hemos leído hoy sólo lo encontramos en este evangelista.  Jesús está en medio de la gente. Uno grita pidiéndole a Jesús que intervenga para que su hermano reparta la herencia con él.  Jesús rechaza el meterse en el asunto, no es su terreno, por eso le dice: “Amigo, ¿quién me ha hecho juez o partidor de herencia entre ustedes?” (Lc 12,14). Sin embargo, Jesús aprovecha la ocasión para dar a la gente un mensaje importante: hay que evitar la esclavitud de la codicia, de la ambición que no se detiene, porque el sentido de la vida, no está en las cosas que una persona pueda poseer.

Contra la pretendida seguridad que parecen manifestar los que tienen riquezas en este mundo Lucas nos presenta una parábola, presentada como un monólogo; es decir, una persona que habla sola. Se trata de un hombre rico arrogante, satisfecho con el resultado de su cosecha. No sólo está confiado en sus bienes, sino también dispuesto a usarlos en exclusivo beneficio propio. Se dice a sí mismo: “Alma mía, tienes muchas cosas almacenadas para muchos años; descansa, come, bebe, pásalo bien” (Lc 12,19).

La parábola de Jesús que hemos leído hoy recoge una experiencia de la vida cotidiana. Las personas están dispuestas a amontonar riquezas para sentirse seguros de sí mismos. Sin embargo no aprencian el valor de la vida misma. Su apego a lo material no les dejan ver otra cosa que sus propias ambiciones.

En esta sociedad neoliberal en que vivimos experimentamos esta situación. El desarrollo del sistema capitalista en su versión neo-liberal, lleva a los seres humanos a buscar por encima de todo la acumulación de dinero y de cosas y convertirse en maniáticos del trabajo lucrativo y de la eficiencia comercial. En esta sociedad sólo existen “clientes, mercado, consumidores, compraventa, jefes, “hombres y mujeres de negocios”, la gente rica. Los demás son considerados como sobra.

En el fondo, la situación que vivimos hoy no es de hoy. El capitalismo triunfante lleva ya cinco siglos. Y los cristianos y los hombres y mujeres comprometidos con la causa de la justicia no hemos podido ponerle freno hasta ahora, y quien se lo va a poner será la propia naturaleza que ve como sus recursos se van deteriorando: la desaparición de los bosques, la contaminación de la atmósfera, el agujero de la capa de ozono, la desaparición de los ríos.

Como creyentes tenemos un gran desafío con la defensa de la vida amenazada por esta sociedad neo-liberal. Es necesario seguir proclamando a los cuatro vientos las palabras de Jesús: “la vida no está en los bienes”. La vida tiene valor en sí misma. Es un Don al que todos los seres humanos tienen derecho. Nuestro trabajo no puede llevarnos a la acumulación inconsciente e innecesaria de cosas, de dinero, de placeres, mientras hay tantos hermanos y hermanas  que con su trabajo ni siquiera consiguen los recursos para alimentar adecuadamente a sus familias. El trabajo debe ser humanizado. No puede ser sólo un mecanismo de sobrevivencia, sino, ante todo, un lugar de realización de un proyecto de vida orientado a alcanzar mejores condiciones de vida para todas las personas y en especial para las más débiles y empobrecidas. Nosotros experimentamos intensamente esta situación.

Por esto, hoy se necesita con mayor urgencia proclamar las palabras de Jesús: “la vida no está en los bienes”. La vida tiene valor en sí misma. Es un Don al que todos los seres humanos tienen derecho. Nuestro trabajo no puede ser únicamente la acumulación inconsciente e innecesaria de cosas, de dinero, de placeres. Nuestro trabajo debe ser humanizado. No puede estar en función del éxito comercial sino del crecimiento como personas. No puede ser sólo un mecanismo de sobrevivencia, sino, ante todo, un lugar de realización de un proyecto de vida orientado completamente a alcanzar la plenitud del ser humano a los ojos de Dios.

Para la oración de las y los participantes

  • Para que no utilicemos la religión para intereses personales privados, como aquellos discípulos que querían que Jesús les resolviese sus problemas familiares de herencia, recemos…
  • Para que la codicia no sea el motor de nuestra vida, y hagamos nuestro el recordatorio de Jesús de que la vida no depende de los bienes…
  • Para que se extienda en el mundo la conciencia de que estamos llegando a los límites del crecimiento, y que si no damos un giro en nuestro comportamiento colectivo peligra nuestra vida y la vida del planeta…

Exhortación final: La palabra nos ha invitado a pensar seriamente en qué proyecto tenemos puesta nuestra vida. Nos acecha la tentación de seguir la ruta de quienes andan por la vida buscando, de forma desesperada poder y dinero, a cualquier precio.  Es por eso que se hace necesario fortalecer nuestra decisión de vivir de forma alternativa, buscando la causa del “Reino de Dios y su justicia”, como nos propuso Jesús.

CON LA ROPA PUESTA Y LAS LAMPARAS ENCENDIDAS C19°O (9-15/8/10)

INTRODUCCION: Formamos parte de una comunidad de fe fundamentada en la vida de Jesús: en sus palabras salvadoras, en su vida solidaria, y en su resurrección. Esa fe nos exige el compromiso de estar siempre dispuestos/as para la misión, con la ropa puesta y las lámparas encendidas, realizando el trabajo que se nos ha encomendado, mientras esperamos la realización del sueño compartido: una tierra nueva y liberada en donde las relaciones estén fundamentadas en el respeto mutuo, el amor, la justicia y la solidaridad.

LPT: Sabiduría 18,6-9. El compromiso de solidaridad en cada momento

I:   La lectura del libro de la Sabiduría que escuchamos hoy hace referencia a la noche de la pascua liberadora cuando un grupo de gente esclavizada, que luego se unió a otros grupos que andaban buscando tierra para asentarse y  formarían el pueblo de Israel salió de Egipto, la tierra de la esclavitud. Ese pueblo se organizó para salir de la tierra de la esclavitud y asumir el compromiso de vivir la solidaridad fraterna en los momentos buenos y en los difíciles.

T:   Esa noche había sido anunciada a nuestros padres y madres, para que supieran después valorar tus promesas y depositaran en ellas su confianza. Tu pueblo, pues, aguardaba el momento en que las personas justas serían salvadas y sus enemigos y enemigas, arruinados; al castigar a nuestros adversarios cubriste de gloria a tus elegidos, es decir, a nosotros mismos.

Tus santos, santas,  hijos e hijas, la raza de los buenos, ofrecieron pues en secreto el sacrificio y se comprometieron a observar esa ley divina: el pueblo seguiría siendo solidario tanto en los éxitos como en los peligros; después de lo cual entonaron los cantos de sus antepasados.

Salmo de Hoy: Solidarias y solidarios en el camino de la vida

  • Ningún camino es largo para quien tiene fe y solidaridad. Ningún esfuerzo es grande para  quien ama. Ningún proyecto es vacío para quien lucha.
  • Cambiemos las promesas en realidades; luchemos como hermanas y hermanos por la justicia; sembremos hoy la aurora de un nuevo día.
  • El pan que trabajamos con nuestras manos; la lucha que llevamos con alegría, traerán la primavera a nuestra tierra, a nuestras comunidades, a nuestro pueblo, a nuestras vidas.

L.Ev.: Lucas 12,32-48. Tengan puesta la ropa de trabajo y las lámparas encendidas

I:   La lectura evangélica nos presenta a Jesús dando ánimo al pequeño grupo de discípulos y discípulas que compartían su proyecto de vida. A ellos/as precisamente ha querido el Padre hacerlos/as merecedores/as de colaborar con un Proyecto de Vida Buena. Sin embargo el don de la fe exige también el compromiso de vivir despiertos/as, en actitud de alerta y dispuestos/as al servicio fraterno y sororal en cada momento.

T:  En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos y discípulas: No temas, pequeño rebaño, porque al Padre de ustedes le agradó darles el Reino. Vendan lo que tienen y repártanlo en limosnas. Háganse junto a Dios bolsillos que no se rompen de viejos y reservas que no se acaban; allí no llega el ladrón, y no hay polilla que destroce. Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Tengan puesta la ropa de trabajo y sus lámparas encendidas. Sean como personas que esperan que su patrón regrese de la boda para abrirle apenas llegue y golpee a la puerta. Felices los sirvientes a los que el patrón encuentre velando a su llegada. Yo les aseguro que él mismo se pondrá el delantal, los hará sentar a la mesa y los servirá uno por uno. Y si es la medianoche, o la madrugada cuando llega y los encuentra así, ¡felices esos sirvientes!

Si el dueño de casa supiera a qué hora vendrá el ladrón, ustedes entienden que se mantendría despierto y no le dejaría romper el muro. Estén también ustedes preparados, porque el Hijo del Hombre llegará a la hora que menos esperan.»

Pedro preguntó: «Señor, esta parábola que has contado, ¿es sólo para nosotros o es para todos?».  El Señor contestó: «Imagínense a un administrador digno de confianza y capaz. Su señor lo ha puesto al frente de sus sirvientes y es él quien les repartirá a su debido tiempo la ración de trigo. Afortunado ese servidor si al llegar su señor lo encuentra cumpliendo su deber. En verdad les digo que le encomendará el cuidado de todo lo que tiene.

Pero puede ser que el administrador piense: «Mi patrón llegará tarde». Si entonces empieza a maltratar a los sirvientes y sirvientas, a comer, a beber y a emborracharse, llegará su patrón el día en que menos lo espera y a la hora menos pensada, le quitará su cargo y lo mandará donde aquellos de los que no se puede fiar.

Este servidor conocía la voluntad de su patrón; si no ha cumplido las órdenes de su patrón y no ha preparado nada, recibirá un severo castigo. En cambio, si es otro que hizo sin saber algo que merece azotes, recibirá menos golpes. Al que se le ha dado mucho, se le exigirá mucho; y cuanto más se le haya confiado, tanto más se le pedirá cuentas.

PARA LA REFLEXION Y EL DIALOGO FAMILIAR Y COMUNITARIO

1. ¿Por qué la fe jesuánico-cristiana está fundamentada en una experiencia de la liberación?

2. ¿Por qué es necesario tener la luz encendida y la ropa puesta?

1. Fe fundamentada en la experiencia de la liberación y en el testimonio de las y los testigos de la fe

El texto del libro de la sabiduría que hemos leído hoy nos dice, refiriéndose a la noche de la liberación en la que los judíos salieron de Egipto, el país de la esclavitud: “Esa noche había sido anunciada a nuestros padres; por eso, sabiendo en qué palabra habían creído, se sintieron seguros en su alegría” (Sab 18,6).

El libro de la sabiduría hace referencia no sólo a la celebración de la pascua, sino al compromiso de solidaridad asumido por el  pueblo, por el que “todos participarían igualmente de los bienes y de los peligros”(Sab 18,9).

También nuestra fe está fundamentada en la Pascua de Jesús, en su proyecto, en su vida, en su muerte y resurrección. De hecho toda la vida cristiana es un camino de participación en el Proyecto de Dios, que exige el compromiso de asumir la cruz de cada día, al mismo tiempo que participamos de la alegría de sentirnos humildes colaboradores y colaboradoras de su Proyecto de salvación y liberación.

En el camino de fe fundamentado en la Pascua nos anima el ejemplo de los testigos de la fe que a lo largo de la historia han sido fieles al Proyecto de Dios.  Su ejemplo nos entusiasma y nos dice que sí  es posible vivir la fe de forma comprometida. El texto de la carta a los Hebreos que hemos leído en la segunda lectura nos dice que por su fe son recordados los antiguos hombres y mujeres: Abraham, Sara, Isaac, Jacob, Moisés… De ellos y ellas se nos dice que “la muerte los encontró a todos firmes en la fe” (Heb 11,13). Y en el Nuevo Testamento tenemos a Jesús, a Pedro, a Pablo, a Santiago… Y en nuestras comunidades tenemos también personas que han sido modelos de fe y que con su ejemplo nos estimulan a seguir adelante.

2.  Tener la ropa puesta y la luz encendida

La fe en las promesas de Dios, en su Proyecto, nos compromete a asumir nuestro trabajo con responsabilidad para que la Palabra de Dios se vaya encarnando en nuestros ambientes y vaya transformando nuestras vidas, nuestras familias, así como nuestras comunidades. La fe no da a las personas creyentes claves para vivir más tranquila y cómodamente. El haber conocido la voluntad del Maestro nos exige una mayor responsabilidad ante Él, pues El mismo nos dice: “Al que se le ha confiado mucho se le pedirán más aún” (Lc 12,48).

A la comunidad se le pide tener siempre puesta la ropa del trabajo.  Esto significa que el esfuerzo que prepara la venida de Dios en medio de su pueblo tiene que ser permanente. Cada discípulo o discípula no se puede dormir cuando ha obtenido algunos logros: tiene que estar velando y trabajando continuamente para que se vaya haciendo realidad el Proyecto de Dios. Las lámparas encendidas hacen referencia a la llegada inesperada del Señor en su comunidad. Y la mayor desgracia sería encontrar dormidos y dormidas a quienes se les encomendó un trabajo que exige estar siempre en estado de alerta.

Pedro se atreve a preguntar a Jesús si la llamada a estar siempre despiertos es sólo para el grupo de seguidoras y seguidores más cercanos. Jesús no le contesta directamente pero, por medio de una parábola, le hace ver que el mensaje está dirigido a todas aquellas personas que quieran seguir al Maestro de Galilea. Y nadie se puede excusar diciendo que no sabe lo que tiene que hacer, porque es deber de cada creyente estar bien informado y asumir con responsabilidad la misión que se le ha encomendado.

Las tres parábolas presentadas en el evangelio de hoy representan la condena de un estilo cristiano somnoliento, distraído, apagado, cansado, con todo hecho, al final del camino. Las parábolas constituyen una invitación a un compromiso inteligente, a un servicio diligente, a una apertura hacia lo imprevisible, a insertar en el cuadro de un orden razonable el elemento sorpresa, a dejar brotar desde dentro de nuestros miedos y temores la flor de la esperanza.

Las parábolas de Jesús que hemos leído hoy ilustran una gran verdad. La religión se convierte en una casa donde los servidores se despreocupan de su oficio y se dedican a servirse a ellos mismos descuidando sus obligaciones. Se acerca el día en que llega el dueño y juzga a los de la casa como traidores por no hacer lo que les correspondía.

. Uno de los cambios fundamentales para Jesús era que los discípulos comprendieran que el servicio a Dios consistía en la construcción de la solidaridad entre los seres humanos. De modo que la religión, sin abandonar sus ritos y sus símbolos, pasara de ser un deber social y externo a ser un compromiso con los demás y una cálida relación con Dios.

El cristianismo enfrenta en la actualidad un gran reto. Es religión “oficial” en muchos países y su poder y cobertura han crecido hasta el límite… pero la casa se halla abandonada. Cada iglesia trata de salvaguardar su espacio y su poder sin buscar un consenso que permita a todos crecer en fidelidad y servicio. ¡Que no llegue el Señor y encuentre a sus servidores luchando sólo por ocupar el cargo más alto y por tener más poder en la casa!

Como comunidad Jesuánico-cristiana necesitamos estar siempre en estado de alerta contra la tentación de poner las cosas del Proyecto de Dios en un segundo lugar, contra la tentación de la irresponsabilidad y la inconstancia en nuestro trabajo evangelizador. Por otro lado, debemos rechazar contaminarnos con la forma de vivir de esta sociedad neo-liberal en que vivimos que intenta invertir los verdaderos valores, haciendo pasar como bueno lo que nos perjudica. Necesitamos tener las lámparas encendidas y las faldas y pantalones bien puestos.

Para la oración de las y los participantes

  • Para que nuestro cumplimiento del deber y nuestra actitud constante de alegría y servicialidad sean la mejor actitud de vigilancia ante Señor que vuelve de las bodas en cualquier momento, roguemos al Señor.
  • Para que al caminar por este nuevo milenio hagamos memoria de las y  los testigos de la fe que han iluminado nuestro camino en estas décadas últimas de nuestra vida…
  • Para que hagamos de los bienes y los valores del Proyecto de Dios nuestro tesoro y tengamos así nuestro corazón lleno de alegría al servir con generosidad…

Exhortación final: La Palabra escuchada y el  diálogo compartido han fortalecido nuestra fe. Al escuchar la llamada de Jesús a estar preparadas y preparados y en actitud de alerta nos sentimos comprometidas y comprometidos a seguir formando comunidades comprometidas con el Proyecto de Dios, con el servicio a las y los hermanos más débiles. Sabemos que no tenemos excusas para dejar de realizar la misión que se nos ha encomendado. Sólo necesitamos tener decisión, aunque estemos conscientes de que formemos parte del “pequeño rebaño” de Jesús. La fuerza del Espíritu nunca nos abandonará.

LA PAZ CONFLICTIVA DEL EVANGELIO C20°O (16-22/8/10)

INTRODUCCIÓN: Somos enviados y enviadas a ser mensajeros de paz, de justicia y de fraternidad, de sororidad.  Sin embargo la paz de Jesús es la que se logra mediante la entrega desinteresada de la propia vida que se pone al servicio de  las hermanas y hermanos, sobre todo de las y los más débiles. En ese camino de fe nos encontramos con las dificultades propias del profeta que quiere ser fiel al Proyecto de Vida Buena.

Celebremos con alegría la presencia viva de Jesús en su comunidad, quien realizó su misión profética y quiere que el fuego de su Espíritu y de su amor solidario se extienda por toda nuestra comunidad.

LPT: Jeremías 38,4-6.8-10. Este hombre debe morir

I:    El profeta Jeremías realizó su misión profética en los años inmediatamente anteriores al exilio de Babilonia y durante el mismo (s. 6° a.C.).  Ante el peligro de la invasión de Jerusalén por el ejército babilónico, Jeremías recomendaba no hacerle frente a dicho ejército, ni buscar el apoyo de Egipto. Para él era preferible, en ese momento histórico, aceptar la dependencia  de un imperio,  pero permanecer vivos y vivas, que morir a manos de sus soldados. Por su postura fue considerado un traidor a la patria y los jefes de su pueblo intentaron matarlo.

T: En aquellos días, los jefes del pueblo dijeron al rey: “Este hombre debe morir, porque sus discursos desalientan a los combatientes que quedan en esta ciudad y aun a todo el pueblo. Es evidente que este hombre no busca nuestro bien, sino que trata de perdernos”. Sedecías respondió: “Ahí lo tienen, pues el rey nada puede contra ustedes”. Entonces se apoderaron de Jeremías y lo echaron al pozo de Melquías, hijo del rey, situado en el patio de la guardia, bajándolo con cuerdas. En el pozo no había agua, sino puro fango y Jeremías se hundió en el fango.

Pero un oficial del palacio, el etíope Abdemalec, oyó decir que habían echado a Jeremías en el pozo. Salió del palacio y fue al encuentro del rey, que estaba sentado a la Puerta de Benjamín y le habló en estos términos: “Oh, mi señor, esos hombres han procedido muy mal con el profeta Jeremías. Lo han echado en el pozo, donde va a morir”. Entonces el rey ordenó al etíope: “Toma tres hombres y saca a Jeremías del pozo antes que muera”.

Salmo de hoy: Cada persona, en su propia comunidad o barrio, tiene un puesto y una misión.

  • Hoy me levanto muy temprano; ya me espera la comunidad. Voy subiendo alegre la cuesta, voy en busca de tu amistad.
  • Invitamos a todas y a todos, las y los excluidos, a compartir la mesa común de la fe y el compromiso, donde no hay acaparadores ni acaparadoras, donde todas y todos puedan comer.
  • Se nos invita a hacer de este mundo, una mesa donde haya igualdad, trabajando y luchando juntos, compartiendo la propiedad.

L.Ev.: Lc 12,49-53. He venido a prender fuego en el mundo

I: Jesús nos dice que él y el Proyecto de Vida Buena e incluyente serán causa de división en medio de las personas y de las comunidades.  En muchas ocasiones los problemas comenzarán en nuestra familia. El fuego que Jesús trae purifica a sus seguidores/as y al mismo tiempo los convierte en personas conflictivas en la sociedad en la que viven.

T:   En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos y discípulas: “Vine a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Pero también he de recibir un bautismo y ¡qué angustia siento hasta que se haya cumplido! ¿Creen ustedes que yo vine para establecer la paz en la tierra? Les digo que no, sino la división. En efecto, de ahora en adelante en una casa de cinco personas habrá división: tres contra dos y dos contra tres; división de padre contra hijo y de hijo contra su padre, de madre contra hija y de hija contra su madre, de suegra contra nuera y de nuera contra suegra”.

PARA LA REFLEXION Y EL DIALOGO FAMILIAR Y COMUNITARIO

  1. ¿Por qué la misión profética exige asumir y enfrentar el conflicto?
  2. ¿Por qué decimos que la paz de Jesús tiene que asumir el conflicto y las dificultades?

  1. 1. Las dificultades y conflictos propios de la misión profética

Jeremías es considerado por la tradición judía y por la tradición cristiana como modelo de profeta que tuvo que sufrir mucho como consecuencia de su fidelidad a la misión encomendada. Por eso es presentado muchas veces por los primeros escritores de la Iglesia como prefigurando a Jesús.

En el año 597 a.C. el imperio babilonio había invadido Jerusalén y había deportado al rey Joaquín, a la gente del palacio real, a los principales sacerdotes, a los principales de la ciudad. Habían dejado como rey a Sedecías.  Pero este rey se negó a pagar los tributos que exigía el imperio. Por eso el imperio amenazó con deportar a la gente que quedaba en la ciudad de Jerusalén.  Ante esta situación Jeremías toma postura y señala que es mejor no hacerle frente a los babilonios, ni aliarse con Egipto para pelear contra ellos, porque de todas maneras los babilonios ganarían y destruirían la ciudad.  No se le hizo caso al profeta y fue considerado como un traidor. Por eso los jefes del pueblo intentan matarlo. De todas maneras, la historia dio la razón a Jeremías.

Los miembros del anillo palaciego de Sedecías intentan acabar con el profeta Jeremías. Prefieren, como muchos, hoy, que no se diga la verdad. Incluso pretenden decir incluso que quien lo hace está creando la situación que denuncia. Es la peor de las mentiras.

La misión del profeta no es la de denunciar aquello que está en contra del pueblo y en contra del Proyecto de Dios por el simple hecho de hacerlo. Su denuncia forma parte de la misión que se le ha encomendado. Sería más fácil quedarse callado como hacen tantas personas para no buscarse problemas y conflictos con los que tienen poder y dinero en este mundo.

Como comunidad de fe nos toca tomar una postura creyente ante la realidad en que se vive. No hacerlo, por miedo al conflicto o por cobardía nos impide dar el testimonio que nos exige el Dios que nos envió a ser testigos/as de su amor liberador en medio de esta sociedad neo-liberal, estructuralmente injusta.

  1. 2. La paz conflictiva del evangelio

Jesús es portador de una paz que no se confunde con la “Pax Romana”, aquella que Roma (y cualquier imperio de turno) se esfuerza por proclamar. Esta es sólo una tranquilidad institucional que garantiza la ventaja y el enriquecimiento de unos/as pocos a costa de la miseria de tantas personas oprimidas,  y de hacer reinar la injusticia sobre el derecho y la honradez.

Jesús es mensajero de la paz, pero de una paz profunda y definitiva. No de un simple reposo. Se trata de una paz que exige compromiso con la causa de la justicia, respeto del derecho de los/as demás, en particular al de los/as más indefensos/as. Al proclamar esa paz y comprometernos con su construcción  encontramos la oposición, muchas veces violenta, de quienes se benefician de un orden social injusto. Jesús recuerda que su mensaje es de paz verdadera; por eso sufrirá el bautismo de fuego (Lc 3,16), será sumergido en el dolor y la muerte. Esto no es buscado; es encontrado y aceptado con responsabilidad; el precio que debe pagar lo angustia desde ahora (Lc 12,49-50) porque significará asumir las torturas y el suplicio de la cruz.

Hay personas en la sociedad y en nuestras iglesias que prefieren no reconocer las divisiones y los conflictos que encontramos en la realidad en la que se vive. Hay quienes prefieren no ver de dónde vienen los males, porque eso cuestionaría sus presentes privilegios. Jesús es consciente de su predicación esta develando una realidad en la que, desgraciadamente las divisiones ya están presentes. Divisiones entre pobres y ricos, entre países del Norte y países del Sur, entre obreros y patrones, entre gobernantes y gobernados. Jesús busca eliminar las divisiones yendo a sus causas: la falta de amor concreto y comprometido. Esto exige una decisión: por o contra el Señor (Lc 12,51-53).

Jesús era consciente de que, en algún sentido, esa era su labor: ser causa de división entre aquellas personas que estaban cerradas a abrirse al Proyecto de vida y de justicia que proponía su predicación. Al crear esa crisis surgirían hombres y mujeres decididos/as a comprometerse con la propuesta de Jesús, aunque tuvieran que entrar en conflicto incluso con los/as miembros de la propia familia.

Como comunidad de fe estamos conscientes de que tendremos problemas siempre y cuando intentemos realizar la misión que se nos encomienda. Muchas veces los problemas comenzarán en la propia casa y aun dentro de la comunidad cristiana por diferentes formas de entender la fe y el compromiso cristiano. Sin embargo sólo la fidelidad nos dará la paz verdadera. Entonces, como dice el salmo que hemos proclamado hoy, el Señor pondrá en nuestra boca un canto nuevo, porque El es nuestro auxilio y nuestra liberación cada día de nuestra vida (Sal 40, 4.18).

Exhortación: La Palabra compartida se convierte en un fuego del Espíritu que nos invita a realizar la misión profética que se nos ha encomendado, en medio de una realidad de opresión y corrupción generalizada. En ese camino de fe y de compromiso nos encontramos con dificultades y conflictos. Muchas veces la Palabra que transmitimos y el estilo de vida que llevamos crean divisiones al interior de la familia y de la comunidad. Entonces es el momento de fijar la mirada en Jesús, quien asumió con responsabilidad el conflicto y la cruz por fidelidad al Proyecto de Vida Buena para todos y todas y en especial para los sectores sociales tradicionalmente excluidos.

ENTRAR POR LA PUERTA ESTRECHA C21°O (23-30/8/10)

ENTRADA: Nuestra comunidad de fe y de amor solidario lucha para  que todas las personas tengan una buena calidad de vida y vivan una vida feliz. Sin embargo el don de la salvación exige el compromiso de recorrer el camino estrecho del amor y de la justicia, en la construcción de proyectos alternativos de Vida Buena.

Aunque en ese camino encontremos pocas personas que estén dispuestas a acompañarnos, es necesario continuar haciendo la invitación, formando redes de amor solidario y de responsabilidad compartida.

LPT:  Isaías 66,18-21. Vengo a reunir a la gente de todos los pueblos e idiomas

I: La lectura que leemos hoy está dentro del último capítulo del libro de Isaías. El tercer Isaías (caps. 55-66) para finalizar su libro nos habla de la apertura del Proyecto salvador de Dios a todos los hombres y mujeres, de cualquier clase y religión. Esas personas se convertirán en adoradores del Dios de Israel, igual que los judíos.

T: Ahora vengo a reunir a los paganos de todos los pueblos y de todos los idiomas. Y cuando vengan, serán testigos de mi gloria. Yo haré un prodigio en medio de ellos y, luego, mandaré los sobrevivientes hacia todas las naciones:  hacia Tarsis, Lud y Put, Meshek, Tubal y Javan, en una palabra, hacia las tierras lejanas de ultramar que no saben de mi fama ni han visto mi gloria.

Ellos darán a conocer mi gloria entre las naciones a lo lejos, y de todos los pueblos traerán a todos tus hermanos dispersos como una ofrenda a Yahvé, a caballo, en carro, en carretas, a lomo de mula o de camello. Me los traerán a mi cerro santo en Jerusalén, igual que los hijos de Israel me traen sus regalos para el templo de Yahvé en vasos puros. Y Yahvé lo afirma: «De entre ellos también tomaré sacerdotes y levitas para mí.»

Salmo de hoy:  Esa gente es feliz porque construye proyectos de vida

  • Quienes tienen y nunca se olvidan de que a otros y a otras les falta. Quienes nunca usaron la fuerza, sino la razón. Quienes dan una mano y ayudan a la gente que ha caído.
  • Quienes ponen en todas las cosas amor y justicia; quienes nunca sembraron el odio, tampoco el dolor; quienes dan y no piensan jamás en su recompensa.
  • Quienes son generosos y generosas y dan de su pan un pedazo, quienes siempre trabajan pensando en un mundo mejor. Quienes están liberados y liberadas de sus ambiciones.

L. Ev.: Lucas 13,22-30. Esfuércense por entrar por la puerta estrecha

I:  En el camino hacia Jerusalén alguien pregunta a Jesús si son pocas las personas que optan por la Vida Buena, por la salvación.  El Maestro responde que la salvación depende del esfuerzo que cada persona y cada familia o comunidad  hagan por recorrer el difícil camino de la fe y el compromiso, por  dedicar su vida a un Proyecto  que dé sentido para vivir.  Y muchas personas que sólo se quedan en palabras se quedarán fuera, mientras que otros/as, que han practicado la justicia y el amor,  son quienes realmente entendieron la propuesta de Jesús.

T: En aquel tiempo, Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos mientras se dirigía a Jerusalén. Alguien le preguntó: «Señor, ¿Es verdad que son pocas las personas que se salvarán?» Jesús respondió: «Esfuércense por entrar por la puerta angosta, porque yo les digo que muchos y muchas tratarán de entrar y no lo lograrán. Si a ustedes les ha tocado estar fuera cuando el dueño de casa se levante y cierre la puerta, entonces se pondrán a golpearla y a gritar: ¡Señor, ábrenos! Pero les contestará: No sé de dónde son ustedes. Entonces comenzarán a decir: Nosotros y nosotras hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestros parques públicos. Pero él les dirá de nuevo: No sé de dónde son ustedes. ¡Aléjense de mí todos los malhechores!

Habrá llanto y rechinar de dientes cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob  a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes, en cambio, sean echados fuera. Gente del oriente y del poniente, del norte y del sur, vendrán a sentarse a la mesa en el Reino de Dios. ¡Qué sorpresa! Unos que estaban entre los últimos son ahora primeros, mientras que los primeros han pasado a ser últimos.»

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PARA LA REFLEXION Y EL DIALOGO FAMILIAR Y COMUNITARIO

1.   ¿Por qué todas las personas están llamadas a la Vida Buena?

2.  ¿Por qué es necesario entrar  por la  puerta estrecha?

  1. 1. Todos/as llamados/as a la Vida Buena

A lo largo de la historia de la humanidad las personas se han preocupado por la salvación, por la vida eterna, por lo que está más allá de la muerte. Algunos/as piensan en la posibilidad de repetir la vida; por eso hablan de la reencarnación. Otros/as piensan que el estricto cumplimiento de los deberes religiosos garantiza esta vida y la otra.  Otros/as consideran que sólo los que pertenecen a su iglesia o a su grupo podrán obtener la salvación, diciendo incluso que hay un número limitado para los/as que quieran salvarse. Finalmente, unos pocos, los menos, entienden que la salvación está condicionada a la solidaridad con el hermano/a necesitado y oprimido.

El pueblo de Israel creyó en una primera etapa de su historia que la salvación era algo exclusivo para los judíos. Quien no perteneciera a ese pueblo no podía, según ellos, disfrutar de la salvación que ofrecía el Dios Yahvé que los había sacado de Egipto, del país de la esclavitud y los había llevado hacia una tierra que manaba “leche y miel”. Sin embargo los profetas se fueron encargando poco a poco de ir educando al pueblo e irle diciendo que Dios quería que todas las personas pudieran disfrutar de su salvación. Ese cambio de mentalidad comienza, sobre todo, a partir del exilio de Babilonia.  Por eso el segundo Isaías (caps. 40-55)  presenta a Yahvé hablando de la misión de su siervo, de aquella persona que quiere ser fiel a su Proyecto: “Te he destinado para que unas a mi pueblo y seas luz para todas las naciones” (Is 42,6). Y esa misión no tiene un límite: “Te voy a poner como luz para el mundo, para que mi salvación llegue hasta el último extremo de la tierra” (Is 49,6).

La preocupación por la salvación también formaba parte de las inquietudes populares en el tiempo de Jesús (Lc 10,25). Eran muchos/as los/as que salían a su encuentro y preguntaban por la “receta” para alcanzar la vida eterna. Jesús se resiste a dar fórmulas mágicas y invita a sus seguidores/as a vivir el mandamiento solidario de Dios.

Como comunidad de fe hemos recibido el mandato de nuestro Maestros de llevar el Evangelio a todas las personas. Nos toca ser portadores/as de una esperanza de salvación que se ofrece a hombres y mujeres de buena voluntad que estén dispuestos a acogerlo como don y como tarea.

  1. 2. Esforzarse por entrar por la puerta estrecha

La lectura evangélica que hemos leído hoy comienza con la pregunta de uno de los oyentes de Jesús: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?” La respuesta podría ser un sí o un no. Sin embargo para Jesús la respuesta no es tan sencilla. Para él lo importante no es el número, sino aprovechar la ocasión para hablar sobre la disposición que necesita una persona para salvarse: “Esfuércense por entrar por la puerta estrecha, porque les digo que muchos tratarán de entrar y no lo lograrán” (Lc 13,24). Una clave para entender la respuesta de Jesús se encuentra al inicio del texto (Lc 13,22) que nos recuerda que Jesús iba camino a Jerusalén. En los evangelios el camino a Jerusalén, lugar de la muerte de Jesús, expresa  su decisión de cumplir fielmente la misión de su Padre de anunciar y practicar la Buena Nueva hasta sus últimas consecuencias.

La salvación no es un asunto meramente pasivo. Exige el esfuerzo por ponerse en el camino de la vida verdadera, en el amor y en la justicia. El ser humano no debe dedicarse a comer, a beber, a divertirse desentendiéndose del verdadero sentido de su vida. La persona debe esforzarse por ponerse en el camino que lo conduce al encuentro con Dios y de los/as hermanos/as necesitados/as.

Jesús invita a sus oyentes a que se esfuercen por escoger el camino difícil: la puerta estrecha de la justicia.  Y dice claramente el motivo de su invitación: “Entren por la puerta angosta, porque la puerta ancha y el camino amplio conducen a la perdición y muchos entran por ahí. Angosta es la puerta y estrecho el camino que conducen a la salvación, y son pocos los que dan con ellos” (Mt 7,13). Este texto de Mateo ayuda a responder la pregunta del Maestro de la Ley; efectivamente son pocos los que se salvan, los que toman el camino estrecho y la puerta estrecha que conduce a la vida verdadera.

Como comunidad de fe se nos pide seguir recorriendo por el camino estrecho que conduce a la vida sin caer en la tentación de presentar un mensaje fácil y que se adapte a la vida  cómoda de gente que quiere ser cristiana, pero sin asumir el compromiso de fe que esto significa. Nos toca seguir proclamando el mensaje liberador del Jesús exigente, del que nos invita a tomar la cruz de cada día, de aquel que no tiene dónde reclinar su cabeza, del que se siente identificado con la causa de los/as débiles, oprimidos/as y empobrecidos/as.

Para la oración de las y los participantes:

  • Para que seamos capaces de entrar por la puerta estrecha del compromiso familiar y comunitario. Recemos.
  • Para que entremos por la puerta estrecha de trabajar para formar y desarrollar la conciencia crítica de nuestras familias y comunidades. Recemos.
  • Para que entremos por la puerta estrecha de la lucha solidaria por conseguir mejores condiciones de vida para todos, para todas, para la naturaleza y todos los seres vivos. Recemos.

Exhortación final: Hemos reflexionado sobre la fe y el compromiso que da sentido a toda nuestra vida. Ahora nos toca continuar, con firme decisión, en el camino que hemos comenzado; camino estrecho que conduce, a pesar de las dificultades y contratiempos hacia la Vida Buena para todos y todas, y en especial para los sectores sociales tradicionalmente excluidos. Esa esperanza debe seguir animando nuestras luchas diarias y nuestro compromiso con la defensa de la vida.

LA SABIDURIA DE LA GENTE HUMILDE C22°O (30-8/5-9/10)

Introducción: Nos reunimos en el nombre de una divinidad aliada con la gente humilde, por eso revela sus secretos a  las y los humildes y excluidos sociales que están abiertos y comprometidos con la construcción de un proyecto de Vida Buena para todos y todas. Por eso la comunidad de fe participa en proyectos de salvación y liberación que comenzó con la liberación de un grupo del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto.  Jesús consagró su vida a anunciarles un mensaje de vida y de salvación y se alegró profundamente al darse cuenta de que la gente humilde estaba más abierta al Proyecto que las y los sabios y los grandes de la sociedad.

LPT: Sabiduría 6, 1.6. Compasión con la gente pequeña y humilde

I:  El texto de la sabiduría hace un llamado de atención a la gente que tiene poder económico y político en la sociedad. Les invita a hacer su trabajo con justicia, a  dejar a un lado el orgullo, la corrupción y la prepotencia y a tener compasión con la gente pequeña y humilde de la sociedad. Se trata de un texto que tiene mucha actualidad.

T: ¡Oh reyes, escuchen y entiendan! ¡Déjense instruir, ustedes que gobiernan las lejanas tierras!  ¡Pongan atención, ustedes que mandan a multitudes, que están tan orgullosos de sus numerosos pueblos!

Ustedes son los representantes de su poder real; ahora bien, si no han juzgado conforme a la justicia, ni han observado su ley, ni procedido según la voluntad divina, los declarará culpables bruscamente, de manera terrible.

Porque rigurosa es la sentencia para la gente que tiene un alto puesto. Se tiene compasión de la gente pequeña y humilde y se les perdona, pero las y los poderosos serán controlados estrictamente.

Salmo de hoy: Todos/as juntos/as, lo podemos lograr, si juntamos las manos y nuestra voluntad.

  • Bienvenidos/as a un mundo diverso, a un mundo distinto, a un mundo global. Donde todos/as seremos iguales, no importa que no parezcamos iguales.
  • Bienvenidos/as a un mundo diverso,  aun mundo distinto, a un mundo total. Donde todos seremos hermanos/as no importa la raza o el color de la piel.
  • Bienvenidos/as, a un mundo diverso, a un mundo normal. Donde todos/as tendremos los mismos derechos por nuestra condición.

L.Ev.: Lucas 14,1.7-14. Todo el que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido.

I:  En el texto que leemos a continuación Jesús invita a aquellas personas que quieran seguirle a no buscar los primeros puestos, el prestigio personal ni la fama. Les invita por el contrario a comportarse como gente sencilla y humilde. Al mismo tiempo motiva a sus discípulos para establecer relaciones de cercanía con los pobres, humildes y débiles. Será el Padre del cielo el que recompensará a aquellas personas que así actúen.

T:  Una vez, Jesús fue a comer a la casa de uno de los fariseos más importantes. Era sábado, y ellos lo estaban espiando. Al notar cómo los invitados buscaban los primeros lugares, les dio esta lección: Si alguien te invita a una comida de bodas, no ocupes el primer lugar. Porque puede ser que haya sido invitado otro más importante que tú. Entonces el que los invitó a los dos vendrá a decirte: deja tu lugar a esta persona. Y tú, rojo o roja de vergüenza, tendrás que ir a ocupar el último asiento. Al contrario, cuando te inviten, ponte en el último lugar, y, cuando llegue el que te invitó, te dirá: Amigo, acércate más. Y será un honor para ti en presencia de todas las personas que estén contigo a la mesa. Porque el que se eleva será humillado y el que se humilla será elevado.

Jesús decía también al que lo había invitado: “Cuando des un almuerzo o una comida, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos, porque ellos también te invitarán a su vez y recibirás de ellos lo mismo que diste. Al contrario, cuando ofrezcas un banquete, invita a las y  los pobres, los inválidos, a los cojos, a los ciegos, y serás feliz porque ellos y ellas no tienen con qué pagarte. Pero tu recompensa la recibirás en la resurrección de las personas justas”.

PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

  1. ¿Por qué conviene liberarse de actuar con prepotencia?
  2. ¿Por qué nos conviene compartir la mesa con la gente excluida y humillada?
  1. 1. La humildad como punto de partida

Es una tendencia muy común en el ser humano la búsqueda personal del poder y del prestigio intentándose colocarse por encima de los/as demás. Esa actitud la podemos encontrar en personas de todas las instituciones sociales, incluidas las iglesias y las comunidades cristianas.

Por eso la primera lectura del libro del eclesiástico recomienda a hacer todo con discreción y sencillez para ser amado por los/as amigos/as de Dios.

Ser humilde es tener la capacidad de reconocer los propios límites y los de los demás. Cuando queremos hacernos grandes, entonces olvidamos de qué material hemos sido hechos. Somos al mismo tiempo criatura de Dios; esa es nuestra grandeza. Pero al mismo tiempo estamos heridos/as por el pecado, el egoísmo y la injusticia que llevamos dentro y que existe en la sociedad en la que vivimos.

Es propio de la persona humilde tener un corazón inteligente, que sabe escuchar a los/as demás, que siempre está dispuesta al diálogo y a la concertación. La persona humilde tiene generalmente la inteligencia para descubrir que no lo sabe todo, que no lo puede todo, que depende de los/as demás y se pone al servicio de los/as hermanos aportando lo que puede y recibiendo también de ellos amor, comprensión y colaboración.

No debemos confundir la humildad  con la baja auto-estima. De hecho hay personas que en nuestras comunidades no son capaces de reconocer sus dones, sus posibilidades y potencialidades. Esas personas tienen que ser ayudadas por la comunidad a reconocer el don de Dios que está en ellas y a ponerlo al servicio de la comunidad.

Como comunidad de fe somos seguidores/as de Jesús que tiene un corazón manso y humilde  (Mt 11,29) e invita a sus discípulos/as a imitarlo, descubriendo que lo que somos es don de Dios, y que si nos mantenemos en el camino de la fe y de la esperanza es porque su espíritu nos fortalece.

2. Invitar a la propia mesa a la gente humilde y excluida

Los que acechaban a Jesús para cogerlo en falta reciben una respuesta que no esperaban. Jesús les aconseja que conviden a comer no a sus “amigos”, “parientes”, “vecinos ricos”, o a otras personas que pudieran recompensar su invitación. Deben hacerlo más bien “a los pobres, a los inválidos, a los cojos, a los ciegos” (Lc 14,13). Notemos de paso, que el listado habla de marginados sociales, considerado incluso como pecadores por los orgullosos fariseos que estaban expiando a Jesús. Ellos no están en condiciones de devolver el favor, por eso mismo deben ser invitados. En la Casa del Dios vivo lo que da la pauta es el amor gratuito; se trata de dar sin esperar recompensa terrenal.

La expresión de uno de los invitados a la misma comida en la que participaba Jesús: “Feliz el que tome parte en el banquete del Reino de Dios” (Lc 14,15) da la ocasión a Jesús para decirles una parábola en que explica por qué Dios prefiere invitar a su mesa a los humildes y a los empobrecidos. Y es que la gente que tiene muchas posesiones pone su corazón en las riquezas y rechazan la invitación que Dios les hace a sentarse como hermanos/as en la mesa de la fraternidad. Sin embargo en ese banquete se necesita un traje muy especial: una vida de honestidad y de justicia (Mt 22,12). Por eso el patrón de la parábola, que representa a Dios, manda a su sirviente: “Anda rápido por las plazas y calles de la ciudad y trae para acá a los pobres, a los inválidos y a los cojos” (Lc 14,21).

Como comunidad sabemos que el evangelio está dirigido a todas las personas, pero que son los pobres quienes tienen una atención preferencial en la misión realizada por Jesús. Es por eso que aun manteniendo la apertura a todas las personas entendemos que debemos unir nuestras vidas al destino de los más débiles y empobrecidos de la sociedad en la que vivimos. De esa manera nos convertimos en seguidores/as del Dios que es Padre de los huérfanos y defensor de las viudas (Sal 68,6).

Para la oración compartida:

  • Para que seamos capaces de denunciar la prepotencia de las y los que tienen el poder político, económico y religioso en la sociedad. Recemos.
  • Para que seamos capaces de compartir nuestra mesa y nuestro proyecto de vida con la gente más humilde. Recemos.
  • Para que seamos capaces de acompañar a la gente humilde en su proceso de empoderamiento para hacer oír su voz antes los sectores de poder y sus propuestas de mejora de sus condiciones de vida. Recemos.

Exhortación final: Como comunidad creyente somos conscientes de la arrogancia de tantas personas que en esta sociedad tienen poder y dinero. Como han puesto su corazón en el dinero, van detrás de esa divinidad. En nombre de esa prepotencia oprimen y maltratan  a sus hermanos y hermanas más débiles. Ahí está nuestro desafío: denunciar ese tipo de conducta y seguir proclamando que la prepotencia y el orgullo sólo sirven para fortalecer las relaciones de dominación. En ese camino comprometido tendremos dificultades, pero se nos invita a asumir con responsabilidad las consecuencias de dichas acciones.


Reflexiones bíblicas semanales. Julio 2010

julio 7, 2010

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDOM)

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Reflexiones bíblicas semanales. Julio 2010

ANUNCIAR EL EVANGELIO DE LA SALVACIÓN A TODAS LAS PERSONAS. C14ºO (5-11/7/2010)

Introducción: Nosotros y nosotras, como jesuánico-cristianos y jesuánico-cristianas, tenemos el compromiso de llevar el Evangelio a todas las personas que viven en nuestro sector, en nuestro barrio, en nuestro espacio laboral o en nuestra comunidad. Pero el trabajo es mucho y las trabajadoras y trabajadores son pocos y pocas. Por eso, es necesario buscar las estrategias para involucrar más personas en el trabajo evangelizador, que incluye la lucha por lograr un buen vivir para todo el pueblo y en especial para los grupos y personas tradicionalmente excluidos.

LPT: Isaías 66,10-14. Yo consolaré a mi pueblo dice el Señor

Int.:     El tercer Isaías (caps. 55-66) desarrolló su misión profética después que un grupo del pueblo de Israel regresó del destierro de Babilonia hacia el 538 a.C. La situación del pueblo era difícil. La tarea de reconstruir la ciudad de Jerusalén exigía mucho trabajo. Las promesas de bienestar, de felicidad y de paz para las y los que regresaban del destierro, que había hecho el Segundo Isaías (caps. 40-55), no se habían concretizado. Por eso, este profeta sueña con una situación mejor; anima la esperanza de su pueblo y señala que llegará un día en que todas las personas que habiten en Jerusalén serán consoladas y tratadas como niñas o niños en brazos de su madre.

Texto: Alégrate, Jerusalén, y felicítenla todas las personas que la aprecian. Siéntanse, ahora, muy contentos y contentas con ella todos y todas, las y los que por ella anduvieron de luto. Para que así tomen la leche hasta quedar satisfechos y satisfechas de su seno acogedor, y puedan saborear y gustar sus pechos famosos. Pues Yahvé lo asegura: yo voy a hacer correr hacia ella, como un río, la paz, y como un torrente que lo inunda todo, la gloria de las naciones. Sus niños y niñas de pecho serán llevados y llevadas en brazos y acariciados sobre las rodillas. Como un hijo o hija a quien consuela su madre, así yo las y los consolaré a ustedes. Por Jerusalén serán ustedes consolados y consoladas. Cuando ustedes vean todo esto, les saltara de gozo el corazón y su cuerpo rejuvenecerá como la hierba. La mano de Yahvé se dará a conocer a sus servidores y servidoras.

Salmo de hoy: ¿Qué noticia traes, amigo Jesús?

  • Jesús cada mañana despertaba presuroso y a todo/a el/la que veía su noticia le anunciaba. Y cuando anochecía y regresaba sudoroso, juntos con sus amigos y amigas, su noticia comentaba.
  • Jesús con su noticia los caminos recorría; tres años eran pocos para el fuego que llevaba; los cerros y los valles a pies los caminaba, y con su gran noticia los lagos navegaba.
  • Los pobres tras de sí con su palabra reunía; Jesús con su noticia la esperanza despertaba; la gente descubrió que era verdad lo que decía, pero los poderosos, su muerte preparaban.

LST: Lucas, 10,1-12.17-20. El Reino de Dios ha llegado a ustedes

Int.: Jesús envía a 72 discípulos y discípulas a anunciar el Evangelio y liberar a las personas de su inconciencia y de su apatía ante los desafíos de la realidad que se vive, puesto que “hay mucho que cosechar, pero los obreros y las obreras son pocos y pocas”. El centro de su anuncio fue el Reino de Dios, un Proyecto de buen vivir para un pueblo dominado por el imperio romano y sus cómplices locales. Les dice claramente que el trabajo que se les encomienda no será fácil, pero que ellos y ellas tendrán que realizarlo a pesar de todos los inconvenientes. Así, se convertirán en personas comprometidas con la creación de una nueva sociedad y otro mundo posible.

Texto: En aquel tiempo, Jesús eligió a otros y otras setenta y dos discípulos y discípulas y las y los envió de dos en dos, delante de él, a todas las ciudades y lugares a donde él debía ir. Les dijo: “Hay mucho que cosechar, pero las obreras y los obreros son pocas y pocos; por eso, rueguen al dueño de la cosecha que envíe obreros y obreras a su cosecha. Vayan, pero sepan que las y los envío como corderos y corderas en medio de lobos. No lleven bolsa, ni saco, ni sandalias. Y no se paren a conversar con alguien por el camino. En la casa que entren, digan como saludo: “Paz a esta casa”. Si hay en ella alguien que merece la paz, recibirá la paz que ustedes le traen; pero si no la merece, la bendición volverá a ustedes. Quédense en esa casa, comiendo y bebiendo lo que les den; porque el obrero o la obrera merecen su salario. No vayan de casa en casa. En toda ciudad que entren y los acojan, coman lo que les sirvan, sanen sus enfermas y enfermos y díganle a la gente: “El Reino de Dios ha llegado a ustedes”. Pero en cualquier ciudad donde entren y no las y los acojan, salgan a las plazas y digan: “Hasta el polvo de la ciudad, que se nos ha pegado en los pies, lo sacudiremos y se lo dejaremos. Pero, sépanlo bien: el Reino de Dios esta muy próximo”. Yo les declaro que en el día del juicio la ciudad de Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad”.

Las y los Setenta y dos volvieron muy felices, diciendo: “Jesús, en tu nombre sometimos hasta a los demonios”. Jesús les dijo: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Sepan que les di el poder de pisotear a las serpientes, a los escorpiones y a todas las fuerzas del enemigo, y nada podrá dañarles a ustedes. Sin embargo, no se alegren porque someten a los demonios; alégrense más bien porque sus nombres están escritos en los cielos.

PARA EL DIÁLOGO COMUNITARIO

1. ¿Por qué son pocos las y los obreros que se comprometen con el Proyecto del Buen Vivir?

2. ¿Por qué es necesario mantener la libertad del discipulado y acompañar el anuncio evangélico con acciones salvadoras y liberadoras?

1. La tarea es mucha, pero las obreras y los obreros son pocos

Jesús mismo nos dice que hay mucho que cosechar pero que las trabajadoras y sobre todo los trabajadores, son pocos y pocas. Esa finca en la que hay que cosechar es el mundo, son las personas y todos los seres vivos que habitan el planeta tierra. Sin embargo a nosotros y nosotras se nos pide saber sembrar la Palabra de amor solidario para luego cosechar buenos frutos de amor, justicia y solidaridad.

Cuando se trata de trabajar por el bien común, con conciencia comunitaria, no hay muchas personas dispuestas a realizar la tarea. De todas maneras, a nosotros y nosotras se nos pide emplearnos en el trabajo evangelizador y buscar nuevos colaboradores y colaboradoras, para aumentar el número de las personas que trabajan en el Proyecto del Buen Vivir.

A veces sentimos que el trabajo es mucho y que desborda nuestras fuerzas. En ese momento es necesario tener en cuenta que somos simples colaboradores y colaboradoras de ese Proyecto. Nosotros y nosotras sembramos la semilla de la Palabra, la cuidamos, pero debemos contar con la presencia y la acción del Espíritu divino para su crecimiento. Esto, sin embargo, no nos libera de la responsabilidad de hacer todo lo que esté a nuestro alcance y buscar nuevas y nuevos colaboradores y colaboradoras de ese Proyecto.

Todas las personas identificadas con el mensaje de Jesús estamos llamados y llamadas a transformarnos personalmente y a transformar las estructuras sociales, económicas y políticas de nuestros pueblos, proclamando de forma decidida el evangelio de Jesús. Este Evangelio lo podemos anunciar en nuestra familia, en nuestro trabajo, en la escuela, en el barrio.

En el evangelio que hemos leído hoy Jesús encarga la tarea evangelizadora a una comunidad de discípulos y discípulas que bajo el símbolo de los setenta y dos, representan a la totalidad del pueblo cristiano. Jesús aspiraba a que toda la comunidad de discípulos y discípulas se comprometieran seriamente con un Proyecto alternativo de vida y de sociedad. Desafortunadamente, en la actualidad la mayor parte de las y los llamados cristianos no nos sentimos discípulas ni discípulos ni formamos parte de verdaderas comunidades comprometidas con la transformación de su realidad, según la propuesta de Jesús. Somos, muchas veces, cristianos y cristianas solitarios y solitarias que no comunicamos nuestra fe y no vivimos en solidaridad con el prójimo necesitado y oprimido, ni estamos comprometidos y comprometidas con la transformación de la sociedad. Y, lo peor, no nos sentimos misioneros y misioneras, llamados y llamadas a sembrar, a tiempo y a destiempo la semilla de la libertad, de la dignidad, de la indignación, del amor solidario.

2.  Mantener la libertad del discipulado e involucrarse en acciones liberadoras

A las discípulas y discípulos enviados por Jesús se les dice que no lleven muchas cosas para el viaje misionero que tienen que realizar: “No lleven bolsillo, ni saco, ni sandalias” (Lc 10,4). Es decir, no confíen en sus posesiones, no se apoyen en el poder. De otra manera no estarían dispuestos y dispuestas para ser testigos y testigas de la paz; no aceptarán comer lo que se les presente, no sabrán dar vida a los demás. En una palabra, no estarán en condiciones de anunciar que el Reino de Dios está cerca.

Lo que importa es la buena voluntad de las y los misioneros para realizar el trabajo que se les ha encomendado. Durante su misión vivirán de la generosidad de las personas que reciban el mensaje de salvación. Por eso comerán y beberán lo que les den en las casas que visiten.

En la medida que como jesuánico-cristianos y jesuánico-cristianas individualmente y como Iglesia, estamos apegados, comprometidas y ligados a los bienes y poderes de este mundo, nos sentiremos tentados y tentadas a renunciar a asumir el compromiso de fe que nos exige el Proyecto del Buen Vivir. Pretenderemos entonces predicar el Evangelio de modo que no moleste a los poderosos (del poder económico, político, militar, religioso…) de la sociedad en que vivimos. Jesús actúo de otra manera. El sabía que en Jerusalén los grandes de su pueblo y de la potencia romana ocupante lo rechazarían y lo maltratarían, pero no por ello renunció a su libertad de enviado del Padre. La propone, más bien, a sus discípulos y discípulas.

Jesús envía a sus discípulos y discípulas como “corderos en medio de lobos”, es decir las y los manda a realizar su misión en medio de personas que harán lo posible para que no se siembre la semilla del Evangelio de salvación y liberación. Esto nos dice que la tarea de la evangelización no es un trabajo fácil, pero es necesario tener el suficiente valor para realizarlo a pesar de las dificultades que encontremos. Al mismo tiempo se nos pide usar las adecuadas estrategias para saber vivir y realizar nuestro trabajo en medio de una sociedad en la que tantas personas son como lobos hambrientos que sólo buscan el poder y el dinero, aun cuando esto signifique la muerte para muchas personas.

Tal como lo hizo Jesús, sus discípulos y discípulas acompañan el anuncio del Evangelio con acciones concretas en favor de la gente: sanaban los enfermos y liberaban del demonio a aquellas personas que estaban poseídas. Liberar del mal, de las consecuencias del pecado, es una tarea fundamental de la evangelización. La Palabra, escuchada y meditada en lo profundo del corazón, libera a las personas y las prepara para comprometerse con el Proyecto de salvación de nuestro Dios.

Por tanto, cuando realizamos el anuncio de la Palabra, buscamos ayudar a las personas a liberarse de todo aquello que las esclaviza.

La paz es el don principal que Dios da a las y los discípulos de Jesús. Ellas y ellos serán portadores y portadoras de esa paz: “En la casa que entren, digan como saludo: Paz para esta casa. Si ahí vive una persona de paz, recibirá esta paz que ustedes le traen; pero si no la merece, la bendición volverá a ustedes” (Lc 10,5-6). Jesús no les promete posesiones, ni poder, sino la paz del corazón, que es el fruto del amor y de la justicia. La paz, no es, por tanto, ausencia de guerras y de conflictos, sino el principal regalo que Dios concede a las personas que son fieles a su Palabra y acompañan el anuncio del Evangelio con acciones concretas de solidaridad, liberación y amor con las y los más empobrecidos y necesitados.

En nuestra sociedad, los que más bienes poseen son, por lo general, los que menos disfrutan de la paz, porque tienen que estar cuidando sus muchas posesiones y tienen que estar acallando continuamente la voz acusadora de sus conciencias. Los más pobres, que han puesto su confianza en el Proyecto de Dios y en la lucha de sus organizaciones comunitarias, son los que mejor pueden disfrutar de la paz que sólo Dios nos puede dar, pues son capaces de mostrar su solidaridad con las y los hermanos y hermanas que están necesitando la ayuda de una mano solidaria.

Para la revisión personal: ¿Soy misionero o misionera preocupado o preocupada por la transformación de mi realidad personal y comunitaria? ¿Formamos verdaderas comunidades cristianas o somos un grupo de desconocidos o desconocidas que nos juntamos accidentalmente los domingos u otro día de la semana?

Para la oración de las y los participantes:

  1. Para que todas las personas que están siendo llamadas para la misión evangelizadora y liberadora respondan con generosidad a su llamada.
  2. Para que sepamos mantener la libertad de discípulos y discípulas comprometidos y comprometidas con el Proyecto del Buen Vivir.
  3. Para que siempre logremos acompañar el anuncio del evangelio con acciones de solidaridad y de liberación de las esclavitudes sociales y personales.

Exhortación final: De Jesús hemos recibido la misión de anunciar el Evangelio a todas las personas que viven a nuestro alrededor y acompañar ese anuncio con acciones concretas de liberación y solidaridad que vayan generando unas nuevas relaciones sociales. La verdadera felicidad la encontraremos en cumplir esta misión que se nos ha encomendado. Que durante toda la próxima semana y cada día de nuestra vida sigamos haciendo nuestro trabajo con decisión y valentía.

VETE Y HAZ TU LO MISMO. C15ºO (12-18/7/2010)

Introducción: Todos los seres humanos queremos vivir felices. Pero la mejor forma de serlo es asumiendo el compromiso de conseguir mejor calidad de vida para todos y todas y en especial para los grupos y colectivos más excluidos de la sociedad. Cuando no asumimos ese compromiso sólo encontramos la muerte prematura, la vida triste y sin sentido, y una existencia sin visión de futuro.

Vivimos en medio de una sociedad en donde hay muchas personas que buscan la felicidad de sus hermanos y hermanas pero hay también muchos y muchas que sólo buscan su propio bienestar, sin importarles la suerte de las los más débiles, empobrecidos y excluidos. En medio de esa realidad sigue resonando la voz de Jesús que invita a la solidaridad: “Vete y haz tú lo mismo”.

LPT:   Deuteronomio 30,10-14. Estos mandamientos no son superiores a tus fuerzas

Int.  Para el grupo del pueblo de Israel, salido de Egipto, que vivió la experiencia de la liberación de la opresión era necesario tener unas normas mínimas de comportamiento. De hecho, habían salido del país de la esclavitud, pero permanecían las esclavitudes personales de cada una de las personas que integraban el pueblo. Para mantener su condición liberada el pueblo se da unos mandamientos y los considera como un mandato divino; así se convierte en el código de leyes de un pueblo liberado.

Texto: Habló Moisés al pueblo diciendo: “De nuevo estará contento Yahvé al verte feliz, guardando sus mandamientos y sus normas; en una palabra, lo que está escrito en el libro de esta Ley, cuando te conviertas a Yahvé, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma. Estos mandamientos que yo doy no son superiores a tus fuerzas ni están fuera de tu alcance. No están en el cielo, para que puedas decir: `Que suba alguien al cielo a buscar esos mandatos y después escucharemos y los pondremos en práctica’. Tampoco están al otro lado del mar, para que tengas que decir: `Que alguien pase hasta el otro lado y los traiga de vuelta, y entonces escucharemos y los pondremos en práctica’. Todo lo contrario, estas cosas de que hablo están bien cerca de ti; ya están en tu boca y en tu corazón, de modo que no te será difícil cumplirlas.

Salmo de hoy: Tú eres mi cirineo solidario

  • He caído mil veces y siempre me ofreces tu mano; cuando voy en tinieblas encuentro en tus ojos la luz, y tu amor es tan sincero, que eres tú mi cirineo, cuando tengo que cargar alguna cruz.
  • He faltado a la ley del amor y tú nunca me acusas, ni te ofendes cuando por mi cuenta yo dejo el redil, y me mata un desconsuelo, cuando siento que te pierdo, más tus brazos se abren siempre para mí.

LST: Lucas 10,25-37. Vete y haz tú lo mismo

Int.  No podemos decir que somos cristianos y cristianas si no somos solidarios y solidarias con las personas heridas, abandonadas y necesitadas que encontramos en medio de nuestro camino. Si ante el hermano o la hermana que necesitan de nuestra ayuda pasamos de largo, no somos verdaderas ni verdaderos creyentes, verdaderos ni verdaderas militantes. Y es que la fe tiene que demostrarse con acciones concretas de solidaridad, en medio de la cotidianeidad.

Texto: En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley, y para poner a Jesús en apuros le dijo: “Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna? Jesús le dijo: “¿Qué dice la Ley, qué lees en ella?” Contestó: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu fuerza y con todo tu espíritu; y a tu prójimo como ti mismo”. Jesús le dijo: “Tu respuesta es exacta; haz eso y vivirás”. Pero él quiso dar el motivo de su pregunta y dijo a Jesús: “¿Quién es mi prójimo?” Jesús empezó a decir: “Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de bandidos, que después de haberlo despojado de todo y de haberlo molido a golpes, se fueron dejándolo medio muerto. Por casualidad bajaba por ese camino un sacerdote, quien al verlo pasó por el otro lado de la carretera y siguió de largo. Lo mismo hizo un levita al llegar a ese lugar: lo vio, tomó el otro lado del camino y pasó de largo. Pero llegó cerca de él un samaritano que iba de viaje, lo vio y se compadeció. Se le acercó, curó sus heridas con aceite y vino y se las vendó. Después lo puso en el mismo animal que él montaba, lo condujo a un hotel y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos monedas y se las dio al hotelero, diciéndole: `Cuídalo. Lo que gastes de más, yo te lo pagaré a mi vuelta'”. Jesús entonces preguntó: “Según tu parecer, ¿cuál de estos tres se portó como prójimo del hombre que cayó en manos de los salteadores?” El contestó: “El que se mostró compasivo con él”. Y Jesús le dijo: “Vete y haz tu lo mismo”.

PARA LA REFLEXIÓN COMUNITARIA, FAMILIAR O PERSONAL

1.  ¿Quién es mi prójimo o prójima?

2. ¿Por qué es necesaria la solidaridad con cada hermana o hermano, herida o herido en el camino de la vida?

1. Cualquier persona puede ser mi prójimo o prójima necesitadas o necesitado de mi solidaridad

Las y los jesuánico-cristianos sabemos que el amor solidario es la clave necesaria para vivir con dignidad y para romper con la inconciencia y la falta de solidaridad de quien pasa por la vida sin fijarse en las necesidades de sus hermanos y hermanas, de cualquier persona que encuentre en su camino. Sin embargo, a veces nos hacemos la misma pregunta que el maestro de la Ley hizo a Jesús: ¿Quién es mi prójimo?

Prójimo es toda aquella persona que tenemos cercana; es decir, nuestros parientes, nuestros amigos y amigas, las hermanas y hermanos de la comunidad cristiana, las y los compañeros de trabajo. Con ellos y ellas debemos cumplir el mandamiento del amor. Lo que debe regular las relaciones entre nosotros y nosotras es precisamente el amor y la solidaridad, con lo que vamos formando familias unidas que lleven el mensaje de salvación a todas las personas de nuestro sector o comunidad.

Pero prójimo es también cualquier persona herida que encontramos en nuestro camino. Todo hombre o toda mujer que esté necesitada o necesitado de nuestro servicio debe ser acogida y ayudado por nosotros y nosotras. Por lo tanto, el amor y la solidaridad no tienen barreras. Así lo hizo el Samaritano que era considerado un enemigo para los judíos. Ser prójimo es vivir en la actitud de aproximación generosa al que necesita, la que nos hace prójimas y prójimos suyos, nos acerca a ellos. Por eso al final de la parábola del buen samaritano (Lc 10,25-37) Jesús dice: ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores? El doctor de la ley no tuvo sino que responder: “el que practicó la misericordia con él” (Lc 10,36-37).

2. La compasión y la solidaridad con cada hermano o hermana herida

Hay muchas personas que encontramos heridas en nuestro camino. Pueden ser heridas físicas o pueden ser heridas psicológicas o espirituales. Hay muchas personas que se sienten solas; otras han tenido problemas personales con sus familiares, con su compañero, amigo, compañera, amiga; se han separado, y se sienten profundamente heridas. Otras personas fueron abandonadas por sus padres, por sus madres, por sus hermanos o hermanas. Otras se sienten heridas porque tenían una amistad y ese amigo o amiga le fueron infieles.

El amor al prójimo necesitado es, en primer lugar, auténtico amor humano que se conmueve ante la persona maltratada y herida. Y por eso mismo se concretiza en una iniciativa que es acción solidaria eficaz: curó personalmente las heridas, lo llevó a una posada, pagó para que lo atendieran debidamente… No basta responder haciendo cualquier cosa para salir del paso; hay que realizar lo que un atento análisis de la necesidad (personal, social, material, afectiva…) reclama como adecuado para responder y resolverla.

La pregunta fundamental que hizo a Jesús el maestro de la Ley judía

-¿Qué tengo que hacer para conseguir la vida eterna?- debe ser la pregunta fundamental para todo jesuánico-cristiano o jesuánico-cristiana comprometida o comprometido.

Todas las personas queremos vivir felices. Tenemos en nuestros corazones el deseo divino de vivir para siempre. Por eso, para muchas personas la muerte es el peor fracaso y no se resignan a dejar este mundo. Pero, ¿de qué sirve vivir de una forma amargada? ¿De qué sirve vivir en el egoísmo? ¿De qué sirve vivir en medio del dolor y de la injusticia? En estos casos no vivimos de verdad, sino que mal-vivimos.

El amor al prójimo, y en la misma medida el amor divino del que es expresión inseparable, se realiza en la práctica fraterna y sororal. Dirigiéndose al doctor de la ley Jesús concluye diciendo tajantemente: “Vete y haz tú lo mismo” (Lc 10,37). En la acción solidaria se hace realidad el amor y encuentra así solución precisa la dificultad teórica.

En muchas ocasiones quienes tienen los poderes políticos y económicos imponen cargas insoportables a las y los pobres y débiles, que hacen que sus vidas sean un verdadero infierno, por falta de alimentos, de vivienda, de medicina para sus hijos, de adecuada educación…. Los que así actúan son muertos y muertas en vida.

Sólo vive de verdad quien es solidario o solidaria con las hermanas y hermanos heridos, heridas, necesitados y necesitadas. A nosotros y nosotras, Jesús nos sigue diciendo: “Haz esto y vivirás”. La solidaridad nos trae la vida; la vida que no termina.

Para la revisión personal: ¿Me comporto como prójimo frente a tantas hermanas y hermanos heridos en el camino de la vida? ¿Soy capaz de acercarme a aquellas personas que no están en mi camino pero que necesitan mi ayuda y mi servicio?

Para la oración de las y los participantes:

  1. Para que seamos capaces de hacernos prójimos de tantas mujeres y hombres que hoy están siendo golpeados y abandonados en los diversos caminos de la vida.
  2. Para que nuestra Iglesia y nuestra comunidad cristiana se distingan por la solidaridad con los hermanos y hermanas heridas.
  3. Por las y los samaritanos de hoy, aquellos y aquellas de quienes nadie espera nada bueno pero que en la realidad practican el amor solidario.

Exhortación final: Jesús, nuestro compañero solidario en el camino de la vida, nos ha invitado a tomar en serio nuestro compromiso de fe. Nos exige vivir el mandamiento del amor a Dios y a los hermanos y hermanas. Ese amor tiene que mostrarse en acciones concretas de solidaridad con las hermanas y hermanos heridos en el camino de la vida. Que durante esta semana y en cada momento de nuestras vidas sepamos estar dispuestos y dispuestas a ayudar a toda persona que necesite de nuestro amor y de nuestro servicio.

EL DERECHO A SER DISCIPULA COMPROMETIDA EN UN PROYECTO DE BUEN VIVIR

PARA TODOS Y TODAS. C16ºO (19-25/7/2010)

Introducción: El Espíritu de la divinidad de Jesús se hace presente entre nosotros y nosotras. Le gusta visitar a su pueblo. Nos envió a su Hijo Jesús que nos visitó y nos habló de amor, de solidaridad, del proyecto del Buen Vivir. Por esto nos dice el evangelista Lucas: “Todo será por obra de la tierna bondad de nuestro Dios que nos trae del cielo la visita del Sol que se levanta para alumbrar a aquellos que se encuentran entre tinieblas y sombras de muerte y para guiar nuestros pasos por el camino de la paz” (Lc 1,78-79). Celebremos la presencia en nuestra comunidad de Jesús que es amigo cercano y que con su Palabra, su mensaje de amor,  con su muerte solidaria y con su resurrección liberadora nos ha permitido compartir su lucha por vivir con dignidad y justicia.

LPT:   Génesis 18,1-10. Señor, no pases de largo

Int.: Por saber acoger a tres hombres que lo visitaban, Abrahán recibió a una divinidad que se presentó en forma humana. El resultado de la visita fue muy importante para Abraham y Sara: como fruto de ese encuentro y de la bendición divina podrían tener al esperado hijo Isaac, tenido en la ancianidad.

Texto: En aquellos días, Yahvé se presentó a Abraham junto a los árboles de Mambré mientras estaba sentado a la entrada de su tienda de campaña, a la hora más calurosa del día. Abraham miró y vio que tres hombres estaban parados cerca de él. Inmediatamente corrió hacia ellos y se postró en tierra diciendo: “Señor mío, si me haces el favor te ruego no pases a mi lado sin detenerte. Les haré traer un poco de agua para que se laven los pies y reposen, a la sombra de estos árboles. En seguida les serviré pan para que recuperen sus energías antes de proseguir su viaje; pues creo que para esto pasaron ustedes por mi casa. Ellos respondieron: “Haz como has dicho”. Abraham fue rápidamente a la habitación de Sara y dijo: “Toma luego tres medidas de harina, amásala y haz tortas”. Luego él mismo fue al potrero, tomó un becerro tierno y bueno y se lo entregó a un muchacho para que lo preparara inmediatamente. Después tomó mantequilla, leche y el becerro ya preparado y se lo presentó a ellos. El se quedó de pie junto a ellos, bajo el árbol, mientras comían. Ellos le preguntaron: “Dónde está Sara, tu esposa? El les respondió: “Está dentro de la tienda” El otro prosiguió diciendo: “Dentro de un año volveré aquí. Para entonces, Sara, tu mujer, tendrá un hijo”.

Salmo de hoy: Jesús, danos ya tu Palabra

  • Es grito contra la injusticia, y paz para el que cuida la vida.
  • Es la que nos suelta la lengua, la luz que mi rancho ilumina.
  • Es la que nos da dignidad y respeto, tizón que más nunca se apaga.

LST: Lucas, 10-38-42. María ha escogido la mejor parte

Int.: En Betania, a tres kilómetros de Jerusalén, Jesús tenía, en una misma familia, dos grandes amigas: Marta y María y un buen amigo: Lázaro. El Evangelio de hoy nos describe a Marta como muy empeñada en los oficios de la casa, mientras que María se dedica, como discípula, a escuchar a Jesús. Aunque ambas cosas son importantes, Jesús declara que ha sido María la que ha escogido la mejor parte.

Texto: En aquel tiempo, yendo de camino, entró Jesús en un pueblo y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Tenía ésta una hermana de nombre María, que se sentó a los pies de Jesús para escuchar su palabra. Marta, en cambio, estaba muy ocupada con los muchos quehaceres. En cierto momento se acercó a Jesús y le preguntó: “Jesús, no te importa que mi hermana me deje sola para servir”. Dile que me ayude”. Pero Jesús le respondió: “Marta, Marta, tú te inquietas y te preocupas por muchas cosas. Sin embargo, pocas cosas son necesarias, o más bien una sola cosa es necesaria. María escogió la parte mejor, la que no le será quitada.

PARA LA REFLEXIÓN COMUNITARIA, FAMILIAR O PERSONAL

  1. ¿Por qué es importante acoger a los hermanos y hermanas en la propia casa?
  2. 2. ¿Por qué es importante dedicar tiempo para escuchar la Palabra de salvación?

1. Acoger en la propia casa  a los hermanos y hermanas.

Abrahán, acogiendo a aquellos tres hombres que le visitaban, recibió en su casa, sin darse cuenta, una visita divina. El resultado de la visita no podía traerle mejores resultados: el viejo Abrahán y la vieja Sara verían hecho realidad su sueño de toda la vida: tendrían al deseado hijo que heredaría sus posesiones: Isaac.

En el evangelio que hemos leído hoy (Lc 10,38-42), Jesús es acogido por Marta, nombre que significa en arameo (la lengua que usaba Jesús): “señora, dueña de casa”. Lucas precisa en efecto que fue ella quien “lo recibió en su casa” (Lc 10,38).

Nosotros y nosotras también podemos recibir una visita “divina”, por medio de hermanos y hermanas que nos traen la Palabra de amor solidario, o que nos demuestran su solidaridad o nos ayudan a vivir con alegría y dignidad. Por esto es importante acoger en nuestras casas a las personas que nos visitan, porque pueden ser mensajeros y mensajeras del amor solidario. En definitiva podemos encontrarnos en el camino de la vida con personas movidas por el espíritu de Jesús que nos pueden ayudar a vivir mejor y a comprometernos con la calidad de vida de las personas y con todos los seres vivos de nuestro planeta.

2. El derecho a ser discípula y escoger la “mejor” parte

Marta y María fueron visitadas por Jesús. María entendió que era necesario sentarse a los pies del Maestro, es decir, escuchar a Jesús con atención. Sentarse a los pies de alguien, para escucharle, significa en las Sagradas Escrituras, ser discípulo o discípula de alguien.

En tiempo de Jesús, los maestros de la Ley enseñaban que no tocaba a las mujeres profundizar en las enseñanzas de la Ley o códigos de leyes que debían orientar la vida del pueblo judío. Se creía que esto era tarea y responsabilidad de los varones. María, con la complacencia de Jesús, rompe esa norma. Sentada a sus pies, ella reclama un derecho como persona humana: conocer directamente, de labios de Jesús, todo lo relacionado con el Proyecto de vida y de amor del pueblo inspirado por su fe militante; María defiende su derecho a ser discípula.

María no pierde la oportunidad que Jesús le da para escucharle, porque sabe que sus palabras traen la vida y la salvación.

María escogió la mejor parte, porque sabía que escuchar a Jesús y seguir su Palabra era la fuente de la verdadera vida. Después de esa escucha sacaría las fuerzas para realizar su trabajo y sus oficios. Pero sabía que si no se alimentaba con la Palabra de vida, todo lo demás que hiciera no tendría mucho sentido.

A nosotros y nosotras se nos pide también saber sacar tiempo para escuchar la Palabra de Jesús, nuestro Maestro, que nos es transmitida a través de los acontecimientos de la vida, de la situación en que viven las personas más excluidas y empobrecidas de la sociedad, de la violencia estructural del sistema social en que vivimos, y también a través de pastores y pastoras de la comunidad, de catequistas, de animadores y animadoras, de periodistas que saben denunciar la corrupción e impunidad de los sectores del poder económico-político, de profetas comprometidas y comprometidos con el proyecto del Buen Vivir.

Para la revisión personal: ¿En el trajín de cada día, tenemos tiempo para escuchar atenta y serenamente la Palabra que Dios nos dirige en la Biblia y en la vida? ¿Somos críticos y críticas ante nuestro propio activismo y afán de eficacia?

Para la oración de las y los participantes:

  1. Por toda la Iglesia jesuánico-cristiana, para que sea siempre tanto servicial y samaritana cuanto orante y contemplativa.
  2. Por las muchas comunidades que han redescubierto la importancia de la oración, para que ella les lleve a un compromiso de servicio y solidaridad.
  3. Por todas las personas que viven el servicio y la solidaridad, para que la alimenten con la oración y sepan contemplar a Dios en los rostros de los más pobres.

Exhortación final: Creemos en una divinidad, fuente de amor solidario, que se acerca a la vida de sus discípulos y discípulas. Visita a su pueblo, a sus amigos y amigas. A nosotros y nosotras nos toca acogerle en nuestras casas, en nuestro corazón, escuchando su Palabra de amor, haciendo lo posible para que las preocupaciones de la vida no nos impidan dedicar tiempo a la escucha de la Palabra, para realizar con responsabilidad y conciencia el trabajo de inserción y de solidaridad que tenemos que realizar en la familia, en la sociedad, en el barrio y en la comunidad cristiana.

UNA ORACION COMPROMETIDA CON LAS LUCHAS DE UN PUEBLO QUE BUSCA

UN BUEN VIVIR. C17ºO (26/7-1/8/2010)

Entrada: Dos personas o grupos humanos que se quieren, que se aprecian, necesitan momentos de diálogo y de intimidad. También nuestro espíritu  necesita momentos fuertes de encuentro y de intimidad con la divinidad de Jesús, en quien creemos, en donde podamos presentarle nuestras necesidades, darle gracias y escuchar sus sabias palabras de amor que orientan nuestra vida por los caminos de la justicia y la solidaridad y la lucha comprometida.

LPT:   Génesis 18,20-32. ¿Vas a destruir al justo junto con el malvado?

Int.:     Abrahán intercede ante su divinidad por las y los habitantes de Sodoma y Gomorra, que eran dos ciudades que, según la tradición, se distinguían por los pecados de prostitución y de homosexualidad. Sin embargo no todos y todas caían en estas conductas egoístas e injustas. Por eso Abrahán intercede por las personas que considera justas que hay en el pueblo y convence a la divinidad en quien creía para que no destruya a estos dos pueblos en atención a las personas buenas y solidarias que en entre ellos y ellas habitaban.

Texto: En aquellos días, Yahvé dijo: “Las quejas contra Sodoma y Gomorra son enormes; !qué grande es su pecado! Voy a visitarlos, y comprobaré si han actuado o no según el rumor que ha llegado hasta mí. Si no es así, lo sabré”. Partieron de allí los hombres que lo acompañaban y se fueron hacia Sodoma, mientras Abraham se quedaba de pie ante su divinidad. Este se acercó y le dijo: “Es cierto que vas a exterminar al justo junto con el malvado? A lo mejor existen cincuenta justos dentro de la ciudad. ¿Es cierto que vas a acabar con todos ellos y ellas y no perdonarás el lugar en atención a las cincuenta personas justas que puede haber allí? !Sé que tú estás lejos de proceder así, o sea, de permitir que el bueno o la buena sea tratado o tratada igual que la persona mala! ¿O es que el juez de toda la tierra no aceptará lo que es justo?”. Yahvé dijo: si encuentro cincuenta personas justas dentro de la ciudad, perdonaré a todo el lugar en atención a ellos y ellas”. Abraham contestó: “Sé que a lo mejor es un atrevimiento hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza, pero si para los cincuenta justos faltaran cinco, ¿destruirás la ciudad por los cinco que faltan? Yahvé dijo: “No la destruiré si hay cuarenta y cinco hombres justos”. Abraham volvió a insistir: “Y si solo se encontraran allí cuarenta justos? Yahvé contestó: “No lo haré si encuentro allí treinta justos”. Abraham continuó: “Sé que es un atrevimiento de mi parte hablar así a mi Señor; pero, y si se encuentran allí solamente veinte justos?” Yahvé contestó: “No la destruiré en atención a los veinte”. Abraham dijo: “No se enoje mi Señor, y voy a hablar por última vez. Tal vez no se encuentren allí más de diez”. Yahvé dijo: “En atención a esos diez, yo no destruiré la ciudad”.

Salmo de hoy: Padre, Padre Nuestro, Taita bueno, padre de justicia, de amor e igualdad.

  • Ven construye con nosotros y nosotras, tu reino de libertad, que vivamos como hermanos y hermanas, hágase tu voluntad.
  • Danos fuerzas en la lucha, para compartir el pan; el sudor de nuestras manos nos lo acaban de arrancar.
  • No permitas que caigamos en la tentación y el mal; fama, dinero y poder, ganchos de esta sociedad.

LST: Lucas, 11,1-13. Jesús, enséñanos a orar

Int.: El Padre Nuestro es una oración muy importante para quienes se consideran jesuánico-cristianos. Jesús utilizó una oración que ya rezaban los judíos. Esa oración es la primera parte del Padre Nuestro que rezamos hoy. Luego le añadió la petición del pan de cada día, la del perdón de las ofensas o deudas y la de la liberación de la tentación. Por otro lado, el Padre Nuestro es una especie de programa de vida para el seguidor de Jesús.

Texto: Un día estaba Jesús orando en cierto lugar. Cuando terminaba su oración, uno de sus discípulos le pidió: “Jesús, enséñanos a orar así como Juan enseñó a sus discípulos”. El les dijo: “Cuando recen, digan: “Padre, que tu nombre sea santificado, que venga tu Reino. Danos cada día el pan que debemos esperar. Perdónanos nuestros pecados, pues nosotras y nosotros mismos perdonamos al que nos debe. Y no nos sometas a alguna prueba”. Les dijo también: “Supongan que uno de ustedes va a medianoche donde un amigo para decirle: “Amigo, préstame, por favor, tres panes, porque me llegó un amigo de viaje y no tengo nada que ofrecerle’. Pero el otro responde desde adentro: No me molestes; la puerta está cerrada y mis hijos e hijas y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos. Yo les digo que si el de afuera sigue golpeando, por fin se levantará a dárselos. Si no lo hace por ser amigo suyo, lo hará para que no lo siga molestando, y le dará todo lo que necesita. Pues bien, yo les digo: pidan y les darán, busquen y hallarán, toquen a la puerta y les abrirán. Porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llame a una puerta se le abrirá. ¿Qué padre de entre ustedes, si su hijo o hija le pide pan, le da una piedra, o si le pide pescado, en vez de pescado le da una serpiente, o si le pide un huevo, le pasa un escorpión? Por lo tanto, si ustedes que son malos saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan”.

PARA LA REFLEXIÓN COMUNITARIA, FAMILIAR O PERSONAL

1. ¿Por qué Jesús es nuestro Maestro en la oración y en la contemplación en medio de la acción salvadora y liberadora?

2. ¿Por qué necesitamos el pan de cada día y el perdón de los hermanos y hermanas?

  1. 1. Jesús Maestro de oración comprometida en medio de la lucha por conseguir mejores condiciones de vida

Jesús mantenía una relación de intimidad con su divinidad, por eso los evangelios nos lo presentan con frecuencia en diálogo con su divinidad, a la que llamaba  “Padre”. Las relaciones entre un padre, o una madre,  y su hijo o hija deben mantenerse sobre la base del diálogo, de la comprensión y del apoyo mutuo. Así son las relaciones entre Jesús y su Padre.

El evangelista Lucas se complace en presentarnos frecuentemente a Jesús orando en todos los momentos decisivos de su vida. Nada de extraño que los discípulos y discípulas lo hayan notado y hayan querido aprender: “Jesús, enséñanos a orar como enseñó Juan a sus discípulos” (Lc 11,1).

Jesús está consciente de que su Padre es inspirador de todo compromiso al servicio de la vida plena de todos y todas. Por eso considera indispensable mantenerse unido a El.

El mismo Jesús nos dice que él es como el tronco del árbol, y nosotros y nosotras somos sus ramas. Por eso no podemos tener vida verdadera si no estamos unidos y unidas a él (Jn 15,5).

La oración, sin embargo, no puede ser una actividad que nos aleje de nuestra propia realidad y del compromiso militante que tenemos que realizar en medio de ella. Hay cristianos y cristianas que toman la oración para escapar de las situaciones de vida que les toca vivir. La oración de Jesús no es así. Por el contrario su oración parte de la realidad vital y da luz para intentar vivir con coherencia en nuestro medio ambiente marcado por la injusticia, por la corrupción y la violencia estructural; nos invita a mantener una relación con el Padre que sea íntima, pero que esté metida en la realidad de nuestra lucha cotidiana, fortaleciendo nuestro compromiso con el Proyecto del Buen Vivir. De la oración y de la reflexión profunda deberíamos sacar luz y fuerzas para enfrentar las múltiples dificultades que encontramos en la vida cotidiana, cuando intentamos ir colaborando en la creación de una nueva familia, y de una sociedad más justa, democrática y participativa.

2. Padre, que venga tu Reino

El anuncio evangélico que Jesús hacía tenía un tema central: el Reino de Dios. Ese Proyecto se caracteriza por los valores fundamentales: amor, libertad, justicia, verdad y paz. Se trata de crear otro tipo de relaciones entre los hombres y las mujeres, con los seres vivos y con la naturaleza toda. El Reino comienza a realizarse aquí, en el día a día y tiene su plenitud sólo cuando asumimos con responsabilidad nuestros compromisos cotidianos.

Lo que hay que pedir en la oración es que “venga tu Reino”; pero no basta con hacer la petición; es necesario luchar para hacerlo realidad con todas sus consecuencias: el pan cotidiano, el perdón y la fortaleza en la tentación. El Padre Nuestro es norma y guía de toda oración jesuánico-cristiana. Cuando lo que pedimos no entra dentro de esas peticiones es que no estamos orando al Padre, ni lo hacemos como Jesús nos enseñó.

En el Padrenuestro encontramos una correcta relación y articulación entre la causa del Padre y la causa del Pueblo, entre los intereses de la divinidad y los de los seres humanos, entre el “cielo y la tierra”. La primera parte del Padrenuestro se refiere a la causa de Dios-Padre: la santificación de su nombre, su reinado. La segunda parte hace referencia a la causa de los seres humanos: el pan necesario, el perdón indispensable, la tentación siempre presente y el mal continuamente amenazador. Ambas partes forman una unidad en la práctica y predicación de Jesús, enseñándonos que su divinidad no se interesa sólo de lo que es suyo –su nombre, su reinado-, sino que se preocupa por lo que es propio del pueblo, -su pan, su perdón, la tentación, el mal,- sino que se abre también a lo que hace referencia al Padre: su nombre, su reinado y su voluntad.

El proyecto del Reino, el proyecto del Buen Vivir, debió ser también el tema central de la oración de Jesús con su Padre. También nuestra oración debe estar centrada en ese Proyecto de Dios.

La oración del jesuánico-cristiano y de la jesuánico-cristiana, por tanto, no debe reducirse a lo personal. Hay muchas personas que sólo rezan para pedir cosas a su divinidad. Debemos darle gracias, y sobre todo pedirle que venga su “Reino”; es decir, que se haga realidad entre nosotros y nosotras su Proyecto de amor y de justicia liberadora. Esa es la verdadera oración.

Con la pequeña parábola “del amigo inoportuno” (Lc 10,5-10) y los consejos que la acompañan: “Pidan y se les dará, busquen y hallarán, llamen a la puerta y les abrirán” (Lc 10,9), Jesús señala una cualidad importante de la oración. Ella ha de ser constante, y continua. Y no tanto porque la divinidad requiera ser convencida, sino porque así mostramos con libertad nuestra confianza en una divinidad solidaria y comprometida en medio de nuestras necesidades cotidianas.

En nuestra oración debemos pedir con frecuencia el don del Espíritu divino. Que sea su luz y su inspiración las que nos guíen por los caminos que conducen a la vida buena. Si tenemos el Espíritu de Dios, toda nuestra vida estará orientada hacia la construcción de un proyecto alternativo de vida, fundamentada sobre los valores de la compasión, el amor y la solidaridad.

El don del Espíritu es el mejor y el mayor de los dones que Dios nos puede dar. Por eso, es importante que sepamos acogerlo con confianza y decisión.

Jesús nos ha enseñado a pedir el pan de cada día. El se preocupa de todo lo que necesitamos para vivir como seres humanos que tienen la dignidad de ser personas, comprometidas con un proyecto de sociedad justa, inclusiva y participativa. Y Jesús está consciente de que sin alimentos no podemos vivir. Por otro lado, sólo construyendo el Proyecto de justicia, y trabajando por una sociedad más justa se pueden crear las posibilidades para que todos y todas tengamos el pan de cada día y se vayan cancelando tantas deudas sociales como tenemos en nuestro país, en el Caribe, en América Latina.

Para la revisión personal: ¿Sólo hago oración cuando necesito que Dios me conceda algo? ¿Están presentes en mi oración las principales causas y necesidades de nuestro pueblo? ¿Dedico suficiente tiempo para escuchar lo que Dios me quiere decir?

Para la oración de las y los participantes:

  1. Para que nuestra oración esté centrada en el Proyecto de Dios y en la realización de los Cielos Nuevos y la Tierra Nueva en los que habite la justicia.
  2. Por todos los hombres y mujeres no cristianos, que “rezan a su manera, en la meditación profunda, en los buenos sentimientos de su corazón… Para que Dios les inspire también el deseo de la realización de su Proyecto.
  3. Por todos los cristianos y cristianas que no rezan a causa del activismo; para que descubran la importancia de hacer un justo equilibrio entre acción y oración.

Exhortación final: La oración es un diálogo de amor con una divinidad que sabemos que nos ama. A imitación de Jesús, el proyecto divino, su Proyecto de Amor y de Justicia, deben estar en el centro de nuestra oración y de nuestra práctica liberadora. En la oración debemos pedir con frecuencia el pan de cada día, y la fuerza del Espíritu de Dios para que nos fortalezca ante la tentación de abandonar nuestros compromisos asumidos con el proyecto del buen vivir para todos y todas y en especial para los sectores tradicionalmente más excluidos de nuestra sociedad.


Reflexiones bíblicas semanales. Junio 2010

junio 3, 2010

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDOM)

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Reflexiones bíblicas semanales. Junio 2010

Somos un cuerpo: tenemos un mismo Proyecto de vida CCC (6-6-10).

ENTRADA: Todas las personas que pertenecemos a la Iglesia cristiana formamos parte, siguiendo la metáfora utilizada por Pablo, del cuerpo de Jesucristo. La comunidad de fe, de servicio y de compromiso transformador es como un cuerpo que tiene muchos miembros y miembras. Cada miembro o miembra está llamado o llamada a aportar su trabajo para la realización de la misión que le ha sido encomendado por el Espíritu de Jesús a la Iglesia peregrina.

Int. Pablo, en su carta a las y los jesuánico-cristianos de Corinto hace una comparación entre el cuerpo humano y la iglesia jesuánico-cristiana. Así como el cuerpo humano tiene muchos miembros y todos son interdependientes así es la realidad de las personas que formamos la iglesia jesuánico-cristiana  a los diferentes niveles: de denominaciones, de comunidades de base o grupos de fe.

1ª. Lect.: 1 Cor 12,12-30. Todas y todos nos necesitamos mutuamente

Texto: Hermanas y hermanos: 12El cuerpo humano, aunque está formado por muchos miembros, es un solo cuerpo. Así también Jesucristo. 13Y de la misma manera, todas y todos nosotros y nosotras, judíos, judías o no judíos, esclavos, esclavas o libres, fuimos bautizadas y bautizados para formar un solo cuerpo por medio de un solo Espíritu; y a todos y a todas se nos dio a beber de ese mismo Espíritu.

14Un cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos. 15Si el pie dijera: “Como no soy mano, no soy del cuerpo”, no por eso dejaría de ser del cuerpo. 16Y si la oreja dijera: “Como no soy ojo, no soy del cuerpo”, no por eso dejaría de ser del cuerpo. 17Si todo el cuerpo fuera ojo, no podríamos oír. Y si todo el cuerpo fuera oído, no podríamos oler. 18Pero Dios ha puesto cada miembro del cuerpo en el sitio que mejor le pareció. 19Si todo fuera un solo miembro, no habría cuerpo. 20Lo cierto es que, aunque son muchos los miembros, el cuerpo solo es uno.

21El ojo no puede decirle a la mano: “No te necesito”; ni la cabeza puede decirles a los pies: “No los necesito.” 26Si un miembro del cuerpo sufre, todos los demás sufren también; y si un miembro recibe atención especial, todos los demás comparten su alegría.

27Pues bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno de ustedes es un miembro con su función particular. 28Dios ha querido que en la iglesia haya, en primer lugar, apóstoles; en segundo lugar, profetas; en tercer lugar, maestros; luego personas que hacen milagros, y otras que curan enfermos, o que ayudan, o que dirigen, o que hablan en lenguas. 29No todos son apóstoles, ni todos son profetas. No todos son maestros, ni todos hacen milagros, 30ni todos tienen poder para curar enfermos. Tampoco todos hablan en lenguas, ni todos saben interpretarlas.

Salmo de hoy: TODOS/AS TENEMOS LOS MISMOS DERECHOS; TODOS/AS TENEMOS LOS MISMOS

DEBERES: TODOS/AS TENEMOS UN MISMO SUEÑO, UN MISMO PROYECTO (2V).

  • Queremos construir una ciudad, una ciudad en paz; queremos confirmar en la unidad, nuestra fraternidad/sororidad. Sin que haya esclavos/as, ni haya señores/as, que no puedan cantar nuestra canción. Sin que haya clases ni diferencias, que impidan compartir un mismo pan.
  • Queremos construir una ciudad, una ciudad en paz; queremos alcanzar la libertad, fruto de la verdad. Allá entre todos/as compartiremos, las penas, el esfuerzo y el amor. Allá entre todos/as descubriremos, que el grano de semilla floreció.

Lect. Ev. Lucas 9,11-17. Todos y todas comieron cuanto quisieron y se reco­gieron doce ca­nastos de sobras.

Int.: Durante su vida pública Jesús iba anunciando el Evangelio y realizando acciones solidarias que demostraban la verdad de lo que él anunciaba. Y es que un hecho bueno dice más que mil palabras. Jesús multiplica el pan y da de comer a la gente. No se trata, sin embargo, de una acción clientelar o que buscar crear dependencia. Más bien se trata de una acción solidaria, que es signo de lo que deben hacer las y los discípulos de Jesús: preocuparse por todas las necesidades del ser humanos.

Texto: En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar a la gente del Reino de Dios, y devolvió la salud a los que necesitaban curación. El día comenzaba a decli­nar. Los Doce se acercaron para decirle: “despide a la gente. Que vayan a las aldeas y pueblecitos de los alrededores en busca de alojamiento y comida, por­que aquí estamos en un lugar solitario”. Jesús les contestó: “Denles ustedes mismos de comer”. Ellos dijeron: “No tenemos más que cinco panes y dos pesca­dos, a menos que fuéramos nosotros mismos a comprar alimento para todo este gentío”. Porque había unos cinco mil hombres. Pero Jesús dijo a sus discípu­los: “Háganlos sentarse en grupos de cincuenta”. Así hicieron los discípulos, y todos se sentaron. Jesús entonces tomó los cinco panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo, dijo la bendición, los partió y se los entregó a sus discípulos para que se los distribuyeran a la gente. Todos comieron cuanto quisieron y se recogieron doce canastos de sobras.

Para la reflexión familiar, comunitaria o personal

  1. ¿Por qué el Proyecto solidario del otro mundo posible exige anuncio de la Palabra de vida y acciones solidarias?
  2. ¿Por qué compartir el pan que fortalece en la lucha por el Proyecto de vida plena?

1. El anuncio de un Proyecto de vida solidaria

En el evangelio que hemos leído hoy (Lc 9,11-17) se nos dice que al volver de una misión que Jesús había encomendado a 12 de sus seguidores él se reúne con ellos en una ciudad llamada Betsaida, situada al lado del lago de Galilea. Posiblemente quería evaluar con ellos la misión realizada. Sin embargo la gente no los deja tranquilos.

Ante la presencia de la multitud, Jesús no se molesta por tener que cambiar sus planes. El acoge a la gente y les anuncia lo central de ese mensaje: lo que él llamó, “El Reino de Dios”. Son gente empobrecida y marginada. Y no solamente hay anuncio, sino que hay acciones concretas que acompañan la proclamación del Evangelio. Y es que el Proyecto de vida nueva anunciado por Jesús es Palabra de esperanza y acciones solidarias en favor de las y los más humildes, débiles y empobrecidos.

Como comunidad de fe, de servicio y de amor solidario, tenemos la conciencia de ser testigos y testigas de la propuesta de vida buena presentada por Jesús, de ser colaboradores y colaboradoras de un Proyecto de vida plena. Por eso se hace necesario seguir anunciando el mensaje salvador de Dios. Pero ese anuncio es necesario acompañarlo con acciones solidarias concretas a favor de la gente y sobre todo de la gente más excluida y marginada, venciendo la tentación de crear con la gente relación clientelar. Por eso, en nuestras comunidades cristianas nos preocupamos por la salud del pueblo, por la alimentación, por la educación… es decir, acciones concretas que expresan nuestro compromiso con el Proyecto de vida plena y con la satisfacción de las necesidades fundamentales de la gente.

Después de volver de la misión que Jesús les había encomendado, las y los discípulos de Jesús estaban probablemente cansados y querían poner fin a la jornada para descansar un poco. Por eso proponen a Jesús que despida a la gente que lo seguía para que buscasen alojamiento y comida en los pueblos cercanos. Sin embargo Jesús tiene otra cosa en mente. A las y los seguidores de Jesús les toca en ese momento organizarse para dar de comer a la gente; eso forma parte del anuncio del Proyecto de Dios. Por eso Jesús dice directamente: “Denles ustedes mismos de comer” (Lc 9,13).

La negativa de los discípulos de Jesús está guiada por el sentido común; lo sienten, no tienen ni alimento ni probablemente dinero (Lc 9,13). Piensan como la gente que viven en medio de un sistema social injusto. En esa sociedad la única forma de conseguir el alimento es yendo a comprarlo a aquellas personas que han almacenado la comida o que han acaparado los recursos y riquezas que pertenecen a la mayoría. Pero Jesús les invita a compartir desde lo poco que se tiene. Es un gesto que no tiene límites, el amor es siempre abundante y ordenado: la gente debe acomodarse en “grupos de unos cincuenta” (Lc 9,14).

Jesús entonces, después de bendecir los 5 panes y los dos pescados, entrega el alimento multiplicado para que los discípulos y discípulas de Jesús los repartan a la gente. La multitud come a gusto; las y los hambrientos son saciados; el alimento compartido es otro signo del Proyecto de vida solidario, porque de él depende la vida. Las personas que comieron fueron 5 mil hombres, sin contar las mujeres, las niñas y los niños (Serían unas 15,000 personas aproximadamente. Cf. Lc 9,16; Mt 14,21;).

El alimento no sólo da para todas las personas, sino que hasta sobra: 12 canastos. La cifra es simbólica: hay alimento en abundancia para todo el pueblo (para las y los descendientes de las 12 tribus de Israel).

El texto de la multiplicación de los panes desafía nuestra fe y nuestra conciencia solidaria. No podemos responder al hambre que hay en nuestras comunidades, en nuestro país, diciendo que no tenemos de donde dar. Compartir, desde lo poco que se tiene, es un signo del nuevo Proyecto de vida. Luchar, al mismo tiempo, para que la gente pueda ganarse el pan cotidiano es otro signo del nuevo proyecto. Esto lo experimentan sobre todo las personas más débiles y marginadas de nuestras comunidades. Lo cual no quiere decir que no debamos seguir luchando por cambiar las estructuras sociales injustas, que permiten que unos tengan muchos alimentos acumulados en sus supermercados y grandes plazas, mientras otros y otras pasan hambre y no tienen lo indispensable para vivir.

2. La exigencia de compartir el pan, lo que se es y lo que se tiene

Después de volver de la misión que Jesús les había encomendado, las y los discípulos de Jesús estaban probablemente cansados y querían poner fin a la jornada para descansar un poco. Por eso proponen a Jesús que despida a la gente que lo seguía para que buscasen alojamiento y comida en los pueblos cercanos. Sin embargo Jesús tiene otra cosa en mente. A las y los seguidores de Jesús les toca en ese momento organizarse para dar de comer a la gente; eso forma parte del anuncio del Proyecto de Dios. Por eso Jesús dice directamente: “Denles ustedes mismos de comer” (Lc 9,13).

La negativa de los discípulos de Jesús está guiada por el sentido común; lo sienten, no tienen ni alimento ni probablemente dinero (Lc 9,13). Piensan como la gente que viven en medio de un sistema social injusto. En esa sociedad la única forma de conseguir el alimento es yendo a comprarlo a aquellas personas que han almacenado la comida o que han acaparado los recursos y riquezas que pertenecen a la mayoría. Pero Jesús les invita a compartir desde lo poco que se tiene. Es un gesto que no tiene límites, el amor es siempre abundante y ordenado: la gente debe acomodarse en “grupos de unos cincuenta” (Lc 9,14).

Jesús entonces, después de bendecir los 5 panes y los dos pescados, entrega el alimento multiplicado para que los discípulos de Jesús los repartan a la gente. La multitud come a gusto; las y los hambrientos son saciados; el alimento compartido es otro signo del Proyecto de Dios, porque de él depende la vida. Las personas que comieron fueron 5 mil hombres, sin contar las mujeres, las niñas y los niños (Serían unas 15,000 personas aproximadamente. Cf. Lc 9,16; Mt 14,21).

El alimento no sólo da para todas las personas, sino que hasta sobra: 12 canastos. La cifra es simbólica: hay alimento en abundancia para todo el pueblo (para las y los descendientes de las 12 tribus de Israel).

El texto de la multiplicación de los panes desafía nuestra fe. No podemos responder al hambre que hay en nuestras comunidades, en nuestro país, diciendo que no tenemos de donde dar. Compartir, desde lo poco que se tiene, es un signo del Reino de Dios. Esto lo experimentan sobre todo las personas más débiles y marginadas de nuestras comunidades. Lo cual no quiere decir que no debamos seguir luchando por cambiar las estructuras sociales injustas, que permiten que unos tengan muchos alimentos acumulados en sus supermercados, mientras otros y otras pasan hambre.

Para la revisión familiar, comunitaria o personal: ¿Estoy dispuesto o dispuesta, al participar en la celebración de la Cena del Señor, a asumir las palabras del Jesús: “Tomen y coman, éste e mi cuerpo…”, poniéndome en disposición de dejarme comer por el servicio a mis hermanos y hermanas? ¿Estoy sentado o sentada, participo en alguno de los “grupos de a cincuenta” para reflexionar qué hacer ante el hambre del pueblo?

Exhortación final: En este día que celebramos la fiesta del Cuerpo de Jesús que es la Iglesia, descubrimos la necesidad de seguir anunciando y trabajando para la realización de un proyecto de vida solidaria que vaya colaborando en la creación de otro mundo posible. Se nos invita a compartir desde lo poco o mucho que tengamos (bienes, dones, oportunidades) con la conciencia de que cuando se comparte el alimento éste alcanza para todos y todas y hasta sobra.

Una fe al servicio de la vida solidaria C11ºO (13-6-10)

Introducción: El conocimiento y aceptación del proyecto de vida solidaria anunciado y vivido por Jesús nos pone en el camino de la fe y el amor que es capaz de involucrarse en la lucha por la transformación de la vida a todos los niveles: personal, familiar, comunitario. Social. Por eso para quien quiera ser cristiano o cristiana no basta con observar las normas sociales,  leyes y normas éticas de la cultura religiosa. Es necesario ir más allá de lo acostumbrado; se nos pide dar la vida para poder ganarla, tal como nos lo propuso Jesús de Nazaret.

1ªLect.: 2 Samuel 12,7-10.13. Un profeta que denuncia el abuso de poder de un poderoso

Int.: David había llegado a ser rey de Israel. En el ejercicio político cometió grandes errores. Uno de sus principales hechos delictivos fue el asesinato de Urías, uno de sus militares, para quedarse con su mujer, Betzabé. El Dios Yahvé, por medio del pro­feta Natán, le echa en cara su error y le anuncia un castigo. Pero David se arrepiente, reconoce su falta y recibe el perdón divino.

Texto: En aquellos días el profeta Natán dijo al rey David: “Así dice el Señor Dios de Israel: Yo te ungí rey de Israel y te libré de la mano de Saúl. Te entregué a la familia de tu señor y puse a tu disposición sus mujeres; te di poder sobre Judá e Israel; y por si fuera poco te daría más todavía. ¿Por qué entonces me has despreciado, haciendo lo que no me gusta? Tú no sólo fuiste el causante de la muerte de Urías, el heteo, sino que, además, le qui­taste su esposa. Sí, tú lo has asesinado por la espada de los amonitas. Pues bien, ya que me has despreciado y te has apoderado de la esposa de Urías, jamás se apartará la espada de tu casa.

David dijo a Natán: “Pequé contra Yahvé”. Natán le respondió: “Yahvé por su parte perdona tu pecado y no morirás”.

Salmo de hoy: No podemos callar la voz profética

  • Antes que te formaras dentro del vientre de tu madre, antes que tú nacieras te conocía y te consagré. Para ser mi profeta, en medio de tu pueblo, fuiste escogido.
  • No temas arriesgarte, porque contigo yo estaré; no temas anunciarme, porque tu boca yo hablaré.
  • Nada traigas contigo, porque a tu lado yo estaré. Es hora de denunciar y de luchar porque el pueblo sufriendo está.

Lect. Ev.: Lucas 7,36-48. Tu fe te ha salvado. Vete en paz

Int.: La lectura del Evangelio de hoy nos habla de dos tipos de personas reli­giosas: del fariseo que se consideraba religioso, pero que despreciaba a una mujer con baja reputación social, y  la mujer misma que reconoció su falta y fue perdona­da por Jesús. De hecho el reconocimiento de la propia culpa y el acercamiento a Jesús, fuente de toda salvación, puede devolvernos la esperanza, la alegría y la paz perdidas.

Texto: En aquel tiempo un fariseo había invitado a Jesús a comer. Entró en casa del fariseo y se acostó en el sofá según la costumbre. En ese pueblo había una mujer conocida como pecadora. Esta, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, compró un vaso de perfume, y entrando se puso de pie de­trás de Jesús. Allí se puso a llorar junto a sus pies, los secó con sus cabe­llos, se los cubrió de besos y se los ungió con el perfume.

Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo interiormente: “Si este hombre fuera profeta, sabría quién es y qué clase de mujer es la que lo toca: una pecadora”. Pero Jesús, tomando la palabra, le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”. Simón contestó: “Di, Maestro”.

Un prestamista tenía dos deudores, uno le debía quinientas monedas y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Cuál de los dos lo querrá más?

Contestó Simón: “Pienso que aquel a quien le perdonó más”. Jesús le di­jo: “Juzgaste bien”.

Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón. “¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré a tu casa, no me ofreciste agua para los pies; mientras que ella los mojó con sus lágrimas, y los secó con sus cabellos. Tú no me besaste al lle­gar; pero ella, desde que entró, no ha dejado de cubrirme los pies con sus besos. No me echaste aceite en la cabeza, ella, en cambio, derramó perfume en mis pies. Por esto te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le quedan perdonados, por el mucho amor que demostró. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor”.

Después dijo a la mujer: “tus pecados te quedan perdonados”. Los que estaban con él a la mesa empezaron a preguntarse: “¿Quién es este hombre que ahora pretende perdonar los pecados?” Pero, de nuevo, Jesús habló a la mujer: “Tu fe te ha salvado; vete en paz.

Jesús iba recorriendo ciudades y aldeas, predicando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres a las que había sanado de espíritus malos o de enfermedades: María por sobrenombre Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, administrador de Herodes; Susana, y varias otras que los atendían con sus propios recursos.

Para la reflexión familiar, comunitaria o personal

1. ¿Por qué el perdón es una expresión de amor?

2. ¿Por qué Jesús sale en defensa de la vida de la mujer acusada?

  1. 1. Acoger y perdonar al hermano o hermana que reconoce su falta y quiere cambiar de rumbo

La defensa llena de respeto que Jesús hace de la mujer tenida como pecadora pública ante el fariseo Simón (Lc 7,36-50) nos habla de la acogida y el perdón de Jesús hacia las personas que reconocen sus faltas y se acercan al Maestro buscando su comprensión y su amor e involucrarse en un proyecto de vida plena.

El fariseo Simón, descubierto en su mal pensamiento sobre Jesús y la mujer (“Si este hombre fuera profeta, sabría quién es y qué clase de mujer es la que lo toca: una pecadora” (Lc 7,39), es llevado a dar un juicio aparentemente impersonal: “amará más aquél a quien se le perdonó más” (Lc 7,43). Partiendo de su respuesta Jesús ya puede decirle que su Dios no juzga como los seres humanos. El tiene otros criterios para mirar la realidad.

Para el fariseo Simón el mundo se divide entre buenos y malos. Personas justas y pecadoras. Las y los buenos son aquellas personas que cumplen las normas establecidas; los pecadores son las y los que cometen faltas que van en contra de lo establecido. Según esta mentalidad, Dios ama a los buenos y no quiere a los pecadores; Dios se aparta de los pecadores. Simón es bueno; Simón se aparta de los pecadores. Jesús no se aparta de la mujer pecadora. Jesús, por tanto, no se guía por el Espíritu de Dios.

Afortunadamente el Dios de Jesús no piensa como Simón el fariseo y como todos los fariseos que todavía hoy hay en nuestras comunidades. Jesús muestra con su acción que el perdón divino es gratuito, proviene de su amor misericordioso, que se adelanta y es motivo del arrepentimiento humano. El perdón es obra del amor gratuito de la divinidad, pero una vez recibido compromete a amar a los hermanos y hermanas de la misma manera. En este sentido el amor mostrado por Jesús no es un borrón y cuenta nueva; se trata, más bien, de una invitación y capacitación a entrar en una relación nueva con los hermanos y hermanas, basada en el amor.

En medio de una sociedad en la que hay mucha violencia y venganza, debemos reflexionar con mayor creatividad en la eficacia del perdón entre las personas, concedido no como signo de debilidad e impotencia, sino como expresión de un amor capaz de ayudar a generar conductas nuevas, basadas en un amor que respeta la dignidad de las personas y construye auténtica justicia y paz.

2. Jesús un profeta comprometido con la defensa de la vida amenazada

Ante el fariseo Simón y ante las personas que estaban comiendo en la misma mesa Jesús afirma su verdadera identidad. Sí, Jesús es un profeta y por eso perdona los pecados y puede decir a la mujer: “Tu fe te ha salvado; vete en paz” (Lc 7,50). La mujer despreciada públicamente creyó en Jesús y encontró la salvación. Por la fe y el amor aquella mujer quedó vinculada a Jesús y no es difícil ni aventurado imaginarla entre aquellas mujeres, que junto a los Doce le acompañaban como discípulas (Lc 8,1-3). Así queda demostrado que nadie queda excluido o excluida del involucramiento en el proyecto anunciado y vivido por Jesús, ni por su condición de hombre o mujer, ni siquiera por haber sido una persona que haya cometido injusticias, robos, asesinatos u otro tipo de conducta anti-social.

La fe en Jesucristo ayuda al ser humano a transformarse, siguiendo el camino de la lucha por la justicia: “la justicia viene de la fe en Cristo Jesús” (Gál 2,16). Así la vida del ser humano tiene otro sentido, radicalmente nuevo. Pablo, un hombre profundamente creyente, lo expresó así: “No vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Todo lo que vivo en lo humano se hace vida mía por la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí” (Gál 2,20).

Como comunidad de fe y de solidaridad estamos convencidos y convencidas de que hacerse discípulo o discípula es dejarse ganar por la fuerza del amor de Jesucristo, que entrega su vida, y hacerlo presente en nuestras acciones cotidianas de amor, en la entrega de nuestra propia vida. Descubrimos que ser cristiano o cristiana es permitir que sea Cristo quien viva en nosotros y nosotras, y es asumir la responsabilidad histórica de colaborar en la creación de una sociedad fraterna, basada en relaciones nuevas de justicia y solidaridad que construyen una paz verdadera.

Para la revisión familiar, comunitaria o personal: ¿Realizo mi misión profética en medio de la comunidad en donde vivo? ¿Soy capaz de acoger a los hermanos y hermanas que necesitan de mi perdón y comprensión?

Para la oración de las y los participantes

  1. Por todas aquellas personas que han recibido la vocación profética para que la realicen con responsabilidad y constancia. Recemos…
  2. Para que sepamos acoger aquellos hermanos y hermanas que quieren cambiar de vida y volver a acercarse a sus familias, y a sus comunidades. Recemos…
  3. Para que cada vez más nos identifiquemos con Jesús, con sus valores, con sus opciones y su corazón compasivo y acogedor… Recemos…

Exhortación final: De Jesús hemos aprendido a ser misericordiosos y compasivas con los hermanos y hermanas reconocidos como anti-sociales, que quieren cambiar de vida. Puesto que todos y todas cometemos faltas, ninguna persona debe rechazar a las y los que se han alejado de sus hermanos y hermanas y de la comunidad, sino invitarles al re-encuentro con sus hermanos, hermanas y comunidad, y por tanto, con el Dios de Jesucristo.


LA CRUZ DE CADA DIA QUE EXIGE EL PROYECTO DE VIDA PLENA C12ºO (20-6-10)

Introducción: A todos nosotros y nosotras, presentes en la comunidad de fe  y de amor solidario, Jesús nos invita a continuar en camino que construye un proyecto de vida buena. En ese camino de fe Jesús sigue siendo nuestro referente y nuestro compañero de camino que nos sigue preguntando: “¿quién soy yo para ti?”. Y no se trata de una simple pregunta teórica ni podemos dar cualquier respuesta, puesto que él nos pide que asumamos nuestro compromiso creyente con decisión, tomando la cruz de cada día; es decir, realizando nuestro trabajo con responsabilidad, a pesar de las dificultades que encontramos en nuestro diario vivir.

1ªLect.: Zacarías 12,10-11.13,1: Llorarán por aquel que traspasaron

Int.: Zacarías profeta realiza su misión después de que una parte del pueblo de Israel regresara del exilio de Babilonia, hacia el 538 a.C. Este profeta anuncia que el Dios Yahvé dispondrá el corazón del pueblo para que sea capaz de reconstruir la vida en la tierra de Palestina, con una convivencia fundamentada en el  amor y la con­fianza, lo que supone el reconocimiento, el arrepentimiento de los propios errores, como condición para hacer la reconstrucción del pueblo.

Texto: Así dice el Señor:  Dispondré el ánimo de los descendientes de David y de los habitantes de Jerusalén para que vuelvan a mí con amor y confianza. Llorarán por aquel que traspasaron, como se siente la muerte de un hijo único, y lo echarán de menos como se lamenta el fallecimiento del primer hijo.

En aquel día, habrá una fuente siempre corriendo para que los descendientes de David y los habitantes de Jerusalén se puedan lavar de sus pecados e impurezas.

Salmo de hoy: Jesús fue sincero, Jesús fue leal; supo ser valiente, dijo la verdad.

  • ¡Ay de ustedes hipócritas, que viven de la mentira. Todas las obras que hacen son engaño y falsedad, ya que compran y manejan la verdad!
  • ¡Ay de ustedes hipócritas que adornan sus vestidos, pero dentro están llenos de basura y suciedad. Remodelen su interior de verdad!
  • ¡Ay, de ustedes hipócritas, se fijan en pequeñeces, pero no ven lo importante: la justicia y la honradez. Y se callan sin decir la verdad!

Lect. Ev.: Lucas 9,18-24: Tú eres el Profeta de Dios

Int.: El Evangelio de hoy nos pone una pregunta fundamental: ¿Quién es Jesús para nosotros y nosotras? Como Pedro tendremos que responder que él es el consagrado por Dios que se involucra en la lucha por un proyecto de vida plena y de salvación.

Texto: Un día Jesús se había ido a un lugar apartado para orar, y estaban sus discípulos y discípulas con él. Les hizo esta pregunta: “La gente, ¿quién dice que soy  yo? Ellos y ellas contestaron: “Unos y unas dicen que eres Juan Bautista; otros, Elías, y otras, que eres alguno de los profetas antiguos que ha resucitado”. Entonces les pre­guntó: “¿Y ustedes, quién dicen que soy yo?” Y Pedro respondió: “Tú eres el Cristo de Dios”. Jesús les prohibió estrictamente que se lo dijeran a nadie. “Porque -les decía- el Hijo del hombre tiene que sufrir mucho y ser rechazado por las autoridades judías, por los jefes de los sacerdotes y por los maestros de la Ley. Le quitarán la vida y al tercer día resucitará”. Después Jesús dijo a toda la gente: “Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y que me siga. En efecto, el que quiera asegu­rar su vida la perderá, pero el que pierde su vida por causa mía, la asegura­rá”.

Para la reflexión familiar, comunitaria o personal

1. ¿Por qué el Dios de Jesús se acerca a su pueblo?

2. ¿Por qué se hace necesario cargar con la cruz del Profeta sufriente y asumir su propuesta de salvación?

1. Un Dios liberador y salvador que se acerca a un pueblo

Una parte del pueblo de Israel regresó del exilio de Babilonia hacia el año 537 a.C. La situa­ción que se vivía era difícil. La ciudad de Jerusalén y  el templo es­taban destruidos. En medio de esa situación el profeta Zacarías anuncia que Dios ha perdonado el pecado del pueblo y le ha permitido volver del país de la esclavitud en donde fueron conducidos como consecuencia de su decisión de ale­jarse de los mandamientos del Dios liberador.

También hoy el Dios de Jesús se ha acercado a nosotros y nosotras por medio de su Hijo, para pedirnos que abandonemos nue­stra situación de comodidad, de inconciencia, de indolencia, de indiferencia ante el dolor de los hermanos y hermanas; se trata de abandonar el individualismo y el egoísmo y nos convirtamos al proyecto solidario propuesto por Jesús e impulsado por su Espíritu de vida.

Para Pedro y para los discípulos y discípulas de Jesús era difícil entender la idea de un Mesías que tuviese que sufrir, que no tuviese poder para librarse de las manos de los enemigos, puesto que ellos esperaban un Mesías político, un rey que sería capaz de liberar a su pueblo del dominio del imperio romano.

El Dios de Jesús realiza el encuentro con la humanidad por medio de su Hijo que se presenta como un hombre humilde, sin poder, que es ajusticiado como un malhechor por el poder imperial romano, pero que muestra un gran amor por la humanidad. Noso­tros y nosotras debemos responder a ese amor tan grande viviendo de acuerdo a la vo­cación de libertad que hemos recibido.

  1. 2. La exigencia para ser discípulo o discípula: tomar la cruz del profeta sufriente y crear mejores condiciones de vida

A la pregunta de Jesús sobre lo que dice la gente de él, sus discípulos y discípulas comentan lo que han oído. Para la gente Jesús está en la línea de los y las grandes profetas de Israel: Elías, Jeremías, Juan Bautista. La segunda pregunta es más directa: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” (Lc 9,20). Ella provoca la confesión de Pedro: “Tú eres el Cristo de Dios”.  Jesús habla entonces del rechazo que sufrirá de parte de los grandes de su pueblo. En los textos paralelos de Marcos y Mateo se nos cuenta que Pedro se resiste a aceptar que Jesús tenga que sufrir (cf. Mc 8,33; Mt 16,22-23). Lucas se limita a señalar que también las y los seguidores de Jesús van a tener que sufrir el rechazo de los suyos; eso es cargar la cruz día a día.

Como comunidad de fe estamos conscientes de que nuestro involucramiento en el proyecto de vida plena propuesto y asumido por Jesús nos exige cargar con la cruz de cada día. A veces el camino se hace difícil y la cruz muy pesada, pero si intentamos ser fieles nos sentimos fortalecidos y fortalecidas por las palabras de quien nos dijo: “Vengan a mí quienes se sienten cargados, cargadas, agobiados y agobiadas, porque las y los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy paciente de corazón y humilde, y sus almas encontrarán alivio. Pues mi yugo es bueno, y mi carga liviana” (Mt 11,28-30).

“El que quiera asegurar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por causa mía, la asegurará”. Jesús, con su resurrección, nos ha enseñado que él es fuente de vida plena. Las autoridades del pueblo intentaron quitarle la vida, pero él está vivo y nos anima continuamente.

Desde que Jesús ha vivido con responsabilidad, ha sido coherente, ha enfrentado los conflictos, su muerte, y también ha resucitado todas nuestras luchas por defender la vida y por ser testigos y testigas de su amor tienen sentido, puesto que sabemos que así como él venció, nosotros y nosotras también venceremos.

La cruz de Jesús significa la entrega total. Quien se niega a hacerlo y busca estar bien con todos y con todas, o, lo que es peor, usa su condición cristiana y eclesial para buscar ventajas, dinero y poder para sí mismo, para sí misma, pierde su vida. La meta de quien es discípulo o discípula, no es sobrevivir a cualquier precio, sino servir a todas las personas y en especial a las y los más débiles y oprimidos, aunque para ello haya que pagar con el sacrificio de la propia vida.

Como comunidad de fe se nos exige dar testimonio del Jesús resucitado, aceptando pagar el precio de ser discípulos y discípulas; es recordar, como decía Bartolomé de Las Casas, el defensor de las y los indígenas maltratados por el conquistador español, que del “más pequeño y olvidado Dios tiene la memoria muy viva”.  Ello nos exige afirmar la vida, allí donde la pobreza, la violencia y la injusticia siembran la muerte.

Para la revisión familiar, comunitaria o personal: ¿Creo realmente en la igualdad fundamental de todos los seres humanos? ¿Quién es Jesús para mí? ¿Estoy dispuesto o dispuesta a cargar cada día con la cruz del Maestro?

Para la oración personal, familiar o comunitaria:

  1. Para que al interior de nuestras comunidades nos tratemos con igualdad, amor y respeto.
  2. Para que seamos testigos y testigos del Jesús encarnado, cercano a su pueblo y defensor de las y los humildes y excluidos.
  3. Para que seamos capaces de cargar con la cruz de Jesús, y así colaborar en la creación de mejores condiciones de vida para todos y todas.

Exhortación final: El Dios de Jesús se ha acercado al pueblo, por medio de su Hijo tras­pasado, para invitarnos a vivir la fe como amistad con él e identificación con un Proyecto de vida plena y liberación. Por esa fe en el Hijo nos convertimos en hijos e hijas de Dios, en herederos y herederas de la promesa de vida y de salvación que El nos promete.

Si somos capaces de tomar la cruz de cada día, la que crea la verdadera vida, la que nace de nuestra fe en el Jesús Resucitado, venceremos, como él, la muerte, la injusticia, la corrupción, la impunidad, el egoísmo y nos convertiremos en testigos y testigas de su amor liberador en medio de nuestras comunidades.


ASUMIR EL PROYECTO DE VIDA PLENA CON DECISION Y VALENTIA C13ºO (27-6-10)

Introducción: Nos reunimos como hermanos y hermanas porque somos militantes comprometidos y comprometidas con un proyecto de vida plena. Esto nos exige responsabilidad en el cumplimiento de la misión que él nos ha encomendado de anunciar el Evangelio y dar testimonio de nuestra fe en medio de nuestras familias, nuestros trabajos, nuestros barrios, y nuestras comunidades.

Al celebrar la fe en comunidad, hacemos presente a Jesucristo, vivo y resucitado, para que entendamos que su seguimiento exige tomar la cruz de cada día.

1ªLect.: 1 Reyes 19,16.19-21. Eliseo es llamado para ser profeta

Int.: Elías fue considerado como uno de los primeros profetas de Israel; fue, después de Moisés, el personaje más importante para los judíos. Elías recibe el encargo de Yahvé de buscarse una persona para compartir la misión profética. Ese colaborador será el profeta Eliseo, quien es invitado a dejar todo para realizar la misión que era necesario asumir, a partir de la realidad histórica concreta de su pueblo.

Texto: En aquellos días, el Señor dijo a Elías: “Tienes que establecer a Eliseo, hijo de Safat, natural de Abel-Mejolá, para ser profeta después de ti”. Elías partió de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat. Este estaba arando; delante de él trabajaban doce yuntas de bueyes y él estaba con la última. Elías paso al lado de él y le echó su manto encima. Eliseo entonces abandonó los bueyes, corrió tras Elías y le dijo: “Déjame ir a abrazar a mi padre y a mi madre y te seguiré”. Volvió Eliseo, tomó un par de bueyes y los sacrificó. Asó su carne con la madera del arado y la repartió a su gente para que comiera. Después se levantó y marchó tras Elías, y entró a su servicio.

Salmo de hoy: Nos llegará un nuevo día

Nos llegará un nuevo día, nuevo cielo, nueva tierra, nuevo mar. Y en ese día las y los oprimidos, en una voz, la libertad proclamáran.

  • En esta tierra el negro y la negra no tendrán cadenas, y nuestro indio o india, no padecerá cadenas; en esta el/la negro/a, el/la indio/a, y el/la mulato/a, todos/as unidos/as, comerán del mismo plato.
  • En esta tierra el/la débil, pobre y oprimido/a, serán los jueces de este mundo descreído.
  • En esta tierra la mujer tendrá derechos y deberes; no sufrirá humillaciones ni prejuicios y su trabajo todos/as van a valorar, en decisiones ellas participarán.

Lect. Ev.: Lucas 9,51-62. Tú, anda a anunciar el Proyecto de vida plena

Int.: Involucrarse en el Proyecto de vida plena presentado por Jesús  es un compromiso serio. Su comunidad de fe sabe que las exigencias de ese proyecto son claras: es necesario seguir a un Maestro empobrecido que “no tiene donde apoyar la cabeza”. El se muestra muy exigente cuando llama, pues exige poner el Proyecto de vida compartida antes que los propios intereses, y la propia familia; él quiere contar con hombres y mujeres, personas jóvenes y adultas decididas para realizar e involucrarse en la misión encomendada.

Texto: Como ya se acercaba el tiempo en que debía salir del mundo, Jesús emprendió resueltamente el camino de Jerusalén. Había mandado mensajeros delante de él, los cuales, caminando, entraron en un pueblo samaritano para prepararle alojamiento. Pero las y los samaritanos no lo quisieron recibir, porque iba a Jerusalén. Al ver esto, los discípulos Santiago y Juan le dijeron: “Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que los consuma?” Pero Jesús los reprendió, y pasaron a otro pueblo.

Cuando iban de camino, alguien le dijo: “Te seguiré adondequiera que vayas”. Jesús le respondió: “Los zorros tienen madrigueras y las aves del cielo tienen sus nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde descansar la cabeza”. A otro le dijo: “Sígueme”. Este le contesto: “Permíteme ir primero a enterrar a mi padre”. Pero Jesús le dijo: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; tu anda a anunciar el Reino de Dios”. Otro le dijo: Te seguiré, Señor, pero permíteme que me despida de los míos. Jesús entonces le contestó: “Todo el que pone la mano al arado y mira para atrás, no sirve para el Reino de Dios”

Para la reflexión familiar, comunitaria o personal

1. ¿Cuáles son las exigencias de la llamada a compartir el proyecto de vida plena?

2. ¿Por qué es necesario buscar, ante todo, el Proyecto de vida plena y su justicia?

1. Llamados y llamadas a involucrarnos en un proyecto de vida buena y comprometida

En la primera lectura de hoy se nos narra la vocación del profeta Eliseo. Este es un campesino acomodado; de hecho estaba arando su finca con doce yuntas de bueyes, cuando lo encuentra el que luego sería su maestro, el gran profeta Elías. Este le echa encima su manto como signo de que Dios le ha escogido para la misión profética. Eliseo no sabe negarse; sacrifica la pareja de bueyes con que araba, abandona su familia y se pone al servicio de un Proyecto comunitario de salvación. Se dan en el caso de Eliseo las condiciones de una vocación especial: llamada divina-comunitaria, respuesta a la llamada, ruptura con el pasado y nuevo género de vida al servicio de la misión encomendada.

A Eliseo se le permitió ir a despedirse de sus familiares, antes de comenzar a realizar su misión profética, dentro del grupo de Elías. En cambio, Jesús no permite que aquella persona que le propuso seguirlo se despidiese de sus familiares. Y entendió la petición de aquella persona como una falta de decisión. Por eso le dijo: “Todo el que pone la mano en el arado y mira para atrás, no sirve para el Reino de Dios” (Lc 9,62). Esta persona posiblemente esperaba, en su interior, que en el momento de despedirse su gente le suplicaría no hacer tal locura. Así se quedaría con la buena intención. Yo quisiera, pero…

Los tres encuentros de Jesús con tres personas distintas nos hablan de algunos elementos necesarios para toda experiencia de discipulado, es decir, de vida cristiana. El primero es la referencia a Jesús: su persona, su misión y estilo de vida: “El Hijo del Hombre no tiene dónde descansar la cabeza” (Lc 9,58). El seguimiento ha de ser sin reservas ni seguridades.

Probablemente, este primer personaje que aparece en el evangelio estaba demasiado acostumbrado a sus comodidades, lo que le impedía seguir a Jesús. Ahora tendrá que comprender que si quiere aceptar la propuesta de vida que le hace Jesús, tendrá que estar dispuesto a compartir el estilo de vida itinerante del Peregrino que no tiene lugar fijo para dormir.

La segunda persona que aparece en el texto de hoy es llamada directamente por Jesús. Es él quien ha tomado la iniciativa. Al ser llamado propone una demora: “Deja que me vaya y pueda primero enterar a mi padre” (Lc 9,60). La excusa parece justificarse, pues se trata de cumplir con un deber sagrado para los judíos, como era el de ir a enterrar a su padre. Se podría tratar también de una propuesta de aquella persona de atender a su padre ya anciano hasta que lo hubiere sepultado, para luego integrarse al grupo discípulos y discípulas de Jesús. Pero la respuesta de Jesús es muy directa y tajante: “Deja que los muertos entierren a sus muertos” (Lc 9,60).

No podemos afirmar que Jesús no valore las relaciones familiares y el deber de cumplir con los deberes propios de un hijo para con su padre. De alguna manera Jesús quiere hacer entender que los que “viven” se dedican preferentemente a las obras de la evangelización. Mientras tanto no faltarán entre los “muertos” quienes cumplan con los pequeños deberes de solidaridad y compasión, entre los que está el enterrar a los muertos y muertas.

A nosotros y nosotras se nos pide hoy también involucrarnos en el Proyecto de vida plena propuesto por Jesús sin permitirnos que el deseo de buscar la propia comodidad nos impida responder con prontitud a su llamada, llevando una vida sencilla y austera, comprometida y valiente,  que sea semejante a la suya.

Como comunidad de amor se nos pide estar abiertos y abiertas a las exigencias del Proyecto propuesto por el Maestro. Jesús habla de la radicalidad del seguimiento cristiano. Cuando él llama es necesario poner en primer lugar el Proyecto de Dios y su causa. Este debe ser preferido a cualquier otro compromiso humano, aunque éste sea el enterrar el propio padre o la propia madre.

2. Ante todo, el Proyecto de vida plena y su justicia

A la persona que recibió la llamada de Jesús a seguirlo y puso la excusa del compromiso familiar de ir primero a enterrar a su Padre, Jesús le invita a poner en primer lugar el Proyecto de Dios: “Tú tienes que salir a anunciar el Reino de Dios” (Lc 9,59). Y a la que quería irse a despedir de sus familiares, Jesús le dice: “Todo el que pone la mano en el arado y mira para atrás, no sirve para el Reino de Dios” (Lc 9,62).

El discipulado no significa sólo una condición o un estado de vida personal. Es una misión. El discípulo y la discípula son personas enviadas para la misión evangelizadora, solidaria y liberadora. Se equivoca rotundamente quien pretenda ser cristiano o cristiana sin comprometerse con el proyecto evangelizador, que conlleva anuncio del Evangelio y acciones concretas de solidaridad, realizadas con la colaboración activa de la gente beneficiada. La relación y amistad personal con Jesucristo, cuanto más intensa, más hace salir de uno mismo o una misma para constituirse en testigo, testiga y portavoz del Proyecto de salvación y liberación para todas las personas.

Como comunidad de fe intentamos hacer nuestro el mandato de Jesús de buscar el Reino de Dios y su justicia con la convicción de que todo lo demás vendrá por añadidura. Y es necesario hacerlo con decisión, y valentía. Cada uno, cada una desde su familia, desde el lugar en donde trabaja, desde su comunidad cristiana, puede y debe construir el Proyecto de Dios, luchando para que las relaciones entre las personas estén guiadas por el sentido de fraternidad y de justicia.

Para la revisión familiar, comunitaria o personal: ¿Qué ataduras me impiden asumir el proyecto de vida propuesto por Jesús? ¿Estoy respondiendo a la vocación del Padre y realizando la misión encomendada? ¿Soy de aquellas personas que querrían hacer bajar fuego del ciego para quien no piense como yo?

Para la oración de las y los participantes:

  1. 1. Por todos los cristianos y cristianas que quieren seguir a Jesús pero sólo después de haber atendido primero a otras muchas obligaciones menores, para que tomen una decisión de radicalidad, roguemos al Señor
  2. Por todas aquellas personas que interpretan el poder religioso como un poder mundano, de imposición, de fuerza, de privilegio; para que comprendan que el poder de Jesús no es ese poder.
  3. 3. Para que seamos celosas y celosos cuidadores de nuestra libertad y comprendamos que ella acaba donde empieza la libertad de la otra persona.

Exhortación final: Cuando Dios llama es necesario seguirle con prontitud, decisión y valentía. Su llamada nos compromete con su Proyecto de Salvación y liberación. Este nos pide buscar y construir nuevas relaciones familiares, comunitarias y sociales, a pesar de todas las dificultades que nos encontramos para realizar esta misión que El nos encomienda. Así vivimos en la verdadera libertad de los hijos e hijas de Dios.


Reflexiones bíblicas semanales. Mayo 2010

abril 30, 2010

Red Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDOM)

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Reflexiones bíblicas semanales. Mayo 2010

YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA  C5ºP (2/5/10)

Introducción: Nos reunimos en el nombre de Jesús que es Camino,  Verdad y  Vida plena. Como persona y comunidad queremos vivir su mandamiento nuevo del amor, convirtiéndonos en defensores y defensores de la vida en nuestros sectores, barrios y comunidades rurales. Que la Palabra humana y divina que compartiremos y la reflexión personal y comunitaria nos fortalezcan para cumplir nuestra misión en defensa de la vida con responsabilidad.

1L: Hechos 14,21-28. El evangelio no tiene fronteras

I: Pablo y Bernabé, en su primer viaje misionero, hicieron muchos discípulos y discípulas entre los pueblos no judíos. En el centro de su predicación estaba el Proyecto de vida en amor, libertad, justicia y solidaridad que Jesús llamó “Reino de Dios”.

En cada comunidad que se formaba los misioneros buscaban identificar encargados para que siguieran animando estas pequeñas comunidades, cuando ellos estuviesen ausentes.

T: En aquellos días, Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y Antioquía.

Animaban a los discípulos y discípulas; y las y los invitaban a perseverar en la fe; les decían: “Es necesario que pasemos por muchas pruebas para entrar en el Reino de Dios”. En cada Iglesia designaron presbíteros y, después de orar y ayunar, los encomendaron al Señor en quien habían creído.

Atravesaron la provincia de Pisidia y llegaron a la de Panfilia; predicaron la Palabra en la ciudad de Perge y llegaron a la costa de Atalia. De allí navegaron hasta Antioquía, de donde habían partido encomendados a la gracia de Dios, para la obra que acababan de realizar.

A su llegada, reunieron a la Iglesia y se pusieron a contar todo lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto la puerta de la fe a los pueblos paganos. Y allí permanecieron bastante tiempo con las discípulas y discípulos.

Salmo de hoy: Tengo que gritar, tengo que arriesgar; tengo que andar, tengo que luchar…

  • Antes que te formaras dentro del vientre de tu madre; antes que tú nacieras te conocía y te consagré. Para ser un profeta de las naciones fuiste escogido.
  • No temas arriesgarte porque contigo yo estaré; no temas anunciarme, porque en tu boca yo hablaré.
  • Te encargo hoy las causas populares. Es hora de luchar porque el pueblo sufriendo está.

3L: Juan 13,31-35. Amense como yo los he amado

I: La lectura del Evangelio que hacemos hoy está dentro del mensaje de despedida de Jesús a sus discípulas y discípulos, cuando celebró con sus amigos y amigas la última cena, antes de ser asesinado, como consecuencia de su fidelidad y coherencia con la palabra proclamada. Jesús invita a sus seguidoras y seguidores a cumplir el mandamiento nuevo del amor. Por el amor solidario serán reconocidos sus discípulos y discípulas.

T: En aquel tiempo Judas salió del Cenáculo; entonces, Jesús dijo: “Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Y si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará, ¡y pronto lo glorificará!

Hijas e hijos míos, yo estaré con ustedes por muy poco tiempo. Les doy este mandamiento nuevo: que se amen unos/as a otros/as. Ustedes se amarán unos/as a otros/as como los he amado. Así reconocerán todos y todas que ustedes son mis discípulos y discípulas: si se tienen amor unos/as a otros/as.”

Para la reflexión personal, familiar y comunitaria

1. ¿Por qué es necesario dar seguimiento al trabajo comunitario comprometido con el Proyecto de

VIDA BUENA?

2. ¿Por qué la capacidad de amar distingue a las y los discípulos de Jesús?

  1. 1. Dar seguimiento al trabajo comunitario comprometido con el Proyecto de VIDA BUENA

Como cristianos y cristianas tenemos el compromiso de anunciar el Evangelio de Jesucristo a todas las personas que encontramos en nuestra vida.   Pero no basta con anunciar el Evangelio. El anuncio tiene que provocar la fe; es un anuncio que llama entonces a convertirse en discípulos y discípulas de Jesús, comprometidos y comprometidas con el Proyecto de Vida Buena, que se hace realidad en la lucha por conseguir mejores condiciones de vida para todos y todas y en particular para los sectores sociales más empobrecidos. El Jesús resucitado había dicho a sus seguidores y seguidoras: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos y discípulas. Bautícenlos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Yo estoy con ustedes todos los días hasta que se termine este mundo” (Mt 28,19-20).

Para anunciar el Evangelio es necesario organizarse y crear un mínimo de estructura que asegure la continuidad en la enseñanza de la fe. Por eso Pablo y Bernabé donde anunciaban el Evangelio buscaban crear pequeñas comunidades. Hacían lo posible para que en cada comunidad hubiese animadores y animadoras. De esta manera se aseguraba que la semilla sembrada por Pablo y sus acompañantes diese sus frutos en la comunidad.

Como comunidad de fe estamos conscientes de lo que significa comprometerse con el Proyecto de Dios, con su Reino. Sabemos que es necesario ser creativos, intuitivas y resistentes antes las tentaciones que intentan alejarnos del camino que hemos comenzado. Se nos exige superar las pruebas, para ser testigos y testigas del Jesús comprometidos con la causa de las y los débiles y con la realización del anuncio del Evangelio a las y los empobrecidos y excluidos y para asumir acciones de solidaridad, como parte fundamental de nuestro compromiso con la defensa de la vida y la causa del Evangelio.

Como comunidad de fe se nos pide seguir anunciando el Evangelio. Para ello tenemos que fortalecer cada vez más nuestras comunidades y sus ministerios, para convertirnos en verdaderos discípulos y discípulas de Jesús y hacer crecer nuestras comunidades, para que sean sal y luz en medio del ambiente que nos toca vivir (Mt 5,13-14).

2. El Mandamiento nuevo y el nuevo discipulado

Juan nos presenta al Señor Jesús despidiéndose de sus discípulos y discípulas y dejándoles un resumen de su enseñanza. El Maestro partirá pronto y no estará presente para ser consultado ante los desafíos que presenta la misión evangelizadora y liberadora que tendrán que realizar sus seguidores y seguidoras. Pero seguirá en medio de ellos y ellas si son capaces de vivir el “mandamiento nuevo” del amor que él les confía. El mandamiento no es nuevo porque sea la primera vez que lo dice, sino porque el amor es creación permanente, iniciativa siempre nueva, búsqueda continua de la mejor manera para salir de una y de uno mismo y hacer del servicio a los hermanos y hermanas más débiles y excluidos el centro de nuestras preocupaciones.

Se nos invita a amar como Jesús nos ha amado. Y él nos amó hasta entregar su vida por puro amor. A nosotros y nosotras se nos hace difícil amar como él lo hizo. Por eso necesitamos pedir y tener la fuerza de su Espíritu. Necesitamos dejarnos transformar interiormente por esa fuerza que desde dentro nos impulsa a hacer del mandamiento del amor una práctica cotidiana en nuestras vidas.

La mejor manera para hacer a Jesús siempre presente es cumpliendo el mandamiento nuevo del amor. “En esto conocerán todos que son discípulas y discípulos míos: si se aman los unos a los otros” (Jn 13,35). Se reconocerá a Jesús si somos capaces de amar como él, sin que nadie quede excluido de nuestro amor, a través de una solidaridad especial hacia las y los insignificantes, oprimidas y excluidos, teniendo presente ante todo el Proyecto de Dios, denunciando con claridad a los responsables de las injusticias y maltratos hacia las y los más empobrecidos y empobrecidas. “Como yo los he amado”: sin doble lenguaje, sin miedo, sin temor a que los poderosos se disgusten, sin buscar honores ni comodidades, sin silencios cómplices.

Como comunidad se nos pide amar como Jesús lo hizo. Es importante hacernos conscientes que él es nuestro Maestro, quien nos exige respuestas comprometidas, pues sólo el amor nos permitirá dar el testimonio que Jesús espera de nosotros/as y que nos convierte en testigos creíbles de su amor salvador y liberador.

Para la revisión personal: ¿He puesto en el centro de mi vida el mandamiento nuevo del Amor?  ¿Tengo a Jesús como modelo y medida a alcanzar en mi progreso en el amor?

Para la oración de las y los participantes:

  1. Para que el mandamiento del amor sea efectivamente la ley universal en cada persona, en cada familia, en las iglesias, por encima de todas las leyes, reglamentaciones o tradiciones. Recemos…
  2. Para que el amor fraterno, la acogida, la tolerancia, la solidaridad y la lucha por la justicia sean hoy la señal por la que nos conocerán como discípulas y discípulos de Jesús. Recemos…
  3. Para que el “cielo nuevo y la tierra nueva” sigan siendo el ideal y la “utopía” de nuestro compromiso cristiano. Recemos…

Exhortación final: Es necesario seguir anunciando el Evangelio de Jesucristo, intentando hacer discípulas y discípulos comprometidos con un Proyecto salvador y liberador. En ese trabajo encontramos dificultades, conflictos y tentaciones. Por eso es necesario amar como Jesús nos ha amado, como condición para mantener la fidelidad. De esta manera colaboramos para que hagan realidad los Cielos Nuevos y la Tierra Nueva en los que  habite la Justicia (2 Pe 3,13).


NO IMPONER CARGAS INNECESARIAS A LA GENTE C6ºP (9/5/10).

Introducción: Jesús que es nuestro Salvador y Liberador, nos convoca para celebrar su presencia en medio de nuestras familias y comunidades de fe. El está vivo; está presente en nuestra comunidad y nos invita a alimentarnos con su Palabra; a seguir sus enseñanzas y ejemplos para ser testigos y testigas de su amor en nuestros ambientes.

1L: Hechos 15,1-2.22-29. Hemos decidido no imponerles más cargas que las necesarias.

I:  A las comunidades cristianas, surgidas a partir de la propuesta evangélica de Pablo y Bernabé, en su primer viaje misionero, llegaron algunos de la comunidad de Jerusalén, queriendo imponer a los cristianos y cristianas que provenían del paganismo las mismas costumbres y tradiciones de los cristianos y cristianas que provenían del judaísmo. Por esto se realiza el Concilio de Jerusalén, en el que estuvieron presentes los principales líderes de la comunidad de Jerusalén, así como Pablo y Bernabé. En dicha reunión decidieron no imponer a los cristianos y cristianas de procedencia no judía más normas que las necesarias. Así se realizó, la primera inculturación de la fe cristiana. Es decir la primera adaptación de la fe cristiana a otra cultura diferente de la judía.

T: En aquel tiempo algunos que habían llegado de Judea  enseñaban a los hermanos en la forma siguiente: “Si no se circuncidan, de acuerdo a la ley de Moisés, no podrán salvarse”. Esto ocasionó bastante agitación, así como discusiones violentas de Pablo y Bernabé contra ellos. Los de Antioquía decidieron que Pablo, Bernabé y algunos de ellos subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los apóstoles y los presbíteros.

Entonces los apóstoles y los presbíteros, de acuerdo con toda la Iglesia, decidieron elegir a quiénes enviarían a Antioquía con Pablo y Bernabé. Los elegidos fueron Judas, llamado Barsabás y Silas, hombres eminentes entre los hermanos y hermanas. Con ellos mandaron esta carta:         “Los apóstoles y los presbíteros saludan a los hermanos y hermanas de otras razas de Antioquía, Siria y Cilicia. Nos enteramos que algunos de los nuestros los han inquietado con sus palabras, turbando sus ánimos. No les habíamos dado ningún mandato. Pero ahora, después de convocar la asamblea, decidimos en forma unánime enviar algunos hasta ustedes, junto con los queridos hermanos Bernabé y Pablo, quienes han consagrado sus vidas al servicio de nuestro Señor Jesucristo.

Así, pues, les mandamos a Judas y Silas, que les dirán lo mismo personalmente. Fue el parecer del Espíritu Santo, y el nuestro, no imponerles ninguna carga más que estas cosas necesarias: que no coman carnes sacrificadas a los ídolos y se abstengan de todo lo que no quieren que otros hagan con ellos. Observen esta norma dejándose guiar por el Espíritu Santo. Adiós”.

Salmo de comunidades jesuánicas de hoy: ¡Qué bueno es vivir unidos/as, en comunidad bien comprometidos!

*   Mira a tu pueblo como está explotado. No te hagas el/la ciego/a, no pases de lado.

*  Vivamos la fe en comunidad; así cambiaremos de mentalidad.

*  Construyamos juntos/as la fraternidad, la sororidad; compartiendo todo en comunidad.

3L: Juan 14,23-29. El que me ama guarda mi Palabra

I: En su discurso de despedida, antes de ser asesinado por causa de su fidelidad al proyecto de vida plena anunciado y vivido, Jesús invita a sus discípulos y discípulas a guardar su Palabra, que es luz para el camino de sus seguidores y seguidoras. Quien ama a Jesús y compromete su vida en el proyecto de Vida Plena guardar su Palabra de vida,  se deja guiar por su Espíritu y da frutos de amor en las familias, en el trabajo, en las luchas comunitarias…

T: En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos y discípulas: “Si alguien me ama, guardará mis palabras, y mi Padre lo amará y vendremos a él o ella para hacer nuestra morada en él o ella. Quien no me ama no guarda mis palabras, pero mi palabra no es mía, sino del Padre que me envía.

Les he hablado mientras estaba con ustedes. En adelante el Espíritu Santo, intérprete que el Padre les enviará en mi Nombre, les va a enseñar todas las cosas y les recordará todas mis palabras.

Les dejo la paz, les doy mi paz. La paz que yo les doy no es como la que da el mundo. Que no haya en ustedes ni angustia ni miedo.

Ya han oído lo que les dije: Me voy, pero vengo a ustedes. Si ustedes me amaran, se alegrarían de que voy al Padre, pues el Padre es mayor que yo.

Les digo estas cosas antes que sucedan, para que, cuando sucedan, ustedes crean.

Para la reflexión personal, familiar y comunitaria

1. ¿Por qué es importante el diálogo para resolver los problemas comunitarios?

2.   ¿Por qué no debemos imponer cargas innecesarias a la gente?

  1. La importancia del diálogo para resolver los problemas comunitarios.

Uno de los criterios fundamentales para apreciar la madurez de una persona, es su capacidad de diálogo. Quien se cierra en sus propias ideas nunca podrá ser iluminado o iluminada por las ideas de las otras personas. Por esto, los primeros responsables de la misión evangelizadora se juntaron para dialogar un problema que era muy importante para la predicación del Evangelio a las personas que no provenían del judaísmo, los llamados “gentiles o paganos”: ¿tenían que cumplir las mismas normas que los cristianos y cristianas de origen judío, sobre todo lo de la circuncisión? Se trataba de descubrir qué era lo realmente importante para la fe cristiana. ¿Era necesario mantener todas las normas religiosas del judaísmo o bastaba con cumplir el mandamiento nuevo del amor dado por Jesús?

La circuncisión era realizada por los judíos a los ocho días del nacimiento del niño varón y sólo así se le aseguraba al recién nacido todas las bendiciones prometidas por ser un miembro en potencia del pueblo y por participar de la alianza con Dios. El acto ritual de la circuncisión estaba cargado –y aún lo está- de significado cultural y religioso para el pueblo judío. Al mismo tiempo, también está ligado al peso histórico cultural de exclusión hacia las mujeres, las cuales no participaban de este rito ni de otro similar para iniciarse en la vida del pueblo: a ellas no se les concebía como ciudadanas. Este rito y tradición ha perdido toda vigencia. Por una parte, ya no es necesario hacer ritos externos alejados de la justicia y el amor misericordioso de Dios, ni es necesario exigir a los no judíos el cumplir con prácticas religiosas judías para vivir la fe cristiana. Por otra parte, en el cristianismo hombres y mujeres somos iguales y en el bautismo los dos adquirimos nuestra común e idéntica dignidad de hijos e hijas de Dios y miembros del pueblo de Dios que es la Iglesia.

En la primera comunidad cristiana de Jerusalén surge la necesidad de llevar el Evangelio a las personas que viven fuera de los límites de Israel. Por eso, la segunda comunidad cristiana que se forma es la de Antioquía, en el país de Siria. De la comunidad de Antioquía serán enviados Pablo y Bernabé para anunciar el evangelio en los pueblos del Asia Menor (actual Turquía) y en la Europa de entonces.

En la ciudad de Antioquía surgen dos grupos enfrentados. El primero está formado por aquellos judíos, que habían venido de Judea, queriendo imponer la circuncisión a todos los hombres convertidos al cristianismo. El otro grupo estaba representado por Pablo y Bernabé.

El problema entre los grupos enfrentados se intenta resolver enviando una comisión a Jerusalén, con Pablo y Bernabé, para consultar a los apóstoles y presbíteros de Jerusalén (He 15,2). Lo que se estaba discutiendo no era un problema cualquiera. Se trataba de algo que tenía que ver con la inculturación del Evangelio en ambientes no judíos.

En Jerusalén se llega a un acuerdo y se hace en un clima de fraternidad y de respeto mutuo. Al tomar una decisión sobre el caso la comunidad se siente iluminada y guiada por el Espíritu de Dios. Por eso afirman: “Fue el parecer del Espíritu Santo, y el nuestro…” (He 15,28). Y le mandan una carta a los hermanos y hermanas de Antioquía mostrando su posición ante el problema consultado.

El ejemplo de la comunidad de Jerusalén se puede convertir en una orientación para nuestras comunidades cristianas. Cuando hay problemas y conflictos al interior de la comunidad cristiana, es importante que se resuelvan en la mesa del diálogo, sin que nadie intente imponer su propio parecer, dejándose guiar por el Espíritu de Dios que siempre nos ayuda a descubrir qué es lo mejor para cada situación vital.

2. No imponer cargas innecesarias a la gente

Los principales responsables de la comunidad de Jerusalén mandan a los cristianos y cristianas de Antioquía una carta comunicándole su decisión sobre el problema de si había que imponer la circuncisión a los cristianos que provenían del judaísmo. La carta decía: “Fue el parecer del Espíritu Santo, y el nuestro, no imponerles ninguna carga más que estas cosas necesarias: abstenerse de la carne sacrificada a los ídolos, de la sangre, de los animales estrangulados y de la impureza. Harán bien en guardarse de estas cosas”. (He 15,28-29).

Podríamos decir que los principales responsables de la comunidad de Jerusalén, entre ellos Pedro y Santiago, se muestran abiertos, aunque su mentalidad judía les impedía permitir ciertas cosas que probablemente para los no judíos no era tan importantes como lo de no comer carne de animales estrangulados o lo de comer la sangre, cosa absolutamente prohibida para un judío.

El paso que las comunidades cristianas primitivas dieron al no exigir la circuncisión judía como elemento exigible en la conversión al cristianismo fue algo muy importante: supieron distinguir entre lo esencial y lo no esencial al cristianismo. Lamentablemente, pocos siglos después el cristianismo no supo distinguir entre la fe y la cultura griega, y la consecuencia de esa incapacidad de distinguir fue una larga historia de imposiciones culturales, una “conquista espiritual” y un proselitismo que causó la destrucción de muchas culturas, sobre todo en nuestra América, pero también en todas las partes del globo donde ella acompañó a la conquista de los imperios europeos.

Si lo verdaderamente importante es el amor, ¿por qué imponer normas de conducta que son el fruto de la tradición humana, pero que no son necesarias para llevar adelante el Proyecto de Dios? Pongamos un ejemplo: para los judíos era necesario que todos los varones fueran circuncidados. Pero para los cristianos y cristianas que no eran judíos esto no tenía sentido. Lo importante era la fe en Jesús y el compromiso con el mandamiento nuevo del amor; lo demás era de menor importancia.

Ya Jesús había denunciado la conducta de fariseos y escribas porque imponían cargas insoportables a la gente (Lc 11,46). Con el conjunto de normas y prohibiciones que ellos habían impuesto a la gente, las habían esclavizado aun más. Y esto estaba en contra del Proyecto de Vida Buena del Dios de Jesús, que se había involucrado en el proyecto de liberación de un grupo de personas esclavizadas en Egipto para que éste viviera feliz en una tierra liberada, que “mana leche y miel”. Por eso, los principales responsables de las primeras comunidades cristianas, siguiendo la orientación de su maestro, deciden no imponer cargas innecesarias a la gente.

Como comunidad cristiana tenemos que revisar cuáles son las normas de comportamiento que tenemos. ¿Son realmente necesarias? ¿Responden esas normas a las necesidades de nuestra realidad cultural? ¿Son fundamentales para vivir nuestra fe?

Para la revisión personal: ¿Hago lo posible por resolver los problemas de mi familia, trabajo o comunidad por medio del diálogo? ¿Impongo cargas pesadas a las demás personas? ¿me dejo guiar por el Espíritu de Dios?

Para la oración de las y los participantes:

  1. Por las diferentes comunidades cristianas, para que distingan siempre lo que es esencial al evangelio y lo que es simplemente cultural, accidental, roguemos al Señor.
  2. Para que en nuestras comunidades fomentemos la participación en las decisiones que afectan a todos y todas, roguemos al Señor.
  3. Para que las iglesias, iluminadas por el ejemplo de la iglesia primitiva sigan caminando en la marcha indetenible hacia una igualdad efectiva de derechos entre el hombre y la mujer, roguemos al Señor.

Exhortación final: Llegará un día en que ya no existirá el hambre, ni las injusticias, ni el egoísmo, sino la fraternidad y el amor, cuando creemos, con el aporte de los hombres y mujeres de buena voluntad, de las familias comprometidas, de las organizaciones comunitarias y populares los Cielos Nuevos y la Tierra Nueva en los que habite la Justicia. Pero mientras tanto nos toca a nosotros y nosotras trabajar para que ese Proyecto de Vida Plena se vaya haciendo realidad en nuestras familias, en nuestro barrio, en nuestra comunidad, en nuestro país y en el mundo entero. Ojalá que nos dejemos guiar por su Espíritu que nos educa y nos enseña el camino que conduce a una vida comprometida y feliz.


¿Qué hacen ahí mirando al cielo? CAJ  (16/5/10).

Introducción: Nos acercamos a la fiesta de Pentecostés que celebraremos la próxima semana. En esta semana recordamos y hacemos memoria de la ascensión de Jesús al cielo. Jesús ha cumplido su misión terrenal; ha sido testigo del amor del Padre. Ha sabido enfrentar las dificultades, y la muerte. El Padre ha premiado la fidelidad de Jesús resucitándolo de entre los muertos y renovando la esperanza, la iniciativa y la valentía de sus hermanos y hermanas.

1ªL.: Hechos 1,1-11. Ustedes serán mis testigos y testigas hasta los confines del mundo

I: Lucas autor del tercer evangelio y de los Hechos de los Apó­stoles dirige su libro a un tal Teófilo. Se discute si se tra­ta de un personaje histórico o simbólico. De todas maneras el nombre de Teófi­lo significa “el amigo de Dios”. Así Lucas dirige su obra a todas las personas que siguen el camino de la justicia, del amor solidario, a todos nosotros y nosotras.

Jesús desaparece físicamente y promete enviar el Espíritu Santo, que será el don más precioso del Padre. El Espíritu convertirá a los discípulos y discípulas en testigos y testigas de la vida plena anunciada y vivida por el Jesús histórico.

T: En mi primer libro, querido Teófilo, escribí todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el principio hasta el día en que fue llevado al cielo, después que dio instrucciones por medio del Espíritu Santo, a las y los apóstoles que había elegido.

Ellos y ellas fueron a las y los que se presentó después de su Pasión, dándoles muchas pruebas de que vivía y, durante cuarenta días les habló acerca del Reino de Dios. Mientras comía con ellos y ellas, les mandó: “No se alejen de Jerusalén, sino que esperen lo que prome­tió el Padre, de lo que ya les he hablado. Que Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo den­tro de pocos días.”

Como estaban reunidos y reunidas, les preguntaron: “Señor, ¿es aho­ra cuando vas a restablecer el Reino de Israel?” El les res­pondió: “A ustedes no les corresponde saber el tiempo y el momen­to que el padre ha fijado con su propia autoridad, sino que van a recibir una fuerza, la del Espíritu Santo, que vendrá sobre ustedes, y serán mis testigos y testigas en Jerusalén, en toda Judea y Sama­ría, y hasta los límites de la tierra.

Al decir esto, en presencia de ellos y ellas, fue levantado y una nube lo ocultó a sus miradas.

Mientras miraban fijamente al cielo hacia donde iba Jesús, de repente tuvieron a su lado dos hombres vestidos de bla­nco que les dijeron: “Hombres y mujeres de Galilea, ¿qué hacen ahí mirando al cielo? Este que ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá como lo han visto subir al cielo.”

Salmo de hoy:  ¡Que no caiga la fe, que no caiga la esperanza, ni la solidaridad!

  • Que no caiga la fe, que no caiga la esperanza; que no caiga la fe hermana, que no caiga la fe hermano, que no caiga la fe, ni la solidaridad.
  • Si se cae la esperanza de mi pueblo, si se acaba el deseo de luchar, no tendrás perdón ante tu pueblo y no esperes que el Dios de Jesús te perdonará.
  • Si se acerca una hora difícil, y se aumenta una vez más la violencia y la exclusión, que no caiga la esperanza, hermana mía, hermano mío, que no se apague la voz que anuncia la llegada de una nueva mañana.

3L.: Lucas 24,46-53. En su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados.

I:  Jesús se aparece por última vez a sus discípulos y discípulas, antes de desparecer físicamente. Les ayuda a entender lo referente a los sufrimientos, muerte y cruz del Hijo enviado por Dios.

En su nombre debe ser anunciado el Evangelio para llamar a todas las personas a la conversión, que hace posible la liberación del egoísmo, la injusticia y la opresión y la creación de unas nuevas relaciones familiares y comunitarias, que hacen posible la creación de una nueva sociedad.

T: En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos y discípulas: “Esto estaba escrito: los sufrimientos de Cristo, su resurrección de entre los muertos al tercer día y la predicación que ha de hacerse en su Nombre a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, invitándoles a que se conviertan y sean perdonadas de sus pecados. Y ustedes son testigos y testigas de todo esto.

Ahora yo voy a enviar sobre ustedes al que mi Padre prometió. Por eso quédense en la ciudad hasta que hayan sido revestidos de la fuerza que viene de arriba”.

Jesús las y los condujo hasta cerca de Betania y, levantando las manos, las y los bendijo. Y, mientras les bendecía se alejó de ellos y ellas y fue llevado al cielo. Ellos y ellas se postraron ante él y volvieron muy alegres a Jerusalén, donde permanecían constantemente en el Templo alabando a Dios.

Para la reflexión personal, familiar y comunitaria

1. ¿Por qué el Jesús resucitado sigue proclamando el Proyecto de Vida Buena?

2.   ¿Por qué es necesario mirar a la tierra, a la realidad en que se vive?

1. El Resucitado sigue proclamando el Proyecto de Vida Buena por medio de sus discípulos y discípulas

La proclamación del Proyecto de Vida Buena – al que Jesús le llamaba “Reino de Dios”- había sido el tema central de la predicación de Jesús durante su vida. También después de su muerte, en las apariciones que hace a sus discípulos y discípulas, sigue proclamando el Proyecto de Vida Buena. Y es que el Proyecto de vida fundamentado en la libertad y en la solidaridad debe ser el centro de la predicación y de las acciones de los discípulos y discípulas de Jesús.

El libro de los Hechos de los Apóstoles nos habla de las apariciones del Jesús Resucitado a sus seguidores y seguidoras: “Ellos y ellas fueron a las y los que se presentó después de su pasión, dándoles muchas pruebas de que vivía y, durante cuarenta días, les habló acerca del Reino de Dios” (He 1,3).

Aunque Jesús les había hablado tantas veces del Reino de Dios, sus discípulos y discípulas no lograron entender todo el significado de dicho Proyecto. Para algunos de ellos y ellas sería un proyecto político en el que Jesús sería el rey. Jesús, como rey les libraría del poder de los romanos y ellos serían sus ministros: tendrían poder y dinero. De hecho no habían logrado entender que realmente el Proyecto de Dios exigía un servicio a todas las personas y en especial a las y los más pobres, marginados y excluidos sociales. Las y los representantes de este Proyecto no tendrían otro poder que el que nace de la coherencia entre la Palabra que anuncian y el testimonio de vida que dan.

Los primeros seguidores y seguidoras de Jesús entendieron que predicar la Buena Noticia era lo propio de su condición de testigos, discípulos y discípulas del Señor Resucitado. Quien es testigo o testiga no se limita a relatar un acontecimiento, se compromete con él, lo hace suyo; compromete seriamente toda la vida con el Reino de Dios, Proyecto de vida y de salvación.

El evangelista Lucas insiste en la ausencia de Jesús mientras las y los discípulos tienen que demostrar su fe él. Les deja a cargo la tarea. Ellos y ellas deben continuar la obra que él comenzó en la tierra. El Hijo asciende al cielo al lado del Padre. Pero es la ausencia de un viviente, no la de un muerto. Por eso les envía “la Promesa del Padre”: el Espíritu (Lc 24,49 y He 1,4). El nos ayudará a hacer presente a Jesús, el viviente, en medio de una realidad de egoísmo, de privilegios indebidos, de corrupción, de arrogancia del poder político, económico y muchas veces del religioso, de indiferencia hacia la persona empobrecida y excluida, de hambre y desempleo… De muerte, en una palabra.

Como comunidad de fe nos sentimos comprometidos y comprometidas con el Proyecto de Dios. El anuncio de la Palabra de Jesús nos traerá problemas y conflictos con los reyes, y poderes económicos y políticos de esta sociedad en que vivimos, como le pasó a Jesús. Sin embargo, no podemos renunciar a vivir y a anunciar aquello en lo que creemos.

2. ¿Qué hacen mirando al cielo?

Para las y los primeros discípulos y discípulas de Jesús ha terminado el tiempo de la instrucción, del aprendizaje. Ahora toca trabajar, anunciar el Evangelio, vivir la fe de una forma solidaria. El Señor se ha ido a los cielos y mientras tanto nos ha encomendado el trabajo de ser testigos y testigas de su amor. Aunque se ha ido, sigue estando presente por medio de su Espíritu. Un día volverá para pedirnos cuenta de lo que hemos hecho con su Proyecto y con los dones que nos dejó.

La fiesta de la Ascensión de Jesús que celebramos esta semana quiere dejarnos una lección: No se trata de quedarnos inmóviles mirando hacia arriba y lamentando la ausencia del Jesús histórico, sino de ponernos en camino y llevar su Evangelio “hasta los confines de la tierra” (He 1,8). Por ello todo intento de mantener a los cristianos y cristianas en una actitud de dependencia e inmadurez sin reales responsabilidades y voz en las comunidades de fe es contraria al sentido de la fiesta que celebramos hoy.

Si la resurrección la leemos desde la aparición de los ángeles de la ascensión, que corrigen a los discípulos y discípulas de Jesús que miran alelados/as al cielo, entenderemos el deseo de Jesús resucitado de su Iglesia mire hacia la tierra, donde está su gran Misión: anunciar la Buena Noticia a tantos seres humanos que sufren en el cuerpo y en el espíritu, y arrebatar a los poderes tanta vida consumida por su ambición y tanta sangre derramada por su violencia. Hacia la tierra es donde hay que mirar, porque aquí es donde están los intereses de los sectores sociales de los sectores más enriquecidos y opresores y también los de los sectores sociales más excluidos cuando logran organizarse y empoderarse. Esto es lo que nos dice el relato del libro de los Hechos de los Apóstoles.

Como comunidad de fe debemos estar conscientes de la necesidad de colaborar en la creación de una Iglesia de Comunión, participación y servicio. Como exigencia evangélica se nos pide ser adultos y adultas en la fe compartiendo la responsabilidad de la tarea evangelizadora.

Para la revisión personal: ¿Me siento comprometido o comprometida con el Proyecto de Vida Plena? ¿Me considero testigo o testiga de Jesús? ¿Soy capaz de mirar la realidad con los ojos compasivos de Jesús?

Para la oración de las y los participantes:

  1. Por las y los cristianos que están “ahí plantados mirando al cielo”, descuidando los problemas de la tierra y pensando que los asuntos de este mundo les distraen de los bienes celestes, para que asuman su compromiso cotidiano con la causa de la justicia. Recemos…
  2. Por los hombres y mujeres que sólo miran a la tierra, para que nuestro testimonio de una fe que libera les lleve a descubrir que la fe es capaz de humanizar y dar profundidad a sus vidas.
  3. Para que la fe en la victoria de la vida sobre la muerte nos dé una reserva de esperanza fuerte que contagie a nuestros hermanos y hermanas.

Exhortación final: Hemos celebrado la partida física de Jesús. Hoy él nos dice como a sus primeros discípulos y discípulas: ¿Qué hacen mirando al cielo? Ha comenzado el tiempo del trabajo, del anuncio del Evangelio a toda criatura, de predicar la conversión y el establecimiento de una nueva sociedad, de asumir la tarea histórica que nos toca en esta hora neoliberal. Ojalá que cada uno de nosotros y nosotras esté dispuesto y dispuesta a realizar su trabajo con responsabilidad y decisión.


RECIBAN EL ESPÍRITU SANTO CDP (23/5/10)

Introducción: Hoy celebramos la fiesta de Pentecostés. Tenemos que buscar el origen de esta celebración en el pueblo judío. La fiesta judía se llama “de las sema­nas” (shavuot) y se sigue celebrando hoy en día. Se celebra a los 50 días des­pués de la Pascua; es decir, después de 7 semanas de 7 días. En esta fiesta los judíos re­cuerdan la entrega de la Ley en el Sinaí.

Las y los cristianos le hemos dado un nuevo sentido a dicha fies­ta. Para no­sotros/as es el día en el que Jesús nos ha enviado su Espíritu Santo para que permanezca en nuestra comunidad, en nuestras familias y nos guíe en cada momento de nuestra vida.

1ªL.: Hechos 2:1-11. Las y los creyentes reciben el Espíritu San­to.

I: Jesús había prometido a sus discípulos y discípulas enviarles el Espíritu Defensor para que guiara la vida de la naciente comunidad cris­tiana. Ese Espíritu es signo de unión; de hecho permite a perso­nas de diversas naciones y diversas lenguas entenderse y procla­mar la Palabra de salvación, en sus propias lenguas.

T:  Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos y todas reunidos y reunidas en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les apare­cieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos y ellas; quedaron todas y todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a ha­blar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.

Había en Jerusalén mujeres y hombres piadosos, que allí residían, venidas y venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al pro­ducirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles hablar cada uno en su propia lengua. Estupefactos/as y admirados/as decían: «¿Es que no son galileos y galileas todas esas personas que es­tán hablando? Pues ¿cómo cada uno de nosotros y nosotras les oímos en nues­tra propia lengua nativa? Partos, medos y elamitas; habi­tan­tes de Me­sopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, Fri­gia, Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cire­ne, forasteras y forasteros romanos, judíos y prosélitos, cretenses y árabes; todas y todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios.»

Salmo de las comunidades de hoy: Espíritu Santo, tú eres nuestro guía; te damos las gracias llenos/as de alegría.

* Espíritu Santo, te vamos a decir: “Te damos las gracias y estamos aquí”

*  Espíritu Santo, gracias con amores, porque nos has dado nuevos animadores y animadoras.

*  Si todas y todos luchamos en comunidad, hasta lo imposible lo vamos a lograr.

*  Te damos las gracias en Sabana Perdida, porque nos has dado una nueva vida.

3L: Juan 20,19-23. La paz sea con ustedes.

I: En la Biblia la paz (shalom) es el resumen de todas las cosas buenas que necesita una persona para vivir feliz. Por eso Jesús saluda a sus discípulos y discípulas, deseándoles precisamente la paz. Los dones divinos del amor, la compasión y la solidaridad, sin embargo, no son dados para guardarlos para noso­tros solos y solas. Es necesario ponerlos al servicio de los hermanos y hermanas. Por eso Jesús envía a la misión de liberación y de creación de nuevas personas, familias y comunidades comprometidas con la creación de otro mundo posible.

T: Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerra­das, por miedo a los judíos, las puertas del lugar  donde se encontraban los discípulos y discípulas, se presentó Jesús en medio de ellos y ellas y les dijo: «La paz sea con ustedes.» Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos y discípulas se alegraron de ver a Jesús. Jesús les dijo otra vez: «La paz sea con uste­des. Como el Padre me envió, también yo les envío.» Dicho esto, sopló sobre ellos y ellas y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo. A quienes perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan reteni­dos.»

Para la reflexión personal, familiar y comunitaria

  1. ¿Por qué podemos afirmar que el espíritu rompe las barreras de la diversidad de lenguas y nacionalidades?
  2. ¿Por qué el Espíritu nos ayuda a superar el miedo y el espiritualismo?

1. El Espíritu rompe las barreras de las lenguas y de las nacionalidades

El Espíritu de Dios quiere que el mensaje de salvación llegue a todos los hombres y mujeres. Por eso, el día de Pentecostés, cada persona hablaba su propia lengua y al mismo tiempo cada persona entendía el mensaje de salvación que proclamaban los enviados y enviadas de Jesús en su propia lengua. Con esto, el autor de los Hechos de los Apóstoles quiere señalarnos que no hay barreras ni de fronteras ni de nacionalidades para recibir el Espíritu de Dios.

Pentecostés era, en Israel, la fiesta de la recolección de las cosechas. Los judíos la llamaban la “fiesta de las semanas” (Shavuot) porque se celebraba al terminar el período de 7 semanas (A partir de la fiesta de Pascua se contaban 7 semanas por 7 días= 49 + 1= 50 días). De ser una fiesta agraria más tarde se convierte en una fiesta histórica; en ella se recordaba la entrega de las tablas de los mandamientos sobre el monte Sinaí. En ese día de Pentecostés, las y los discípulos de Jesús se hallaban reunidos, sin saber bien qué hacer; el don del Espíritu hará que proclamen la Buena Nueva a todas aquellas personas que se encontraban en la ciudad (He 2,1-11).

Bajo la inspiración del Espíritu Santo los discípulos y discípulas de Jesús encuentran el lenguaje apropiado para el anuncio del Evangelio. No se trata de emplear un solo idioma, sino de ser capaz de entenderse. El texto es claro: la gente escuchaba a los discípulos y discípulas “hablar cada uno en su propia lengua.” Y admirados/as decían: “¿Es que no son galileos todas estas personas que están hablando?” (He 2,6-7). Cada persona comprende en su lengua, desde su mundo cultural.

Lucas insiste tres veces (vv. 6.8 y 11) en que los presentes en el día de Pentecostés, que vienen de todos los pueblos, entienden el discurso de Pedro,  cada persona en su propia lengua. Pedro y los Once son galileos (v. 7) y hablan por lo tanto en arameo, que era una lengua bastante conocida en Siria y Oriente. El milagro de Pentecostés es que cada persona entiende en su propia lengua nativa. No se trata del hablar en lenguas, pues éste es un milagro en el hablar y aquí el milagro se sitúa en el escuchar y entender. Cada pueblo escucha el Evangelio en su propia lengua, y podríamos agregar: en su propia cultura. Por eso consideramos hoy en día a Pentecostés como la fiesta cristiana de la inculturación del Evangelio.

Como comunidad de fe se nos pide anunciar un evangelio encarnado en la realidad y en la cultura de las personas que reciben el mensaje de salvación. Este es el compromiso fundamental que nos pide la celebración de la fiesta de Pentecostés.

2. El Espíritu nos ayuda a vencer el miedo y a superar el espiritualismo

El Espíritu nos permite confesar a Jesús como Salvador y Liberador. Es el mismo Espíritu el que nos impulsa a creer en Jesús y a vencer el miedo que nos impide ser testigos y testigas de su amor liberador.

La muerte de Jesús había sido un duro golpe para sus discípulos y discípulas. Por eso el enfrentamiento con los grandes de su pueblo, aliados con las autoridades romanas, los aterraba. “Por miedo a los judíos” (Jn 20,19) se hallaban reunidos con las puertas cerradas. El Señor les pide que tengan el valor de anunciar su Evangelio, sin importarles la resistencia y la hostilidad que encontrarán. Podrán hacerlo sólo si se dejan llenar por la fuerza del Espíritu. Espíritu de amor, de valentía y audacia que, como dice Juan en su primera carta, se opone al temor (1 Jn 4,18). En efecto, el miedo para hablar claro y decir con precisión y oportunidad la Palabra de Dios revela una falta de amor.

La presencia del Espíritu en nuestras comunidades nos debe llevar a defender la dignidad de los seres humanos, hijos e hijas del Dios de Jesús, que ven pisoteados sus derechos a una vida digna. Dejar de asumir nuestro compromiso por miedo a las y los poderosos de esta sociedad o a perder nuestros privilegios o comodidad, significa negarse a recibir y a vivir según las orientaciones del Espíritu de amor.

Como comunidad de fe estamos convencidos y convencidas de que la vivencia de la fe supone coraje y riesgo. Lo contrario de la actitud de los discípulos y discípulas antes de recibir el don de la paz y del Espíritu Santo. Sin coraje y riesgo no es posible hacer presente el Evangelio en medio de las situaciones conflictivas que atravesamos hoy. Con frecuencia somos testigos y testigas en esta sociedad de lo poco que se valora la vida de las y los débiles y empobrecidos. Como comunidades de fe comprometida nos toca denunciar estas situaciones y no quedarnos en la casa con las puertas cerradas.         Debemos combatir un falso sentido de espiritualidad como huida del mundo y de las cosas materiales, como si la espiritualidad fuese asunto sólo del alma, por encima de todo lo material y humano. Este espiritualismo fue la primera y más peligrosa herejía en los orígenes del cristianismo. Se llamó gnosticismo y nació en algunos sectores de Iglesia y teólogos por influjo de la filosofía griega. Los filósofos definían la espiritualidad, la moral y la libertad, en el dominio del alma sobre el cuerpo. Esta posición no era inocente, pues se decía que el alma era al cuerpo, como el amo al esclavo y como el varón a la mujer. Se definía así la espiritualidad en el desprecio y opresión al cuerpo, de las y los esclavos y de las mujeres.

La presencia del Espíritu en el interior de la comunidad cristiana le da su profunda unidad (1 Cor 12,3-4). Pero cada persona tiene una función propia. Las distintas maneras de expresar y de vivir el Evangelio deben ser respetadas, porque de otra manera estaríamos pecando contra el Espíritu Santo. No se trata de lograr una uniformidad en la que todas las personas vivan la fe de la misma forma, pero sí de entendimiento y de colaboración con el Proyecto de Dios en la diversidad. Es bueno recordarlo en este tiempo de auge del neo-liberalismo donde, también a nivel religioso, se intenta imponer un estilo único de vida, tanto a nivel personal como social.

Como comunidad de fe estamos conscientes de que la evangelización no consiste en una uniformidad impuesta, sino en la fidelidad al mensaje y al entendimiento en la diversidad. Eso es la Iglesia, una comunión de personas en la que cada miembro tiene su función (1 Cor 12). Todas las personas cuentan, y deben por lo tanto ser respetadas en sus carismas. Coraje para anunciar el Evangelio y verdadero sentido de la comunión eclesial, a eso nos llama la fiesta de Pentecostés.

Para la revisión personal: ¿Dedico tiempo a la oración profunda para escuchar lo que el Espíritu me está pidiendo? ¿Cómo está mi vida espiritual? ¿Soy fiel al Espíritu de Dios desde los desafíos de la realidad en la que vivo, o por el contrario he caído en el espiritualismo que no asume los compromisos de la fe y de la comunidad?

Para la oración de las y los participantes:

  1. Para que el Espíritu de Pentecostés se siga derramando hoy en las familias y en las iglesias, para animarla a ser fermento de una sociedad nueva, en justicia y solidaridad.
  2. Para que el Espíritu de Dios, “padre de las y los pobres”, que siempre les ha dado a lo largo de la historia claridad en la visión y coraje para la lucha, les dé hoy también en todo el mundo, fe convencida y esperanza comprometida.
  3. Por todas aquellas personas que dicen ser guiadas por el Espíritu pero no asumen su compromiso, para que puedan vivir una verdadera espiritualidad comprometida con la defensa de la vida.

Exhortación final: La fiesta de Pentecostés nos invita a vivir según el Espíritu, que es el principal don que Jesús nos ha dado. Si vivimos según el Espíritu venceremos el miedo a anunciar el Evangelio y a enfrentar los conflictos que dicho anuncio nos trae. Esto nos exige construir una comunidad unida en donde se valore la diversidad de carismas, se den respuestas claras a las realidades que vivimos, aprendamos a perdonar y a comprometernos con el cambio de una sociedad injusta y excluyente. De esta manera nos convertimos en testigos y testigas del Jesús resucitado.


EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPIRITU CST (30-5-10)

ENTRADA: Comenzamos nues­tras oraciones y celebra­ciones en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíri­tu Santo. Y es que las tres divinas personas están en el princi­pio de nuestra vida de fe, y de todo lo que hacemos como creyen­tes.

Creemos que el Padre está en el origen de todo lo que existe; El nos ha gui­ado siempre con su sabiduría. El Hijo es el Salvador enviado por el Padre para darnos la verdadera vida. El Espíritu es nuestro compañero en el Camino de la fe; es la luz que nos guía. Así, demostramos nuestra fe comportándonos como verdaderos hijos e hijas del Padre, como hermanas y hermanos comprometidos con el Evangelio del Hijo, con la creación de la nueva sociedad y como personas que dan los frutos del Espíritu: bondad, amabilidad, justicia, preocupación por las y los hermanos.

1ªL: Proverbios 8,22-31. Escuchen mi enseñanza y háganse sabios y sabias

I: Entre los escritos del Antiguo Testamento tenemos un conjun­to de libros que llamamos sapienciales, porque recogen la sabidu­ría del pueblo judío. Los dichos, los refranes del pueblo de Israel, los proverbios, se convierten en Palabra divina.

Hoy se nos habla de la sabiduría divina como si fuese una persona. En realidad la sabiduría del Dios de Jesús ha estado presente des­de que El generó el mundo. Esa sabiduría se nos da cuando escuchamos la Palabra divina y la ponemos en práctica. Tal sabiduría se ha comunicado a los fieles de Dios para que sepan escoger el camino del bien y de la justicia que nos conduce hasta el mismo Dios.

T: Así dice la Sabiduría de Dios: Yahvé me creó al principio de su reino, antes que sus obras más antiguas. Desde el principio me tiene formada, desde el comienzo, antes que la tierra.

Cuando no existía el abismo ni habían brotado las fuentes del océa­no, antes que los cerros fueran puestos en su lugar, antes que las lomas, ya estaba.

Antes de que Yahvé hiciera tierras ni campos, antes del primer polvo del universo. Cuando afirmó los cielos, allí estaba yo. Cuando puso la tierra sobre la faz del abismo, cuando formó las nubes en lo alto, cuando se impusieron las fuentes del océano, cuando fijó los límites del mar para que las aguas no salieran de su lugar, cuando asentó las bases de la tierra, yo estaba a su lado, arquitecto de sus obras, y era yo cada día su delicia jugando en su presencia en todo tiempo; yo me divertía recorrien­do su creación, mi deleite está con los hijos e hijas de los seres humanos.

Ahora, pues, hijos e hijas, escúchenme, felices las y los que siguen mis caminos. Escuchen mi enseñanza y háganse sabios y sabias, no la desprecien.

Salmo de hoy: Gracias a la vida, que me ha dado tanto

  • Gracias a la vida que me ha dado tanto; me ha dado la marcha, de mis pies cansados, con ellos anduve, ciudades y charcos, playas y desiertos, montañas y llanos, y la casa tuya, tu calle y tu patio.
  • Gracias a la vida que me ha dato tanto; me ha dado el sonido y el abecedario; me ha dado la risa y me ha dado el llanto; así yo distingo dicha de quebranto, los dos materiales que forman mi canto.
  • Gracias a la vida que me ha dado tanto; el canto de ustedes que es mi propio canto; y el canto de todos y todas, que es mi propio canto.

3ªEv: Juan 16,12-15: El Espíritu de la Verdad los introducirá en la verdad total.

I:  El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo colaboran en la misma obra de sal­vación de la humanidad. Jesús nos entregó su Palabra de vida durante su vida terrenal, pero ahora el Espíritu se convierte en el Maestro que nos ayuda a entender la Palabra de Jesús y a vivir según el mandamiento del amor de Dios. A nosotros y nosotras nos toca dejarnos guiar por ese Espíritu que nos conduce hacia el Padre, fuente de todo amor y salvación, dando nuestra aportación en la creación de otra sociedad posible.

T: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos y discípulas: “Tengo muchas cosas más que decirles, pero ustedes no pueden entenderlas ahora. Pero cuando él venga, el Espíritu de la Verdad, las y los introducirá en la verdad total. El no vendrá con un mensaje propio sino que les dirá lo que ha escuchado, y les anunciará las cosas futuras. Me glorificará porque recibirá de lo mío para revelárselo a ustedes. Todo lo que tiene el Padre también es mío.  Por eso les he dicho que recibirá de lo mío para anunciárselo”.

Para la reflexión personal, familiar y comunitaria

1.    ¿Por qué decimos que Jesús es la sabiduría del Dios liberador y salvador?

2. ¿Por qué podemos decir que la esperanza no falla y fortalece en el camino de fe comprometida?

1. Jesús, sabiduría del Dios liberador

Es parte de nueva convicción de fe que el Dios mostrado por Jesús tuvo en el origen de la vida: de los seres humanos, de los demás seres vivos, como parte de la naturaleza. El dis­puso la creación para que viviéramos felices, cumpliendo la misión que él nos encomendó en este mundo. Así nos demostró que la verdadera sabiduría consiste en buscar el bien de aquellas personas, familias y comunidades, a las que se ama profundamente.

El pueblo de Israel a través de su historia, llena de dificultades y llena de infidelidades, fue descubriendo a un Dios que se les revelaba como Padre misericordioso y como Dios de la liberación. Se les reveló como el que tomaba la causa de las y los empobrecidos de la historia y las y los llevaba a la humanización verdadera. Ese Dios que había hecho opción  por el ser humano humillado, esclavizado, oprimido y vulnerable, decide acompañar a un grupo de persona esclavizada que luego formaría con otros grupos el pueblo de Israel y defenderlo frente a todo poder imperial que quiera imponérsele; es Dios liberador de toda opresión y de la marginación impuesta por los imperios de turno. Frente a él, Israel tiene un compromiso radical de adecuar su vida y su sociedad a las orientaciones de la sabiduría de ese Dios que por puro amor, por gratuidad, ha querido declararlo como un pueblo misionero que tiene que llevar el mensaje de salvación hasta los confines del mundo.

Algunos y algunas de las y los primeros escritores cristianos han aplicado el texto que hemos leído hoy del libro de los Proverbios (Prov 8,22-31) a Jesucristo, con la convicción de que él es la sabiduría de Dios. De hecho él existía con el Padre antes de toda la creación, y él supo comunicarnos las palabras del Padre. El supo revelarnos el Proyecto de amor del Dios liberador. Durante toda su vida se mostró como un verdadero sabio, intentando en cada momento hacer la voluntad del Padre y dedicando su vida al anuncio de una Palabra liberadora y a la realización de acciones concretas en favor de las y los débiles y marginados.

Jesús el Hijo de Dios hecho ser humano, es la mejor forma de entender el misterio profundo de Dios. El que es quien nos reveló al Padre, es quien en definitiva nos manifestó la esencia trinitaria de Dios. La vida transparente y coherente de Jesús revela lo que Dios es en sí mismo: eterna verdad, eterno amor, eterna misericordia, la verdadera justicia.

El ejemplo de Jesús que permaneció siempre unido a su Padre, nos ayuda a entender el tipo de relación que debemos tener con el Padre. El y el Padre son una misma cosa. Así también nosotros y nosotras somos llamados a ser una sola cosa con El. En esa unión profunda tiene su base la verdadera sabiduría.

2. La esperanza que no falla y que fortalece en el camino de fe comprometida

En nuestro camino de fe nos encontramos con muchas dificultades, porque en la sociedad existen otros valores que van en contra del Proyecto de la Vida Plena. Ante esto no podemos desanimarnos y tenemos que seguir trabajando en la construcción de una sociedad más justa, más transparente, más solidaria… Y aunque este trabajo sea difícil, es necesario seguir esperando contra toda esperanza, puesto que tenemos la conciencia de que al final siempre triunfará la justicia divina y el Proyecto de la Nueva Sociedad se realizará tarde o temprano.

El texto del libro de los Proverbios que hemos leído hoy nos invita a la esperanza. Todo está en las manos de Dios desde el principio (Prov. 8,23). Y todo fue creado por amor, por amor gratuito.

Como comunidad de fe nos sentimos desafiados y desafiadas por los grandes problemas que vivimos en el país, en Haití, en el Caribe y América Latina: hambre, desempleo, autoritarismo, violencia, secuelas de desastres naturales y corrupción administrativa a todos los niveles… Se requiere humildad para reconocer que ante ciertas situaciones nos sentimos impotentes. En campos diversos vivimos una situación difícil y aparentemente sin salida, a corto plazo por lo menos. Necesitamos ir a las fuentes. Para los cristianos y cristianas una de ellas es la esperanza. “Esperanza que no falla”, nos dice Pablo, porque viene del Espíritu (Rom 5,5). Nos toca dar testimonio de ella.

Celebrar la fiesta de la comunidad trinitaria es celebrar a Dios que es comunidad, pero sobre todo “celebrarlo en Iglesia-comunidad”, con el compromiso de “hacer comunidad en el mundo”, y “hacer del mundo una comunidad”. A Dios no se le puede entender como un ser solitario y egoísta, sino como una comunidad original que vivifica a la comunidad universal. Como dicen en Brasil: “La Santísima Trinidad es la mejor comunidad”. La soledad, el aislamiento, el desamor, la desunión o el odio, no sólo están fuera del proyecto de Dios, sino que van contracorriente de su proyecto y de la marcha global de la vida y de la historia: son un retroceso.

Conoceremos la verdad y la verdad nos hará libres, nos dice Juan en su Evangelio (Jn 8,32). Esto significa que para ser verdaderamente libres debemos dejarnos guiar por el Espíritu que siempre nos conducirá por los caminos del Dios vivo, por los caminos de la fe comprometida, de la verdad plena. Y si tenemos tan buen compañero de camino, ¿por qué no aprovechar su presencia?

Para la revisión personal: ¿Creo realmente en el Dios liberador y el Jesús encarnado? ¿Me dejo guiar por el Espíritu divino que nos guía hacia la verdad plena?

Para la oración de las y los participantes

  1. Por todas las personas que se esfuerzan por crear comunidad en el mundo, por encima de las fronteras políticas, ideológicas, culturales y religiosas…
  2. Para que la Iglesia sea un modelo de comunidad, en la que reina la fraternidad, la participación, la comunión… más que el poder, la exclusión, la jerarquización, los privilegios, la falta de participación y de democracia…
  3. Por nuestras comunidades cristianas: para que cada una de ellas sea reflejo de la Trinidad, que es “la mejor comunidad”…

Exhortación final: Hemos celebrado la fiesta de la Santísima Trinidad. El Padre nos ha invitado a ser sabios y sabias, escogiendo el camino que lleva a la vida verdadera. El Hijo ha fortalecido nuestra fe con su Palabra y con su pan compartido y el Espíritu está dispuesto a seguirnos acompañando en nuestro camino de fe. Por todo ello nos mantenemos alegres, dispuestos y dispuestas a ser testigos y testigas del amor de Dios y de la cercanía de Jesús durante la semana y cada día de nuestras vidas.


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